Comentario: Al Partido Popular le importan muy poco los muertos, miren: “Veremos que deciden los ciudadanos, y hasta donde llega el efecto de que no haya ninguna dimisión o cese. Si tomamos como referencia lo sucedido en anteriores tragedias bajo mandato del PP, en los que no hubo ninguna dimisión política en casos como el Yak42 (75 muertos), 11M (197 muertos), o del tren Alvia en Angrois (80 muertes) —en los casos de DANA de Valencia que causó 230 muertes o las 7.291 registradas en residencias madrileñas por el COVID aún no ha habido sentencia ciudadana porque no ha habido elecciones—, se pude concluir que el ciudadano castiga más la mentira que una supuesta o rea”.
Vicente Mateos Sainz de Medrano
El desgraciado y cruel accidente de dos trenes de alta velocidad en la
localidad toledana de Urda ha supuesto un golpe emocional para la ciudadanía, y
una tragedia sin parangón para los familiares de las víctimas mortales y
heridas de distinto grado que, partidos por el dolor, es lógico que quieran
saber cuáles son las causas y los responsables. Afectados qué por la conmoción,
el shock, que te cambia la vida en un segundo no atienden
a las explicaciones técnicas porque reaccionan desde el dolor que sienten,
visceral y humano, de buscar un culpable, con nombre y apellidos, de la
aflicción que ha destruido sus vidas. Dirigir la ira que se siente hacia
alguien en concreto es la primera reacción de quienes sufren un trauma
sobrevenido, por la dificultad del momento para gestionar el miedo, la tristeza
y la impotencia.
En este marco la racionalidad desaparece ahogada por el sentimiento y el
dolor de los afectados directos de la tragedia, a los que hay que dar una
respuesta política que les devuelva el sosiego y restablezca la confianza quebrada en el sistema de alta velocidad, como
ha reconocido el presidente Pedro Sánchez. En situaciones trágicas como la
acontecida la experiencia dicta que no se pueden tomar decisiones drásticas en
caliente, forzadas por la presión ambiental, porque los hechos terribles se
producen siempre por una concatenación de acontecimientos inesperados que se
enlazan en unos momentos de infortunio con el resultado de muerte de seres
vivos. Casos en los que la culpabilidad está repartida, por lo que no hay un
único culpable al que guillotinar.
Culpabilidades que solo se podrán extraer del análisis concienzudo y
sosegado de los expertos de los rastros del siniestro, y más en tragedias que
se producen en entornos donde las medidas de seguridad son tan estrictas como
en los trenes de alta velocidad o en la aviación comercial. Ahora bien, y de
manera general, siempre existirá un ejecutor que, por desconocimiento de los
protocolos, falta de preparación o negligencia, desata la tragedia, y una
responsabilidad política por la gestión de los recursos destinados a la gestión
de la red ferroviaria. Y así llegamos al hecho mollar: ¿debe dimitir Oscar
Puente?, ¿debe cesarlo Pedro Sánchez?, o ¿debe mantenerlo? Incógnitas con las
que viene jugando los medios desde que se produjo lo que, no lo olvidemos, fue
un desgraciado accidente del que debemos extraer las mejoras necesarias a
aplicar para que no se repita.
La primera ya la resolvió Oscar Puente, al afirmar que presentó su dimisión
al Presidente y que éste no la aceptó, de donde se colige que no tiene
intención de cesarlo, y que resuelve la tercera, que lo mantendrá hasta las
elecciones. De este modo Pedro Sánchez ata su destino a Oscar Puente, en un
momento en el que se está jugando el resultado de unas elecciones, que tras el
arranque de la precampaña iba pintando bien por la movilización del voto de
izquierda que, hasta el accidente, venían recogiendo todas las encuestas.
Veremos que deciden los ciudadanos, y
hasta donde llega el efecto de que no haya ninguna dimisión o cese. Si tomamos
como referencia lo sucedido en anteriores tragedias bajo mandato del PP, en los
que no hubo ninguna dimisión política en casos como el Yak42 (75 muertos), 11M
(197 muertos), o del tren Alvia en Angrois (80 muertes) —en los casos de DANA
de Valencia que causó 230 muertes o las 7.291 registradas en residencias
madrileñas por el COVID aún no ha habido sentencia ciudadana porque no ha
habido elecciones—, se pude concluir que el ciudadano castiga más la mentira
que una supuesta o real mala gestión.
Veremos si en lo que resta de campaña Pedro Sánchez es capaz de reconducir
y centrar el debate en torno al mensaje central de que lo que está en juego es
la democracia y el progreso o la involución; frente a la avalancha que ya
estamos viendo de invectivas zafias e insultantes contra Oscar Puente y Pedro
Sánchez. Latiguillo discursivo que no va a soltar la derecha extrema y la
extrema derecha, ahora reforzado con el mantra de la incapacidad de Sánchez
para asumir sus responsabilidades con la ciudadanía.