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martes, 3 de noviembre de 2026

03/11/2026 - ¿DEDBE DIMITIR OSCAR PUENTE?

Comentario: Al Partido Popular le importan muy poco los muertos, miren: “Veremos que deciden los ciudadanos, y hasta donde llega el efecto de que no haya ninguna dimisión o cese. Si tomamos como referencia lo sucedido en anteriores tragedias bajo mandato del PP, en los que no hubo ninguna dimisión política en casos como el Yak42 (75 muertos), 11M (197 muertos), o del tren Alvia en Angrois (80 muertes) —en los casos de DANA de Valencia que causó 230 muertes o las 7.291 registradas en residencias madrileñas por el COVID aún no ha habido sentencia ciudadana porque no ha habido elecciones—, se pude concluir que el ciudadano castiga más la mentira que una supuesta o rea”.

Vicente Mateos Sainz de Medrano

El desgraciado y cruel accidente de dos trenes de alta velocidad en la localidad toledana de Urda ha supuesto un golpe emocional para la ciudadanía, y una tragedia sin parangón para los familiares de las víctimas mortales y heridas de distinto grado que, partidos por el dolor, es lógico que quieran saber cuáles son las causas y los responsables. Afectados qué por la conmoción, el shock, que te cambia la vida en un segundo no atienden a las explicaciones técnicas porque reaccionan desde el dolor que sienten, visceral y humano, de buscar un culpable, con nombre y apellidos, de la aflicción que ha destruido sus vidas. Dirigir la ira que se siente hacia alguien en concreto es la primera reacción de quienes sufren un trauma sobrevenido, por la dificultad del momento para gestionar el miedo, la tristeza y la impotencia.

En este marco la racionalidad desaparece ahogada por el sentimiento y el dolor de los afectados directos de la tragedia, a los que hay que dar una respuesta política que les devuelva el sosiego y restablezca la confianza quebrada en el sistema de alta velocidad, como ha reconocido el presidente Pedro Sánchez. En situaciones trágicas como la acontecida la experiencia dicta que no se pueden tomar decisiones drásticas en caliente, forzadas por la presión ambiental, porque los hechos terribles se producen siempre por una concatenación de acontecimientos inesperados que se enlazan en unos momentos de infortunio con el resultado de muerte de seres vivos. Casos en los que la culpabilidad está repartida, por lo que no hay un único culpable al que guillotinar.

Culpabilidades que solo se podrán extraer del análisis concienzudo y sosegado de los expertos de los rastros del siniestro, y más en tragedias que se producen en entornos donde las medidas de seguridad son tan estrictas como en los trenes de alta velocidad o en la aviación comercial. Ahora bien, y de manera general, siempre existirá un ejecutor que, por desconocimiento de los protocolos, falta de preparación o negligencia, desata la tragedia, y una responsabilidad política por la gestión de los recursos destinados a la gestión de la red ferroviaria. Y así llegamos al hecho mollar: ¿debe dimitir Oscar Puente?, ¿debe cesarlo Pedro Sánchez?, o ¿debe mantenerlo? Incógnitas con las que viene jugando los medios desde que se produjo lo que, no lo olvidemos, fue un desgraciado accidente del que debemos extraer las mejoras necesarias a aplicar para que no se repita.

La primera ya la resolvió Oscar Puente, al afirmar que presentó su dimisión al Presidente y que éste no la aceptó, de donde se colige que no tiene intención de cesarlo, y que resuelve la tercera, que lo mantendrá hasta las elecciones. De este modo Pedro Sánchez ata su destino a Oscar Puente, en un momento en el que se está jugando el resultado de unas elecciones, que tras el arranque de la precampaña iba pintando bien por la movilización del voto de izquierda que, hasta el accidente, venían recogiendo todas las encuestas.

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Veremos si en lo que resta de campaña Pedro Sánchez es capaz de reconducir y centrar el debate en torno al mensaje central de que lo que está en juego es la democracia y el progreso o la involución; frente a la avalancha que ya estamos viendo de invectivas zafias e insultantes contra Oscar Puente y Pedro Sánchez. Latiguillo discursivo que no va a soltar la derecha extrema y la extrema derecha, ahora reforzado con el mantra de la incapacidad de Sánchez para asumir sus responsabilidades con la ciudadanía. 

 

lunes, 2 de noviembre de 2026

02/11/2026 - HACER DAÑO CON EL DOLOR

 

 


Hay que responder a los problemas sociales, y a los accidentes ferroviarios también, en el terreno racional, con análisis fríos, ideas, y propuestas de gestión

JUAN TORRES LÓPEZ

Antes de que se supiera cuántas personas habían muerto en Urda, la tragedia servía de cábala electoral. No hay mejor ni más triste síntoma de que la política de nuestros días está perdiendo la humanidad.

El miércoles 28 de octubre, por la mañana, un AVE y un tren de Iryo chocaron cerca de la estación de Urda, en Toledo. Mientras los equipos de emergencia sacaban todavía a víctimas atrapadas entre los hierros y los hospitales pedían urgentes donaciones de sangre, nadie sabía todavía cuántas personas habían muerto (al final serían al menos sesenta y ocho) ni tampoco por qué exacto. Pero ya había quien tenía la respuesta.

El primer mensaje de Santiago Abascal mezclaba el pésame con la “rabia por el abandono, la ruina y la traición”. Horas más tarde, en Santander, llamó al Gobierno “organización criminal”, proclamó que “la corrupción mata” y advirtió de que no creería ninguna de las explicaciones que se dieran sobre las causas. Mientras el resto de los partidos suspendía sus actos, Vox mantuvo los suyos y rechazó que el luto sirviera para “amordazarlo”. Esa misma tarde, en el minuto de silencio de Valladolid al que acudió Abascal se gritó “Puente, asesino”; y en el de Madrid, junto a diputados de Vox, se llamó al PSOE “partido terrorista”.https://adserver3.bigapis.net/www/delivery/lg.php?bannerid=26281&campaignid=12879&zoneid=27603&loc=https%3A%2F%2Fwww.diariosigloxxi.com%2Ftexto-diario%2Fmostrar%2F6072286%2Fhacer-dano-dolor&cb=564f0280f9

Sería cómodo quedarse ahí, pero no estaría siendo honesto. En esas mismas horas hubo también otras formaciones que exigieron responsabilidades políticas antes de saber de qué; la actividad del ministro en las redes aquel mismo día se convirtió en la diana de dardos de todos los colores ideológicos; y es fácil imaginas que en las sedes de todos los partidos se hacían cuentas: segundo gran accidente de la alta velocidad en un año, tras el de Adamuz en enero, y a un mes de las elecciones del 29 de noviembre: ¿cómo me afectará? ¿cómo reaccionarán los demás? Los cuerpos aún sin identificar se estaban convirtiendo en munición política o en recuento de más o menos posibles escaños.

Y, sin embargo, entre esas sesenta y ocho personas había con toda seguridad votantes de todos los partidos o gente que no vota, personas que detestaban la política y otras que vivían para ella. El tren no le preguntó a nadie quién era o qué pensaba de Pedro Sánchez.

No quisiera que se me malinterprete: dos accidentes de esta magnitud en menos de un año obligan a preguntar, a investigar hasta el fondo y a que responda quien tenga que responder si hubo negligencia, sea quien sea. Exigirlo no es indecente, ni mucho menos. Lo que a mí sí me parece indecente es tener la sentencia antes de que se haya abierto el sumario, convertir los cuerpos de las víctimas en arma política arrojadiza y el dolor de sus familias en conjetura electoral. A eso es a lo que llamo hacer daño con el dolor.

Lo que estamos viendo tras lo ocurrido en Urda no es solo un accidente ferroviario, ni una anomalía, sino una auténtica radiografía de la política convertida en una lucha sin principios ni mesura, sin epidermis, ni emociones, ni alma. O, mejor dicho, que no tiene más epidermis que la billetera, más emoción que la de ganar dinero ni más alma que la curtida por la avaricia de unos pocos.

Porque no debemos caer en la ingenuidad de pensar que vivimos en sociedades neutras, en donde la polarización y el enfrentamiento civil se consolidan tal como están por el desarrollo espontáneo de los procesos sociales y humanos. Vivimos en un mundo y en un momento en que una minoría disfruta de la mayor concentración de la historia de una riqueza y un poder que utiliza para dar la forma que le conviene a la sociedad. Concretamente, Para lograr que todo lo que ocurra sirva al único fin que persigue: ganar dinero y acumular más poder. Según el último informe de Oxfam, presentado en Davos el pasado enero, las doce personas más ricas del planeta tienen más riqueza que los cuatro mil millones más pobres, la mitad de la humanidad. Y, como se muestra en el informe, gracias a ello controlan el poder político y definen las normas que rigen nuestras economías y sociedades en su propio beneficio y en detrimento de los derechos y libertades del conjunto de la ciudadanía.

Como reconoció en 2006 el financiero y una de las personas más ricas del mundo, Warren Buffett: “Hay una guerra de clases, de acuerdo, pero es mi clase, la de los ricos, la que está haciendo la guerra, y estamos ganando”.

Una guerra que no se libra por azar. En 1971, el abogado Lewis Powell, que poco después sería juez del Tribunal Supremo de Estados Unidos, dirigió un memorándum a la Cámara de Comercio en el que sostenía que el poder político era necesario para las empresas, que había que cultivarlo con asiduidad y usarlo, cuando hiciera falta, con agresividad y determinación. Lo que siguió fueron décadas de fundaciones, laboratorios de ideas, cátedras y medios financiados para cambiar el sentido común de sociedades enteras. Y medio siglo después, Steve Bannon pudo describir perfectamente lo que se necesitaba hacer, allí donde hubiera oposición, para que la estrategia tuviera éxito: “inundar la zona de mierda”.

Esa contaminación de mierda ha impregnado el alma de casi todos, y también -hay que decirlo claramente- la de quienes la denunciamos. Aunque el estar todos contaminados no puede llevarnos a creer que la contaminación sea un fenómeno natural -porque está urdida, calculada y puesta en marcha con finura de cirugía robótica-, o que se reparta por igual.

Nos hemos acostumbrado a vivir entre la mierda que, como dice Bannon, se necesita para mantener el poder de los de arriba. Es decir, a convivir con la violencia física y verbal, el ataque sin tregua, la mentira despiadada y sin vergüenza, y con el hacer sangre de cualquier cosa si interesa para acabar con quien es diferente, piensa distinto o defiende intereses contrarios a los nuestros.

Primo Levi, superviviente del Holocausto y que sabía de lo que hablaba, escribió que los monstruos existen, pero que son demasiado pocos para ser verdaderamente peligrosos. Más lo son -dijo- los hombres comunes, dispuestos a creer y a obedecer sin discutir. Y hoy habría que añadir que también a callar, a no mirar, y a seguir con lo suyo.

Sin duda hay que responder a los problemas sociales, y a los accidentes ferroviarios también, en el terreno racional, con análisis fríos, ideas, y propuestas de gestión. Pero si no somos capaces de cambiar los resortes que dentro de nosotros nos permiten sentir empatía, buscar de forma denodada e incansable la paz, amar la diversidad y, por tanto, respetar y sentirnos hermanos o hermanas de quien no es como nosotros, no llegaremos a ningún lado. O quizá sí, a construir un infierno en la tierra. La política no puede ser un combate descarnado, sin respeto ni compasión, y ni siquiera un mero enfrentamiento de propuestas o de ideas, sino también una expresión más de nuestra humanidad. Y es precisamente eso lo que está desapareciendo: la política como esa expresión y, quizá, nuestra propia humanidad.

Hace falta luchar para hacer una revolución, pero no la de siempre. Me refiero a la de las mujeres y de los hombres buenos, la del sentido común de nuestra especie, la de la paz, el afecto y el amor a la verdad y la justicia, la del compromiso con lo diverso y la del respeto. Y quizá podría empezar por algo tan sencillo como pedir que se guarde silencio durante el tiempo que se tarda en enterrar a los muertos. No es mucho pedir. Y que hoy nos parezca tanto y que ni eso se respete es la mejor prueba de que nos está alcanzando de lleno la barbarie.

 

02/11/2026 - DEMASIADO TIEMPO CALLANDO LA DESTRUCCIÓN DE LO PÚBLICO

CRISTINA FALLARÁS

Se trataba de lo público, lo de todas y todos, la sanidad, la educación, los transportes, sí, pero también los suministros básicos para la vida: el agua, la luz, el gas, la banca. Todo, todo fue desmantelado, troceado y ofrecido a las hienas del capitalismo más salvaje. Y más, se trataba de dar dignidad a las personas que lucharon por las libertades contra el fascismo, y también depurar todas las prebendas que dicha dictadura regaló a la Iglesia católica. Se trataba de convertirnos en un país mejor, culto y valiente. 

Yo me acuerdo de todo, porque estuvimos en esa lucha que poco a poco, como todas las luchas por lo público y lo culto y lo decente, fue perdiendo el apoyo social y visibilidad —esto viene primero— en los medios de comunicación. El que paga, manda, y las nuevas compañías, que eran las de siempre, viejas viejísimas, venían con las bolsas llenas para invertir en comunicación. 

Me acuerdo de todo, y no quiero olvidarlo. En la segunda mitad de los años 80, con Felipe González como presidente, se vivió la primera salida a bolsa de Endesa y se ampliaron las normas que permitieron la concesión de los servicios municipales de agua a empresas privadas. En 1994, el Gobierno de González vendió a Gas Natural el 91% de Enagás. A la mierda luz, agua y gas.  Suma y sigue. En esas mismas décadas de 1980 y 1990, el Estado privatizó o transformó la mayoría de sus bancos públicos históricos, que acabaron integrándose en grandes grupos de la banca privada, la misma que después perpetró la oleada masiva de desahucios que a partir de 2008 dejó a cientos de miles de familias en la calle. El Gobierno de González agrupó en Argentaria buena parte de la banca pública e inició su privatización en 1993; el Gobierno de Aznar la completó en 1998. 

En esta línea de tiempo se podría incluir diciembre de 2020, cuando se abrió a la competencia el transporte ferroviario de viajeros. Ouigo comenzó a operar en mayo de 2021 e Iryo en noviembre de 2022.  

Todo eso no lo hicieron sólo los gobiernos del Partido Popular, fue imprescindible el impulso anterior del PSOE. El mismo PSOE que no ha movido un dedo para que la educación en este país sea verdaderamente pública, es decir, para retirar el dinero público a los centros privados, eso que llamamos “concierto” y que sigue engordando, entre otras cosas, las arcas de la Iglesia católica. Una Iglesia católica, dicho sea de paso, con quien mantenemos un "concordato" firmado en los años 70 del siglo pasado. Gracias a que se mantiene dicho acuerdo, la Iglesia católica goza de un régimen fiscal de especial protección que se materializa en la exención de varios impuestos: el IBI (Impuesto sobre Bienes Inmuebles), el Impuestos de Sucesiones, Donaciones y Transmisiones Patrimoniales y el Impuesto sobre Sociedades. Ya nos gustaría a todas nosotras y nosotros. Pero es que, además, el Estado asume costes económicos indirectos derivados del acuerdo. Entre otros, los sueldos del profesorado de religión y el coste de los capellanes católicos en hospitales públicos, centros penitenciarios y en las Fuerzas Armadas.  

Me acuerdo de todo, y no quiero olvidarlo. Porque el mismo PSOE que ha mantenido bien alimentada a la Iglesia católica y privatizó los suministros básicos de la población es el que mantiene bajo tierra a decenas de miles de asesinados y asesinadas durante la Guerra Civil y la dictadura franquista, en un flagrante desprecio por los derechos humanos más básicos y para el que no sirve Ley de Memoria Histórica ni similares.  

Tampoco olvido la decisión tomada en el penúltimo Consejo de Ministros de José Luis Rodríguez Zapatero, que aprobó conceder el indulto al consejero delegado del Grupo Santander, Alfredo Sáenz, condenado a tres meses de prisión e inhabilitación por un delito de acusación falsa. Sin duda, una prioridad para la población española. Tan prioritaria, que el Gobierno se encontraba entonces en funciones pero aun así apretó para eximir al banquero de la condena inhabilitación y multa impuesta por el Supremo. 

Podría seguir con la Ley Mordaza, que sigue vigente pese a que, en cada campaña electoral, el socialista de turno promete derogarla, con sus recortes a las libertades de ciudadanas y ciudadanos. Podría seguir porque hay tantas, tantísimas cosas que la izquierda ha perdonado al PSOE que daría para un par de volúmenes. 

Lo que me parece más grave es la forma en la que hemos dejado de hablar de ello. Yo, también. Siempre pensamos que no es el momento, que hablar de las miserias de los socialistas podría dar alas a las derechas, y que más vale tragar y aspirar, si acaso, a que alguna de las nuestras se siente "a la izquierda del padre", quién sabe si para rascarle una ley feminista que conllevará un castigo sin límites o una regularización deficiente y culpable. 

Frente a la imagen de Óscar Puente señalando a un trabajador como causante de decenas y decenas de muertes, me arrepiento de haberlo hecho. Porque la verdad es que el accidente anterior, el sucedido en Adamuz, con 46 víctimas mortales, le salió muy barato al ministro. Pienso ahora que por la inercia de tantos años sin nombrar en voz alta la destrucción llevada a cabo por el PSOE, por nuestra falta de memoria, por el temor a sus represalias, por el castigo social que supone. No me voy a extender en el hecho de que este señor heredara su cargo —Raquel Sánchez mediante— de José Luis Ábalos, ahora en prisión. El perfil de ambos retrata un patrón imposible de soslayar.

Finalmente, hablando de patrones, me parece imprescindible aterrizar en la persona de Felipe González, hombre centrifugado en puertas giratorias, padre de los inicios de las privatizaciones, a quien el partido sigue rindiendo culto cuando debería haberlo expulsado hace ya años, y que hoy se atreve a pedir el voto en blanco frente al avance de las extremas derechas con las que se sienta a la mesa.  

Termino este artículo pensando en las hostias que me lloverán por atreverme a retratar a un Partido Socialista omnipontente sin el que parece imposible vencer a los ultras que se nos vienen encima. Creo que, al contrario, hay una población de izquierdas —mayoría en este país— que hace tiempo dejó de votar porque no comulga con las ruedas de ese molino. Creo sinceramente que, llegadas a este punto, deberíamos romper inercias y silencios, porque nos va lo público en ello. Y con lo público, nos va la vida. 

 

domingo, 1 de noviembre de 2026

01/11/2026 - VIOLENCIA INTERESADA D LUCHAS DISFRAZADA

Comentario: Muy claro casi todo lo que Eduardo nos aclara, pero los últimos párrafos no puedo compartirlos, el régimen ucraniano del “humorista” está corrompido y de ahí que cada día tiene más problemas para mantener una guerra con una superpotencia. Además, la mayoría de los ucranianos en las regiones en liza quieren ser rusos y hablan ruso que es por lo que empezó esa guerra. No son tan malos los rusos, los hay peores y están dentro de casa.

Eduardo Madroñal Pedraza

Las masivas movilizaciones, sean manifestaciones, concentraciones o acampadas, siempre pacíficas, que se están desarrollando a lo largo y ancho de España son un éxito de la gente, de sus justas reivindicaciones por una vivienda asequible, por unos salarios que no pierdan su poder adquisitivo por la inflación, por una sanidad y una educación públicas, bien financiadas y eficientes para revertir su deterioro, y redistribuir la riqueza mediante medidas políticas y fiscales para cambiar la realidad de que unos pocos se enriquezcan mucho a costa de que los demás nos empobrezcamos. 

Sin embargo, ha aparecido en las calles de las principales ciudades españolas una organizada violencia arbitraria e injustificada. Su objetivo principal es intentar que la campaña electoral y las distintas luchas y protestas populares se enturbien las justas demandas, se genere rechazo social y se divida la población.

¿Quién hay detrás de tal delincuencia?

A primera vista son una turba de encapuchados extremadamente violentos, muchos de ellos menores, vandalizando el mobiliario urbano, saqueando comercios y atacando a la policía. Pero debemos preguntarnos, ¿a quién le interesa que las protestas de jóvenes degeneren en pillaje y destrucción ciega?

Porque, de hecho, no hay pancartas, ni consignas, ni mensaje político, ni reivindicación, ni denuncia alguna. Sólo hay violencia y destrucción indiscriminada, yerma y ciega. Una violencia enemiga de la mayoría social. ¿Quién y qué intereses hay detrás de esta violencia?

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¿A quién interesa que una precampaña electoral -que se estaba desplegando en el contexto de las multitudinarias (pero pacíficas) protestas por la vivienda, con huelgas educativas de seguimiento masivo, y con la convocatoria de una Huelga General para el 11 de noviembre que puede tener un seguimiento histórico- se contamine ahora con esta violencia salvaje?

Los aparentemente descontrolados disturbios -con decenas de tiendas destrozadas y saqueadas a conciencia de todo tipo de objetos de valor- han sido inmediatamente aprovechados por la derecha y la extrema derecha política y mediática para criminalizar las protestas juveniles por la vivienda y las acampadas pacíficas que, en Sol y otras muchas otras capitales, que han transcurriendo durante semanas de manera totalmente pacífica y con un civismo disciplinado, cuidadosamente autoorganizado, deliberadamente militante, sólo roto de tanto en tanto por las provocaciones de bandas de fascistas y neonazis.

¿Blocus o poderes imperiales?

Hasta el momento la investigación policial ha señalado y detenido a unos organizadores directos. Pero cuando hay humo, a veces ayuda también saber a quién representan vicariamente los incendiarios, a quién le interesa el fuego del incendio. Porque, aunque para cada crimen se necesita un experto, que pueden ser los responsables de Blocus, siempre el experto está al servicio de que ha fijado, financiado y fechado el crimen.

Y echar un vistazo a las coincidentes violencias callejeras surgidas organizada y temporalmente en los inicios de los procesos electorales en Francia, Italia y España nos plantea la posibilidad de que las dos potencias ajenas a la Unión Europea y deseosas de su debilitamiento y fragmentación sean los interesados principales de su crecimiento.

Vistas las incontables y continuas cuchilladas traperas de Washington a Ucrania y a su presidente, es mejor que primero seamos conscientes de qué quiere conseguir la superpotencia, en su ocaso, de la actual Unión Europea, y de cómo ha anunciado que va a actuar en su documento oficial llamado 'Estrategia de seguridad nacional', y que con su práctica consecuente confirma continuadamente.

Su valoración de la Unión Europea la sintetiza así: "Entre los problemas más importantes a los que se enfrenta Europa se encuentran las actividades de la Unión Europea y otros organismos transnacionales que socavan la libertad política y la soberanía, las políticas migratorias que transforman el continente y crean conflictos, la censura de la libertad de expresión y la represión de la oposición política, el colapso de las tasas de natalidad y la pérdida de las identidades nacionales y la confianza en sí mismos."

Entre sus objetivos destaca: cultivar, dentro de las naciones europeas, la resistencia a la trayectoria actual de Europa (y la creciente influencia de los partidos patrióticos europeos es, en efecto, motivo de gran optimismo).

Y la potencia imperialista rusa ha aumentado sus ataques híbridos en la UE durante el último año, y muchos a través de distintos expertos para cada ataque, y aprovechan los daños causados para fortalecer a los partidos ultraderechistas que en cada país defienden reducir el apoyo a Kiev y acercarse a Moscú. Además, el Kremlin trata de dividirla. Y la situación política beneficia a Putin como el éxito del partido nazi Alternativa para Alemania (AfD) en las últimas elecciones.

 

viernes, 30 de octubre de 2026

30/10/2026 - SANGRE, SUDOR Y LÁGRIMAS

ALFREDO GONZALEZ RUIBAL

En su primer discurso como primer ministro de Gran Bretaña, Winston Churchill pronunció su frase más famosa: “No tengo nada que ofrecer más que sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”. Era el 13 de mayo de 1940. Plena Segunda Guerra Mundial. Los alemanes estaban a un mes de ocupar París y a tres de comenzar su campaña de bombardeos sistemáticos sobre el Reino Unido. Nunca en la historia se había enfrentado el país a un riesgo existencial mayor.

Las palabras de Churchill fueron premonitorias, porque lo que vino fue sangre a raudales, esfuerzos durísimos y un mar de lágrimas. Pero los sacrificios que se vio obligado a asumir el pueblo británico (y los sujetos colonizados del Imperio, no lo olvidemos) sirvieron para salvar la nación y la democracia y derrotar al fascismo.

La arenga de Churchill, pese a su tono apocalíptico (o quizá por ello), resultó clave también para unir al pueblo británico. Le insufló ánimos ante el avance arrollador de las fuerzas fascistas en el mundo. 

Extrañamente, la derecha española se presenta hoy a las elecciones con un discurso apocalíptico similar, pero sin apocalipsis. Quizá no ofrezca sangre, pero sí trabajo duro (jornadas más largas, peor remuneradas, menos vacaciones, menos derechos laborales), sudor (de las clases medias y trabajadoras) y lágrimas (por todos los servicios públicos, beneficios sociales y derechos civiles que desaparecerán).

Parece absurdo ofrecer sufrimiento como baza electoral en las circunstancias presentes, pero es que el discurso de sacrificio de nuestra derecha no entronca con el de Churchill, sino con el de ideologías extremistas del pasado y del presente. La idea del sacrificio y el martirio son pilares ideológicos de la ultraderecha desde hace un siglo. Frente a la sangre y las lágrimas que ofrecía el primer ministro británico para luchar contra amenazas reales (la guerra y la dictadura totalitaria), los ultras ofrecen un martirio de motivación exclusivamente ideológica: la regeneración de una nación supuestamente hundida en la decadencia.

En los años 20 del siglo pasado se percibía que la causa del declive era principalmente la democracia liberal. En los años 20 del siglo XXI lo provocan supuestamente el comunismo, el socialcomunismo, el wokismo o el sanchismo, que son en realidad distintos nombres para referirse a la socialdemocracia de toda la vida. El enemigo de la extrema derecha sigue siendo el mismo que hace un siglo, pero ahora no queda bien confesar abiertamente que lo que hay que desmantelar es el sistema democrático liberal.

En el caso de España, resulta difícil entender cómo puede tener éxito un discurso que promete dolor sin otra crisis que no sea la estructural que afecta al capitalismo en todo el mundo. Cuesta comprender cómo la extensión de la jornada laboral, la reducción de las bajas por enfermedad, la prolongación de la edad de jubilación o el recorte en gastos sociales puede ayudar a solventar la verdadera crisis que sufre España, que es la de la vivienda (así lo ve el 55,7% de la población encuestada por el CIS). Pero es que la crisis contra la que lucha hoy la derecha es ideológica. Y sus representantes políticos lo dejan claro en cada mitin.

En las elecciones de mayo de 1945, justo después de la derrota del fascismo en Europa, los conservadores británicos esperaban un triunfo arrollador gracias al aura de Churchill. El batacazo fue tremendo. Mientras el Partido Laborista se hizo con 393 escaños, la derecha solo logró 197. Los progresistas habían prometido seguridad social y empleo; el partido de Churchill, más gasto militar, menos impuestos y la defensa de los empresarios.

Los británicos en 1945 sabían lo que era una crisis de verdad. Sabían perfectamente -por experiencia propia- cuándo merecía la pena verter sangre, trabajar duro y llorar. Y cuándo no. Esperemos que en noviembre de 2026 los españoles lo sepan también.

 

30/10/2026 - ¿QUIÉN LE PONE EL CASCABEL AL AVE?

 

ANA PARDO DE VERA

España es un país maravilloso, el mejor de los que conozco y seguramente, de los que no. La prueba, entre otras muchas, la estamos teniendo estos días tras el accidente ferroviario de Urda (Toledo), con ese despliegue solidario e ilimitado de las personas por las personas, sin más. Lo mismo que hemos sentido en catástrofes naturales, accidentes monstruosos o incompetencias mortales, lo vivimos estos días en Castilla-La Mancha, Andalucía o Madrid, particularmente: a la gente le falta tiempo para coger el coche, arramplar con las mantas y/o la comida de casa y del negocio propio y hasta salir ileso, en shock o herido por la ventanilla de un tren accidentado para tratar de ayudar al de al lado sin pensar en nada más, mucho menos en uno mismo.

España es un país empático y generoso, compasivo y entregado, aunque en sociedades tan amplias siempre haya gente mala y otra que va de buena para colocarse bien en cada circunstancia, o sea, gente igual de mala o peor. Es realista e inevitable, es la condición humana, con tantos grises como habitantes. Por eso, las conclusiones y soluciones sencillas y tajantes sobre hechos concretos, con seres humanos implicado siempre, con intereses de poder político mediante, son el arma más poderosa de la ultraderecha; porque a falta de un análisis complejo y de las muchas capas que cubren un siniestro como el de Urda, con tantas víctimas mortales, heridos, traumas y destrozo humano a todos los niveles, la emoción primaria del impacto permea todo y eso es lo más manejable para quienes buscan la manipulación del dolor: ira, rabia, frustración, necesidad de culpables, deseo de venganza, incredulidad, tristeza, odio… Y ahí está el fascismo para darte un aparente alivio instantáneo que no es tal, sino una sensación breve que conlleva más dolor e incomprensión a la larga. Lo sabe la Historia y lo sabe la razón; no tiene sentido, por tanto, ahondar en ello, en la miseria del ser humano.

Sí tiene sentido y es una obligación, en cambio, para el periodismo que se enorgullece de serlo -pese a las zancadillas de intereses espurios y otros indisimulados, todos siempre poderosos-, ir estudiando las muchas capas de un problema que acaba de reventarnos en la cara con la mayor tragedia ferroviaria en la Alta Velocidad de este país, solo nueve meses después de otra que ya nos parecía la peor, la de Adamuz (Córdoba). ¿Cómo es posible, España, un país tan exitoso, una potencia económica, turística, ferroviaria, culturalmente imparable,… que te pase esto? ¿Cómo es posible, en cambio, en realidad y atendiendo a las señales desatendidas, que esto no hubiera pasado antes, precisamente, por lo mismo? Por el país exitoso que nos creemos que somos manteniendo un sistema socioeconómico y democrático muy aparente pero cuyas costuras van reventando de la peor forma posible. Los problemas de vivienda, de bajos salarios, de pobreza infantil, por ejemplo, ya parecen algo anecdótico al lado de esta tragedia ferroviaria, pero siguen ahí y también cuestan vidas y traumas; silenciosos, pero igualmente humanos.

La muerte por éxito del AVE solo es un síntoma, aunque se ha llevado por delante, como mínimo, la vida de 115 personas en nueve meses, sin contar los cientos de heridos y las miles de personas traumatizadas para siempre, además, en un país donde la salud mental ni se contempla en nuestra escala de prioridades públicas, del Estado mal llamado del bienestar, que nunca lo será si no atiende a todos/as por igual. Y los datos para cuestionarse un modelo ferroviario de éxito a medio plazo son para principiantes, no hace falta ser ingeniero para entender la mayor, que es la que a usted y esta plumilla nos incumbe.

Un país cuya población aumenta milagrosamente gracias a la inmigración (sí, la inmigración es sinónimo de éxito) y pese al envejecimiento generalizado; un país cuya población se duplica prácticamente cada año con un turismo ilimitado que viene a España atraído por su clima (de momento), su gastronomía, su comercio, su alojamiento infinito que va de pocas horas a meses y sus infraestructuras, que te permiten recorrer el territorio en pocos días con la ciudad a tus pies. Un dato: en 2025 se contabilizaron 547 millones de viajeros, más de 44 millones solo en AVE, en esa que ha sido la joya de la corona por todos los gobiernos, PP y PSOE. La inversión en mantenimiento del AVE bajó mucho en la etapa de Mariano Rajoy en La Moncloa, cuando recortes y austericidio obligaban a minimizar gasto público a quien no le temblaba la mano al hacerlo, aunque hubiese prometido lo contrario en campaña. En realidad, los recortes no fueron tales, sino que tu dinero y el de esta plumilla se fueron a una deuda mastodóntica y a un rescate bancario nunca devuelto. Entre 2019 y 2024, el gasto del Gobierno Sánchez en mantenimiento aumentó cerca de un 49%, pero el incremento de viajeros en la Alta Velocidad fue del 77%, sobre todo, tras el fin de la etapa de liberalización del transporte ferroviario que tiene como fecha emblemática el 14 de diciembre de 2020, cuando se abrió al capital privado el transporte ferroviario de viajeros y las vías se llenaron de golpe y porrazo, además, con billetes al alcance de todos los bolsillos.

“Democratización del AVE”, te dijeron los falsos liberales, esos que siempre salen impolutos de todo, porque predican contra los impuestos y el Estado, pero cuando hay un accidente, una pandemia, un volcán o una catástrofe, lloran y suplican a papá Estado que les reponga lo perdido, por favor, que nos hundimos. ¿Es sostenible un Estado de bienestar que garantice los mismos derechos y oportunidades a todos/as con el sistema actual de financiación, mantenimiento, actualización o privilegios que arrastramos desde la Transición? ¿Es ilimitada la capacidad de esta España nuestra para ir cada vez más rápido y más atestada con idénticas garantías que a principios de siglo? ¿Quiénes se están quedando por el camino más allá de las vidas irrecuperables de accidentes proporcionales a nuestras inseguras aspiraciones (547 millones de viajeros, más de 44 en AVE en 2025)? ¿Es posible que quienes prometen rebajas de impuestos, recorte del Estado, privatizaciones a gogó, centralización de competencias… resuelvan un meollo estructural que consiste en abarcar menos, pero abarcar mejor? ¿En qué momento creímos que el AVE era la garantía de un país cohesionado con un diseño centralizado donde todo tiene que pasar por Madrid? ¿Tenemos que llegar más rápido o tenemos que llegar mejor y, sobre todo, vivas? ¿Dónde están los límites del negocio con nuestras vidas?

 

jueves, 29 de octubre de 2026

29/10/2026 - SI DEPENDE DE UN FALLO HUMANO, ES UN FALLO DEL SISTEMA

 

Durante el Gobierno de Rajoy, el presupuesto en mantenimiento se desplomó. Con este Gobierno ha subido considerablemente, pero muy por debajo del aumento de pasajeros tras la liberalización del sector

GERARDO TECÉ Bluesky Icon

Como puede usted imaginar, quienes nos dedicamos a escribir opinión no teníamos hace 24 horas ni puñetera idea de cantones, sistemas LZB, velocidad normal o marcha a la vista, ni protocolos en las salas de ADIF. Por eso es complicado que hoy seamos expertos. Por eso nuestra opinión hoy, la mía en este caso, no vale más que la suya. Como la suya, mi opinión no es más que un desahogo en voz alta intentando entender algo. De trenes no sé, pero columnas habré escrito y leído un millón y estoy convencido de que explicar lo anterior debería ser protocolo obligatorio en este oficio.

Con un nudo en el estómago toca hablar de lo ocurrido y lo ocurrido es que, por segunda vez en un año y tercera en la historia de la alta velocidad en España, un accidente deja decenas de muertes en un sistema que se presentaba como seguro. 80 personas murieron en aquella curva de Angrois en 2013, 46 en el descarrilamiento de Adamuz el pasado enero y 69 hasta el momento de publicarse este artículo han fallecido en el choque entre dos trenes que ocupaban la misma vía a la altura de Urda (Toledo). En Angrois se culpó al maquinista, en Adamuz a un trozo de vía que se partió de manera inesperada y en Urda, pasadas 24 horas, la versión oficial apunta a un fallo humano en la sala de control. Hemos podido escuchar los audios y el ministro de Transporte, Óscar Puente, no mintió en su relato de los hechos horas después del accidente. Efectivamente había un protocolo y efectivamente desde la sala de control no se aplicó, lo cual, demuestra que el sistema ha fallado, en contra de lo que opina el ministro. En 2015 un piloto estrelló a propósito un avión en los Alpes y la aeronáutica lo entendió como un fallo de seguridad en el sistema. Desde entonces, un piloto nunca se queda solo encerrado en la cabina. Seguridad por capas, se llama o teoría del queso suizo. Es inevitable que cada capa de seguridad tenga debilidades, pequeños agujeros, como los que hay en las lonchas de un queso. Por eso debe haber muchas capas. Para que el error, que solo sucede si los agujeros de cada capa de seguridad se alinean, sea prácticamente imposible.

Según el ministerio de Transportes, los viajeros que ocupaban el AVE y el Iryo siniestrados viajaban ayer protegidos por dos únicas capas de seguridad: una informática que falló –pasa habitualmente, dijo el ministro en rueda de prensa– y otra segunda capa, una caótica sala de control llena de humanos que mantenían conversaciones desordenadas. “Joder tronco, el (Iryo) 6076 no funciona”, se puede escuchar minutos después de que al AVE que iba a embestir a un tren parado le diesen permiso para circular con normalidad, es decir, a 200 km/h por ese tramo. Con las leyes pasa como con las salchichas, es mejor no ver cómo se hacen, decía Otto von Bismark, que nunca escuchó audios de ADIF. Si todo el sistema recae en un humano que puede fallar, es el sistema el que ha fallado estrepitosamente. Si una vía se parte en Adamuz haciendo descarrilar un tren, las revisiones no han funcionado por mucho que la documentación acredite que las revisiones se hicieron correctamente. Si un maquinista pilla una curva en Angrois con exceso de velocidad y ninguna otra capa de seguridad impide que lo haga, de nuevo, el sistema ha fallado.

Si con la alta velocidad España no es un nuevo rico, un cateto de esos que queman neumático a la vista de todos, se le parece bastante. El país número 43 en renta per cápita ocupa la segunda posición en el pódium mundial de kilómetros de Alta Velocidad. En Barrio, de León de Aranoa, a uno de los chavales le toca en un sorteo una moto de agua y no tiene ni dinero ni dónde cojones meterla. Acaba aparcada en una farola. Lo peor de los lujos, los pobres lo sabemos bien, es lo que cuesta mantenerlos. Tras la fiesta de los años 90, las últimas décadas en España han sido las del despropósito en la Alta Velocidad. Estaciones desiertas e innecesarias y un mantenimiento precario de las infraestructuras, según denuncian los técnicos. Más motos de agua aparcadas en las farolas. Durante el Gobierno de Rajoy, el presupuesto en mantenimiento se desplomó. Con este Gobierno el presupuesto ha subido considerablemente, pero muy por debajo de lo que ha subido el número de pasajeros tras la liberalización del sector. Es decir, seguimos en números rojos en términos securitarios. Sí, todo apunta a que se trata de un fallo del sistema. Y no un fallo cualquiera, sino el más peligroso de todos: el que no se quiere ver.

 

29/10/2026 - PARA EVITAR QUE GOBIERNE LA ULTRADERECHA, SÍ HAY VOTOS MÁS ÚTILES QUE OTROS



Las elecciones generales del 29 de noviembre son uno de esos momentos en los que cada voto es imprescindible, vital.

JUAN TORRES LÓPEZ

 

En democracia todo voto es útil. Incluso el que se deposita en el partido más minúsculo expresa una preferencia que existe en la sociedad, y una democracia sana necesita que se conozcan todas. Desde ese punto de vista, el de la expresión de la preferencia, no hay votos inútiles y todos valen exactamente lo mismo.

Pero nuestro voto no solo sirve para expresar lo que pensamos, sino también para decidir quién gobierna. Y visto así, me parece que hay momentos históricos en los que algunos son mucho más útiles que otros. Por ejemplo, cuando lo que se decide en las urnas no es solo qué políticas concretas se van a aplicar, sino si se mantienen en pie la democracia, el modelo de sociedad, la libertad, el pluralismo, la independencia de las instituciones, o el respeto a quien piensa distinto. Y eso es exactamente lo que está ocurriendo hoy en muchos lugares del mundo con el avance de la ultraderecha.

Allí donde ha llegado al poder, la involución es un hecho palpable. En los Estados Unidos de Donald Trump se presiona e insulta a la prensa, se asfixia a las universidades que no se pliegan, se utiliza el aparato de justicia contra los adversarios políticos, se despliegan fuerzas armadas en las calles de ciudades gobernadas por la oposición y se convierte la persecución de los inmigrantes en espectáculo, mientras se redistribuye sin pudor la renta a favor de los más ricos. En la Argentina de Javier Milei, la célebre motosierra no ha caído sobre ningún privilegio sino sobre la población jubilada y de menores ingresos, sobre los servicios públicos, la ciencia o la atención a la salud y la discapacidad, mientras las protestas se reprimen, quien discrepa recibe el insulto como respuesta y se malvende la riqueza del país al capital privado.https://adserver3.bigapis.net/www/delivery/lg.php?bannerid=26281&campaignid=12879&zoneid=27603&loc=https%3A%2F%2Fwww.diariosigloxxi.com%2Ftexto-diario%2Fmostrar%2F6070561%2Fevitar-gobierne-ultraderecha-hay-votos-utiles-otros&cb=1173f4968e

Nada de esto es ajeno a España. Hace apenas unos días, en plena precampaña, Milei visitó Madrid, insultó al presidente del Gobierno y a varias periodistas, y en una videollamada con Santiago Abascal le confesó que para él «es un placer patear culos zurdos». Abascal le respondió que «todo muy bien dicho» y, preguntado por si aplicaría aquí la motosierra, anunció que, si tiene capacidad de decisión tras el 29 de noviembre, las partidas de gasto social “serán revisadas”. Otros portavoces de su partido, como el eurodiputado Jorge Buxadé, han ido más lejos: «La motosierra de Javier se va a quedar en nada cuando lleguemos y tengamos una puñetera mayoría absoluta. ¡Bulldozer!».

Las elecciones generales del 29 de noviembre son uno de esos momentos en los que cada voto es imprescindible, vital. Pero lo es todavía más el que se traduce efectivamente en escaños de fuerzas progresistas, frente al que se dirige a candidaturas que, por mucho que merezcan nuestro respeto, es materialmente imposible que los obtengan; bien porque tradicionalmente cuentan con menos apoyo, bien porque nuestra ley electoral, desgraciadamente, discrimina el voto según dónde se emita.

Esta reflexión no se plantea para las circunscripciones grandes del Congreso de los Diputados en las circunscripciones grandes, como Madrid, Barcelona, Valencia o Sevilla, en las que el reparto de muchos escaños permite que incluso partidos con un apoyo modesto obtengan representación. Ahí, el voto de preferencia sigue teniendo pleno sentido. Pero en muchas provincias que eligen tres, cuatro o cinco escaños las cosas son muy distintas: allí, la barrera real para obtener uno se sitúa muy elevada, y la probabilidad de que un partido progresista minoritario consiga representación es prácticamente nula. Cuando eso ocurre, esos votos no solo se pierden: al no sumarse a la candidatura progresista que sí podía disputar el último escaño, pueden acabar decidiendo que este vaya al Partido Popular o a Vox. El voto del corazón puede servir, sin quererlo, a quien más se desea que no gobierne.

La cuestión del voto para el Senado del 29N está, por el contrario, mucho más clara. Su sistema electoral es casi mayoritario: en las provincias peninsulares se eligen cuatro senadores y cada elector puede votar hasta a tres, de modo que la candidatura más votada suele llevarse tres puestos y la segunda, uno. Así, con el voto de las izquierdas dividido, la derecha se queda con las tres cuartas partes de los escaños, aunque la suma de los votos progresistas sea mayor.

El Partido Popular y Vox no están disimulando lo que pretenden hacer, tal y como se informó sin remilgos en el diario El Español: «El objetivo compartido es asegurar la mayoría cualificada de tres quintos de la Cámara, 161 de los 267 escaños». Con esa mayoría podrían designar sin el resto de fuerzas políticas a los cuatro magistrados del Constitucional que corresponden al Senado (por eso están retrasando fraudulentamente su renovación, incumpliendo la Constitución que dicen defender) y a los diez vocales del CGPJ que elige la Cámara. Es decir, controlar el tribunal que decide qué leyes caben en la Constitución y el órgano que gobierna a los jueces, para poder seguir utilizando la administración de justicia como un instrumento más de su estrategia política.

Solo la concentración del voto progresista puede impedir que eso ocurra, y a esa necesidad imperiosa responde la coalición Senado de Progreso, la candidatura unitaria que el PSOE, Izquierda Unida, Movimiento Sumar, Más Madrid, Compromís, Chunta Aragonesista, Batzarre y otras fuerzas presentarán en 47 circunscripciones. Lo hacen como fruto de un acuerdo que nació del empeño de miles de personas de toda España que, desde la sociedad civil, lo reclamamos durante meses como expresión de nuestro compromiso cívico por la defensa a ultranza de la libertad, la democracia y el respeto a las instituciones y a quienes no piensan como nosotras y nosotros.

Votar a Senado de Progreso no es entregar el voto a un programa político desarrollado ni a un ideario que se comparte necesariamente en su totalidad, como ocurre cuando se vota a un partido. Es hacerlo a una coalición que tiene un mínimo común -la defensa de la democracia y de instituciones plurales-, y es solo a ese mínimo común a lo que se vota. Quien deposite la papeleta de Senado de Progreso no renuncia a su identidad ni a sus diferencias. Todo lo contrario, lo que hace es tratar de ponerlas a salvo.

El trasfondo de todo esto lo explicó bien Max Weber. Este distinguió entre la ética de la convicción, la de quien actúa conforme a sus principios sin atender a lo que resulte de ellos, y la ética de la responsabilidad, la de quien sabe que debe responder de las consecuencias previsibles de sus actos. No se trata de elegir entre una y otra, pero sí es imprescindible saber cuándo la segunda ha de primar sobre la primera. Y, a mi juicio, este es uno de esos momentos.

A mi juicio, hay que votar siendo conscientes de ello para impedir que se consolide una mayoría de las fuerzas que tratan como enemigos a quienes no comparten su idea de España. Y eso significa que cada persona progresista debería preguntarse qué consecuencias tiene su voto, según la circunscripción en la que vote, para el futuro de la democracia en España y qué efectos puede producir depositarlo sabiendo que no se va a traducir en escaños.

Se me podrá decir que esto supone apoyar una coalición en la que hay partidos con los que no se comparte ideología ni proyecto, o a los que incluso se critica, quizá con razón, por lo que han hecho o dejado de hacer. Lo entiendo, y no pido a nadie que olvide sus críticas. Me limito a pedir que no nos fijemos en este momento en las rayas finas que separan las distintas corrientes de las izquierdas y del progreso, sino en la línea gruesa que se está trazando cada vez con más claridad entre quienes quieren defender la libertad y la democracia y quienes ya están empezando a acabar con ellas.

No es una suposición. Donde PP y Vox gobiernan juntos, como en Castilla y León, ya hay censura en las ayudas al cine y una obra sobre Lorca suspendida. Y en la Comunidad Valenciana y Andalucía ya se ha impuesto una “prioridad nacional” que en realidad solo sirve para enfrentar a los pobres entre sí mientras se entrega el dinero público a la iniciativa privada.

Votar el próximo 29 de noviembre siendo conscientes de la utilidad real de nuestro voto no es, como a veces se dice, un simple gesto de generosidad o de confianza, aunque puede que también lo sea. Es, sobre todo, una expresión de inteligencia política por una sencilla razón. Querer aprovechar las elecciones para reforzar nuestra sigla preferida es legítimo, desde luego; pero si, por dispersar el voto, dejamos que gane la ultraderecha el 29N, quizá muy pronto ya no podamos seguir haciéndolo en libertad.