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jueves, 3 de septiembre de 2026

03/09/2026 - RUFIÁN LLAMA "ASESINO" A MOHAMED VI Y ACUSA A MARRUECOS DE ENVIAR 80.000 PERSONAS CONTRA ESPAÑA

Comentario: La derechona y la extrema derecha (PP y VOX) no paran, como jauría de lobos hambrientos de poder, de aprovechar cualquier asunto para intentar llegar lo antes posible al gobierno. Pero se olvidan de que España no es sólo Madrid y Castilla-León y Andalucía, también es Cataluña, el País Vasco, Navarra, Asturias, Galicia, Cantabria, Extremadura… donde todavía hay mucha gente que no es fascista.  

El portavoz de ERC sostiene que Rabat provocó deliberadamente la crisis de Ceuta para golpear al Gobierno, señala a Washington y Tel Aviv y acusa al Ejecutivo de actuar como "pusilánime".

Agustín Millán

Gabriel Rufián ha llevado este jueves al Congreso una de las intervenciones más duras, incómodas y políticamente explosivas escuchadas hasta ahora sobre la crisis de Ceuta. El portavoz de ERC no ha comprado la prudencia con la que Pedro Sánchez evita atribuir directamente a Marruecos la planificación de los acontecimientos del 30 y 31 de julio. Tampoco ha asumido el relato del PP y Vox sobre una «invasión». Ha construido una tercera tesis mucho más contundente: Marruecos habría utilizado deliberadamente a decenas de miles de personas para atacar al Gobierno español, con el beneplácito o la colaboración política de Washington y Tel Aviv, mientras una parte de la derecha española habría aprovechado la crisis para intentar derribar al Ejecutivo.

"Yo no critico a Marruecos por no controlar a 80.000 personas en su frontera. Yo acuso a Marruecos de enviar a 80.000 personas a su frontera para cargarse al Gobierno de España con la colaboración de Washington, de Tel Aviv y, sí, de la derecha y de la ultraderecha española, policial y judicial", afirmó Rufián desde la tribuna. Y remató esa acusación con dos ataques directos en direcciones opuestas: «Mohamed VI es un asesino», dijo, antes de calificar a sectores de la derecha de «traidores a su patria» y al Gobierno de «pusilánime».

Son acusaciones de extraordinaria gravedad que Rufián presentó como conclusión política, pero para las que en su discurso no aportó pruebas que acrediten una coordinación de Marruecos con Estados Unidos o Israel. El informe policial conocido esta semana sí sostiene que la entrada masiva no fue espontánea, detecta planificación y habla de participación de fuerzas marroquíes en el guiado de personas hacia la frontera, pero no ha identificado todavía al autor intelectual de la operación.

"Han atacado a su país"

Rufián quiso romper expresamente con la hipótesis del supuesto chantaje marroquí a Pedro Sánchez que minutos antes había planteado Alberto Núñez Feijóo. La calificó de opción «conspiranoica» y ofreció otra explicación: el Gobierno no estaría ocultando información comprometedora sobre el presidente, sino evitando reconocer que se enfrenta a un adversario ante el que considera que dispone de pocas posibilidades de respuesta.

"La segunda opción que explica por qué ustedes están tapando todo esto es que Marruecos les plantea una guerra que no pueden ganar", afirmó. Para Rufián, la política exterior del Ejecutivo habría entrado así en una dinámica de cesiones que comenzó con el giro español sobre el Sáhara Occidental y que ahora estaría alcanzando un límite: "Con el Sáhara ustedes entregaron su credibilidad [...] ahora están entregando su dignidad".

El dirigente republicano fue todavía más explícito cuando pidió al Gobierno que dejara de refugiarse en la cautela diplomática. "Han atacado a su país. Esto es un ataque, es utilizar a la gente como carne de cañón y díganlo", reclamó. Su tesis es que la presión migratoria habría sido instrumentalizada deliberadamente para generar una crisis política dentro de España y que algo parecido podría repetirse cuando resulte conveniente a los intereses de Rabat o de sus aliados.

Trump, Netanyahu y el control del Estrecho

La intervención dio después un salto directamente geopolítico. Rufián vinculó la crisis de Ceuta con los intereses de Estados Unidos e Israel en el Mediterráneo y presentó a Mohamed VI como un socio estratégico de Donald Trump y Benjamin Netanyahu. Según su razonamiento, el control de puntos fundamentales del comercio marítimo mundial —el Estrecho de Gibraltar, Ormuz, Panamá o Suez— convierte a Marruecos en una pieza imprescindible para Washington y Tel Aviv.

"Mohamed VI ni viste, ni come, ni respira sin que lo sepa Trump", aseguró, antes de sostener que Estados Unidos e Israel necesitan al monarca marroquí como aliado para proteger sus intereses estratégicos.

Rufián citó además pronunciamientos de dirigentes estadounidenses, israelíes y marroquíes durante la crisis y las posteriores reivindicaciones sobre Ceuta y Melilla para construir su acusación. Pero nuevamente existe una diferencia esencial entre constatar coincidencias políticas o intereses geoestratégicos y demostrar que Washington o Tel Aviv participaron en la preparación de los acontecimientos. Esa segunda afirmación no quedó acreditada en su intervención.

Contra Feijóo y Vox: "¿Estamos en guerra?"

Paradójicamente, después de describir lo sucedido como un ataque organizado desde Marruecos, Rufián rechazó frontalmente que PP y Vox utilicen la palabra "invasión". Recordó que Feijóo y Abascal la habían repetido numerosas veces y preguntó qué consecuencias tendría asumir literalmente ese término.

"Las invasiones pasan en las guerras. ¿Estamos en guerra, entonces?", planteó, utilizando la contradicción para acusar a la derecha de emplear un lenguaje bélico sin asumir las consecuencias reales que supondría considerar el episodio un conflicto armado.

El portavoz de ERC reservó algunos de sus ataques más agresivos precisamente para PP y Vox, a quienes acusó de instrumentalizar la crisis y de actuar subordinados a intereses estadounidenses, israelíes o marroquíes. Llegó a afirmar que algunos deberían ser «juzgados por traición a su patria», una imputación política de enorme gravedad que tampoco acompañó de hechos que pudieran sostener una acusación penal semejante.

Rufián también advierte a la izquierda

Sin embargo, probablemente la parte políticamente más interesante de su intervención llegó cuando dejó de mirar hacia Marruecos, Sánchez o la derecha y se dirigió a la propia izquierda.

Rufián reconoció sin rodeos que la presencia repentina de decenas de miles de personas en Ceuta constituye un «problemón» y rechazó cualquier intento de minimizar sus consecuencias sobre la seguridad, la convivencia o los servicios públicos. "Quien diga lo contrario o no se entera de nada o miente", afirmó. Su advertencia fue clara: si la izquierda responde únicamente con consignas y se niega a reconocer los problemas reales vinculados a los grandes movimientos migratorios, dejará el terreno libre a la extrema derecha.

Su propuesta se resumió en cuatro conceptos: orden, inclusión, integración, derechos y obligaciones. Reclamó recuperar vías legales de entrada, facilitar una integración efectiva y aplicar la ley con independencia del origen de quien delinca: "Quien la hace, la paga, te llames Antonio, te llames Dimitri o te llames Hassan". Y respecto a quienes entraron irregularmente en Ceuta defendió que sean atendidos rápidamente y posteriormente "devueltos con dignidad".

Ahí está posiblemente la principal singularidad política de su discurso. Rufián acusó a Marruecos en términos mucho más severos que el Gobierno, atacó a Sánchez por no reconocer lo que considera una agresión, acusó a Estados Unidos e Israel de estar detrás del contexto geopolítico, arremetió contra PP y Vox por explotar la crisis y, al mismo tiempo, reprochó a la izquierda su tendencia a minimizar los problemas asociados a la inmigración.

Su frase final condensó esa advertencia: "O la izquierda mira a la realidad o aquí los traidores a su patria se inventarán una".

Una intervención brutal en sus formas y extraordinariamente arriesgada en algunas de sus acusaciones, pero difícil de encajar en los bloques tradicionales del debate: Rufián no responsabiliza a los migrantes de Ceuta; los considera utilizados como «carne de cañón». Su acusación apunta directamente a Rabat y, mucho más allá, a quienes considera sus aliados internacionales.

 

miércoles, 2 de septiembre de 2026

02/09/2026 - LA BONDAD DE LOS LINCHADORES

Comentario: Lean este artículo despacio y recapaciten: Esto es lo que “piensan” hacer donde gobiernen esos fanáticos de VOX con la gente de color migrante … con la excepción de los que sean futbolistas, preferentemente del Real Madrid, ya que “El Pérez” -quien manda- no lo permitirá.

Si la gente progresista quiere evitar un futuro -sino igual, parecido- tiene que salir a la calle y parar esta boutade en las urnas.

Por cierto, qué bueno tiene que ser políticamente Pedro Sánchez cuando toda la derecha y la extrema derecha está rabiosa por quitárselo de en medio sin llegar a las urnas.

SANTIAGO ALBA RICO

Entre 1880 y 1950 más de cuatro mil negros fueron linchados en los Estados sureños de los EEUU. El linchamiento no era un crimen; era un acto de justicia popular en el que participaban mujeres y niños y que se celebraba con orgullo y alborozo. Las víctimas, acusadas con o sin fundamento, eran conducidas a golpes a la plaza pública y allí quemadas o ahorcadas. Después se tomaban fotografías de los cadáveres, junto a los cuales posaban los alegres ciudadanos, y esas imágenes se convertían en tarjetas postales que a continuación se enviaban, acompañadas de algunas frases, a los parientes y amigos lejanos. Pueden encontrarse algunas de estas postales en internet. Veo, por ejemplo, el cadáver calcinado de Will Stanley colgado de un poste, más indefenso que nunca, observado por una multitud satisfecha; al pie de la foto se puede leer el texto que escribió un tal Joe, cómplice del linchamiento, para comunicarle a su padre la noticia: "Esta es la barbacoa que disfrutamos anoche. Mi retrato está a la izquierda, con una cruz encima. Tu hijo Joe". Era el 30 de julio de 1915 y diez mil personas se habían reunido en la plaza principal de Temple (Texas) para contemplar la pira. Veo en otra postal los cadáveres de Virgil Jones, Robert Jones, Thomas Jones, y Joseph Riley, ahorcados el 31 de julio de 1908 en Russellville (Kentucky); del pecho de Riley, con el cuello tronchado y vestido con un mono azul, cuelga un cartel de advertencia: warning. O veo asimismo los cuerpos semidesnudos de Elias Clayton, Elmer Jackson e Isaac McGhie, trabajadores de circo en Duluth, linchados en Minnesota el 15 de junio de 1920. Una multitud de hombres blancos, vestidos como de domingo, atildados y sonrientes, posan a su alrededor como si se tratase de una boda o de una fiesta de graduación.

Los linchadores, no lo olvidemos, eran gente buena: padres responsables, trabajadores honestos, vecinos solidarios. Eran ciudadanos ejemplares que se sentían inseguros, amenazados, en peligro, y que sólo pretendían restaurar los valores de la civilización, mancillada por la presencia invasiva de esos negros salvajes. El negro les hacía daño: visual y culturalmente constituía en sí mismo una agresión moral. Daba igual si eran realmente culpables de la violación o del robo que les atribuían. El negro era el Mal mismo. Matar al negro era purificar los pecados del mundo. Matar al negro no era un crimen; no era ni siquiera un pecado; no era ni siquiera una falta; era una restauración del bien común que todos juntos debían festejar. Era, sí, el triunfo de la comunidad a través de un acto de justicia colectivo.

Es imposible no evocar esta especie de "moralidad del mal" cuando el fascismo regresa a nuestras vidas. Pienso en los israelíes que suben a la colina de Sderot, con una cesta de picnic, para contemplar los bombardeos de Gaza, pero también en los ciudadanos de Ceuta que se reúnen para impedir la entrega de alimentos a los inmigrantes, quemar sus tiendas y golpear sus cuerpos; y que se manifiestan reclamando al gobierno el incumplimiento de la ley y la expulsión de esos "invasores" hambrientos y descalzos. No voy a negar el atolladero de una crisis al mismo tiempo geopolítica, institucional y humanitaria. Que se trate de un verdadero atolladero, facilitado por la inacción del gobierno, explica en parte la reacción de esa gente buena que, alentada por partidos y dirigentes irresponsables, considera legítimo y razonable renunciar a la ética común -la que enseñan a sus hijos en casa- y transformarse en una muta fascista. Hace unos meses escribía yo un artículo en el que, citando a Gramsci, me mostraba preocupado por esta "transformación molecular". A partir de la hipótesis de un naufragio en el mar, Gramsci describía un proceso muy frecuente: el de una persona que, en condiciones excepcionales, se convence a sí misma, de la manera más honesta y sincera, de que es no sólo necesario sino legítimo y moral el canibalismo. Ahora bien, es en las situaciones excepcionales donde la ética universal realmente cuenta; donde la moral, en ausencia de orientación política, decide la diferencia entre el bien y el mal o, si se prefiere, entre los Evangelios y Mein Kampf.