Comentario:
Mucha política y
mucha gente aferrada al sillón para cobrar un salario que nunca hubieran ganado
en la empresa. La gente vota según le meten la mano en el bolsillo, y la
izquierda siempre está pidiendo más y más para los servicios públicos que cada
día que pasa son peores, y si no que se lo digan a los extremeños… y a los
andaluces. El PSOE cada día es menos socialista y la gente no es idiota.
Subiendo el IVA de la luz y restableciendo el copago farmacéutico, por ejemplo,
no se ganan unas elecciones en ninguna parte de ningún sitio. No obstante, que
nadie olvide que la abstención siempre gana por mayoría absoluta, como acaba de
ocurrir en Andalucía, y eso ya me contarán de quién o quiénes es culpa, del ciudadano,
desde luego, no.
El líder de ERC cree que los diferentes partidos progresistas a nivel nacional son "el problema"
Como ocurre tras cada cita
electoral, Gabriel Rufián hace balance en
la red social X: “Tres cosas: 1) Es el momento de las izquierdas soberanistas.
Un momento que deben saber interpretar y liderar: la conclusión no puede ser
'como a mí me va bien que le den a lo demás'. Y un momento que las izquierdas
españolas deben saber aceptar y fomentar: son el problema”. El mensaje se
completa: “2) Al PP y a Vox se les puede minar y ganar: optimizando la
oferta electoral y con ciencia. Provincia a provincia. 3) Un abrazo enorme
a @TeresaRodr [Teresa
Rodríguez]. Habéis marcado un camino”.
¿Qué quiere decir Rufián con que es el
momento de las fuerzas independentistas? Sin duda, la afirmación debe ser
interpretada en clave de su propuesta de Frente Amplio, que preconiza la unidad
de toda la izquierda. Es cierto que hay un ascenso de las fuerzas soberanistas
o autonomistas de izquierda en distintos territorios
del Estado. ERC en Cataluña, BNG en Galicia, EH Bildu en
Euskadi, Compromís en la Comunidad Valenciana, entre otras, están
consolidando un espacio político propio, con identidad territorial fuerte y
discurso progresista. Pero cuidado porque hay una segunda parte del axioma: “La
conclusión no puede ser como a mí me va bien que le den a los demás”. Es decir,
el ombliguismo solo conduce a más extrema derecha.
Rufián sugiere que estas fuerzas no solo
están creciendo, sino que están mejor conectadas con las demandas sociales y
territoriales que las izquierdas de ámbito estatal. Para él, este es un momento
de oportunidad: un punto de inflexión en el que estas formaciones pueden
liderar una nueva etapa política si saben interpretarla correctamente.
Cuando afirma que deben “saber interpretar
y liderar”, está señalando que el crecimiento electoral no basta. Hace falta
proyecto, coordinación y visión estratégica. En otras palabras, no se trata
solo de obtener votos, sino de construir un espacio político cohesionado y con
capacidad de influencia real. Ahí es donde Rufián lanza una crítica interna,
dirigida a las propias izquierdas soberanistas. Les advierte contra la
tentación de encerrarse en su éxito particular y desentenderse del resto del
mapa político. Lo que está diciendo es: no basta con que a tu partido le vaya
bien si el conjunto del bloque progresista retrocede.
En política, los avances aislados pueden
convertirse en victorias pírricas si no se
traducen en mayorías amplias o en capacidad de condicionar gobiernos. Rufián
reclama una visión más amplia: cooperación, alianzas, y una lectura compartida
del momento político. Este mensaje también puede interpretarse como una llamada
a evitar el sectarismo. En un contexto de fragmentación, las izquierdas
soberanistas –si quieren liderar algo– deben actuar con responsabilidad y
sentido de proyecto común.
Pero el dardo de Rufián va dirigido
también a las cainitas izquierdas españolas, que deben saber
aceptar que “son el problema”. Esta es, sin duda, la frase más polémica del
mensaje. Rufián afirma que las izquierdas de ámbito estatal (principalmente
PSOE y Sumar) son causantes de la decadencia. ¿Qué quiere decir con esto?
Rufián sostiene desde hace años que las izquierdas estatales no han sabido
comprender ni integrar las demandas territoriales de comunidades como Cataluña, Euskadi o Galicia. Según esta visión, siguen
operando con una lógica centralista o uniformadora que choca con la realidad
plurinacional del Estado.
El mensaje también puede interpretarse
como una crítica a la incapacidad de estas fuerzas para frenar el avance de la
derecha en territorios clave. Si las izquierdas estatales pierden terreno, el
conjunto del bloque progresista se debilita, y eso afecta también a las fuerzas
soberanistas. Rufián sugiere que las izquierdas españolas no solo deben aceptar
el ascenso de las izquierdas soberanistas, sino fomentarlo. Es decir, asumir
que la pluralidad territorial es una fortaleza y no una amenaza. En su visión,
el futuro del progresismo pasa por alianzas multinivel, no por intentos de
recentralizar el liderazgo. El mensaje de fondo es un nuevo equilibrio en la
izquierda. Más allá de la provocación, el mensaje de Rufián apunta a un cambio
profundo en el ecosistema político español. La izquierda ya no es un bloque
homogéneo, sino un mosaico de identidades territoriales, proyectos políticos y
estrategias diversas. Unidad electoral sí, suma de votos sí, confluencia,
plataforma y bloque sí, pero manteniendo la identidad propia de cada partido.
Rufián plantea que el futuro pasa por
reconocer esa diversidad y articularla políticamente. Y, sobre todo, por
entender que el liderazgo ya no puede venir solo desde Madrid. Las izquierdas
soberanistas, según él, están mejor situadas para interpretar el momento social
y político actual.
Aunque Andalucía no es un territorio con
fuerte presencia de izquierdas soberanistas, los resultados electorales
demuestran que el andalucismo rebrota en forma de un movimiento como Adelante Andalucía (que ha cambiado la etiqueta de
anticapitalista por el de soberanismo mientras la propuesta unitaria o nacional
de Por Andalucía con Antonio Maíllo liderando la
coalición Izquierda Unida, Podemos y Sumar se estanca).
Cuando la izquierda estatal retrocede en un territorio tan poblado y resucita
el autonomismo es que algo se está haciendo mal. El mensaje que se envía al
conjunto del país es claro: algo no está funcionando.
Rufián aprovecha ese contexto para reforzar
su tesis: si las izquierdas estatales no logran conectar con amplios sectores
sociales, quizá ha llegado el momento de que otras izquierdas –las
soberanistas– asuman un papel más central. Como suele ocurrir con Rufián, su
mensaje es a la vez análisis y advertencia. Está diciendo a las izquierdas
soberanistas: “Este es vuestro momento, pero no lo desperdiciéis”. Y a las
izquierdas estatales: “Si no entendéis lo que está pasando, seguiréis perdiendo
terreno”. En el fondo, plantea un debate sobre liderazgo, identidad y
estrategia dentro del espacio progresista español.