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jueves, 24 de abril de 2025

24/04/2025 - LA SANGRE DE LOS PALESTINOS SALPICA A LA MONCLOA

Genial José Antequera. Más claro el agua. Personalmente si el gobierno no da marcha atrás, no volveré a votar ni una sola vez más

El escándalo de la compra de balas a una empresa israelí echa por tierra años de buena política internacional del Gobierno de coalición

José Antequera

GENIAL, lo que nos quedaba por ver. Pedro Sánchez comprando material militar a una empresa israelí. A la empresa de ese Estado abyecto y fascista que está perpetrando el genocidio del pueblo palestino; a la empresa del país de Netanyahu, el carnicero de Gaza; a la empresa del trumpismo judío. Es un escándalo mayúsculo, algo demasiado gordo como para que no tenga consecuencias políticas. De entrada, Izquierda Unida ya ha anunciado que puede romper con el Gobierno en cualquier momento. Y con razón. Enrique Santiago pedirá explicaciones y que se anulen todos esos contratos de la infamia de forma inmediata. De lo contrario, Margarita Robles y Fernando Grande-Marlaska tendrán que dimitir, asegura el dirigente de IU.

Yolanda Díaz y sus cuatro ministros se encuentran ante el momento más delicado desde la fundación de la plataforma Sumar que destruyó Podemos. Con la lógica y la coherencia en la mano, ninguno de ellos debería seguir ni un minuto más en ese Consejo de Ministros manchado de sangre. Lo que se está jugando aquí no es una cuestión de poder rutinario, ni una reformilla laboral chapucera, ni el bono transporte efímero, ni siquiera unos eurillos arriba o abajo en el salario mínimo interprofesional para el precariado. Hablamos de financiar a un Estado terrorista, hablamos de decenas de personas asesinadas cada día por las escopetas y las bombas judías, hablamos de miles de niños exterminados, amputados, traumatizados. Esto no es ninguna broma y cada día que pasa sin que esos contratos terminen donde tienen que estar, en la basura, es una palada más de ignominia para este presidente al que siempre se le ha llenado la boca con la defensa de los derechos del pueblo palestino.

Qué decepción, qué vergüenza, qué horror. Habrá un antes y un después tras este escándalo monumental. No nos extraña que Sumar esté deseando romper relaciones con el PSOE. Es para eso y para mucho más. Es para que cada militante del PSOE se vaya ahora mismo a Ferraz a pedir que se ponga fin a este episodio tan triste como espantoso. O para romper el carné de una vez por todas y largarse a la abstención. ¿Acaso no ve las noticias nuestro querido presidente? ¿Acaso no ve a esos niños harapientos y descalzos con rostros de viejos vagando entre las ruinas, escombros y socavones? ¿Con qué cara se va a dirigir el premier a todos esos votantes socialistas, los últimos demócratas de verdad, que ven con indignación el exterminio del pueblo palestino? Y dicen en Defensa que no se pueden romper los contratos porque nos costaría demasiado dinero. ¿Dinero de qué? ¿Así es como cuantifica el señor presidente la tragedia que se está viviendo en la Franja? ¿Con dinero en un plato de la balanza y las vidas de dos millones de inocentes en el otro? Si siempre calcula con esa matemática maquiavélica, vamos a tener que darle la razón a quienes lo ven como un pragmático sin escrúpulos, como un ser frío e insensible, como un amoral.

La política exterior del Gobierno español en el complejo asunto de Oriente Medio estaba siendo, hasta hoy, modélica, impecable. El presidente había convencido a esa mitad del pueblo español que aún cree en la democracia de que, esta vez sí, estábamos en el lado bueno de la historia, con la justicia, con la dignidad, con los derechos humanos. Con los pocos países de la comunidad internacional que condenan la violencia extrema judía, el ojo por ojo y la Ley del Talión. Por un momento nos sentíamos orgullosos de ser el blanco de la ira, de las amenazas, de los exabruptos y la bilis del asesino de masas Bibiel arquitecto del Auschwitz palestino. Y cuando salíamos por ahí fuera, por Europa, presumíamos por primera vez en siglos de no mezclarnos con bárbaros totalitarios, con esos autócratas del Likud que van camino de dejar a los nazis como hermanitas de la caridad. Monstruos que brindan con champán cada vez que vuela por los aires una casa, un hospital o un convoy de la Cruz Roja. Tipos capaces de alegrarse de la muerte del papa Francisco solo porque el pontífice se posicionó con valentía en contra de las masacres perpetradas en aquellas tierras bíblicas. Y de buenas a primeras, de la noche a la mañana, nos desayunamos con este Watergate armamentístico a la española, un chanchullo que no entendemos, un pelotazo para algún cuñado de alguien, una noticia incomprensible que solo Sánchez entiende y que nos hace perder la poca fe que nos quedaba ya en quienes nos están gobernando.

Sánchez ha tirado por tierra todos estos años de buena política internacional. Lo ha hecho por un puñado de balas del calibre nueve milímetros, el tamaño del corazón de algunos que están mal gobernando este país. Y va el ministro del Interior y nos dice que frenar la operación nos costaría cinco millones de euros, o sea, un dineral. Váyase a barrer el Monte del Sinaí, señor mío. Ya nos da igual si todo este desastre (lo peor que hemos visto del sanchismo) es culpa de Margarita, de Fernandito o de Fulanita. Ya poco nos importa si todo ha sido un lamentable error burocrático u obedece a motivos geoestratégicos y de alta política internacional. Sánchez no puede (no debe) dejar pasar ni un solo minuto sin rescindir esos contratos de la muerte que nos convierten a todos los españoles en amigos de los verdugos, en cómplices de un genocidio y en el hazmerreír de Europa, donde ya empezaban a vernos como el último pueblo decente del mundo occidental. Paren ya este execrable negocio. Dejen de comerciar con la sangre de los niños palestinos. Y de paso destinen ese dinero para balas asesinas a la comida, agua y medicinas que hace meses no le llegan a aquella pobre gente dejada de la mano de Dios.

 

martes, 22 de abril de 2025

22/04/2025 - TODO PREPARADO PARA LA LLEGADA DE UN PAPA NAZI

El sector trumpista de la Iglesia católica maniobra para instalar a un ultraconservador en el trono de Roma tras la muerte de Francisco I

José Antequera

El Vaticano expone el cuerpo inerte de Francisco en la Basílica de San Marta. Y lo hace en un austero ataúd de madera muy alejado del boato de otros sumos pontífices. Austeridad. Así vivió y así decidió morir el papa de la justicia social, el papa de los pobres, el papa rojillo. Durante su pontificado de 12 años, logró enervar a los poderes ultrarreaccionarios del mundo, o sea al Opus Dei y al trumpismo de nuevo cuño (con sus ramificaciones y tentáculos enraizados por todo el orbe). Encabronó a Bannon, a Milei, a Salvini y a la mismísima Ayuso. Solo por eso, ha merecido la pena este viaje, camarada Bergoglio.

El legado histórico, religioso y político del papa que nos deja es inmenso. Quedan sus franciscanas enseñanzas sobre el respeto al inmigrante (“una persona es sagrada”, clamaba en el desierto); sobre el derecho universal a una economía justa y redistributiva (palo al capitalismo salvaje); sobre la necesidad de un medio ambiente sano y limpio (fue, sin duda, el primer papa plenamente ecofriendly). Queda su implacable lucha contra la pederastia en la Iglesia (“vergüenza”, decía cada vez que hablaba sobre este escabroso asunto que le quemaba la sangre más que ningún otro), así como su no rotundo ante los genocidios palestino y ucraniano. Frente a la descerebrada y deshumanizada “batalla cultural” de los fanáticos, él opuso la doctrina del amor. Por eso lo odiaban.

“Es mejor ser ateo que ir a misa todos los domingos y ser un mal cristiano”, soltó en una ocasión para escándalo de hipócritas y fariseos. Pocas sentencias más subversivas se han dicho desde que Jesús sacó a los ricos, a bastonazos, del templo de su padre. Nada de lo que decía Francisco caía en saco roto. No en vano, ha sido el papa más revolucionario de la historia, lo cual no es poco en una institución como la Iglesia con dos mil años de inmovilismo, dogma y tradición.

Ahora los mismos que soñaban con su muerte lloran lágrimas de cocodrilo. Asquea especialmente ese tuit de Milei, el loco de la motosierra que no hace tanto calificaba a Bergoglio como un “zurdo representante del maligno en la casa de Dios” y que hoy, falsamente compungido, muestra su más profundo dolor por la pérdida del pastor de la cristiandad. Los sepulcros blanqueados están más vigentes que nunca.

Trump le sobraba el incómodo sacerdote de aires marxistas. Por eso ha enviado a Vance a Roma, para rematar la faena, para terminar de apagar la llama del hombre enfrentado a la diabólica internacional fascista. ¿Qué le ha susurrado al oído al amigo de los pobres el siniestro vicepresidente yanqui? ¿Le ha hablado de la Solución Final para el masacrado pueblo gazatí, le ha estremecido con el macabro plan para deportar inmigrantes a las prisiones de Bukele, en definitiva, ha puesto al Santo Padre ante un futuro negro y apocalíptico para la humanidad bajo el yugo del nuevo nazismo? Si ha sido así, no extraña que a Francisco le haya dado el ictus. Los médicos vaticanos habían aconsejado a Bergoglio que no se expusiera a sobresaltos innecesarios y Vance, con su porte de Joseph Goebbels a la americana, de embajador de la muerte enviado por el trumpismo para dar a conocer el plan de nazificación global, ha podido acelerar el apagón del corazón sensible del papa, su recaída, su óbito súbito e imprevisto.

El primer papa que puso pie en Lampedusa para recordarnos que los inmigrantes son personas, no animales ni números que tachar de una lista, era el último bastión de la cristiandad contra la oleada imparable del fascismo. Ahora, los poderes fácticos de la extrema derecha en Roma (que haberlos haylos) mueven sus peones en la sombra para asestar el golpe de mano al trono de Dios en la Tierra, la última cátedra que les falta por usurpar en la ansiada instauración de la gran autocracia mundial o Cuarto Reich. Todo puede ocurrir en el histórico cónclave que se abrirá el 5 de mayo. A Trump le gusta, cómo no, el cardenal Raymond Leo Burke, muy crítico con las reformas de Francisco y conocido por su oposición al matrimonio entre personas del mismo sexo, a la eutanasia, a la comunión para divorciados y personas LGTBI. No andará muy lejos la CIA la mañana en que los obispos se reúnan en la Capilla Sixtina. De esa cuerda rancia, medievalista y preconciliar son Robert Sarah (cardenal de Guinea), Willem Eijk (arzobispo de Utrecht) y el húngaro Peter Erdó, próximo a las tesis reaccionarias del dictador Orbán.

Desaparecido Francisco, muchos son los que anhelan el advenimiento de otro Ratzinger, aquel pontífice que en su juventud pasó por las Juventudes Hitlerianas, obligado como otros muchos jóvenes de su generación, todo hay que decirlo, pero algo que imprime carácter, como ya se vio durante su reinado espiritual sobre el mundo terrenal. Si un papa es el representante del Altísimo en el mundo, la extrema derecha necesita un Dios ultra, duro, gore, como el Dios judío de Netanyahu, un puño de hierro que sigue matando a los niños de Gaza como si nada (Bibi ni siquiera se ha dignado a enviar el habitual telegrama de condolencia por la muerte de Francisco, qué mejor síntoma de los tiempos que vivimos). La internacional ultra necesita un Dios de su lado, un Dios inflexible con un ministro inflexible en el trono de San Pedro, y si da la misa en latín, con castigo de silicio para pecadores, mejor que mejor. No podemos adivinar lo que nos deparará el cónclave, pero mucho nos tememos que los llamados progresistas (siempre teniendo en cuenta que progresistas no hay en la Iglesia católica) pueden ser arrinconados. No parece el momento de la terna transalpina, los ParolinZuppi y Pizzaballa, todos ellos próximos a la escuela de Francisco, tampoco de los cardenales exóticos que una vez más se han colado en las quinielas, como el filipino Tagle. El gobierno mundial nazi requiere un papa nazi, nada de negros. Por algo lo llaman fumata blanca.

 

22/04/2024 - EL PIJO DISCONTINUO

Nadie, ni el más experto analista de Washington, sabe cuál va a ser el siguiente movimiento de un hombre visceral e imprevisible como Donald Trump

José Antequera

Muchos son los analistas, politólogos e historiadores que están tratando de desentrañar la intrincada personalidad de Donald Trump. ¿Ante quién estamos? ¿Ante un castrado emocional, ante un inmaduro narcisista, frustrado e insatisfecho, ante un psicópata peligroso? Puede que su personalidad turbulenta sea un compendio de todos esos rasgos de carácter y alguno más, a fin de cuentas, la mente humana es lo más parecido a un puzle de piezas desordenadas. Pero hay un detalle psicológico del que se habla poco y que, sin duda, está marcando la historia de Estados Unidos y del mundo entero: este señor es un pijo discontinuo.

¿Qué queremos decir con semejante afirmación? En primer lugar, que estamos, eso es evidente, ante un millonario malcriado que ve al prójimo como un juguete de peluche con el que entretenerse a placer. Alguien que, tras colocar a la humanidad al borde de una recesión que ni el crack del 29, se va a jugar al golf a su mansión de Palm BeachFlorida. Alguien que ya solo trabaja para dar el pelotazo del siglo, arruinando a millones de infelices y desgraciados. Alguien que envía a Guantánamo al inmigrante solo porque se le ha caducado el carné de conducir y que se mofa de los pueblos sometidos a genocidio, como el ucraniano y el palestino. Lo dicho, un niñato gamberro que ni siente ni padece capaz de enviar a Roma a su ángel de la muerte Vance, un racista entrenado para darle el último soponcio al papa bueno.

Que Trump es un señoritingo elitista y envarado, soberbio y bravucón, queda claro. ¿Y lo de discontinuo, señor Antequera, a qué viene lo de discontinuo?, se preguntará el ocupado lector de esta columna. Pues es tan sencillo como obvio. Porque este sujeto es un veleta que se mueve según le dé el aire; porque hoy coloca aranceles del 20 por ciento y mañana del 120 por ciento (el importe depende de si le duele la gota o no esa mañana); porque un día es el supermejor nuevo amigo de Putin y al siguiente levanta el Teléfono Rojo, le acusa de ser el gran culpable del sindiós internacional y le da un ultimátum antes de liarla con la Tercera Guerra Mundial

Con Trump nunca se sabe, y esa ciclotimia, esa incertidumbre del nervioso hiperactivo, del impulsivo exaltado, se transmite a las convulsas relaciones de la comunidad internacional, a la buena convivencia entre países, a la paz global. No hay más que ver las gráficas con picos y valles de Wall Street que ni el electrocardiograma de un taquicárdico. El Dow Jones sube y baja sin ton ni son, como pollo sin cabeza, porque está sometido a los caprichos, euforias y bajones del amo del mundo. La Bolsa de Nueva York no es ni más ni menos que el pulso desbocado del rabioso de la Casa Blanca. El día que el chalado está tranquilo, subidón de las multinacionales Tesla, General Motors y Boeing; el día que está algo alterado, bajón, crisis, recaída del enfermo financiero. Trump es el marcapasos enloquecido del mundo. Cuando se toma la pastillita, armonía global, aunque breve y fugaz; cuando le da el telele, se dispara la neurosis económica, política y social. De ahí lo de discontinuo. Discontinuo porque depende, depende del día, depende del momento, de según le pegue la neura.

Hemos entrado en una fase de la historia marcada por la inseguridad, la inestabilidad y el estado de ánimo de un mastuerzo. Si al dictador global le da por invadir Groenlandia o el Canal de Panamá, guerra; si su consejero Elon le susurra un chiste gracioso o el pequeño X le llama tiernamente “abuelito”, él se relaja y paz; si se le cruzan los cables con el ayatolá de Irán (el del turbante le tiene hasta el tupé), caos sangriento en Oriente Medio, o sea guerra; si su amigo Netanyahu le llama para ofrecerle un suculento negocio inmobiliario –convertir la Franja de Gaza en un apacible parque temático exterminando a dos millones de palestinos en el Auschwitz israelí–, se pone muy contento, se destensa y paz. Todo funciona en ese plan tan loco como disfuncional, y si Pedro Sánchez se le rebota, si se niega a claudicar ante las barras y estrellas o se echa en brazos de Xi Jinping, guerra comercial contra Europa.

A Trump no lo entiende ni el mismísimo Putin, que es quien lo ha colocado ahí, en el Despacho Oval, para que termine de reventar la democracia americana, la OTAN y la UE. Hace apenas una semana, el magnate neoyorquino se abrazaba al presidente ruso y brindaba con él con vodka y caviar tras despellejar a Zelenski. Hoy lo acusa de ser el primer culpable del horror ucraniano. No hay quien entienda esta broma macabra que es el trumpismo.

Hemos pasado del Derecho Internacional al Derecho de Pernada del Tío Sam, nuevo señor feudal del imperio que se desfoga a tope cuando los gobernantes de los países arrasados por los aranceles le besan el ass. Ya no cabe ninguna duda: Trump puede ser muchas cosas, un tipo que está como un sonajero, un pandillero encocado, un matón cruel y sin alma, un mentiroso compulsivo, un autócrata y un déspota engreído que busca perpetuarse en el poder hasta el día que estire la pata (ya habla de cambiar la enmienda de la Constitución para beneficiarse de un tercer mandato). Pero uno cree que lo que mejor encaja con su perfil psicoanalítico, lo que mejor lo define, es el diagnóstico de pijo discontinuo. Primero por lo que tiene de niñato repelente, veleidoso y horteraza y después porque, con él en el trono planetario, nadie sabe a qué atenerse ni hay estabilidad alguna. Una bomba de relojería decide el destino de la humanidad. Por favor, señores de la CNN y del New York Times: no lo alteren con preguntas incómodas cuando viajan con él en el Air Force One. No le toquen más los MAGAS, no vaya a ser que, en una de estas, mande a los marines a la bahía de Cádiz en una Normandía a la inversa. Vista cómo está la cabeza del fulano, cualquier cosa.

 

jueves, 17 de abril de 2025

15/04/2025 - NADA DE "WOKE", SOMOS DE IZQUIERDAS (Y A MUCHA HONRA)

La extrema derecha ha logrado extender el término cultura "woke", que en realidad esconde un odio atroz contra la izquierda

José Antequera 15/04/2025

La Internacional ultraderechista ha conseguido colocar su neolengua, con la que piensa instaurar el paradigma del mundo al revés para recuperar el poder. Y una de sus ideas fetiche consiste en eso de dar la batalla cultural contra lo woke. La palabreja ha triunfado y ya se escucha en todas partes. Vas en el autobús y oyes hablar de lo woke. Llegas a casa, pones la radio o la televisión, y siempre hay un tertuliano dando la brasa con lo woke. Entras en un bar para tomarte algo tranquilamente y solo se habla de lo mismo: de lo wokeWokewokewoke.

Tras años de campaña de propaganda goebelsiana, el lavado de cerebros ha sido eficaz –el mantra ha calado en la sociedad como una fina lluvia en terreno seco–, y ya cualquier hijo de vecino te da una conferencia improvisada sobre lo woke en el ascensor. ¿Sabe toda esta gente de lo que están hablando? Lo dudamos. La mayoría se lo ha escuchado decir al analfabeto integral de Donald Trump, a Santi Abascal, a Feijóo o al tertuliano nostálgico de turno y lo repite automáticamente como un papagayo o disco rayado. Pero si se hiciese una encuesta a pie de calle sobre lo que entiende el personal sobre “lo woke”, muchos votantes de la ultraderecha trumpista responderían que no saben o no contestan y habría quien diría que woke es un nuevo deporte, un marciano de la saga Star Wars o un plato chino (woke con salsa de setas y bambú).

El gran éxito del nuevo fascismo posmoderno ha consistido en elaborar un batiburrillo de nuevos términos, neologismos, conceptos esotéricos, jergas de barrio y argots, mezclarlo todo ello en la batidora del odio y servírselo al pueblo desencantado y harto de la mala vida, de contratos precarios, de inflaciones, de precios de vivienda por las nubes y de sueldos raquíticos. Espeluzna encontrarte con la señora de los rulos del quinto, antes una mujer educada, pacífica y agradable, y comprobar cómo, sin comerlo ni beberlo, va y te suelta el combativo sermón contra lo “woke”. O entrar en la tienda de ultramarinos de tu barrio y comprobar con estupefacción cómo Manolo, el amable vendedor que antes te atendía con una sonrisa, ahora, abducido, te larga toda una tesis doctoral sobre lo nefasta que ha sido la cultura “woke” hasta dejarte como un pato mareado. Tal como digo, el mal está extendido por todas partes, por si Pedro Sánchez –que ya sale poco de Moncloa, algún que otro paseo para ir a comprar tabaco a China– no se ha dado cuenta y empieza a perder el contacto con la calle y la noción de la realidad. Le guste o no al premier socialista, la batalla de la desinformación digital la hemos perdido completamente los demócratas y millones de buenos ciudadanos se han pasado al lado oscuro, reclutados como manipuladísimos soldados de la ultraderecha para su cargante batalla cultural contra lo woke (ese palabro).

Llegados a este punto, cabría preguntarse de qué estamos hablando aquí. Porque llevamos más de media columna y aún no hemos entrado a explicar qué demonios es eso de “lo woke”. Sin ánimo de aburrir, y para los que no se hayan enterado aún, quedémonos con que el término nació en el seno de la comunidad afroamericana de Estados Unidos como forma de instar a la gente a mantenerse alerta frente al racismo. Literalmente, se traduciría como estar “despierto”. Es decir, atento, vigilante, ojo avizor contra el fascismo. Más tarde, el concepto se extendió, aplicándose a otros activismos como la lucha feminista contra el machismo, contra la desigualdad social, contra la violencia de género y contra la discriminación sexual que padece con especial crudeza el colectivo LGTBI. En realidad, la palabra woke fue inventada con una función positiva, ya que hace referencia a la defensa de los derechos humanos, la convivencia en paz y la democracia, pero toda esta ralea ultra formada por burdos manipuladores, cínicos sin escrúpulos, nihilistas aburridos de todo, ricos cayetanos, cavernícolas sin evolucionar, embaucadores y engañabobos ha logrado darle la vuelta a la semántica, como un calcetín, para presentarla como algo peyorativo. De esta manera, cuando el ciudadano de buena fe escucha el vocablo por boca de los líderes neonazis cree que le están hablando de una especie de secta destructiva, de enfermedad contagiosa o peste letal. Así se le excita el mecanismo del miedo, que es el sentimiento más profundo y arraigado del ser humano, se le prepara para la guerra contra el enemigo rojo y ya tenemos otro adepto para la causa fascista. El truco ha funcionado. La manipulación ha cuajado. Se le ha dado el bebedizo venenoso a esa persona de anulado espíritu crítico y racional y ella lo ha tragado sin preguntar y sin rechistar.

Uno empieza a estar un poco harto ya de toda esta tontuna o cantinela machacona sobre lo woke, que a fin de cuentas no es más que la neolengua totalitaria de toda la vida, solo que hábilmente maquillada con un lenguaje modernete para hacer el odio algo más digerible. Uno empieza a estar hasta el moño de que cualquier cateto o pelagata sin estudios que no ha leído un solo libro en toda su vida se te acerque por la calle y te diga eso de “mire usted”, para acto seguido darte la chapa sobre el temita de lo woke que ni él ni ella sabe lo que significa (uno de los rasgos del fascismo es que el pueblo acaba repitiendo el catecismo del Estado adoctrinante, como en una liturgia o ritual, sin plantearse nada ni reflexionar sobre el mensaje que le han metido en la sesera). Ya vamos teniendo una edad como para que intenten jugar con nuestra inteligencia. Qué carajo wokes, no somos wokes ni pijadas por el estilo, somos de puño en alto, de izquierdas, marxistas, socialistas y feministas y a mucha honra. Y jamás claudicaremos de nuestros principios y valores ni nos doblegaremos ante la dictadura de quienes tratan de imponernos esa siniestra neolengua yanqui llena de esoterismo lingüístico y macabros eufemismos propios del franquismo o del Tercer Reich.

 

martes, 15 de abril de 2025

15/04/2025 - EL COMENTARIO:

Les iba a poner un escrito del director de Diario 16 titulado “Podemos llevará a Feijóo a la Moncloa, como ya hizo con Ayuso en Madrid”, pero he optado por hacer un comentario para que, una vez más, y esta vez más vergonzoso puesto que proviene de alguien que dirige un periódico de izquierdas, no se criminalice a Podemos como lo que no es, haciendo ver a los lectores -muchos de Podemos como servidor- que esta formación política perjudica a la izquierda.

Pues mire Vd., Sr. Director: ¿Cuál es su izquierda? ¿El PSOE?, ¿Más Madrid?, ¿Sumar…? Por favor, no haga que nos entre la risa a los que verdaderamente somos de izquierda. El PP y esos partidos socialdemócratas sólo representan en este país al Neoliberalismo puro y duro, y, por tanto, son la misma “merde”.

Ya sabemos, sobradamente, que la ley del belga Victor d´Hondt -copiada de Alemania, pero con los matices necesarios, caso de los números de la división- es una falacia creada por las derechas de la famosa transición para que el Régimen de Franco siga vivo y los de siempre se sigan enriqueciendo a costa de la pobreza y de la desigualdad. Mas, no olvide, Sr. Director, que si en algo han salido favorecidas las clases menos favorecidas -valga la redundancia- en los tiempos que desgraciadamente vivimos la mayoría de las personas en España, ha sido gracias a Podemos (SMI, IMV, ley del Sí es sí, etc., etc., etc.) y que, desde que Podemos dejó el Gobierno (voluntariamente su Vicepresidente, lo que no ha sido capaz de hacer nadie nunca antes) los “izquierdistas” del PSOE (la socialdemocracia adulterada y “corrompida” en gran parte) sólo han traído dimes y diretes que cuadran a la perfección con los de siempre (señoritos, milmillonarios, latifundistas o terratenientes, grandes empresarios y algunos políticos y juristas de prestigio), mientras en este país siguen aumentando la pobreza, los bajos salarios que padecen la mayoría de los trabajadores (trabajadores con empleo pobres, ¡¡¡increíble!!!), el deterioro rampante de la Sanidad, la Educación y todos los Servicios Sociales, con el caso mayúsculo de la Dependencia, y la imposibilidad de acceder a una vivienda digna sin entramparse para toda la vida, que está muy acuciado en los jóvenes que ni siquiera pueden pensar en emanciparse y mucho menos en formar una familia.

No, Sr. Director, Podemos no es el culpable del ascenso de la ultraderecha del PP y de Vox, que son lo mismo y por eso están juntos en muchas CCAA, y de que Feijóo pueda llegar a la Moncloa, los culpables son las políticas “derechosas” del PSOE y de Sumar (Yolanda Díaz nos engañó con la reforma laboral, algo totalmente demostrado…, por ejemplo), sobre todo, del PSOE que lleva en sus siglas la “O” de obrero y desprecia en múltiples ocasiones al colectivo trabajador.

Podemos, Sr. Director, es la única salida que nos queda a la gente de izquierda, y hace muy bien en no apoyar esos PGE que, entre otras miserias para los de siempre, contempla un rearme innecesario, y forja lo que puede (los fascistas dejan poco espacio) de las leyes que el Parlamento recibe para seguir viviendo los vividores y lameculos del capitalismo.

Por último, Sr. Director, la complicidad manifiesta en el Ágora del Director del día 15/04/2025 en ese escrito que he citado al principio de este comentario, es una vergüenza supina en alguien que emula a la prensa conservadora y facha de Okdiario, El Español, El Confidencial, El Mundo, ABC, La Razón y tantos otro, incluido El País en muchas ocasiones. Y no se merece presumir de hombre de izquierdas en un periódico -de los pocos que quedan- que tiene por línea editorial sus postulados de izquierda real.

Lo siento, Sr. Director, pero se ha olvidado Vd. de que Podemos está vivo (salvo que piense como los otros medios citados antes en defenestrarlo ya) y va presentar batalla por sí solo en las próximas Elecciones que se convoquen, sencillamente, porque ¡¡¡Sí Se Puede!!!

La marca Podemos, que no lo olvide nadie, consiguió, yendo solo, casi ¡seis millones! de votos y estuvo a punto de darle al PSOE -a pesar de su clientelismo de tantos años- el famoso “sorpasso”. Hoy sabemos que eso no va a volver a ocurrir, corren otros tiempos, y medio mundo no quiere saber nada de nada políticamente hablando. Uno tiene la impresión de que, sobre todo, a la gente joven -que son los que pueden hacer que cambien las cosas- sólo les interesa el Real Madrid y el Barça, y, como mucho, claro, el Atlético de Madrid… para, como siempre, seguirlo engañando con la manifiesta “arbitrariedad” y la composición de los calendarios amañados.

 

Ángel Morillo Triviño

15/04/2025

lunes, 14 de abril de 2025

14/04/2025 - SÁNCHEZ NO LE BESA EL CULO A TRUMP

 

España da un giro a su política comercial al dar la espalda a Estados Unidos y mirar hacia Asia

José Antequera 14/04/2025

Cuenta la prensa que entre Pedro Sánchez y Xi Jinping hay feeling, conexión personal y política, buen rollo. Se desconoce si esa atracción es mutua, si es el patrón oriental el que siente más afecto hacia el líder español o viceversa. No importa demasiado. Lo único cierto es que ambos parecen estar en la misma onda y que esa armónica relación puede marcar un punto de inflexión de dimensiones históricas para el futuro de nuestro país. 

La politóloga de taberna, o sea Isabel Díaz Ayuso, con su filosofía de frutería o verdulería, ha analizado el asunto y ha llegado a la conclusión de que ha sido el presidente del Gobierno quien ha entregado España a “los intereses del comunismo chino”. Pocas majaderías de tal calibre se han dicho últimamente. Ni hay tal entrega –en todo caso un intento de abrir nuevos mercados, algo que suena a música celestial a los grandes empresarios españoles–, ni hay comunismo por ninguna parte (por si no se ha enterado la lideresa castiza, en lo económico China se parece tanto a un régimen bolchevique como una escoba a un babuino). Pero ella suelta la parida y ahí queda el análisis de brocha gorda.

Es verdad que nos encontramos ante un brusco viraje en nuestra política internacional, ante un golpe de timón después de que Trump haya señalado a los europeos como “patéticos enemigos” empeñados en estafar a los norteamericanos. Pero ese cambio de eje, con el que dejamos de mirar a Estados Unidos para fijarnos en Asia, era tan obligado como necesario. A la UE no le quedaba otra que contactar con China para convertirla en cliente preferente y en proveedor privilegiado. ¿Qué otra cosa podía hacer la economía europea mientras el hombre Dorito la estrangulaba y la cosía a aranceles? La jugada era inevitable. Y ahí ha estado rápido y ágil Pedro Sánchez. El viaje presidencial a China y Vietnam en busca del oro amarillo ha sido una reacción ponderada y proporcional a la agresión (una respuesta contundente tras el desafío trumpista). Y es cien por cien seguro que cuenta con el respaldo de Ursula Von der Leyen, ya que Sánchez no puede tomar esa decisión de geoestrategia política sin el visto bueno de Bruselas. De modo que el premier socialista ha sido listo a la hora de ponerse el traje de nuevo Marco Polo, y allá que se ha ido, a abrir nuevas rutas de la seda para comerciar con los señores del arroz y la pólvora, hoy maestros de la electrónica, la robótica y la inteligencia artificial.

En general, los poderes fácticos de este país han aplaudido la iniciativa diplomática sanchista, empezando por los propios empresarios, que han visto en esa delegación comercial al Lejano Oriente un balón de oxígeno ante el alevoso bloqueo trumpista a los productos españoles. O sea, nuevas expectativas de inversión, atractivos proyectos de intercambio comercial, en fin, más oportunidades de negocio, que es de lo que se trata cuando entran en juego las gentes del dinero. La patronal de ninguna manera ve en este giro internacional un caso de entreguismo de Sánchez a los comunistas, sino una milagrosa tabla de salvación. Nuestros empresarios han entendido que no es tiempo de estar con las estupideces de Ayuso que ni ella misma se cree, sino de salir ilesos del suicidio global trumpista. Tenemos una clase industrial bastante más inteligente y preparada que la niña de Chamberí, profesionales que saben que esta China ya no es aquella China férrea, ortodoxa y monolítica de Mao Zedong, sino que se ha abierto descaradamente al capitalismo. Desde los años 70, con Deng Xiaoping, los chinos iniciaron una serie de reformas que les ha permitido no solo sobrevivir, sino crecer exponencialmente hasta situarse como segunda potencia mundial (en algunos casos y aspectos incluso como primera potencia mundial).

El aperturismo al comercio internacional (superando la autarquía comunista), la aceptación de la inversión extranjera y la creación de empresas privadas permitieron el nuevo salto adelante hacia la globalización que, le guste o no a Trump, es un invento chino. Desde aquellos años ochenta, cuando los españoles se dejaron seducir por los rollitos de primavera, la ternera con setas y bambú y el pan de gambas, hemos visto cómo lo chino nos invadía sin remedio. Primero abrieron los famosos restaurantes que lo reventaron, después los bazares (todo un misterio por qué seguimos comprando clavos que se doblan, martillos que se parten en dos al primer golpe y pegamentos que no pegan). Más tarde se hicieron con los polígonos industriales y llenaron los puertos de contenedores. Y finalmente se infiltraron en los fondos buitre y ya lo controlan todo, hasta la mafia. Todo ese entramado que se repite en cada país de la UE (una especie de colonización silenciosa) ha servido para que millones de chinos salgan de la extrema pobreza y el hambre tercermundista, instaurándose un extraño invento denominado “capitalismo de Estado”, donde el gobierno mantiene un control centralizado sobre sectores clave de la economía, pero permite la participación total de empresas privadas y emprendedores. El régimen se parece bastante a una auténtica socialdemocracia y aunque todo esto en realidad forme parte de otra falacia (se forran los mismos de siempre, es decir, una recua de oligarcas, igual que ocurre en Occidente), el truco ha funcionado y se ha obrado el milagro chino.

Nos conviene hacer negocios con los nuevos señores de la Tierra, entre otras cosas porque besarle el culo a Trump tiene que ser algo asqueroso. Y cuando nos digan que China no es una verdadera democracia, sino una autocracia que no respeta los derechos humanos, la respuesta está clara: en Estados Unidos deportan inmigrantes a Guantánamo por tener el carné de conducir caducado, siguen ejecutando presos con la inyección letal y las minorías raciales y sexuales están más perseguidas que nunca. No, USA ya no es el paraíso de la democracia, si es que alguna vez lo fue. El ataque de cuernos de los trumpistas MAGA ha sido antológico, como demuestra que el secretario del Tesoro nos haya advertido de que acercarse a China “sería como cortarse el cuello”. Ladran, luego cabalgamos.

 

lunes, 7 de abril de 2025

07/04/2025 - IRENE MONTERO SALTA AL RUEDO POLÍTICO COMO CANDIDATA DE PODEMOS A LAS GENERALES

Belarra la señala como la única capaz de levantar una alternativa pacifista y feminista frente al “régimen de guerra” del PSOE y Sumar

Agustín Millán 07/04/2025

Irene Montero, eurodiputada de Podemos y candidata de Podemos a las generales del 2027

Aún con dos años por delante para las próximas elecciones generales, Podemos ha movido ficha. En un acto celebrado este domingo en Madrid bajo el lema “Por la paz y contra el régimen de guerra”, la secretaria general del partido, Ione Belarra, pidió públicamente a Irene Montero que encabece una nueva candidatura. No se trata solo de presentar una alternativa electoral: Belarra propuso levantar un proyecto político de mayor alcance, “que no sea solo de Podemos”, sino una plataforma para los “desencantados” del actual Gobierno y la izquierda institucional.

“Solo una mujer pacifista, valiente y patriota puede hacer la tarea que tenemos por delante”, aseguró Belarra ante un auditorio entregado, en referencia directa a Montero.

Con este gesto, la formación morada se distancia aún más de Sumar, la coalición liderada por Yolanda Díaz, a la que acusan de haber frustrado la capacidad de transformación de la izquierda y de haber renunciado a un programa verdaderamente progresista.

El pacifismo como eje del nuevo proyecto

En su intervención, Montero recogió el guante. Reivindicó un nuevo proyecto “de paz, de esperanza y de más derechos” y centró su discurso en la crítica al creciente gasto militar tanto en España como en la Unión Europea. “Defender la paz es defender otro mundo posible”, proclamó, haciendo hincapié en el contexto internacional marcado por las guerras en Ucrania y Palestina.

La eurodiputada y exministra de Igualdad denunció que el actual sistema económico está al servicio del negocio armamentístico y alertó de que el rearme europeo responde a presiones de Estados Unidos. “Nos venden la autonomía estratégica mientras nos piden que compremos búnkers y no podemos ni pagar el alquiler”, ironizó.

Montero también dedicó críticas a Teresa Ribera, actual vicepresidenta de la Comisión Europea, señalando que ha llegado a ese cargo con votos de la extrema derecha. “La violencia se ha convertido en un motor económico”, advirtió, conectando el militarismo con el deterioro de los servicios públicos.

Una izquierda sin miedo

Para Podemos, la propuesta no es únicamente electoral. Belarra insistió en que el objetivo es recuperar una izquierda “de poder y de gobierno”, pero sin servidumbres con el PSOE ni con el marco de alianzas actuales. Rechazó el aumento del gasto militar promovido desde Bruselas y pidió directamente la salida de España de la OTAN, así como la expropiación de viviendas e inversiones en manos de fondos buitre estadounidenses.

“El verdadero patriotismo es proteger nuestros servicios públicos y nuestras empresas estratégicas”, sentenció.

La secretaria general morada también apuntó a la creciente dependencia de Europa respecto a EE.UU., tanto económica como política, y denunció que “las élites económicas están en guerra por el control de los recursos”.

Julio Rodríguez, militar en la reserva y miembro de la candidatura de Belarra en la Asamblea de Podemos, reforzó el mensaje antimilitarista. “La guerra es el fracaso de la política. Como militar, cada día me siento más antimilitarista”, declaró ante los aplausos del público.

Portazo a Yolanda Díaz y al “malmenorismo”

La presentación de Montero como candidata marca un punto de no retorno entre Podemos y Sumar. Belarra no hizo mención explícita a Yolanda Díaz, pero sus palabras, al igual que las de Montero, fueron una enmienda a la totalidad al espacio liderado por la vicepresidenta segunda del Gobierno.

Podemos acusa a Sumar de haber abandonado sus compromisos progresistas y de haber asumido una postura tibia ante el rearme europeo. La formación morada se presenta ahora como la única alternativa real a un modelo que, aseguran, está “más cerca del PP que de una izquierda transformadora”.

“España necesita izquierda, no progresía que ya no se distingue de la derecha”, afirmó Montero, en una de las frases más contundentes de su intervención.

El regreso de una figura vetada

La candidatura de Montero supone también un giro simbólico. En 2023, su nombre fue excluido de las listas electorales de Sumar por su implicación en la crisis de la ley del solo sí es sí. Cinco meses después de las elecciones generales, Podemos rompió con Sumar y empezó a construir un camino propio que ahora culmina en este anuncio.

Desde entonces, la exministra ha reforzado su perfil político en Europa, y la organización considera que es momento de su “reparación” política. “Con Montero vuelve la izquierda que no se achanta”, resumió un dirigente del partido tras el acto.

Camino propio a las generales

Podemos deja así clara su estrategia para 2027: competir por la hegemonía del espacio a la izquierda del PSOE, aunque eso implique una fragmentación electoral. Desde el partido aseguran que una alianza solo será posible si las fuerzas implicadas “asumen los objetivos de paz, feminismo y defensa de lo público”.

Aunque fuentes cercanas a Montero aseguran que no renunciará por ahora a su acta en Bruselas, la maquinaria electoral ya ha empezado a moverse. Con el anuncio de este domingo, Podemos no solo oficializa a su candidata, sino que lanza una advertencia: no se conforman con ser un actor secundario. Vienen a disputarlo todo.

 

Comentario: Es muy difícil que Podemos vuelva a tener los seis millones de votos que tuvo con Pablo Iglesias, pero su resurgir puede que esté cerca. El PSOE es de derechas, eso es incuestionable, y Sumar es “el otro PSOE”, o sea, una sucursal. Es posible que si Podemos no hace alianzas “tontas” con otros, vuelva a ser una fuerza que abandere la izquierda de este país. Que, dicho sea de paso, falta le hace. De modo que, con Irene Montero (a la que ha intentado defenestrar toda la prensa de la “casta fascistoide” sin conseguirlo) todo es posible. Y termino: Podemos debe volver a su lema de inicio, que no es otro que ¡¡¡SÍ SE PUEDE!!!

 

sábado, 5 de abril de 2025

05/04/2025 - ¿Y SI LO DE TRUMP NO ES UNA SIMPLE LOCURA PERSONAL?



Sobre cómo se podría actuar ante todo esto, especialmente en Europa, trataré de escribir en los próximos días

Juan Torres López 05/04/2025

La opinión que más escucho cuando oigo hablar de Donald Trump, incluso en boca de académicos o gente bien informada, es que está loco.

Es cierto que su comportamiento, tan diferente al de quienes nos hemos acostumbrado a ver como dirigentes y líderes mundiales, induce a pensar así. Es errático, estrambótico, grosero, inculto, mentiroso compulsivo, desvergonzado y chulo, carece de la más mínima empatía con los débiles y alardea de gobernar al país más poderoso del mundo como si fuese su inmobiliaria. Ha reconocido que desea ser un dictador, se salta las decisiones judiciales en su contra, insulta a sus adversarios sin compasión ni mesura y los amenaza, e incluso desprecia y humilla a sus propios socios. Sus ideas son extremistas, presume de religiosidad y valores morales cuando es conocida su relación con prostitutas y antros de todo tipo. Su trayectoria vital y comercial es la de un personaje sin principios ni límites, obsesionado por ganar a cualquiera que se le ponga por delante. Numerosas biografías y documentales lo han puesto de manifiesto y basta verlo en acción para comprobar su forma de ser, y cómo actúa y trata al resto de la gente.

 

Sin embargo, me temo que es erróneo pensar que lo que está haciendo y lo que hará más adelante es la simple expresión de una locura, de un comportamiento personal aberrante y reaccionario. Puede ser que Trump sea efectivamente un loco, un multimillonario que se puede permitir cualquier capricho y presumir como un pavo real del poder que tiene, siendo, como es, tan ignorante.

Yo tiendo a pensar que lo que está haciendo Donald Trump es mucho más que un comportamiento personal y la mejor prueba de ello es que las acciones que lleva a cabo vienen de lejos, antes de que él incluso aspirase a ser presidente.https://adserver3.bigapis.net/www/delivery/lg.php?bannerid=26281&campaignid=12879&zoneid=27603&loc=https%3A%2F%2Fwww.diariosigloxxi.com%2Ftexto-diario%2Fmostrar%2F5244644%2Ftrump-no-simple-locura-personal&cb=226ed4d38e

He escrito con detalle sobre lo que creo que está ocurriendo y el por qué Trump hace lo que hace en mis dos últimos libros, Más difícil todavía (Deusto 2023) y Para que haya futuro (Deusto 2024), así que resumiré aquí muy brevemente lo que pienso.

Tiendo a pensar, en primer lugar, que Trump no es sino una pieza más de un proceso que viene de más lejos encaminado a desmantelar las democracias y los sistemas de legitimación que, desde los años ochenta del siglo pasado, habían generado la aceptación, por las clases sociales empobrecidas, de los procesos que las han desposeído. La razón o necesidad de hacerlo es sencilla: el nivel de concentración de riqueza y desigualdad alcanzado es tan extraordinario que ya resulta incompatible con la democracia representativa y el debate social transparente. Alguien tan poco sospechoso de izquierdismo como Martin Wolf lo ha explicado y documentado perfectamente en su libro La crisis del capitalismo democrático (Deusto, 2023).

En segundo lugar, creo que la nueva presidencia de Trump es un momento más de un proceso de desglobalización y proteccionismo que viene de atrás, aunque ahora se produzca, ciertamente, de un modo más exagerado y radical,. Contabilizadas en su sentido más amplio, en el Global Trade Alert se registran casi 59.000 medidas restrictivas del comercio en todo el mundo desde 2009.

Como acabo de recordar en un artículo reciente, Obama ya fue calificado por The Wall Street Journal, como «un presidente proteccionista». Biden no sólo no rectificó las medidas que había adoptado Trump en su primer mandato, sino que incluso las aumentó en algunos casos y, sobre todo, con China. De él se escribió que practicaba «proteccionismo cortés» y «educado» y que su política comercial era «trumpismo con rostro humano», sin «tuits furiosos ni afirmaciones absurdas, pero con aranceles de seguridad nacional».

Es verdad que Trump ha exacerbado la política proteccionista (está por ver hasta dónde llega) pero es un error creer que es sólo «cosa suya».

Me parece que hay que leer bien lo que está haciendo ahora Donald Trump. Cuando muestra pomposamente al mundo que impone aranceles incluso a una isla en donde sólo habitan pingüinos o a países con los que Estados Unidos apenas tiene intercambios, no lo hace porque esté poniendo en marcha una nueva política comercial, sino para mostrar la forma diferente con la que esa potencia con voluntad de seguir siendo imperial va a dirigirse a partir de ahora al mundo. O, mejor dicho, al universo, pues habla de «arancel universal», un término quizá nada casual cuando los grandes capitales tecnológicos están planificando apropiarse del espacio, de otros astros y asteroides, para hacer negocio.

En tercer lugar, lo que más claramente está haciendo Trump es exonerar al capital, en la mayor medida de lo posible, de los costes que inevitablemente va a tener el cambio climático y la desigualdad exagerada que se ha generado en las últimas décadas. Sus declaraciones al respecto pueden parecer rimbombantes, exageradas, increíblemente negacionistas e incluso inhumanas, dado el desprecio con el habla de la pobreza o las medidas que ha tomado en materia medio ambiental, sanitaria y social. Sin embargo, ¿cuánto han tardado las grandes empresas en suspender sus programas de diversidad e inclusión? ¿qué grandes dirigentes empresariales han manifestado su oposición a las medidas de Trump? ¿dónde están las corporaciones que hablaban de capitalismo responsable y con rostro humano? ¿cómo se explica que, sobre la marcha, se estén eliminando todas las buenas intenciones y programas de inversión que hasta hace unos días tenían para combatir el cambio climático? ¿Cómo es posible o se explica que hayan bastado unas cuantas declaraciones y alguna orden ejecutiva de Trump para que ya no lo consideren una amenaza?

Finalmente, también creo que lo que está haciendo Trump se parece mucho, por no decir que es lo mismo, a lo que ya habían comenzado a hacer otros presidentes anteriores y especialmente Biden para hacer frente al declive del imperio estadounidense, aunque es verdad que ahora con estruendo y en medio de insultos y amenazas. No se olvide que fue Biden quien saboteó el gaseoducto Nord Stream, una infraestructura vital para uno de sus grandes aliados, cometiendo un acto que, de haberlo hecho otros, hubiera sido perseguido como terrorista.

Lo que estamos comenzando a ver (cada día con más nitidez y abiertamente) es cómo Estados Unidos trata de salvar sus muebles cuando se agota el modelo que, desde los años ochenta del siglo pasado, le ha permitido vivir endeudándose gratuitamente ante el resto del mundo.

Es patético y daría risa, si no fuese por el sufrimiento humano que viene detrás, ver cómo el gobierno de Estados Unidos hace trampa al contabilizar los saldos exteriores, registrando sólo los comerciales y dejando a un lado los de servicios y capitales, que es donde está hoy día el meollo del comercio internacional. U olvidando que si tiene déficits comerciales con muchos países no es por culpa de estos, como dice Trump, sino porque empresas estadounidenses se fueron a terceros países para ganar más dinero y desde allí exportan lo que podría haber computado como ingresos de exportación de Estados Unidos si se hubieran quedado en su país.

Al acabar la II Guerra Mundial, Estados Unidos tenía más del 80 por ciento del oro que había en el planeta, su PIB era la mitad del conjunto de todos los países, y controlaba el 60 por ciento del comercio mundial y casi el 50 por ciento de las inversiones directas de todo el mundo. Le fue fácil que se aceptara que su moneda actuase de reserva y se pudo garantizar sin problemas su plena convertibilidad en oro.

Con el paso del tiempo, sin embargo, los países que habían sido casi totalmente destruidos en la guerra comenzaron a resurgir y sus industrias se hicieron potentes, expandiendo su producción y exportaciones. El dólar se vino abajo y, como ha recordado Yanis Varoufakis en un artículo reciente, Nixon dio un golpe de mano brutal en 1971. A mi juicio, muchísimo más duro y dañino que el que estos días está dando Trump y que tanta gente está calificando como «el mayor golpe de la historia al comercio internacional».

Nixon devaluó primero el dólar y luego acabó con su convertibilidad en oro, obligando así a que su moneda se utilizara sin necesidad de que la economía de Estados Unidos lo respaldase, no ya con el metal precioso, sino con producción o inversiones. ¿Se imaginan que tuvieran en su casa una máquina que emitiera un billete verde que casi todo el mundo quisiera tener en sus manos para comerciar? ¿Quién sería capaz de resistirse a semejante privilegio y no endeudarse constantemente, mientras pudiera imprimirlo sin limitación alguna? Por eso cuentan que los dirigentes de Estado Unidos decían a los demás países: el dólar es nuestra moneda, pero es vuestro problema.

 

A pesar de ello, ni siquiera así se pudo resolver la crisis estructural que se venía produciendo y que constituía un peligro existencial para el capitalismo (entre otras razones, por la existencia alternativa y amenazante de la antigua Unión Soviética). Los conflictos se multiplicaban, los trabajadores tenían cada vez más fuerza y los salarios se disparaban, la producción en masa ya no se vendía, la inflación subía y el beneficio caía … Se venía abajo el edificio que había permitido que Estados Unidos se consolidara como la gran potencia que dominaba el mundo.

Otro presidente republicano, Ronald Reagan, se encargó de tomar medidas y adoptó otra también mucho más brutal y lesiva para el resto de las economías que las actuales de Donald Trump: la Reserva Federal disparó los tipos de interés (llegaron al 20 por ciento en1981), hundiendo la producción, multiplicándose el desempleo y la deuda, y provocando deliberadamente una crisis generalizada.

Una vez más, Estados Unidos se sacudió el polvo de su espalda y descargó sobre los demás todo el peso de los problemas que había producido el régimen sobre el que se basaba su poderío, para conservarlo a partir de entonces de otro modo.

Repito que la bravuconería vacía de Trump, sus declaraciones tan burdas, la forma tan científicamente inconsistente de hacer las propuestas y la renuncia a tener presente ni uno solo de sus potenciales efectos adversos, puede llevar a considerar que nos encontramos ante un histrión cuya locura se ha desatado. Yo mismo tengo a veces la tentación de simplificar mi pensamiento y creer que es eso lo único que tengo por delante.

Hoy mismo leo a un comentarista brillantísimo de la política estadounidense, Roger Senserrich, afirmar que «las élites económicas de Estados Unidos estaban atónitas ante la escala del desastre».

Es posible que lleve razón, pero me cuesta mucho trabajo creer que todo lo que hace Trump se pueda llevar a cabo en contra del poder económico. Lo que veo, más bien, es que a su alrededor han estado y están las personas más ricas del mundo, las que han permitido con su financiación extraordinariamente generosa que llegue a presidente. Las mismas que pusieron el dinero para que la Fundación Heritage elaborase el Proyecto de Transición Presidencial 2025 que Trump está llevando a cabo casi letra a letra y que comenté justo hace un año en un artículo que titulé La extrema derecha viene para quedarse.

Puede ser que yo me esté equivocando y vea más cosas de las que hay, pero lo que me dicen los análisis que vengo realizando desde hace años es que nos encontramos ante un fenómeno de largo alcance. A mi juicio, lo que sucede es que Estados Unidos está tratando de reasentarse para enfrentarse a un planeta al que sabe que ya no va a poder dominar como exclusiva potencia imperial. Se asume que el poderío creciente e imparable de China va a conformar un mundo nuevamente bipolar y Estados Unidos va a romper violentamente el tablero, una vez más, para obligar a que las economías y sus gobiernos reasignen posiciones estratégicas a su alrededor en la condición más debilitada posible y en beneficio estadounidense. Una estrategia que, en lo económico, debería concluir con un proceso generalizado de reubicación de capitales e industrias en Estados Unidos, como única forma de asegurar su hegemonía.

En principio, yo no veo obstáculos insalvables para que eso pueda producirse, siempre y cuando:

a) Aisle lo más posible a China y al bloque que inevitablemente se formará en su entorno, y los obligue a iniciar una escalada armamentista que deteriore sus capacidad tecnológica e industrial.

 

b) Debilite hasta el extremo a Europa y la haga desaparecer aún más del mapa como operador estratégico y competidor comercial.

c) Mantenga suficientemente a raya a Rusia, y

d) Si encuentra (de ahí Panamá o Groenlandia) nuevas fuentes de ventaja competitiva y geoestratégica.

Dicho eso, creo que hay que señalar también las grandes dificultades a las que se enfrenta hoy día el intento de salvaguardar la supremacía de Estados Unidos. Entre otras:

a)  Es un proceso que necesita medio plazo para dar resultados y a corto puede ser tan traumático que puede producir perturbaciones globales inusitadas, con daños tan grandes que ni siquiera Estados Unidos pueda evitar.

b) Llevar este proceso de reajuste de la mano de la extrema derecha para avanzar en el desmantelamiento de las democracias que se extiende por todo el mundo es un arma de doble filo, una auténtica bomba de efecto perverso y retardado de consecuencias muy peligrosas. Al fin y al cabo, las democracias son un elemento de contención del conflicto. El totalitarismo, por el contrario, lo crea y la polarización generalizada puede estallar, con consecuencias incalculables, antes de que Estados Unidos logre redefinir el terreno de juego que más le conviene y reforzar suficientemente su economía.

c) La situación interna de Estados Unidos puede hacerse explosiva y cualquier cosa puede suceder allí en cualquier momento.

d) Estados Unidos cada vez tiene menos posibilidad de imponerse sobre China en términos económicos o tecnológicos y, seguramente, también en financieros. La opción que le queda es la militar, y no hay que decir mucho sobre los riesgos que eso conlleva cuando se está hablando de potencias nucleares.

 

En resumen, si lo que estamos viendo es el comportamiento de un loco que se enfrenta a todos, lo más posible es que antes o después se revierta la situación; al menos, lo suficiente como para evitar la crisis inevitable que llevaría consigo la guerra comercial y el desmoronamiento económico que se producirá si no se frena cuanto antes a Trump.

Si mi hipótesis es acertada, lo que vamos a ver será algo más y mucho peor. Será lo mismo que ya se produjo en ocasiones anteriores: una tabula rasa, la generación deliberada de una gran crisis económica y de la democracia que permita que todo cambie para que no se modifique lo que se busca preservar, el dominio de una potencia en declive acelerado, e incluso en riesgo de extinción si no reacciona, ante un bloque rival en ascenso y con fortaleza creciente. Tengo dudas, pero si tuviera que apostar lo haría por esta segunda hipótesis.

Sobre cómo se podría actuar ante todo esto, especialmente en Europa, trataré de escribir en los próximos días.