JOSÉ MARÍA GONZALEZ MAZÓN. COORDINADOR DE ENERGÍA DE ADENEX.
Aquí solo queremos ser humanos
Comer, reír, enamorarse, vivir.
Vivir la vida y no morirla.
Aquí no lloró nadie.
Aquí solo queremos ser humanas.
Comer, reír, enamorarse, vivir.
Vivir la vida y no morirla.
(Patricia Simóm. “Narrar el abismo. Periodismo de conflictos en
tiempos de impunidad”. Penguin Randon House. 2025).
La mayor cárcel al aire libre del mundo, abierta desde 1948, que ha llegado
a albergar hasta 2 millones de personas, algunas de ellas el 7 de octubre de
2023 decidieron defenderse atacando a sus carceleros, asesinando a 1.200
personas, secuestraron a más de 240. La cárcel es Gaza. Y la respuesta de
los carceleros fue el “peor de los asesinatos de lesa humanidad”: un genocidio
cometido por los propios carceleros, el gobierno actual de Israel.
Así empieza el relato de la escritora y periodista Paticia Simón
especializada en conflictos y crisis humanitarias. A Gaza la denomina “campo de
concentración” a sabiendas que sus ejecutores, víctimas del Holocausto nazi,
muchos descendientes de la mayor atrocidad cometida en el siglo XX eran ahora
los verdugos más perversos. ¿Cómo es posible la repuesta del ejército de
Israel, al eliminar a más de 18.000 niños y niñas (datos de Unicef) delante de
nuestros ojos y en directo?
¿Acaso no habíamos aprendido nada a lo largo de la historia acerca de cómo
las personas nos exterminamos unas a las otras? ¿Qué podíamos hacer
perteneciendo a un estado democrático, el español, si este se negaba a cumplir
con la voluntad expresa de la sociedad civil para impedir que siguiera la
atrocidad de la segunda Guerra Mundial, como si no pasara nada?
Patricia Simón escribe para defender la palabra, reconociendo que somos
hábitos, somos lo que nos contamos, es decir que nos constituimos por los
argumentos que más nos convencen; “miramos el mundo desde nuestra
cosmovisión y nuestras experiencias vitales”. Por eso el gobierno
israelí prohibió a los periodistas extranjeros acompañar a
los colegas gazatíes, muchos de ellos inmediatamente asesinados, para
impedir presencias que realmente publicaran, lo contaran, tanto
el dolor como los muertos, la infamia de un repuesta militar que nunca da por
terminada su tarea.
Patricia Simón cuestiona: “¿Cómo es posible
que los estados democráticos no rompan relaciones con
el responsable del mayor crimen de que es capaz la humanidad?”
Queda narrar contra el olvido. Para que se haga justicia, para existir,
para construir paz. Por eso el libro, su experiencia como reportera por muchos
de los conflictos que nos asolan, explica como allí, donde se
libra una guerra se concentra la mayor pulsión vital que se prolonga
una vez el pueblo la acaba de poner fin. Una pulsión que empuja la vida por los
vivos y por sus muertos. Se pregunta: ¿Cómo reconstruir edificios, calles,
tapar boquetes, y frente a las ausencias, con las propias cenizas de las
casas incendiadas, levantar nuevas aldeas para albergar a los recién nacidos?
En la escuela nos han enseñado milenios de guerras
de exterminación de personas, nunca nos han mostrado que
las personas tenemos un impulso vital, una tendencia innata a
perseverar en la vida. A aumentar lo vital como potencia de nuestras propias acciones.
Es la ley fundamental de la vida: existir, resistir a aquello que
pueda destruirla (Ver. Spinoza “Ética”. Parte
I, defunciones y proposiciones XX-XXI) .
Hemos recibido una herencia mayoritaria que nos ha enseñado a tratar
los conflictos como relatos épicos, de orgullo militarista como salvación ante
el otro, de alentar al héroe, al heroísmo, que asedia la muerte. Así los mitos
nos mostraban que el “conflicto resolvía”, que era un
aval de victoria incluso para hacer política, por eso los sofistas tuvieron
un cierto éxito, pues simplificaban la complejidad del mundo con la invención
del enemigo a batir. Nada de ofrecer diálogo, crear espacios de encuentro y
participación activa, negociar y llegar a acuerdos antes de
cualquier fervor bélico que la industria armamentística ponga en juego el
mayor negocio y más lucrativo del mundo. Nada de derecho internacional que
nos permita identificar a los perpetradores de la muerte y a sus
víctimas.
A lo largo de la vida intentamos amoldar lo que vemos y oímos a
lo que ya sabemos o creemos saber. Pero para entender los porqués todavía hay
muchos mundos que ni siquiera contemplamos hasta que alguien nos
lo expone. Y con todos ellos, crear una lengua que fomente el
entendimiento y la convivencia, que ponga la vida en el centro.
“¿Cuántos años de vida puede robar una guerra ¿Cuándo lo que ocurre en la
guerra deja de ser considerado extraordinario y pasa a formar parte del
continuum de las experiencias que conforman una vida?”.
¿LAS PALABRAS QUE ALIMENTAN LA GUERRA?
Quizá nos extraña que algunos jóvenes tengan como referente a una extrema
derecha que odia al extranjero, al diferente, al no
autóctono. Y resulta que estamos rodeados de cámaras de
ecomediático donde la guerra y la violencia, el
odio es orquestada por medios de comunicación financiado
por los propios partidos xenófobos. Así les llega el acceso
a una narrativa propagandista de guerra permanente, hasta no entender, por
ejemplo, que la doctrina de EEUU tras el 11S prohibió negociar con los grupos
armados precisamente a los cuales había financiado y vendido armas desde la
Casa Blanca. De esta manera quizá entandamos mejor la política de guerra
del actual gobierno “American First”, que trasladada por Vox en España
como “primero defender lo nuestro” implicaría seleccionar a través del terror
(son un peligro) y el miedo (expulsiones). No olvidemos que
Vox surge de una escisión del PP:
Las palabras no bastan para narrar las guerras.
Patricia Simón, a través de todos los conflictos que ha
acudido (cobertura en más de veinticinco países) nos
relata que además de hechos hay toda una atmosfera que envuelve
todo el tornado de devastación. Se pregunta: ¿Cuáles son las vías para iniciar
el diálogo que pare el rio de muertes? Nos dice hay que
explicar cómo opera el poder antes, durante y después
de la guerra y de todos los que lo han sostenido. Hitler no hubiera
tenido tanto poder si no hubiera estado apoyado por empresarios, industriales
de armas, medios de propaganda y partidos conservadores (“Irresponsables.
Quien llevo a Hitler al poder”. J. Chapoutot. Alianza. 2026).
Por eso cierto periodismo nos presenta la realidad como una suma
de hechos caóticos, catastróficos, incomprensiblemente simplificados que hace
que nos sintamos impotentes, frustrados y tristes. Quizá esta puede ser la
manera de distinguir las fake news.
Narrar la actualidad es explicar el contexto, mostrar su origen, las
causas, es decir la lógica interna de los hechos para que tengamos la capacidad
de construir futuros sin guerra. Que nadie pueda decir; “yo no lo sabía”.
La cooperación, trabajando unos a
otros, la solidaridad, la hospitalidad, los espacios de
encuentro presencial y dialogando deben aportar horizontes de mejora en
todas las acciones y expresiones políticas, no los
condicionantes sociales de la propaganda conductual individualista,
e identitaria patria, de odio y guerra permanente
al otro, la cual, sino estamos atentos,
los jóvenes tenderán a acoger esto
último para diferenciarse de los demás.
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