No es una sorpresa que el partido de Feijóo está absolutamente en contra de la vida y de la salud de los ciudadanos
Llego un poco tarde al debate de las bajas laborales, pero, ¿sabéis cuando
os quedáis tan perplejos que no os salen las palabras? Pues eso me ha pasado a
mí con este tema. También, a veces, tengo la sensación de que el Partido
Popular dice cosas tan absurdas que ni merece la pena contestarles, como cuando
un niño pequeño se queja mucho por algo que no es grave y sabes que si le
prestas atención lo convertirá en una conducta habitual.
El problema es que no son niños pequeños, son presidentes de comunidades
autónomas y candidatos para gobernar nuestro país, y tampoco lloran porque se
hayan caído sin hacerse un rasguño, sino que están hablando de un derecho
esencial que han adquirido los trabajadores. Así que no podemos
callarnos.
En 2025, se realizaron unos 130 millones de horas extra no remuneradas, lo
que supuso un ahorro para las empresas de entre 2.500 y 3.200 millones
Cuando se dice que el absentismo laboral ronda el 6% / 7%, se está hablando
del porcentaje de horas de trabajo no realizadas por cualquier motivo, bajas
médicas, permisos retribuidos, accidentes, formación, huelgas y otras ausencias
justificadas y, depende de cómo se mida, algunas estadísticas incluyen las
ausencias injustificadas. De ese total, aproximadamente el 75% / 80%
corresponde a incapacidad temporal (bajas médicas), es decir, causas
absolutamente justificadas. Por otro lado, la incapacidad temporal está
regulada por la Seguridad Social, mientras que el absentismo es un indicador
utilizado por las empresas. Vamos, que nada que ver.
A la hora de compararnos con otros países europeos hay que señalar que es
una comparación complicada ya que las normas son muy diferentes: varía cuánto
se cobra y quién te paga, cuándo necesitas un justificante médico, etc. Aunque
en España hay más procesos de incapacidad temporal (entre otras cosas porque
hay un mayor envejecimiento de la población trabajadora y por tanto más
problemas musculoesqueléticos –la causa más frecuente de bajas–), la duración
de estas es similar o algo inferior a la de otros vecinos europeos.
De todo esto, y también de la comparativa con Europa, lo más preocupante es
el aumento en los últimos años de las bajas por salud mental. Desde el año 2020
(la pandemia), las bajas por problemas de salud mental han aumentado
aproximadamente un 72 % y principalmente entre los menores de 35 años, siendo
esta la segunda causa más frecuente de incapacidad temporal. Estos problemas
tienen mayor incidencia en el “absentismo” ya que suelen ser más largos; por lo
que sea, la depresión y la ansiedad no se te quita con un par de días de reposo
y un ibuprofeno.
Se viene confesión. Os habla una persona de 29 años que ha estado casi un
año de baja médica por problemas relacionados con salud mental, una que tomaba
demasiados medicamentos al día para ser tan joven y que, entre la enfermedad
(me ha costado mucho asumir que era una enfermedad) y esas medicinas, estaba
completamente incapacitada para hacer cualquier tarea sencilla, imaginaos
acudir al trabajo. Quizás por eso, las palabras de Feijóo y sus secuaces me irritan
especialmente. Afirmar que el aumento de bajas médicas es un “cáncer” (sí,
entre todas eligió esa palabra) y que los trabajadores pueden cogerlas sin
motivo y cobrar todo el sueldo no es solo absolutamente falso, es también un
auténtico desprecio a las personas enfermas y a su sufrimiento.
No es una sorpresa que el PP está absolutamente en contra de la vida y de
la salud de los ciudadanos –otra prueba de ello es su voto de ayer mismo con
Vox en contra de las ayudas a la dependencia–, pero además hay algo de lo que
no se suele decir cuando se discute de las bajas y que desde luego estas
declaraciones empeoran: la sensación de culpa del trabajador.
Cerca del 47% de los más de 940.0000 trabajadores que realizan horas extras
no recibió ni pago ni descanso compensatorio
Cuando empezó mi calvario ni se me pasó por la cabeza ir al médico para que
me diesen una baja, solo quería dimitir. En el fondo pensaba que era mi culpa,
que los ataques de pánico, las ganas de vomitar antes de entrar en la oficina,
la ansiedad que me comía durante todo el día significaba que era débil. ¿Cómo
podía tener auténtico terror al trabajo si es algo que hace todo el mundo
durante toda la vida? Algo estaba mal en mí, pero yo era la única responsable y
no merecía que la empresa o el Estado cargase con ese coste. Durante muchos
meses esa culpa estaba siempre presente: no estoy siendo productiva, no estoy
aportando nada a la sociedad, estoy cobrando sin trabajar… Mi psicóloga me
decía que era importante salir, intentar ver a gente, hacer algún plan; y
cuando tras mucho esfuerzo lo conseguía, me reprochaba automáticamente por
poder quedar a tomar un café, pero no poder ir a trabajar. Y claro, eso solo
sirve para aumentar la ansiedad y la culpa. Ahora, después de mucha terapia,
soy capaz de entender que si eso sucede es por personas y comentarios como el
de Núñez Feijóo, personas que te hacen pensar que eres una quejica, que tienes
mucho morro, que lo que te pasa es que eres una vaga y que con llorarle un poco
al médico te puedes escaquear y además cobrando; personas que te culpan por
estar enfermo mientras alimentan los factores que precisamente te han hecho
enfermar.
Si queremos hablar de dinero, hablemos: según los datos de la Encuesta de
Población Activa, en 2025 se realizaron unos 130 millones de horas extra no
remuneradas durante el año, lo que supuso un ahorro para las empresas de entre
2.500 y 3.200 millones de euros anuales, dependiendo de si se contabilizan solo
los salarios dejados de pagar o también las cotizaciones sociales y otros
costes. Cerca del 47% de los más de 940.0000 trabajadores que realizan horas
extras no recibió ni pago ni descanso compensatorio, así que no nos vengáis con
que le costamos mucho a los empresarios.
Señores del PP y de la patronal, cuando no puedes trabajar porque te pasa
algo, tienes que seguir pagando el alquiler que no para de subir, tienes que
pagarte una terapia privada porque no hacéis más que recortar en sanidad,
porque ni os planteáis aumentar los psicólogos y psiquiatras de la pública. Si se
supone que estás presentando un proyecto para dirigir un país, no puedes negar
un hecho de tal magnitud y no asumir que existe un problema estructural por el
que cada vez hay más malestar entre la población, principalmente entre los
jóvenes. Eso es antipolítica. Vosotros simbolizáis el cáncer de la
antipolítica.