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viernes, 30 de octubre de 2026

30/10/2026 - SANGRE, SUDOR Y LÁGRIMAS

ALFREDO GONZALEZ RUIBAL

En su primer discurso como primer ministro de Gran Bretaña, Winston Churchill pronunció su frase más famosa: “No tengo nada que ofrecer más que sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”. Era el 13 de mayo de 1940. Plena Segunda Guerra Mundial. Los alemanes estaban a un mes de ocupar París y a tres de comenzar su campaña de bombardeos sistemáticos sobre el Reino Unido. Nunca en la historia se había enfrentado el país a un riesgo existencial mayor.

Las palabras de Churchill fueron premonitorias, porque lo que vino fue sangre a raudales, esfuerzos durísimos y un mar de lágrimas. Pero los sacrificios que se vio obligado a asumir el pueblo británico (y los sujetos colonizados del Imperio, no lo olvidemos) sirvieron para salvar la nación y la democracia y derrotar al fascismo.

La arenga de Churchill, pese a su tono apocalíptico (o quizá por ello), resultó clave también para unir al pueblo británico. Le insufló ánimos ante el avance arrollador de las fuerzas fascistas en el mundo. 

Extrañamente, la derecha española se presenta hoy a las elecciones con un discurso apocalíptico similar, pero sin apocalipsis. Quizá no ofrezca sangre, pero sí trabajo duro (jornadas más largas, peor remuneradas, menos vacaciones, menos derechos laborales), sudor (de las clases medias y trabajadoras) y lágrimas (por todos los servicios públicos, beneficios sociales y derechos civiles que desaparecerán).

Parece absurdo ofrecer sufrimiento como baza electoral en las circunstancias presentes, pero es que el discurso de sacrificio de nuestra derecha no entronca con el de Churchill, sino con el de ideologías extremistas del pasado y del presente. La idea del sacrificio y el martirio son pilares ideológicos de la ultraderecha desde hace un siglo. Frente a la sangre y las lágrimas que ofrecía el primer ministro británico para luchar contra amenazas reales (la guerra y la dictadura totalitaria), los ultras ofrecen un martirio de motivación exclusivamente ideológica: la regeneración de una nación supuestamente hundida en la decadencia.

En los años 20 del siglo pasado se percibía que la causa del declive era principalmente la democracia liberal. En los años 20 del siglo XXI lo provocan supuestamente el comunismo, el socialcomunismo, el wokismo o el sanchismo, que son en realidad distintos nombres para referirse a la socialdemocracia de toda la vida. El enemigo de la extrema derecha sigue siendo el mismo que hace un siglo, pero ahora no queda bien confesar abiertamente que lo que hay que desmantelar es el sistema democrático liberal.

En el caso de España, resulta difícil entender cómo puede tener éxito un discurso que promete dolor sin otra crisis que no sea la estructural que afecta al capitalismo en todo el mundo. Cuesta comprender cómo la extensión de la jornada laboral, la reducción de las bajas por enfermedad, la prolongación de la edad de jubilación o el recorte en gastos sociales puede ayudar a solventar la verdadera crisis que sufre España, que es la de la vivienda (así lo ve el 55,7% de la población encuestada por el CIS). Pero es que la crisis contra la que lucha hoy la derecha es ideológica. Y sus representantes políticos lo dejan claro en cada mitin.

En las elecciones de mayo de 1945, justo después de la derrota del fascismo en Europa, los conservadores británicos esperaban un triunfo arrollador gracias al aura de Churchill. El batacazo fue tremendo. Mientras el Partido Laborista se hizo con 393 escaños, la derecha solo logró 197. Los progresistas habían prometido seguridad social y empleo; el partido de Churchill, más gasto militar, menos impuestos y la defensa de los empresarios.

Los británicos en 1945 sabían lo que era una crisis de verdad. Sabían perfectamente -por experiencia propia- cuándo merecía la pena verter sangre, trabajar duro y llorar. Y cuándo no. Esperemos que en noviembre de 2026 los españoles lo sepan también.

 

30/10/2026 - ¿QUIÉN LE PONE EL CASCABEL AL AVE?

 

ANA PARDO DE VERA

España es un país maravilloso, el mejor de los que conozco y seguramente, de los que no. La prueba, entre otras muchas, la estamos teniendo estos días tras el accidente ferroviario de Urda (Toledo), con ese despliegue solidario e ilimitado de las personas por las personas, sin más. Lo mismo que hemos sentido en catástrofes naturales, accidentes monstruosos o incompetencias mortales, lo vivimos estos días en Castilla-La Mancha, Andalucía o Madrid, particularmente: a la gente le falta tiempo para coger el coche, arramplar con las mantas y/o la comida de casa y del negocio propio y hasta salir ileso, en shock o herido por la ventanilla de un tren accidentado para tratar de ayudar al de al lado sin pensar en nada más, mucho menos en uno mismo.

España es un país empático y generoso, compasivo y entregado, aunque en sociedades tan amplias siempre haya gente mala y otra que va de buena para colocarse bien en cada circunstancia, o sea, gente igual de mala o peor. Es realista e inevitable, es la condición humana, con tantos grises como habitantes. Por eso, las conclusiones y soluciones sencillas y tajantes sobre hechos concretos, con seres humanos implicado siempre, con intereses de poder político mediante, son el arma más poderosa de la ultraderecha; porque a falta de un análisis complejo y de las muchas capas que cubren un siniestro como el de Urda, con tantas víctimas mortales, heridos, traumas y destrozo humano a todos los niveles, la emoción primaria del impacto permea todo y eso es lo más manejable para quienes buscan la manipulación del dolor: ira, rabia, frustración, necesidad de culpables, deseo de venganza, incredulidad, tristeza, odio… Y ahí está el fascismo para darte un aparente alivio instantáneo que no es tal, sino una sensación breve que conlleva más dolor e incomprensión a la larga. Lo sabe la Historia y lo sabe la razón; no tiene sentido, por tanto, ahondar en ello, en la miseria del ser humano.

Sí tiene sentido y es una obligación, en cambio, para el periodismo que se enorgullece de serlo -pese a las zancadillas de intereses espurios y otros indisimulados, todos siempre poderosos-, ir estudiando las muchas capas de un problema que acaba de reventarnos en la cara con la mayor tragedia ferroviaria en la Alta Velocidad de este país, solo nueve meses después de otra que ya nos parecía la peor, la de Adamuz (Córdoba). ¿Cómo es posible, España, un país tan exitoso, una potencia económica, turística, ferroviaria, culturalmente imparable,… que te pase esto? ¿Cómo es posible, en cambio, en realidad y atendiendo a las señales desatendidas, que esto no hubiera pasado antes, precisamente, por lo mismo? Por el país exitoso que nos creemos que somos manteniendo un sistema socioeconómico y democrático muy aparente pero cuyas costuras van reventando de la peor forma posible. Los problemas de vivienda, de bajos salarios, de pobreza infantil, por ejemplo, ya parecen algo anecdótico al lado de esta tragedia ferroviaria, pero siguen ahí y también cuestan vidas y traumas; silenciosos, pero igualmente humanos.

La muerte por éxito del AVE solo es un síntoma, aunque se ha llevado por delante, como mínimo, la vida de 115 personas en nueve meses, sin contar los cientos de heridos y las miles de personas traumatizadas para siempre, además, en un país donde la salud mental ni se contempla en nuestra escala de prioridades públicas, del Estado mal llamado del bienestar, que nunca lo será si no atiende a todos/as por igual. Y los datos para cuestionarse un modelo ferroviario de éxito a medio plazo son para principiantes, no hace falta ser ingeniero para entender la mayor, que es la que a usted y esta plumilla nos incumbe.

Un país cuya población aumenta milagrosamente gracias a la inmigración (sí, la inmigración es sinónimo de éxito) y pese al envejecimiento generalizado; un país cuya población se duplica prácticamente cada año con un turismo ilimitado que viene a España atraído por su clima (de momento), su gastronomía, su comercio, su alojamiento infinito que va de pocas horas a meses y sus infraestructuras, que te permiten recorrer el territorio en pocos días con la ciudad a tus pies. Un dato: en 2025 se contabilizaron 547 millones de viajeros, más de 44 millones solo en AVE, en esa que ha sido la joya de la corona por todos los gobiernos, PP y PSOE. La inversión en mantenimiento del AVE bajó mucho en la etapa de Mariano Rajoy en La Moncloa, cuando recortes y austericidio obligaban a minimizar gasto público a quien no le temblaba la mano al hacerlo, aunque hubiese prometido lo contrario en campaña. En realidad, los recortes no fueron tales, sino que tu dinero y el de esta plumilla se fueron a una deuda mastodóntica y a un rescate bancario nunca devuelto. Entre 2019 y 2024, el gasto del Gobierno Sánchez en mantenimiento aumentó cerca de un 49%, pero el incremento de viajeros en la Alta Velocidad fue del 77%, sobre todo, tras el fin de la etapa de liberalización del transporte ferroviario que tiene como fecha emblemática el 14 de diciembre de 2020, cuando se abrió al capital privado el transporte ferroviario de viajeros y las vías se llenaron de golpe y porrazo, además, con billetes al alcance de todos los bolsillos.

“Democratización del AVE”, te dijeron los falsos liberales, esos que siempre salen impolutos de todo, porque predican contra los impuestos y el Estado, pero cuando hay un accidente, una pandemia, un volcán o una catástrofe, lloran y suplican a papá Estado que les reponga lo perdido, por favor, que nos hundimos. ¿Es sostenible un Estado de bienestar que garantice los mismos derechos y oportunidades a todos/as con el sistema actual de financiación, mantenimiento, actualización o privilegios que arrastramos desde la Transición? ¿Es ilimitada la capacidad de esta España nuestra para ir cada vez más rápido y más atestada con idénticas garantías que a principios de siglo? ¿Quiénes se están quedando por el camino más allá de las vidas irrecuperables de accidentes proporcionales a nuestras inseguras aspiraciones (547 millones de viajeros, más de 44 en AVE en 2025)? ¿Es posible que quienes prometen rebajas de impuestos, recorte del Estado, privatizaciones a gogó, centralización de competencias… resuelvan un meollo estructural que consiste en abarcar menos, pero abarcar mejor? ¿En qué momento creímos que el AVE era la garantía de un país cohesionado con un diseño centralizado donde todo tiene que pasar por Madrid? ¿Tenemos que llegar más rápido o tenemos que llegar mejor y, sobre todo, vivas? ¿Dónde están los límites del negocio con nuestras vidas?

 

jueves, 29 de octubre de 2026

29/10/2026 - SI DEPENDE DE UN FALLO HUMANO, ES UN FALLO DEL SISTEMA

 

Durante el Gobierno de Rajoy, el presupuesto en mantenimiento se desplomó. Con este Gobierno ha subido considerablemente, pero muy por debajo del aumento de pasajeros tras la liberalización del sector

GERARDO TECÉ Bluesky Icon

Como puede usted imaginar, quienes nos dedicamos a escribir opinión no teníamos hace 24 horas ni puñetera idea de cantones, sistemas LZB, velocidad normal o marcha a la vista, ni protocolos en las salas de ADIF. Por eso es complicado que hoy seamos expertos. Por eso nuestra opinión hoy, la mía en este caso, no vale más que la suya. Como la suya, mi opinión no es más que un desahogo en voz alta intentando entender algo. De trenes no sé, pero columnas habré escrito y leído un millón y estoy convencido de que explicar lo anterior debería ser protocolo obligatorio en este oficio.

Con un nudo en el estómago toca hablar de lo ocurrido y lo ocurrido es que, por segunda vez en un año y tercera en la historia de la alta velocidad en España, un accidente deja decenas de muertes en un sistema que se presentaba como seguro. 80 personas murieron en aquella curva de Angrois en 2013, 46 en el descarrilamiento de Adamuz el pasado enero y 69 hasta el momento de publicarse este artículo han fallecido en el choque entre dos trenes que ocupaban la misma vía a la altura de Urda (Toledo). En Angrois se culpó al maquinista, en Adamuz a un trozo de vía que se partió de manera inesperada y en Urda, pasadas 24 horas, la versión oficial apunta a un fallo humano en la sala de control. Hemos podido escuchar los audios y el ministro de Transporte, Óscar Puente, no mintió en su relato de los hechos horas después del accidente. Efectivamente había un protocolo y efectivamente desde la sala de control no se aplicó, lo cual, demuestra que el sistema ha fallado, en contra de lo que opina el ministro. En 2015 un piloto estrelló a propósito un avión en los Alpes y la aeronáutica lo entendió como un fallo de seguridad en el sistema. Desde entonces, un piloto nunca se queda solo encerrado en la cabina. Seguridad por capas, se llama o teoría del queso suizo. Es inevitable que cada capa de seguridad tenga debilidades, pequeños agujeros, como los que hay en las lonchas de un queso. Por eso debe haber muchas capas. Para que el error, que solo sucede si los agujeros de cada capa de seguridad se alinean, sea prácticamente imposible.

Según el ministerio de Transportes, los viajeros que ocupaban el AVE y el Iryo siniestrados viajaban ayer protegidos por dos únicas capas de seguridad: una informática que falló –pasa habitualmente, dijo el ministro en rueda de prensa– y otra segunda capa, una caótica sala de control llena de humanos que mantenían conversaciones desordenadas. “Joder tronco, el (Iryo) 6076 no funciona”, se puede escuchar minutos después de que al AVE que iba a embestir a un tren parado le diesen permiso para circular con normalidad, es decir, a 200 km/h por ese tramo. Con las leyes pasa como con las salchichas, es mejor no ver cómo se hacen, decía Otto von Bismark, que nunca escuchó audios de ADIF. Si todo el sistema recae en un humano que puede fallar, es el sistema el que ha fallado estrepitosamente. Si una vía se parte en Adamuz haciendo descarrilar un tren, las revisiones no han funcionado por mucho que la documentación acredite que las revisiones se hicieron correctamente. Si un maquinista pilla una curva en Angrois con exceso de velocidad y ninguna otra capa de seguridad impide que lo haga, de nuevo, el sistema ha fallado.

Si con la alta velocidad España no es un nuevo rico, un cateto de esos que queman neumático a la vista de todos, se le parece bastante. El país número 43 en renta per cápita ocupa la segunda posición en el pódium mundial de kilómetros de Alta Velocidad. En Barrio, de León de Aranoa, a uno de los chavales le toca en un sorteo una moto de agua y no tiene ni dinero ni dónde cojones meterla. Acaba aparcada en una farola. Lo peor de los lujos, los pobres lo sabemos bien, es lo que cuesta mantenerlos. Tras la fiesta de los años 90, las últimas décadas en España han sido las del despropósito en la Alta Velocidad. Estaciones desiertas e innecesarias y un mantenimiento precario de las infraestructuras, según denuncian los técnicos. Más motos de agua aparcadas en las farolas. Durante el Gobierno de Rajoy, el presupuesto en mantenimiento se desplomó. Con este Gobierno el presupuesto ha subido considerablemente, pero muy por debajo de lo que ha subido el número de pasajeros tras la liberalización del sector. Es decir, seguimos en números rojos en términos securitarios. Sí, todo apunta a que se trata de un fallo del sistema. Y no un fallo cualquiera, sino el más peligroso de todos: el que no se quiere ver.

 

29/10/2026 - PARA EVITAR QUE GOBIERNE LA ULTRADERECHA, SÍ HAY VOTOS MÁS ÚTILES QUE OTROS



Las elecciones generales del 29 de noviembre son uno de esos momentos en los que cada voto es imprescindible, vital.

JUAN TORRES LÓPEZ

 

En democracia todo voto es útil. Incluso el que se deposita en el partido más minúsculo expresa una preferencia que existe en la sociedad, y una democracia sana necesita que se conozcan todas. Desde ese punto de vista, el de la expresión de la preferencia, no hay votos inútiles y todos valen exactamente lo mismo.

Pero nuestro voto no solo sirve para expresar lo que pensamos, sino también para decidir quién gobierna. Y visto así, me parece que hay momentos históricos en los que algunos son mucho más útiles que otros. Por ejemplo, cuando lo que se decide en las urnas no es solo qué políticas concretas se van a aplicar, sino si se mantienen en pie la democracia, el modelo de sociedad, la libertad, el pluralismo, la independencia de las instituciones, o el respeto a quien piensa distinto. Y eso es exactamente lo que está ocurriendo hoy en muchos lugares del mundo con el avance de la ultraderecha.

Allí donde ha llegado al poder, la involución es un hecho palpable. En los Estados Unidos de Donald Trump se presiona e insulta a la prensa, se asfixia a las universidades que no se pliegan, se utiliza el aparato de justicia contra los adversarios políticos, se despliegan fuerzas armadas en las calles de ciudades gobernadas por la oposición y se convierte la persecución de los inmigrantes en espectáculo, mientras se redistribuye sin pudor la renta a favor de los más ricos. En la Argentina de Javier Milei, la célebre motosierra no ha caído sobre ningún privilegio sino sobre la población jubilada y de menores ingresos, sobre los servicios públicos, la ciencia o la atención a la salud y la discapacidad, mientras las protestas se reprimen, quien discrepa recibe el insulto como respuesta y se malvende la riqueza del país al capital privado.https://adserver3.bigapis.net/www/delivery/lg.php?bannerid=26281&campaignid=12879&zoneid=27603&loc=https%3A%2F%2Fwww.diariosigloxxi.com%2Ftexto-diario%2Fmostrar%2F6070561%2Fevitar-gobierne-ultraderecha-hay-votos-utiles-otros&cb=1173f4968e

Nada de esto es ajeno a España. Hace apenas unos días, en plena precampaña, Milei visitó Madrid, insultó al presidente del Gobierno y a varias periodistas, y en una videollamada con Santiago Abascal le confesó que para él «es un placer patear culos zurdos». Abascal le respondió que «todo muy bien dicho» y, preguntado por si aplicaría aquí la motosierra, anunció que, si tiene capacidad de decisión tras el 29 de noviembre, las partidas de gasto social “serán revisadas”. Otros portavoces de su partido, como el eurodiputado Jorge Buxadé, han ido más lejos: «La motosierra de Javier se va a quedar en nada cuando lleguemos y tengamos una puñetera mayoría absoluta. ¡Bulldozer!».

Las elecciones generales del 29 de noviembre son uno de esos momentos en los que cada voto es imprescindible, vital. Pero lo es todavía más el que se traduce efectivamente en escaños de fuerzas progresistas, frente al que se dirige a candidaturas que, por mucho que merezcan nuestro respeto, es materialmente imposible que los obtengan; bien porque tradicionalmente cuentan con menos apoyo, bien porque nuestra ley electoral, desgraciadamente, discrimina el voto según dónde se emita.

Esta reflexión no se plantea para las circunscripciones grandes del Congreso de los Diputados en las circunscripciones grandes, como Madrid, Barcelona, Valencia o Sevilla, en las que el reparto de muchos escaños permite que incluso partidos con un apoyo modesto obtengan representación. Ahí, el voto de preferencia sigue teniendo pleno sentido. Pero en muchas provincias que eligen tres, cuatro o cinco escaños las cosas son muy distintas: allí, la barrera real para obtener uno se sitúa muy elevada, y la probabilidad de que un partido progresista minoritario consiga representación es prácticamente nula. Cuando eso ocurre, esos votos no solo se pierden: al no sumarse a la candidatura progresista que sí podía disputar el último escaño, pueden acabar decidiendo que este vaya al Partido Popular o a Vox. El voto del corazón puede servir, sin quererlo, a quien más se desea que no gobierne.

La cuestión del voto para el Senado del 29N está, por el contrario, mucho más clara. Su sistema electoral es casi mayoritario: en las provincias peninsulares se eligen cuatro senadores y cada elector puede votar hasta a tres, de modo que la candidatura más votada suele llevarse tres puestos y la segunda, uno. Así, con el voto de las izquierdas dividido, la derecha se queda con las tres cuartas partes de los escaños, aunque la suma de los votos progresistas sea mayor.

El Partido Popular y Vox no están disimulando lo que pretenden hacer, tal y como se informó sin remilgos en el diario El Español: «El objetivo compartido es asegurar la mayoría cualificada de tres quintos de la Cámara, 161 de los 267 escaños». Con esa mayoría podrían designar sin el resto de fuerzas políticas a los cuatro magistrados del Constitucional que corresponden al Senado (por eso están retrasando fraudulentamente su renovación, incumpliendo la Constitución que dicen defender) y a los diez vocales del CGPJ que elige la Cámara. Es decir, controlar el tribunal que decide qué leyes caben en la Constitución y el órgano que gobierna a los jueces, para poder seguir utilizando la administración de justicia como un instrumento más de su estrategia política.

Solo la concentración del voto progresista puede impedir que eso ocurra, y a esa necesidad imperiosa responde la coalición Senado de Progreso, la candidatura unitaria que el PSOE, Izquierda Unida, Movimiento Sumar, Más Madrid, Compromís, Chunta Aragonesista, Batzarre y otras fuerzas presentarán en 47 circunscripciones. Lo hacen como fruto de un acuerdo que nació del empeño de miles de personas de toda España que, desde la sociedad civil, lo reclamamos durante meses como expresión de nuestro compromiso cívico por la defensa a ultranza de la libertad, la democracia y el respeto a las instituciones y a quienes no piensan como nosotras y nosotros.

Votar a Senado de Progreso no es entregar el voto a un programa político desarrollado ni a un ideario que se comparte necesariamente en su totalidad, como ocurre cuando se vota a un partido. Es hacerlo a una coalición que tiene un mínimo común -la defensa de la democracia y de instituciones plurales-, y es solo a ese mínimo común a lo que se vota. Quien deposite la papeleta de Senado de Progreso no renuncia a su identidad ni a sus diferencias. Todo lo contrario, lo que hace es tratar de ponerlas a salvo.

El trasfondo de todo esto lo explicó bien Max Weber. Este distinguió entre la ética de la convicción, la de quien actúa conforme a sus principios sin atender a lo que resulte de ellos, y la ética de la responsabilidad, la de quien sabe que debe responder de las consecuencias previsibles de sus actos. No se trata de elegir entre una y otra, pero sí es imprescindible saber cuándo la segunda ha de primar sobre la primera. Y, a mi juicio, este es uno de esos momentos.

A mi juicio, hay que votar siendo conscientes de ello para impedir que se consolide una mayoría de las fuerzas que tratan como enemigos a quienes no comparten su idea de España. Y eso significa que cada persona progresista debería preguntarse qué consecuencias tiene su voto, según la circunscripción en la que vote, para el futuro de la democracia en España y qué efectos puede producir depositarlo sabiendo que no se va a traducir en escaños.

Se me podrá decir que esto supone apoyar una coalición en la que hay partidos con los que no se comparte ideología ni proyecto, o a los que incluso se critica, quizá con razón, por lo que han hecho o dejado de hacer. Lo entiendo, y no pido a nadie que olvide sus críticas. Me limito a pedir que no nos fijemos en este momento en las rayas finas que separan las distintas corrientes de las izquierdas y del progreso, sino en la línea gruesa que se está trazando cada vez con más claridad entre quienes quieren defender la libertad y la democracia y quienes ya están empezando a acabar con ellas.

No es una suposición. Donde PP y Vox gobiernan juntos, como en Castilla y León, ya hay censura en las ayudas al cine y una obra sobre Lorca suspendida. Y en la Comunidad Valenciana y Andalucía ya se ha impuesto una “prioridad nacional” que en realidad solo sirve para enfrentar a los pobres entre sí mientras se entrega el dinero público a la iniciativa privada.

Votar el próximo 29 de noviembre siendo conscientes de la utilidad real de nuestro voto no es, como a veces se dice, un simple gesto de generosidad o de confianza, aunque puede que también lo sea. Es, sobre todo, una expresión de inteligencia política por una sencilla razón. Querer aprovechar las elecciones para reforzar nuestra sigla preferida es legítimo, desde luego; pero si, por dispersar el voto, dejamos que gane la ultraderecha el 29N, quizá muy pronto ya no podamos seguir haciéndolo en libertad.

 

29/10/2026 - UN FALLO HUMANO

 

CTXT EDITORIAL

El 28 de octubre chocaron dos trenes. Los sistemas de seguridad LZB que tenían que haber bloqueado su paso fallaron, y lo único que podía impedir el accidente era una persona. Pero se produjo un fallo humano, nos cuentan.

Un fallo humano. Siempre se suele decir lo mismo, delante de la tragedia. Los humanos son falibles, no como la tecnología, no como la economía, que son impolutas y perfectas. Por tanto, hay que castigar al humano que cometió el fallo, y después seguiremos igual que antes. 

El controlador que dio las órdenes equivocadas, y que quizá pudo saltarse de renglón del LZB3 al LZB4 del manual que leía apresuradamente, se equivocó. Ese es el fallo humano del que nos hablan. Pero solo nos hablan de ese y hubo y hay más. Muchos más. 

El centro de control estaba dando órdenes a ocho trenes al mismo tiempo. Pero solo hemos oído el caos en la sala. En qué condiciones trabaja esta persona que de repente tiene esta responsabilidad inmensa. En qué condiciones trabajan todas las personas en ese centro de control. Seguramente, no en las más adecuadas. Eso también es un fallo humano. 

El sistema informático que controla el LZB que se colgó se basa en un software de 1992. Eso es tres años antes de que saliera el Windows 95, para que se hagan una idea. Poca gente hoy en día puede imaginarse en qué tipo de ordenadores corría eso. De hecho, en la comparecencia ante los medios, el ministro Óscar Puente no le dio mayor importancia a que se hubiera caído el sistema. Como si eso fuera algo habitual en la operativa. Normalizar el fallo, eso también es un fallo humano. 

La inversión en una infraestructura con tanta demanda de mantenimiento como es el AVE (111.000 euros por kilómetro al año) es probablemente insuficiente en un contexto en el que se ha decidido, siguiendo las directrices de la UE, liberalizar el acceso a las vías y sobrecargarlas con más trenes. La economía neoliberal dice que sí, pero la realidad material se resiente. Eso también es un fallo humano. 

Que los trenes tengan que llegar a la hora, que se haga correr a casi 300 kilómetros por hora un tren “a ciegas” porque todo tiene que llegar a la hora, porque nada puede parar para que no se resienta la enorme maquinaria de un sistema económico atroz, que lo devora todo, desde la educación hasta la sanidad, desde la vivienda hasta las infraestructuras. Eso también es un fallo humano, y posiblemente es el peor. Porque todo el mundo lo acepta como necesario e inevitable, cuando es deplorable y tremendamente discutible.

Que no dimita el ministro, aunque sea por pundonor, abrumado por el dolor inmenso. 

Que PP y VOX instrumentalicen la tragedia para poder ganar las elecciones y dejarlo todo exactamente igual, o peor, porque habrá que recortar pensiones y sanidad, nos dicen, entre otras cosas para comprar más armas.

Todo son fallos humanos.

Todo es un fallo humano. Porque todo lo que hacemos es humano, y si falla, también es humano. 

También son humanas las víctimas de esta tragedia. Aunque algunos prefieran ignorarlo. 

 

miércoles, 28 de octubre de 2026

28/10/2026 - LA DERECHA QUE MOVILIZA A LA IZQUIERDA

El mayor activo de Sánchez es el odio contra Sánchez. Las industrias del odio y el bulo necesitan gasolina diaria y van a conseguirla, aunque sea a costa de perpetuar a los mártires que sin querer fabrican

GERARDO TECÉ

Ganó Lula. El muerto político, el tipo al que las encuestas le negaban cualquier opción, gobernará hasta 2031. Ganó el responsable, según sus rivales, de los mayores desastres, escándalos de corrupción, inseguridad y crisis económica jamás conocidas en Brasil. Por si fuera poco, el hombre pertenecía, según las redes sociales de la ultraderecha, a varias bandas criminales. Cómo les cunde el tiempo a algunos. Hay más. Durante la campaña electoral arrojó una bandera de Brasil al suelo para después pisotearla en público. La prueba irrefutable es un vídeo descaradamente hecho por IA que sus detractores compartieron millones de veces. Sucedió lo que no podía suceder y ganó el monstruo de nueve dedos, como llamó Bolsonaro al sindicalista que perdió un dedo trabajando cuando tenía 17 años. El líder del Partido de los Trabajadores se ha impuesto a encuestas, bulos, empresarios, el algoritmo, la IA o futbolistas millonarios como Neymar. Hoy todo el mundo habla del ejército de 10 millones de seguidores digitales coordinados por el diputado André Janones, pero sería injusto quitarles el mérito a los millones de ultraderechistas capaces, con su odio, sus mentiras y sus excesos, de movilizar al votante de izquierdas.

¿Podría suceder en España?, se preguntan en estos momentos los gurús digitales de la izquierda nacional con la mirada clavada en sus recién inaugurados canales de WhatsApp: mira, ha entrado otro, ya somos mil quinientos. No parece que la remontada, si llegase, tuviese que ver con torcerle el brazo al algoritmo, sino con el autocanibalismo de la derecha. Una derecha capaz de lograr lo más difícil en política, que es movilizar al electorado de izquierdas. Hay síntomas de que ya lo estarían logrando de nuevo. El pasado jueves, la visita de Pedro Sánchez a La Revuelta de TVE arrojó un dato de audiencias absolutamente anormal para un programa de televisión: 7.129.000 personas lo vieron en algún momento, con una media de permanencia ante la pantalla de más de 4.000.000 de personas. En la calle Génova se llevaron un sobresalto porque la cifra no era de programa sino de final de fútbol, lo que indica que hay partido. Y aún falta que llegue la campaña. Aunque lo parezca, oficialmente aún no ha empezado. En ella la derecha seguirá perdiendo votos. No es que Feijóo o Abascal sean torpes. Es que hablar de propuestas es un problemón cuando tus propuestas van dirigidas a beneficiar a la minoría, pero vota la mayoría. Si PPVOX logra 210 escaños, esto habría que cambiarlo. Lo de que vote la mayoría, se entiende. Eso o reducir las campañas al mínimo. Con una tarde va de sobra y ahorraríamos mucho dinero, dirán llegado el momento.

Que Pedro Sánchez tenga opciones en estos momentos de ser el líder más votado –que Feijoó no crea ya en que gobierne el más votado es la prueba evidente– no es mérito del PSOE, sino de una derecha empeñada en fabricar mártires en la otra orilla. Sánchez está a una visita de Milei gritando zurdos hijosdeputa, a un vídeo manipulado por Iker Jiménez, a una mentira de Feijóo o Abascal o una imputación de un familiar que sacó plaza en una biblioteca de Huesca en los años 80, de que tengamos a la derecha pidiendo la hora o, quizá, denunciando un pucherazo a lo Bolsonaro el 29N. Voy a votar a Sánchez no por él, sino por lo que tiene enfrente, me decía el otro día un conocido y no es el primero al que se lo escucho. Los encuestadores lo escuchan a menudo estos días. El mayor activo de Sánchez es el odio y la locura contra Sánchez. Si de aquí al 29N la derecha comenzase a dar las buenas tardes en lugar de gritar que el gobierno nos fumiga, ganaría las elecciones de calle. El problema es que la derecha política ya no manda en su propia agenda. Las industrias del odio y el bulo necesitan gasolina diaria y van a conseguirla, aunque sea a costa de perpetuar a los mártires que sin querer fabrican. Los Lulas y los Sánchez deberían estar muy agradecidos.

 

28/10/2026 - LOS LADRONES SOMOS GENTE HONRADA

 ANGEL MORILLO TRIVIÑO

Hace un tiempo me acordé de aquella película de los mejores humoristas, o, cuando menos, de entre los mejores humoristas, que hicieron posible reír a media España cuando las “cosas” no estaban para muchas diversiones, porque eran tiempos muy difíciles y muy duros para muchísima gente. Pero era imposible resistirse a José Luis Ozores, José Isbert (Pepe Isbert) y Antonio Garisa en la película del título de este escrito. Como también era imposible aguantarse cuando salían a escena Toni Leblanc y Manolo Gómez Bur, entre otros muchos, en sus muchas películas de aquellos tiempos.

La película en cuestión (basada en la famosa obra de teatro de Enrique Jardiel Poncela) gira en torno a una banda de ladrones y carteristas que planea un gran golpe.

Durante lo que va de la mal llamada democracia, los políticos, que, sin duda, son gente honrada, han planeado -y no como en la película- cantidad de grandes golpes que han llegado a su fin, es decir, que se han perpetrado y conseguido sin, por supuesto, haber hecho ninguna gracia a los ciudadanos de a pie, ya que, esos “atracos” han sido de los impuestos que pagamos los que pagamos impuestos que, dicho sea de paso, no somos todos los españoles ni mucho menos.

Si bien se mira, sin el más mínimo ánimo de hacer gracia, pues servidor es una persona seria (aunque también tuvo su tiempo en el que practicó el humor entre los que entonces eran sus amigos, algunos de ellos políticos o vividores de la política), no hay en este país ningún partido político que se libre de haber cometido alguna que otra “tropelía” económica, aún a pesar de que todos sus líderes han sido y son gente honrada, dicen. Gente como los de la película, pero sin humor, aunque algunos golpes hayan estado dotados de un gran “hazme reír” judicial, caso, por ejemplo, del ex President de la Generalitat Jordi Puyol (y sus niños, no todos) y los líderes de CIU y CDC (ahora JUNT-PERCA, conocido como JUNT).

Es sabido sobradamente que en la política hay de todo un poco, ladrones, vividores, aprovechados… incluso parásitos que fundamentan su actuación en la inepcia, que también es corrupción. Pero, como todo en la vida, hay quienes se llevan la palma del latrocinio “consentido” (incluso los del PNV, tan serios ellos, tienen sus “cositas” que explicar) y, sin duda estos son los políticos de los dos grandes partidos, Partido Popular y PSOE. Ambos pasan de los cientos de casos de corrupción, lógicamente, en razón de su número de representantes en todos los órganos de gobierno del país.

Así y todo, lo que más llama la atención, es que uno de estos dos partidos vaya por el mundo presumiendo de ética y moralidad cuando es el más castigado por la corrupción, incluidos sus máximos mandatarios, Aznar (once ministros inculpados con Rodrigo Rato y Montoro como máximos exponentes, y su Sra. cuando fue alcaldesa de Madrid, sin contar lo de la guerra del golfo y sus consecuencias, aunque los muertos por sus incompetencias les importen muy poco a este partido político, y si no que se lo pregunten a Mazón o a Isabel Díaz Ayuso), Rajoy (lo de Bárcenas y M. Rajoy, Javier Arenas Bocanegra, Esperanza Aguirre, la Cospedal, etc., etc., etc.), y Feijóo y la alta dirección de su “hermanita” Micaela en el negocio de Eulen, y más y más, como vamos a ver a continuación:

Caso Andrach (PP de Baleares), sentencia condenatoria por prevaricación y falsedad documental; caso Arena (PP de Galicia); caso Auditorio (PP de Murcia); caso Baltar (PP de Galicia); Caso Bárcenas (PP nacional); caso Biblioteca (PP de Murcia); caso Bitel (PP d Baleares); caso Bomsai (PP de Baleares); caso Bonsosec (PP de Baleares); caso Brugal (PP de la Comunidad Valenciana); caso Caballo de Troya (PP de Galicia); caso CAM (PP Comunidad Valenciana); caso Campeón (PP de Galicia); caso Campus de la Justicia (PP de Madrid); caso Carioca (PP de Galicia); caso Cementerio (PP de Madrid); caso Conde Roa (PP de Galicia); caso de la Construcción (PP de Castilla-León); caso Cooperación (PP de la Comunidad Valenciana); caso de la Ciudad del Golf (PP de Castilla-León); caso del Lino (PP de Castilla-La Mancha); caso El Roblecillo (PP de la Región de Murcia); caso Emarsa (PP de la Comunidad Valenciana; caso Fabra (PP de la Comunidad Valenciana; caso Faycán (PP de Canarias); caso funeraria (PP de Baleares); caso Guateque (PP de la comunidad de Madrid); caso Gürtel (PP de Madrid y Comunidad Valenciana, condenatorio); caso Hügel (PP de Madrid); caso Ibatur (PP de Baleares); caso Imelsa (PP de Comunidad Valenciana); caso Lasarte (PP de Castilla-León); caso Líber (PP de Murcia); caso Lifeblood (PP de Canarias); caso Naseiro (PP Nacional); caso Nóos (PP Nacional); caso Orquesta (PP de Galicia); caso Over Marketing (PP de Baleares); caso Palma Arena (PP de Baleares); caso Parques Eólicos (PP de Canarias); caso Patos (PP de Galicia); caso Perla Negra (PP de Castilla-León); caso Piscina (PP de Canarias); caso Plan Territorial (PP de Baleares); caso Pokémon (PP de Galicia); caso Porto (PP de Madrid); caso Púnica (PP de varias Regiones); caso Rasputín (PP de Baleares); caso Salmón (PP de Canarias); caso Scala Cola Cao (PP de Baleares); caso Taula (PP de la Comunidad Valenciana); caso Terra Natura Benidorm (PP de la Comunidad Valenciana); caso Torres de Calatrava (PP de la Comunidad Valenciana); caso Tótem (PP de la Región de Murcia); caso Troya (PP de Andalucía); caso Turismo Joven (PP de Baleares); caso Túnel de Sóller (PP de Baleares); caso Umbra (PP de la Región de Murcia); caso Zamora (PP de Castilla-León); caso Zeta (PP de Galicia).

Después de todo esto, ¿se puede ir por ahí presumiendo de ética y de moral política? ¿Se le puede decir a los españoles que los únicos ladrones son los de los otros partidos? No, está muy claro que no. El PP es el partido más corrupto no sólo de España sino también de Europa, y el único hasta ahora condenado en firme por corrupción. Y, como decimos en mi pueblo, ¡a las pruebas me remito! Pero, además, los ladrones de este partido no son precisamente grandes galafates.

 

28/10/2026 - ¡INSULTANDO, INSULTANDO!

 ANGEL MORILLO TRIVIÑO

Insultar es de cobardes. Seguro que alguien lo ha dicho antes que servidor, pero, además, insultar arropado por una plebe de energúmenos como hacen esos del PP y de VOX es aún de mayor cobardía. Uno a uno no tendrían tantos “guevos” para insultar como ellos hacen siempre con un “escudo” protector al lado, bien de “sus congéneres” o de la policía o los escoltas. 

Salvo raras excepciones, en los años que llevamos de “democracia” (las comillas son porque pienso que no es democracia sino plutocracia) nunca había ocurrido esto de poner de moda el insulto al político del bando que gobierna. Siempre se han dicho cosas “fuertes” del contrario, pero nunca se insultaba como ahora se hace y con la certidumbre de que el insulto es apropiado y merecido. Mas, cuando estos insultadores profesionales, como ese tal Tellado del PP o la IDA (esta ha perdido el norte y se está perdiendo ella porque ya, sencillamente, asquea y lo va a pagar caro en las urnas), lo hacen, se olvidan de que lo verdaderamente insultante para cualquier ciudadano es intentar esconder esas víctimas de sus incapacidades, caso de la Dana de Valencia, del metro también de Valencia, de los ancianos de Madrid (7.291) enviados sin la mínima asistencia al cementerio en el Covid, de los muertos de los trenes de Atocha por la negligencia del “muñeco Luciano” por hacerse una foto con dos presidentes, uno americano y otro inglés que han reconocido su error, mientras el “cenacho” español (un narcisista empedernido) sigue sin hacerlo y pateando foros dando lecciones de ética con casi todos sus ministros imputados en casos de corrupción (el de Montoro de cárcel sin contemplaciones), sin olvidar los muertos del famoso Yak-42 (62 militares) por las negligencias de los contratos para “amañar” Dios sabe qué y porqué. Y sí, estos energúmenos mandados por el PP y VOX que no dejan de decir HP al presidente del Gobierno, son los que están de acuerdo con esos judíos israelitas que han asesinado a más de ochenta mil palestinos (sin contar los que estén debajo de los escombros), la mayoría mujeres y niños indefensos.

Es algo que estomaga, el insulto ha calado en las redes y no es difícil oír a cualquier mequetrefe un insulto sin venir a cuento. Y, por supuesto, no es de recibo que una multitud de “niñatos” (la mayoría hijos de papá, casi seguro, vagos e ineptos) se manifiesten al grito de: ¡Pedro Sánchez, hijo de puta!, adornados con banderas de España -con el aguilucho- hasta el culo provocando a las personas decentes que luchan por sus derechos que sus papás les han robado impunemente durante siglos y les siguen robando.

El colmo de los insultos ha sido el de esos legionarios (¡vaya ejemplo de la Legión!) y el fulano ese que no tiene media hostia, Vito Quiles, amenazando de muerte, y demostrando que “la cabra” tiene más conocimiento que ellos.

En fin, como la cosa va de insultos me he molestado en seleccionar algunas frases famosas sobre el tema para darle forma a este escrito que es producto de la indignación que se sufre cuando uno escucha tanto arrumaco de tantos arrepticios:

“El insulto deshonra a quien lo infiere, no a quien lo recibe”. Diógenes de Sinope, filósofo griego (404/322 a.C).

“Cuando una persona se configura para expresarse en 140 caracteres, cuando se habitúa al dicterio o al insulto, pierde capacidad para la argumentación, que es la médula del pensamiento”. Fernando Savater (1947), filósofo español.

“Un incitador al odio vive de la agresión del insulto y la burla, tiene siempre listo el puñal de la difamación y es un asesino en potencia”. Luis Gabriel Carrillo Navas.

“Quien me insulta siempre, no me ofende jamás”. Victor Hugo (1802–1885).

“No habrá extorsión, insulto o amenaza que me aparten del camino”. Cristina Fernández de Kirchner (1953).

“Detrás de la insolencia viene el insulto”. Salomón (990/931 a.C)

 “A cada insulto que recibamos nosotros, una propuesta, a cada descalificación, una idea, y a cada exageración una sonrisa”. José Luis Rodríguez Zapatero (1960).

“El "hijo de la chingada" es el engendro de la violación, del rapto o la burla. Si se compara esta expresión con la española, "hijo de puta", se advierte inmediatamente la diferencia. Para el español la deshonra consiste en ser hijo de una mujer que voluntariamente se entrega, una prostituta; para el mexicano, es ser fruto de una violación”. Octavio Paz.

“Las gentes me cortejan en la medida que no las moleste. Pero cuando pretendo servir a objetivos que no les convienen pasan inmediatamente al insulto, mientras que los indiferentes se esconden detrás de su cobardía”. Albert Einstein (1879/1955).

“Los insultos jamás serán rivales para un argumento que demuela con contundencia: la doble moral, la memoria selectiva, los sofismas, las falacias y la agresión”. Luis Gabriel Carrillo Navas.

"El insulto es el refugio, de mediocres, hipócritas, sectarios y envidiosos, pues no progresan ni dejan progresar”. Luis Gabriel Carrillo Navas.

“Cuando los argumentos se acaban, los mediocres se refugian en la violencia y el insulto”. Luis Gabriel Carrillo Navas.
“Hacer alarde público de principios éticos, y luego traicionarlos por aferrarse al poder, con la patraña de hacer de la necesidad virtud, es un ejercicio hipócrita de cinismo obsceno, y un insulto a la inteligencia y la buena fe de los ciudadanos”. José Luis Rodríguez Jiménez.

Cierro el escrito con un párrafo del quizás mejor político que ha tenido hasta ahora la democracia (la plutocracia, valga la redundancia), Julio Anguita:

 “Rebeldía. Pero la rebeldía no es un gesto altisonante. No es un grito, no es un insulto, no es una pedrada, no es una mala contestación, es mucho más profundo. La rebeldía es un grito de la inteligencia y de la voluntad que dice, y lo voy a decir en román paladino: ¡no me da la gana de decirle que sí a esta actual situación! -Por qué- ¡Porque no quiero y me niego a decirle que sí! Porque entiendo que puede haber otra situación y por tanto yo no asumo esta podredumbre y no participo en ella y lucho contra ella. Y esta actitud es una actitud intelectual, y cuando digo intelectual no quiero hablar de universitario, hablo de la mente de cualquier ser humano. Es un posicionamiento que nace de la mente y del corazón, del fuego del querer cambiar. Esta es la rebeldía fundamental. Lo otro son voces, son chillidos, son insultos, son graznidos. - ¡Dale caña! - Circo romano. ¡No, no! La rebeldía no es ni más ni menos que el posicionamiento con otros valores y la decisión de hacerles frente. Rebeldía para decir que no aceptamos que la “Competitividad y el Mercado” sean los que rijan los destinos de las sociedades. Que entendemos que hay una declaración universal de derechos humanos que tiene que cumplirse y que eso significa sociedad de pleno empleo, donde el hombre y la mujer sean exactamente iguales, donde no haya marginados y que costará mucho tiempo y mucho sacrificio, pero es hermoso luchar. ¡Incluso morir por eso! Porque morir tenemos que morir, muramos por lo menos luchando por un ideal noble y no consumiéndonos como un brasero”.

28/10/2026 - ESA MUJER

En las pasadas Elecciones Autonómicas de Extremadura de 2025 (las que más se asemejan a unas Generales) vimos cómo dos personajes (Miguel Ángel Gallardo y Francisco Martos, el primero fuera del partido, por no decir otra cosa, y el segundo ya ex alcalde de Castuera, implicados en el caso del hermano de Sánchez) hundieron al PSOE, que bajó de 28 diputados en la Asamblea a tan sólo 18, mientras la abstención subía del 27,57% al 37,26%, prácticamente un 10% más (la mayoría de esta subida achacable a votantes socialistas). En las del próximo 29-N no será igual, debido a que esos dos personajes citados ya no estarán, pero servidor piensa que si el PSOE consigue salir adelante -aunque no sea del todo- hay una mujer que si se planta a la cabeza de Podemos, Irene de Miguel, los resultados pueden cambiar ostensiblemente, y más teniendo en cuenta que los populares perdieron seis mil votos y los de Podemos pasaron de un 5,98% a un 10,25%, casi el doble, lo que con la ley de D´Hondt da sus frutos.  

Irene de Miguel está muy bien vista en todos los círculos sociales, ya que es una mujer luchadora y que tiene claro, además de sus principios, las necesidades de los extremeños para dejar de ser la referencia del desempleo, la despoblación y la pobreza que asola a la Comunidad, amén de la falta de infraestructuras e industrias necesarias para el desarrollo, sobre todo, salarial, donde, por cierto, también estamos a la cabeza del país. Irene de Miguel puede doblar el número de votos y lograr escaño por Badajoz y en Cáceres, aunque resulte difícil ese logro, que restaría muchas posibilidades con la ley de D´Hondt en la mano a las dos derechas que nos quieren arrebatar por la cara la mínima posibilidad actual de un techo digno y de una pensión vitalicia, aunque ésta, la de los extremeños sea también la más paupérrima del Estado.

No quiero pensarlo, porque sé que no va a ocurrir, si PSOE y Podemos concurrieran juntos en Extremadura (Irene de dos por Badajoz), ya que entonces si tendrían las izquierdas la mayoría.

En cualquier caso, no conviene olvidarse de esa mujer, porque, hoy por hoy, es la mejor representante política que tiene la Comunidad. En ella se conjugan fácilmente los verbos saber, luchar y distinguir el trigo de la paja a la hora de hacer política para la gente, para toda la gente y no sólo para “toreros y cazadores” de alto copete y señoritos de postín.

La Sanidad, los Servicios Sociales y, sobre todo, la Educación darían con ella un paso de gigantes tan necesario en Extremadura.

Así pues, ESA MUJER, Irene de Miguel Pérez (Madrid, 9 de mayo de 1981) es una ingeniera agrónoma y política española, diputada en la Asamblea de Extremadura por Unidas por Extremadura y secretaria general de Podemos Extremadura. Ha sido candidata a la Presidencia de la Junta de Extremadura en varias elecciones autonómicas y es una de las principales figuras del espacio progresista en la comunidad.