Vicente Mateos Sainz de Medrano
El líder de
Vox rechaza cada propuesta del gallego
Oponerse a la regularización de los inmigrantes que viven y trabajan en
España sin papeles, al margen de la legalidad y, por tanto, susceptibles de ser
explotados en la economía sumergida, expresa una inhumanidad y un
desconocimiento de la realidad, que solo puede anidar en las mentes que viven
con temor por las intenciones aviesas que la derecha radical y la ultraderecha
atribuyen, con mensajes falaces, a los que son y piensan de manera diferente.
Mentiras que necesitan para inocular un miedo irracional al inmigrante, en
genérico, con calificativos mendaces y afirmaciones denigrantes de todo tipo:
vienen a delinquir y a quitarnos lo que es nuestro, a violentar a nuestras
mujeres o, el más inverosímil de todos, a suplantar nuestro modelo cultural por
el suyo.
Como siempre, el PP olvida su pasado cuando no le viene bien recordarlo.
Aznar desarrollo tres procesos de regulación, en 1996, 2000 y 2001, a los que
se acogieron más de 500.000 inmigrantes. Si en esa época nadie rechistó, ¿por
qué ahora Feijóo monta una escandalera sin sentido por una regularización como
las que aprobaron los Gobierno de Aznar? ¿Por qué entonces fueron medidas
positivas y ahora no? ¿Por qué juega a la contra de la CEOE y la Iglesia que
consideran la regularización necesaria?
No se pueden subordinar las ideas propias aplicadas en el pasado por el
propio PP, a una estrategia cortoplacista, de vuelo gallináceo, por meras
cábalas electorales, porque de este modo confirma ante la ciudadanía la
ausencia de un plan, de un proyecto ideológico propio para la sociedad
española, demostrando que todo está condicionado por la obsesión de derribar al
gobierno progresista como sea y cuanto antes, y acabar con Sánchez y su gestión
que desprecian: el Sanchismo.
Obsesión que lleva a Feijóo a desmantelar los principios ideológicos de la
derecha moderada, dialogante y constructiva, a la europea, sustituidos por una
suerte de devenir táctico al albur de los acontecimientos. La obsesión nubla el
pensamiento y la reflexión necesarias para hilar una estrategia propia que
presentar a la ciudadanía española para poder gobernar España. Al no existir
tales mimbres en la mente de Feijóo ni de sus acólitos, el PP navega contra el
viento de la historia, incapaz para desbrozar el grano de la paja: las
tendencias de fondo que apuntan al principio del fin del ciclo del populismo
disruptivo cuyo epítome es el errático Trump.
Sin ningún plan propio ni a corto ni a medio plazo, Feijóo se agarra al
discurso de la ultraderecha, de Vox, por el miedo que siente en las canillas de
que le coma la tostada electoral y dé el sorpasso al PP.
De ahí el aumento en la radicalidad de su discurso que, por su confusión
mental, le impide ver el beneficio que obtiene la ultraderecha al normalizar su
mensaje. Por eso hablar de acuerdo para gobernar en Extremadura es un oxímoron,
porque de lo que se trata es de una rendición ante Vox y sus postulados filo
fascistas focalizados en la inmigración. Resulta absurdo que se vanaglorie de
haber llegado a un acuerdo que se ha producido cuándo y cómo Vox ha querido,
según afirmó el día anterior a la rúbrica su líder regional y futuro
Vicepresidente de la Junta: somos nosotros los que
decidimos si María Guardiola será presidenta. Solo había que
ver el rostro de la interfecta, el propio de quien debe tragarse el sapo de
saber que será una Presidenta sin poder para llevar la manija del ejecutivo.
En lugar de vanagloriase de un acuerdo que, en el fondo y en la práctica,
verifica la conversión del PP en lacayo de los designios que determine Vox,
como sucederá en Aragón, Castilla y León, y veremos en Andalucía; Feijóo
debería aprender lo que no sabe hacer, pensar y reflexionar: ¿por qué no puede
pactar con ninguna formación de su ámbito ideológico? Claro está que para los desnortados
como él eso es como pedir peras al olmo a quien es incapaz de reconocer ningún
fallo: yo en el error, pero firme que es ley para quienes
necesitan sublimar su nula autoestima.
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