Comentario: La derechona y la extrema derecha (PP y VOX) no paran, como jauría de lobos hambrientos de poder, de aprovechar cualquier asunto para intentar llegar lo antes posible al gobierno. Pero se olvidan de que España no es sólo Madrid y Castilla-León y Andalucía, también es Cataluña, el País Vasco, Navarra, Asturias, Galicia, Cantabria, Extremadura… donde todavía hay mucha gente que no es fascista.
El portavoz de ERC sostiene que Rabat provocó deliberadamente la crisis de Ceuta para golpear al Gobierno, señala a Washington y Tel Aviv y acusa al Ejecutivo de actuar como "pusilánime".
Gabriel Rufián ha llevado este jueves al Congreso una de las intervenciones
más duras, incómodas y políticamente explosivas escuchadas hasta ahora sobre la
crisis de Ceuta. El portavoz de ERC no ha comprado la prudencia con la que
Pedro Sánchez evita atribuir directamente a Marruecos la planificación de los
acontecimientos del 30 y 31 de julio. Tampoco ha asumido el relato del PP y Vox
sobre una «invasión». Ha construido una tercera tesis mucho más
contundente: Marruecos habría utilizado deliberadamente a
decenas de miles de personas para atacar al Gobierno español, con el
beneplácito o la colaboración política de Washington y Tel Aviv,
mientras una parte de la derecha española habría aprovechado la crisis para
intentar derribar al Ejecutivo.
"Yo no critico a Marruecos por no controlar a 80.000 personas en su
frontera. Yo acuso a Marruecos de enviar a 80.000 personas a su frontera para
cargarse al Gobierno de España con la colaboración de Washington, de Tel Aviv
y, sí, de la derecha y de la ultraderecha española, policial y judicial",
afirmó Rufián desde la tribuna. Y remató esa acusación con dos ataques directos
en direcciones opuestas: «Mohamed VI es un asesino»,
dijo, antes de calificar a sectores de la derecha de «traidores a su patria» y
al Gobierno de «pusilánime».
Son acusaciones de extraordinaria gravedad que Rufián presentó como
conclusión política, pero para las que en su discurso no aportó pruebas que
acrediten una coordinación de Marruecos con Estados Unidos o Israel. El informe
policial conocido esta semana sí sostiene que la entrada masiva no fue
espontánea, detecta planificación y habla de participación de fuerzas
marroquíes en el guiado de personas hacia la frontera, pero no ha identificado
todavía al autor intelectual de la operación.
"Han atacado a su país"
Rufián quiso romper expresamente con la hipótesis del supuesto chantaje
marroquí a Pedro Sánchez que minutos antes había planteado Alberto Núñez
Feijóo. La calificó de opción «conspiranoica» y ofreció otra explicación: el
Gobierno no estaría ocultando información comprometedora sobre el presidente,
sino evitando reconocer que se enfrenta a un adversario ante el que considera
que dispone de pocas posibilidades de respuesta.
"La segunda opción que explica por qué ustedes están tapando todo esto
es que Marruecos les plantea una guerra que no pueden ganar", afirmó. Para
Rufián, la política exterior del Ejecutivo habría entrado así en una dinámica
de cesiones que comenzó con el giro español sobre el Sáhara Occidental y que
ahora estaría alcanzando un límite: "Con el Sáhara ustedes entregaron su
credibilidad [...] ahora están entregando su dignidad".
El dirigente republicano fue todavía más explícito cuando pidió al Gobierno
que dejara de refugiarse en la cautela diplomática. "Han atacado a su país. Esto es un ataque, es utilizar a la
gente como carne de cañón y díganlo", reclamó. Su tesis es que
la presión migratoria habría sido instrumentalizada deliberadamente para
generar una crisis política dentro de España y que algo parecido podría
repetirse cuando resulte conveniente a los intereses de Rabat o de sus aliados.
Trump, Netanyahu y el control del Estrecho
La intervención dio después un salto directamente geopolítico. Rufián
vinculó la crisis de Ceuta con los intereses de Estados Unidos e Israel en el
Mediterráneo y presentó a Mohamed VI como un socio estratégico de Donald Trump
y Benjamin Netanyahu. Según su razonamiento, el control de puntos fundamentales
del comercio marítimo mundial —el Estrecho de Gibraltar, Ormuz, Panamá o Suez—
convierte a Marruecos en una pieza imprescindible para Washington y Tel Aviv.
"Mohamed VI ni viste, ni come, ni respira sin que lo sepa Trump",
aseguró, antes de sostener que Estados Unidos e Israel necesitan al monarca
marroquí como aliado para proteger sus intereses estratégicos.
Rufián citó además pronunciamientos de dirigentes estadounidenses,
israelíes y marroquíes durante la crisis y las posteriores reivindicaciones
sobre Ceuta y Melilla para construir su acusación. Pero nuevamente existe una
diferencia esencial entre constatar coincidencias políticas o intereses
geoestratégicos y demostrar que Washington o Tel Aviv participaron en la
preparación de los acontecimientos. Esa segunda afirmación no quedó
acreditada en su intervención.
Contra Feijóo y Vox: "¿Estamos en
guerra?"
Paradójicamente, después de describir lo sucedido como un ataque organizado
desde Marruecos, Rufián rechazó frontalmente que PP y Vox utilicen la palabra
"invasión". Recordó que Feijóo y Abascal la habían repetido numerosas
veces y preguntó qué consecuencias tendría asumir literalmente ese término.
"Las invasiones pasan en las guerras. ¿Estamos en guerra,
entonces?", planteó, utilizando la contradicción para acusar a la derecha
de emplear un lenguaje bélico sin asumir las consecuencias reales que supondría
considerar el episodio un conflicto armado.
El portavoz de ERC reservó algunos de sus ataques más agresivos
precisamente para PP y Vox, a quienes acusó de instrumentalizar la crisis y de
actuar subordinados a intereses estadounidenses, israelíes o marroquíes. Llegó
a afirmar que algunos deberían ser «juzgados por traición a su patria», una
imputación política de enorme gravedad que tampoco acompañó de hechos que
pudieran sostener una acusación penal semejante.
Rufián también advierte a la izquierda
Sin embargo, probablemente la parte políticamente más interesante de su
intervención llegó cuando dejó de mirar hacia Marruecos, Sánchez o la derecha y
se dirigió a la propia izquierda.
Rufián reconoció sin rodeos que la presencia repentina de decenas de miles
de personas en Ceuta constituye un «problemón» y rechazó cualquier intento de
minimizar sus consecuencias sobre la seguridad, la convivencia o los servicios
públicos. "Quien diga lo contrario o no se entera de nada o miente",
afirmó. Su advertencia fue clara: si la izquierda responde únicamente con
consignas y se niega a reconocer los problemas reales vinculados a los grandes
movimientos migratorios, dejará el terreno libre a la extrema derecha.
Su propuesta se resumió en cuatro conceptos: orden, inclusión, integración, derechos y obligaciones.
Reclamó recuperar vías legales de entrada, facilitar una integración efectiva y
aplicar la ley con independencia del origen de quien delinca: "Quien la
hace, la paga, te llames Antonio, te llames Dimitri o te llames Hassan". Y
respecto a quienes entraron irregularmente en Ceuta defendió que sean atendidos
rápidamente y posteriormente "devueltos con
dignidad".
Ahí está posiblemente la principal singularidad política de su discurso.
Rufián acusó a Marruecos en términos mucho más severos que el Gobierno, atacó a
Sánchez por no reconocer lo que considera una agresión, acusó a Estados Unidos
e Israel de estar detrás del contexto geopolítico, arremetió contra PP y Vox
por explotar la crisis y, al mismo tiempo, reprochó a la izquierda su tendencia
a minimizar los problemas asociados a la inmigración.
Su frase final condensó esa advertencia: "O la izquierda mira a la
realidad o aquí los traidores a su patria se inventarán una".
Una intervención brutal en sus formas y extraordinariamente arriesgada en
algunas de sus acusaciones, pero difícil de encajar en los bloques
tradicionales del debate: Rufián no responsabiliza a los
migrantes de Ceuta; los considera utilizados como «carne de cañón». Su
acusación apunta directamente a Rabat y, mucho más allá, a quienes considera
sus aliados internacionales.
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