Sé que me van a llamar “machaca”, o “matraca” (un artilugio que se tocaba antiguamente en mi pueblo -y supongo que en todos los pueblos de España- por Semana Santa para avisar a la gente de las cuestiones religiosas que hacía un ruido insoportable). Pero, ocurre que la Justicia no hay día que no nos aporte “algo” de qué hablar y de qué escribir. Da la impresión de que, tanto la Justicia como el Partido Popular, están, presuntamente, en connivencia y rabiosos porque no pueden gobernar España como a ellos les gustaría, y, obviamente, no dejan de mandar “juglares judiciales” a la lucha por la patria, un tropel de esbirros que carecen del mínimo sentido de la conciencia y de la mínima decencia humana, según cualquiera puede comprobar si está medianamente informado.
Cada día que pasa
huele en España más a Inquisición:
Se condena sin pruebas (es al menos lo que nos cuentan) y eso es lo más
parecido a lo que ocurría en el siglo XV que perduró hasta el siglo XIX: La Inquisición Española (1478-1834) que
fue fundada por los Reyes Católicos. Y qué a diferencia de la medieval, estaba bajo control directo
de la Corona española y su objetivo principal eran los judíos y musulmanes
conversos que presuntamente seguían practicando sus religiones en secreto. El Tribunal del Santo Oficio dejó de
existir en el siglo XIX. La Inquisición
Española fue abolida de forma definitiva en 1834. En la
actualidad, el equivalente contemporáneo a esta Congregación es el Dicasterio
para la Doctrina de la Fe (anteriormente conocido como Santo Oficio) dentro de la jerarquía
vaticana.
Bien. Pues ya que hablamos de tiempos muy lejanos, antes
de nada, vamos a dejar claro lo que era “La
Gleba” y por qué se me ha ocurrido ponerla en el título de este escrito:
Históricamente,
su uso más conocido es en la expresión "siervo de la gleba",
un concepto de la Edad Media que designaba a los campesinos que estaban ligados
legalmente a las tierras que trabajaban. Estos siervos no eran esclavos
personales de un señor, pero no tenían libertad para abandonar el feudo,
cambiar de profesión ni casarse sin permiso. Si el señor vendía o heredaba la
tierra, los campesinos pasaban a pertenecer al nuevo dueño junto con el
terreno.
Pero,
además -y de ahí la ocurrencia de ponerlo en el título del escrito- de su uso
histórico, el término tiene otras acepciones menos comunes: en sentido
figurado, en ocasiones se usa para referirse al conjunto de personas de clase baja
o condición humilde. Y eso es lo que, en mi opinión, presumiblemente, hace la
Justicia española con la gente de izquierdas, considerándolas “siervos de la gleba” sin ningún
derecho, o conculcando los pocos de que dispone.
Si
se mira detenidamente el Tribunal Supremo (del que ya he dicho algo, bastante,
en otras ocasiones) y se analiza su composición, nos encontramos con esto: El
Tribunal Supremo de España se divide en cinco salas jurisdiccionales
ordinarias y una sala especial. Cada una de ellas está especializada en una
rama distinta del derecho. Las cinco salas son:
Sala
Primera (de lo Civil):
Conoce los recursos de casación, revisión y otros extraordinarios en materia
civil.
Sala
Segunda (de lo Penal): Se
encarga de los recursos de casación, revisión y otros asuntos extraordinarios
en materia penal.
Sala
Tercera (de lo Contencioso-Administrativo): Resuelve los recursos contra las disposiciones y
actos de las Administraciones Públicas.
Sala
Cuarta (de lo Social):
Centraliza los recursos en materia laboral y de derecho sindical.
Sala
Quinta (de lo Militar):
Ejerce la jurisdicción militar y conoce los recursos de casación y revisión en
esta materia.
Además
de estas cinco salas, el Tribunal Supremo cuenta con la Sala Especial del
artículo 61, la cual tiene una función muy específica: se encarga de
resolver ciertos procesos de gran relevancia institucional, como los incidentes
de recusación del Presidente o de presidentes de sala, y los procesos de
ilegalización de partidos políticos.
Bien.
Vamos a ver la composición de la Sala
Segunda (de lo penal) que es la que ahora nos tiene a más de uno un tanto
indignados con sus sentencias de última hora y las que se prevé que pueden
venir detrás, obviamente, contrarias, presuntamente, al derecho de parte de los
“Siervos de la Gleba” del siglo XXI,
la izquierda real, aunque no sea precisamente la gente, o cuando menos, parte
de la gente del PSOE, la que se encuentra inmersa, pues está claro que
socialistas, lo que se dice socialistas, no son todos los que están ni están
todos los que son.
Para
no irnos muy atrás, la composición de la Sala
en la sentencia 418/2026
conocida como “Caso Mascarillas”, (un importante hito en
la jurisprudencia española sobre corrupción pública y derecho penal económico)
estaba formada por los
siguientes Excmos. Sres. y
Excma. Sra.: D. Andrés Martínez Arrieta, presidente, D. Julián Sánchez Melgar,
D. Manuel Marchena Gómez, D. Andrés Palomo Del Arco, Dña. Susana Polo García,
D. Eduardo de Porres Ortiz de Urbina, y D. Javier Hernández García. Y
analizando a cada uno de estos ilustres Magistrados nos encontramos con que:
Andrés
Martínez Arrieta, en 2025 presidió el tribunal que juzgó
y condenó al entonces fiscal general del Estado por un delito de revelación de datos
reservados a pena de multa y 2 años de inhabilitación. Fue fundador de la
asociación, claramente conservadora, “Francisco
de Vitoria”.
Julián
Sánchez Melgar, el 24 de noviembre de 2017 fue designado
por el Gobierno de Mariano Rajoy como
futuro fiscal general del Estado.
Está claro de dónde viene y para qué.
Manuel
Marchena Gómez, con un largo historial judicial.
Participó en el tribunal presidido por Andrés Martínez Arrieta que juzgó y
condenó al entonces fiscal general del Estado. Este ilustre Magistrado es el de
“la justicia para los robagallinas”.
Qué se puede esperar de él.
Andrés
Palomo del Arco, contrario al procesamiento del Fiscal
General del Estado. Menos mal que algún ilustre discrepa… en alguna ocasión,
pero que nadie se haga ilusiones.
Susana
Polo García, formó parte del
tribunal del Supremo encargado de encausar al fiscal general del Estado, Álvaro
García Ortiz. Fue la primera mujer en integrarse en la
Sala de Gobierno del Tribunal Supremo tras ocho años de historia, rompiendo
barreras en la cúpula de la judicatura española. ¿De derechas? Supongo, sino no
estaría ahí.
Eduardo de Porres
Ortiz de Urbina, considerado cercano al
juez Manuel Marchena dentro
del Tribunal Supremo. No necesita etiqueta, está claro hacia dónde, presumiblemente,
se puede decantar.
Javier
Hernández García, parece el más acrisolado por los más
necesitados, pero…
Obviamente, ninguno -o cuando menos la
mayoría- de estos ilustres Magistrados va a mirar por nadie de la izquierda
salvo, como en el futbol, alguna sorpresa inesperada, cosa muy difícil de
suceder viendo cómo está el panorama en la actualidad y de qué manera actúan,
por ejemplo, el juez Peinado o el juez Calama, sin que el CGPJ o la Audiencia
Nacional, o el mismo T.S. les llame la atención.
Según David Torres, guionista, escritor
y columnista: “Aquí hemos visto a Esperanza Aguirre saltarse el código de
circulación, a Cospedal saltarse el código penal, a Mariano Rajoy aquejado de
Alzhéimer selectivo o a Zaplana sobreviviendo siete años largos a una sentencia
de muerte médica inminente a base de mojitos y paseos por la playa. En España
el Derecho viene directamente de derechas, quién iba a sospecharlo”.
“Acabamos de ver, sigue David, por
ejemplo, a un empresario corrupto salir prácticamente indemne de una resolución
judicial que, entre otras cosas, envía a un ex ministro entre rejas durante
casi un cuarto de siglo. No sólo eso, sino que además el buen hombre puede
quedarse tranquilamente con los 3,7 millones de euros cosechados mediante
técnicas fraudulentas al erario público. Acabamos de ver también a un juez
pronosticando un caso de fuga en futuro imperfecto con la colaboración estelar
de la escolta policial de la mujer del presidente del Gobierno. No me dirán que
lo de la justicia en España es para inventar un nuevo género cinematográfico.
Lo malo es que ya lo tenemos inventado desde siglos atrás: nobody expects the spanish inquisition”.
De
modo que el comisionista inaugura una nueva era en la historia de la Justicia
española: el pelotazo judicial. El mensaje, tal como advierte Rufián, es letal: “corrompe políticos” a calzón quitado,
delinque, fórrate, delata, difama y miente, que al final hay un premio gordo. Si
hasta hoy había víctimas de primera y de segunda categoría (a las de la Dana
de Valencia las han calificado de segunda para
salvarle el cuello a Mazón) a partir de
ahora también habrá clases entre los testigos protegidos (los del PP
siempre prime y sala VIP).
Rufián
lo ha ejemplificado de otro modo: "Tres roban un banco.
Uno les denuncia. Se libra. Y encima se puede quedar con la pasta".
Pero
quizá lo más peligroso de todo sea el mensaje que se envía a la sociedad y que
tiene que ver con aquello de “el que pueda hacer que haga” que dijo Aznar: delate usted al PSOE, aunque sea sin pruebas,
que sale gratis y hasta resulta rentable y provechoso. La jurisprudencia del Supremo dando amparo al impostor. Lamentable.
Es el peligro que
corre la Democracia en España por la corrupción y el partidismo declarado de la
Justicia para derribar el Gobierno legalmente constituido mediante sentencias
parciales con claro significado de prevaricación en favor de la derecha y la
extrema derecha y de sus privilegios que nadie puede abordar sin ser imputado.
La nueva Inquisición del siglo XXI,
la Gleba del siglo XV.