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sábado, 11 de abril de 2026

11/04/2026 - ORGULLOSOS DE SER ESPAÑOLES

Comentario: Cada día que pasa estoy más convencido de que Pedro Sánchez es el mejor Presidente del Gobierno que ha tenido España en toda la Democracia, aunque lo de Democracia no esté demasiado claro.

La actitud del gobierno genocida de Israel contra España demuestra que el país se ha colocado en el lado correcto de la historia

José Antonio Gómez

La reciente escalada diplomática entre Israel y España no es un episodio aislado ni una simple fricción entre gobiernos. Es, en realidad, el reflejo de una fractura más profunda que atraviesa el sistema internacional contemporáneo: la tensión entre el respeto al derecho internacional y la impunidad de quienes lo vulneran de forma sistemática. En ese contexto, las acusaciones del primer ministro Benjamín Netanyahu contra el Gobierno de Pedro Sánchez deben leerse no como una advertencia diplomática legítima, sino como un intento de intimidación frente a una posición que, por primera vez en mucho tiempo, sitúa a España del lado correcto de la historia.

La expulsión de representantes españoles del Centro de Coordinación Civil y Militar y las amenazas veladas de que España “pagará un precio” no hacen sino confirmar una deriva preocupante del Ejecutivo genocida israelí. No estamos ante un simple desacuerdo político, sino ante la reacción de un gobierno que actúa con lógica de excepción permanente, que desacredita cualquier crítica y que pretende convertir el silencio internacional en condición de normalidad.

El núcleo del conflicto es evidente: la denuncia por parte de España de las violaciones del derecho internacional humanitario en Gaza y en Líbano. Frente a ello, la respuesta israelí ha sido elevar el tono, acusar de “guerra diplomática” y tratar de deslegitimar a quien cuestiona sus acciones. Sin embargo, cuando la crítica a un Estado se basa en hechos documentados y en principios jurídicos universales, no puede ser reducida a una maniobra hostil.

Pedro Sánchez ha instado a la Unión Europea a suspender el acuerdo de asociación con Israel por lo que ha calificado como violaciones “flagrantes” del derecho internacional. Esta posición, lejos de ser radical, se inscribe en el marco de las obligaciones internacionales de los Estados y en la defensa de un orden basado en normas. En este sentido, la reacción de figuras como Gideon Saar o Amichai Chikli, con descalificaciones personales y acusaciones desmedidas, evidencia una estrategia de confrontación que busca desplazar el debate del terreno jurídico al emocional.

Pero lo que está en juego trasciende el intercambio de declaraciones. La política del actual gobierno israelí ha sido calificada por numerosos observadores internacionales como una deriva hacia prácticas que pueden encajar en la categoría de crímenes de lesa humanidad, y cada vez más voces la señalan abiertamente como una acción de carácter genocida. En ese marco, el intento de presentar cualquier crítica como antisemitismo o alineamiento con el terrorismo constituye una distorsión peligrosa del debate público.

España, en este escenario, ha optado por una posición que no es cómoda ni exenta de costes diplomáticos. La reapertura de su embajada en Irán, el respaldo a soluciones negociadas y la insistencia en el respeto al derecho internacional configuran una política exterior que se aparta de la lógica de bloques y apuesta por la coherencia normativa. Esa coherencia es precisamente lo que provoca la reacción airada de un gobierno que no tolera límites a su actuación.

El significado de este episodio es claro: frente a la intimidación y la presión, la defensa de los principios democráticos y del derecho internacional no solo es necesaria, sino motivo de orgullo colectivo. En un momento en que muchas democracias optan por la ambigüedad o el silencio, la posición española adquiere un valor simbólico que va más allá de la coyuntura.

La reacción del gobierno de Israel, lejos de debilitar esa posición, la refuerza. Porque cuando la crítica se responde con amenazas y descalificaciones, queda en evidencia quién defiende el derecho y quién pretende situarse por encima de él. En esa línea divisoria, España ha decidido no ser neutral. Y esa decisión, en sí misma, es motivo de orgullo.

 

viernes, 10 de abril de 2026

10/04/2026 - RUFIÁN Y MONTERO ENGRASAN LA ÚLTIMA BALA DE LA IZQUIERDA

El acto de Barcelona es un nuevo paso para acercar posiciones y avanzar en la confluencia de cara a frenar a la extrema derecha

José Antequera

Bajo el título Què s’ha de fer? (¿Qué se debe hacer?), Gabriel Rufián e Irene Montero participaron en una charla en Barcelona sobre el futuro del Frente Amplio de izquierdas propuesto por el portavoz parlamentario de Esquerra Republicana de Cataluña. El exdiputado de los Comunes Xavier Domènech moderó el acto con un aforo lleno.

Para empezar, Gabriel Rufián se mostró orgulloso de pertenecer a ERC. “Soy independentista, quiero que Junqueras sea presidente y que Cataluña sea independiente. Pero eso no es incompatible con este momento histórico”. Acto seguido, el portavoz republicano llamaba a la izquierda a movilizarse para evitar que la extrema derecha “nos arrase”. “¿Por qué ERC no puede inspirar como en otros momentos a la izquierda española?” Al mismo tiempo, animó a entrar en el marco retórico, en las mismas reglas con las que juega la extrema derecha para, sin renunciar a ser de izquierdas, poder competir en igualdad de condiciones con los ultras. En eso consiste la aportación esencial del dirigente de Esquerra a la política actual. En hacer política “sin tanto léxico, sin tanta frase de taza motivadora. El eslogan la España que madruga [inventada por Vox] es de puta madre. Una familia, una casa, también”. Y todo ello bajo una declaración de principios: “Yo no aspiro a gobernar España, quiero que se gobierne bien España”, dijo. Por último, alertó de que solo nos queda “una bala”, tal como le dijo a Irene Montero en un momento del diálogo. Más allá de eso, insistió en la idea de que no tiene sentido que haya solo dos derechas aspirantes a Moncloa y catorce izquierdas. “Hay que confluir electoralmente”, recalcó. Si la izquierda llega a descalabrarse, como auguran los sondeos, él está dispuesto a irse a su casa. 

Hecho el diagnóstico sobre el enfermo, cabe plantearse el cómo, es decir, la medicina para lograr la recuperación de la izquierda en un país con más partidos progresistas que personas. “Cuanto más entremos en el cómo, más fácil se lo ponemos a los aparatos de los partidos. Debe haber confluencia, ciencia, programa”. Rufián propone una serie de recetas, la primera de ellas “no faltar al votante de Vox y de Aliança. No todos son fachas. Es simplemente gente que cree que el culpable de su precariedad es la izquierda”. En segundo lugar, el problema no serían los fascistas, sino “los neutrales”. No hay tantos fascistas, hay más neutrales que totalitarios, según la radiografía del dirigente de Esquerra. En tercer término, sería preciso “hablar de convivencia, de derechos, de deberes”. Luego está la comunicación, el mensaje eficaz. “Hoy el poder no es mediático o político, es digital. Hay que competir de tú a tú ahí. Los jóvenes no saben quién presenta Informe semanal, pero sí saben quién es Vito Quiles”. Y, sobre todo, “ganar derechos, llenarle la nevera a la gente, que la gente tenga tiempo para pensar. No le pidas que cuando llegan a las nueve de la noche de trabajar se pongan a leer los Cuadernos de la cárcel de Gramsci; se van a poner a ver las hormigas [el programa de Pablo Motos de Antena 3 de tinte conservador], que les dicen que no hay que pagar impuestos”. El SOS está lanzado. Si la extrema derecha llega al poder ilegalizará partidos nacionalistas, habrá recortes brutales, el Estado de bienestar sufrirá un retroceso en derechos de varias décadas.

Frente al pragmatismo urgente de Rufián intervino el idealismo necesario de Irene Montero. Reafirmación de las “políticas feministas” y mensaje de ni un paso atrás: “Ningún ciudadano es ilegal”. “Uno de los retos pasa por poner en el centro nuestro proyecto de una sociedad mejor y estar orgullosas de ellos. Hay que recuperar la brújula de los principios”, añadió. En los últimos días los morados se han mostrado proclives a estudiar la oferta de Frente Amplio de Rufián. El portavoz de ERC siempre le ha mostrado la mano tendida al movimiento que nació con los indignados: “Quien crea que esta gente sobra se equivoca. Son imprescindibles”, aseguró. Tras esta invitación, Podemos consultó a sus bases y la decisión fue sí a explorar fórmulas de unidad de cara a las elecciones andaluzas a la vuelta de la esquina. Montero y Pablo Iglesias parecen convencidos, pero quedaba la secretaria general, Ione Belarra, que aún no lo tiene tan claro. “Si todo el planteamiento es de cálculo en la ley electoral, de matemática parlamentaria, de candidatura con más opciones electorales, entonces está clara cuál va a ser la conclusión al final. Que hay que apoyar al PSOE y votar al PSOE porque es la candidatura más grande”, aseguró en su intervención en el Consejo Ciudadano, el máximo órgano del partido. Eso fue hace algunas semanas. Poco a poco, Belarra también ha ido entrando en razón. “Algo hay que hacer, pero hay que hacerlo bien”, sentencia Irene Montero. Por algo se empieza.

Si esta confluencia funciona es, quizá, porque refunde teoría y práctica. Unas veces la izquierda se quedó en la utopía. Error. Otras, fue demasiado utilitarista, olvidando las ideas. Otro craso error. Este es un experimento sintético interesante. La última bala, como dice Rufián. Crucemos los dedos.

 

10/04/2026 - FALTABA FEIJÓO DISFRAZADO DE PACIFISTA

El líder del PP pide a los españoles que paren la guerra tras semanas de apoyo a la misión militar genocida de Donald Trump

José Antequera

Feijóo pretende ponerse el traje de pacifista y ahora nos sale con esa solemne estupidez de que esta guerra tenemos que “pararla entre todos” porque, de lo contrario, las ayudas del Gobierno contra la crisis energética que se avecina no darán para mucho. El estadista gallego es una lumbrera de nuestro tiempo. ¿Parar la guerra? ¿Nosotros? ¿Quiénes? ¿Cuándo? ¿Cómo? Y este era el que se quejaba de que Pedro Sánchez era un utópico, el nuevo Bambi como en su día lo fue Zapatero, el ingenuo del “no a la guerra”. A este Alberto no hay por dónde cogerlo, ni en lo político ni en lo personal.

El dirigente conservador ha ido dando bandazos desde que Donald Trump decidió bombardear Irán desatando un desastre humanitario en Oriente Medio y el caos económico mundial. Primero se rasgó las vestiduras cuando el Gobierno español no se sumó a la barbarie del dirigente de MAGA; después criticó amargamente que nuestro país haya cerrado el espacio aéreo de Morón y Rota a los cazas y bombarderos norteamericanos; y finalmente llegó a aceptar que los españoles debemos estar con EEUU sí o sí, es decir en el lado malo de la historia junto a los señores de la guerra y los oligarcas que matan a miles de inocentes para hacer negocio con el petróleo y el gas. De alguna manera suicida que solo él entendió, Feijóo se alineó con Abascal y la extrema derecha en el vasallaje belicista, progenocida y nazi. Un chupador y lamedor de la bota del Tío Sam. Todo ello mientras consentía que primeros espadas de su partido como Ayuso soltaran barbaridades como que Sánchez es un terrorista de Hamás amigo de los ayatolás. Al mismo tiempo que el PP hacía sonar los tambores de guerra yanquis, los líderes de la derecha europea se movían hacia una clara neutralidad. Macron respaldaba la posición antibeligerante de EspañaMeloni tres cuartos de lo mismo; y hasta el canciller Merz rectificaba y pasaba de ser el criado rastrero y servil de Trump a replantearse la posición de Alemania, que en un principio fue abiertamente intervencionista y prosionista.

Ahora, cuando por fin cae en la cuenta de que lo del Señor Naranja es un delirio sin precedentes en la historia contemporánea (escalofriante ese momento en el que, a punto de cumplirse el plazo del ultimátum a la humanidad salió al balcón de la Casa Blanca al lado de un muñeco gigantesco en forma de conejo), Feijóo ha optado por graduar su postura política ante el sindiós de Oriente Medio. Lo que en política se conoce, muy eufemísticamente, como “modular el mensaje”, que en realidad no es más que una bajada de pantalones en toda regla.

Muy bien, bienvenido al bando de la gente que no quiere la guerra, señor Feijóo. Pero, más allá de esa demagogia en la que es experto el mandatario conservador, lo que habría que preguntarle a Alberto Núñez Feijóo es: ¿está de acuerdo con que Netanyahu se anexione Líbano a bombazo limpio? ¿Es partidario de que Trump borre a toda una civilización como la persa del mapa? ¿Avala el genocidio de Gaza? (esto todavía no lo sabemos y eso que la masacre va ya por más 70.000 muertos). Hay muchas preguntas por responder y el líder del Partido Popular sigue quedándose en el eslogan de cada minuto que pueda darle algún voto más. Ya hemos dicho aquí otras veces que el gallego practica una suerte de política esencialmente electoralista/oportunista y dice y hace lo que convenga según las encuestas. Feijóo es eso que se conoce como un ambiguo, un poliédrico, un chaquetero, voluble o chiribaila. Tiene un discurso para cada momento. En esas coordenadas feijoístas, los ideales ya no importan. La coherencia tampoco. Y en cuanto a la integridad y la honestidad, no sabe no contesta. Hoy es de centro derecha, mañana de centro centro, al día siguiente de extremo centro. Solo le mueve la retórica. Feijóo es capaz de ponerse una cresta de colores, en plan punki o ácrata de la escuela Milei, motosierra en mano para arrasar con todo, y al día siguiente declararse fiel defensor del Estado de bienestar. Feijóo puede ser carnívoro y vegano al mismo tiempo; machista y feminista; católico y agnóstico. Según. Ayer tocaba pacifista. “Paremos la guerra”, dijo el personaje con toda desfachatez después de haber colocado al PP en el bando imperialista y neonazi.

Aquí lo que ocurre de verdad, amigo Alberto, es que Trump está perdiendo en su ofensiva militar, que los iraníes se ríen en las barbas del magnate neoyorquino y que el mundo que sale de todo este destrozo sin sentido va a ser bastante peor, más tétrico y más inseguro que el que teníamos hace un año. De entrada, los ayatolás ya se pasean por el Estrecho de Ormuz como Pedro por su casa, abriendo y cerrando a voluntad el grifo del petróleo. Se comprende que se hace difícil seguir apoyando a un tronado como Trump. Detrás del “paremos la guerra” de Feijóo no hay nada más que el miedo al ver el abismo abriéndose ante los pies. Solo un eslogan vacío de contenido. Una mentira más, como cuando el 11M. De eso el PP sabe mucho.

 

miércoles, 8 de abril de 2026

08/04/2026 - ESTADÍSTICAS MORTALES: EXTREMADURA, CAMPEONA EN LO SUYO

 

Comentario: He oído por ahí que, en Extremadura, cada vez que se arregla una carretera, alguien se compra una finca. Evidentemente, los arreglos duran “lo que el tren en el Quintillo”

V. HURTADO

Según las últimas estadísticas de accidentes en carreteras, Extremadura —¡albricias! — se encuentra entre las comunidades que suben el número de siniestros de tráfico de España. 

Qué sorpresa, ¿verdad? 

Es cosa lógica y normal si nos fijamos en lo que tenemos. Nuestras carreteras no es que parezcan del siglo pasado, es que son del siglo pasado, y nuestro parque móvil aguanta lo que puede, que ya es bastante. El resultado en las estadísticas no es una sorpresa, es una tragedia anunciada y cobrada puntualmente en vidas humanas. 

​Claro que es imposible ser el primero en desarrollo si eres el primero en siniestralidad por falta de inversión. Pero eso a los de arriba les da igual; ellos no conducen por aquí. Una cosa es lo que los políticos dicen (con su habitual verborrea de cartón piedra) y otra muy distinta lo que callan (que es la cruda realidad). 

​Es fascinante escuchar cómo en Madrid y determinadas comunidades "privilegiadas" se llenan la boca hablando de alta velocidad, e incluso algún "osado" (seguramente con exceso de moqueta en el despacho) ya ha mencionado el "Tren Bala". 

​Mientras tanto, en Extremadura, el tema de conversación es ese gran agujero negro que son nuestras comunicaciones por carretera. Un agujero donde los extremeños de a pie se la juegan todos los días. Y ojo, no lo hacen por diversión ni por irse de vacaciones... ¿Quién pudiera?, sino por pura obligación para poder ir a trabajar y malvivir con esos sueldos de pena que son la marca de la casa en esta tierra olvidada. 

Coches viejos y carreteras de chichinabo es lo que nos sale cuando hablamos del envejecimiento del parque móvil. Extremadura suele aparecer en los informes de la DGT con una de las medias de edad de vehículos más altas de España. Y no, señores de la DGT, no es por gusto nostálgico. Es porque la economía no da para más. Circular con coches antiguos por carreteras malas es una combinación letal, una ruleta rusa donde la banca (o sea, la administración) siempre gana. 

​Y si miramos la siniestralidad por habitante, en términos relativos, Extremadura siempre golpea fuerte en las estadísticas de accidentes graves en relación con su densidad de tráfico. Precisamente por el estado de las vías. 

​Tenemos carreteras que, por no brillar, no brillan ni los coches de la Guardia Civil, que sospecho intentan evitarlas por salud mental y mecánica. Aquí no verás un control en curvas por medio de cámaras; será que, como no hay tráfico, no recaudan lo suficiente para que les salga a cuenta. Y para no terminar, parece que las líneas de las carreteras (seguramente pintadas con pintura de los chinos, de esa que se borra con el primer escupitajo de nube) hace años que dejaron de verse. 

​Son carreteras del siglo pasado, más bien parecidas a caminos de cabra. Además, con las últimas aguas caídas, unas se han abierto como si fueran grietas del fin del mundo y otras se han llenado de pequeños baches donde cabe un coche entero... y la grúa hará esfuerzos titánicos para sacarlo. 

​Es sencillamente imposible hablar de lo que vamos a "progresar" (esa palabra vacía que tanto les gusta usar en campaña) mientras nuestros medios de transporte sean más antiguos que el tren "Matagallinas" extremeño.

​Pero, pensándolo bien, la culpa es nuestra. Sí, nuestra. Por no haber copiado ya la manera de "trabajar" de nuestros gobernantes. Si todos nos dedicáramos a su "ritmo de trabajo" (o sea, a no hacer absolutamente nada productivo), seguro que hasta se paraba la siniestralidad de las carreteras por pura inactividad general. 

​¡Ya está bien de ser invisibles!

 

08/04/2026 - AYUSO CREA UN RELATO DE ÉXITO ECONÓMICO BASADO EN LA MANIPULACIÓN DE LAS CIFRAS

 

Comentario: A esta Sra. (totalmente “ida”) le pasa como a algunos futbolistas, que se apuntan un gol cuando un defensa desvía la pelota sin intención y confunde al portero. Algo muy propio de gente como ese tal Vinicius y otros muchos.

Al no filtrar el efecto sede, el discurso de Ayuso ignora deliberadamente que el dinero llega a Madrid por inercia burocrática, pero no siempre se queda en Madrid para transformar el territorio

José Antonio Gómez

La manipulación de los datos que envuelve la narrativa económica de la Comunidad de Madrid representa uno de los ejercicios de comunicación política más eficaces de la historia democrática reciente. La construcción de este relato se ha cimentado sobre la premisa de un dinamismo excepcional, personificado en la figura de Isabel Díaz Ayuso, quien utiliza las intervenciones parlamentarias y las giras internacionales para blindar su gestión mediante la exhibición de cifras macroeconómicas. En este escenario, la región se presenta como un imán irresistible para el capital global, un oasis de libertad y baja presión fiscal que, supuestamente, ha logrado despegarse del resto del país. Sin embargo, cuando se aplica un análisis riguroso a la procedencia y el destino real de esos fondos, se descubre que el milagro madrileño se apoya, de manera fundamental, en una fantasía estadística alimentada por el denominado efecto sede.

El uso recurrente del Registro de Inversiones Extranjeras del Ministerio de Economía es la piedra angular de esta estrategia. Gracias a esta fuente, según señala un reportaje del diario El País, la Puerta del Sol puede afirmar que Madrid acapara más del sesenta por ciento de la inversión estadounidense en España. Estas cifras, aunque técnicamente veraces en el registro administrativo, distorsionan la realidad económica profunda del país. El problema radica en la metodología de anotación, que adjudica la inversión allí donde la empresa tiene su domicilio social, con independencia de dónde se ejecute el gasto real, dónde se levanten las infraestructuras o dónde se genere el empleo de mayor valor añadido. Es el fenómeno de la capitalidad administrativa transformado en mérito político: Madrid se anota el éxito de operaciones que, en la práctica, benefician a otras geografías, actuando como una gran oficina de recepción para inversiones que tienen como destino final el tejido industrial de otras comunidades autónomas.

Existen casos paradigmáticos que ilustran este desajuste entre la anotación contable y la actividad económica real. Uno de los más llamativos fue la compra de Dorna Sports por parte del gigante estadounidense Libertó Media. Aunque la transacción figuró íntegramente como capital madrileño en las estadísticas oficiales, la operativa y la estructura de la empresa propietaria de Moto GP se reparte históricamente entre Barcelona y Roma. En este caso, Madrid funcionó únicamente como el contenedor jurídico y fiscal de una transacción milmillonaria que no alteró el paisaje laboral de la capital. Algo similar ocurre con las inversiones masivas de fondos extranjeros en filiales energéticas o industriales. Cuando un fondo internacional inyecta capital en una multinacional con sede en la Castellana para modernizar plantas de producción en Galicia o el País Vasco, la estadística ministerial computa cada euro en el haber de la Comunidad de Madrid, inflando artificialmente el rendimiento de la gestión regional y ocultando la vitalidad productiva de la periferia.

Esta manipulación de la percepción económica oculta una realidad incómoda sobre la estructura del Producto Interior Bruto nacional. Mientras que el peso de Madrid en la economía productiva real ronda el veinte por ciento, su cuota en la captación de inversión extranjera se dispara hasta niveles que duplican o triplican esa cifra. Esta brecha sugiere que la región actúa más como un hub financiero, legal y de servicios de consultoría que como un motor de desarrollo industrial propio con capacidad de tracción directa. Al no filtrar el efecto sede, el discurso oficial ignora deliberadamente que el dinero llega a Madrid por inercia burocrática, pero no siempre se queda en Madrid para transformar el territorio.

Si se desciende al análisis de la calidad de la inversión, el relato de la presidenta sufre grietas adicionales. En términos macroeconómicos, las inversiones más valiosas para la estabilidad de un país son las denominadas de nueva planta o mejora de instalaciones existentes, ya que son las que garantizan la creación de puestos de trabajo y la transferencia de tecnología. Sin embargo, gran parte del volumen que celebra el ejecutivo madrileño corresponde a adquisiciones de empresas ya establecidas. Estos movimientos de capital a menudo responden a procesos de consolidación de mercado o reestructuraciones financieras que no siempre suponen un beneficio para el trabajador local y que, en ocasiones, conllevan ajustes de plantilla tras la toma de control por parte de fondos de inversión.

En este sentido, el liderazgo de Madrid es disputado por otras regiones cuando se eliminan los artificios contables. Territorios como Aragón han demostrado una capacidad de atracción superior en sectores estratégicos como el de los centros de datos, logrando compromisos de inversión real que superan a los de la capital en proyectos de nueva creación. Pese a ello, la estrategia de comunicación de la Puerta del Sol insiste en adjudicarse éxitos que a menudo son fruto de colaboraciones institucionales complejas. El desembarco de gigantes tecnológicos como Microsoft o Google, que Ayuso presenta como victorias exclusivas de su modelo, ha requerido de negociaciones intensas con el Gobierno central en materia de energía y conectividad, así como de acuerdos específicos con ayuntamientos para la gestión del suelo. La simplificación de estos procesos en un mensaje de éxito unilateral sirve para alimentar la confrontación política, pero falta a la verdad sobre cómo se mueve el capital en el siglo veintiuno.

A pesar de estas sombras estadísticas, es innegable que Madrid ha perfeccionado su capacidad de posicionamiento de marca a nivel internacional. La agresividad de su política exterior y la labor de captación de sus oficinas comerciales han logrado situar a la ciudad en el radar de los grandes fondos de gestión de activos. La mejora en los rankings de competitividad global es una realidad tangible, pero la cuestión de fondo sigue siendo cuánto de ese éxito es una gestión directa de Ayuso y cuánto es la inercia de una capitalidad que absorbe las rentas y el talento del resto del Estado de forma radial. El modelo madrileño se beneficia de una infraestructura de país diseñada para converger en el centro, lo que facilita que los grandes directivos elijan la región para residir y domiciliar sus negocios, aprovechando además una política fiscal que el resto de comunidades consideran desleal.

La gestión de los datos de inversión extranjera por parte del ejecutivo madrileño funciona como un potente dispositivo de propaganda política que prioriza la imagen sobre la sustancia. Al ocultar que gran parte del capital es transitorio o está desvinculado de la geografía madrileña, se proyecta una imagen de autosuficiencia y éxito que silencia el debate necesario sobre la cohesión económica territorial. El flujo constante de dinero que pregona la narrativa oficial es, en gran medida, una corriente que simplemente pasa por una ventanilla administrativa en el centro de la península antes de regar fábricas y oficinas en el resto de España. Mientras se siga utilizando el domicilio social como único termómetro del éxito, el espejismo estadístico seguirá sirviendo como escudo para una gestión que confunde deliberadamente la centralidad geográfica con la excelencia productiva.

 

martes, 7 de abril de 2026

07/04/2026 - CASO KITCHEN, UNA PESADA LOSA PARA FEIJÓO

El inicio del juicio por el espionaje a Bárcenas supone un duro contratiempo para un PP que hoy no puede hablar de Ábalos y Koldo

José Antequera

El juicio por la trama de espionaje Kitchen se ha convertido en una nueva piedra en el tortuoso camino de Feijóo por llegar a la Moncloa. Pese a que han transcurrido nueve años desde que estalló el escándalo de la Policía Patriótica en el Ministerio del Interior de Mariano Rajoy, el asunto ha hecho saltar por los aires el guion del dirigente popular. El líder gallego pretendía hacer de esta una primavera caliente para el PSOE. Toda la logística de la caverna mediática estaba apostada en el Supremo para destrozar a Ábalos Koldo por el escándalo de las mascarillas, pero el guion se le ha estropeado al Partido Popular en el último momento. Por mucho que la operación Kitchen parezca una cosa del pasado, un caso amortizado, la imagen del exministro Jorge Fernández Díaz entrando en la Audiencia Nacional para responder de la sustracción al tesorero Bárcenas de informes comprometedores sobre el caso Gürtel hace daño, y mucho, a un partido que aspira a gobernar el país algún día.

Las cloacas del PP tienen detritus para varias décadas en la oficina judicial. Esa es la gran desgracia de ese partido. Y, sin embargo, los Tellado y Ester Muñoz, heraldos de la política basura de Feijóo, saldrán hoy ante los periodistas a soltar sus habituales coartadas manidas, como que la operación Kitchen es cosa del pasado, un tema de la prehistoria, algo que no le interesa a nadie porque ya perdió el interés de la opinión pública. No es así. Nos encontramos en un momento especialmente sensible, crítico, y cualquier factor puede decantar la balanza electoral hacia un lado o hacia otro. Mucho más un escandalazo sin depurar. Prueba de ello es que Génova no está haciendo sangre con el juicio en el Supremo por la trama socialista en el Ministerio de Transportes. Guardan silencio como tumbas porque hoy tienen mucho que callar.

Vuelven los fantasmas de antaño. Vuelven los espías disfrazados de curas, los micrófonos y “libretitas”, los audios de Villarejo. Feijóo lo niega todo y no hace propósito de enmienda ni petición de perdón a los españoles, piedra angular de toda regeneración política. Ya se sabe lo que dijo Santayana: quienes no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo, o sea que el negacionismo contumaz del PP de hoy es la Gürtel de mañana. Es cierto que el juicio nace cojo desde el principio, ya que en la ciudadanía cunde la sensación de que la Justicia ha dilatado el procedimiento para amortiguar todo lo posible el impacto del tsunami político. Casi una década para investigar la mayor trama de espionaje de la historia de la democracia se antoja una vergüenza difícil de digerir. Mayormente si tenemos en cuenta que el caso Ábalos ha ido mucho más deprisa y que al exfiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz (víctima de la encerrona ideada por Miguel Ángel Rodríguez y el novio de Ayuso) lo investigaron, lo sentaron en el banquillo, lo condenaron y se lo pulieron en tiempo récord. Comparar cómo se tramitan unos sumarios y otros, analizar la cronología que suele beneficiar al PP y perjudicar al PSOE, confirma que existe una cúpula judicial que juega, metódicamente, con el reloj político: el famoso “el que pueda hacer que haga”, que dijo Aznar.

La operación Kitchen va camino de cerrarse en falso, tal como se cerraron tantos otros casos de nuestra historia reciente. La farsa/pantomima está bien tramada. Es cierto que por la sala de vistas pasarán desde Rajoy a Cospedal, desde Sáenz de Santamaría a Javier Arenas, es decir, la explana mayor pepera. Más de cien testigos citados que no servirán para alterar ni una sola línea del guion que parece más que escrito de antemano. No hay margen para sobresaltos ni sorpresas, aunque todavía podría recaer una última infamia: que el tribunal admita la petición de las defensas para dar carpetazo al sumario por defectos de forma. Esa sería la guinda a un pastel maloliente que tiene mucho que ver con las cloacas, con el régimen totalitario parapolicial y con el terrorismo de Estado. Al igual que Felipe González logró irse de rositas tras la acusación de ser el “Señor X” de los GAL durante la primera etapa de los gobiernos socialistas, también los señores X del PP van a quedar impunes para degradación de nuestra maltrecha democracia. Pruebas de cargo que en cualquier Estado de derecho resultarían letales van a ser pasadas por alto y consideradas “endebles” a la hora de imputar a varios primeros espadas del Consejo de Ministros de Rajoy. Pruebas como esa grabación en la que la entonces todopoderosa ministra Cospedal le pregunta a Villarejo si cree que Bárcenas puede largar sobre la caja B del partido. “Oye, y la famosa libretita (del tesorero), ¿tú crees que la va a sacar? (...) La libretita sería mejor, sería mejor poderla parar, ¿eh?”. “Eso es, no, no... No te preocupes que yo voy a estar al loro en esto”, responde el siniestro comisario. Esa conversación es lo más parecido a pillar a un asesino con la pistola humeante y el cadáver a sus pies, pero por desgracia no será tenida en cuenta. El caso Watergate se basaba en pruebas mucho menos concluyentes que ese diálogo letal entre superiora y policía. Tú a un juez español le das la confesión de alguien del PP en toda regla, de viva voz y grabada para la posteridad, y te la desestima por anecdótica, inconsistente o frágil.

Feijóo no debería refugiarse en la autocomplacencia, en la falta de autocrítica o la en la técnica del avestruz (meter la cabeza debajo del ala cuando arrecia el chaparrón judicial). El Gobierno resiste, las cifras económicas son inmejorables y Vox no baja el pistón en su dura competencia por la hegemonía de la derecha. Abascal ya se permite calificar al partido conservador tradicional como “clan gallego con prácticas de contrabandistas de ría”. Demoledor. Los ultras se sienten fuertes y cómodos y siguen poniendo un precio alto a los gobiernos de ExtremaduraAragón y Castilla y León. El monumental caso de corrupción Kitchen arroja su pesada sombra, directamente, sobre el proyecto político de Feijóo sustentado en una falsa moderación y en una regeneración moral y democrática que nunca fue tal.

 

Comentario: La justicia española en lugar de empezar con la “J” debería empezar con la “P”. ¡Qué miseria de Judicatura!

 

lunes, 6 de abril de 2026

06/04/2026 - EL IRPH EMPIEZA A CAER POR LA CIRCULAR 8/90

El juzgado 101 bis de Madrid anula un IRPH por ocultar información esencial

José Antonio Gómez

La Sentencia 1160/2026 del Juzgado de Primera Instancia nº 101 BIS de Madrid, ha declarado nula por abusiva la cláusula IRPH aplicada en un préstamo hipotecario.  Considera el juez que la falta de información precontractual genera un desequilibrio importante en perjuicio del consumidor basado en los siguientes argumentos: El prestatario no pudo prever el coste real del préstamo, No pudo comparar la oferta con otras alternativas del mercado, la entidad mantuvo una posición de ventaja informativa y el contrato protegía únicamente las expectativas económicas del banco.

La Asociación de Hipotecados Activos, que lleva desde 2012 defendiendo a los consumidores, ha conseguido en este caso, además, la nulidad de la comisión de apertura, el cálculo 365/360 y los gastos a cargo del prestatario, entre otras cláusulas. Según el portavoz de la asociación, José María Rivas de Roda, es importante recalcar que esta sentencia se consigue en un juzgado especializado después de los pronunciamientos restrictivos del Tribunal Supremo.  Según Rivas de Roda, “El magistrado del 101 BIS aplica la doctrina más reciente del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), especialmente la sentencia de 12 de diciembre de 2024, que exige a las entidades financieras un estándar reforzado de transparencia cuando comercializan índices complejos como el IRPH”, y añade, “Y en este caso, la omisión de la Circular 5/94 es fundamental”.

Un Tribunal Supremo más preocupado por la banca que por los españoles

En las sentencias hasta ahora emitidas por el Tribunal Supremo se insinúa que la referencia a la Circular 8/90 es insuficiente para cumplir la transparencia necesaria del contrato, hasta el punto que se caería en un error de incorporación, como sucedió con la Sentencia 161/2026 (la única del Alto Tribunal que ha dado la razón a los consumidores). Al caer en el error de incorporación no cabe entrar en el tema del desequilibrio, ya que la cláusula IRPH no forma parte del contrato.

El problema del que se quejan los afectados españoles es que el Tribunal Supremo, que se está focalizando su esfuerzo en rechazar casaciones y disuadir a los consumidores de reclamar, por el contrario, no parece tener ninguna prisa en dos asuntos fundamentales: el primero es los referidos contratos que citan la Circular 8/90 en vez de la 5/94 y el segundo es la cláusula de cierre de algunas entidades (dejar el IRPH fijo cuando desaparece). Respecto al segundo aspecto, si bien el Tribunal Supremo ha dado por buena la aplicación de la Ley de Emprendedores en detrimento de la cláusula de cierre (STS 2072/2022, STS 327/2022 y STS 339/2022) se enmarcan todas ellas en la situación previa a las sentencias del TJUE de 2023 y 2024, por lo que dan por buena la contratación IRPH. Eso hace que sea problemático aportarlas a litigios sin una explicación detallada de las mismas.

Pero, por lo que se refiere a la cuestión primera, más importante, nos comentan los afectados que muchos bancos ofrecen arreglos negociados para evitar que el Tribunal Supremo se pronuncie y, mientras tanto, poder desahuciar a los afectados que no se hayan dado cuenta que su contratación IRPH podría ser nula.

 

domingo, 5 de abril de 2026

06/04/2026 LA VUELTA AL PASADO: 11 AÑOS DE SILENCIO Y LA MISMA MALETA

V. HURTADO 04/04/2026

Hoy, echando la vista atrás, me he reencontrado con mi escrito de hace 11 años; aquel por el que Extremadura7Días me concedió el segundo premio de los galardones Vauban. Al releerlo, me invade una sensación agridulce: el texto parece escrito esta misma mañana. Han pasado más de dos lustros y la situación, lejos de "progresar", se ha quedado congelada en un andamiaje oxidado.


​En 2015 dije que, si los extremeños queríamos avanzar, debíamos unirnos. Me equivoqué. Hoy, en pleno 2026, ni siquiera tenemos gobierno en la Comunidad porque una señora y un señor, muy bien arreglados ellos, son incapaces de ponerse de acuerdo sin recibir primero el "visto bueno" de sus amos en Madrid. Son capaces de arrastrarnos a nuevas elecciones antes que admitir su incompetencia e irse a sus casas a ver si vienen otros dos que, al menos, sepan para qué sirve un consenso.


​Si en 2015 hablaba de 35 años de régimen, hoy ya rozamos la "boda de oro" de los 50. Los únicos que hemos cambiado somos nosotros: más mayores, jubilados, pensionistas... y muchos que ese "bichito" que ya nadie nombra mandó a la tumba antes de tiempo. Ellos siguen esperando en la frialdad del cementerio con las manos abiertas a que lleguen los culpables que nunca dieron la cara.


​Mientras tanto, las "sagas familiares" en las instituciones ya no son noticia; son parte del paisaje, como las encinas, pero sin dar bellotas. Los "papis" han pasado el testigo a los hijos, asegurando que el sillón no salga del salón de casa.


​1. Sanidad: de la espera a la desesperación
 

​En aquel entonces nos quejábamos de las listas de espera. Hoy, la situación es crítica: faltan médicos en los pueblos y especialistas en los hospitales. Nuestros mayores tienen que hacer malabares para elegir entre llenar la nevera o pagar el copago. La "burocracia digital" se ha convertido en el muro perfecto para que el ciudadano no moleste a su médico de cabecera.


​2. El tren y las carreteras: El eterno "próximamente"


​Prometieron un tren digno para 2020, luego 2022... ahora ya nos dan cita para el 2034. A este paso, la alta velocidad la veremos desde el otro barrio. Tenemos una vía de "chichinabo" que deja a los extremeños tirados en mitad del campo por las chapuzas de años. Y mientras, el ministro del ramo —ese gran ejemplo de la "evolución humana"— ni sabe, ni oye, ni quiere oír. Eso sí, el sueldo lo cobra con una puntualidad británica.


​3. Paro y juventud: exportando talento a granel


​En 2015 decía que nuestros hijos abandonaban la tierra. Hoy la maleta sigue siendo el accesorio más usado. Exportamos licenciados para levantar Madrid o Alemania, mientras aquí nos quedamos con abuelos que, con pensiones de miseria, aún tienen que estirar el chicle para ayudar a hijos y nietos.


​4. Clase política: promesas de cartón piedra


​Mencionaba yo entonces a Vara (DEP) y sus promesas ante notario. Hoy el color del sillón habrá cambiado, pero la "sangre joven" que venía a salvarnos ha aprendido más rápido dónde están las dietas y las tarjetas que dónde están los baches de las carreteras secundarias.

 

En resumidas cuentas: Extremadura ya no tiene que levantar la voz... tiene que dar un golpe en la mesa. El silencio es complicidad con nuestra propia decadencia. Hace 11 años miraba hacia abajo y veía a Andalucía; hoy, al mirar hacia abajo, solo veo el vacío de ser los últimos de la fila en esta nación llamada España.


​Si no nos unimos como ciudadanos de a pie, dentro de otros 11 años (si es que aún estoy en esta tierra y no bajo de ella), estaré escribiendo la misma carta mientras veo pasar de largo el último tren. Ya está bien de ser invisibles.

 

05/04/2026 - 7.291 RESUCITADOS

MARTA NEBOT

Esta semana santa -o no tanto- se ha estrenado No, no iban a morir igual, el nuevo documental sobre los 7.291 ancianos que murieron abandonados en las residencias de ancianos de Madrid en 2020 por unos protocolos sanitarios vergonzosos -con o sin pandemia-. Escribo sobre él para que se lea el domingo de resurrección -con fe o sin ella-. Soy atea, como muchos de los que siguen peleando porque se les haga justicia. Lo hacen para que podamos descansar en paz. Esta columna ya está repleta de paradojas y recién empieza.

¿Quiénes eran los que no iban a morir igual, los que lo hicieron solos, sin atención médica ni paliativos, encerrados en sus habitaciones, ahogándose aferrados a los barrotes de sus camas y a la incomprensión por tal abismo de desamparo? 

Eran Elena, Alfonso, Chelo, Claudia, Alejina, Margarita, Julia, Miguel, Carmen, Milagros, Gorgonio, Guillermo, Petra, Benita, Paula, Concha... Seguro que votaban de todo, seguro que creían o no lo mismo.

Elena se volvió muy coqueta en sus últimos años; Alfonso, un atleta que se hacía cinco kilómetros de bici estática diarios con 104 años; Petra cantaba muy bonito y a todas horas; Chelo cuidaba del huerto y le encantaba jugar al julepe y con sus nietos. 

Habían vivido "vidas duras", "humildes", "hijos de la guerra, la posguerra, la dictadura". Sabían de hambre, de injusticia y de miseria. Pero eran "generosos", "profundamente buenos", "cuidadores"; se sabían en otra España, cuentan quienes les recuerdan en este docu.

Algunos habían empezado a hablar de los tiempos oscuros. La vejez les había quitado el miedo y la vergüenza. 

Y así hasta 7.291 historias distintas que terminaron en muerte indigna, en agonías atroces por una decisión política: la Comunidad de Madrid, con Isabel Díaz Ayuso como presidenta, no envió los médicos que tenía a donde hacían más falta. Los mandó al hospital "milagro" de Ifema -donde solo aceptaban enfermos leves- y a los hoteles medicalizados -donde lo mismo-, mientras en las residencias morían cientos a diario. En los hospitales privados había camas libres, como reconocieron sus directores en la comisión de investigación de la Asamblea de Madrid, que fue disuelta sin conclusiones por convocatoria electoral. Los residentes con seguros médicos privados sí fueron trasladados a centros hospitalarios. Solo condenaron a morir -y a hacerlo a pelo y solos- a los viejos en residencias que dependían de la seguridad social de todos.   

Javier Quintas, un director de cine y de series de televisión de primer nivel (El comisario, Física y química, Los protegidos, Los misterios de Laura, El príncipe, Mar de plástico, Casa de papel y un largo etc) y Aman Hamoudi De Andrés del Pozo, coordinador de las políticas de juventud del Ayuntamiento de Alcorcón, trabajador social y realizador de vídeos, que fue niño saharaui nacido en un campo de refugiados y se formó en España gracias a su familia de acogida, han hecho posible este nuevo trabajo documental que puede seguir creciendo, que puede contarnos más y más sobre ellos, como la exposición que ha acompañado con su estreno. 

El 18 de marzo pasado se cumplieron seis años del primer protocolo de la vergüenza que dio la orden de dejarles morir. Por esa efeméride los familiares y amigos que todavía luchan por su memoria y por algo de justicia organizaron una exposición con sus biografías, con sus fotos, con sus cosas en la Fundación Anselmo Lorenzo, en el barrio de Arganzuela. 

Allí se han expuesto sus objetos: una gorra de Alfonso, el costurero de la tía Chelo, un parchís, varios abanicos, las cintas de Juanito Valderrama, un trabajo de fin de grado que les ha dedicado una estudiante valenciana, los libros de Manuel Rico, de Alberto Reyero, de Sara Tajuel, el informe de la Comisión Ciudadana... Todo para mantenerlos vivos en el recuerdo, para recordarnos que no son solo un número, que fueron personas que murieron torturadas y que puede volver a pasar, porque el pasado que no se reconoce amenaza con repetirse.   

En este documental hablan también los trabajadores que los acompañaron en aquel morir tan feo, jugándose la vida y la de sus familias, sin EPI, sin tests, sin mascarillas, por debajo de todos los mínimos... Cuentan que lo más duro no fue la escasez, ni la enfermedad, sino la soledad y la impotencia. Repito: lo más duro fue el abandono de este Madrid nuestro tan rico. 

La madre de Carmen, que tenía alzhéimer, se escapaba e iba buscando a gritos por las tres plantas de la residencia a su marido, que había muerto en la habitación de al lado y nadie se lo había dicho. Es la viva imagen de la desesperación que debió explotar en cada uno de esos 7.291 últimos momentos. ¿Qué pensarían en el último suspiro?

Las familias tenían terror al teléfono. Confinadas en sus casas esperaban la llamada que les confirmara la pesadilla que les perseguía tanto dormidos como despiertos.  

Vieron venir lo que venía, como lo vieron en la Comunidad de Madrid. Los primeros con angustia y desesperación, los segundos con ¿frialdad? y triunfalismo por el hospital de campaña más grande e inútil del mundo. 

¡Qué oportuno hablar de los 7.291 en la semana que este país dedica a la conmemoración de un calvario, aunque sea con final feliz en el cielo! ¡Qué buena idea recordar a los que tanto piensan en la otra vida que no olvidamos lo que hicieron en esta con nuestros viejos indefensos!

Mi madre siempre ha tenido terror a los centros de mayores. Lleva décadas rogándome que jamás la deje en "uno de esos sitios". Siempre creí que conservaba la memoria de tiempos pasados, que las residencias de ancianos ya no son el infierno que ella imagina, que llegado el momento -si no me quedaba más remedio- tendría que llevarla allí a mi pesar y al suyo, como tantos hacen y han hecho. No puedo imaginar el dolor si hubiera sido ella una de estas víctimas. No puedo imaginarlo pero tengo que intentarlo por lo menos.     

El domingo de resurrección va de esperanza, también para los ateos educados en una cultura cristiana. Nuestra esperanza es que Madrid no pueda olvidarlos, que no podamos digerir el abandono en el peor momento, que no asumamos que el Estado del bienestar ya está muerto. Si lo hacemos lo seguirán matando. Si lo apuñalaron una vez y les salió tan barato, volverán a hacerlo y seremos más los que moriremos desatendidos y solos. Los 7.291 pueden ser el principio de muchos otros calvarios.