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jueves, 14 de mayo de 2026

14/05/2026 - EUROPA PONE EN SU SITIO A MONCLOA

 

Comentario: Cierto, Sr. Gómez. Pero que nadie olvide que, en lo que está pasando en España, tienen mucha culpa las Autonomías plagadas de Altos Cargos y de donde salen Diputados y Senadores que no sirven ni para estar escondidos, sólo valen para apretar un botón y, para colmo, se equivocan con frecuencia, ya que no están pendientes y sólo les preocupa su enorme salario y el “qué hay de lo mío”. Hay que reducir los Altos Cargos muy exponencialmente y contratar más médicos y más profesores… y no olvidarse de las carreteras, los trenes y de las zonas hundidas en la miseria por todo lo que les falta para vivir dignamente, y sino que se lo pregunten a un extrmeño.

Los datos de pobreza de Eurostat demuestran que la supuesta prosperidad económica que pregona Moncloa y con la que Pedro Sánchez se pavonea sólo está alcanzando a los millonarios y las grandes empresas

José Antonio Gómez

Mientras el Gobierno de Pedro Sánchez insiste en proyectar una imagen de fortaleza económica y crecimiento sostenido, los datos oficiales de la Unión Europea, publicados por Eurostat, vuelven a confrontar a España con una realidad mucho más incómoda: el país sigue atrapado entre los líderes europeos de la pobreza y exclusión social. Detrás de los discursos oficiales sobre recuperación, resiliencia y modernización económica emerge una fractura social cada vez más profunda que golpea especialmente a trabajadores precarios, jóvenes, familias con hijos y clases medias debilitadas.

España ocupa ya el quinto lugar entre los países con mayor tasa de riesgo de pobreza o exclusión social de toda la Unión Europea. No es el lugar que debería tener la cuarta economía de la UE y, según la propaganda de Moncloa, "el motor económico de Europa". Casi 12,6 millones de personas viven atrapadas en esa situación. La cifra no solo desmonta la narrativa triunfalista del Ejecutivo, sino que revela el principal fracaso político del actual modelo económico: la incapacidad para transformar el crecimiento macroeconómico en prosperidad real para la mayoría social.

El problema no es únicamente estadístico. Tiene rostro humano. Son familias que trabajan y aun así no consiguen llegar a fin de mes. Son jóvenes universitarios encadenando empleos temporales y salarios insuficientes. Son padres y madres que deben elegir entre pagar el alquiler o llenar la nevera. Son pensionistas ayudando económicamente a hijos y nietos porque el mercado laboral ya no garantiza estabilidad ni ascenso social.

La gran paradoja española es que el crecimiento económico convive con una sensación creciente de empobrecimiento colectivo. El Gobierno presume de cifras de empleo, inversión extranjera y turismo récord mientras millones de ciudadanos perciben exactamente lo contrario en su vida cotidiana. La economía puede crecer sobre el papel, pero amplias capas sociales sienten que ese crecimiento nunca llega realmente a sus bolsillos.

Ahí reside el núcleo del desgaste político que enfrenta el Ejecutivo de Sánchez. La percepción de que la gestión económica beneficia principalmente a las rentas más altas y a determinados sectores empresariales se está consolidando incluso entre antiguos votantes progresistas. Mientras las grandes corporaciones energéticas, financieras y tecnológicas mantienen beneficios multimillonarios, el coste de la vivienda, la alimentación y los servicios básicos continúa asfixiando a trabajadores y clases medias.

La crisis de la vivienda en España se ha convertido probablemente en el símbolo más visible de esta fractura. El acceso a un alquiler asequible resulta cada vez más difícil incluso para personas con empleo estable. En las grandes ciudades, miles de jóvenes dedican más de la mitad de sus ingresos a pagar una habitación o un pequeño apartamento. El ascensor social parece completamente averiado para una generación que trabaja más que sus padres pero vive con mucha mayor inseguridad.

Los datos sobre pobreza infantil reflejan con especial crudeza el alcance del problema. La España de Pedro Sánchez mantiene la tasa más alta de pobreza entre menores de toda la Unión Europea. Detrás de esa estadística se esconde una realidad devastadora: niños creciendo en hogares donde el empleo ya no garantiza condiciones de vida dignas. El fenómeno rompe además uno de los pilares históricos del modelo europeo, basado en la idea de que el trabajo debía actuar como protección frente a la exclusión.

Sin embargo, en España incluso tener empleo ha dejado de ser garantía de estabilidad. El país presenta una de las tasas más elevadas de trabajadores pobres de Europa. Esto significa que cientos de miles de personas trabajan, cotizan y cumplen con sus obligaciones laborales mientras permanecen atrapadas en situaciones de vulnerabilidad económica. La precariedad ya no afecta únicamente a desempleados o colectivos marginales; se ha extendido al corazón mismo de la población activa.

La incapacidad redistributiva del sistema también deja en evidencia los límites de la política social del Gobierno. Aunque las transferencias públicas logran contener parcialmente la pobreza, España sigue muy por debajo de la media europea en eficacia redistributiva. Países como Francia, Bélgica o Alemania muestran una capacidad mucho mayor para reducir desigualdades mediante ayudas sociales, prestaciones y políticas fiscales. En cambio, el modelo español continúa mostrando enormes dificultades para corregir los desequilibrios generados por el mercado.

Esa debilidad redistributiva conecta directamente con otro debate incómodo para el Ejecutivo: la percepción de que el sistema fiscal sigue siendo insuficientemente progresivo. Mientras trabajadores asalariados soportan gran parte de la carga tributaria indirecta y el encarecimiento constante del coste de vida, las grandes fortunas y determinados sectores económicos mantienen amplios márgenes de protección patrimonial. La consecuencia es una sensación creciente de injusticia estructural. Todo ello sin contar con la situación de los autónomos. 

Políticamente, esta situación destruye uno de los principales relatos de la izquierda gobernante: la idea de que España avanza hacia un modelo social más justo. Aunque el Gobierno ha impulsado medidas como la subida del salario mínimo o determinadas ayudas sociales, esas políticas no compensan el deterioro general de las condiciones de vida. El problema ya no es únicamente cuánto crece la economía, sino quién se beneficia realmente de ese crecimiento.

La fractura territorial agrava aún más el escenario. Mientras determinadas zonas urbanas vinculadas al turismo, las finanzas o los servicios tecnológicos concentran inversión y riqueza, muchas regiones continúan atrapadas en dinámicas de salarios bajos, empleo estacional y escasas oportunidades. La desigualdad no solo separa ricos y pobres; también divide territorios enteros dentro del propio país.

En el plano social, la consecuencia más peligrosa es el desgaste progresivo de la confianza colectiva. Cada vez más ciudadanos sienten que el sistema económico funciona para proteger intereses privilegiados mientras exige sacrificios constantes a quienes sostienen el consumo, el empleo y los servicios públicos. Esa percepción alimenta frustración, desapego político y una creciente desconfianza hacia las instituciones tradicionales.

La situación adquiere además una dimensión generacional especialmente delicada. Muchos jóvenes han crecido escuchando que estudiar, esforzarse y trabajar garantizaría estabilidad y progreso. Sin embargo, se encuentran con salarios insuficientes, alquileres prohibitivos y enormes dificultades para emanciparse o formar una familia. La promesa de movilidad social que sostuvo durante décadas el consenso democrático europeo comienza a resquebrajarse peligrosamente.

El problema para Pedro Sánchez es que las cifras de Eurostat destruyen la principal narrativa sobre la que ha intentado sostener su legitimidad económica. Porque un país donde un 25% de los ciudadanos está en riesgo de pobreza o exclusión social difícilmente puede presentarse como ejemplo de prosperidad compartida. Y porque cuando el crecimiento económico convive con desigualdad persistente, pobreza infantil récord y trabajadores incapaces de vivir dignamente, la sensación dominante termina siendo que el sistema sigue funcionando sobre todo para proteger a quienes ya están arriba.

 

miércoles, 13 de mayo de 2026

13/05/2026 - FLORENTINO SE TRUMPIZA

Comentario: El Real Madrid aún no se ha enterado que el Barça ha aprendido a “comprar” los árbitros como llevan ellos haciendo desde tiempos inmemoriales. Miren uno a uno los partidos de esta liga 2025/2026 (sobre todo los penaltis que les han pitado a favor y en contra) y verán como los blancos han choriceado entre doce y quince puntos por lo que deberían estar a la altura del Betis como mucho. Y que no hablen de la Copa de Europa, porque según un ex árbitro italiano no deberían haber ganado las tres últimas, ni, por supuesto, las dos que robaron al Atlético de Madrid. Bueno al Atlético de Madrid le ha “mangado” tantos partidos que es imposible recordar cuántos títulos les han quitado por la jeta arbitral. ¿Se acuerdan de mi paisano Sánchez Ibañez? ¿Y de Guruzeta?

Resulta miserable que un equipo que parte cada año con diez o quince puntos más que los otros, encima se queje de los arbitrajes. No tienen nada y como el mundo arbitral se mosquee no volverán a ganar ni la copa de Canillejas, se han quedado estancados en el siglo pasado y, curiosamente, Franco ya no vive en el siglo que estamos.

El presidente del Real Madrid ofreció una estrambótica rueda de prensa que daña la imagen del club

José Antequera

Florentino Pérez conmocionó ayer el mundo del deporte. Su rueda de prensa, la única que ha dado en más de once años, puso al descubierto el verdadero rostro del presidente del Real Madrid. Un hombre arrebatado, airado, desatado y algo machirulo (desafortunado sugerir que una periodista no sabe de fútbol). El mandatario que se repantiga en el sofá, puro y copa en la mano, al término de una comida con amigos, y despotrica sin filtro. Nada que ver con la imagen institucional y de dirigente sensato y moderado que había proyectado hasta hoy.

Florentino arremetió contra todo y contra todos, contra la prensa, contra el estamento arbitral, contra el eterno rival por el caso Negreira. Y, entre palo y palo, anunció elecciones para advertir que no piensa dimitir pese a la nefasta campaña del club (la segunda consecutiva en blanco, sin catar títulos de importancia). El máximo directivo de la familia merengue dejó aflorar lo peor que lleva dentro haciendo buena esa máxima a la que se abraza el poderoso desde tiempos inmemoriales: cuando vienen mal dadas, cierre de filas, atrincheramiento, bunkerización y fabricar un enemigo común para desviar la atención de los problemas internos. “Dicen que hay gente que se está moviendo en la sombra para presentarse, pues que se presenten (…) Hay sectores que quieren mandar en el Real Madrid, pero no lo han conseguido, porque en el Real Madrid mandan sus socios. La gente me cree a mí”, añadió con cierto tonillo autoritario. Sugerir que los posibles candidatos son una especie de seres hostiles que se mueven en el inframundo es propio de gobernante que cree que después de él solo el caos.

Florentino quiso aparecer como la luz blanca y pura, el rayo triunfador que no cesa y que sigue iluminando las esencias madridistas. Pero ya no cuela. El equipo es una caricatura y cualquier banda de amigos que juega en el Bernabéu, antes fortín temible e inexpugnable, sale con puntos. Los fichajes no han dado resultado pese a la millonada dilapidada y hoy el aficionado empieza a considerar gafe al ansiado mesías francés Mbappé. Tras echar a Xabi Alonso, un vasco honrado y valiente con idea de fútbol moderno, puso a su amigo Arbeloa como interpuesto para seguir siendo él el entrenador (el mito del hombre fuerte que cree saberlo todo, típico delirio autoritario). Por si fuera poco, la cantera ha quedado reducida a una fábrica estéril que no produce las perlas de antes (la última gran estrella fue Raúl y ya ha llovido), mientras en la Masia brotan como setas los cracks, fueras de serie y fenómenos mundiales (el relevo de Messi ha sido retomado por Lamine Yamal, de modo que el Barça tiene proyecto para otra larga década, la peor pesadilla para el madridismo).

Pero el auténtico drama ya no es el alcorconazo de navidad, es decir, que el todopoderoso Real Madrid caiga humillado ante un equipo de tercera en cada edición de la Copa del Rey (que a Florentino no le interesa y la tira miserablemente a la basura temporada a temporada), sino que el FC Barcelona haya armado una escuadra temible capaz de usurpar, a corto plazo, la hegemonía en el palmarés de la Liga. A este ritmo vertiginoso (de cada cuatro copas, tres se las llevan los culés por una los blancos), muy pronto el Barça será el club más laureado de España y el Real Madrid bajará al peldaño de ilustre segundón. La gloria quedará reducida a polvo y entonces al aficionado ya solo le quedarán los recuerdos de las Champions de antaño, que no volverán porque Luis Enrique (un renegado del madridismo siempre ávido de venganza) le está dando el oro y el moro a los jeques de París.

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Ya basta de divos que no trabajan, que no corren, que no sudan la camiseta, que se borran o fingen una lesión en cuanto se encadenan dos derrotas seguidas. El espíritu del Real Madrid, ese que Florentino ha enterrado bajo una montaña de millones, consistía en luchar hasta el final, en morir en el campo y en no sentirse derrotado hasta el minuto noventa. El señorío blanco se ha perdido dando paso a unas celebrities mal criadas que terminan a tortas en los entrenamientos. Dejar la imagen del club hecha unos zorros es el gran pecado de un presidente que hoy se blinda y se enroca en la Casa Blanca tirando del manual del trumpismo de moda en todo el mundo. El dirigente madridista se aferra al bulo de que una serie de enemigos quieren acabar con él, tal cual como hace ese otro magnate con mansión en Mar-A-Lago. A Florentino Pérez solo le queda ponerse la gorra blanca con el lema Make Real Madrid Great Again.

 

martes, 12 de mayo de 2026

12/05/2026 - NOS HEMOS LIBRADO DE OTRA PANDEMIA LETAL

Comentario: No hace mucho, días solamente, escribí un escrito sobre el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Va a resultar que servidor tenía razón al titular dicho escrito como “El mejor Presidente de la Democracia”. Pueden leerlo en mi blog “La Demagogia del Alacrán” (angelmorblogspot.blogspot.com). 

La eficaz actuación del Gobierno español ha logrado atajar, en el último momento, un virus letal

José Antequera

España ha librado al mundo de una pandemia global.

El ciudadano español aislado en el hospital Gómez Ulla de Madrid ha dado positivo por hantavirus. Se trata de uno de los catorce pasajeros del crucero Hondius aislados en cuarentena por precaución. La noticia viene a confirmar, sin duda, la peligrosidad del nuevo enemigo invisible microbiano al que nos enfrentamos. Pese a las críticas absurdas de la derecha, el Gobierno ha hecho lo que tenía que hacer y es de alabar que haya pecado por exceso y no por defecto al aplicar estrictas medidas sanitarias. El brote se ha atajado, quizá in extremis y en el último segundo, antes de estallar otra bomba pandémica, y debemos felicitarnos por ello. Quién sabe lo que podríamos estar viviendo a esta hora de haber entrado el hantavirus en nuestras vidas. Otro infierno como el acaecido durante el covid 19.

Supongamos por un momento que ese pasajero contagiado en el crucero no llega a su destino en Países Bajos y toma tierra, sin más, en un puerto de nuestro país como BarcelonaValencia Málaga. Supongamos que el excursionista coge su maleta, baja tranquilamente por la pasarela y se planta en el centro de una de esas populosas ciudades del litoral mediterráneo. El anónimo entra en el Corte Inglés, visita un museo, se sienta a comer en un restaurante y se mete en un cine. Un día feliz para una persona que se acaba convirtiendo en un cataclismo para todo un país. El contagio sería exponencial. En una hora varios infectados; a media mañana, decenas de ellos; al caer la noche y finalizar la jornada quizá unos cuantos cientos. Un auténtico desastre sanitario ya imparable desde ese preciso instante.

Viendo cómo ha terminado esta historia, no debe extrañar que la OMS y la UE hayan felicitado a nuestro país por tan eficaz gestión. El plan consistente en fondear el barco, movilizar al ejército, enviar barcazas con personal protegido con trajes especiales, rescatar a los viajeros y llevarlos a hospitales seguros, ha funcionado. Poco importa ya si se ha propagado una alarma infundada o desmesurada o si ha habido más o menos colaboración con Clavijo, convertido en el gran cuñado de la crisis vírica (quedará para siempre como el señor de las ratas que nadaban por el mar a la velocidad de Michael Phelps). El Gobierno tomó las riendas mientras los agoreros de PP Vox se dedicaban a boicotear el operativo, a hacer el ridículo internacional y a difundir bulos propios de cuentos de viejas para asustar a la población (el fascismo bebe de la conspiración, el odio y el miedo). Se tomaron las decisiones adecuadas y el éxito ha asombrado al mundo entero. Hasta el papa de Roma ha alabado la solidaridad del pueblo español con unos enfermos a los que algunos pretendían dejar abandonados a su suerte en medio del mar. Por no hablar del mismísimo Alfonso Rueda, el barón gallego del PP, que ha aplaudido la actuación gubernamental y la información seria y rigurosa que Moncloa le ha transmitido en tiempo real. Los protocolos de la ministra Mónica García han sido mano de santo.

No exageramos un ápice si aventuramos que probablemente nos hemos librado de una buena gracias a la gestión racional y planificada de un Gobierno que ha estado a la altura. Tiene sobradas razones Pedro Sánchez para presumir ante la comunidad internacional. Y está bien que se cuelgue esa medalla. Quienes le acusan de haber lanzado una cortina de humo para esconder la supuesta corrupción del PSOE o de haber organizado un “biosafari” o una especie de reality show para aumentar sus índices de popularidad hablan desde su mediocridad política, desde su delirio enfermizo y desde cierta envidia insana hacia quienes demuestran talento y esfuerzo en horas críticas para una nación. “Este mundo no necesita más egoísmo, sino países solidarios que den un paso al frente, era nuestra obligación moral. Ese es el ejemplo que España ha dado al mundo”, asegura el presidente del Gobierno ante un Tedros Adhanomdirector general de la OMS, totalmente agradecido y entregado.

Una vez más, el planeta observa nuestro país con admiración y ya van unas cuantas desde que los españoles denunciamos el genocidio de Gaza y la guerra de Irán. Ahora también suspiran por nuestro sistema sanitario público, por nuestros mecanismos de defensa ante plagas y pandemias, por la bravura y sentido de la responsabilidad a la hora de salvar a un puñado de personas a quienes las derechas pretendían condenar a un espantoso final en una especie de barco leprosería a la deriva.

Pero haría mal el Gobierno en caer en el error de morir de éxito o de pecar por un exceso de triunfalismo. El episodio del Hondius (que nos ha puesto al borde de una nueva epidemia, quizá global) debe analizarse como un triunfo de toda la sociedad española, desde el primer militar que rescató a los pasajeros hasta la última enfermera que hoy aplica el gotero a ese ciudadano español anónimo en lucha contra un virus mortal (aunque sea más torpe que otros agentes patógenos a la hora del contagio entre humanos presenta un índice de letalidad de hasta el 38 por ciento). El asunto no era ninguna broma por mucho que Abascal haya dado rienda suelta a su miseria interior al acusar a Sánchez de “provocar una epidemia para ocultar su corrupción”. Está Clavijo con sus patrañas como carne de meme, Feijóo con su populismo demagógico, Ayuso con sus payasadas en México y Santi, que juega en otra liga: la Champions de la infamia.

Esta vez nos hemos salvado de volver a un escenario tan terrorífico o más que el ocasionado por el coronavirus en 2019. Ahora bien, tenemos que preguntarnos qué será de nosotros cuando gobierne esta fauna enloquecida y nos llegue otro virus, que nos llegará. Que Dios nos coja confesados.

 

12/05/2026 - EL TIRO EN EL PIE DE MORENO BONILLA AL UTILIZAR ELECTORALMENTE LA TRAGEDIA DE ADAMUZ EN EL TRAMO FINAL DE CAMPAÑA

Comentario: Lástima que el PSOE esté en Andalucía -como en el resto de España- en cuadros y sin cuadros. Está más que claro que la Sra. Montero ha ido a su tierra a jubilarse y poco más. Dice el dicho que “así se las ponían a Felipe no sé cuántos”.

Los reproches de Moreno Bonilla a la candidata socialista por la gestión del accidente ferroviario, destapa la caja de los truenos entre PP y PSOE a escasos días del 17M

Natalio Blanco

En un giro inesperado de los acontecimientos en este tramo final de campaña de las andaluzas del 17M, el candidato del Partido Popular a la Presidencia de la Junta, Juan Manuel Moreno Bonilla, ha decidido utilizar electoralmente la tragedia ferroviaria de Adamuz (Córdoba), con 46 fallecidos y 152 heridos el pasado 18 de enero tras el choque de dos trenes de alta velocidad, precisamente cuando se sentía más cercado por el resto de candidatos por el tema de los cribados fallidos de cáncer de mama durante el segundo y último debate electoral celebrado este pasado lunes 11 en Canal Sur. El alcalde socialista de la localidad cordobesa, Rafael Moreno, ha roto su silencio desde hace cuatro meses que sucedió la tragedia ferroviaria y ha lamentado el uso electoral del accidente por parte de Moreno Bonilla en un duro comunicado.

A partir de este instante, el cruce de reproches y acusaciones se ha sucedido entre dirigentes del PP andaluz y de los socialistas andaluces. Y todo tiene su origen en la decisión premeditada de Moreno Bonilla de utilizar el ‘comodín’ electoral de la tragedia ferroviaria para desviar la atención del asunto que más ha puesto en jaque su gestión de gobierno durante estos últimos cuatro años: los cribados fallidos del cáncer de mama en al menos 2.317 mujeres de Andalucía.

Moreno Bonilla ha achacado al Gobierno central falta de respuestas y transparencia sobre las causas del descarrilamiento, a lo que el alcalde de Adamuz ha respondido tras romper su silencio poniendo el foco en las deficiencias del dispositivo de emergencias de la Junta. El testimonio de regidor de la localidad cordobesa es demoledor. Moreno afirma que fueron los propios médicos que viajaban en otros trenes los que llegaron antes que los servicios de emergencia oficiales enviado por la Administración andaluza.

Esta revelación no solo cuestiona la logística de la Junta de Andalucía, sino que otorga al ministro de Transportes, Óscar Puente, argumentos de peso para exigir transparencia sobre el funcionamiento del dispositivo de emergencias autonómico.

Las víctimas de la tragedia remitieron en abril una queja al presidente andaluz donde recordaban que el bloqueo informático del 061 obligó al personal a atender las llamadas “con papel y lápiz”

Apenas unas horas después del segundo y definitivo debate electoral, dirigentes andaluces de PP y PSOE han cruzado acusaciones mutuas sobre la gestión de Adamuz, pese al clima de aparente concordia que se respiraba entre administraciones en los días inmediatamente posteriores del trágico choque ferroviario. La portavoz parlamentaria del PSOE andaluz, María Márquez, ha reprochado al consejero de Sanidad y Emergencias, Antonio Sanz, que la campaña electoral ha sido el único motivo que ha cambiado este clima de entendimiento. “Hace solo unos meses le disteis al alcalde de Adamuz la Medalla de Andalucía para su pueblo. ¿Qué es lo que ha cambiado para que ahora carguéis contra él? La campaña electoral”, responde en la red social X a Sanz, quien acusa al regidor de Adamuz de mentir. “Falta a la verdad. No todo vale por intentar ganar votos”, le reprocha Sanz, quien considera “inaceptable el ataque a la labor de los profesionales”.

El consejero de Emergencias de la Junta asegura que al lugar del accidente “llegaron 39 ambulancias en los primeros 40 minutos. Y más de 130 sanitarios de urgencias y un despliegue de 800 personas entre todos los dispositivos”. Sanz lamenta: “A ver si el 112 va a ser ahora para el PSOE el responsable del mantenimiento de las vías… de vergüenza”, añade el consejero andaluz en alusión a la previsible causa del fatal accidente según las investigaciones. El titular de Emergencias de la Junta también reprocha al alcalde de Adamuz que, “hace solo unos días”, Moreno “daba un reconocimiento a los servicios emergencias por ‘la labor solidaria, generosa y ejemplar’ el día del accidente ferroviario. ¿Qué es lo que ha cambiado? La campaña electoral”, asegura Sanz.

La denuncia revelada ahora por el alcalde de Adamuz sobre la tardanza de los servicios de emergencias de la Junta en llegar al lugar del accidente ya la expresó por escrito la Asociación de Víctimas del Descarrilamiento en una denuncia el pasado 9 de abril. Aún quedaban semanas para el inicio de la campaña electoral de las autonómicas. En su escrito, las víctimas recuerdan que “el personal encargado de gestionar las llamadas del 061 tuvo que atender el accidente ferroviario de Adamuz “con papel y lápiz” debido al bloqueo del sistema informático”. También subrayaba que “solo la actuación de los profesionales, con muchísimos años de experiencia, hizo posible sacar adelante lo que desde el punto de vista técnico fue un caos, poniendo el foco en la gravedad de la situación vivida durasen una emergencia de gran magnitud”.

Las víctimas solicitaron el pasado abril “la inmediata revisión del plan de actuación y la corrección urgente de las deficiencias del sistema de gestión, con el objetivo de que los centros coordinadores del 061 y 112 cuenten con un soporte aplicativo adecuado para garantizar la atención a la ciudadanía en situaciones críticas”.

 

lunes, 11 de mayo de 2026

11/05/2026 - LA IZQUIERDA PICA EL ANZUELO DE LA PRIORIDAD NACIONAL


 

Hay recursos de sobra para que todos los seres humanos vivamos con suficiencia y dignidad. Lo que no hay es voluntad política de distribuirlos

JUAN TORRES LÓPEZ

La derecha española no ha tardado mucho en hacerse con uno de los grandes lemas del extremismo mundial, la "prioridad nacional" como criterio de reparto cuando no hay suficiente para todos.

 

El francés Jean-Marie Le Pen utilizó el mismo término ("préférence nationale") en los años ochenta del siglo pasado. La ultraderecha alemana popularizó el «Deutschland zuerst» (“Alemania primero”), lo mismo que dice Trump en Estados Unidos (“America First”).

 

La idea siempre es la misma: si los recursos son limitados e insuficientes, alguien debe ir primero a la hora de disfrutarlos.

 

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Al presentarlo así, la derecha no propone sólo una medida, impone un marco: el de la escasez inevitable y la competencia entre iguales. Un terreno de juego en el que siempre lleva las de ganar puesto que deja a un lado el problema de por qué hay escasez para poner en primer plano un aspecto moral o emocional: ¿quién debe estar primero en la final, ¿quién tiene más derecho a acceder a lo que está racionado?

 

Lo sorprendente no es que la derecha ponga esa trampa, sino que la izquierda caiga en ella, que pique el anzuelo, como está ocurriendo en España.

 

Desde que Vox comenzó a hablar de prioridad nacional, la respuesta de los dirigentes de los diferentes partidos de izquierdas, e incluso de periodistas progresistas líderes de opinión ha sido mayoritariamente la misma.

 

El presidente Sánchez dijo en el Parlamento que esa propuesta "no es sino racismo, xenofobia, segregación, confrontación". Prácticamente lo mismo dijo la ministra Mónica García: "Lo que hay detrás de la “prioridad nacional” del PP y VOX no es otra cosa que el mismo racismo, la misma xenofobia y la misma exclusión sanitaria que atenta contra los mismos derechos humanos que desprecian". También la dirigente de Podemos, Ione Belarra ("Es una proclama abiertamente racista"), el lider independentista Gabriel Rufián, o periodistas como Julia Otero (“¿Por qué lo llamamos prioridad nacional cuando en realidad es racismo?”) o Ignacio Escolar ("El racismo de la prioridad nacional").

 

Otros dirigentes, como Rodríguez Zapatero, han respondido a la propuesta de Vox calificándola como algo "ignominioso" por establecer "preferencia, superioridad, discriminación" y por ser anticonstitucional. En el debate electoral reciente, Montero (PSOE) recriminó al candidato de Vox que con ella "criminaliza a los niños", Maillo (Por Andalucía) reclamó empatía a quienes la defienden y García (Adelante Andalucía) le reprochó que pretenda que "miremos a nuestros vecinos como culpables".

 

La respuesta generalizada de la izquierda responde un patrón reiterado en las últimas décadas: la derecha plantea un problema material de reparto y responde con argumentos y juicios morales.

De ese modo, la izquierda fracasa necesariamente porque, ante la falta de vivienda, de servicios de salud, de plazas educativas, o de trabajos que permitan vivir dignamente, la gente corriente no piensa con categorías morales o constitucionales, como las que usaba Zapatero.

 

Vox establece un hecho (no hay recursos) y la izquierda responde con un criterio moral de acceso (sin duda loable).

 

La persona que carece de recursos no se pregunta si la prioridad nacional es constitucional, si encaja con el derecho europeo, si es o no discriminatoria, éticamente aceptable o moralmente inclusiva.

 

Se plantea si con ella conseguirá más fácilmente una vivienda, bajará la lista de espera, o tendrá más oportunidades de empleo y más ayudas. Y lo que entonces le dice la izquierda es que, pensado así, el problema es ella, porque es racista.

 

Al responder como lo está haciendo la izquierda, está aceptando el marco-trampa que le plantea la derecha (hay una lucha por los recursos limitados) y sólo se diferencia en el criterio para repartirlos. La derecha dirá que los españoles primero, y la izquierda que todos merecen disfrutarlos, pero ambas coinciden en lo fundamental, quedando entonces encerradas en un mismo marco mental: “No hay suficiente para todos”.

 

La derecha le señala un terreno de debate, el del mayor o menor derecho de cada persona, y la izquierda cae en la trampa al no salirse de él. Se defiende y así queda en posición subalterna desde la que es muy difícil convencer.

 

Las izquierdas lograron defender con éxito los intereses más amplios de los pueblos cuando impedían que se fragmentaran entre sí por razones de sexo, nación, etnia o religión, manteniendo a las élites económicas fuera de foco.

 

Frente al discurso del "no hay recursos para todos", la izquierda no puede caer en la trampa de responder que todos tienen los mismos derechos a la hora de repartir lo escaso, sino la falta deliberada de financiación de aquello que se necesita.

 

S no lo hace, como viene ocurriendo, está perdida porque, nos guste o no, la moral universalista moviliza menos que la oferta de protección a quienes, sobre todo entre las clases precarizadas, se encuentran en situación de ansiedad y carencia material.

 

Cuando una persona no tiene vivienda, empleo digno o cita en el médico y le ofrecen ser la primera a la hora de acceder, es inútil decirle que sea ejemplar y no piense egoístamente ni sea racista.

 

Cuesta decirlo, pero la izquierda que responde con argumentos morales aun problema material está situando a la extrema derecha en el terreno del sentido común. Deja a Vox el papel de padre o madre de familia que organiza el reparto de lo escaso y se arroga para sí el de controladora legal y moral de la solución que adopte.

 

El discurso moralizante en el que la izquierda lleva décadas instalada es más fácil y da un aura de superioridad ética indiscutible, pero políticamente es letal y lleva, como he dicho, a una posición secundaria.

 

A veces, la respuesta moral incluso refuerza el discurso de la extrema derecha. Por ejemplo, cuando se quiere insistir en que los inmigrantes tienen derecho porque "también aportan", "nos proporcionan ingreso", "están empleados en donde los nacionales no queremos trabajar" o "gastan menos que nosotros en servicios públicos". Es el propio discurso "progresista" el que así pone en cuestión su aspiración universalista e igualitaria, al practicar una especie de “contabilidad identitaria” que convierte los derechos en el resultado de un balance entre costes y beneficios, entre lo que se “aporta” y lo que se “cuesta”.

 

No se debería discutir quién accede antes a lo escaso, sino por qué lo escaso sigue siéndolo en sociedades cada vez más ricas. Algo que no es un fenómeno natural ni inevitable. La escasez de vivienda, de plazas sanitarias o de empleos dignos es el resultado deliberado de décadas de decisiones políticas concretas. De presión fiscal insuficiente sobre las rentas más altas y el capital; de infrafinanciación de los servicios públicos para que, al funcionar cada día peor, los privados parezcan inevitables y salvadores; de transferencias masivas de riqueza hacia arriba, consentidas o promovidas por los mismos que hoy proponen racionar lo que queda.

 

Hay recursos de sobra para que todos los seres humanos vivamos con suficiencia y dignidad. Lo que no hay es voluntad política de distribuirlos, y eso no es una desgracia colectiva que nos obligue a poner a unas personas por delante de otras, como propone la derecha, sino una elección de clase. La izquierda debería decirlo con esa claridad.

 

A la propuesta trampa de Vox no se puede responder con argumentos morales superiores, sino desplazando el foco. No se trata de decir a la gente "todos tenemos los mismos derechos para acceder a lo que escasea", sino "nos han arrebatado lo que nos pertenece y delante de ti están los responsables". La izquierda no se debe arrogar el papel de árbitro entre las víctimas que compiten por las migajas, sino el de mostrar, denunciar y combatir a quienes acumulan todo.

 

Aceptar que el problema es repartir lo escaso, lo insuficiente, obliga a seguir jugando en el campo de la derecha. El terreno que libera es otro: el que explica por qué se produce artificialmente la escasez, el que muestra los intereses de quienes la generan y la sostienen, y el que señala los instrumentos políticos y fiscales que han de utilizarse para revertirla. No es un problema de origen moral (aunque también tenga esa connotación), sino de sistema económico, esos son los argumentos que la derecha no puede rebatir, y ahí es, precisamente, donde la izquierda lleva demasiado tiempo sin aparecer.

 

11/05/2026 - HASTA LAS RATAS SON MÁS DIGNAS QUE LA DERECHA ESPAÑOLA

Comentario: Unas frases famosas para adornar este magnífico artículo de José Antequera, pura “prioridad racional” que diría El Roto: “cuando la barbarie triunfa no es gracias a la fuerza de los bárbaros sino a la capitulación de los civilizados” de Antonio Muñoz Molina; “la mente del fanático es un insaciable agujero negro, que engulle todo lo que hace la vida luminosa y soportable” de Wole Soyinka; “Es muy fácil vivir haciéndose el tonto. De haberlo sabido antes, me habría declarado idiota desde mi juventud” de Fedor Dostoievski. Podría añadir unas cuantas más, pero ¿para qué, si España cada día que pasa se asemeja más a un gran “vulgo”?

PP y Vox, además del presidente canario Clavijo, rubrican otra página infame de la historia durante la crisis del hantavirus

José Antequera

La derecha española ha quedado en evidencia tras la crisis del hantavirus

La crisis del hantavirus está controlada. Los expertos en virología coinciden en que la evacuación del barco se ha culminado con éxito: los pasajeros extranjeros del crucero contaminado ya están en sus países de origen y los españoles en el hospital Gómez Ulla con asistencia médica y sin peligro alguno para la sociedad. El dispositivo ha sido un ejemplo de coordinación internacional bajo supervisión de la OMS y todo ha salido a la perfección, según los protocolos establecidos para crisis sanitarias por brotes de algún virus. España queda como lo que es: un país con una Sanidad pública de vanguardia, con unas autoridades responsables que se han tomado el episodio en serio desde el primer momento y con una ciencia moderna y avanzada. El tuit de felicitación de Ursula Von der Leyen hablando del “eficiente desembarco” de personas contagiadas en Tenerife, con felicitación incluida para Pedro Sánchez, resume lo que ha pasado. No hay más preguntas, señoría.

España da un ejemplo de eficacia y solidaridad y solo un sector del país sale seriamente deteriorado por el incidente del virus de los Andes: la ultramontana y carpetovetónica derecha española que, una vez más, ha dado la nota. El presidente canario Clavijo queda como un cuñado o indocumentado en materia sanitaria, cuando no como un gobernante populista y demagógico ávido por arañar votos en un escenario de tensión; Feijóo pasa a la historia como un supercontagiador de bulos del tamaño del crucero al que algunos pretendían condenar a la deriva y a vagar de océano en océano sin atender a los enfermos; y de Santiago Abascal qué podemos decir: esa frase propia de un marciano –“Sánchez es capaz de generar una pandemia para tapar su corrupción”– ha dejado estupefacta a la opinión pública sensata y cuerda (ya no cabe duda de que Abascal es Trump en moreno y con afilada perilla de califa).

Todo este espectáculo oportunista y de bajeza moral, histriónico e histérico, que ha dado el mundo conservador patrio –con afirmaciones como que los mosquitos contagian el hantavirus o que los ratones de campo pueden llegar a nado hasta la costa canaria–, viene a demostrar en manos de quién está la gente que les vota en las diferentes comunidades autónomas donde PP y Vox firman los pactos de la vergüenza. La imagen de Mónica García ofreciendo datos avalados por la comunidad científica en tiempo real, mientras los prebostes conservadores de Génova y Bambú se dedicaban a propalar infundios, es demoledora. Feijóo se ha retratado como un hombre al que le queda grande el cargo de jefe de la oposición, ya que, cuando lo que tocaba era situarse al lado del Gobierno y mostrar todo el apoyo y la colaboración posible, se dedicó a poner palos en las ruedas. Sonrojante ese momento en que los Ester Muñoz y Bendodo pedían dimisiones pese a que ni siquiera se había producido la evacuación del barco fondeado frente al litoral canario.

Tenemos una derecha enloquecida, fanatizada y montaraz que no augura nada bueno para el país en el caso dramático de que esta gente llegue algún día al poder. Clavijo se ha pasado media crisis quejándose de que Mónica García no le cogía el teléfono, hasta que la prensa aireó las 18 llamadas que recibió en su móvil de la ministra. Glup. El presidente canario ha ido de ridículo en ridículo, desde su desconocimiento sobre la gestión de los puertos (que corresponde íntegramente al Estado, él no es nadie por mucho presidente autonómico que se crea), hasta su falta de cultura general al no ser capaz de distinguir una rata de un ratón (insistió una y otra vez en infundir pánico a la población con supuestos roedores natatorios y poco le faltó para inventarse una especie de rata voladora contagiada dispuesta a aterrizar en la playa de las Teresitas). Clavijo se ha convertido en carne de meme (maravilloso ese montaje en que aparece surfeando las olas a lomos de una rata gigante), pero Feijóo y Abascal salen tan marcados como él por el incidente del hantavirus. Unos y otros se han acostumbrado a hacer el papel de bufones trumpistas en casos de catástrofes. Allá ellos. El trumpismo ha entrado en franca decadencia en USA, el país que vio nacer esta plaga ideológica que embrutece al personal, y pronto llegará el declive también a sus sucursales europeas.

El espectáculo denigrante dado por la derecha la pasada semana se completó con el esperpéntico viaje de Ayuso a México. La lideresa decidió hacer las Américas para reivindicar el papel del conquistador Hernán Cortés justo cuando los pacientes en cuarentena del crucero iban a ser trasladados al hospital madrileño militar especializado en pandemias. Resulta difícil saber quién ha hecho más el tonto en los últimos días, si los Feijóo y Clavijo boicoteando la operación de salvamento del crucero afectado por el brote vírico o la lideresa castiza intentando convencer a los mexicanos de que el verdugo español de los pueblos precolombinos era, en realidad, un misionero por la paz, la concordia y la fraternidad. El problema no son los roedores natatorios inexistentes, una invención de esta derecha tarambana que nos ha caído en desgracia. El problema es esa camada de políticos carroñeros que, en los peores momentos para una nación, se convierte en parte del problema más que en parte de la solución. Dicen que las ratas siempre son las primeras en abandonar los barcos a punto de hundirse. Algunos, cuando el país zozobra en medio de una tempestad, saltan también por la borda en lugar de remangarse y ponerse a remar.