Comentario: Si el presidente del gobierno Pedro Sánchez es capaz de hacer una buena reforma de cargos de su partido en las CCAA y le mete mano al trabajo y a la sanidad y la educación y a los servicios sociales junto a la vivienda, tendrá ganadas las próximas Elecciones Generales… Afortunadamente para los más desfavorecidos y para los pensionistas y trabajadores de a pie.
¡¡¡Ánimo PRESIDENTE, estamos contigo!!!
La posible movilización de miles de personas contra las masacres en Oriente Medio dan oxígeno al bloque progresista de cara a las elecciones que se avecinan
Donald Trump no ha calibrado ni ha medido las
consecuencias de declararle el embargo comercial a España. Como no ha leído libros de historia ni tiene
buenos asesores (quienes le rodean no son más que una manada de palmeros y
pelotas que le ríen las gracias), no se ha enterado de que nuestro país forma
parte de un club, la Unión Europea, que
ha demostrado firmeza y resistencia ante otras situaciones de crisis. Cuando
Trump dice que piensa enviar a la Sexta Flota a
bloquear la Península Ibérica, como si se tratara de la Cuba europea, no tiene en cuenta que eso sería
tanto como declararle la guerra comercial a toda Europa. Y si va por ese
camino, los grandes magnates de Wall Street no
tardarán mucho en plantarse contra el magnate neoyorquino. Hay demasiados
dólares en juego.
De momento, Macron ya ha movido
ficha al salir en defensa de España frente a la amenaza del imperialismo
trumpista sin complejos (esta misma tarde mantendrá una conversión con Pedro Sánchez para fijar una estrategia común). Y
cada vez son más los políticos y personajes influyentes (incluso en Estados Unidos) que se posicionan contra los delirios
megalómanos y narcisistas del autócrata de MAGA. La realidad
viene a darle un duro revés al archimillonario de Mar-a-Lago. Las grandes tecnológicas estadounidenses
dominan el mercado europeo en servicios digitales, robótica, computación en la
nube, redes sociales y comercio electrónico (Google es el
principal buscador de Internet en el viejo continente y Apple invierte cientos de miles de millones al año
en nuestro país); bancos, aseguradoras y fondos de inversión estadounidenses
mantienen una presencia permanente en centros financieros europeos como Madrid,
París, Londres, Frankfurt y Luxemburgo (paraíso fiscal para grandes fortunas
yanquis); la UE es el mercado prioritario de la industria farmacéutica y
biotecnológica por su alto nivel de gasto sanitario y su regulación garantista;
y Nike no entiende su producción y su facturación
sin Europa (a más de un directivo de la multinacional le habrá dado un síncope
solo de escuchar a Trump y pensar que puede quedarse sin vestir a las grandes
estrellas del deporte europeo la próxima temporada). Todos los sectores
estratégicos a uno y otro lado del Atlántico, desde la
industria de armamento hasta la automovilística, desde la moda a la
alimentación, viven de una estrecha simbiosis beneficiosa para todos. Trump se
ha pegado un tiro en el pie y si piensa que Bruselas se
quedará de brazos cruzados ante el intento de destruirla es que está más gagá
de lo que parece.
Pero más allá de la economía, que se impone como un baño de realidad ante
el enfurecido y rabioso Trump, está la política, la intelectualidad y el mundo
del arte. En la reciente gala de los premios Goya, la
actriz Susan Sarandon aseguró, entre lágrimas, que España
está “en el lado correcto de la historia” y alabó la “lucidez moral” de nuestro
pueblo al denunciar la situación en Gaza. Otros artistas
e intelectuales como Morgan Freeman, Meryl Streep, Robert De Niro, Stephen King, Bruce Springsteen y Noam Chomsky ya han mostrado su más absoluta
repulsa por las bravuconadas racistas de un presidente que tiene avergonzado a
medio país. Esa batalla, decisiva por el poder de influencia del cine y la
literatura en las sociedades modernas, la tiene también ganada Pedro Sánchez.
Todo ello mientras los índices de popularidad del golpista pederasta yanqui se
desploman por días.
Pero lo más importante de todo es que la injusta amenaza de una
superpotencia como USA sobre un país pequeño, pacífico y aliado de Occidente
como España está movilizando a la maltrecha izquierda española. El “No a la
guerra”, ese grito que nació en nuestro país con la sangrienta y destructiva
invasión de Irak, y que se extendió por todo el
mundo, empieza a convertirse en un tsunami imparable. El chantaje trumpista le
ha venido como maná caído del cielo a Gabriel Rufián, que
empezaba a tener problemas para articular su Frente Amplio de cara a las
elecciones de 2027, a las que acudirá con el objetivo de arrebatarle “escaños,
provincia a provincia”, a la extrema derecha de Vox.
En las últimas horas, y movilizados por la amenaza del fatuo presidente
estadounidense, se han subido a la causa progresista más simpatizantes,
militantes y activistas que en la última década. El bueno del republicano
catalán le debe mucho a la torpeza del matón neoyorquino.
El fantasma de la guerra, con sus
desastres y devastación, ha venido a despertar a miles de izquierdistas que
languidecían entre desafectos y cabreados por las políticas algo timoratas del
Gobierno de coalición. Sin duda, Trump es una fábrica con patas de producir
activistas de la paz, socialistas reforzados en sus convicciones y comunistas
resucitados. Al gurú de la secta MAGA habría que cantarle aquello de “Donald
quédate”, por utilizar el símil futbolístico cuando una afición quiere
cachondearse del entrenador del eterno rival en horas bajas.
La izquierda española, tradicionalmente sensible a la política exterior
estadounidense, ha encontrado en las palabras de Trump un motivo para reorganizarse,
recuperar la confianza y la fuerza perdidas y volver a rearmarse. Sumar, Podemos, Esquerra y hasta el PSOE sanchista empiezan a hacer caja electoral con
la gran movilización ciudadana que se prepara. Feijóo debería
estar preocupado, pero el gallego hace tiempo que no entiende nada de lo que
pasa en este país y en este mundo. Ya dio síntomas alarmantes de ceguera
política con el genocidio en Gaza (una masacre que todavía no ha condenado) y
ha vuelto a demostrar su miopía ayer mismo, cuando soltó la memez de que “por
encima del Derecho internacional están los derechos humanos”. ¿Qué es una cosa
sin la otra, Alberto? Esa lección se la saltó en la Facultad de Derecho de
Santiago de Compostela. Feijóo es un disco rayado que se ha quedado dando vueltas
en el “Sánchez malo, Sánchez caca” mientras la sociedad española se va
transformando y madurando en valores políticos y éticos sin que él sepa
comprender por qué. Ha tenido que estallar la Tercera Guerra Mundial para
que la izquierda recupere algo de aliento y el PP vuelva a estancarse en las
encuestas. No hay mal que por bien no venga.