Por un momento he imaginado a un joven con las manos manchadas de un
mejunje, mezcla de sangre, tierra y hierbas, que discute con su padre porque
quiere pintar en el techo de la cueva la figura de un bisonte y su viejo se
opone. Dice que los dioses les castigarán y les traerá mala suerte en sus
cacerías. Una cueva de Cantabria, en un paraje que llaman de Altamira. En
latín, "altura de miras". La discusión ocurrió hace 20.000
años. Y aunque el joven, que se jugó el pellejo, pues el brujo de la
tribu también se lo impedía, consiguió no solo convencerlos, sino animar a
otros colegas a pintar caballos, jabalíes y ciervos. Unidos. Gracias a aquellos
osados y a su "altura de miras", la cueva del Paleolítico es
considerada una Capilla Sixtina.
El
1553, en Ginebra, el médico y teólogo aragonés Miguel Servet es quemado en una
hoguera. Atado a una estaca y con sus libros y unos troncos como materia
incendiaria. Unas horas antes, se ha intentado conmutar la terrible pena por
una "simple" decapitación. Pero el tribunal no ha accedido. Su delito
es grave: es un hereje que ha descubierto el sistema de doble circulación
pulmonar. La sangre no se oxigena en el corazón, que solo la bombea, sino en
los pulmones. ¡Ohhhhhh, pura brujería! Para su hallazgo, lleva años trabajando
con cadáveres, que descuartiza y extrae venas y arterias. Un hereje, un
endemoniado que niega a la Santísima Trinidad, que debe morir abrasado.
Las
mismas hogueras en las que quemaron a miles de mujeres valientes, que se
atrevieron a rebelarse por la causa que fuera, acusadas de brujería. Recuerdo
que siendo teniente de alcalde en Daimiel – sí, donde el Parque Nacional de Las
Tablas de Daimiel –, observando que todos los planes de empleo eran siempre los
mismos, para personas sin cualificación: limpieza de calles, jardines, etc. Se
nos ocurrió, tras estudiar las listas del paro en las que aparecían 30 jóvenes
titulados universitarios – historiadores, geógrafos, filólogos y filósofos –
que jamás habían trabajado, crear un plan de empleo especial para ellos,
dedicado a la investigación. Un plan de un año, que nos aprobó de inmediato la
Administración. Los dividimos en tres grupos y a uno se le encomendó la tarea
de investigar por qué a Daimiel se le conocía con el sobrenombre de El pueblo de
las Brujas. Y la respuesta fue apareciendo, potente y diáfana, en cuanto
comenzaron a escudriñar legajos en Toledo y en el Archivo Nacional, de
los juicios del Tribunal de la Santa Inquisición a las “brujas”
daimieleñas: Juana Ruiz, acusada (1540) de volar por las noches y hacer
pactos con el diablo; Isabel de la Higuera, procesada (1550) por dibujar en la
ceniza y hacer pócimas para "desligar"; Ana Díaz, juzgada por
realizar conjuros de amor; Apolonia "la Forastera", por curar invocando
al demonio; Ana Matías, Isabel Maeso, Ana López…
Con
los trabajos finalizados, se editó una trilogía que vino a presentar la mejor
"bruja" – ella lo decía – que quedaba en España viva, mi querida
amiga Ana María Matute. Todavía alguno de aquellos jóvenes, me dice que gracias
a los puntos de aquel año de investigación y a aquella publicación, consiguió
trabajo.
Catorce
años más tarde del juicio a Isabel de la Higuera, nace en Pisa Galileo Galilei.
Otro hombre del Renacimiento ajusticiado que revolucionará la historia de la humanidad
y de la ciencia. ¿Su gran delito? Creer a Copérnico y demostrar la teoría
heliocéntrica, frente a la geocéntrica. Es decir, el centro de
"nuestra" cosmología es el Sol y no la Tierra. Una Tierra que gira,
que se mueve. Un enfrentamiento, en definitiva, entre religión y ciencia.
Perseguido y censurado durante años por el Santo Oficio, en 1633 es condenado
"a prisión perpetua" y se le obliga a abjurar de sus ideas. Cosa que
hizo, para conseguir la conmutación por "arresto domiciliario
vitalicio", despidiéndose del mundo con la famosa frase "Eppur si
muove" ("Y, sin embargo, se mueve"). Muriendo ciego,
recluido en su casa, años más tarde. Una victoria para la iglesia, para la
jerarquía eclesiástica, siempre hermanada con el poder. El ejecutivo, el económico
y el judicial. Hermanada literalmente: un hijo duque, el otro cardenal, el
tercero presidente de la Audiencia. La iglesia y el poder económico
impidiendo el progreso científico y social.
La
historia es contumaz. Alguien, para desacreditar mi opinión, dirá que estoy
hablando de hace cuatro siglos. Y es cierto. Pero, por desgracia, siempre ha
sido lo mismo. A Miguel Servet lo quemaron tres veces. Cuando fue apresado la
primera vez, ya sentenciado a la hoguera, consiguió escapar. Los inquisidores,
rabiosos, quemaron, in absentia, a un muñeco de trapo. Con sus
libros. Siempre quemando libros, como los nazis. En USA, Trump no los quema,
pero los prohíbe y despide a la directora de la biblioteca del Congreso por su
política de diversidad. La segunda vez fue la verdadera, al ser atrapado
nuevamente en Ginebra. Pero en el 1944, mitad del siglo XX, el gobierno
colaboracionista francés de Vichy (colaboracionista con Hitler), retiró y
fundió una estatua de bronce dedicada a Miguel Servet, en Annemasse, por simbolizar
el libre pensamiento. Con las esculturas fundidas, los nazis hacían cañones y
tanquetas.
Este
escrito no es una lección de historia, sería un atrevimiento por mi parte, pero
sí un recordatorio para los jóvenes incultos y manipulables que, como no se lo
expliquemos bien, mañana estarán apaleando a todas las personas diferentes a
ellos, igual que hace unos meses apalearon a musulmanes en Torre Pacheco.
Para
que no pierdan la memoria, recordarles que hasta hace solo 45 años, el Ku Klux
Klan, vestidos como nuestros nazarenos, se dedicaban a quemar a negros. Una
horda de blancos, no muy diferente a la que invadió el Capitolio. Los
perseguían, los linchaban, los mutilaban, los arrastraban tirados por caballos
y, finalmente, los quemaban vivos o los ahorcaban. ¿Motivo? ¡Ser negros!
El último, Michael Donald, un joven afroamericano de 19 años de Alabama. El
nuevo Ku Klux Klan se llama hoy Supremacismo Blanco. El ICE, que mata a
ciudadanos a balazos, se lleva a niños de cuatro años, mientras arrastra a sus
padres por el suelo, los patalea, los mete en jaulas y los deporta a otros
países, no está muy alejado de aquello. ¿Motivo? ¡Ser inmigrantes! ¡Qué
terrible delito, Dios mío, buscar pan para tus hijos!
Intentaba
decir, que la historia del ser humano es la lucha permanente contra el
poderoso. Cuando se le derrota, avanzamos. Si dejamos de luchar y de oponer
resistencia, si nos entregamos, entonces retrocedemos. Los derechos nunca están
garantizados. Ellos son muy fuertes, son los dueños del capital. Saben manejarlo:
tienen los medios de comunicación con su propaganda para engañarnos, las redes
sociales que son suyas, para manipularnos a través del consumo, para
idiotizarnos. Dinero para comprar a los políticos, a los más mediocres, sus
votos y voluntades. Son los dueños de la tecnología, de los ejércitos y las
armas para tenernos siempre asustados, a la espera de que "alguien"
nos ataque. Manejan los tribunales de justicia y las instituciones. Nacionales
e internacionales. Lo tienen todo para cumplir su único objetivo: no perder el
poder económico y sus privilegios. Que el negocio no se les escape de las
manos. Ir dándonos unas migajas, para conformarnos, para tenernos callados,
mientras ellos se quedan la porción grande de la tarta. Ahí están los datos del
reparto de la riqueza del planeta: unos datos espeluznantes. Y todo el
conflicto que se está generando con la llegada al poder de esos personajes
incalificables, multimillonarios degenerados, que gobiernan el mundo, tiene una
única razón: parar en seco, incluso retroceder, con los avances sociales
conseguidos en las últimas décadas. Asfixiar el estado de bienestar, hasta
desmantelarlo. Como si, según ellos, los derechos y servicios conseguidos
fueran excesivos. Por eso hay que acabar con la sanidad y la educación públicas,
los servicios sociales que combaten las desigualdades, y monetizarlo todo. Y
buscar culpables: los inmigrantes, los pobres, los miserables. Que se maten
entre ellos. Entre nosotros. Dejando que el de arriba se forre.
"Y,
sin embargo, algo empieza a moverse". Sus propios abusos y excesos, su
megalomanía e inmoralidad, acabarán con ellos. Orbán primus fuit.
Del
rechazo trumpiano al inmigrante, han importado a España la ignominia llamada
"prioridad nacional". Una vuelta al geocentrismo patrio, contra
Galileo otra vez. Vuelven los inquisidores con sus antorchas. Con ese
engañabobos obsceno que suena tan bien: “Los españoles primeros”. Basado en
mentiras. ¿Cómo es posible que en Extremadura hayan tardado medio año en constituir
el gobierno, hasta encontrar la clave racista de la “prioridad nacional”? ¡Pero
si en Extremadura solo hay un 4,7% de inmigrantes, la cifra más baja de España!
¿Por qué os dejáis engañar por esa mala gente? ¡Cómo me duele Extremadura! ¿Qué
problema puede ocasionar la inmigración en esa región? ¡Ninguno! ¡Todo lo
contrario! Beneficios. En todo caso, preocúpense de los que se van, y no de los
que llegan. ¡Qué políticos más impresentables! Más que votarlos, bótenlos de
una puñetera vez.
La
que se ha ido, IDA por sus iniciales, a pasar diez días a México, es la
presidenta de Madrid. Mientras lees esto, estará como una reina – católica, no
azteca – por esa Riviera Maya, en su viaje oficial, tomándose, a la salud del
contribuyente, un buen mezcal. Ha ido, IDA, simplemente, para malmeter en las
relaciones hispanomexicanas, ahora que se están recomponiendo
diplomáticamente. Porque, antes de su salida, ya se dedicó a insultar a
los mexicanos y a la presidenta Claudia Sheinbaum. La política más culta, mejor
preparada, científica y humanista, elegante y humilde, comprometida, de toda
América. Su antítesis. Diciendo que México es un "narcoestado" y que
"debería recuperar la libertad". Mientras en Madrid pone
medallas a Milei y a Corina Machado, se larga a México a provocar. A liarla
parda. Los patriotas, con su ego desbocado y su enfermiza voracidad mediática,
haciendo el mayor daño posible a la patria. Le acompaña Nacho Cano, ¡puffff!,
con su espectáculo Malinche, para homenajear a Hernán Cortés. Isabel Díaz
Ayuso, la gran provocadora chulapa, va a hablar a los mexicanos de libertad. A
dar a los mexicanos, que acogieron generosamente a nuestros exiliados
republicanos, su lección magistral. Cuando en España ya todos sabemos de qué va
"su libertad".
El
mundo progresa gracias al pueblo, a sus héroes anónimos. También a esos
pintores de Altamira, a las brujas de Daimiel, a Miguel Servet y a Galileo
Galilei. Los obstáculos y los retrocesos para el progreso los ponen estos
otros. Siempre a la contra. Los mismos. Con su permanente no en la boca. Sí,
echan el freno, ciertamente. "Eppur si muove". Caminamos. Hay
esperanza. El ser humano avanza.
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