Viendo estos días lo que está pasando con el tardío juicio de la Kitchen sobre las martingalas del PP para “allanar” su terreno capitalino y cómo la justicia, una vez más, se quita la venda con la presumible parcialidad que, cuando se trata de la derecha de este país, siempre acomete (lo de acometer es, paradójicamente, por la rapidez con que actúa, ya que la cosa viene, según parece del años 2013, o sea, trece años después de ocurrir los hechos), me ha venido a la memoria que hace cinco años hice unos escritos que titulé “Kitchens and Chefs”.
Ahora, los voy a reeditar. Dado que se ha iniciado
el juicio y me parece oportuno que se sepa, una vez más, bastante sobre la
“cocina” española y sobre los “cocineros” que hemos tenido a lo largo de la mal
llamada Democracia, puesto que, a mi modo de ver, reitero una vez más, es una
vulgar Plutocracia encubierta que nos está arruchando (“desparruchando”
decíamos de pequeño) a la mayoría.
Voy a tratar de que, en esta ocasión, sean más, pero
un poquito más cortos los capítulos de mis escritos, sin dejar fuera algunas frases
que incluí “copia y pega” de diversas opiniones y un largo artículo titulado
“Dinero caído del cielo y otros milagros” de Yago Álvarez Barba publicado en un
diario digital, porque lo importante es que se conozca a los Chefs, a los
“cocineros”.
Entonces, 30 de marzo de 2021, servidor comenzaba
así el primer capítulo, que ahora he dividido en dos para no fatigar en exceso
con su lectura:
Mi objetivo en
este escrito es que no aparezca la pandemia por ningún sitio; con motivo de
que, de alguna manera, podamos abstraernos por unos minutos de lo terrible que
es lo que está ocurriendo en el mundo -en parte- por la mala gestión de ciertos
personajes que han abrazado sin rubor el funesto neoliberalismo que ha logrado
hundir todo lo bueno de lo público para hacer de lo privado una especie de coto
de caza que no tiene ya donde meter lo cazado, y que sólo la “aporofobia del
capital” (título de otro escrito mío) puede poner en riesgo sus inmensos
capitales logrados con las inestimables ayudas de unos gobiernos corruptos y
propensos al desfalco institucional a favor de unas minorías que cada día que
pasa, relativamente, van dejando de serlo, pues los milmillonarios aumentan casi
diariamente de forma increíble, a un ritmo vertiginoso (incluso en China,
¡quién nos lo iba a decir!), aunque no tan elevado al de la pobreza mundial,
consecuentemente. Pero, eso sí, que no olvide nadie que los “chefs”, los
grandes “chefs”, que voy a relacionar en estos capítulos, son en una gran
medida los responsables de que -caso de no haber abrazado la ignominia estatal-
ahora tuviéramos más hospitales, más UCIS y muchos más sanitarios de todas las
categorías; por lo menos, para acercarnos a la media de la UE más desarrollada,
ya que, para eso estamos en ella ¿no?
Antes de seguir,
quiero pedir disculpas por la utilización del inglés (que a mí me importa un
bledo), pero ocurre que si no lo hago me tacharán de antigualla en las redes
sociales y pasarán de leer nada y mucho más de algún recalcar. Y, por supuesto,
con el consiguiente mosqueo de la Junta de Andalucía y de la Junta de Extremadura,
que da la impresión de que todos sus “mercachifles” y toda la “canonjía” (que
no es poca, un enjambre) han estudiado en Oxford o Cambridge a pesar de ser en
su mayoría analfabetos funcionales y laborales que se jubilarán (en gran parte
con la pensión máxima o…) en su mayor parte sin haber realizado otro trabajo en
su vida que el político, y, ni que decir tiene, generalmente, de manera funesta
como es de dominio público.
Dicho lo dicho,
vamos a centrarnos en unos de los grandes expolios del Estado llevado a cabo
por un amplio grupo de políticos sin escrúpulos para hacerse, por decirlo de
alguna manera, “socios de un club del calibre del Bilderberg”. En sentido
figurado, hablamos de las “Coronas del Estado” que se vendieron por una
menudencia para más tarde dar lugar a las famosas “puertas giratorias”. Su
idealista, o sus idealistas si fueron más de uno, se merecen la misma
calificación de los inventores de Facebook, Amazon, Tesla o cualquiera de esas
“empresas” que han hecho milmillonarios a sus creadores, auténticos genios de
la “creación”; aunque, en el caso español, “creación zascandil institucional”.
Así pues, en las
“kitchens” de Endesa, Iberdrola, Red Eléctrica y Naturgy (antigua Gas natural),
entre otras, trabajan los mejores “chefs” del mundo. Y, como no podía ser de
otra forma, son españoles. Todos tienen “estrellas michelín” (han sido Altos
Cargos en algún Gobierno), y como grandes “chefs” que son, cobran unas
cantidades astronómicas al año. Pero, eso sí, sus “menús” son auténticamente
exquisitos. Todos incluyen “jamón de pata negra”. Tanto es así que los
españoles nos los tragamos tras una larga masticación para mejor saborearlos,
aunque en ocasiones podrían ser engullidos al estilo de esas enormes
hamburguesas a las que sólo pueden dar mordiscos lo que tengan la boca igual de
grande que esa actriz americana tan famosa, ¿cómo se llama?,¿Angelina Jolie, puede
ser? Bueno, la que sea, lo mismo da. Además, en España también tenemos más de
una “televisiva” a las que le caben en la boca de un solo golpe la hamburguesa
entera.
En fin, después de
este pobre monólogo que, evidentemente, no pasaría el corte (“casting” lo
llaman en las TVs) de ese programa televisivo, “El Club de la Comedia”, donde
los hay que tienen menos gracia que cualquier político, y mira que en la
política hay cada uno que… ¡res mes! Vamos a hablar en serio del tan traído y
llevado tema de “las puertas giratorias”, algo que se ha convertido en el
axioma del famoso “Typical Spanish”. Pero, eso sí, llamando “chef” en lugar de
“político” a cada uno de los personajes que, “cocinando” (perdón, “cooking”) en
estas empresas -y otras-, se han puesto las botas dicho vulgarmente. Y que,
como no puede ser de otra manera, nos han traído al pueblo trabajador y llano
las consabidas desigualdades y penurias económicas -cuando no la pobreza
extrema y, por supuesto, la pobreza energética- junto al engaño ignominioso de
que íbamos a vivir en el “Estado de bienestar” sin ningún tipo de carencias
elementales y con una justicia, una educación y una sanidad (¡risas por esto
último!) dignas de todas las personas que formamos este país.
Los tres poderes
del Estado (Legislativo, Ejecutivo y Judicial) se han convertido en una especie
de oligopolio que, nadie lo pone en duda, no es otra cosa que un grupo de
“sicarios” bien pagados por el establishment financiero, los milmillonarios y
una prensa de desinformación comprada por estos para hacer un pueblo analfabeto
funcional que en su mayoría no se entera de lo mínimo más importante que le
concierne. Todos estos “chefs” que voy a nombrar, gracias a esa Transición tan
modélica para algunos, nos han vendido haciendo gala de eso que dijo Caballero
de Bruix: “Para amasar una fortuna no se requiere ingenio, lo preciso es
carecer de delicadeza”.
Han vendido, sin
el más elemental escrúpulo, el Estado por unas monedas sabiendo que más tarde
les supondría riqueza y poder a costa de los demás. Sólo se merecen el
desprecio de la sociedad y en muchos casos pasar por los Tribunales para dar
cuenta de sus “tropelías” aprovechando cualquier cargo público. Aunque me da
que mientras la política no cambie -cosa harto difícil sino cambia la famosa
Ley de D'Hont, que no lleva tintes de hacerlo por el momento- los Tribunales
seguirán siendo “marionetas” de esos poderes que antes hemos citado, con la
Banca (preferentemente, el Banco Santander) a la cabeza, y ya saben lo que eso
significa: “Que los derechos fundamentales son vulnerados por las Instituciones
Públicas a diario en absoluta impunidad, donde el Estado de Derecho es una
broma”, según una denuncia de alguien que he leído por ahí.
Continuará… en
unos días. Y con el inicio del Top -la cima- de los chefs.
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