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viernes, 13 de marzo de 2026

13/03/2026 - UNA HISTORIA DE EUROPA (Y CXXVI)

 

Terminemos hoy. Sé que me comprenden: después de Grecia, Roma, el imperio español, España, la Italia del Renacimiento, la Ilustración y todo eso, ocuparse de la Europa contemporánea, la que conocemos y vivimos, da mucha pereza. Pero no puedo liquidar el asunto por la cara. Sin contar algo de ahora. Como vimos durante ciento veinticinco capítulos, hubo un tiempo en que este continente discutía a Dios, inventaba la imprenta, trazaba mapas del mundo y, cuando se cansaba de pensar, conquistaba medio planeta y se convertía en árbitro del otro medio. Produjo catedrales, sinfonías, teorías científicas y sistemas políticos que hoy otros imitan. Fue capaz de engendrar a Miguel Ángel, Vitruvio, Newton, Lutero, Velázquez, Napoleón y Beethoven. Tenía ideas y, cuando era preciso, mano dura. La decadencia no vino con invasiones bárbaras ni con ejércitos extranjeros, sino con PowerPoint, lenguaje inclusivo y regulaciones sobre el tapón de las botellas de agua mineral. La Europa que antaño dictó leyes al mundo asume ahora con naturalidad que otros hagan el trabajo serio. Incapaz de competir, se conforma con establecer normativas, a veces minuciosamente absurdas, para lo que otros fabrican y venden.

Mientras en Pekín estudian ingeniería y geopolítica (aplicando sin complejos disciplinas que aquí se han vuelto sospechosas) y en Silicon Valley levantan imperios que controlan a millones de personas, los europeos, patéticos herederos de Homero, Cervantes, Montaigne y Voltaire, nos limitamos a reglamentar lo que inventan fuera: la cuna de la Revolución Industrial, convertida en oficina de control de calidad del mundo. Los fulanos que nos rigen y los empresarios que nos trajinan externalizaron la producción, abarataron costes, celebraron dividendos y vaciaron de industria sus propios países. Era más cómodo fabricar en Asia y dar lecciones morales en Bruselas que mantener una base productiva eficaz. El resultado es una Europa muy activa redactando reglamentos, pero nula cuando se trata de chips, baterías, coches o lo que sea.

La clase política tampoco se queda atrás en mediocridad y vagancia: nadie tiene ya ni puta idea de quiénes fueron Churchill, De Gaulle, Adenauer y el resto de la peña. En vez de explicar a los ciudadanos que el mundo es cada vez más cabrón y que la prosperidad necesita trabajo y claridad, se optó por infantilizarlos: bienestar sin esfuerzo, derechos sin deberes, seguridad sin defensa. Y para guinda del pastel llegó la inmigración masiva, hecho histórico inevitable que exigía cabeza fría y visión larga. ¿Qué hicieron nuestros responsables? Pues lo que mejor hacen: discursos sobre humanidad, solidaridad y diversidad entendida como fin en sí misma. Todo bien regado con una suicida falta de planificación. Se abrió de par en par la puerta (convicción moral, necesidad laboral y demográfica, miedo al qué dirán) sin explicar que el asunto no consiste en repartir ayudas y esperar que la convivencia surja sola, sino en dejar claro que aquí no mandan los clérigos, ni los tiranos, ni los fanáticos, ni los más bestias; que hay libertades y obligaciones no negociables que costaron dolor, sacrificio y sangre. O sea, que se eludió exigir (palabra que tiene mala prensa) el debido respeto a la igualdad entre hombres y mujeres, a la libertad de expresión, a la primacía del derecho civil sobre cualquier norma religiosa. Y cuando la realidad disparó las primeras tensiones, la reacción de quienes viven en barrios homogéneos y seguros, lejos de los experimentos sociales que promueven, fue previsible: negar, ningunear, etiquetar de fascista a quien señalara el problema. Así se alimentó la eterna bestia de los extremos.

A todo eso se vino a sumar la burocracia europea, eficaz para legislar chorradas, ideal para el eufemismo administrativo y la puntita nada más por delante o por detrás, pero lenta y cobarde en lo demás: casta parásita que asfixia a pequeñas y medianas empresas con cargas administrativas mientras gigantes extranjeros operan con chulería tecnológica y financiera. Una burocracia idiota que regula hasta el tamaño de las aceitunas, pero se cisca viva ante los desafíos serios (Putin, Trump, el fanatismo islámico, el petróleo del Golfo, la franja de Gaza, Groenlandia y la puta que los parió). Tampoco olvidemos a los cretinos académicos y mediáticos, siempre dispuestos a teorizar sobre la superación de las identidades nacionales desde la comodidad de sus cátedras, que proclamaron el fin de las fronteras en un mundo que nunca dejó de tenerlas, anunciando el advenimiento de una ciudadanía universal mientras otros, más pegados a la realidad, consolidaban Estados fuertes y orgullosos de serlo. Y así, en manos de cantamañanas retóricos y de una banda de gilipollas con dietas en Bruselas, la vieja Europa perdió el respeto del mundo. No porque los de afuera se volvieran malvados de repente, sino porque en política internacional el respeto se basa en eficacia, prestigio y coherencia. Y si dependes de aquel a quien criticas, si compras tecnología a quien insultas, si necesitas protección militar de uno al que desprecias ideológicamente, el mensaje que envías resulta clarinete: eres un puto payaso.

Ya metidos en faena, hablemos de las ciudades. Vacío de contenido, el continente es ahora un parque temático para turistas, donde la Revolución Francesa cabe en un folleto y el Imperio Romano en una visita de media hora: tiendas de ropa, bares y restaurantes, catedrales iluminadas, palacios convertidos en hoteles, tiendas de recuerdos fabricados en la India o Nigeria. Ciudades cada vez más parecidas entre sí, decorados donde el visitante fotografía y consume, y el residente (si queda alguno) se resigna o se larga a la periferia. Y no es que Europa ya no produzca cultura: museos, festivales, librerías y bibliotecas mantienen su labor admirable. Pero esa cultura, antaño acicate de ideas y revoluciones, es refugio más que vanguardia: sirve para recordar lo que fuimos, no para planear lo que seremos. Cada núcleo urbano se ha convertido en escaparate de buen rollito, museo interactivo, festival gastronómico. Todo muy sostenible y fotogénico. Pero tras el decorado, los jóvenes encadenan contratos precarios y no tienen donde vivir con dignidad, las industrias se piran y no regresan, la natalidad está en caída libre (a ver quién trae hijos a este desparrame). El escaparate es atractivo, pero la trastienda agoniza entre desidia e impotencia; y en lugar de afrontar con realismo y crudeza el reto demográfico (conciliación real, incentivos sólidos, ambiente favorable a la familia, integración social, educación que combine el pasado con el mundo actual), Europa se resigna a importar, de grado o a la fuerza, población joven esperando que el problema se diluya. Que el sentido común y la bondad humana mantengan a raya el egoísmo, la codicia, la estupidez, la elemental naturaleza de individuo.

Sería injusto terminar esta serie de artículos (la empecé en 2021) negando que Europa sigue ofreciendo libertades y bienestar envidiables. Precisamente por eso atrae a quienes vienen a buscarse la vida, y también por eso es lamentable su declive. Porque lo que agoniza no es sólo la renta per cápita o el bienestar de sus habitantes, sino una tradición humanista que defendió la dignidad del individuo, el estado de derecho y la crítica racional y libre. Lo trágico (o lo cómico, según se mire) es que los supuestos herederos de esa tradición parecen desconocerla o perder la fe en ella. Claman respeto para los viejos indiscutibles valores, pero temen parecer arrogantes si los razonan y explican, quizá porque en el fondo los desconocen o los han olvidado. Y así, entre complejos y cobardías, el mundo real avanza sin esperar a que en Bruselas se redacte el acta de la última comisión de comisiones que comisionan.

Queda la cultura, naturalmente: esa manera digna de encarar el crepúsculo: leer a los antiguos maestros, escuchar la música que vibra en lugares centenarios, recorrer las piedras que vieron nacer y morir imperios, proporciona una lúcida melancolía. No evita el final, pero permite comprenderlo. No devuelve lo perdido, pero ayuda a soportar su ausencia. Hablo de cultura de verdad, no de la que sectarios imbéciles (como el ministro español Urtasun) venden desnatada y pasteurizada a gente que en el teléfono móvil busca más restaurantes que museos. Hablo de la que de verdad nutre y educa. Y ésa es tal vez la batalla que en Europa no está aún perdida: se frecuentan librerías, suenan las orquestas, los museos reciben millones de visitantes, entre ellos no pocos jóvenes que valen o valdrán la pena. Podemos leer a Virgilio, al barón Holbach, a madame de Staël o a Galdós mientras otros programan un frío futuro, y podemos escuchar a Mozart mientras los nuevos bárbaros diseñan algoritmos que manipulan el mundo. Para quienes vemos Europa de tal modo (y todavía somos unos cuantos), hay verdadera elegancia en esa resistencia estética. Tan extraordinaria memoria cultural aún es estímulo para muchos y no simple refugio para unos pocos. Los libros que seguimos venerando fueron polémicos, incómodos, revolucionarios, y nos dieron la certeza de que el humanismo no nació para justificar la pasividad y el confort, sino para crear ciudadanos cultos, libres y exigentes. Ignoro (tampoco llegaré a verlo) si Europa será capaz de sacudir la modorra reglamentaria y recobrar algo de su antiguo descaro, fuerza y grandeza. En el fondo (y la forma) lo dudo sinceramente, pues para ello habría que asumir responsabilidades, abandonar la autocomplacencia y aceptar que la Historia no perdona a quienes la ignoran. A quienes se niegan a exigir a sus gobernantes menos demagogia y más razón, menos moralina fácil, más esfuerzo y trabajo, más dignidad y más coherencia.

Puede, y así concluyo esta larga Historia, que Europa ya nunca dicte el futuro; pero todavía sabe, como nadie, narrar el pasado con una profundidad y una belleza que otros envidian. Y esa conciencia histórica, esa memoria humanista, esa mirada crítica y sabía que atraviesa treinta siglos, es el patrimonio admirable de un continente que, incluso viejo y cansado como está, todavía es capaz de afrontar con gallarda lucidez su propio ocaso. Consciente de que, si ya no es posible cambiar el mundo, al menos resulta consolador comprenderlo. Aunque sea, como el viejo hidalgo cervantino, con la herrumbrosa espada colgada en la pared y un viejo libro en las manos.

 

13/03/2026 - PEDRO SÁNCHEZ, PREMIO NOBEL DE LA PAZ

Comentario: Pedro Sánchez es sin duda el mejor presidente que ha tenido la Plutocracia española, y es un firme candidato al Nobel de la Paz. Sólo le falta meterle mano a un escudo social para la sociedad empobrecida por los gobiernos nacionales y autonómicos del Partido Popular y de los “niñatos bonitos” de VOX para alcanzarlo. Y, por supuesto, olvidarse de los tractores de 200.000 euros y de los latifundistas y empresarios explotadores de jóvenes que nunca se podrán emancipar. España necesita una buena “limpia” (a la banca y la judicatura, sobre todo) y sólo él y la izquierda real la pueden llevar a cabo. ¡Ánimo Pedro, estamos contigo!

La posición antibelicista y la defensa de los derechos humanos vuelven a situar al presidente del Gobierno español en las quinielas para recibir el galardón

José Antequera

Vuelve a sonar con fuerza el nombre de Pedro Sánchez como candidato al Premio Nobel de la Paz. Y eso que todavía quedan nueve meses para que el preciado galardón se entregue, como siempre, en OsloNoruega. La posición de España respecto a los bombardeos de Irán, el histórico plante contra Donald Trump y el “No a la guerra”, han colocado al presidente del Gobierno español como referente de la paz, icono de la resistencia antifa y contra la tecnocasta y faro y guía de aquellos que, en Occidente, aún creen en valores como la democracia, el orden mundial basado en reglas y los derechos humanos sin los cuales no se entiende el Derecho internacional (por mucho que Feijóo se saltara esa lección en la Universidad de Santiago de Compostela).

El nombre de Sánchez ya se barajó este año, cuando se posicionó sin ambages en contra del genocidio de Gaza, yendo mucho más allá de la postura oficial de la Unión Europea, que jamás condenó los crímenes de guerra de Netanyahu, lacayo del magnate neoyorquino. Trump hizo lo posible y lo imposible para llevarse el Premio Nobel, se fabricó falsa propaganda para presentarse a sí mismo como el gran pacificador mundial, presionó a los miembros del jurado y hasta despreció a la ganadora, la opositora venezolana antichavista María Corina Machado, a la que finalmente le temblaron las piernas por la ojeriza que le tomó el fatuo millonario yanqui (recuérdese aquel episodio bochornoso, cuando la lideresa caraqueña se presentó en la Casa Blanca para regalarle el diploma sueco al amo del Universo y este la hizo pasar por la puerta de atrás, como a una inmigrante más).

La batalla por el Nobel de la Paz fue todo un pulso entre Trump –hoy criminal de guerra– y el idealista y Quijote Sánchez, y de aquellos polvos estos lodos. El líder de MAGA le cogió tal tirria, tal manía a su némesis, que ha terminado por acusar a España de cómplice de los ayatolás, o sea que nos ha metido en la lista negra de los países gamberros del Eje del Mal, junto a VenezuelaCubaIrán y Corea de Norte. Trump no ha conseguido superar que le dieran calabazas con el Nobel y fue entonces cuando nació su rencor enfermizo hacia todo lo hispano. Primero nos acusó injustamente de ser unos gorrones por no invertir el 5 por ciento del PIB en Defensa; después nos amenazó con echarnos de la OTAN; y finalmente, cuando Sánchez le cerró las bases de Rota y Morón para que los aviones yanquis no pudieran cargar las bombas contra los colegios iraníes, intentó coaccionar al Gobierno de Madrid con “cortar todo comercio” con España. Su fiebre antiespañola, su inquina, su rabia incontenible de nene malcriado, está a tope, más subida y disparada que un alcoholímetro después de una boda, y cuando el héroe de los latinos Bad Bunny le perreó en español ante sus propias narices nos sentenció para siempre. Ahora el Tío Gilito de la política internacional ya no puede ocultar la envidia que nos tiene y se atreve a confesar en público que “jamás aprenderá esa maldita lengua española”. Está a un telediario de la Fox de expulsarnos del Mundial de Fútbol, que La Roja de los morenos de Lamine Yamal puede ganar de calle y sin bajarse del autobús en lo que sería una humillación en toda regla para el Cuarto Reich ario/yanqui.

Numerosos especialistas han descrito a Trump como la mente infantil propia de un niño de corta edad. Le pueden la impulsividad (hoy dice blanco, mañana negro); la necesidad constante de atención y de que le rían las gracias; el vicio por la gratificación inmediata; la rabieta intolerante; la mentira (miente a todas horas como un nene mimado); la frustración (cuando no puede comprar algo con dinero lo coge sin más); y una visión dicotómica de la vida, ya que para él el mundo se divide en “buenos y malos”, en “ganadores y losers”, en “amigos y enemigos”. Le sobra cualquier análisis poliédrico de la realidad, entre otras cosas porque los niños no entienden problemas complejos. En resumen, este tipo de conducta es común en etapas tempranas del desarrollo, cuando el cerebro aún no ha consolidado plenamente las funciones ejecutivas responsables del autocontrol. O, dicho de otra manera: la emocionalidad de Trump se quedó en la prematura etapa infantil (quizá en la fase anal, por emplear un término freudiano) y cuando no ve satisfechos sus instintos y deseos primarios rompe el mecano, se queda con el balón enfurruñado o bombardea un país. Nadie con ese expediente psicológico deplorable puede recibir un premio. ¿Es algo biológico, hereditario como la hemofilia o simplemente falta de libros en la infancia y la juventud? Ya dijo Gunter Grass, este sí un Nobel de verdad, que “no hay espectáculo más hermoso que la mirada de un niño que lee”.

Desde que Sánchez le disputa el dichoso galardón sueco a Trump todo han sido desgracias para los españoles. Nadie se libra de la ira de un millonario despechado al que le llevan la contraria. Uno cree que el presidente español debería renunciar a esa carrera por la gloria porque si los sabios de Oslo terminan dándole el galardón puede pasarnos cualquier cosa, desde que los marines desembarquen en Algeciras hasta que tire un misil contra la Moncloa. Pedro, si te dan el Nobel tú di que no, que este tío nos mata.

 

13/03/2026 - IRPH: TRANSPARENCIA MATERIAL, EL DESAFIO DE VARIOS MAGISTRADOS CONTRA LA DOCTRINA DEL SUPREMO

Se trata de una de las doctrinas centrales del derecho europeo de defensa de los consumidores que está totalmente desarrollada por el TJUE

José Antonio Gómez

Las sentencias de la Audiencia Provincial de Palencia introducen un elemento inesperado: una ruptura parcial con la línea jurisprudencial dominante sobre el IRPH. En un contexto donde la mayoría de las resoluciones judiciales han consolidado una interpretación restrictiva para los consumidores, dos sentencias de este tribunal provincial sugieren que la batalla jurídica en torno al índice hipotecario IRPH está lejos de haber terminado.

No se trata simplemente de dos decisiones más dentro del vasto volumen de litigios hipotecarios. En realidad, constituyen un raro desafío a la doctrina consolidada por el Tribunal Supremo de España, que en noviembre de 2025 volvió a reforzar una interpretación que, en la práctica, ha cerrado la puerta a miles de reclamaciones de consumidores.

Durante meses, el panorama judicial español ha mostrado una notable uniformidad. Audiencias provinciales de todo el país (desde Navarra hasta Barcelona, pasando por Málaga o A Coruña) han rechazado sistemáticamente las demandas que cuestionaban la legalidad del índice hipotecario IRPH. En ese entorno, las sentencias de Palencia destacan no solo por su resultado, sino por la metodología jurídica empleada para alcanzarlo.

El núcleo del razonamiento de los magistrados de Palencia radica en una aplicación estricta del principio de transparencia material, una doctrina central del derecho europeo de consumo desarrollada por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea.

Según este enfoque, no basta con que una cláusula contractual sea formalmente comprensible. Debe permitir al consumidor comprender de manera real las consecuencias económicas del contrato. Y es precisamente en este punto donde las sentencias de Palencia consideran que las entidades financieras fallaron.

En su decisión de diciembre de 2025, el tribunal analizó un contrato hipotecario firmado en 2002 con la entidad Unión de Créditos Inmobiliarios (UCI). La sentencia declaró la nulidad de la cláusula que imponía el IRPH como índice de referencia al considerar que el banco no proporcionó información esencial al prestatario.

En particular, la entidad no incluyó en la documentación contractual los valores históricos del IRPH ni su evolución pasada, elementos que habrían permitido al consumidor comparar ese índice con otras referencias disponibles en el mercado hipotecario. Este déficit informativo fue decisivo. La Audiencia concluyó que la entidad bancaria incumplió su obligación de transparencia, lo que provocó la nulidad de la cláusula y la obligación de devolver los intereses pagados en exceso durante la vida del préstamo.

La segunda sentencia, dictada en enero de 2026, refuerza la misma línea argumental. En este caso, el tribunal examinó un contrato hipotecario suscrito por otra entidad financiera. Los magistrados detectaron otra omisión relevante: la falta de referencia a la Circular 5/1994 del Banco de España, normativa que establecía que el IRPH debía aplicarse teniendo en cuenta un diferencial negativo para reflejar adecuadamente el coste real del crédito.

La ausencia de esta referencia normativa y la falta de información alternativa sobre la evolución histórica del índice llevó nuevamente a declarar la nulidad de la cláusula IRPH por falta de transparencia. La consecuencia jurídica fue contundente. El tribunal sustituyó el índice por el Euríbor sin diferencial adicional, obligando a la entidad a recalcular el préstamo y devolver las cantidades cobradas de más.

Desafío a la doctrina del Supremo

Desde una perspectiva sistémica, estas sentencias plantean una cuestión incómoda: hasta qué punto la interpretación dominante del Tribunal Supremo está alineada con la jurisprudencia europea en materia de protección de consumidores.

El alto tribunal español ha construido en los últimos años una doctrina que, en la práctica, limita el alcance del control de transparencia en los contratos hipotecarios referenciados al IRPH. Esta doctrina ha permitido validar muchas de estas cláusulas pese a las críticas doctrinales y a las dudas surgidas tras varias decisiones del tribunal europeo.

En paralelo, el Supremo ha reforzado el cierre procesal de este tipo de litigios mediante numerosos autos de inadmisión de recursos de casación, lo que reduce significativamente las posibilidades de que nuevas interpretaciones prosperen en la jurisdicción ordinaria. En ese contexto, las decisiones de la Audiencia de Palencia representan una anomalía dentro de la práctica judicial española reciente.

Sin embargo, incluso los propios defensores de los consumidores reconocen que estas victorias judiciales tienen un alcance limitado. Tanto UCI como otras entidades previsiblemente recurrirán las sentencias, lo que abrirá la puerta a un nuevo examen por parte del Tribunal Supremo de España. La experiencia reciente sugiere que el alto tribunal podría revertir estas decisiones o limitar su impacto.

Por ello, muchos juristas consideran que la única vía capaz de alterar de forma estructural el equilibrio jurídico actual pasa por una nueva intervención del tribunal europeo. El mecanismo sería el planteamiento de una nueva cuestión prejudicial ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Este procedimiento permitiría suspender numerosos procesos en curso mientras Luxemburgo aclara nuevamente cómo debe aplicarse el principio de transparencia en los contratos hipotecarios referenciados al IRPH.

Una batalla aún abierta

La historia reciente del litigio hipotecario en España demuestra que las grandes transformaciones jurídicas rara vez surgen de una sola sentencia. Más bien son el resultado de una larga interacción entre tribunales nacionales y europeos.

Las decisiones de la Audiencia Provincial de Palencia no cambian todavía el equilibrio del sistema. Pero sí introducen una grieta en una doctrina que parecía consolidada.

En términos jurídicos, puede tratarse solo de una victoria aislada en una guerra procesal más amplia. En términos políticos y económicos, sin embargo, recuerdan que el derecho europeo sigue siendo la última instancia capaz de redefinir las reglas del juego.

miércoles, 11 de marzo de 2026

11/03/2026 - NI EL DELFÍN SE LIBRA DE TRUMP

El Pentágono planea enviar cetáceos al Estrecho de Ormuz para limpiar las minas colocadas por el régimen de Irán

José Antequera

Donald Trump prepara una nueva monstruosidad que añadir a su larga lista (que ya es difícil): delfines, leones marinos y mamíferos acuáticos para limpiar el Estrecho de Ormuz, convertido en un peligroso campo de minas por los iraníes. En las últimas horas se ha sabido que el régimen de los ayatolás está plantando todo tipo de artefactos explosivos en esa arteria del comercio mundial. El objetivo: convertir Ormuz en un cuello de botella para terminar de estrangular la economía global y de paso arrastrar a China (auténtica obsesión del magnate neoyorquino), a la Tercera Guerra Mundial.

Aunque los generales del Pentágono presumen de haber abatido 16 embarcaciones iraníes mientras colocaban las minas, lo cierto es que un buen puñado de explosivos (entre quinientos y un millar) han podido ser colocados en las aguas del Estrecho. Y ahí es donde entran los pobres mamíferos acuáticos. Trump ha dado orden de movilizar la unidad de delfines y leones marinos para detectar la munición y desactivarla. Hay que denunciarlo alto y fuerte. Durante la primera Guerra del Golfo, y después con la invasión de Irak, Estados Unidos utilizó a estos hermosos animales como parte de su Programa de Mamíferos Marinos para la detección de minas. Nos dijeron que no entraban en contacto con las cargas explosivas, ya que su labor se limitaba a marcar la posición de la bomba con flotadores de colores, avisando así a su entrenador. Sin embargo, ¿cuántos de estos nobles seres acuáticos estallaron por los aires? ¿Cuántos pacíficos cetáceos reprogramados como arma de guerra fueron sacrificados? Jamás se dieron cifras concretas de semejante crueldad. Nos contaron que los habían bautizado con nombres de dibujos animados como MakaiTacomaKatrina y Ten, pero sobre sus misiones secretas y su trabajo letal nada más se supo. Las denuncias de los ecologistas y defensores de los derechos de los animales fueron, una vez más, ninguneadas.

Cuenta la mitología griega que en un tiempo remoto los misteriosos delfines fueron piratas castigados y convertidos en cetáceos por tratar de vender al dios Dioniso como esclavo. Desde Homero, el delfín ha sido compañero inseparable del marinero solitario, terapeuta de niños autistas, atracción de feria e inspiración de poetas. Hoy a los delfines (muy apreciados por la Marina norteamericana por su sofisticado sistema de sonar natural) los amaestran durante décadas, seguramente mediante métodos y prácticas moralmente reprobables. Filosóficamente, entrenar a seres humanos para que se maten entre sí en el campo de batalla es algo nauseabundo. Decía Paul Valéry que la guerra es una masacre entre gentes que no se conocen para provecho de gentes que sí se conocen pero que no se masacran. O sea, una orgía de atrocidades alimentadas por charlatanes y embaucadores como Aznar. Pero el ser humano es libre de elegir su propio destino, su propio infierno, su propia autodestrucción, mientras que, al inteligente delfín, un ser superior, lo sacan del mar –donde nada en libertad y en armonía con el planeta y con el cosmos–, lo alistan contra su voluntad, lo enfundan en una bandera absurda que no es la suya y lo recluyen en un cuartel de agua, donde se le agota con ejercicios extenuantes y estúpidas acrobacias antes de enviarlo a primera línea de batalla. Pocas aberraciones humanas cometidas por el llamado sapiens tan execrables como esta.

En la guerra de Irán hay demasiados intereses en juego: el precio del barril de petróleo, la estabilidad de las Bolsas y los mercados internacionales, las elecciones de medio mandato de noviembre que Trump podría perder si el conflicto bélico se prolonga demasiado y el ciudadano medio americano, harto de no poder llenar el depósito de combustible de su Cadillac, rompe con el trumpismo. Todo eso y la destrucción del mundo de ayer con su Derecho internacional basado en reglas, enterrado para siempre por doña Ursula Von der Leyen. El delfín vive en orden y paz con la naturaleza; el ser humano en el caos, la ley de la jungla y la nueva edad de oro del trumpismo fascista. ¿Quién es el ser más racional?

Hoy, el mataniñas Trump y su lacayo Netanyahu vuelven a la carga con los horrores de la guerra. Mientras explotan las escuelas repletas de colegiales, mientras cada día mueren cientos de civiles inocentes en los bombardeos sobre IránLíbanoCisjordania Palestina, podría parecer una frivolidad preocuparse por unos cuantos animales utilizados para la maquinaria del crimen y el genocidio. Se está librando una batalla por una montaña de dólares y unos océanos de petróleo y sangre, así que el lector de esta columna se preguntará qué demonios puede importar que empleen a unos cuantos cetáceos para que podamos llenar los depósitos de nuestros coches una semana más. Importa. Importa porque la explotación del delfín como carnaza, como carne de cañón para la guerra, es el símbolo perfecto de hasta qué nivel de degradación, depravación e inmoralidad ha llegado el mono desnudo mal evolucionado hacia la locura y la barbarie.

No se trata de caer en la retórica naíf o buenista, ni de recuperar argumentos de aquellas películas lacrimógenas de nuestra infancia como ¡Liberad a Willy! Se trata de denunciar una injusticia más, quizá minúscula al lado de la masacre de esa escuela femenina que el criminal de guerra Trump ha volado por los aires con sus infames Tomahawks, pero injusticia, al fin y al cabo. Trump, destructor de mundos, va a explotar para la guerra al bello, amigable, sonriente y atlético delfín. Va ponerle el uniforme de los marines y una gorra de MAGA. Va a sacrificarlo por la patria y por sus petroleros cargados de codicia y negras mentiras. Ya lo dijo Anguita: malditas las guerras y los canallas que las hacen. Y que dejen en paz a los delfines.

 

11/03/2026 - SE ACUMULAN DEMASIADOS RIESGOS EN LAS FINANZAS INTERNACIONALES


 


La guerra en Irán ha reavivado el temor a una nueva sacudida en los mercados financieros

JUAN TORRES LÓPEZ

La guerra en Irán ha reavivado el temor a una nueva sacudida en los mercados financieros internacionales. Sin embargo, el verdadero riesgo puede no estar en el propio conflicto (aunque este ya sea grave de por sí), sino en algo más profundo: la acumulación silenciosa de fragilidades muy peligrosas en el sistema financiero global.

 

En los últimos años se han ido formando desequilibrios que comentaré enseguida que recuerdan a patrones observados antes de crisis financieras anteriores; y no sería la primera vez que una crisis financiera aparece cuando aparentemente todo sigue funcionando con normalidad.

 

Señales de alarma recientes

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En los últimos días, diversos medios de comunicación han informado de que el mayor gestor de activos del mundo, BlackRock, que administra unos 14 billones de dólares, ha limitado temporalmente la cantidad de dinero que algunos inversores pueden retirar de ciertos fondos cuando las solicitudes superan los límites preestablecidos. Y algo parecido ha ocurrido con otros fondos gestionados por gigantes del crédito privado como Blackstone o Blue Owl Capital.

 

En términos sencillos, esto significa que un número significativo de inversores ha solicitado retirar dinero al mismo tiempo y que los fondos no pueden devolverlo inmediatamente porque los activos en los que invierten no son líquidos (no se pueden vender rápida y fácilmente).

 

Esto plantea dos preguntas relevantes.

 

La primera, por qué muchos inversores desean salir de estos fondos. La segunda, cómo es posible que instituciones tan grandes tengan dificultades para atender esas retiradas.

 

La respuesta a la segunda pregunta es relativamente sencilla. Los fondos de crédito privado invierten sobre todo en préstamos a empresas que duran años y que no pueden venderse con rapidez para obtener liquidez, a diferencia de lo que ocurre con acciones o bonos cotizados. Cuando las solicitudes de reembolso aumentan rápidamente, los gestores pueden encontrarse con dificultades temporales para obtener efectivo.

 

Esto no significa necesariamente que los fondos estén en peligro inmediato. De hecho, esos límites de retirada forman parte de su funcionamiento normal. Hay que estar atentos, sin duda, por si aumentaran las retiradas, pero lo preocupante, lo que merece mayor atención, es el hecho de que la demanda de reembolsos haya sido lo suficientemente elevada como para activar esos mecanismos. Ahí está la cuestión clave: demasiados inversores están anticipando que se pueden producir problemas y tratan de ponerse a salvo.

 

El crecimiento del crédito privado

 

En las últimas dos décadas, los fondos de inversión han ido ocupando parte del espacio que antes correspondía a la banca tradicional en la financiación de empresas. Ha surgido así un mercado de crédito privado muy rentable, pero también menos transparente, menos regulado que el sistema bancario y, por tanto, muy peligroso.

 

Para financiar sus préstamos, estos fondos captan capital de inversores institucionales y particulares y, además, utilizan apalancamiento, es decir, se endeudan para ampliar su capacidad de préstamo. Si reúnen, por ejemplo, 1.000 millones de capital de inversores, piden préstamos ellos mismos, quizá por el doble o triple de esa cantidad (a veces, mucho más) para prestar en mucha mayor cuantía.

 

Mientras las empresas que reciben los préstamos del fondo paguen y los inversores no retiren su dinero de forma masiva, el sistema funciona bien y da altos beneficios. Pero cuando las condiciones económicas se deterioran, el sistema se vuelve más frágil y se pueden generar tensiones comparables con las observadas en crisis financieras anteriores.

 

Un sistema financiero en la sombra

 

Tras la crisis de 2008 se endureció la regulación bancaria, lo que redujo el riesgo dentro de los bancos. Aunque no se fue todo lo lejos de lo que se debía, se produjo un efecto perverso y previsible.

Para escapar de las restricciones, buena parte de las operaciones más arriesgadas (y rentables) se desplazó hacia el llamado sistema financiero no bancario o shadow banking, en el que operan muchos de los vehículos de inversión utilizados por los grandes fondos. Estas entidades se dedicaron a dar préstamos a las empresas que no lo obtenían en el mercado convencional.

 

Según estimaciones del Financial Stability Board, este sector alcanza los 240 billones de dólares a escala global y descansa en tres pilares que generan una gran vulnerabilidad:

– Préstamos a medio y largo plazo que son activos muy difíciles de vender y que se financian, como he dicho, con capital de inversores que puede retirarse en cualquier momento.

– Apalancamiento (endeudamiento) muy elevado de los fondos que, además, es ajeno al control de las autoridades reguladoras y en muchas ocasiones no se refleja en sus balances.

– Interconexión con el sistema bancario tradicional, a través de líneas de crédito y financiación, que no siempre es transparente, de modo que una crisis en el crédito privado no sólo afectaría a los fondos de inversión, sino también a bancos y otros intermediarios financieros.

 

Un riesgo añadido

 

Otro elemento que está mostrando signos de fragilidad y riesgo elevado es la evolución del mercado de financiación a muy corto plazo que se conoce como repo (repurchase agreement).

 

Un repo (repurchase agreement) es un préstamo entre instituciones financieras que se concede a muy corto plazo, incluso a un día, usando bonos como garantía (en la jerga financiera se dice que se usan como colateral): un banco necesita efectivo inmediatamente, entrega bonos del Tesoro, recibe dinero hoy, y mañana recompra esos bonos con intereses.

 

En este mercado se negocian operaciones por valor de unos 16 billones de dólares diarios y de él depende buena parte de la financiación del sistema financiero global. Allí se mueven y de él dependen todos los grandes bancos y fondos de inversión del planeta. Si se bloquea, son todos ellos los que se ven afectados.

 

Pues bien, diversas instituciones como el Bank for International Settlements y el propio Financial Stability Board vienen advirtiendo que las vulnerabilidades que se están acumulando en este mercado es muy grande, precisamente como consecuencia de lo que he apuntado, el elevado apalancamiento de algunos participantes, y a lo que se une la utilización del mismo bono en varias operaciones y la fuerte concentración de operaciones en unos pocos grandes intermediarios financieros

 

Si el mercado repo se tensionara seriamente —algo que incluso algunos reguladores consideran ya como un riesgo más que potencial— la liquidez del sistema podría deteriorarse rápidamente. Y una señal de que eso puede estar sucediendo en estos momentos es el creciente uso de apalancamiento por parte de los llamados hedge funds o fondos de cobertura que utilizan estrategias de inversión de alto riesgo, justo en el mercado de bonos del Tesoro estadounidense que sirven de garantía.

 

No hay colapso en ese mercado, como algunos analistas están empezando a señalar, pero las muestras de peligrosa fragilidad estructural son cada vez más visibles y parecidas al patrón que precedió a crisis anteriores.

 

Un indicador silencioso: las subastas de deuda del Tesoro

 

Justamente otro indicador relacionado con lo anterior está dando también señales de alerta: las subastas de deuda del gobierno estadounidense organizadas por su departamento del Tesoro.

Cuando la demanda en estas subastas se debilita o se vuelve más irregular, el Tesoro debe pagar rendimientos más altos para colocar su deuda y esto puede provocar subidas de tipos de interés que afectan a todo el sistema financiero global.

 

Lo que se viene observando es que, en algunas subastas recientes, la demanda ha sido más irregular que en años anteriores, y justo cuando la emisión de nueva deuda de Estados Unidos aumenta sin cesar. Hay menor participación de compradores extranjeros y más grandes bancos tienen que quedarse con más bonos en las subastas.

 

Un patrón conocido

 

Nada de esto significa que una crisis financiera global sea inevitable o inmediata. Pero ahora hay una coincidencia de factores que recuerda claramente a los patrones que han precedido a crisis financieras: activos poco líquidos financiados con capital que se retiran, alto apalancamiento, creciente interconexión entre el sistema bancario y el financiero en la sombra, tensiones y burbujas de crédito en sectores importantes, como la construcción y la vivienda antes de la crisis de 2008 y ahora de exceso de inversión y expectativas en la inteligencia artificial.

 

Y cuando todo eso produce fragilidades que se acumulan, cualquier shock inesperado -como la guerra de Irán que va a afectar a variables tan influyentes en el conjunto de la economía como los precios del petróleo- puede actuar como detonante inmediato

 

lunes, 9 de marzo de 2026

09/03/2026 - EL PELOTAZO DE TRUMP ES NUESTRA MISERIA

La guerra de Irán no es más que un paso más en la organización de un inmenso plan financiero, a nivel planetario, para beneficio de unos pocos

José Antequera

Las bolsas mundiales abren con fuertes caídas provocadas por el pánico a que se prolongue la guerra de Irán. El lunes negro. Trump y sus amigos, los tecnobrós, petroleros de Texas y fabricantes de armas de Wall Street, ya tienen lo que querían: una nueva crisis económica con tintes de fuerte recesión. El mundo empieza a pagar los desmanes del delirante inquilino de la Casa Blanca.

A río revuelto, ganancia de pescadores, dice el dicho popular. Es tan viejo como el origen mismo de los tiempos. Cuando la codicia de los poderosos (y de los aspirantes a serlo) se dispara, el mal de muchos es el beneficio de unos pocos. Para esta gente, la guerra, la peste, el hambre y la muerte –los Cuatro Jinetes del Apocalipsis–, funcionan como los catalizadores o acelerantes perfectos del putrefacto sistema capitalista. No hay nada nuevo bajo el sol en lo que está pasando en el convulso escenario internacional de hoy. La guerra de Trump no es una tragedia inevitable, es un suculento y monumental plan de negocio.

Fue Marx uno de los primeros en apuntar a las crisis cíclicas (bien diseñadas y planeadas por el propio capitalismo industrial) como forma de acumular riqueza. Schumpeter, a su vez, estableció el concepto de “destrucción creativa”, es decir, el capitalismo tiene que destruir para seguir produciendo (el sistema morirá de éxito). Y Thomas Piketty, experto en desigualdad y distribución de la renta, analiza los jugosos procesos de concentración del dinero en dinámicas de crisis y recesión. El asunto está más que estudiado.

No vamos a remontarnos aquí a la época premoderna y a la crisis de los tulipanes registrada en los Países Bajos durante la primera mitad del siglo XVII, cuando “se podía comprar una hermosa casa en el canal de Ámsterdam por el precio de un bulbo” de esa preciosa flor, lo que llevó a la ruina general, según explica Gordon Gekko (magistralmente interpretado por Michael Douglas) en la película Wall Street. Desde el Pánico de Londres de 1825, considerada la primera crisis moderna causada por la especulación financiera y la burbuja, ya llevamos unos cuantos terremotos originados desde los despachos de las altas esferas. En concreto, hubo ocho cracks en el siglo XIX, como el de 1857 (primero de la historia con carácter global). En el siglo XX hubo otras catorce grandes crisis, entre ellas el pánico bancario de 1907, la Primera Guerra Mundial, la Gran Depresión del 29 y la crisis del petróleo del 73. Y qué podemos decir de este siglo XXI que se nos empieza a hacer ya muy largo: en 26 años, cinco colapsos de proporciones mayúsculas: gran crisis financiera de 2007 por las hipotecas subprime y el hundimiento de Lehman Brothers; crisis del euro (2010); crisis del covid 19; crisis energética por la guerra de Ucrania y ahora esta última por la caprichosa guerra del señorito Trump.

Hasta dónde puede llegar el descerebrado megalómano e impulsivo de Mar-a-Lago en su misión Furia Épica que arrastra a la humanidad al suicidio colectivo solo el destino lo sabe. Pero ya tenemos datos para concluir que este incendio de Irán que ya se extiende por todo Oriente Medio y por parte de Europa ha sido planeado en varios centros de poder. En los despachos de la Trump Tower de Nueva York, por supuesto; en los despachos del complejo industrial-militar con ramificaciones en el Pentágono (sobre el que ya alertó Eisenhower en uno de sus discursos para la historia); en los despachos de las corporaciones tecnológicas (véase Elon Musk, hasta hace poco asesor de confianza del líder de MAGA) y de las seis mayores compañías petrolíferas (el llamado Big Oil, que ya se reúne sin complejos en la Casa Blanca, convertida en la sede del consejo de administración de Trump Corporation).

Los titulares de prensa empiezan a hablar de crisis y recesión, y ya se sabe que cuando el río suena, agua lleva. Preparémonos para facturones de la luz a precios astronómicos, subida de precios de la cesta de la compra (inflación a tope), paro, caída del comercio internacional y contracción del crecimiento. Serán las clases trabajadores y más vulnerables quienes, como siempre, paguen el pato de una crisis que no se diferenciará demasiado de las otras. Habrá colas del hambre mientras las élites brindan con champán por el último pelotazo financiero. Pedro Sánchez tiene trabajo con el escudo social.

El orden mundial ha saltado por los aires, el Derecho internacional está siendo pisoteado y la ONU se ha convertido en una especie de silencioso hogar del jubilado a punto de ser clausurado donde cuatro vejetes se reúnen para contarse sus batallitas del pasado. Caminamos, por tanto, hacia un mundo más inestable y peligroso, sí, pero también más rentable, sobre todo para algunos que se frotan las manos. Un mundo sin reglas y sin leyes donde mandan la ley del más fuerte y los grandes tiburones de los mercados. Un mundo en estado de tensión permanente bajo la amenaza del terror nuclear donde hoy explota VenezuelaMéxico Cuba, mañana vuelan por los aires las monarquías árabes y cualquier día nos tenemos que poner el casco por la invasión yanqui de Groenlandia. Cuando decimos que Trump es el nuevo Nerón de la humanidad, a escala planetaria, no exageramos un ápice. El sátrapa es un yonqui del fuego y la pólvora, disfruta con el olor a humo y cenizas tras el incendio de la aldea global. Un pirómano con manguera ancha y poderes absolutos. ¡Cómo engañó a millones de incautos a los que convenció de que sería el nuevo Premio Nobel de la Paz sin meterse en guerra alguna! Ya todo el planeta es un inmenso campo de batalla de todos contra todos. El sindiós perfecto y total. Cuentan que en las Fallas de Valencia de este año (entre mascletá y bombardeo en Teherán con miles de muertos) va a ser el ninot más recurrente y representado sin que nadie quiera indultarlo. Pues a la hoguera con el odioso personaje.