Presidente, ¿vas a cabalgar?, se pregunta ahora bajo las tiendas de campaña sin demasiada esperanza, pero con mucha dignidad
Una semana después, las protestas por la vivienda siguen la ruta correcta.
Lo demuestra que ya hayamos entrado en la etapa de los insultos. Recibir
insultos por parte de quienes no se puede esperar otra cosa siempre debería ser
entendido como un alto honor.
El alcalde de Madrid, Martínez Almeida, ha denunciado que en la Puerta del
Sol se han podido ver estos días grandes cuchillos. Tiene gracia que
criminalicen la cubertería los amigos de los grandes tenedores. Isabel Díaz
Ayuso, a la que ya se le queda corto lo del lado incorrecto de la historia, se
ha empeñado en encontrar ahora el lado más vomitivo. No es un deporte fácil,
pero la presidenta madrileña sabe jugarlo. Si Israel bombardea un hospital
lleno de niños, ella encontrará la forma de criminalizar a trozos de carne
reventados. Así que al caso Mari Carmen ha llegado sobrada, con más tablas que
Bertín Osborne en una capea. Qué pasa, qué pasa, que no tenemos casa, gritaba
para sus adentros la presidenta que en verano visitaba áticos de seis millones
y en otoño se burla de ancianas desahuciadas. ¿A partir de qué edad se puede no
pagar el alquiler?, se preguntaba Ayuso refiriéndose a Mari Carmen, quien nunca
dejó un mes a deber. El vómito y el bulo suelen ir de la mano, así que la
siguiente parada será la nave del misterio de Iker Jiménez. ¿Descubrirá allí
Ayuso que hace ya varios pelotazos, quironazos y aticazos es un espíritu
político que vaga sus penas por medios a sueldo?
A la fiesta de dar vergüenza se apuntan siempre quienes no la tienen. Los
invitados son numerosos. Desde el periodista Eduardo Inda comparando a los
acampados con ETA hasta el intelectual Mario Vaquerizo impartiendo charlas
magistrales. Aprovechando que en España se hablaba de un problema social,
acudió a Antena3 a contar el suyo: pues a mí me encanta comprarme casas, tengo
muchas casas porque soy capitalista y me encanta. En plan, ya era hora de que
hablásemos las víctimas de las acampadas. ¿Es que nadie piensa nunca en las
víctimas? Ana Rosa, Abascal, Nacho Abad, Marcos de Quinto, Vito Quiles, Lucía
Etxebarría, el abuelo de Desokupa... No ha faltado a la cita la alineación
titular de la España sin dedos de frente, pero con dos dedos de caspa. Esa que
un día denuncia lo insoportable que resulta que haya moros viviendo en las
calles de España y al siguiente asegura que los moros, nada más pisar nuestro
país, reciben una vivienda por la cara. A veces aseguran lo uno por la mañana y
por la tarde lo otro. A mucha gente les parece bien. ¿Qué mayor libertad hay
que no tener por qué ser coherente ni ceñirse a la realidad? Ahora tampoco
queremos españoles con derecho a casa, acaban de actualizar su ideario y tendrá
sus seguidores.
El patriotismo es así y la gama de patriotas se muestra estos días en todo
su esplendor y pantone. Desde los patriotas a secas, molestos con la
reivindicación de mejora de vida para la ciudadanía de España, hasta los muy
patriotas, que amenazan con acudir por la noche con palos a agredir a quienes
piden mejoras en la calidad de vida de la ciudadanía de España. Deja a los chavales
que camelen, que diría el Fary. Está bien que así sea. Qué desastre de lucha
sería aquella que no lograse ser atacada por quienes deben atacarla. Es señal
de buena salud. Hace poco descubrí que la frase “ladran, Sancho, luego
cabalgamos” no aparece en el Quijote. En ningún momento. Ni siquiera una que se
le parezca. Esa expresión no es obra de Cervantes, sino producto de la
sabiduría popular de este país. Seguro que surgió en alguna plaza. Ladran,
Sánchez, ¿vas a cabalgar?, se pregunta ahora sin demasiada esperanza bajo las
tiendas de campaña, pero con mucha dignidad.