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jueves, 18 de junio de 2026

18/06/2026 SÁNCHEZ NO ERRADICA EL TIPO MÁS CRUEL DEL LAWFARE

Mientras la política se consume en acusaciones cruzadas sobre la instrumentalización judicial, existe un lawfare sistemático que beneficia a grandes empresas y perjudica a millones de familias, y del que ningún gobierno quiere oír hablar

José Antonio Gómez

El término lawfare lleva meses instalado en el centro del debate político español con una intensidad que no tiene precedentes. Desde que Pedro Sánchez alcanzó los acuerdos con los partidos independentistas catalanes que permitieron su investidura, la palabra (que podría traducirse como guerra jurídica, instrumentalización de la justicia o acoso judicial) ha colonizado los titulares, los platós de televisión y los discursos parlamentarios con una ubicuidad que resulta, cuanto menos, llamativa. Llamativa porque, en el fragor de ese debate, nadie parece dispuesto a señalar el lawfare que verdaderamente destroza la vida de las personas: el que ampara sistemáticamente a los bancos, las energéticas y las aseguradoras frente a los ciudadanos que se atreven a demandarles.

El lawfare, en su definición más precisa, es la utilización abusiva o ilegal de las instancias judiciales, nacionales e internacionales, manteniendo una apariencia de legalidad, para inhabilitar o provocar el repudio popular contra un adversario. En su versión política, el debate está servido: el PSOE, Sumar y el propio Sánchez, que durante años negaron su existencia, han pasado a afirmar de forma insistente que ha existido y que existe. Podemos ha llegado a presentar una demanda formal por este asunto. El propio Sánchez, en una entrevista en RTVE, puso como ejemplo el uso de la Policía por parte del PP en el caso Kitchen para perseguir a adversarios políticos y ocultar pruebas. El ministro de Transportes, Óscar Puente, fue más gráfico aún al compararlo con las meigas: "Uno puede no creer en ellas, pero haberlas haylas." Es más, el PSOE ha creado toda una teoría de la conspiración como herramienta de justificación de los procesos judiciales abiertos contra el entorno familiar de Sánchez, contra el PSOE o contra el Gobierno. El ministro Óscar López ha llegado a afirmar, amparándose en su derecho a la libertad de opinión, que los "jueces prevarican" y no se ha bajado de ese caballo a pesar de que no tiene prueba de ello. 

Todo eso está bien documentado, es políticamente relevante y merece el escrutinio que recibe. El problema es lo que queda fuera del foco.

La justicia a dos velocidades: lo que revelan las sentencias

Existe en España una realidad judicial que ningún presidente del Gobierno, desde Adolfo Suárez hasta Pedro Sánchez, ha tenido el menor interés en corregir. Una realidad que no afecta a líderes políticos ni a expresidentes, sino a trabajadores, consumidores, familias endeudadas y pensionistas que, en un momento dado, deciden enfrentarse a un banco, a una eléctrica o a una aseguradora ante los tribunales. Lo que les espera es, con demasiada frecuencia, una justicia que no funciona igual para todos.

La base de datos del Consejo General del Poder Judicial, conocida como CENDOJ, es pública y accesible. Cualquier persona con la paciencia suficiente puede consultarla y comprobar algo que los abogados especializados en cláusulas abusivas conocen perfectamente: existen juzgados en España donde el cien por cien de los casos relacionados con determinadas entidades bancarias son archivados de manera sistemática. No la mayoría. No un porcentaje elevado. El cien por cien. Incluyendo causas en las que, por ejemplo, a un matrimonio de jornaleros sin formación académica se les colocaron productos financieros de alto riesgo y la jueza instructora determinó que esas personas, sin ningún tipo de cultura financiera ni conocimiento del mercado, encajaban en el perfil de "inversor medio". Una conclusión que desafía cualquier lógica, pero que sirvió para cerrar el caso.

Los letrados que trabajan en este ámbito describen una situación que va mucho más allá de la casualidad o de las diferencias de criterio jurídico. Hablan de una asimetría estructural en la que el ciudadano que litiga contra un banco, una energética o una aseguradora parte de una desventaja que no es solo económica, aunque también lo es, porque los recursos legales de estas empresas son incomparablemente superiores, sino judicial. Las instrucciones de causas contra grandes corporaciones se alargan más de lo razonable. Las pruebas presentadas por la parte demandante son obviadas o no tenidas en cuenta. Los informes periciales son ignorados. Los jueces se niegan a solicitar diligencias que podrían afectar a lo que, en el argot judicial, se denomina "intereses superiores".

Europa tuvo que corregir a España

El episodio de las cláusulas suelo es quizás el ejemplo más conocido y más documentado de este fenómeno. Durante años, los tribunales españoles resistieron, matizaron y reinterpretaron la jurisprudencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea para proteger los intereses de la banca. La resolución llegaba desde Luxemburgo y los jueces españoles buscaban la manera de aplicarla de la forma menos gravosa posible para las entidades financieras, generando una cadena de recursos, cuestiones prejudiciales y nuevas interpretaciones que convertía cada litigio en un proceso interminable.

El abogado José María Erausquin lo describió a Diario Sabemos con una precisión que merece ser recordada. En el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, en los momentos previos a una vista, comentó su deseo de que el asunto se resolviera de una vez. La respuesta que recibió de alguien vinculado al propio tribunal fue reveladora: "Amigo, las cosas de España no se acaban nunca. Los jueces españoles no acostumbran a aplicar directamente las resoluciones del TJUE, esperan a que el Tribunal Supremo les diga cómo hacerlo, y como siempre hay algún juez díscolo que eleva nueva cuestión con dudas, el tema va y viene hasta el aburrimiento." Eso sucedió en febrero de 2019. Y la situación, según los especialistas, no ha cambiado sustancialmente.

El caso del IRPH, el Índice de Referencia de Préstamos Hipotecarios, es la confirmación más reciente y más flagrante de ese patrón. Tanto el Tribunal Supremo como diversas Audiencias Provinciales se han declarado en rebeldía en varias ocasiones, generando una doctrina absolutamente contraria a lo que indicaban las decisiones europeas. Miles de hipotecados afectados por un índice que el propio TJUE consideró susceptible de ser evaluado por su transparencia y sus efectos sobre el consumidor han visto cómo los tribunales españoles encontraban siempre la fórmula para no darles la razón que Europa indicaba que podían tener.

La Abogacía del Estado: cuando lo público defiende lo privado

Hay un elemento en esta historia que resulta especialmente perturbador desde el punto de vista democrático. Cuando los litigios de los ciudadanos contra las grandes empresas españolas llegan a instancias europeas, los Gobiernos de España —todos ellos, sin excepción, desde la Transición hasta hoy— han utilizado recursos públicos para defender los intereses de esas corporaciones.

La Abogacía del Estado, financiada con dinero de todos los españoles, ha actuado como complemento de los carísimos despachos de abogados que contratan los bancos, las energéticas y las aseguradoras para litigar en Luxemburgo. La lógica oficial es que el Estado defiende el "interés general" o la estabilidad de sectores estratégicos. La lógica real es que, cuando una familia hipotecada llega al TJUE reclamando que se le aplique la jurisprudencia europea sobre cláusulas abusivas, se encuentra al otro lado no solo con los letrados del banco, sino con los representantes del propio Estado español argumentando en contra de sus derechos. La Abogacía del Estado ha llegado, incluso, a defender la licitud de vulnerar derechos fundamentales en nombre de ese nebuloso "interés general".

Eso no lo ha hecho un solo Gobierno. Lo han hecho todos. Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo Sotelo, Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy, Pedro Sánchez. La continuidad es tan perfecta que resulta difícil no concluir que se trata de una política de Estado, de un acuerdo implícito entre el poder político y el poder económico que trasciende los colores partidarios y sobrevive a cualquier alternancia en el Gobierno.

Ningún Gobierno quiere cambiar esto

La pregunta que emerge de forma inevitable es por qué. Por qué ningún Ejecutivo, sea del signo que sea, ha abordado con seriedad esta dimensión del problema judicial. La respuesta tiene varias capas, y ninguna de ellas resulta tranquilizadora.

La primera es la más obvia: los grandes grupos empresariales tienen una capacidad de influencia sobre el poder político que no tiene equivalente en ningún otro sector de la sociedad. Sus recursos económicos, su peso en el empleo, su presencia en los medios de comunicación y su acceso directo a los círculos de decisión les otorgan una posición de privilegio que se traduce, entre otras cosas, en una protección judicial que los ciudadanos corrientes no tienen.

La segunda capa es más estructural. El sistema judicial español adolece de una opacidad y una falta de rendición de cuentas que lo hace especialmente permeable a esas influencias. Cuando existe la amenaza de que los jueces podrían ser auditados o sometidos a inspección externa, la reacción corporativa del poder judicial es de rechazo absoluto. Esa reacción, que en un sistema sano debería resultar incomprensible, en el contexto español revela algo mucho más preocupante: hay quien no quiere que se mire demasiado de cerca cómo se imparte justicia en determinados casos.

La tercera capa es política. El lawfare corporativo no genera manifestaciones, no produce titulares impactantes, no moviliza a la opinión pública de la misma manera que el lawfare político. Una familia que pierde un litigio contra su banco por una cláusula abusiva no ocupa portadas. Un expresidente investigado o la esposa de un presidente procesada, sí. Y en ese desequilibrio de visibilidad reside, en parte, la impunidad con la que opera este sistema.

Estado de Derecho incompleto

España celebra elecciones con regularidad, tiene prensa libre, respeta las libertades civiles básicas y forma parte de las instituciones europeas. Todos esos elementos son constitutivos de una democracia. Pero un Estado de Derecho completo requiere algo más: requiere que la justicia sea igual para todos, que el ciudadano que litiga contra una corporación poderosa tenga las mismas posibilidades reales de obtener tutela judicial efectiva que cualquier otro. Y eso, en España, no está garantizado.

El debate sobre el lawfare político es legítimo y conspiranoico a la vez. Que los partidos en el poder utilicen los mecanismos judiciales para perseguir a sus adversarios, o que los jueces actúen con sesgo ideológico en causas con implicaciones políticas, son problemas reales que merecen atención y solución. Pero ese debate no puede convertirse en el único debate. No puede servir para tapar, con su estruendo mediático, la existencia de un sistema paralelo en el que los más poderosos siempre ganan y los más vulnerables casi nunca.

Mientras los políticos de todos los colores se acusan mutuamente de instrumentalizar la justicia, hay miles de familias españolas que han perdido sus ahorros en productos financieros que nunca entendieron, que siguen pagando hipotecas con cláusulas que Europa declaró abusivas hace años, que intentan recuperar lo que es suyo ante unos tribunales que miran hacia otro lado. Para ellos, el lawfare no es un concepto que aparece en los pactos de investidura. Es su realidad cotidiana. Y Pedro Sánchez no parece tener el menor interés en cambiarla.

 

18/06/2026 - LA PATRONAL LANZA UNA OFENSIVA CONTRA EL ABSENTISMO, PERO OCULTA 3.243 MILLONES DE HORAS EXTRA ROBADAS A SUS TRABAJADORES

 

Comentario: ¡La esclavitud, oiga! La esclavitud que está presente desde hace bastante tiempo en España, desde que D. Felipe González Márquez “compró” el sindicalismo con los cursos de formación.

La patronal condicionó cualquier negociación del nuevo Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva a que los sindicatos acepten debatir las bajas médicas, pero guarda silencio sobre las 441.000 personas que trabajan gratis cada semana en España

José Antonio Gómez

España lleva meses sin un marco nacional que regule los convenios colectivos, y la solución no asoma por ningún horizonte. El Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva (AENC) caducó en 2025 y, desde entonces, patronal y sindicatos negocian subidas salariales y condiciones laborales en un vacío normativo que deja a millones de trabajadores sin la red mínima de protección que debería garantizar un pacto de ámbito estatal. Cuando el año supera ya su ecuador, los interlocutores sociales no han sido capaces ni siquiera de sentarse formalmente a plantear sus propuestas. Y este martes, lejos de acercar posiciones, la Confederación Española de Organizaciones Empresariales tensó la cuerda hasta un nuevo límite: los empresarios no hablarán de salarios ni de jornada laboral si los sindicatos no aceptan poner el absentismo sobre la mesa.

La maniobra se escenificó en la sede de la CEOE en Madrid, durante una jornada titulada Absentismo x IT: un problema de país, en la que una representación amplia de organizaciones sectoriales y territoriales de la patronal dibujó con claridad la posición empresarial. El mensaje fue rotundo y sin ambages. "Salarios y jornada a cambio de absentismo", resumió Manuel Piquer, presidente de la patronal navarra, con una concisión que no dejaba margen para la interpretación. La cuestión de las bajas por incapacidad temporal dejó de ser un asunto colateral para convertirse en la condición sine qua non de cualquier avance negociador.

Antonio Garamendi y la supuesta factura de los 33.000 millones

El presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, aprovechó su intervención en la clausura del acto para reivindicar la coherencia histórica de la posición empresarial. Recordó que ya en 2023, en esa misma sala, la CEOE y la CEPYME condicionaron la firma del acuerdo nacional de convenios a que el absentismo por incapacidad temporal entrara en la agenda pública. Según Garamendi, el objetivo se cumplió: "Ya nadie discute que esto es un problema en España." Y los datos que maneja la patronal sustentan, al menos en su dimensión económica, la magnitud de la preocupación.

La escalada de las bajas médicas en los últimos años ha generado una factura que alcanza los 33.000 millones de euros anuales, una cifra de vértigo que se reparte entre las empresas, que absorben aproximadamente 17.000 millones, y la Seguridad Social, que asume el resto. Es sobre esa cifra sobre la que Garamendi construyó su batería de propuestas, orientadas en dos direcciones complementarias: mejorar la gestión pública de la incapacidad temporal y reducir la carga económica que recae sobre las empresas.

En la primera dirección, el presidente de la patronal reclamó el refuerzo de las plantillas de profesionales sanitarios y de inspectores de los servicios públicos de salud y del Instituto Nacional de la Seguridad Social, una potenciación de las competencias de las mutuas, y un sistema de controles más ágil que incorpore evaluaciones al trabajador de baja a los tres, seis y nueve meses, sin necesidad de esperar al año como ocurre en la actualidad. También planteó que la inspección médica del INSS asuma el control directo en los procesos de incapacidad temporal cuya reiteración supere la frecuencia habitual.

En la segunda dirección, y siempre condicionando sus propuestas a que el sistema público no corrija sus disfunciones, Garamendi reclamó que la Seguridad Social asuma el pago íntegro de los primeros quince días de baja, eliminando la obligación actual que impone a las empresas hacerse cargo del coste entre el cuarto y el decimoquinto día. Además, propuso exonerar a las compañías de las cotizaciones en los procesos de baja que superen los 365 días y en los contratos de sustitución de trabajadores en incapacidad temporal.

La baja médica no es absentismo

Los sindicatos mantienen una línea roja que tiene tanto de semántica como de fondo: se niegan a aceptar el término "absentismo" para referirse a las personas que faltan al trabajo porque están enfermas. Están dispuestos a hablar de salud laboral, de prevención de riesgos, de salud mental, de carga de trabajo, de condiciones ergonómicas. Pero no de absentismo. Porque aceptar ese encuadre sería, a su juicio, equiparar la enfermedad con la negligencia, y eso es precisamente lo que rechazan.

Y tienen razones sólidas para sostener esa posición, porque una baja médica no es, en esencia, absentismo laboral. El absentismo en sentido estricto implica una ausencia injustificada, voluntaria o fraudulenta. La incapacidad temporal es, por definición, una contingencia cubierta por el sistema de Seguridad Social precisamente porque el trabajador no puede ejercer su actividad por motivos de salud, verificados y avalados por un profesional médico. Mezclar ambos conceptos no es solo un error terminológico: es una operación de encuadre que carga sobre el trabajador enfermo la sospecha de estar fingiendo o de abusar de un sistema diseñado para protegerle.

Más allá del debate conceptual, los sindicatos rechazan medidas concretas que surgieron en la jornada empresarial, especialmente aquellas dirigidas a limitar los complementos que las empresas pagan voluntariamente para mejorar las prestaciones por incapacidad temporal. UGT aprobó por unanimidad en su último comité confederal que esas cláusulas son una "garantía en defensa de la salud" de los trabajadores y que no podrán ser alteradas ni modificadas en perjuicio de estos, incorporando esa resolución como guía obligatoria de negociación para el sindicato. El mensaje al empresariado no podía ser más directo: esa línea no se negocia.

El Ministerio, en segundo plano

En el Ministerio de Seguridad Social, que lleva meses con una mesa de negociación abierta con patronal y sindicatos precisamente para abordar la incapacidad temporal, las conversaciones están en punto muerto. Desde el departamento que dirige Elma Saiz se limitan a señalar que "la mejora de la gestión de la incapacidad temporal y la facilitación de la recuperación de la salud de los trabajadores es un asunto capital para el Gobierno" y que se está abordando en el marco del diálogo social, donde se han alcanzado acuerdos relevantes en legislaturas anteriores. Una respuesta prudente que, en la práctica, reconoce que no hay avances sustanciales.

La parálisis política que atraviesa España desde hace años —con un Gobierno en minoría, una oposición que no facilita acuerdos presupuestarios y un clima de confrontación permanente— impregna también el ámbito del diálogo social. Nadie llega a la mesa con voluntad real de ceder, y el resultado es un estancamiento que perjudica especialmente a quienes menos poder tienen en la negociación: los trabajadores con contratos más precarios, en sectores con menor densidad sindical, que negocian sus condiciones sin la red que debería proporcionar un acuerdo marco de alcance nacional.

3.243 millones en horas extra no pagadas

Y aquí es donde el relato de la patronal encuentra su punto más vulnerable, el que convierte su ofensiva contra el absentismo en algo difícilmente separable de la hipocresía. Porque mientras la CEOE convocaba a sus bases para hablar de los costes que generan los trabajadores enfermos, guardaba un silencio absoluto sobre una realidad que sus propios asociados protagonizan cada semana: las horas extraordinarias no pagadas que decenas de miles de empresas en España imponen a sus empleados.

Los datos son demoledores. En 2025, 441.000 trabajadores realizaron semanalmente horas extra sin ningún tipo de remuneración, con una media de 5,6 horas adicionales por persona a la semana. Traducido a euros, eso supone un coste laboral no abonado de 141 euros semanales por trabajador, o lo que es lo mismo, 7.355 euros anuales que cada uno de esos 441.000 trabajadores pierde entre salario y cotizaciones sociales que nunca llegan. En conjunto, las horas extra no pagadas representaron en 2025 un coste laboral anual de 3.243 millones de euros, cifra que incluye tanto el salario bruto como las cotizaciones sociales que habrían correspondido.

Los sectores donde esta práctica está más extendida en términos absolutos son la educación, el transporte y almacenamiento, la industria y el comercio. Pero si se mide en proporción sobre el total de asalariados, la fotografía es aún más reveladora: los sectores del suministro de energía eléctrica y gas, las finanzas y seguros, la educación, los servicios profesionales, científicos y técnicos, y el sector de la información y comunicaciones son los que presentan una mayor densidad de trabajadores afectados. No son precisamente los sectores de menor cualificación ni de menor productividad. Son, en muchos casos, los que generan mayor valor añadido y cuyos trabajadores tienen, teóricamente, más capacidad de negociación. Y, aun así, trabajan gratis.

Geográficamente, Madrid, Cataluña, Valencia y Andalucía concentran el mayor volumen absoluto de horas extra no remuneradas, lo que no es ajeno a que son también las comunidades con mayor peso económico y mayor número de trabajadores. Pero en términos proporcionales, Madrid, Asturias, el País Vasco, Cataluña y la Comunitat Valenciana lideran el porcentaje de asalariados afectados por esta práctica.

Dos balanzas que no se equilibran

El contraste entre los dos relatos, el de la CEOE sobre el coste del absentismo y el que revelan los datos sobre las horas extra no pagadas, es imposible de ignorar sin incurrir en una frivolidad analítica mayúscula. La patronal presenta 33.000 millones en bajas médicas como un problema de país que exige respuesta urgente, reforma del sistema y condiciones en la negociación colectiva. Pero 3.243 millones en trabajo no remunerado, extraído silenciosamente de más de 400.000 trabajadores, no merecen ni una mención en su agenda.

No es que ambos problemas sean equivalentes en su magnitud numérica; claramente no lo son. Pero sí son equivalentes en su naturaleza como distorsiones del mercado laboral. El trabajador que finge una baja está defraudando al sistema. El empresario que no paga las horas extra está cometiendo un delito. Y sin embargo, uno ocupa el centro del debate político y el otro apenas figura en las estadísticas oficiales que la mayor parte de la opinión pública nunca llega a ver.

La negociación colectiva es el espacio donde estas tensiones deberían resolverse con algo parecido al equilibrio. Pero cuando uno de los interlocutores llega a la mesa condicionando el diálogo a sus propias prioridades, mientras silencia sus propias responsabilidades, el resultado no puede ser un acuerdo: es una rendición. Y los trabajadores que llevan meses sin marco de referencia para negociar sus convenios merecen algo mejor que eso.

Otoño decisivo para el diálogo social

La negociación del nuevo AENC llega, pues, a su momento más crítico con las posiciones más alejadas de lo que se recuerda en mucho tiempo. La patronal ha fijado sus condiciones con una claridad que no admite ambigüedad. Los sindicatos han respondido con sus propias líneas rojas, igualmente nítidas. Y el Gobierno observa desde una posición incómoda, consciente de que sin acuerdo marco los convenios seguirán negociándose en un vacío normativo que puede traducirse en mayor desigualdad entre sectores y territorios.

Lo que viene en los próximos meses determinará si España es capaz de renovar el contrato social que rige sus relaciones laborales, o si la polarización y el bloqueo se instalan también en el único espacio donde, históricamente, los intereses encontrados del capital y el trabajo han sabido encontrar un terreno común. La respuesta, a estas alturas del año, no invita al optimismo.

 

miércoles, 17 de junio de 2026

17/06/2026 - FEIJÓO YA NEGOCIA CON QUIENES QUIEREN ROMPER ESPAÑA

Comentario: Pues como no gane la Selección Española, seguro que también será culpa de Pedro Sánchez. Mal está el país, muy mal, demasiado mal, pero mucho ojo con la que se nos viene encima: ¡¡¡La Inquisición político-social y laboral!!!

Junts y PNV sopesan dar el paso de apoyar una moción de censura contra el Gobierno de Sánchez

José Antequera

Arrecia la ofensiva judicial y mediática contra el Gobierno de coalición mientras las derechas españolas y las nacionalistas engrasan la pinza para darle el golpe de gracia a Pedro Sánchez. La enmienda firmada por PP y Junts para someter a una cuestión de confianza al presidente del Gobierno es, sin duda, el paso más trascendental de esta convulsa legislatura. Desde WaterlooPuigdemont ha dado la orden de ir a por todas por los supuestos casos de corrupción del PSOE y solo un movimiento in extremis de la Mesa del Congreso ha evitado la acción parlamentaria, que tenía como objetivo exigir a Sánchez la disolución de las Cortes y la convocatoria de elecciones generales anticipadas.

Una vez más, se trataba de una de las habituales trampas del Partido Popular, en este caso camuflar una moción de censura bajo el disfraz de una enmienda sin valor jurídico vinculante. A Feijóo siguen sin darle los números, los escaños, la aritmética para desalojar del poder al Gobierno, y ya recurre a cualquier truco o artificio para lograr su propósito, incluso retorcer el reglamento parlamentario para adaptarlo a sus propios fines políticos. Ha hecho bien la Mesa en pararle los pies. A lo largo de toda la legislatura hemos estado viendo cómo los populares degradaban las instituciones de la mano de Vox, un partido que ha llegado para demoler el edificio democrático constitucional. Así, los de Feijóo y los de Abascal han convertido el Senado en una especie de cortijillo, bareto de uso particular o tribunal de la Inquisición contra el rojo.

El rodillo popular en la Cámara Alta ha llevado al esperpento de que todas las comisiones de investigación que se han promovido hasta la fecha han tenido como objetivo destruir al PSOE, ni una sola para lavar los trapos sucios del PP, y eso que tienen basura para rato. Caso Montoro, caso Mazón, caso Kitchen, caso novio de Ayuso… El PP lo ha enterrado todo, todo cerrado, todo atado y bien atado gracias a una Justicia no ya ciega, sino tuerta, ya que ve solo por un ojo, el izquierdo. Lo dijo ayer bien alto y claro la brava senadora Carla Antonelli, de Izquierda Confederal, durante el interrogatorio a la directora general de la Guardia Civil, Mercedes González: “Esto es el reino de quien pueda hacer que haga, quien pueda intoxicar que intoxique y quien pueda hacer daño al Gobierno que lo haga. Y en esto han convertido al Senado”.  

¿Hay corrupción en el PSOE o todo es lawfare? Como todo en la vida, hay que analizar caso por caso. El fiscal general del Estado condenado sin pruebas; el hermano músico de Sánchez convertido en Al Capone por un asunto administrativo; Begoña Gómez a punto de comerse la perpetua por organizar un curso universitario. Hasta ahí la presunta guerra sucia judicial. Pero luego están las joyas de Zapatero, que no son presentables por mucho que estén prescritas; las chicas de Ábalos y Koldo (o sea, el falso feminismo); las andanzas de la llamada fontanera Leire Díez, que nada tiene que ver con las cloacas del Estado como la Kitchen o los GAL, pero duele oírlo. Cosas indignas del partido socialista.

Asistimos a la gran ceremonia de la confusión antes de la caída de la democracia y el advenimiento del nuevo fascismo posmoderno. Hay mucho ruido judicial y poca chicha, mucho titular amarillo y poca verdad periodística, mucha novela policial y poco atestado profesional y riguroso. La batidora de la posverdad está a pleno rendimiento. Y en ese gazpacho etílico cocinado en las redes sociales cabe todo: la verdad se mezcla con la mentira, la opinión con la información, el delito con la difamación y la calumnia. Ya nadie ve los matices, ni los claroscuros, ni las zonas grises. Todo es blanco o todo es negro. La polarización era esto: un ciudadano al que han vuelto loco y que ya no sabe en qué creer.

Feijóo recurre a cualquier estrategia por lo civil y por lo criminal y a cualquier técnica de filibusterismo que pueda allanarle el camino a la Moncloa. Por allí por donde pasa el gallego no crece la hierba democrática, como el caballo de Atila. El líder popular, escoltado por su lugarteniente, el sargento chusquero Tellado, se ha echado al monte junto a los bárbaros de Vox, y va a dejar el Estado de derecho devastado, tierra quemada, arrasada. Alberto ha atravesado todos los Rubicones habidos y por haber. No solo ha prostituido las instituciones, degradándolas a la categoría de taberna maloliente, ha mentido, ha difamado, ha montado bulos, ha destruido vidas ajenas, ha deshumanizado al adversario político, ha calumniado sin pruebas, ha insultado, ha desinformado, ha contratado fascistas como teloneros para sus mítines, ha aplaudido cínicamente al papa León XIV cuando este le tiraba de las orejas por haber tragado con la “prioridad nacional” de Vox (en realidad un apartheid a la española que discrimina a blancos y negros) y ha conspirado en la Embajada yanqui, con el cónsul de Trump, para consumar la encerrona del HSI y la CIA contra Zapatero.

Feijóo ha vendido su alma al Diablo a cambio de las llaves de Moncloa y ya hace lo que haga falta para quitar a Sánchez y ponerse él, incluso sentarse a pactar con Puigdemont. Su cambio de estrategia respecto a Junts resulta especialmente vomitiva y sonrojante. Los que hasta hace no mucho querían romper España son hoy más que aceptables socios de investidura; los que antes eran el mismo demonio indepe con rabo y cuernos hoy son fieles amigos de futura coalición; los que hasta hace un cuarto de hora eran delincuentes, golpistas y sediciosos sin derecho a indulto ni a ley de amnistía, hoy son interlocutores válidos para derrocar el sanchismo. Todas estas incoherencias surrealistas practicadas por Feijóo –un señor al que se le llena la boca de limpieza, decencia y regeneración pese a las más de 30 causas judiciales pendientes en su partido (cualquier hombre decente estaría callado y tapado)– son posibles gracias a Puigdemont, que está a lo que está: a que le dejen volver del exilio cuanto antes. ¿Qué le ha prometido Feijóo para que se haya echado al monte junto a lo peor y más rancio de la extrema derecha española? Tomar parte en la pinza letal para derrocar a Sánchez es un error mayúsculo que no entenderá buena parte de la militancia de Junts ni miles de votantes posconvergentes. ¿Está el honorable dispuesto a entregarle el poder a quienes pretenden ilegalizar los partidos independentistas en España, a quienes enviaron a los piolines a reventar cabezas de votantes, a quienes crearon la Policía Patriótica para hundir al soberanismo con espionajes, montajes y pruebas falsas? Todo es delirante.

Mientras Junts sopesa hacerse el harakiri ungiendo presidente a Feijóo, el PNV también coquetea con la moción de censura PP/Vox. “Usted está acabando con la fe de nuestro grupo”, le ha dicho Maribel Vaquero a Pedro Sánchez. “Presente los Presupuestos, pero si no logra acuerdos, disuelva la cámara y convoque elecciones”. La derecha vasca también se pone la soga al cuello.

 

17/06/2026 - IRPH: EL SUPREMO CUMPLE SU AMENAZA CONTRA LOS AFECTADOS

Comentario: No hace mucho hice un escrito titulado “La mayor desvergüenza democrática. La justicia se quita la venda” que pueden leer en mi blog “La demagogia del alacrán”. Más reciente aún tienen otro escrito titulado “Drones Judiciales” que pueden leer en el periódico digital Extremadura 7 día. Hoy con este artículo de José Antonio Gómez ha quedado claro cómo se comporta la justicia con los afectados por una cláusula claramente abusiva de los préstamos hipotecarios, lo que demuestra, mil veces más, que la Banca, presuntamente, le unta el “bolsillo” a la judicatura. Y, como es de pura lógica, presumiblemente, hay muchos MAGISTRADOS y muchos JUECES que todavía no tienen finca de caza ni chalet… y eso no se puede consentir en una democracia.

Una polémica sentencia condena en costas a los afectados y se contradice abiertamente con las explicaciones públicas que su propia magistrada ponente defendió ante los abogados de consumo

José Antonio Gómez

La guerra judicial del Índice de Referencia de Préstamos Hipotecarios ha alcanzado una nueva y escandalosa cota de tensión que dinamita la seguridad jurídica de miles de familias en España. El Tribunal Supremo ha decidido pasar a la ofensiva y materializar sus advertencias más severas a través de la sentencia 851/2026, dictada el pasado 3 de junio. Con este fallo, el Alto Tribunal cumple su amenaza latente de imponer de manera sistemática una dura condena en costas a todos aquellos consumidores afectados por el IRPH que se nieguen a retirar los recursos que mantienen activos en los tribunales, un movimiento que los colectivos de usuarios califican de estrategia de asfixia económica para proteger los intereses de las entidades financieras.

Este severo correctivo se apoya en el controvertido criterio fijado a finales del año pasado mediante las sentencias 1590/2025 y 1591/2025, unos pronunciamientos con los que el tribunal español intentó asentar una doctrina favorable a la banca. Aquella resolución llegó forzada por el enésimo revés del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que por quinta vez enmendó la plana a la justicia española. Sin embargo, lejos de acatar el espíritu europeo que exige un análisis al detalle de cada caso, el Supremo viene emitiendo de forma masiva centenares de autos donde insta a los demandantes a desistir, alegando que ya conocen de antemano el sentido desestimatorio de la sala y argumentando que no tiene sentido reiterar una doctrina calcada ante la avalancha de recursos pendientes.

El engaño de la notaría y el volantazo doctrinal de la magistrada Blázquez

La gravedad del nuevo escenario radica en el retroceso absoluto de las exigencias de transparencia que el propio tribunal defendía hasta hace solo unos meses. La sentencia conocida ahora determina que la cláusula IRPH supera los controles legales obligatorios por el simple hecho de que en la escritura notarial se mencionara la Circular 5/1994 del Banco de España. Este argumento ha encendido todas las alarmas de los expertos jurídicos, quienes recuerdan que dicha circular está redactada con tecnicismos orientados a profesionales del sector financiero y que, en la fecha en que se firmaron la inmensa mayoría de estos préstamos, dicho documento ni siquiera era accesible en internet para un ciudadano común.

El elemento más flagrante de este giro judicial es la profunda contradicción en la que incurre la magistrada ponente del texto, Raquel Blázquez Martín. Según ha denunciado la asociación IRPH Stop Gipuzkoa, durante una conferencia sectorial ofrecida el pasado 24 de noviembre ante el Colegio de la Abogacía de Barcelona, la jueza defendió de forma enérgica e inequívoca ante las preguntas de los letrados que la información que necesita el consumidor para salvar el control de transparencia debe tener, obligatoriamente, un carácter precontractual y entregarse con antelación suficiente. En aquel foro, Blázquez llegó a admitir textualmente que si el consumidor se entera de las condiciones en el preciso instante en que se está leyendo la escritura en la notaría, eso no es información precontractual válida bajo ningún concepto.

Sin embargo, apenas siete meses después de aquellas declaraciones públicas, la misma magistrada firma una sentencia en la que desdice sus propias palabras en la intimidad de su despacho. El fallo determina ahora de forma escrita que es completamente suficiente con que el índice de referencia conste en la propia escritura el día de la firma, eliminando de un plumazo cualquier exigencia de transparencia previa, entrega de folletos informativos o plazos prudenciales de consulta para el hipotecado.

Costas judiciales en un escenario de total inseguridad jurídica

La justificación que ofrece el tribunal para imponer las costas procesales a los demandantes resulta igualmente controvertida. El dictamen alega que ha transcurrido un tiempo razonable desde las sentencias de finales del año pasado como para que los recurrentes hubieran evaluado sus posibilidades y desistido de la batalla legal. Lo que obvia el texto es que, en la citada conferencia de Barcelona, la propia ponente reconoció explícitamente la existencia de una profunda inseguridad jurídica en la materia, llegando a admitir que la jurisprudencia estaba incompleta y que el tribunal tendría que ir fijando casuísticamente los baremos económicos de desproporción.

A día de hoy, el Tribunal Supremo sigue sin definir cuál es el umbral mínimo de desequilibrio económico necesario para declarar abusivo el IRPH, pero ha optado por empezar a castigar el bolsillo de los ciudadanos que buscan amparo judicial dentro de este vacío normativo.

Desde la plataforma de damnificados IRPH Stop Gipuzkoa no han ocultado su indignación y su profunda desilusión ante lo que consideran un texto judicial burdo y alejado de la equidad. Los colectivos sociales lamentan que mentes jurídicas brillantes terminen redactando fallos que parecen diseñados únicamente para eximir a los bancos de la obligación de restituir las millonarias cuantías cobradas indebidamente. La única esperanza que les queda a las familias reside, una vez más, en las instituciones comunitarias. Ante el flagrante choque con las directrices de protección al consumidor de la Unión Europea, el asunto ya se encuentra de camino a Luxemburgo por sexta vez, una instancia europea en la que los afectados confían ciegamente tras haber perdido toda fe en los estamentos judiciales de su propio país.

 

lunes, 15 de junio de 2026

15/06/2026 - DRONES JUDICIALES

En todas las grandes batallas de la historia, uno de los contrincantes inventó un “arma” que resultó letal para el enemigo.

Cuenta la historia, empezando por la antigüedad, que Aníbal y sus hermanos Asdrúbal y Magón dieron una lección a los romanos en la batalla de Cannas (216 a. c.) formando una pinza que cercó al enemigo que ha inspirado a los generales hasta la guerra del Golfo.

En la batalla de Alesia (52 a. c.) se emplearon catapultas y ballestas con mecanismo de torsión como arma de apoyo a la infantería.

En la Primera Cruzada (1096-1100) los europeos tuvieron que enfrentarse a arqueros a caballo por primera vez y los turcos utilizaron por primera vez palomas mensajeras a modo de correo postal.

En la batalla de Azincourt (25/10/1415) se usaron por primera vez cañones, de limitada efectividad y no móviles, pero presentaban un gran avance con respecto a las primitivas “bombardas”, aunque no tuvieron ninguna influencia en el desarrollo de la batalla.

Ya en 1520, el 14 de julio, en la batalla de Otumba se utilizaron caballos, armas de fuego y, sobre todo, espadas y defensas de acero como arma de guerra del Nuevo Mundo. Y en 1571, 7 de octubre, en la célebre batalla de Lepanto se emplearon galeazas para proteger la artillería de las galeras y despistar a los turcos. Fue la última batalla naval en al que se utilizaron galeras.

Avanzamos un poquito más y nos vamos a la batalla de Trafalgar (21 de octubre de 1805). Lo nuevo fue el ataque en cuña de la flota inglesa, dividida en dos columnas paralelas, contra la línea perpendicular formada por las naves francoespañolas y la prioridad en el ataque a los buques almirantes.

Después, en 1805, vino Austerlitz y la proeza estratégica que suponía trasladar un ejército de gran tamaño a través de Europa, a una velocidad insólita y bajo cobertura informativa. La organización de la “Grande Armée” en cuerpos autosuficientes. Y de ahí nos vamos a Bailen (19/07/1808), donde los guerrilleros -que fueron un factor fundamental en la resistencia española frente a Napoleón- ejercieron por primera vez una influencia importante en los acontecimientos, pues la amenaza de cortar la línea francesa de suministros determinó los movimientos estratégicos de Vedel.

Luego vino Waterloo (18/06/1815), con el ortodoxo orden de batalla francés como nueva táctica militar, seguido de Gettysburg donde se empleó por primera vez el telégrafo y el ferrocarril en las operaciones militares, además del fusil de retrocarga, la ametralladora, la bomba de relojería y las minas, tanto de tierra como submarinas. Y, una favorita de mucha gente entre las que incluyo, Little Big Horn (25/26 de junio de 1876) en la que, por primera vez en la historia de las guerras coloniales, una fuerza de guerreros nativos (indios lakotas o sioux, cheyennes, hunkpapas, sans arc, pies negros, miniconjou, brule y oglala) dispuso de mayor potencia de fuego que un ejército regular de país desarrollado. Toro Sentado y Caballo Loco derrotaron nada menos que al general Custer.

Y ya entrado en 1900 (1916), Verdun, con la utilización de armas químicas y lanzallamas y aviación. A la que siguió nuestra Batalla del Ebro (25 de julio al 16 de noviembre de 1938), primera vez que en España se realiza una operación “anfibia” terrestre de gran envergadura como fue el paso del rio Ebro por miles de hombres a través de puentes prefabricados.

Para no agobiar demasiado, termino con la historia recomendándoles que lean el libro “Las Grandes Batallas de la Historia”, no sin dejar de decirles que en la Batalla de Inglaterra (II Guerra Mundial) se utilizó el radar con fines militares, un paso importantísimo para la militarización mundial.

Hoy día, después de esas guerras famosas y de las que vinieron después (que no son pocas, aunque muy localizables), se sabe que el arma más terrorífica que el hombre ha inventado es la “Bomba Atómica”, que hasta la fecha sólo los americanos de EEUU han sido capaces de lanzar para evitar su derrota en el Pacífico a manos del Imperio japonés. Aun así, que nadie olvide que a pesar de ser los americanos los que dominan el mercado de las armas (con cinco empresas de las más potentes del mundo en fabricación de armas), los rusos tienen mayor número de ojivas nucleares, y, entre ellos, China y la India, triplican a los yanquis, además de poseer un gran número de submarinos nucleares.

Y, curiosidades del mundo. En la actualidad ha entrado en liza un arma de bajo coste, pero que necesita de mucho importe para neutralizarla, que está poniendo los pelos de punta a todo un Imperio, al mayor Imperio actual. Irán y sus “DRONES” tienen a raya al Imperio yanqui, que no saben cómo salir de la que les ha caído con sus amenazas a los ayatolás iraníes como si fueran venezolanos. Del mismo modo que los rusos le están poniendo las cosas muy difíciles a los ucranianos y sus ayudas de la Unión Europea que, dicho sea de paso, va a terminar con el culo al aire después de gastar miles de millones de los contribuyentes de un montón de países, y sin enterarse de que los gobernantes ucranianos (que han ilegalizado nada menos que 15 partidos políticos para que no les “estorben”) se están repartiendo parte de esas ayudas en un panorama claro de corrupción, según todos los indicios.

Como España es diferente (Spain is different, que diría un inglés), no tenemos drones armados, pero tenemos unos “drones judiciales” que están minando la creencia en eso de que la justicia es igual para todos. Aquí, son incontables esos “drones” que “lanza” la judicatura, al parecer, ya sin venda, contra el “enemigo político de izquierdas”, y como el enemigo no tienen misiles “jurídicos” para derribarlos, resulta que la derecha está viviendo algo así como lo que ocurre en Gaza, Cisjordania y Líbano entre sionistas asesinos de Israel y los pobres palestinos. Salvando las distancias, evidentemente. Es algo que está muy claro: la derecha española del PP y VOX tiene un arsenal de “drones judiciales” a su servicio, y la izquierda va a tener muy difícil poder derribar tanta injusticia “dronística”. A la que habrá que sumar los bulos y mentiras (que pululan como “drones mediáticos”) en los medios de comunicación (prensa, radio y televisión) de la fachosfera y de esas “organizaciones” que visten los populares para que se entretengan molestando y dando por ahí a todo ciudadano que no comulga con sus principios de terror.      

En fin, si la judicatura se niega a admitir la razón en la mayoría de los casos (ejemplo el del Fiscal General) y no busca la verdad, nos encontramos con que sin posibilidad de razonar y llegar a la verdad no hay Democracia, sólo hay abuso y opresión, o lo que es lo mismo, oligarquía (Florentinos y demás), dictadura, miseria, precariedad y esclavismo del mundo del trabajo. Por lo que -aunque salga el sol por Antequera- sólo hay una manera de arreglar el entuerto que nos envuelve: empezar a razonar lo razonable con la verdad por bandera y terminar con un sistema que ha quedado claro que es una corrupción política casi sistémica de todo el que tiene -o ha tenido, miren los gobiernos de Aznar y Rajoy y a ellos mismos- un cargo público, salvo muy raras excepciones.

 

sábado, 13 de junio de 2026

13/06/2026 "FRIJOLITO" NO TIENE QUIEN LE ESCRIBA

Ángel Lozano Heras

Como al coronel de la novela corta de García Márquez. Pero diríamos mejor que tampoco tiene nadie que le quiera. A "Frijolito" ningún partido le apoya para la moción de censura (excepto VOX). Es más, Aznar le dijo que estaba equivocado, que moción, no, y que no alimente "la frustración" ciudadana con una moción de censura que no prosperaría. Y así dejaríamos de hablar de lo mal que lo está haciendo Pésanchez y su Gobierno de coalición... Aznar le ha recordado también que en este momento "no hay materiales" para una moción de censura. Y le susurra a "Frijolito" que "alimentar el debate político con una hipotética moción de censura solo generaría más desasosiego e impaciencia y alimentaría posiciones extremistas".

Entonces qué hace Núñez Feijóo desesperado, ¿ir a ver a Carles Puigdemont a Waterloo para negociar e impulsar una moción de censura? ¿Insultar al PNV, y a sus dirigentes, acusándoles de sumisión al Gobierno socialista? ¿O pactar con los independentistas y separatistas?

Feijóo vuelve a decepcionar a los empresarios catalanes reunidos en el Cercle: "Otra oportunidad perdida" de llegar a un acuerdo de legislatura.

Quién le mandaría, dicen sus críticos en el PP, gestionar las elecciones de las autonomías con pactos con VOX, que le tienen atrapado. Además, con esa aberrante estrategia suya, no ha tenido mayoría absoluta en ninguna comunidad autónoma.

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Feijóo está solo porque los bocazas de sus portavoces no hacen más que enredarle y complicarle la gestiones. Por ejemplo, echando exabruptos sobre Pésanchez, menospreciándole, e intentándole imputar como sea, pero nada, no cae.

¿Llegará Feijóo a las elecciones del 27, tal como quiere Pésanchez? Me temo que le pasará lo mismo que a su antecesor Pablo Casado, "el becario fracasado."

Y es que tiene mucho que aclarar aún en sus filas, atado por temas como la Kitchen, etc. Y ahora le salen, como le salieron a Pésanchez, asuntos muy escabrosos, por ejemplo, la amistad con el narco Marcial Dorado, o temas familiares, con extraños privilegios, etc.

El PP y Feijóo se enfurruñan exageradamente hasta extremos insospechados porque, además del cabreo por "no haber ganado en las últimas elecciones europeas", con suficiencia y para derrocar a Pésanchez tiene que aguantar que, en la UE, España crece mucho y las perspectivas económicas futuras son espectacularmente buenas...

Y para rematar el tema de aislamiento de su liderazgo, el Papa León XIV apenas le ha saludado; no ha tenido Feijoo, el pobre, ni el Papa que le escriba, no le han dejado espacio, ni protagonismo. Pésanchez y Ayuso y los reyes, sí, pero él nada de nada. Encima el Papa retrata a PP y Vox en plena ofensiva de las derechas contra la inmigración. Porque León XIV defiende vías seguras, integración y dignidad universal frente al discurso de la "invasión" y la "prioridad nacional" de Abascal y Feijóo.

El mensaje del Papa sobre la migración destroza la contradicción de Feijóo: una frase bastó para dejar al descubierto el choque entre sus aplausos públicos, sus pactos incómodos y el discurso que ahora muchos en el PP preferirían borrar cuanto antes.

Y para más inri, a Feijóo le pasa con León XIV lo peor que te puede pasar en un cumpleaños: repetir regalo. Y seguro que no tiene ticket regalo. Tuvo bien regalarle al Papa, como gran aficionado al tenis, una camiseta firmada por Rafa Nadal como "referente de la España que nunca se rinde ante la adversidad". Lo que probablemente no sabría ni Feijóo ni sus asesores es que León XIV ya tiene una camiseta firmada por el deportista español. ¡Jajajaaa, lo que le faltaba al político gallego!

De todas maneras, con los padrinos predecesores que tiene, Aznar y m. rajoy, va "apañao". Uno, con más de 12 de sus ministros enjuiciados o condenados en la cárcel. Y lo de m. rajoy es de risa: no se enteró de nada de la Kitchen, y eso que aparece por todos lados. Este lastre pepero a Núñez Feijóo le trae loco...

Si Aznar se libró de la Gürtel, Aguirre de la Púnica, Ayuso de las residencias, Rajoy de la Kitchen y Zaplana, el moribundo, lleva diez años disfrutando de la playa, ¿será que al final en este país la "toga nostra" sí que existe?

Y es más, "hay algunos jueces que prevarican, y si no son ellos, es alguien de su entorno", y les ha recordado al PP que "la Justicia no gobierna; quien gobierna es el Gobierno", ha remachado el ministro Oscar López.

"Frijolito" tiene en su grupo más de 20 dirigentes que formaban parte del poder pepero en tiempos de la operación Kitchen.

El PP no renueva el CGPJ porque si no lo manejan por la puerta de atrás, entraría en la cárcel hasta el portero de Génova 13, que, por cierto, fue pagada con dinero en negro. 

Ante esto, le vuelve a aconsejar su jefe Aznar, insistiendo: "Frente a un Gobierno que está acabando con el Estado y la Constitución, el que pueda hacer lo haga". Este "bocazas" de Aznar ha sido el político que más ha mentido a los españoles, recordémoslo.

Pero Salvador Illa: "Creo que Alberto Núñez Feijóo no será presidente: No ha entendido España. Y es el gran acelerador de votos de Vox. Lo hemos visto en las elecciones de Extremadura y de Aragón, de Castilla y León, y ahora en Andalucía".

Pésanchez a Feijóo: "No voy aceptar lecciones del PP y de usted, porque usted no tiene voz propia, es la voz de sus "amos". Mientras Sánchez rechazó marcharse del Gobierno y acusó al PP de hipocresía por sus propios casos de corrupción.

Y Pésanchez añade muy socarrón: "Es usted el peor jefe de la Oposición de la democracia española".

EL PP aplaudió las palabras del Papa Benedicto XIV en nuestro Congreso sobre la acogida de emigrantes, pero hipócritamente defiende la "prioridad nacional", la exigencia que le marca VOX para apoyarles. Pero eso es una clara segregación de los emigrantes, y además es inconstitucional. "Es curioso que al día siguiente de aplaudir al Papa resulta que Freijóo consiente el pacto (PP-VOX) en C y L donde se aprueba la prioridad nacional".

Y cuánto sufre "Frijolito" porque no le invitan ni a Barcelona ni a Tenerife ni a Gran Canarias para salir en pantalla junto al Papa León XIV, ¿Será un castigo por sus contradicciones con los discursos del Papa? ¿O es que a nadie le importa si va o no va a acompañar a su Santidad?

Tuvo que ir a sede judicial por el caso "Dana de Valencia", a reconocer lo que todos ya sabíamos. Nos mintió el 31 de octubre y, durante estos 14 meses, se ha regodeado en la mentira. Sr. Feijóo, la puerta ya sabe dónde está, pero nada, no se entera.

Y es que "Frijolito", algo sobrado y chulesco, en el caso "Dana de Valencia", dijo: "Si os miento, no solamente os pido que me echéis del Gobierno, os pido también que me echéis del partido." Ya están tardando los militantes y dirigentes del PP...

¿Y este quiere ser el próximo presidente del Gobierno de España? No se lo cree ni él... "Anotop... at"...