El líder del PP pide a los españoles que paren la guerra tras semanas de apoyo a la misión militar genocida de Donald Trump
Feijóo pretende ponerse el traje de
pacifista y ahora nos sale con esa solemne estupidez de que esta guerra tenemos
que “pararla entre todos” porque, de lo contrario, las ayudas del Gobierno contra la crisis energética que se
avecina no darán para mucho. El estadista gallego es una lumbrera de nuestro
tiempo. ¿Parar la guerra? ¿Nosotros? ¿Quiénes? ¿Cuándo? ¿Cómo? Y este era el
que se quejaba de que Pedro Sánchez era
un utópico, el nuevo Bambi como en
su día lo fue Zapatero, el ingenuo del “no a la guerra”. A este
Alberto no hay por dónde cogerlo, ni en lo político ni en lo personal.
El dirigente conservador ha ido dando bandazos desde que Donald Trump decidió bombardear Irán desatando un desastre humanitario en Oriente Medio y el caos económico mundial. Primero
se rasgó las vestiduras cuando el Gobierno español no se sumó a la barbarie del
dirigente de MAGA; después criticó amargamente
que nuestro país haya cerrado el espacio aéreo de Morón y Rota a los cazas y bombarderos
norteamericanos; y finalmente llegó a aceptar que los españoles debemos estar
con EEUU sí o sí, es decir en el lado malo de la
historia junto a los señores de la guerra y los oligarcas que matan a miles de
inocentes para hacer negocio con el petróleo y el gas. De alguna manera suicida
que solo él entendió, Feijóo se alineó con Abascal y la extrema
derecha en el vasallaje belicista, progenocida y nazi. Un chupador y lamedor de
la bota del Tío Sam. Todo ello mientras
consentía que primeros espadas de su partido como Ayuso soltaran barbaridades como que Sánchez es un
terrorista de Hamás amigo de los ayatolás.
Al mismo tiempo que el PP hacía sonar los tambores de guerra yanquis, los
líderes de la derecha europea se movían hacia una clara neutralidad. Macron respaldaba la posición antibeligerante
de España; Meloni tres
cuartos de lo mismo; y hasta el canciller Merz rectificaba
y pasaba de ser el criado rastrero y servil de Trump a replantearse la posición
de Alemania, que en un principio fue abiertamente
intervencionista y prosionista.
Ahora, cuando por fin cae en la cuenta de que lo del Señor Naranja es un
delirio sin precedentes en la historia contemporánea (escalofriante ese momento
en el que, a punto de cumplirse el plazo del ultimátum a la humanidad salió al
balcón de la Casa Blanca al lado de un muñeco gigantesco en forma de conejo),
Feijóo ha optado por graduar su postura política ante el sindiós de Oriente Medio. Lo que en política se conoce, muy
eufemísticamente, como “modular el mensaje”, que en realidad no es más que una
bajada de pantalones en toda regla.
Muy bien, bienvenido al bando de la gente que no quiere la guerra, señor
Feijóo. Pero, más allá de esa demagogia en la que es experto el mandatario
conservador, lo que habría que preguntarle a Alberto Núñez Feijóo es: ¿está de
acuerdo con que Netanyahu se anexione Líbano a bombazo limpio? ¿Es partidario de que
Trump borre a toda una civilización como la persa del mapa? ¿Avala el genocidio
de Gaza? (esto todavía no lo sabemos y eso que la masacre
va ya por más 70.000 muertos). Hay muchas preguntas por responder y el líder
del Partido Popular sigue quedándose en el eslogan de
cada minuto que pueda darle algún voto más. Ya hemos dicho aquí otras veces que
el gallego practica una suerte de política esencialmente
electoralista/oportunista y dice y hace lo que convenga según las encuestas. Feijóo
es eso que se conoce como un ambiguo, un poliédrico, un chaquetero, voluble o
chiribaila. Tiene un discurso para cada momento. En esas coordenadas
feijoístas, los ideales ya no importan. La coherencia tampoco. Y en cuanto a la
integridad y la honestidad, no sabe no contesta. Hoy es de centro derecha,
mañana de centro centro, al día siguiente de extremo centro. Solo le mueve la
retórica. Feijóo es capaz de ponerse una cresta de colores, en plan punki o
ácrata de la escuela Milei, motosierra en
mano para arrasar con todo, y al día siguiente declararse fiel defensor del
Estado de bienestar. Feijóo puede ser carnívoro y vegano al mismo tiempo;
machista y feminista; católico y agnóstico. Según. Ayer tocaba pacifista.
“Paremos la guerra”, dijo el personaje con toda desfachatez después de haber
colocado al PP en el bando imperialista y neonazi.
Aquí lo que ocurre de verdad, amigo Alberto, es que Trump está perdiendo en
su ofensiva militar, que los iraníes se ríen en las barbas del magnate
neoyorquino y que el mundo que sale de todo este destrozo sin sentido va a ser
bastante peor, más tétrico y más inseguro que el que teníamos hace un año. De
entrada, los ayatolás ya se pasean por el Estrecho de Ormuz como
Pedro por su casa, abriendo y cerrando a voluntad el grifo del petróleo. Se
comprende que se hace difícil seguir apoyando a un tronado como Trump. Detrás
del “paremos la guerra” de Feijóo no hay nada más que el miedo al ver el abismo
abriéndose ante los pies. Solo un eslogan vacío de contenido. Una mentira más,
como cuando el 11M. De eso el PP sabe mucho.