El acto de Barcelona es un nuevo paso para acercar posiciones y avanzar en la confluencia de cara a frenar a la extrema derecha
Bajo el título Què s’ha de fer? (¿Qué se debe hacer?), Gabriel Rufián e Irene Montero participaron
en una charla en Barcelona sobre el futuro
del Frente Amplio de izquierdas propuesto por el
portavoz parlamentario de Esquerra Republicana de Cataluña. El exdiputado de
los Comunes Xavier Domènech moderó el acto
con un aforo lleno.
Para empezar, Gabriel Rufián se mostró orgulloso de pertenecer a ERC. “Soy
independentista, quiero que Junqueras sea
presidente y que Cataluña sea independiente.
Pero eso no es incompatible con este momento histórico”. Acto seguido, el
portavoz republicano llamaba a la izquierda a movilizarse para evitar que la
extrema derecha “nos arrase”. “¿Por qué ERC no puede inspirar como en otros
momentos a la izquierda española?” Al mismo tiempo, animó a entrar en el marco
retórico, en las mismas reglas con las que juega la extrema derecha para, sin
renunciar a ser de izquierdas, poder competir en igualdad de condiciones con
los ultras. En eso consiste la aportación esencial del dirigente de Esquerra a
la política actual. En hacer política “sin tanto léxico, sin tanta frase de
taza motivadora. El eslogan la España que madruga [inventada
por Vox] es de puta madre. Una familia, una casa, también”.
Y todo ello bajo una declaración de principios: “Yo no aspiro a gobernar
España, quiero que se gobierne bien España”, dijo. Por último, alertó de que
solo nos queda “una bala”, tal como le dijo a Irene Montero en un momento del
diálogo. Más allá de eso, insistió en la idea de que no tiene sentido que haya
solo dos derechas aspirantes a Moncloa y catorce izquierdas. “Hay que confluir
electoralmente”, recalcó. Si la izquierda llega a descalabrarse, como auguran
los sondeos, él está dispuesto a irse a su casa.
Hecho el diagnóstico sobre el enfermo, cabe plantearse el cómo, es decir,
la medicina para lograr la recuperación de la izquierda en un país con más
partidos progresistas que personas. “Cuanto más entremos en el cómo, más fácil
se lo ponemos a los aparatos de los partidos. Debe haber confluencia, ciencia,
programa”. Rufián propone una serie de recetas, la primera de ellas “no faltar
al votante de Vox y de Aliança. No todos
son fachas. Es simplemente gente que cree que el culpable de su precariedad es
la izquierda”. En segundo lugar, el problema no serían los fascistas, sino “los
neutrales”. No hay tantos fascistas, hay más neutrales que totalitarios, según
la radiografía del dirigente de Esquerra. En tercer término, sería preciso
“hablar de convivencia, de derechos, de deberes”. Luego está la comunicación,
el mensaje eficaz. “Hoy el poder no es mediático o político, es digital. Hay
que competir de tú a tú ahí. Los jóvenes no saben quién presenta Informe semanal, pero sí saben quién es Vito Quiles”. Y, sobre todo, “ganar derechos, llenarle
la nevera a la gente, que la gente tenga tiempo para pensar. No le pidas que
cuando llegan a las nueve de la noche de trabajar se pongan a leer los Cuadernos de la cárcel de Gramsci; se van a poner a ver las hormigas [el programa
de Pablo Motos de Antena 3 de tinte conservador], que les dicen que no hay que
pagar impuestos”. El SOS está lanzado. Si la extrema derecha llega al poder
ilegalizará partidos nacionalistas, habrá recortes brutales, el Estado de
bienestar sufrirá un retroceso en derechos de varias décadas.
Frente al pragmatismo urgente de Rufián intervino el idealismo necesario de
Irene Montero. Reafirmación de las “políticas feministas” y mensaje de ni un
paso atrás: “Ningún ciudadano es ilegal”. “Uno de los retos pasa por poner en
el centro nuestro proyecto de una sociedad mejor y estar orgullosas de ellos.
Hay que recuperar la brújula de los principios”, añadió. En los últimos días
los morados se han mostrado proclives a estudiar la oferta de Frente Amplio de Rufián. El portavoz de ERC
siempre le ha mostrado la mano tendida al movimiento que nació con los
indignados: “Quien crea que esta gente sobra se equivoca. Son imprescindibles”,
aseguró. Tras esta invitación, Podemos consultó a sus bases y la decisión fue
sí a explorar fórmulas de unidad de cara a las elecciones andaluzas a la vuelta
de la esquina. Montero y Pablo Iglesias parecen
convencidos, pero quedaba la secretaria general, Ione Belarra, que aún no lo tiene tan claro. “Si todo
el planteamiento es de cálculo en la ley electoral, de matemática
parlamentaria, de candidatura con más opciones electorales, entonces está clara
cuál va a ser la conclusión al final. Que hay que apoyar al PSOE y votar al PSOE porque es la candidatura más
grande”, aseguró en su intervención en el Consejo Ciudadano, el máximo órgano
del partido. Eso fue hace algunas semanas. Poco a poco, Belarra también ha ido
entrando en razón. “Algo hay que hacer, pero hay que hacerlo bien”, sentencia
Irene Montero. Por algo se empieza.
Si esta confluencia funciona es, quizá, porque refunde teoría y práctica.
Unas veces la izquierda se quedó en la utopía. Error. Otras, fue demasiado
utilitarista, olvidando las ideas. Otro craso error. Este es un experimento
sintético interesante. La última bala, como dice Rufián. Crucemos los dedos.
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