Comentario: No hace mucho, días solamente, escribí un escrito sobre el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Va a resultar que servidor tenía razón al titular dicho escrito como “El mejor Presidente de la Democracia”. Pueden leerlo en mi blog “La Demagogia del Alacrán” (angelmorblogspot.blogspot.com).
La eficaz actuación del Gobierno español ha logrado atajar, en el último momento, un virus letal
España ha
librado al mundo de una pandemia global.
El ciudadano español aislado en el hospital Gómez
Ulla de Madrid ha dado positivo por hantavirus. Se trata de uno
de los catorce pasajeros del crucero Hondius aislados
en cuarentena por precaución. La noticia viene a confirmar, sin duda, la
peligrosidad del nuevo enemigo invisible microbiano al que nos enfrentamos.
Pese a las críticas absurdas de la derecha, el Gobierno ha hecho lo que tenía
que hacer y es de alabar que haya pecado por exceso y no por defecto al aplicar
estrictas medidas sanitarias. El brote se ha atajado, quizá in extremis y en el
último segundo, antes de estallar otra bomba pandémica, y debemos felicitarnos
por ello. Quién sabe lo que podríamos estar viviendo a esta hora de haber
entrado el hantavirus en nuestras vidas. Otro infierno como el acaecido durante el covid 19.
Supongamos por un momento que ese pasajero contagiado en el crucero no
llega a su destino en Países Bajos y
toma tierra, sin más, en un puerto de nuestro país como Barcelona, Valencia o Málaga. Supongamos que el excursionista coge su maleta,
baja tranquilamente por la pasarela y se planta en el centro de una de esas
populosas ciudades del litoral mediterráneo. El anónimo entra en el Corte Inglés, visita un museo, se sienta a comer en un
restaurante y se mete en un cine. Un día feliz para una persona que se acaba
convirtiendo en un cataclismo para todo un país. El contagio sería exponencial.
En una hora varios infectados; a media mañana, decenas de ellos; al caer la
noche y finalizar la jornada quizá unos cuantos cientos. Un auténtico desastre
sanitario ya imparable desde ese preciso instante.
Viendo cómo ha terminado esta historia, no debe extrañar que la OMS y la UE hayan
felicitado a nuestro país por tan eficaz gestión. El plan consistente en
fondear el barco, movilizar al ejército, enviar barcazas con personal protegido
con trajes especiales, rescatar a los viajeros y llevarlos a hospitales
seguros, ha funcionado. Poco importa ya si se ha propagado una alarma infundada
o desmesurada o si ha habido más o menos colaboración con Clavijo, convertido en el gran cuñado de la crisis
vírica (quedará para siempre como el señor de las ratas que nadaban por el
mar a la velocidad de Michael Phelps). El
Gobierno tomó las riendas mientras los agoreros de PP y Vox se
dedicaban a boicotear el operativo, a hacer el ridículo internacional y a
difundir bulos propios de cuentos de viejas para asustar a la población (el
fascismo bebe de la conspiración, el odio y el miedo). Se tomaron las
decisiones adecuadas y el éxito ha asombrado al mundo entero. Hasta el papa de Roma ha alabado
la solidaridad del pueblo español con unos enfermos a los que algunos
pretendían dejar abandonados a su suerte en medio del mar. Por no hablar del
mismísimo Alfonso Rueda, el barón gallego del
PP, que ha aplaudido la actuación gubernamental y la información seria y
rigurosa que Moncloa le ha transmitido en
tiempo real. Los protocolos de la ministra Mónica García han
sido mano de santo.
No exageramos un ápice si aventuramos que probablemente nos hemos librado
de una buena gracias a la gestión racional y planificada de un Gobierno que ha
estado a la altura. Tiene sobradas razones Pedro Sánchez para
presumir ante la comunidad internacional. Y está bien que se cuelgue esa
medalla. Quienes le acusan de haber lanzado una cortina de humo para esconder
la supuesta corrupción del PSOE o de haber
organizado un “biosafari” o una especie de reality show para
aumentar sus índices de popularidad hablan desde su mediocridad política, desde
su delirio enfermizo y desde cierta envidia insana hacia quienes demuestran
talento y esfuerzo en horas críticas para una nación. “Este mundo no necesita
más egoísmo, sino países solidarios que den un paso al frente, era nuestra
obligación moral. Ese es el ejemplo que España ha dado al mundo”, asegura el
presidente del Gobierno ante un Tedros Adhanom, director general de la OMS, totalmente agradecido y
entregado.
Una vez más, el planeta observa nuestro país con admiración y ya van
unas cuantas desde que los españoles denunciamos el genocidio de Gaza y la guerra de Irán. Ahora también suspiran por nuestro sistema
sanitario público, por nuestros mecanismos de defensa ante plagas y pandemias,
por la bravura y sentido de la responsabilidad a la hora de salvar a un puñado
de personas a quienes las derechas pretendían condenar a un espantoso final en
una especie de barco leprosería a la deriva.
Pero haría mal el Gobierno en caer en el error de morir de éxito o de pecar
por un exceso de triunfalismo. El episodio del Hondius (que nos ha puesto al borde de una nueva
epidemia, quizá global) debe analizarse como un triunfo de toda la sociedad
española, desde el primer militar que rescató a los pasajeros hasta la última
enfermera que hoy aplica el gotero a ese ciudadano español anónimo
en lucha contra un virus mortal (aunque sea más torpe que otros agentes
patógenos a la hora del contagio entre humanos presenta un índice de letalidad
de hasta el 38 por ciento). El asunto no era ninguna broma por mucho que Abascal haya dado rienda suelta a su miseria
interior al acusar a Sánchez de “provocar una epidemia para ocultar su
corrupción”. Está Clavijo con sus patrañas como carne de meme, Feijóo con su populismo demagógico, Ayuso con sus payasadas en México y Santi, que juega en otra
liga: la Champions de la infamia.
Esta vez nos hemos salvado de volver a un escenario tan terrorífico o más
que el ocasionado por el coronavirus en 2019. Ahora bien, tenemos que
preguntarnos qué será de nosotros cuando gobierne esta fauna enloquecida y nos
llegue otro virus, que nos llegará. Que Dios nos coja confesados.
No hay comentarios:
Publicar un comentario