Comentario: He oído por ahí que, en Extremadura, cada vez que se arregla una carretera, alguien se compra una finca. Evidentemente, los arreglos duran “lo que el tren en el Quintillo”
V. HURTADO
Según las últimas estadísticas de accidentes en carreteras, Extremadura —¡albricias! — se encuentra entre las comunidades que suben el número de siniestros de tráfico de España.
Qué sorpresa, ¿verdad?
Es cosa lógica y normal si nos fijamos en lo que tenemos. Nuestras
carreteras no es que parezcan del siglo pasado, es que son del siglo pasado, y
nuestro parque móvil aguanta lo que puede, que ya es bastante. El resultado en
las estadísticas no es una sorpresa, es una tragedia anunciada y cobrada
puntualmente en vidas humanas.
Claro que es imposible ser el primero en desarrollo si eres el primero en
siniestralidad por falta de inversión. Pero eso a los de arriba les da igual;
ellos no conducen por aquí. Una cosa es lo que los políticos dicen (con su
habitual verborrea de cartón piedra) y otra muy distinta lo que callan (que es
la cruda realidad).
Es fascinante escuchar cómo en Madrid y determinadas comunidades "privilegiadas"
se llenan la boca hablando de alta velocidad, e incluso algún "osado"
(seguramente con exceso de moqueta en el despacho) ya ha mencionado el
"Tren Bala".
Mientras tanto, en Extremadura, el tema de conversación es ese gran
agujero negro que son nuestras comunicaciones por carretera. Un agujero donde
los extremeños de a pie se la juegan todos los días. Y ojo, no lo hacen por
diversión ni por irse de vacaciones... ¿Quién pudiera?, sino por pura
obligación para poder ir a trabajar y malvivir con esos sueldos de pena que son
la marca de la casa en esta tierra olvidada.
Coches viejos y carreteras de chichinabo es lo que nos sale cuando hablamos
del envejecimiento del parque móvil. Extremadura suele aparecer en los informes
de la DGT con una de las medias de edad de vehículos más altas de España. Y no,
señores de la DGT, no es por gusto nostálgico. Es porque la economía no da para
más. Circular con coches antiguos por carreteras malas es una combinación
letal, una ruleta rusa donde la banca (o sea, la administración) siempre gana.
Y si miramos la siniestralidad por habitante, en términos relativos,
Extremadura siempre golpea fuerte en las estadísticas de accidentes graves en
relación con su densidad de tráfico. Precisamente por el estado de las vías.
Tenemos carreteras que, por no brillar, no brillan ni los coches de la
Guardia Civil, que sospecho intentan evitarlas por salud mental y mecánica.
Aquí no verás un control en curvas por medio de cámaras; será que, como no hay
tráfico, no recaudan lo suficiente para que les salga a cuenta. Y para no
terminar, parece que las líneas de las carreteras (seguramente pintadas con
pintura de los chinos, de esa que se borra con el primer escupitajo de nube)
hace años que dejaron de verse.
Son carreteras del siglo pasado, más bien parecidas a caminos de cabra.
Además, con las últimas aguas caídas, unas se han abierto como si fueran
grietas del fin del mundo y otras se han llenado de pequeños baches donde cabe
un coche entero... y la grúa hará esfuerzos titánicos para sacarlo.
Es sencillamente imposible hablar de lo que vamos a "progresar"
(esa palabra vacía que tanto les gusta usar en campaña) mientras nuestros
medios de transporte sean más antiguos que el
tren "Matagallinas" extremeño.
Pero, pensándolo bien, la culpa es nuestra. Sí, nuestra. Por no haber
copiado ya la manera de "trabajar" de nuestros gobernantes. Si todos
nos dedicáramos a su "ritmo de trabajo" (o sea, a no hacer
absolutamente nada productivo), seguro que hasta se paraba la siniestralidad de
las carreteras por pura inactividad general.
¡Ya está bien de ser invisibles!