Vaya por delante en este artículo una obviedad de primero de Le Carré:
cuando quieras dedicarte al espionaje, a la infiltración, evita dejar huellas
de varios años atrás como mensajes en el móvil o libretitas con esquemas
escritos a mano. Evita también dejar rastro sobre quién te envía, para quién
trabajas, quiénes son tus poderosos contactos (reales o inventados), dónde has
estado o por dónde andarás para ejecutar tus objetivos. Haz todo esto y más -puedes incluso intentar entrar en el CNI, en la CIA y hasta en el
Mossad- o dedícate mejor a la cría de gamusinos, porque si la razón
te asiste en tu lucha titánica contra un Estado profundo (el Mal) que quiere
tumbar a un Gobierno progresista (el Bien), tienes un problema; pero si vas
dando tumbos aquí y allá sin más resultado que unos aspavientos
desproporcionados sobre tu misión, tienes todos los problemas. Y tus contactos, también.
Todo
está patas arriba en la llamada trama Leire o caso
Leire o causa Leire o cloaquilla de
Ferraz o gestapillo del PSOE, porque he
oído de todo y casi todo, aunque nada original si tenemos en cuenta que esta
nomenclatura ya estuvo asociada a asuntos de espionaje interno en el PP, sobre
todo, de Madrid, desde Aguirre hasta Ayuso pasando por Gallardón o Almeida y con Carromero incluido.
El ventilador político, judicial, policial y mediático, eso sí, está a todo
meter, algo que se agradecería teniendo en cuenta las altas temperaturas si no
fuera por la mugre que lleva asociada y que lo enmierda todo, sea cual
sea el resultado de este thriller de serie Z. Les admito que está siendo
realmente complicado distinguir un indicio de delito de una deducción o conclusión de la UCO, que es una
atribución creciente de la policía judicial que nos tiene fascinadas, al menos
al periodismo que no tiene más objetivo que dar información rigurosa, honesta y
comprensible a la opinión pública. Ya saben, no es lo mismo titular
"Zapatero lideró una organización criminal" que "La UCO cree que
Zapatero lideró una organización criminal de cuyo papel principal no dejó
rastro". Por ejemplo.
En
este país, la presunción de inocencia ha saltado por los aires, eso es un
hecho, gravísimo en una democracia, pero al que nadie parece dar importancia.
Parafraseando libérrimamente a un tal Montoro -al que
la UCO no hace ni puñetero caso, por cierto-, estamos en el "Que caiga el
Estado de Derecho que ya lo levantamos nosotros", ahora en versión mucho
más grosera de la mano del PP de Feijóo, que no se molesta ni en disimular su
ansiedad sudorosa. El objetivo es demostrar que el presidente del
Gobierno es un corrupto, que lideraba una Gürtel en el PSOE
(financiación ilegal) y una Kitchen en La Moncloa (fabricación
de pruebas contra jueces, juezas, fiscales o fuerzas y cuerpos de Seguridad
para dinamitar las causas de corrupción contra los socialistas y la familia de
Sánchez); una Gürtel y una Kitchen que, por
supuesto, son muchísimo más graves que aquellas por las que condenaron al PP,
por un lado, y lo juzgan en estos momentos, por otro. Dónde van a parar.
Luego
te lees los sumarios y/o los informes de la UCO y la UDEF sobre las causas
abiertas sobre las que se achicharra el PSOE y, aún sin quitarles un gramo de
gravedad, te da la risa, con perdón, sobre la comparación que trata de
apuntalar el Partido Popular con sus propias condenas por financiación ilegal y
procesos judiciales por las cloacas parapoliciales de Interior bajo el mano de
Fernández Díaz. Algo que los de Feijóo hacen la mayoría de las veces
en base a las deducciones de la policía judicial y/o los titulares de algunos
medios, y ni siquiera nos referimos ya a las terminales digitales de la
ultraderecha.
Desconozco
qué planes tiene el juez Pedraz -un decir, porque confío en que él tampoco los
sepa- para el final de la incipiente causa Leire o como quieran
llamarla pero con culpabilidad o sin ella, lo que está claro es que no se
recuerda una chapuza más torpe para recopilar información (no sería delito) o
tratar de condicionar ilegalmente investigaciones y procesos judiciales (sería
delito). Todo está embarrado y hasta pervertido en las acciones
judiciales contra el PSOE, David Sánchez o Begoña Gómez, empezando por el
guirigay fascista de acusaciones y terminando por los informes de una policía
judicial que ha resultado ser el sumun de la lógica aristotélica. Que León XIV
nos coja confesadas, ya que lo tenemos por aquí.