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miércoles, 18 de marzo de 2026

18/03/2026 - ESCÁNDALO EN VOX: GUERRAS INTERNAS MIENTRAS GALLARDO FRINGS DENUNCIA UN "TERCER SUELDO" PARA LA MUJER DE ABASCAL

Ilustres purgados por la cúpula firman un manifiesto reclamando un congreso extraordinario para refundar el partido

Marcos López

Los purgados de Vox están hartos. Espinosa de los Monteros, Macarena Olona, Ortega Smith… Son demasiados los cadáveres en el armario, los laminados por el jefe Abascal, y todos ellos han decidido pasar a la ofensiva. Exdirigentes ultras defenestrados, encabezados por el propio Espinosa, han hecho circular un manifiesto en contra de la dirección nacional. Reclaman más libertad interna y un congreso extraordinario “con plazos suficientes y reglas claras”. Los animosos purgados, sin embargo, no han caído en la cuenta de un pequeño detalle: los estatutos del partido impiden congresos extraordinarios sin un 20 por ciento de votos de la militancia (unos 60.000 afiliados, según las estimaciones de la organización). Es la forma de blindar al caudillo. El autoritarismo neofascista era esto.

“Es hora de abrir el debate sobre el futuro de Vox”, aseguran los firmantes del manifiesto, entre los que además están el exvicepresidente del partido Víctor González Coello de Portugal y el expresidente en Murcia José Ángel Antelo (otro ejecutado). También están en la lista de disidentes Rubén Manso, Víctor Sánchez del Real, Juan Luis Steegmann, Malena Nevado y Francisco José Contreras.

Las críticas internas están adquiriendo tintes de auténtica revolución dentro del partido. Y la lucha es encarnizada, sangrienta, feroz. Ahí está Juan García-Gallardo, exlíder de la formación en Castilla y León también purgado, quien ha llegado a asegurar que antes de su dimisión descubrió que Abascal “se estaba embolsando un tercer sueldo en la cuenta corriente de su mujer”, según informa La Sexta. En una entrevista para El MundoGarcía-Gallardo ha afirmado que ese fue el momento en el que perdió la “confianza” en él: “Conocí que se estaba embolsando un tercer sueldo, a través de un proveedor del partido, en la cuenta corriente de su mujer, por unos presuntos servicios de consultoría en materia de redes sociales a una sociedad mercantil que está en pérdidas y en causa de disolución. 60.000 euros por unos servicios que nos tendrán que explicar”.

El abogado ha ido más allá y ha asegurado que “hay enormes cantidades de recursos públicos a los que accede el partido para beneficio último de muy poquitas personas”, y que existe una “galaxia de sociedades” a priori externas a Vox, pero que acaban formando una “especie de parapartido que está parasitando los recursos económicos de Vox”, añade La Sexta. Y remata: “A este paso, Vox quedará como el plan de pensiones de Abascal”.

Desde el partido se echa balones fuera. Fuentes internas invita a los disidentes a que “dejen en paz” a Vox, que lo único que necesita son “grandes constructores de equipos” y “grandes líderes”. Que se metan “el ego donde les quepa”, espetan.

Entre los impulsores del manifiesto también está el primer presidente de Vox y concejal en Madrid, Ignacio Ansaldo; la vicealcaldesa de Toledo por Vox, Inés Cañizares; la exlíder del partido en Madrid, Rocío Monasterio; la diputada autonómica de Cataluña y expresidenta provincial de Tarragona, Isabel Lázaro Pina; el diputado regional de Cantabria y exportavoz del grupo, Cristóbal Palacio; y quien fue vicepresidente de Movilización Rubén Garrido.

Bajo el título Por la apertura del proyecto y la preparación para gobernar, los firmantes del manifiesto se presentan como militantes y exdirigentes del partido comprometidos con Vox desde su origen y aseguran que lo hacen público con la convicción de que “la lealtad política es a las ideas, no a las personas”. Denuncian que durante años han asistido en Vox a un proceso de reducción y empobrecimiento interno, en el que no se ha tratado de cerrar formalmente el proyecto sino de estrecharlo en la práctica, “concentrando decisiones en muy pocas manos, debilitando el debate, eliminando contrapesos y apartando a quienes mantenían criterio propio”.

“El resultado es un partido más pequeño por dentro, menos plural y menos ambicioso”, alegan, a lo que suman las “salidas o apartamiento” sin explicaciones suficientes y “por la vía de los hechos consumados” de mandos históricos y perfiles que han demostrado capacidad organizativa y compromiso con el proyecto.

El escándalo político llega cuando Vox obtiene los mejores resultados electorales y tiene al PP comiendo de su mano. Sin embargo, el manifiesto y la bomba que acaba de soltar Gallardo Frings puede ocasionar un daño definitivo al partido ultra. Ecos de corrupción y guerras entre facciones y banderías pueden llevar al votante a quitarse la venda de los ojos y a ver la realidad: que Vox no es un partido de honrados trabajadores, que es la élite de siempre, la casta. La herida que se ha abierto promete ser letal. Y no solo porque Vox es un partido autoritario sin un atisbo de democracia interna. Sino porque ya son muchas, quizá demasiadas, las filtraciones desde dentro que hablan de falta de transparencia y de supuestas irregularidades en la financiación del partido. La Fiscalía y los jueces deberían tomar cartas en el asunto.

 

18/03/2026 - EL SISTEMA CORRUPTO ACABA CON BANKSY

La Policía filtra la identidad real del más famoso grafitero de la historia, cuya obra, desde hace décadas, ha removido conciencias en todo el mundo

José Antequera

Un informe policial, convenientemente filtrado a los periodistas de Reuters, ha revelado la identidad, hasta hoy oculta, del misterioso artista urbano Banksy. Se trataría de Robin Gunningham, aunque este señor con apellido de lord inglés, de momento, no ha confirmado la noticia. Si finalmente se demuestra que es él, si se acaba sabiendo el nombre y apellido del escurridizo grafitero, el sistema habrá derrotado, por fin, al héroe desconocido del arte callejero.

Un Banksy anónimo molestaba, resultaba incómodo para más de uno (no sería la primera vez que un político envía a sus albañiles, con pico y pala, a destruir algunas de sus hermosas composiciones). Así que esto es el poder reprimiendo al artista solitario y comprometido; esto es la policía fichando al guerrillero del aerosol que lucha contra la injusticia social. Toda una metáfora de los tiempos mercantiles que nos ha tocado vivir.

Hasta hoy, poco se sabía de Banksy más allá de que a los catorce años fue expulsado del colegio y que estuvo en prisión por delitos menores. Durante décadas, su obra repleta de sátira, crítica política, humor ácido y con un sello inconfundible, ha estado envuelta en el más absoluto de los misterios. Creaciones como La niña con el globo rojoEl lanzador de floresMona Lisa bazooka y las Ratas autoestopistas forman parte ya de la historia del arte contemporáneo. Han sido años de glorioso activismo artístico mientras el público gozaba con sus aventuras de cómic y se preguntaba quién era ese creador total tan original como fantasmagórico que un día firmaba un mural en Londres y al día siguiente se plantaba en Kiev, entre las ruinas de la locura de Putin, para representar a una niña con máscara antigás y extintor subida a una silla. El efecto sorpresa y la eficacia de un mensaje impactante, directo, contundente: ese ha sido el secreto del éxito de la factoría Banksy.

La gente que deambula por las calles de las grandes ciudades de mundo, Nueva YorkLos Ángeles o París, se encuentra de repente con un Banksy como quien se encuentra con un Goya plasmado en una muerta pared, en un enmohecido muro de cemento gris o en una valla junto a un solar abandonado. Al instante, el espectador queda conmocionado por un dibujo de rabiosa actualidad que habla de la corrupción política, de la crisis económica, de la pobreza, del racismo, del drama del cambio climático o de la guerra injusta y cruel. Una imagen que apunta directamente a la conciencia del espectador. Entonces el transeúnte ve que detrás de cada obra, de cada grafiti, está la mano de una especie de divinidad invisible que entra y sale de escena para denunciar los males de la humanidad, un demiurgo que aparece y desaparece como por arte de magia sin que las autoridades puedan echarle el guante. Es el artista regalando su arte; es el ladrón bueno que roba la verdad escamoteada por el rico para dársela al pobre; es el genio ofreciendo su trabajo al pueblo sin recibir nada a cambio. El talento ya no está colgado en el museo o en la mansión de algún millonario inculto. Pertenece al ciudadano, se convierte en patrimonio de la humanidad. La obra de arte como disidencia y como parte esencial de la conciencia social.

Decía Kant que mientras lo bello produce un placer tranquilo y agradable, lo sublime genera una emoción intensa, a menudo mezclada con temor/temblor, asombro o admiración ante algo extraordinario. Esto último es Banksy. Sus viñetas urbanas como puñetazos de realidad, unas veces terroríficas, otras fascinantes, son siempre hipnóticas. Un rayo de luz sobreimpreso en una sucia y desconchada pared. El hechizo de lo sublime.

Más allá de la innegable calidad de los dibujos Banksy, que habían puesto firma a la vanguardia del siglo XXI como símbolo y mito contracultural de nuestro tiempo, la magia de esta historia propia de una novela gráfica de Alan Moore reside en que nadie sabía quién era realmente el autor de tantas maravillas pictóricas. Y ese anonimato acrecentaba su leyenda, como ocurrió con el extraño vengador de V de Vendetta enfrascado en una batalla sin cuartel para recuperar la libertad de la humanidad en un mundo de tiranos (véase Donald Trump, quien cada vez que arrestan a un posible candidato a Banksy pone un tuit con la palabra “terrorista”). En este mundo de locos trumpizados ansiosos por desnudar su intimidad en las redes sociales, el verdadero genio huye de la fama y la notoriedad para refugiarse en el tímido anonimato. Banksy pega el palo artístico bajo su capucha, sin que nadie pueda reconocerlo, y escapa de la pasma, escurriéndose en medio de la noche como la Pantera Rosa o como uno de esos elegantes ladrones ingleses de guante blanco.

Banksy era la resistencia intelectual frente a la internacional fascista que nos gobierna ya en todo el planeta, pisoteando los derechos humanos. Sus mensajes sociales, comprometidos y peligrosos, hacían mucho daño al sistema. De ahí que la Policía de la Moral trumpista se lo haya cargado (con la ayuda cómplice de los muchachos de Reuters), aireando su carné de identidad. Banksy tras la máscara de Anonymous era el nuevo Che Guevara del mundo anarco-punk de hoy. Desenmascarado, es un señor con barriga, sin misterio y sin glamur que no vende un solo cuadro. “Mi esposa me odia cuando trabajo desde casa”, llegó a decir en una ocasión. El sistema ha matado a Banksy filtrando su partida de nacimiento y bajándolo del Olimpo de los dioses de la cultura pop para convertirlo en un vecino del quinto con bata y pantuflas que vive al final de una modesta y sombría calle de Bristol. Ahora, cada vez que pinte un grafiti para la posteridad, le llegará la multa del ayuntamiento a su casa con acuse de recibo y saldrá en los papeles. Muerto el mito, se acabó la rabia.

 

18/03/2026 - LAS DERECHAS ESPAÑOLAS SUEÑAN CON LIQUIDAR EL RÉGIMEN DEL 78

Los ultras le echan las cruces a Felipe VI por haber reconocido "abusos" de los españoles durante la conquista de América

José Antequera

Las palabras de Felipe VI sobre los “abusos” cometidos por los españoles durante la conquista de América han enervado a las derechas españolas. Tanto es así que, en PP, Vox y Falange ya hay quien pide el derrocamiento de la actual dinastía por demasiado “roja”. En el mundo conservador se han pasado años acusando a las izquierdas de querer acabar con el Régimen del 78 y resulta que van a ser ellos, los supuestos patriotas, los más antimonárquicos y sediciosos con el actual sistema político, los revolucionarios que finiquiten ese invento de la Restauración que ni les va ni les viene. Ver para creer.

Cuando Podemos llegó al poder con el primer Gobierno de coalición de SánchezPP y Vox se llevaron las manos a la cabeza. Pablo Iglesias, el líder de los indignados, comunistas y bolivarianos era, sin duda, el hombre que iba a liquidar la Constitución que los españoles nos habíamos dado en la Transición. Y fueron ellos, los prebostes del mundo reaccionario, quienes se postularon como los auténticos defensores de la Carta Magna frente a la amenaza del bolchevismo republicano. Poco a poco vimos que en Podemos no había nadie con rabo y cuernos y que de estalinistas tenían más bien poco. Ellos no pasaban de ser un grupo de profesores, universitarios y funcionarios con inquietudes, pero escasos bríos revolucionarios, y ellas estaban a sus cosas del feminismo, o sea mucho Simone de Beauvoir y mucha discusión teórica bizantina sobre el movimiento queer, pero Marx ni catarlo.

Fue así como el diablo podemita se fue disolviendo entre la frustración de jóvenes y trabajadores que ahora, escarmentados ya de las promesas de cambio de la formación morada, se entregan desesperados a la extrema derecha. Hoy Podemos, por mucho que Ione Belarra se resista a aceptar la realidad y siga disparando cainitamente contra Sumar y Yolanda Díaz, ya no es nada. Apenas una reminiscencia del pasado, un recuerdo de lo que pudo ser y no fue, y poco más. Quienes llegaban para asaltar los cielos del bipartidismo se han quedado en una cuadrilla de antiguos alumnos de la Complu que se juntan en el Parlamento para jorobar a Sánchez y aparentar que siguen en la brecha. Jamás estuvieron a punto de darle el sorpasso al PSOE. Jamás tuvieron intención de liquidar el Régimen del 78 para avanzar hacia la Tercera República. Y en cuanto a sus pretendidas soflamas antimonárquicas, quedaban muy típicas como efímeros titulares para los escasos periódicos digitales izquierdistas de Madrid, pero en ningún momento supusieron amenaza alguna para la dinastía Borbónica española. Todo fue un gigantesco bluf que Sánchez supo rentabilizar políticamente y con habilidad estratégica.

La revolución antisistema de Podemos fue una cosa utópica, naíf, de patio de colegio, nada que ver con lo que estamos escuchando en las últimas horas por boca de destacados dirigentes de la extrema derecha de Vox y también de ese PP de Feijóo dócil, sumiso y entregado al nuevo fascismo sin complejos. En uno y otro partido ha sentado a cuerno quemado que Felipe VI haya reconocido los “abusos” cometidos por los españoles durante la conquista de América. En realidad, la declaración del rey se queda más bien corta, ya que el drama colonizador de las Indias supuso mucho más que unos cuantos “abusos”, tal como dice el monarca: fue un genocidio en toda regla cometido por una potencia invasora contra pueblos tecnológicamente menos avanzados (los últimos estudios hablan del exterminio de hasta el noventa por ciento de la población indígena original, es decir, varias decenas de millones de muertos por las guerras, el trabajo forzoso al que fue sometida la comunidad nativa y las enfermedades que les transmitimos). Todo ello (más el expolio del oro y las riquezas naturales) es razón más que suficiente para que, en algún momento, el rey de España pida perdón a nuestros países hermanos y lo haga sincera y honestamente. Sin embargo, y aunque esa disculpa oficial de la Casa Real por las atrocidades cometidas al otro lado del Charco no ha llegado aún ni llegará, la tímida asunción de culpa del monarca por los “abusos” perpetrados ha quemado la sangre patriotera de las derechas españolas. Y ya le han echado las cruces a Felipe VI.

La portavoz de Vox, Pepa Millán, mordiéndose la lengua para no entrar en conflicto institucional con Zarzuela, salió al paso para calificar la conquista de América como “la mayor obra evangelizadora y civilizadora de la historia universal”, reivindicando la labor de la Corona española y su “respeto a los derechos y la dignidad de todos los súbditos de entonces”. La mujer debe haberse dado tal atracón de Pío Moa César Vidal, o sea los revisionistas al servicio de la versión imperial y franquista del pasado, que ha perdido el contacto con la realidad de la historia. La versión de que la conquista fue una especie de excursión solidaria de los padres jesuitas al Nuevo Mundo, un desembarco de alegres y fraternales oenegés a bordo de la Pinta, la Niña y la Santa María –la flotilla de la paz de aquellos tiempos–, no se la cree ni ella. Más bien fue al contrario: hubo guerras, crímenes horribles, violaciones, mutilaciones, ejecuciones sumarísimas, mucha sangre y la sumisión de varios pueblos precolombinos ante el poderío militar de la fuerza invasora.

Más duro aún que Millán fue el ultra Hermann Tertsch, quien aseguró sentirse “estupefacto” por la versión histórica del rey alineada con quienes “solo buscan daño y desprecio para la historia de España”. El siempre exaltado eurodiputado tiró de demagogia barata y añadió: “Mucho abuso hay ahora por parte de un Gobierno criminal que saquea a los españoles”.

Mientras todo eso ocurría en el Parlamento español y en Bruselas, Feijóo se subía al carro de los patriotas indignados y calificaba de “disparate” el discurso autocrítico del monarca, así como su presentismo al analizar los hechos del siglo XVI con la perspectiva del siglo XXI, mientras reivindicaba su “orgullo” por el “legado español”. Casi al mismo tiempo, Falange (faltaba Falange para completar el déjà vu guerracivilista) publicaba un meme que daba la vuelta al mundo: un retrato de Felipe VI vestido como un rey inca o maya sobre un letrero durísimo: “Próxima estación, exilio”. El montaje iba acompañado de un tuit hiriente para la Casa Real: “Felipe, vete al Machu Pichu”. Tanto a unos como a otros, ya metidos en el mismo tanque, ya perfectamente alineados y en perfecta comandita, solo les faltó poner el retrato de Felipe VI boca abajo, tal como hacen los indepes con los odiados Borbones.

Solo el PSOE aplaudió las palabras del rey. El PSOE siempre más papista que el papa. Todo lo cual nos lleva a concluir que, en este momento trascendental para el país y para el mundo, las derechas ibéricas echadas al monte ya han roto política y sentimentalmente con la monarquía, pensando quizá en un caudillo como sustituto, en plan Franco. Y estos no van de broma ni son los utópicos podemitas. Hablan en serio, muy en serio, y en cuanto puedan mandan a Felipe VI a esparragar a las ruinas de Tenochtitlán.

 

martes, 17 de marzo de 2026

17/03/2026 - LOS COLONOS ULTRASIONISTAS ASESINAN INDISCRIMINADAMENTE A PALESTINOS EN CISJORDANIA

Comentario: Que lástima que Hitler en lugar de asesinar judíos inocentes no lo hubiera hecho con los judíos sionistas. El mundo estaría ahora mucho mejor y en Oriente Medio se viviría en paz. Claro que, con permiso de los otros yanquis, los sajones, que le regalaron la tierra de Palestina a los ultrasionistas para que formaran ese Estado infame de Israel.

Mientras el mundo tiene los ojos puestos en Irán y el Líbano, Israel está utilizando a los colonos ultrasionistas como fuerza de choque para ejecutar la anexión de Cisjordania

Martha Golfín

En Cisjordania la violencia reciente adquiere una dimensión que trasciende el drama local. El asesinato de Farea Hamayel, abatido mientras intentaba refugiarse entre olivos centenarios, no es solo un episodio más en un conflicto prolongado, sino un síntoma de una dinámica geopolítica más amplia en la que la guerra regional y la realidad sobre el terreno convergen de forma inquietante.

Desde el inicio de la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán, la atención internacional se ha desplazado hacia el riesgo de una conflagración mayor en Oriente Medio. Sin embargo, este desplazamiento del foco ha tenido un efecto colateral significativo: la intensificación de la violencia en Cisjordania, donde los colonos ultrasionistas operan con una visibilidad internacional reducida y, según múltiples observadores, con una creciente impunidad.

En localidades como Khirbet Abu Falah, la secuencia de los acontecimientos revela una lógica que se repite. Ataques de colonos, intervención militar para proteger a los atacantes, y posteriormente la consolidación territorial mediante la instalación de nuevos puestos de avanzada. Esta concatenación no responde únicamente a impulsos espontáneos, sino que sugiere una dinámica estructural de control territorial. La violencia, en este contexto, actúa no solo como instrumento de intimidación, sino como mecanismo de transformación del espacio.

El papel de los colonos ultrasionistas en esta ecuación es central, pero no puede analizarse de forma aislada. La línea que los separa de las fuerzas estatales es, en muchos casos, difusa. Como han denunciado en repetidas ocasiones organizaciones como B’Tselem o Yesh Din, existe una intersección operativa y simbólica entre milicias civiles y aparato militar que complica la atribución de responsabilidades y refuerza la percepción de una estrategia tolerada y respaldada desde instancias oficiales.

Este fenómeno se inserta en una tendencia más amplia: la progresiva expansión de asentamientos israelíes ilegales en Cisjordania. Estos asentamientos continúan creciendo tanto en número como en extensión, a menudo precedidos por la aparición de puestos de avanzada informales que posteriormente son regularizados. La combinación de violencia, desplazamiento y legalización crea un ciclo difícil de revertir, en el que la realidad sobre el terreno precede y condiciona cualquier marco político.

La dimensión geopolítica de esta evolución se hace aún más evidente al considerar el contexto regional. La confrontación con Irán no solo redefine las prioridades estratégicas de Israel, sino que también reconfigura los márgenes de actuación en otros frentes. Mientras el gobierno de Benjamín Netanyahu centra su discurso en la amenaza existencial iraní, la situación en Cisjordania evoluciona con menor escrutinio internacional. Este desajuste entre atención global y dinámicas locales crea un espacio de oportunidad para cambios graduales pero significativos.

En este sentido, la violencia en Cisjordania no puede entenderse únicamente como un fenómeno de seguridad, sino como parte de una estrategia territorial de largo plazo. La presión sobre comunidades palestinas a través de ataques, restricciones de movimiento y destrucción de medios de vida contribuye a un proceso de desplazamiento que altera la demografía y la geografía política del territorio. La expansión de asentamientos, facilitada por decisiones administrativas como la reactivación del registro de tierras, refuerza esta tendencia.

Al mismo tiempo, la respuesta institucional a la violencia plantea interrogantes sobre el estado de derecho. Las bajas tasas de enjuiciamiento en casos de agresiones contra palestinos demuestran la percepción de impunidad y debilitan la confianza en los mecanismos legales. Este déficit no es menor: en conflictos prolongados, la ausencia de rendición de cuentas tiende a consolidar dinámicas de violencia estructural.

El impacto humano de estas políticas es inmediato y tangible. Comunidades enteras ven destruidas sus condiciones de vida, desde la pérdida de ganado hasta la imposibilidad de cultivar sus tierras. La destrucción de infraestructuras básicas y la intimidación constante generan un entorno en el que la permanencia se convierte en un acto de resistencia. Sin embargo, el efecto acumulativo de estas presiones apunta hacia un resultado más duradero: la reconfiguración del territorio mediante la salida gradual de su población original.

En paralelo, la narrativa oficial israelí se centra en la seguridad y en la neutralización de amenazas externas. Declaraciones de responsables como Israel Katz, que destacan operaciones militares letales contra líderes iraníes, como es el caso del supuesto asesinato de Ali Larijaní, refuerzan la percepción de un Estado inmerso en una guerra existencial. No obstante, esta narrativa coexiste con una realidad más compleja en los territorios ocupados, donde la violencia cotidiana configura un conflicto de baja intensidad, pero de alto impacto acumulativo.

La coexistencia de estos dos planos define el momento actual. Mientras la atención internacional se concentra en el riesgo de escalada entre potencias, la situación en Cisjordania evoluciona de forma incremental pero constante. Es en esta divergencia donde reside una de las claves del conflicto: los cambios más duraderos no siempre se producen en los momentos de mayor visibilidad, sino en aquellos en los que la mirada global está puesta en otro lugar.

 

17/03/2026 - VIVIR EN LA DESFACHATEZ Y LA ARROGANCIA

 

Comentario: “El muñeco Luciano” al poder. ¡¡¡Da asco!!!

Vicente Mateos Sainz de Medrano

La incertidumbre caótica en la que ha sumergido al mundo el zar que habita en la Casablanca con sus delirios y ocurrencias, es el caldo de cultivo perfecto para que vuelvan a chapotear en el barro con más persistencia de la habitual, los personajes que encarnan la desfachatez, la insolencia y la mentira, que sermonean a los demás situándose en el pedestal de oráculo, como si nunca hubieran roto un plato. Como si sus mentiras y baboseo vergonzoso y humillante con el mandamás en USA no hubieran costado centenares de vidas inocentes.

Ver y oír Aznar como se inviste de una autoridad moral—que nunca tuvo—  y de una arrogancia y gravedad impostada en el gesto cada vez que abre la boca para lanzar al aire sus admoniciones y profecías, siempre interesadas y falaces, no solo son una infamia, sino una afrenta a la verdad verificada y a la ciudadanía; porque este trampantojo en el que oculta sus vergüenzas no nos hace olvidar que fue el ser servil que rindió pleitesía al presidente norteamericano—que se jactaba de no haber leído nunca un libro— a costa de arrastrar a España a una guerra injusta orquestada sobre una mentira, que no quería y rechazaba el noventa por ciento de la ciudadanía española.

Resulta indignante y produce vergüenza ajena que hable ex catedra a los españoles como si fuera un docto sobre la vida, la política, el orden social, la tecnología, como cualquier todólogo de los que pululan en las tertulias mediáticas afines, cuando no solo no se ha disculpado por ser partícipe de una mentira global que causo miles de muertos—tardo diez meses en rendir cuentas en el Congreso—; sino que defiende su actuación cuando dice ahora, rematando su infamia, que lo hizo por el bien de los españoles. Demostración palmaria de una mente aberrante empapada de un ego tan superlativo, que le impide reconocer el error y pedir perdón como hicieron hace ya años sus conmilitones causantes de la tragedia: George Buch y Tony Blair.

En este contexto donde todo vale, vuelve a asomar la patita con más fuerza, acompañado por otros fantasmas del pasado, Jaime Mayor Oreja, para reiterar su estrambótico nuevo vaticinio de que España se enfrenta al abismo institucional del que solo la salvará una mayoría absoluta del PP en las próximas elecciones generales. Proclama que sube de grado la tesis que la derecha pepera liderada por Feijóo viene expandiendo: la teoría del caos y de que nada funciona, que solo está en su imaginación, en la realidad paralela en la que vive la derecha desnortada y sin proyecto para los españoles, más que el remedo del lema de ¡váyase señor González! con el que Aznar atacaba a Felipe González, que ahora se llama Sánchez y el sanchísmo.

Viejos lemas para un nuevo tiempo que muestra la oquedad mental de sus dirigentes que siguen actuando conforme a los dictados de Aznar, que vuelve a ser el influencer de la derecha con el que Rajoy cortó por los sano—algo bueno hizo—, pero que ahora vuelve ante la abrumadora falta de liderazgo en el PP, que permite que Aznar recobre el papel de referente áulico que marca el paso de la derecha nacional: el que pueda hacer que haga.

Y con Aznar vuelven a reverdecer los mensajes obsesivos, tozudos, malignos y desvergonzados: el atentado criminal del 11M fue obra de un contubernio entre ETA y el Estado profundo de Francia y una red paralela de servicios secretos no oficiales y masones, como escribe Mayor Oreja, sin rubor y sin prueba alguna, en el libro que le presentó Aznar titulado: Una verdad incómoda. Testimonio de una época: contra el silencio y la mentira. Personajes sin escrúpulos que vuelven a aflorar desde las catacumbas mentales amparados por el contexto de desvergüenza creado por Trump, al que lógicamente rinden pleitesía defendiendo su política de matonismo y de saltarse todas las reglas y derechos internacionales, para cumplir sus deseos arrasando vidas y haciendas de inocentes. Patriotas que siempre andan con la palabra España en la boca, pero que nunca escuchan, ni han escuchado, el clamor de la ciudadanía: ¡No a la guerra!

 

viernes, 13 de marzo de 2026

13/03/2026 - UNA HISTORIA DE EUROPA (Y CXXVI)

 

Terminemos hoy. Sé que me comprenden: después de Grecia, Roma, el imperio español, España, la Italia del Renacimiento, la Ilustración y todo eso, ocuparse de la Europa contemporánea, la que conocemos y vivimos, da mucha pereza. Pero no puedo liquidar el asunto por la cara. Sin contar algo de ahora. Como vimos durante ciento veinticinco capítulos, hubo un tiempo en que este continente discutía a Dios, inventaba la imprenta, trazaba mapas del mundo y, cuando se cansaba de pensar, conquistaba medio planeta y se convertía en árbitro del otro medio. Produjo catedrales, sinfonías, teorías científicas y sistemas políticos que hoy otros imitan. Fue capaz de engendrar a Miguel Ángel, Vitruvio, Newton, Lutero, Velázquez, Napoleón y Beethoven. Tenía ideas y, cuando era preciso, mano dura. La decadencia no vino con invasiones bárbaras ni con ejércitos extranjeros, sino con PowerPoint, lenguaje inclusivo y regulaciones sobre el tapón de las botellas de agua mineral. La Europa que antaño dictó leyes al mundo asume ahora con naturalidad que otros hagan el trabajo serio. Incapaz de competir, se conforma con establecer normativas, a veces minuciosamente absurdas, para lo que otros fabrican y venden.

Mientras en Pekín estudian ingeniería y geopolítica (aplicando sin complejos disciplinas que aquí se han vuelto sospechosas) y en Silicon Valley levantan imperios que controlan a millones de personas, los europeos, patéticos herederos de Homero, Cervantes, Montaigne y Voltaire, nos limitamos a reglamentar lo que inventan fuera: la cuna de la Revolución Industrial, convertida en oficina de control de calidad del mundo. Los fulanos que nos rigen y los empresarios que nos trajinan externalizaron la producción, abarataron costes, celebraron dividendos y vaciaron de industria sus propios países. Era más cómodo fabricar en Asia y dar lecciones morales en Bruselas que mantener una base productiva eficaz. El resultado es una Europa muy activa redactando reglamentos, pero nula cuando se trata de chips, baterías, coches o lo que sea.

La clase política tampoco se queda atrás en mediocridad y vagancia: nadie tiene ya ni puta idea de quiénes fueron Churchill, De Gaulle, Adenauer y el resto de la peña. En vez de explicar a los ciudadanos que el mundo es cada vez más cabrón y que la prosperidad necesita trabajo y claridad, se optó por infantilizarlos: bienestar sin esfuerzo, derechos sin deberes, seguridad sin defensa. Y para guinda del pastel llegó la inmigración masiva, hecho histórico inevitable que exigía cabeza fría y visión larga. ¿Qué hicieron nuestros responsables? Pues lo que mejor hacen: discursos sobre humanidad, solidaridad y diversidad entendida como fin en sí misma. Todo bien regado con una suicida falta de planificación. Se abrió de par en par la puerta (convicción moral, necesidad laboral y demográfica, miedo al qué dirán) sin explicar que el asunto no consiste en repartir ayudas y esperar que la convivencia surja sola, sino en dejar claro que aquí no mandan los clérigos, ni los tiranos, ni los fanáticos, ni los más bestias; que hay libertades y obligaciones no negociables que costaron dolor, sacrificio y sangre. O sea, que se eludió exigir (palabra que tiene mala prensa) el debido respeto a la igualdad entre hombres y mujeres, a la libertad de expresión, a la primacía del derecho civil sobre cualquier norma religiosa. Y cuando la realidad disparó las primeras tensiones, la reacción de quienes viven en barrios homogéneos y seguros, lejos de los experimentos sociales que promueven, fue previsible: negar, ningunear, etiquetar de fascista a quien señalara el problema. Así se alimentó la eterna bestia de los extremos.

A todo eso se vino a sumar la burocracia europea, eficaz para legislar chorradas, ideal para el eufemismo administrativo y la puntita nada más por delante o por detrás, pero lenta y cobarde en lo demás: casta parásita que asfixia a pequeñas y medianas empresas con cargas administrativas mientras gigantes extranjeros operan con chulería tecnológica y financiera. Una burocracia idiota que regula hasta el tamaño de las aceitunas, pero se cisca viva ante los desafíos serios (Putin, Trump, el fanatismo islámico, el petróleo del Golfo, la franja de Gaza, Groenlandia y la puta que los parió). Tampoco olvidemos a los cretinos académicos y mediáticos, siempre dispuestos a teorizar sobre la superación de las identidades nacionales desde la comodidad de sus cátedras, que proclamaron el fin de las fronteras en un mundo que nunca dejó de tenerlas, anunciando el advenimiento de una ciudadanía universal mientras otros, más pegados a la realidad, consolidaban Estados fuertes y orgullosos de serlo. Y así, en manos de cantamañanas retóricos y de una banda de gilipollas con dietas en Bruselas, la vieja Europa perdió el respeto del mundo. No porque los de afuera se volvieran malvados de repente, sino porque en política internacional el respeto se basa en eficacia, prestigio y coherencia. Y si dependes de aquel a quien criticas, si compras tecnología a quien insultas, si necesitas protección militar de uno al que desprecias ideológicamente, el mensaje que envías resulta clarinete: eres un puto payaso.

Ya metidos en faena, hablemos de las ciudades. Vacío de contenido, el continente es ahora un parque temático para turistas, donde la Revolución Francesa cabe en un folleto y el Imperio Romano en una visita de media hora: tiendas de ropa, bares y restaurantes, catedrales iluminadas, palacios convertidos en hoteles, tiendas de recuerdos fabricados en la India o Nigeria. Ciudades cada vez más parecidas entre sí, decorados donde el visitante fotografía y consume, y el residente (si queda alguno) se resigna o se larga a la periferia. Y no es que Europa ya no produzca cultura: museos, festivales, librerías y bibliotecas mantienen su labor admirable. Pero esa cultura, antaño acicate de ideas y revoluciones, es refugio más que vanguardia: sirve para recordar lo que fuimos, no para planear lo que seremos. Cada núcleo urbano se ha convertido en escaparate de buen rollito, museo interactivo, festival gastronómico. Todo muy sostenible y fotogénico. Pero tras el decorado, los jóvenes encadenan contratos precarios y no tienen donde vivir con dignidad, las industrias se piran y no regresan, la natalidad está en caída libre (a ver quién trae hijos a este desparrame). El escaparate es atractivo, pero la trastienda agoniza entre desidia e impotencia; y en lugar de afrontar con realismo y crudeza el reto demográfico (conciliación real, incentivos sólidos, ambiente favorable a la familia, integración social, educación que combine el pasado con el mundo actual), Europa se resigna a importar, de grado o a la fuerza, población joven esperando que el problema se diluya. Que el sentido común y la bondad humana mantengan a raya el egoísmo, la codicia, la estupidez, la elemental naturaleza de individuo.

Sería injusto terminar esta serie de artículos (la empecé en 2021) negando que Europa sigue ofreciendo libertades y bienestar envidiables. Precisamente por eso atrae a quienes vienen a buscarse la vida, y también por eso es lamentable su declive. Porque lo que agoniza no es sólo la renta per cápita o el bienestar de sus habitantes, sino una tradición humanista que defendió la dignidad del individuo, el estado de derecho y la crítica racional y libre. Lo trágico (o lo cómico, según se mire) es que los supuestos herederos de esa tradición parecen desconocerla o perder la fe en ella. Claman respeto para los viejos indiscutibles valores, pero temen parecer arrogantes si los razonan y explican, quizá porque en el fondo los desconocen o los han olvidado. Y así, entre complejos y cobardías, el mundo real avanza sin esperar a que en Bruselas se redacte el acta de la última comisión de comisiones que comisionan.

Queda la cultura, naturalmente: esa manera digna de encarar el crepúsculo: leer a los antiguos maestros, escuchar la música que vibra en lugares centenarios, recorrer las piedras que vieron nacer y morir imperios, proporciona una lúcida melancolía. No evita el final, pero permite comprenderlo. No devuelve lo perdido, pero ayuda a soportar su ausencia. Hablo de cultura de verdad, no de la que sectarios imbéciles (como el ministro español Urtasun) venden desnatada y pasteurizada a gente que en el teléfono móvil busca más restaurantes que museos. Hablo de la que de verdad nutre y educa. Y ésa es tal vez la batalla que en Europa no está aún perdida: se frecuentan librerías, suenan las orquestas, los museos reciben millones de visitantes, entre ellos no pocos jóvenes que valen o valdrán la pena. Podemos leer a Virgilio, al barón Holbach, a madame de Staël o a Galdós mientras otros programan un frío futuro, y podemos escuchar a Mozart mientras los nuevos bárbaros diseñan algoritmos que manipulan el mundo. Para quienes vemos Europa de tal modo (y todavía somos unos cuantos), hay verdadera elegancia en esa resistencia estética. Tan extraordinaria memoria cultural aún es estímulo para muchos y no simple refugio para unos pocos. Los libros que seguimos venerando fueron polémicos, incómodos, revolucionarios, y nos dieron la certeza de que el humanismo no nació para justificar la pasividad y el confort, sino para crear ciudadanos cultos, libres y exigentes. Ignoro (tampoco llegaré a verlo) si Europa será capaz de sacudir la modorra reglamentaria y recobrar algo de su antiguo descaro, fuerza y grandeza. En el fondo (y la forma) lo dudo sinceramente, pues para ello habría que asumir responsabilidades, abandonar la autocomplacencia y aceptar que la Historia no perdona a quienes la ignoran. A quienes se niegan a exigir a sus gobernantes menos demagogia y más razón, menos moralina fácil, más esfuerzo y trabajo, más dignidad y más coherencia.

Puede, y así concluyo esta larga Historia, que Europa ya nunca dicte el futuro; pero todavía sabe, como nadie, narrar el pasado con una profundidad y una belleza que otros envidian. Y esa conciencia histórica, esa memoria humanista, esa mirada crítica y sabía que atraviesa treinta siglos, es el patrimonio admirable de un continente que, incluso viejo y cansado como está, todavía es capaz de afrontar con gallarda lucidez su propio ocaso. Consciente de que, si ya no es posible cambiar el mundo, al menos resulta consolador comprenderlo. Aunque sea, como el viejo hidalgo cervantino, con la herrumbrosa espada colgada en la pared y un viejo libro en las manos.

 

13/03/2026 - PEDRO SÁNCHEZ, PREMIO NOBEL DE LA PAZ

Comentario: Pedro Sánchez es sin duda el mejor presidente que ha tenido la Plutocracia española, y es un firme candidato al Nobel de la Paz. Sólo le falta meterle mano a un escudo social para la sociedad empobrecida por los gobiernos nacionales y autonómicos del Partido Popular y de los “niñatos bonitos” de VOX para alcanzarlo. Y, por supuesto, olvidarse de los tractores de 200.000 euros y de los latifundistas y empresarios explotadores de jóvenes que nunca se podrán emancipar. España necesita una buena “limpia” (a la banca y la judicatura, sobre todo) y sólo él y la izquierda real la pueden llevar a cabo. ¡Ánimo Pedro, estamos contigo!

La posición antibelicista y la defensa de los derechos humanos vuelven a situar al presidente del Gobierno español en las quinielas para recibir el galardón

José Antequera

Vuelve a sonar con fuerza el nombre de Pedro Sánchez como candidato al Premio Nobel de la Paz. Y eso que todavía quedan nueve meses para que el preciado galardón se entregue, como siempre, en OsloNoruega. La posición de España respecto a los bombardeos de Irán, el histórico plante contra Donald Trump y el “No a la guerra”, han colocado al presidente del Gobierno español como referente de la paz, icono de la resistencia antifa y contra la tecnocasta y faro y guía de aquellos que, en Occidente, aún creen en valores como la democracia, el orden mundial basado en reglas y los derechos humanos sin los cuales no se entiende el Derecho internacional (por mucho que Feijóo se saltara esa lección en la Universidad de Santiago de Compostela).

El nombre de Sánchez ya se barajó este año, cuando se posicionó sin ambages en contra del genocidio de Gaza, yendo mucho más allá de la postura oficial de la Unión Europea, que jamás condenó los crímenes de guerra de Netanyahu, lacayo del magnate neoyorquino. Trump hizo lo posible y lo imposible para llevarse el Premio Nobel, se fabricó falsa propaganda para presentarse a sí mismo como el gran pacificador mundial, presionó a los miembros del jurado y hasta despreció a la ganadora, la opositora venezolana antichavista María Corina Machado, a la que finalmente le temblaron las piernas por la ojeriza que le tomó el fatuo millonario yanqui (recuérdese aquel episodio bochornoso, cuando la lideresa caraqueña se presentó en la Casa Blanca para regalarle el diploma sueco al amo del Universo y este la hizo pasar por la puerta de atrás, como a una inmigrante más).

La batalla por el Nobel de la Paz fue todo un pulso entre Trump –hoy criminal de guerra– y el idealista y Quijote Sánchez, y de aquellos polvos estos lodos. El líder de MAGA le cogió tal tirria, tal manía a su némesis, que ha terminado por acusar a España de cómplice de los ayatolás, o sea que nos ha metido en la lista negra de los países gamberros del Eje del Mal, junto a VenezuelaCubaIrán y Corea de Norte. Trump no ha conseguido superar que le dieran calabazas con el Nobel y fue entonces cuando nació su rencor enfermizo hacia todo lo hispano. Primero nos acusó injustamente de ser unos gorrones por no invertir el 5 por ciento del PIB en Defensa; después nos amenazó con echarnos de la OTAN; y finalmente, cuando Sánchez le cerró las bases de Rota y Morón para que los aviones yanquis no pudieran cargar las bombas contra los colegios iraníes, intentó coaccionar al Gobierno de Madrid con “cortar todo comercio” con España. Su fiebre antiespañola, su inquina, su rabia incontenible de nene malcriado, está a tope, más subida y disparada que un alcoholímetro después de una boda, y cuando el héroe de los latinos Bad Bunny le perreó en español ante sus propias narices nos sentenció para siempre. Ahora el Tío Gilito de la política internacional ya no puede ocultar la envidia que nos tiene y se atreve a confesar en público que “jamás aprenderá esa maldita lengua española”. Está a un telediario de la Fox de expulsarnos del Mundial de Fútbol, que La Roja de los morenos de Lamine Yamal puede ganar de calle y sin bajarse del autobús en lo que sería una humillación en toda regla para el Cuarto Reich ario/yanqui.

Numerosos especialistas han descrito a Trump como la mente infantil propia de un niño de corta edad. Le pueden la impulsividad (hoy dice blanco, mañana negro); la necesidad constante de atención y de que le rían las gracias; el vicio por la gratificación inmediata; la rabieta intolerante; la mentira (miente a todas horas como un nene mimado); la frustración (cuando no puede comprar algo con dinero lo coge sin más); y una visión dicotómica de la vida, ya que para él el mundo se divide en “buenos y malos”, en “ganadores y losers”, en “amigos y enemigos”. Le sobra cualquier análisis poliédrico de la realidad, entre otras cosas porque los niños no entienden problemas complejos. En resumen, este tipo de conducta es común en etapas tempranas del desarrollo, cuando el cerebro aún no ha consolidado plenamente las funciones ejecutivas responsables del autocontrol. O, dicho de otra manera: la emocionalidad de Trump se quedó en la prematura etapa infantil (quizá en la fase anal, por emplear un término freudiano) y cuando no ve satisfechos sus instintos y deseos primarios rompe el mecano, se queda con el balón enfurruñado o bombardea un país. Nadie con ese expediente psicológico deplorable puede recibir un premio. ¿Es algo biológico, hereditario como la hemofilia o simplemente falta de libros en la infancia y la juventud? Ya dijo Gunter Grass, este sí un Nobel de verdad, que “no hay espectáculo más hermoso que la mirada de un niño que lee”.

Desde que Sánchez le disputa el dichoso galardón sueco a Trump todo han sido desgracias para los españoles. Nadie se libra de la ira de un millonario despechado al que le llevan la contraria. Uno cree que el presidente español debería renunciar a esa carrera por la gloria porque si los sabios de Oslo terminan dándole el galardón puede pasarnos cualquier cosa, desde que los marines desembarquen en Algeciras hasta que tire un misil contra la Moncloa. Pedro, si te dan el Nobel tú di que no, que este tío nos mata.

 

13/03/2026 - IRPH: TRANSPARENCIA MATERIAL, EL DESAFIO DE VARIOS MAGISTRADOS CONTRA LA DOCTRINA DEL SUPREMO

Se trata de una de las doctrinas centrales del derecho europeo de defensa de los consumidores que está totalmente desarrollada por el TJUE

José Antonio Gómez

Las sentencias de la Audiencia Provincial de Palencia introducen un elemento inesperado: una ruptura parcial con la línea jurisprudencial dominante sobre el IRPH. En un contexto donde la mayoría de las resoluciones judiciales han consolidado una interpretación restrictiva para los consumidores, dos sentencias de este tribunal provincial sugieren que la batalla jurídica en torno al índice hipotecario IRPH está lejos de haber terminado.

No se trata simplemente de dos decisiones más dentro del vasto volumen de litigios hipotecarios. En realidad, constituyen un raro desafío a la doctrina consolidada por el Tribunal Supremo de España, que en noviembre de 2025 volvió a reforzar una interpretación que, en la práctica, ha cerrado la puerta a miles de reclamaciones de consumidores.

Durante meses, el panorama judicial español ha mostrado una notable uniformidad. Audiencias provinciales de todo el país (desde Navarra hasta Barcelona, pasando por Málaga o A Coruña) han rechazado sistemáticamente las demandas que cuestionaban la legalidad del índice hipotecario IRPH. En ese entorno, las sentencias de Palencia destacan no solo por su resultado, sino por la metodología jurídica empleada para alcanzarlo.

El núcleo del razonamiento de los magistrados de Palencia radica en una aplicación estricta del principio de transparencia material, una doctrina central del derecho europeo de consumo desarrollada por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea.

Según este enfoque, no basta con que una cláusula contractual sea formalmente comprensible. Debe permitir al consumidor comprender de manera real las consecuencias económicas del contrato. Y es precisamente en este punto donde las sentencias de Palencia consideran que las entidades financieras fallaron.

En su decisión de diciembre de 2025, el tribunal analizó un contrato hipotecario firmado en 2002 con la entidad Unión de Créditos Inmobiliarios (UCI). La sentencia declaró la nulidad de la cláusula que imponía el IRPH como índice de referencia al considerar que el banco no proporcionó información esencial al prestatario.

En particular, la entidad no incluyó en la documentación contractual los valores históricos del IRPH ni su evolución pasada, elementos que habrían permitido al consumidor comparar ese índice con otras referencias disponibles en el mercado hipotecario. Este déficit informativo fue decisivo. La Audiencia concluyó que la entidad bancaria incumplió su obligación de transparencia, lo que provocó la nulidad de la cláusula y la obligación de devolver los intereses pagados en exceso durante la vida del préstamo.

La segunda sentencia, dictada en enero de 2026, refuerza la misma línea argumental. En este caso, el tribunal examinó un contrato hipotecario suscrito por otra entidad financiera. Los magistrados detectaron otra omisión relevante: la falta de referencia a la Circular 5/1994 del Banco de España, normativa que establecía que el IRPH debía aplicarse teniendo en cuenta un diferencial negativo para reflejar adecuadamente el coste real del crédito.

La ausencia de esta referencia normativa y la falta de información alternativa sobre la evolución histórica del índice llevó nuevamente a declarar la nulidad de la cláusula IRPH por falta de transparencia. La consecuencia jurídica fue contundente. El tribunal sustituyó el índice por el Euríbor sin diferencial adicional, obligando a la entidad a recalcular el préstamo y devolver las cantidades cobradas de más.

Desafío a la doctrina del Supremo

Desde una perspectiva sistémica, estas sentencias plantean una cuestión incómoda: hasta qué punto la interpretación dominante del Tribunal Supremo está alineada con la jurisprudencia europea en materia de protección de consumidores.

El alto tribunal español ha construido en los últimos años una doctrina que, en la práctica, limita el alcance del control de transparencia en los contratos hipotecarios referenciados al IRPH. Esta doctrina ha permitido validar muchas de estas cláusulas pese a las críticas doctrinales y a las dudas surgidas tras varias decisiones del tribunal europeo.

En paralelo, el Supremo ha reforzado el cierre procesal de este tipo de litigios mediante numerosos autos de inadmisión de recursos de casación, lo que reduce significativamente las posibilidades de que nuevas interpretaciones prosperen en la jurisdicción ordinaria. En ese contexto, las decisiones de la Audiencia de Palencia representan una anomalía dentro de la práctica judicial española reciente.

Sin embargo, incluso los propios defensores de los consumidores reconocen que estas victorias judiciales tienen un alcance limitado. Tanto UCI como otras entidades previsiblemente recurrirán las sentencias, lo que abrirá la puerta a un nuevo examen por parte del Tribunal Supremo de España. La experiencia reciente sugiere que el alto tribunal podría revertir estas decisiones o limitar su impacto.

Por ello, muchos juristas consideran que la única vía capaz de alterar de forma estructural el equilibrio jurídico actual pasa por una nueva intervención del tribunal europeo. El mecanismo sería el planteamiento de una nueva cuestión prejudicial ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Este procedimiento permitiría suspender numerosos procesos en curso mientras Luxemburgo aclara nuevamente cómo debe aplicarse el principio de transparencia en los contratos hipotecarios referenciados al IRPH.

Una batalla aún abierta

La historia reciente del litigio hipotecario en España demuestra que las grandes transformaciones jurídicas rara vez surgen de una sola sentencia. Más bien son el resultado de una larga interacción entre tribunales nacionales y europeos.

Las decisiones de la Audiencia Provincial de Palencia no cambian todavía el equilibrio del sistema. Pero sí introducen una grieta en una doctrina que parecía consolidada.

En términos jurídicos, puede tratarse solo de una victoria aislada en una guerra procesal más amplia. En términos políticos y económicos, sin embargo, recuerdan que el derecho europeo sigue siendo la última instancia capaz de redefinir las reglas del juego.

miércoles, 11 de marzo de 2026

11/03/2026 - NI EL DELFÍN SE LIBRA DE TRUMP

El Pentágono planea enviar cetáceos al Estrecho de Ormuz para limpiar las minas colocadas por el régimen de Irán

José Antequera

Donald Trump prepara una nueva monstruosidad que añadir a su larga lista (que ya es difícil): delfines, leones marinos y mamíferos acuáticos para limpiar el Estrecho de Ormuz, convertido en un peligroso campo de minas por los iraníes. En las últimas horas se ha sabido que el régimen de los ayatolás está plantando todo tipo de artefactos explosivos en esa arteria del comercio mundial. El objetivo: convertir Ormuz en un cuello de botella para terminar de estrangular la economía global y de paso arrastrar a China (auténtica obsesión del magnate neoyorquino), a la Tercera Guerra Mundial.

Aunque los generales del Pentágono presumen de haber abatido 16 embarcaciones iraníes mientras colocaban las minas, lo cierto es que un buen puñado de explosivos (entre quinientos y un millar) han podido ser colocados en las aguas del Estrecho. Y ahí es donde entran los pobres mamíferos acuáticos. Trump ha dado orden de movilizar la unidad de delfines y leones marinos para detectar la munición y desactivarla. Hay que denunciarlo alto y fuerte. Durante la primera Guerra del Golfo, y después con la invasión de Irak, Estados Unidos utilizó a estos hermosos animales como parte de su Programa de Mamíferos Marinos para la detección de minas. Nos dijeron que no entraban en contacto con las cargas explosivas, ya que su labor se limitaba a marcar la posición de la bomba con flotadores de colores, avisando así a su entrenador. Sin embargo, ¿cuántos de estos nobles seres acuáticos estallaron por los aires? ¿Cuántos pacíficos cetáceos reprogramados como arma de guerra fueron sacrificados? Jamás se dieron cifras concretas de semejante crueldad. Nos contaron que los habían bautizado con nombres de dibujos animados como MakaiTacomaKatrina y Ten, pero sobre sus misiones secretas y su trabajo letal nada más se supo. Las denuncias de los ecologistas y defensores de los derechos de los animales fueron, una vez más, ninguneadas.

Cuenta la mitología griega que en un tiempo remoto los misteriosos delfines fueron piratas castigados y convertidos en cetáceos por tratar de vender al dios Dioniso como esclavo. Desde Homero, el delfín ha sido compañero inseparable del marinero solitario, terapeuta de niños autistas, atracción de feria e inspiración de poetas. Hoy a los delfines (muy apreciados por la Marina norteamericana por su sofisticado sistema de sonar natural) los amaestran durante décadas, seguramente mediante métodos y prácticas moralmente reprobables. Filosóficamente, entrenar a seres humanos para que se maten entre sí en el campo de batalla es algo nauseabundo. Decía Paul Valéry que la guerra es una masacre entre gentes que no se conocen para provecho de gentes que sí se conocen pero que no se masacran. O sea, una orgía de atrocidades alimentadas por charlatanes y embaucadores como Aznar. Pero el ser humano es libre de elegir su propio destino, su propio infierno, su propia autodestrucción, mientras que, al inteligente delfín, un ser superior, lo sacan del mar –donde nada en libertad y en armonía con el planeta y con el cosmos–, lo alistan contra su voluntad, lo enfundan en una bandera absurda que no es la suya y lo recluyen en un cuartel de agua, donde se le agota con ejercicios extenuantes y estúpidas acrobacias antes de enviarlo a primera línea de batalla. Pocas aberraciones humanas cometidas por el llamado sapiens tan execrables como esta.

En la guerra de Irán hay demasiados intereses en juego: el precio del barril de petróleo, la estabilidad de las Bolsas y los mercados internacionales, las elecciones de medio mandato de noviembre que Trump podría perder si el conflicto bélico se prolonga demasiado y el ciudadano medio americano, harto de no poder llenar el depósito de combustible de su Cadillac, rompe con el trumpismo. Todo eso y la destrucción del mundo de ayer con su Derecho internacional basado en reglas, enterrado para siempre por doña Ursula Von der Leyen. El delfín vive en orden y paz con la naturaleza; el ser humano en el caos, la ley de la jungla y la nueva edad de oro del trumpismo fascista. ¿Quién es el ser más racional?

Hoy, el mataniñas Trump y su lacayo Netanyahu vuelven a la carga con los horrores de la guerra. Mientras explotan las escuelas repletas de colegiales, mientras cada día mueren cientos de civiles inocentes en los bombardeos sobre IránLíbanoCisjordania Palestina, podría parecer una frivolidad preocuparse por unos cuantos animales utilizados para la maquinaria del crimen y el genocidio. Se está librando una batalla por una montaña de dólares y unos océanos de petróleo y sangre, así que el lector de esta columna se preguntará qué demonios puede importar que empleen a unos cuantos cetáceos para que podamos llenar los depósitos de nuestros coches una semana más. Importa. Importa porque la explotación del delfín como carnaza, como carne de cañón para la guerra, es el símbolo perfecto de hasta qué nivel de degradación, depravación e inmoralidad ha llegado el mono desnudo mal evolucionado hacia la locura y la barbarie.

No se trata de caer en la retórica naíf o buenista, ni de recuperar argumentos de aquellas películas lacrimógenas de nuestra infancia como ¡Liberad a Willy! Se trata de denunciar una injusticia más, quizá minúscula al lado de la masacre de esa escuela femenina que el criminal de guerra Trump ha volado por los aires con sus infames Tomahawks, pero injusticia, al fin y al cabo. Trump, destructor de mundos, va a explotar para la guerra al bello, amigable, sonriente y atlético delfín. Va ponerle el uniforme de los marines y una gorra de MAGA. Va a sacrificarlo por la patria y por sus petroleros cargados de codicia y negras mentiras. Ya lo dijo Anguita: malditas las guerras y los canallas que las hacen. Y que dejen en paz a los delfines.