Antes de nada, dos cosas que quiero dejar claras:
La primera, que la
Democracia española, en mi modesta opinión, tiene más bien poco de Democracia y
está más cerca de una sencilla Plutocracia (Situación en la que los
ricos ejercen su preponderancia en el gobierno del Estado), que es como se definió en la
antigüedad un régimen en el que quienes gobiernan son un grupo de ricos, dicho
en plata, sencillamente, el capital (el Ibex, la Banca, las familias adineradas
de toda la vida, los millonarios... ), ello, gracias en España a la famosa
LOREG (Ley
Orgánica del Régimen Electoral General,
5/1985, de 19 de junio), que es la norma fundamental que regula todos los
procesos electorales (generales, locales, autonómicos y europeos), incluyendo
el censo, las campañas electorales, el sufragio y la distribución de escaños,
con un claro favoritismo partitocrático gracias a la no menos famosa e
indiscutible poco o nada proporcional ley de D´hont de todos conocida. Es, así
mismo, sobradamente popular que tanto Diputados, Senadores y Gobierno en
general (incluidos los “representantes” políticos autonómicos, provinciales y
locales) bailan al son que les tocan esos que “mandan” sin haberse presentado
nunca a unas elecciones. Mi padre siempre decía que el pulso político del país
lo marcaba la Bolsa, y, como se puede comprobar ahora, tenía mucha razón, el
Ibex dirige en la sombra el cotarro.
Y la segunda, que,
de ninguna manera, este escrito quiera llevar la contraria a nadie que piense
de manera diferente sobre nuestro actual Presidente del Gobierno, ya que,
servidor es sumamente respetuoso con cualquier opinión que difiera de la suya,
pero siempre, por supuesto, que los datos oportunos, los que nadie puede negar
porque están o son evidentes, den lugar a controversia.
Para un servidor, Pedro
Sánchez se ha ganado a pulso una consideración y un gran respeto,
indiscutible gracias a sus posicionamientos internacionales y a sus medidas
establecidas para combatir todas las vicisitudes que vivimos los españoles por
culpa de maldito capitalismo opresor que tiñe todo Occidente. Lo cual,
obviamente, no quita para dejar claro que está supeditado al capital, que, ni
que decir tiene, controla todas sus medidas referenciadas a sus intereses.
Pero, por lo menos, presenta “batalla” y trata de que la ciudadanía mejore al
menos lo indispensable, aún a pesar de los palos en las ruedas que le ponen los
declarados partidos de la derecha rancia y de la extrema derecha neofascista
actual, esos que quieren tomar el Gobierno simplemente por la cara y ponerse a
gobernar como acostumbran con los brazos cruzados tal como aparecen en sus
fotos de campaña.
Desde que se inició
la Democracia (la Plutocracia, más bien), hemos tenido una serie de Presidentes
que han dado lugar a que el país de hoy día sufra una decadencia, un retraso orgánico
sin futuro más allá de lo que la vida por el tiempo supone de avances y progreso.
No voy a analizar
detenidamente a cada uno de los Presidentes, sería demasiado largo y no están
las cosas para cansar mucho leyendo política, pero si quiero decir algo de los -según
los medios- más destacados:
De Felipe
González -que actualmente ha resultado no ser ni siquiera socialdemócrata,
mucho menos socialista- hay que decir que (independientemente de las mejoras
que sufrió el país con su llegada, que es algo que hay que reconocerle
positivamente) fue quien nos metió en la OTAN, lo que hace que estemos en el
punto de mira de los que quieren la guerra y les trae sin cuidado que el mundo
reclama paz; y, por supuesto, fue el artífice de nuestra entrada en la Unión
Europea (UE), algo que no debería ser una filfa si nuestra entrada hubiera
respetado nuestro estatus social y, como hizo Alemania, esa moneda de parte de
la UE (el Euro) no hubiera supuesto una carga que llevamos soportando desde su
llegada (un café de 50/70 pesetas pasó a valer en España ¡un euro!, cerca de
170 pesetas al cambio), ya que, los salarios se quedaron en su equivalencia,
así los que ganaban, por ejemplo, 50.000 pesetas, pasaron a ganar 300 €, lo
que, siniestramente, supuso un empobrecimiento generalizado para los
trabajadores y una buena dosis de aumento de sus beneficios para el
empresariado y para las muchas multinacionales que llegaron al país. De tal
modo, que la cesta de la compra nos noqueó en un plis-plas. Amén de que el
dinero que recibimos (algo más de lo que ponemos) va a parar, preferentemente,
a los latifundistas, que, dicho sea de paso, se están forrando con esa
maravillosa PAC.
Del Sr. Aznar (un
personaje neofascista acomplejado y narciso compulsivo) decir que su
mayor “hazaña” fue meternos en la guerra de Irak sólo para formar parte de una
foto con los yanquis y los sajones (la foto de las Azores) que trajo como
consecuencia los atentados de los trenes de Atocha (más de 200 muertos
inocentes) y que, en la actualidad, se ha mostrado totalmente a favor de una
nueva guerra en Irán, contraviniendo lo que opinan la mayoría de los
Presidentes de la mayor parte del mundo civilizado, con la única intención de
mostrar su incondicional sumisión al trumpismo de los americanos. Además de
“arrastrarse” por los estrados que le colocan dando lecciones de Democracia
cuando todos sabemos que más de diez de sus ministros están imputados en casos
de corrupción o ya en la trena. Pero, eso sí, sigue con su fundación
chupándonos los euros a todos los españoles que pagamos impuestos, que,
evidentemente no son todos los que deberían hacerlo. Entre sus huestes, no para
de pavonearse con frases dedicadas a “su” Judicatura como esa de “quién pueda
hacer que haga”. Una pena.
Podría decir algo
del Sr. Rodríguez Zapatero, pero con lo del aborto y sus múltiples
salidas al extranjero para defender la paz en lugares como Venezuela, está todo
dicho. Me parece un buen hombre que quiere la paz y lo mejor para su país. Y,
cómo no, del Sr. Rajoy, pero este bastante está pasando -una tiritera-
con el juicio de la Kitchen que ya veremos si nos aclara eso de “M. Rajoy”
junto con lo de “la Policía Patriótica”. Un personaje que fue torpe hasta para “robar”.
Por último,
valiéndome de los artículos de dos periodistas de un diario independiente, en
nada propenso a ninguna loa al Presidente Sánchez, voy a reseñar algunos
de sus posicionamientos en cuestiones que nos afectan a todos y que avalan su
mandato en favor de la sociedad y de la ciudadanía, olvidando por un momento
todas las medidas que ha tomado el Ejecutivo que sabido es constituyen mejoras
importantes para el mundo del trabajo y para los ciudadanos de a pie, lo cual
lo honra más que a ninguno otro de los anteriores:
“En su artículo
“Orgullosos de ser españoles” uno de estos periodistas señala que la actitud
del gobierno genocida de Israel contra España demuestra que el país se ha
colocado en el lado correcto de la historia. Pedro Sánchez ha instado a la Unión Europea a suspender el acuerdo de asociación con
Israel por lo que ha calificado como
violaciones “flagrantes” del derecho internacional. Esta posición, lejos de ser
radical, se inscribe en el marco de las obligaciones internacionales de los
Estados y en la defensa de un orden basado en normas. Frente a la intimidación y la presión, la defensa de
los principios democráticos y del derecho internacional no solo es necesaria,
sino motivo de orgullo colectivo. España ha
decidido no ser neutral. Y esa decisión, en sí misma, es motivo de orgullo”.
El otro periodista, muy crítico con las cuestiones
que afectan directamente a la ciudadanía, se posiciona así sobre cómo ve lo que
está pasando el líder de la derecha, el Sr. Feijóo. Lo cual no deja de
ser algo que engrandece la postura del Presidente Sánchez, que, dicho
sea, se ha metido a la gente en el bolsillo con su “No a la guerra”:
“Feijóo pretende ponerse el traje
de pacifista y ahora nos sale con esa solemne estupidez de que esta guerra
tenemos que “pararla entre todos” porque, de lo contrario, las ayudas del Gobierno contra la crisis
energética que se avecina no darán para mucho. El estadista gallego es una
lumbrera de nuestro tiempo. ¿Parar la guerra? ¿Nosotros? ¿Quiénes? ¿Cuándo?
¿Cómo?
El
dirigente conservador ha ido dando bandazos desde que Donald Trump decidió
bombardear Irán desatando un desastre
humanitario en Oriente Medio y
el caos económico mundial. Primero se rasgó las vestiduras cuando el Gobierno
español no se sumó a la barbarie del dirigente de MAGA; después criticó amargamente que nuestro
país haya cerrado el espacio aéreo de Morón
y Rota a los cazas y bombarderos norteamericanos; y finalmente
llegó a aceptar que los españoles debemos estar con EEUU sí o sí, es decir en el
lado malo de la historia junto a los señores de la guerra y los oligarcas que
matan a miles de inocentes para hacer negocio con el petróleo y el gas. De
alguna manera suicida que solo él entendió, Feijóo se alineó con Abascal y
la extrema derecha en el vasallaje belicista, progenocida y nazi. Un chupador y
lamedor de la bota del Tío
Sam. Todo ello mientras consentía que primeros espadas de su partido
como Ayuso soltaran barbaridades
como que Sánchez es un terrorista
de Hamás amigo de los ayatolás.
Al mismo tiempo que el PP hacía sonar los tambores de guerra yanquis, los
líderes de la derecha europea se movían hacia una clara neutralidad. Macron respaldaba la
posición antibeligerante de España; Meloni tres cuartos de lo
mismo; y hasta el canciller Merz rectificaba
y pasaba de ser el criado rastrero y servil de Trump a replantearse la posición
de Alemania, que en un principio fue
abiertamente intervencionista y prosionista.
Ahora,
cuando por fin cae en la cuenta de que lo del Señor Naranja es un delirio sin
precedentes en la historia contemporánea, Feijóo
ha optado por graduar su postura política ante el sindiós de Oriente Medio. Lo que en política
se conoce, muy eufemísticamente, como “modular el mensaje”, que en realidad no
es más que una bajada de pantalones en toda regla.
Muy
bien, bienvenido al bando de la gente que no quiere la guerra, señor Feijóo. Pero, más allá de esa demagogia
en la que es experto el mandatario conservador, lo que habría que preguntarle a
Alberto Núñez Feijóo es: ¿está de
acuerdo con que Netanyahu se
anexione Líbano a bombazo limpio? ¿Es
partidario de que Trump borre a toda una civilización como la persa del mapa?
¿Avala el genocidio de Gaza?
(esto todavía no lo sabemos y eso que la masacre va ya por más 70.000 muertos).
Feijóo es eso que se conoce como un
ambiguo, un poliédrico, un chaquetero, voluble o chiribaila. Tiene un discurso
para cada momento. En esas coordenadas feijoístas, los ideales ya no importan.
La coherencia tampoco. Y en cuanto a la integridad y la honestidad, no sabe no
contesta.
Feijóo es capaz de ponerse una cresta
de colores, en plan punki o ácrata de la escuela Milei,
motosierra en mano para arrasar con todo, y al día siguiente declararse fiel
defensor del Estado de bienestar. Feijóo
puede ser carnívoro y vegano al mismo tiempo; machista y feminista; católico y
agnóstico. Según. Ayer tocaba pacifista. “Paremos la guerra”, dijo el personaje
con toda desfachatez después de haber colocado al PP en el bando imperialista y
neonazi. Detrás del “paremos la guerra” de Feijóo
no hay nada más que el miedo al ver el abismo abriéndose ante los pies. Solo un
eslogan vacío de contenido. Una mentira más, como cuando el 11M. De eso el PP sabe mucho”.
Para
acabar: perdón por lo extenso del escrito, pero tenía necesidad de hacer ver
que Pedro Sánchez es, posiblemente, dentro
de lo que cabe, el mejor Presidente que hemos tenido.