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sábado, 16 de mayo de 2026

16/05/2026 - LAS CLASES TRABAJADORAS SE DIVORCIAN DE LA IZQUIERDA

Comentario: “Los sentimientos y las costumbres que son base de la felicidad pública se forman en el hogar doméstico”. Conde de Mirabeau. La ideología está muy bien, pero con la ideología no se come. A ver si es posible que los políticos de izquierda se enteren de una puñetera vez.

La izquierda española afronta una crisis de credibilidad por priorizar debates ideológicos frente al bienestar económico. El Gobierno de Pedro Sánchez ejemplifica una desconexión que impulsa el auge populista.

José Antonio Gómez

La gran crisis política de la izquierda española ya no es únicamente ideológica. Es una crisis de credibilidad económica. Millones de votantes que durante décadas asociaron a la socialdemocracia y a la izquierda con empleo, estabilidad y ascenso social comienzan a percibir que buena parte de sus dirigentes hablan constantemente de valores, identidades y símbolos, pero cada vez menos de prosperidad cotidiana.

En España, el Gobierno de Pedro Sánchez representa con claridad esa contradicción contemporánea. El Ejecutivo ha impulsado una intensa agenda política y cultural en materias como memoria democrática, feminismo institucional, lenguaje inclusivo, transición ecológica o ampliación de derechos identitarios. Sin embargo, una parte creciente de la población siente que ninguna de esas medidas ha logrado aliviar las preocupaciones económicas que dominan la vida real de las familias trabajadoras: el precio de la vivienda, la precariedad laboral, la pérdida de poder adquisitivo o la dificultad para construir un proyecto de vida estable. Y, además, medidas como la subida del SMI, la Ley de Vivienda o la reforma laboral no ha tenido efectos reales sobre el bienestar de las clases medias y trabajadoras.

Ese desfase entre discurso político y experiencia económica cotidiana está produciendo una consecuencia que preocupa cada vez más a estrategas progresistas en toda Europa: la fuga de votantes tradicionales hacia opciones populistas y antisistema que han comprendido algo esencial que la izquierda parece haber olvidado. La mayoría social vota antes que nada pensando en su bienestar económico.

Durante años, la izquierda construyó su legitimidad sobre una idea sencilla: mejorar materialmente la vida de las clases medias y trabajadoras. El movimiento obrero europeo no nació alrededor de debates culturales, sino alrededor de salarios, vivienda, empleo y protección social. Hoy esa conexión aparece debilitada.

Buena parte de los gobiernos progresistas contemporáneos han desplazado el centro de gravedad de su acción política hacia cuestiones culturales e identitarias que poseen un enorme peso ideológico, pero cuyo impacto económico inmediato sobre la vida de la mayoría resulta limitado.

En España, el Gobierno de coalición liderado por Pedro Sánchez ha aprobado leyes y reformas que ocupan intensamente el debate público y generan fuerte movilización política, pero que conviven con una percepción social persistente de deterioro económico. El problema para la izquierda no es únicamente estadístico. Es psicológico.

Aunque determinados indicadores macroeconómicos hayan mejorado, millones de ciudadanos tienen que trabajar más para vivir peor. La inflación acumulada, el encarecimiento de la vivienda y la precarización juvenil pesan mucho más en la percepción colectiva que los discursos institucionales sobre crecimiento económico.

La extrema derecha ocupa el vacío dejado por la izquierda

Ese vacío está siendo aprovechado por fuerzas populistas de extrema derecha que han entendido una lógica política básica: quien conecta con la ansiedad económica conecta con el electorado.

La ultraderecha populista europea ha aprendido a hablar el lenguaje del malestar cotidiano. Ya no se presenta únicamente como una fuerza ideológica conservadora, sino como defensora de trabajadores golpeados por la inflación, la inseguridad económica y el deterioro del nivel de vida.

Mientras tanto, parte de la izquierda aparece atrapada en un ecosistema político-mediático donde las prioridades simbólicas tienen mucho más peso que las angustias materiales de amplias capas sociales. El fenómeno no es exclusivamente español. Ocurre en Francia, Italia, Alemania o Estados Unidos. En todos esos países, partidos populistas avanzan precisamente entre sectores populares que antes votaban mayoritariamente a la izquierda.

El caso español resulta especialmente ilustrativo porque el Gobierno de Pedro Sánchez ha construido una poderosa narrativa progresista y europeísta, pero convive con problemas estructurales que afectan directamente al bienestar de las familias trabajadoras.

España mantiene enormes dificultades de acceso a la vivienda, salarios muy bajos en amplios sectores, presión fiscal creciente sobre clases medias y una fuerte precariedad juvenil. Al mismo tiempo, el Ejecutivo ha invertido gran parte de su capital político en debates de fuerte carga ideológica que movilizan intensamente a minorías politizadas, pero no necesariamente a la mayoría social preocupada por llegar a fin de mes.

Ahí reside una de las claves del desgaste progresista contemporáneo. La ciudadanía no rechaza necesariamente las políticas identitarias o culturales. Lo que rechaza es que parezcan sustituir a la agenda económica en lugar de complementarla.

La izquierda nació precisamente para convertir la prosperidad económica de las clases trabajadoras en prioridad política central. Cuando abandona ese terreno o deja de transmitir credibilidad económica, pierde el núcleo mismo de su legitimidad histórica. Mientras amplios sectores sociales continúen creyendo que sus gobernantes entienden mejor los debates ideológicos que las angustias económicas de las familias, seguirá creciendo la desconfianza hacia los partidos progresistas tradicionales.

Y en ese escenario, los populismos de extrema derecha seguirán avanzando porque han comprendido algo que durante décadas fue la gran fortaleza histórica de la izquierda: la política empieza siempre en el bolsillo, en la estabilidad y en la esperanza material de la gente corriente.

 

16/05/2026 - LAS GRANDES EMPRESAS DESTRUYEN EMPLEO PARA ENRIQUECER A LOS FONDOS DE INVERSIÓN

Comentario: ¿Camino del esclavismo? Veremos… Si no se le da parte de la empresa a los trabajadores y los gobiernos no prohíben la recompra, el camino está trazado. Pronto, algunos de esos fondos de inversión, serán -sino lo son ya- más ricos que la mayoría de los países, y sus gobiernos pintarán menos que un pastel en la puerta de un colegio.

Las recompras de acciones permiten a grandes empresas inflar su valor bursátil mientras destruyen empleo y concentran riqueza en fondos de inversión especulativos

Martha Golfín

Las recompras de acciones se han convertido en una de las prácticas más controvertidas del capitalismo contemporáneo. Bajo la apariencia técnica de una operación financiera legítima, este mecanismo, mediante el cual una empresa utiliza sus propios recursos para adquirir sus acciones en el mercado, ha sido presentado durante décadas como una forma eficiente de “devolver valor al accionista”. Sin embargo, un análisis más detenido revela una realidad mucho más incómoda: lejos de generar riqueza productiva, las políticas de recompra masiva están contribuyendo a la concentración de capital, al debilitamiento del empleo y a la financiarización extrema de la economía.

En términos simples, cuando una compañía decide destinar miles de millones a recomprar sus propias acciones, está optando por no invertir ese dinero en innovación, salarios, infraestructuras o expansión productiva. Es una decisión que reconfigura las prioridades empresariales: del crecimiento real al beneficio inmediato de los mercados financieros. En este sentido, numerosos economistas críticos califican estas operaciones como una forma de extracción de valor, más que de creación del mismo.

La lógica es clara. Al reducir el número de acciones en circulación, la empresa eleva artificialmente su precio en bolsa y, con ello, el valor de las participaciones de los grandes accionistas. En la práctica, esto significa transferencias masivas de riqueza hacia fondos de inversión y élites financieras. No es casual que los principales beneficiarios de las recompras de acciones sean gigantes como BlackRock, Vanguard o State Street, actores que concentran una influencia creciente sobre el tejido empresarial global.

Pero esta dinámica tiene un coste social profundo. Diversos estudios han documentado cómo las empresas que lideran programas agresivos de recompra tienden a recortar costes laborales, congelar salarios o externalizar empleo. La ecuación es perversa: el dinero que podría sostener empleos estables o mejorar condiciones laborales termina alimentando la especulación bursátil. Así, las recompras corporativas no solo no generan empleo, sino que, en muchos casos, contribuyen directamente a su destrucción.

Desde una perspectiva cultural, este fenómeno refleja una transformación más amplia: el paso de un capitalismo industrial a un capitalismo financiero. En el primero, la legitimidad empresarial se vinculaba a la producción, al empleo y al progreso material. En el segundo, el éxito se mide en términos de rentabilidad inmediata y rendimiento para el accionista. Las empresas dejan de ser comunidades productivas para convertirse en vehículos de valorización financiera.

Este cambio no es neutro. Implica una redefinición del contrato social implícito entre empresas y sociedad. Cuando las corporaciones priorizan las estrategias de recompra de acciones por encima de la inversión productiva, están enviando un mensaje claro: el bienestar colectivo queda subordinado a los intereses de los mercados financieros. En este contexto, hablar de “actos criminales” no es solo una provocación retórica, sino una forma de señalar la dimensión ética del problema.

La cuestión central no es únicamente económica, sino política y moral. En un escenario de creciente desigualdad y precarización laboral, el debate sobre las recompras de acciones y empleo se vuelve ineludible. Lo que está en juego no es solo la eficiencia de un instrumento financiero, sino el modelo de sociedad que se está construyendo. Un modelo donde el capital circula cada vez más rápido, pero donde la riqueza real, la que sostiene vidas, comunidades y futuro, parece quedar cada vez más relegada.

 

16/05/2026 - AYUSO NUNCA HABLA DE FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS

Comentario: Lástima que no esté vivo el marido de mi prima hermana Ascensión Hernández Triviño (recientemente galardonada con un premio humanista internacional), Miguel León Portilla. Él, mexicano de nacimiento, hubiera sacado a la Sra. Ayuso de sus pensamientos erróneos, puesto que era el historiador considerado la persona que más sabía en el mundo de Hernán Cortés y de los pueblos indios, de los que ha escrito un sinfín de libros. Encima de mi mesa, desde donde escribo, está un libro suyo titulado “Hernán Cortés y la Mar del Sur”, una de sus muchas obras sobre el conquistador extremeño. Si tienen ocasión, léanlo. Lleva tiempo, pero merece la pena en lugar de pasarlo escuchando a la Sra. Ayuso, una mujer lerda en casi todo lo que expresa.      

La presidenta madrileña exalta la figura de los conquistadores, pero jamás menciona figuras tan importantes como fray Bartolomé de las Casas

José Antonio Gómez

La figura de Bartolomé de las Casas vuelve periódicamente al centro del debate político y cultural español porque representa algo incómodo para determinados discursos contemporáneos: la existencia, ya en pleno siglo XVI, de una conciencia crítica dentro de la propia España imperial sobre la violencia de la conquista de América.

Cinco siglos después, esa tensión histórica reaparece con fuerza en el discurso político actual, especialmente a raíz de las declaraciones de Isabel Díaz Ayuso, quien ha defendido reiteradamente una visión reivindicativa de la presencia española en América y ha denunciado lo que considera una “leyenda negra” construida contra España.

El choque entre ambas visiones no es únicamente historiográfico. Se trata de una disputa cultural profunda sobre cómo debe narrarse el pasado colonial español, qué papel juega la memoria histórica en la identidad nacional y hasta qué punto una democracia contemporánea puede asumir críticamente su legado imperial sin interpretarlo como una humillación colectiva.

Fray Bartolomé de las Casas: la conciencia incómoda del imperio

La figura de Las Casas posee una singularidad extraordinaria dentro de la historia europea. Fue conquistador antes que fraile. Participó inicialmente del sistema colonial español en el Caribe y recibió encomiendas, pero terminó convirtiéndose en el principal denunciante de los abusos cometidos contra los pueblos indígenas.

Su obra más célebre, Brevísima relación de la destrucción de las Indias, constituye uno de los testimonios más demoledores jamás escritos contra la violencia colonial europea. Las Casas describió matanzas, esclavitud, torturas y destrucción sistemática de comunidades indígenas a manos de conquistadores españoles. Su lenguaje era brutal porque pretendía conmover a la Corona y provocar una reacción moral. “Entraban los españoles en los pueblos, no dejaban niños ni viejos, ni mujeres preñadas ni paridas que no desbarrigaban e hicieran pedazos”, escribió fray Bartolomé.

Ese tipo de relatos convirtió a Las Casas en una figura profundamente polémica ya en su tiempo. Para algunos era un defensor radical de los indígenas. Para otros, un traidor que exageraba deliberadamente los abusos españoles y debilitaba políticamente a la monarquía.

La paradoja histórica es que sus textos terminaron siendo utilizados durante siglos por las potencias rivales de España (especialmente Inglaterra y Países Bajos) para construir la llamada “leyenda negra”, una narrativa que presentaba al imperio español como excepcionalmente cruel frente a otros colonialismos europeos.

Ahí reside precisamente la complejidad contemporánea del personaje: Las Casas fue simultáneamente un pionero de los derechos humanos y una figura instrumentalizada geopolíticamente contra España.

Ayuso y la reivindicación de la conquista

Frente a esa tradición autocrítica emerge hoy una corriente política y cultural que rechaza frontalmente cualquier lectura negativa de la conquista de América. Isabel Díaz Ayuso se ha convertido en una de las voces más visibles de esa reinterpretación reivindicativa del pasado imperial español.

Ayuso ha defendido en varias ocasiones que España llevó a América “universidades, civilización, idioma y catolicismo”, y ha criticado duramente los intentos de juzgar la conquista con parámetros morales contemporáneos. En uno de sus discursos más comentados afirmó: “España llevó libertad, derechos y prosperidad al continente americano”.

Ese enfoque forma parte de una batalla cultural más amplia impulsada desde sectores conservadores españoles que consideran que la izquierda y determinados movimientos indigenistas latinoamericanos han construido una visión culpabilizadora y distorsionada de la historia española.

Para ese discurso, insistir únicamente en la violencia de la conquista supone ignorar el mestizaje, la expansión cultural, la evangelización y la creación de estructuras políticas y universitarias que marcaron profundamente el continente americano. La reivindicación de la “hispanidad” se convierte así en una respuesta identitaria frente a lo que consideran un revisionismo histórico hostil hacia España.

Dos relatos enfrentados

El contraste entre Las Casas y Ayuso revela en realidad dos maneras distintas de entender la relación entre historia, identidad y poder. Las Casas representaba la idea de que el poder imperial debía someterse a límites morales universales. Su pensamiento era revolucionario para su época porque sostenía que los indígenas poseían plena dignidad humana y derechos naturales. En pleno siglo XVI, aquello suponía cuestionar la legitimidad absoluta de la conquista.

Ayuso, en cambio, encarna una reacción contemporánea contra lo que muchos sectores conservadores consideran un debilitamiento constante del orgullo nacional español. Su discurso intenta desplazar el foco desde la violencia colonial hacia los logros culturales y civilizatorios del imperio. Por eso el choque entre ambos relatos resulta tan emocionalmente intenso. No se discute únicamente el pasado. Se discute qué tipo de país quiere ser España hoy.

La conquista de América, campo de batalla cultural

El debate sobre la conquista se ha transformado en uno de los grandes escenarios simbólicos de la polarización cultural contemporánea.

En América Latina, gobiernos y movimientos sociales han impulsado procesos de recuperación de memorias indígenas y críticas al colonialismo europeo. En España, sectores conservadores responden defendiendo el legado histórico de la monarquía hispánica y denunciando una supuesta “autofobia” nacional.

En ese contexto, Las Casas reaparece constantemente porque desmonta cualquier simplificación ideológica. Su existencia demuestra que la crítica a los abusos coloniales no nació en universidades contemporáneas ni en movimientos poscoloniales modernos. Surgió dentro de la propia España imperial.

Pero también demuestra algo más incómodo para ciertos sectores progresistas: que el imperio español no fue un bloque monolítico, sino un espacio de intensos debates morales, jurídicos y religiosos sobre la legitimidad de la conquista. Esa complejidad histórica suele desaparecer en los discursos políticos actuales, donde la conquista de América funciona más como símbolo ideológico que como objeto de análisis histórico riguroso.

El fondo del debate no es estrictamente historiográfico, sino identitario. Cuando Ayuso reivindica la conquista, está defendiendo una determinada idea de España: una nación histórica orgullosa de su legado global y cansada de pedir perdón por su pasado. Cuando sectores académicos o progresistas recuperan la figura de Las Casas, intentan subrayar la necesidad de una memoria crítica capaz de reconocer la violencia estructural del colonialismo.

Ambas posiciones reflejan una fractura cultural cada vez más visible en Occidente: la tensión entre orgullo nacional y revisión histórica. Por eso Bartolomé de las Casas sigue siendo una figura tan incómoda cinco siglos después. Porque obliga simultáneamente a reconocer la grandeza intelectual del pensamiento español del Siglo de Oro y la brutalidad real que acompañó a la expansión imperial. Y porque recuerda que la historia de España nunca fue un relato simple de héroes o villanos, sino una lucha permanente entre poder, conciencia moral y construcción de identidad.

 

jueves, 14 de mayo de 2026

14/05/2026 - EUROPA PONE EN SU SITIO A MONCLOA

 

Comentario: Cierto, Sr. Gómez. Pero que nadie olvide que, en lo que está pasando en España, tienen mucha culpa las Autonomías plagadas de Altos Cargos y de donde salen Diputados y Senadores que no sirven ni para estar escondidos, sólo valen para apretar un botón y, para colmo, se equivocan con frecuencia, ya que no están pendientes y sólo les preocupa su enorme salario y el “qué hay de lo mío”. Hay que reducir los Altos Cargos muy exponencialmente y contratar más médicos y más profesores… y no olvidarse de las carreteras, los trenes y de las zonas hundidas en la miseria por todo lo que les falta para vivir dignamente, y sino que se lo pregunten a un extrmeño.

Los datos de pobreza de Eurostat demuestran que la supuesta prosperidad económica que pregona Moncloa y con la que Pedro Sánchez se pavonea sólo está alcanzando a los millonarios y las grandes empresas

José Antonio Gómez

Mientras el Gobierno de Pedro Sánchez insiste en proyectar una imagen de fortaleza económica y crecimiento sostenido, los datos oficiales de la Unión Europea, publicados por Eurostat, vuelven a confrontar a España con una realidad mucho más incómoda: el país sigue atrapado entre los líderes europeos de la pobreza y exclusión social. Detrás de los discursos oficiales sobre recuperación, resiliencia y modernización económica emerge una fractura social cada vez más profunda que golpea especialmente a trabajadores precarios, jóvenes, familias con hijos y clases medias debilitadas.

España ocupa ya el quinto lugar entre los países con mayor tasa de riesgo de pobreza o exclusión social de toda la Unión Europea. No es el lugar que debería tener la cuarta economía de la UE y, según la propaganda de Moncloa, "el motor económico de Europa". Casi 12,6 millones de personas viven atrapadas en esa situación. La cifra no solo desmonta la narrativa triunfalista del Ejecutivo, sino que revela el principal fracaso político del actual modelo económico: la incapacidad para transformar el crecimiento macroeconómico en prosperidad real para la mayoría social.

El problema no es únicamente estadístico. Tiene rostro humano. Son familias que trabajan y aun así no consiguen llegar a fin de mes. Son jóvenes universitarios encadenando empleos temporales y salarios insuficientes. Son padres y madres que deben elegir entre pagar el alquiler o llenar la nevera. Son pensionistas ayudando económicamente a hijos y nietos porque el mercado laboral ya no garantiza estabilidad ni ascenso social.

La gran paradoja española es que el crecimiento económico convive con una sensación creciente de empobrecimiento colectivo. El Gobierno presume de cifras de empleo, inversión extranjera y turismo récord mientras millones de ciudadanos perciben exactamente lo contrario en su vida cotidiana. La economía puede crecer sobre el papel, pero amplias capas sociales sienten que ese crecimiento nunca llega realmente a sus bolsillos.

Ahí reside el núcleo del desgaste político que enfrenta el Ejecutivo de Sánchez. La percepción de que la gestión económica beneficia principalmente a las rentas más altas y a determinados sectores empresariales se está consolidando incluso entre antiguos votantes progresistas. Mientras las grandes corporaciones energéticas, financieras y tecnológicas mantienen beneficios multimillonarios, el coste de la vivienda, la alimentación y los servicios básicos continúa asfixiando a trabajadores y clases medias.

La crisis de la vivienda en España se ha convertido probablemente en el símbolo más visible de esta fractura. El acceso a un alquiler asequible resulta cada vez más difícil incluso para personas con empleo estable. En las grandes ciudades, miles de jóvenes dedican más de la mitad de sus ingresos a pagar una habitación o un pequeño apartamento. El ascensor social parece completamente averiado para una generación que trabaja más que sus padres pero vive con mucha mayor inseguridad.

Los datos sobre pobreza infantil reflejan con especial crudeza el alcance del problema. La España de Pedro Sánchez mantiene la tasa más alta de pobreza entre menores de toda la Unión Europea. Detrás de esa estadística se esconde una realidad devastadora: niños creciendo en hogares donde el empleo ya no garantiza condiciones de vida dignas. El fenómeno rompe además uno de los pilares históricos del modelo europeo, basado en la idea de que el trabajo debía actuar como protección frente a la exclusión.

Sin embargo, en España incluso tener empleo ha dejado de ser garantía de estabilidad. El país presenta una de las tasas más elevadas de trabajadores pobres de Europa. Esto significa que cientos de miles de personas trabajan, cotizan y cumplen con sus obligaciones laborales mientras permanecen atrapadas en situaciones de vulnerabilidad económica. La precariedad ya no afecta únicamente a desempleados o colectivos marginales; se ha extendido al corazón mismo de la población activa.

La incapacidad redistributiva del sistema también deja en evidencia los límites de la política social del Gobierno. Aunque las transferencias públicas logran contener parcialmente la pobreza, España sigue muy por debajo de la media europea en eficacia redistributiva. Países como Francia, Bélgica o Alemania muestran una capacidad mucho mayor para reducir desigualdades mediante ayudas sociales, prestaciones y políticas fiscales. En cambio, el modelo español continúa mostrando enormes dificultades para corregir los desequilibrios generados por el mercado.

Esa debilidad redistributiva conecta directamente con otro debate incómodo para el Ejecutivo: la percepción de que el sistema fiscal sigue siendo insuficientemente progresivo. Mientras trabajadores asalariados soportan gran parte de la carga tributaria indirecta y el encarecimiento constante del coste de vida, las grandes fortunas y determinados sectores económicos mantienen amplios márgenes de protección patrimonial. La consecuencia es una sensación creciente de injusticia estructural. Todo ello sin contar con la situación de los autónomos. 

Políticamente, esta situación destruye uno de los principales relatos de la izquierda gobernante: la idea de que España avanza hacia un modelo social más justo. Aunque el Gobierno ha impulsado medidas como la subida del salario mínimo o determinadas ayudas sociales, esas políticas no compensan el deterioro general de las condiciones de vida. El problema ya no es únicamente cuánto crece la economía, sino quién se beneficia realmente de ese crecimiento.

La fractura territorial agrava aún más el escenario. Mientras determinadas zonas urbanas vinculadas al turismo, las finanzas o los servicios tecnológicos concentran inversión y riqueza, muchas regiones continúan atrapadas en dinámicas de salarios bajos, empleo estacional y escasas oportunidades. La desigualdad no solo separa ricos y pobres; también divide territorios enteros dentro del propio país.

En el plano social, la consecuencia más peligrosa es el desgaste progresivo de la confianza colectiva. Cada vez más ciudadanos sienten que el sistema económico funciona para proteger intereses privilegiados mientras exige sacrificios constantes a quienes sostienen el consumo, el empleo y los servicios públicos. Esa percepción alimenta frustración, desapego político y una creciente desconfianza hacia las instituciones tradicionales.

La situación adquiere además una dimensión generacional especialmente delicada. Muchos jóvenes han crecido escuchando que estudiar, esforzarse y trabajar garantizaría estabilidad y progreso. Sin embargo, se encuentran con salarios insuficientes, alquileres prohibitivos y enormes dificultades para emanciparse o formar una familia. La promesa de movilidad social que sostuvo durante décadas el consenso democrático europeo comienza a resquebrajarse peligrosamente.

El problema para Pedro Sánchez es que las cifras de Eurostat destruyen la principal narrativa sobre la que ha intentado sostener su legitimidad económica. Porque un país donde un 25% de los ciudadanos está en riesgo de pobreza o exclusión social difícilmente puede presentarse como ejemplo de prosperidad compartida. Y porque cuando el crecimiento económico convive con desigualdad persistente, pobreza infantil récord y trabajadores incapaces de vivir dignamente, la sensación dominante termina siendo que el sistema sigue funcionando sobre todo para proteger a quienes ya están arriba.

 

miércoles, 13 de mayo de 2026

13/05/2026 - FLORENTINO SE TRUMPIZA

Comentario: El Real Madrid aún no se ha enterado que el Barça ha aprendido a “comprar” los árbitros como llevan ellos haciendo desde tiempos inmemoriales. Miren uno a uno los partidos de esta liga 2025/2026 (sobre todo los penaltis que les han pitado a favor y en contra) y verán como los blancos han choriceado entre doce y quince puntos por lo que deberían estar a la altura del Betis como mucho. Y que no hablen de la Copa de Europa, porque según un ex árbitro italiano no deberían haber ganado las tres últimas, ni, por supuesto, las dos que robaron al Atlético de Madrid. Bueno al Atlético de Madrid le ha “mangado” tantos partidos que es imposible recordar cuántos títulos les han quitado por la jeta arbitral. ¿Se acuerdan de mi paisano Sánchez Ibañez? ¿Y de Guruzeta?

Resulta miserable que un equipo que parte cada año con diez o quince puntos más que los otros, encima se queje de los arbitrajes. No tienen nada y como el mundo arbitral se mosquee no volverán a ganar ni la copa de Canillejas, se han quedado estancados en el siglo pasado y, curiosamente, Franco ya no vive en el siglo que estamos.

El presidente del Real Madrid ofreció una estrambótica rueda de prensa que daña la imagen del club

José Antequera

Florentino Pérez conmocionó ayer el mundo del deporte. Su rueda de prensa, la única que ha dado en más de once años, puso al descubierto el verdadero rostro del presidente del Real Madrid. Un hombre arrebatado, airado, desatado y algo machirulo (desafortunado sugerir que una periodista no sabe de fútbol). El mandatario que se repantiga en el sofá, puro y copa en la mano, al término de una comida con amigos, y despotrica sin filtro. Nada que ver con la imagen institucional y de dirigente sensato y moderado que había proyectado hasta hoy.

Florentino arremetió contra todo y contra todos, contra la prensa, contra el estamento arbitral, contra el eterno rival por el caso Negreira. Y, entre palo y palo, anunció elecciones para advertir que no piensa dimitir pese a la nefasta campaña del club (la segunda consecutiva en blanco, sin catar títulos de importancia). El máximo directivo de la familia merengue dejó aflorar lo peor que lleva dentro haciendo buena esa máxima a la que se abraza el poderoso desde tiempos inmemoriales: cuando vienen mal dadas, cierre de filas, atrincheramiento, bunkerización y fabricar un enemigo común para desviar la atención de los problemas internos. “Dicen que hay gente que se está moviendo en la sombra para presentarse, pues que se presenten (…) Hay sectores que quieren mandar en el Real Madrid, pero no lo han conseguido, porque en el Real Madrid mandan sus socios. La gente me cree a mí”, añadió con cierto tonillo autoritario. Sugerir que los posibles candidatos son una especie de seres hostiles que se mueven en el inframundo es propio de gobernante que cree que después de él solo el caos.

Florentino quiso aparecer como la luz blanca y pura, el rayo triunfador que no cesa y que sigue iluminando las esencias madridistas. Pero ya no cuela. El equipo es una caricatura y cualquier banda de amigos que juega en el Bernabéu, antes fortín temible e inexpugnable, sale con puntos. Los fichajes no han dado resultado pese a la millonada dilapidada y hoy el aficionado empieza a considerar gafe al ansiado mesías francés Mbappé. Tras echar a Xabi Alonso, un vasco honrado y valiente con idea de fútbol moderno, puso a su amigo Arbeloa como interpuesto para seguir siendo él el entrenador (el mito del hombre fuerte que cree saberlo todo, típico delirio autoritario). Por si fuera poco, la cantera ha quedado reducida a una fábrica estéril que no produce las perlas de antes (la última gran estrella fue Raúl y ya ha llovido), mientras en la Masia brotan como setas los cracks, fueras de serie y fenómenos mundiales (el relevo de Messi ha sido retomado por Lamine Yamal, de modo que el Barça tiene proyecto para otra larga década, la peor pesadilla para el madridismo).

Pero el auténtico drama ya no es el alcorconazo de navidad, es decir, que el todopoderoso Real Madrid caiga humillado ante un equipo de tercera en cada edición de la Copa del Rey (que a Florentino no le interesa y la tira miserablemente a la basura temporada a temporada), sino que el FC Barcelona haya armado una escuadra temible capaz de usurpar, a corto plazo, la hegemonía en el palmarés de la Liga. A este ritmo vertiginoso (de cada cuatro copas, tres se las llevan los culés por una los blancos), muy pronto el Barça será el club más laureado de España y el Real Madrid bajará al peldaño de ilustre segundón. La gloria quedará reducida a polvo y entonces al aficionado ya solo le quedarán los recuerdos de las Champions de antaño, que no volverán porque Luis Enrique (un renegado del madridismo siempre ávido de venganza) le está dando el oro y el moro a los jeques de París.

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Ya basta de divos que no trabajan, que no corren, que no sudan la camiseta, que se borran o fingen una lesión en cuanto se encadenan dos derrotas seguidas. El espíritu del Real Madrid, ese que Florentino ha enterrado bajo una montaña de millones, consistía en luchar hasta el final, en morir en el campo y en no sentirse derrotado hasta el minuto noventa. El señorío blanco se ha perdido dando paso a unas celebrities mal criadas que terminan a tortas en los entrenamientos. Dejar la imagen del club hecha unos zorros es el gran pecado de un presidente que hoy se blinda y se enroca en la Casa Blanca tirando del manual del trumpismo de moda en todo el mundo. El dirigente madridista se aferra al bulo de que una serie de enemigos quieren acabar con él, tal cual como hace ese otro magnate con mansión en Mar-A-Lago. A Florentino Pérez solo le queda ponerse la gorra blanca con el lema Make Real Madrid Great Again.

 

martes, 12 de mayo de 2026

12/05/2026 - NOS HEMOS LIBRADO DE OTRA PANDEMIA LETAL

Comentario: No hace mucho, días solamente, escribí un escrito sobre el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Va a resultar que servidor tenía razón al titular dicho escrito como “El mejor Presidente de la Democracia”. Pueden leerlo en mi blog “La Demagogia del Alacrán” (angelmorblogspot.blogspot.com). 

La eficaz actuación del Gobierno español ha logrado atajar, en el último momento, un virus letal

José Antequera

España ha librado al mundo de una pandemia global.

El ciudadano español aislado en el hospital Gómez Ulla de Madrid ha dado positivo por hantavirus. Se trata de uno de los catorce pasajeros del crucero Hondius aislados en cuarentena por precaución. La noticia viene a confirmar, sin duda, la peligrosidad del nuevo enemigo invisible microbiano al que nos enfrentamos. Pese a las críticas absurdas de la derecha, el Gobierno ha hecho lo que tenía que hacer y es de alabar que haya pecado por exceso y no por defecto al aplicar estrictas medidas sanitarias. El brote se ha atajado, quizá in extremis y en el último segundo, antes de estallar otra bomba pandémica, y debemos felicitarnos por ello. Quién sabe lo que podríamos estar viviendo a esta hora de haber entrado el hantavirus en nuestras vidas. Otro infierno como el acaecido durante el covid 19.

Supongamos por un momento que ese pasajero contagiado en el crucero no llega a su destino en Países Bajos y toma tierra, sin más, en un puerto de nuestro país como BarcelonaValencia Málaga. Supongamos que el excursionista coge su maleta, baja tranquilamente por la pasarela y se planta en el centro de una de esas populosas ciudades del litoral mediterráneo. El anónimo entra en el Corte Inglés, visita un museo, se sienta a comer en un restaurante y se mete en un cine. Un día feliz para una persona que se acaba convirtiendo en un cataclismo para todo un país. El contagio sería exponencial. En una hora varios infectados; a media mañana, decenas de ellos; al caer la noche y finalizar la jornada quizá unos cuantos cientos. Un auténtico desastre sanitario ya imparable desde ese preciso instante.

Viendo cómo ha terminado esta historia, no debe extrañar que la OMS y la UE hayan felicitado a nuestro país por tan eficaz gestión. El plan consistente en fondear el barco, movilizar al ejército, enviar barcazas con personal protegido con trajes especiales, rescatar a los viajeros y llevarlos a hospitales seguros, ha funcionado. Poco importa ya si se ha propagado una alarma infundada o desmesurada o si ha habido más o menos colaboración con Clavijo, convertido en el gran cuñado de la crisis vírica (quedará para siempre como el señor de las ratas que nadaban por el mar a la velocidad de Michael Phelps). El Gobierno tomó las riendas mientras los agoreros de PP Vox se dedicaban a boicotear el operativo, a hacer el ridículo internacional y a difundir bulos propios de cuentos de viejas para asustar a la población (el fascismo bebe de la conspiración, el odio y el miedo). Se tomaron las decisiones adecuadas y el éxito ha asombrado al mundo entero. Hasta el papa de Roma ha alabado la solidaridad del pueblo español con unos enfermos a los que algunos pretendían dejar abandonados a su suerte en medio del mar. Por no hablar del mismísimo Alfonso Rueda, el barón gallego del PP, que ha aplaudido la actuación gubernamental y la información seria y rigurosa que Moncloa le ha transmitido en tiempo real. Los protocolos de la ministra Mónica García han sido mano de santo.

No exageramos un ápice si aventuramos que probablemente nos hemos librado de una buena gracias a la gestión racional y planificada de un Gobierno que ha estado a la altura. Tiene sobradas razones Pedro Sánchez para presumir ante la comunidad internacional. Y está bien que se cuelgue esa medalla. Quienes le acusan de haber lanzado una cortina de humo para esconder la supuesta corrupción del PSOE o de haber organizado un “biosafari” o una especie de reality show para aumentar sus índices de popularidad hablan desde su mediocridad política, desde su delirio enfermizo y desde cierta envidia insana hacia quienes demuestran talento y esfuerzo en horas críticas para una nación. “Este mundo no necesita más egoísmo, sino países solidarios que den un paso al frente, era nuestra obligación moral. Ese es el ejemplo que España ha dado al mundo”, asegura el presidente del Gobierno ante un Tedros Adhanomdirector general de la OMS, totalmente agradecido y entregado.

Una vez más, el planeta observa nuestro país con admiración y ya van unas cuantas desde que los españoles denunciamos el genocidio de Gaza y la guerra de Irán. Ahora también suspiran por nuestro sistema sanitario público, por nuestros mecanismos de defensa ante plagas y pandemias, por la bravura y sentido de la responsabilidad a la hora de salvar a un puñado de personas a quienes las derechas pretendían condenar a un espantoso final en una especie de barco leprosería a la deriva.

Pero haría mal el Gobierno en caer en el error de morir de éxito o de pecar por un exceso de triunfalismo. El episodio del Hondius (que nos ha puesto al borde de una nueva epidemia, quizá global) debe analizarse como un triunfo de toda la sociedad española, desde el primer militar que rescató a los pasajeros hasta la última enfermera que hoy aplica el gotero a ese ciudadano español anónimo en lucha contra un virus mortal (aunque sea más torpe que otros agentes patógenos a la hora del contagio entre humanos presenta un índice de letalidad de hasta el 38 por ciento). El asunto no era ninguna broma por mucho que Abascal haya dado rienda suelta a su miseria interior al acusar a Sánchez de “provocar una epidemia para ocultar su corrupción”. Está Clavijo con sus patrañas como carne de meme, Feijóo con su populismo demagógico, Ayuso con sus payasadas en México y Santi, que juega en otra liga: la Champions de la infamia.

Esta vez nos hemos salvado de volver a un escenario tan terrorífico o más que el ocasionado por el coronavirus en 2019. Ahora bien, tenemos que preguntarnos qué será de nosotros cuando gobierne esta fauna enloquecida y nos llegue otro virus, que nos llegará. Que Dios nos coja confesados.

 

12/05/2026 - EL TIRO EN EL PIE DE MORENO BONILLA AL UTILIZAR ELECTORALMENTE LA TRAGEDIA DE ADAMUZ EN EL TRAMO FINAL DE CAMPAÑA

Comentario: Lástima que el PSOE esté en Andalucía -como en el resto de España- en cuadros y sin cuadros. Está más que claro que la Sra. Montero ha ido a su tierra a jubilarse y poco más. Dice el dicho que “así se las ponían a Felipe no sé cuántos”.

Los reproches de Moreno Bonilla a la candidata socialista por la gestión del accidente ferroviario, destapa la caja de los truenos entre PP y PSOE a escasos días del 17M

Natalio Blanco

En un giro inesperado de los acontecimientos en este tramo final de campaña de las andaluzas del 17M, el candidato del Partido Popular a la Presidencia de la Junta, Juan Manuel Moreno Bonilla, ha decidido utilizar electoralmente la tragedia ferroviaria de Adamuz (Córdoba), con 46 fallecidos y 152 heridos el pasado 18 de enero tras el choque de dos trenes de alta velocidad, precisamente cuando se sentía más cercado por el resto de candidatos por el tema de los cribados fallidos de cáncer de mama durante el segundo y último debate electoral celebrado este pasado lunes 11 en Canal Sur. El alcalde socialista de la localidad cordobesa, Rafael Moreno, ha roto su silencio desde hace cuatro meses que sucedió la tragedia ferroviaria y ha lamentado el uso electoral del accidente por parte de Moreno Bonilla en un duro comunicado.

A partir de este instante, el cruce de reproches y acusaciones se ha sucedido entre dirigentes del PP andaluz y de los socialistas andaluces. Y todo tiene su origen en la decisión premeditada de Moreno Bonilla de utilizar el ‘comodín’ electoral de la tragedia ferroviaria para desviar la atención del asunto que más ha puesto en jaque su gestión de gobierno durante estos últimos cuatro años: los cribados fallidos del cáncer de mama en al menos 2.317 mujeres de Andalucía.

Moreno Bonilla ha achacado al Gobierno central falta de respuestas y transparencia sobre las causas del descarrilamiento, a lo que el alcalde de Adamuz ha respondido tras romper su silencio poniendo el foco en las deficiencias del dispositivo de emergencias de la Junta. El testimonio de regidor de la localidad cordobesa es demoledor. Moreno afirma que fueron los propios médicos que viajaban en otros trenes los que llegaron antes que los servicios de emergencia oficiales enviado por la Administración andaluza.

Esta revelación no solo cuestiona la logística de la Junta de Andalucía, sino que otorga al ministro de Transportes, Óscar Puente, argumentos de peso para exigir transparencia sobre el funcionamiento del dispositivo de emergencias autonómico.

Las víctimas de la tragedia remitieron en abril una queja al presidente andaluz donde recordaban que el bloqueo informático del 061 obligó al personal a atender las llamadas “con papel y lápiz”

Apenas unas horas después del segundo y definitivo debate electoral, dirigentes andaluces de PP y PSOE han cruzado acusaciones mutuas sobre la gestión de Adamuz, pese al clima de aparente concordia que se respiraba entre administraciones en los días inmediatamente posteriores del trágico choque ferroviario. La portavoz parlamentaria del PSOE andaluz, María Márquez, ha reprochado al consejero de Sanidad y Emergencias, Antonio Sanz, que la campaña electoral ha sido el único motivo que ha cambiado este clima de entendimiento. “Hace solo unos meses le disteis al alcalde de Adamuz la Medalla de Andalucía para su pueblo. ¿Qué es lo que ha cambiado para que ahora carguéis contra él? La campaña electoral”, responde en la red social X a Sanz, quien acusa al regidor de Adamuz de mentir. “Falta a la verdad. No todo vale por intentar ganar votos”, le reprocha Sanz, quien considera “inaceptable el ataque a la labor de los profesionales”.

El consejero de Emergencias de la Junta asegura que al lugar del accidente “llegaron 39 ambulancias en los primeros 40 minutos. Y más de 130 sanitarios de urgencias y un despliegue de 800 personas entre todos los dispositivos”. Sanz lamenta: “A ver si el 112 va a ser ahora para el PSOE el responsable del mantenimiento de las vías… de vergüenza”, añade el consejero andaluz en alusión a la previsible causa del fatal accidente según las investigaciones. El titular de Emergencias de la Junta también reprocha al alcalde de Adamuz que, “hace solo unos días”, Moreno “daba un reconocimiento a los servicios emergencias por ‘la labor solidaria, generosa y ejemplar’ el día del accidente ferroviario. ¿Qué es lo que ha cambiado? La campaña electoral”, asegura Sanz.

La denuncia revelada ahora por el alcalde de Adamuz sobre la tardanza de los servicios de emergencias de la Junta en llegar al lugar del accidente ya la expresó por escrito la Asociación de Víctimas del Descarrilamiento en una denuncia el pasado 9 de abril. Aún quedaban semanas para el inicio de la campaña electoral de las autonómicas. En su escrito, las víctimas recuerdan que “el personal encargado de gestionar las llamadas del 061 tuvo que atender el accidente ferroviario de Adamuz “con papel y lápiz” debido al bloqueo del sistema informático”. También subrayaba que “solo la actuación de los profesionales, con muchísimos años de experiencia, hizo posible sacar adelante lo que desde el punto de vista técnico fue un caos, poniendo el foco en la gravedad de la situación vivida durasen una emergencia de gran magnitud”.

Las víctimas solicitaron el pasado abril “la inmediata revisión del plan de actuación y la corrección urgente de las deficiencias del sistema de gestión, con el objetivo de que los centros coordinadores del 061 y 112 cuenten con un soporte aplicativo adecuado para garantizar la atención a la ciudadanía en situaciones críticas”.