BEATRIZ TALEGÓN
La huelga es un derecho, y se hace fundamentalmente para denunciar,
utilizando la molestia que genera para presionar. Hay huelgas que molestan
porque rompen la rutina y otras porque obligan a mirar algo que normalmente se
ignora. La de las trabajadoras del primer ciclo de Educación Infantil (0
a 3 años) es de las segundas.
El 7 de mayo hubo movilizaciones en toda España convocadas por sindicatos
como CCOO y UGT. El lema era contundente: “Somos escuelas, no guarderías”.
En la Región de Murcia, como en otras comunidades, las reivindicaciones se
repiten desde hace tiempo: ratios altas, condiciones laborales precarias, falta
de estabilidad y poco reconocimiento profesional. CCOO, por ejemplo, lleva
meses denunciando esta situación en el sector de 0 a 3 años.
El Real Decreto 95/2022 deja claro que la Educación Infantil es una etapa
educativa completa, de 0 a 6 años. No es un servicio asistencial, es
educación. Otra cosa es cómo se trate en la práctica.
La Comunidad Autónoma de Murcia ha anunciado para el curso 2025-2026 unas
9.000 plazas gratuitas en el tramo de 0 a 3 años, según datos oficiales. El
curso anterior ya se superaba las 8.700. Es una ampliación relevante y, en
principio, positiva. Facilita la conciliación y amplía el acceso. Pero el
problema no es solo cuántas plazas hay, sino cómo se sostienen.
Los sindicatos vienen advirtiendo de que parte de ese crecimiento se apoya
en fórmulas temporales, como contratos-programa o financiación ligada a
planes concretos. Es una denuncia sindical (hay dejarlo claro), pero apunta
a una cuestión de fondo, que viene a ser la misma constantemente en todos los
servicios públicos: ¿se están cubriendo necesidades permanentes con
soluciones provisionales?
Y es que una plaza gratuita no garantiza, por sí sola, un buen servicio.
España, según los últimos datos de la Comisión Europea, tiene
una tasa de escolarización en 0-3 en torno al 55%, bastante por
encima de la media europea, que ronda el 37%. En el tramo
de 3 a 6 años, la escolarización es prácticamente total, por encima del
97%.
La propia UE insiste en que no basta con llegar a más niños; lo
que importa es cómo se les atiende. Eurydice lo
repite desde hace años: esta etapa es clave para el desarrollo y para reducir
desigualdades, y es un elemento que depende directamente de las
condiciones en las que trabajan los profesionales.
Lo que está pasando en la franja educativa de 0 a 3 años no es un caso
aislado. Se parece bastante a lo que vemos en otros servicios públicos: sistemas
que funcionan gracias al esfuerzo de quienes están dentro, mientras ese
esfuerzo tapa carencias estructurales. Me decía el otro día mi buen amigo, el
Doctor Alarcos, que, en su caso, los médicos están “pagando con vocación”, y
que cuando la salud y las vidas de los pacientes están en sus manos, no es la
manera de resolver el gran problema que tenemos todos en la Sanidad Pública. En
la educación ocurre lo mismo.
Después llegan las huelgas y el foco se pone en las molestias que generan.
Es lógico, pero el problema no empieza ahí. El problema empieza cuando
una educadora tiene más niños de los que debería. Cuando la
estabilidad depende de programas temporales. Cuando se asume que
todo va a salir adelante porque quienes están al frente van a tirar como puedan.
Las trabajadoras del sistema educativo de 0 a 3 años no están creando un
problema. Están señalándolo. Ellas lo sufren, y también lo hacen los más
pequeños, que, en definitiva, son sagrados.
Lo que están señalando las trabajadoras de infantil importa. Porque en esa
etapa se construye mucho más de lo que parece: lenguaje, hábitos, desarrollo
emocional, igualdad de oportunidades. Que nuestros hijos, los más pequeños
estén en un entorno de afecto tiene mucho que ver con el bienestar de quienes
les educan. Y si las trabajadoras están en situaciones lamentables, obviamente,
la paciencia se resiente. Hay que ser muy profesional para prestar el servicio
de excelencia que los padres exigimos a lo público.
Por eso el debate no debería quedarse en el número de plazas. La cuestión
es otra: en qué condiciones, con qué recursos y con qué modelo se quiere
trabajar de verdad. Cuando estas escuelas funcionan, pasan desapercibidas, como
sucede siempre que algo es excelente (que se da por normal). Cuando se paran,
se nota enseguida. Porque son esenciales para todos.
Por algo será.
No guardan niños. Sostienen el país.