Ante la crisis de la vivienda hay que poner sobre la mesa propuestas que la derecha califique de intolerables. Limitar el precio de los alquileres. Expropiar a grandes tenedores. Prohibir que los fondos buitre operen en España
Hace una semana, la izquierda ganaba en Berlín. Mientras Alemania se escora
a la ultraderecha, su capital, allá donde mayor es el problema de la vivienda,
elige a la izquierda. No a una izquierda cualquiera. A la que había logrado
indignar a importantes sectores con sus propuestas. Si el Estado puede
expropiar terrenos para construir carreteras por el bien común, también es bien
común expropiar vivienda a fondos buitre porque hay una emergencia social,
defendía durante la campaña la candidata de Die Linke, Elif Eralp, y hoy lo
defiende media Alemania.
La vivienda, ese asuntillo secundario para gobernantes y vital para los
gobernados, ha vuelto a llenar de tiendas de campaña la Puerta del Sol de
Madrid. Que se vayan a sus casas, bramaban durante aquel 15M algunos cabreados
con la movilización. ¿Qué pasa, qué pasa? Que no tenemos casa, responden hoy
los acampados, lo cual los hace más peligrosos que entonces. Tras remolonear
durante unas cuantas décadas –procrastinar lo llaman los cursis–, el PSOE no
tiene más remedio ya que responder a la pregunta del millón: ¿es la vivienda un
producto de mercado o un derecho básico de la gente? Ya no vale con decir que
ambas respuestas son correctas, ni pedir el comodín de la llamada, ni que los
caseros sean buenas personas. Ni siquiera vale con tomar medidas drásticas,
como regalarle unas zapatillas Kelly Finders a los afectados. Toca responder si
sirves para solucionar el principal problema de la gente o eres parte del
problema, y toca hacerlo ya. Pedro Sánchez parece saberlo. “Estamos trabajando
a toda velocidad para que este martes se apruebe el decreto de vivienda”, ha
anunciado el presidente del Gobierno, con prisas tras tomar posesión de su
cargo el pasado miércoles o jueves, imaginamos. Bienvenido a La Moncloa, Pedro.
No se trata de gobernar para Maricarmen como repiten por redes los
propagandistas del gobierno. No va de expropiar un piso concreto porque la
crueldad televisada del sistema nos conmovió un día. No va de salir del paso
con pactos de mínimos para ganar tiempo, ni se trata de que se haga este martes
a toda prisa lo que no se ha hecho en décadas. Va de ser capaz de indignar. Se
trata de tener valentía, que no consiste en gritar que la derecha hace
barbaridades, sino en poner sobre la mesa propuestas que la derecha califique
de intolerables. Es decir, propuestas razonables y beneficiosas para la
mayoría. Limitar el precio de los alquileres. Expropiar a los grandes
tenedores. Prohibir que los fondos buitre operen en España. Entrar a degüello
contra los alquileres turísticos que expulsan a los vecinos de sus barrios.
Atajar la mayor de las inseguridades: la de poder quedarte en la calle. Tomarse
en serio el problema de la vivienda de una puñetera vez.
Mucho de lo que se plantea no se puede llevar a cabo legalmente, dirán
desde el PSOE. Nos sabemos la política española de memoria. Tampoco se puede,
según la ley, perseguir al más pobre y desgraciado, financiar con dinero
público fábricas de bulos para generar falsos debates públicos o utilizar la
justicia como escopeta contra la izquierda y aquí estamos. Aprendamos de la
creatividad de la derecha y usémosla de vez en cuando para el lado correcto.
Bajo el gobierno más progresista de la blablá ha sucedido en España algo
extraordinario: quien menos gana, más tiene que pagar por vivir bajo un techo.
Es una regla de tres iniestra. Quien cobra menos no puede ahorrar, sin ahorros
no hay opción a hipoteca y toca seguir en la rueda de alquileres disparados
porque fondos buitres y guiris de paso han acaparado los pisos en los que antes
vivían familias. No puede ser. De ningún modo. No toca indignarse. Toca
indignar o aceptar la inutilidad.