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miércoles, 13 de mayo de 2026

13/05/2026 - FLORENTINO SE TRUMPIZA

Comentario: El Real Madrid aún no se ha enterado que el Barça ha aprendido a “comprar” los árbitros como llevan ellos haciendo desde tiempos inmemoriales. Miren uno a uno los partidos de esta liga 2025/2026 (sobre todo los penaltis que les han pitado a favor y en contra) y verán como los blancos han choriceado entre doce y quince puntos por lo que deberían estar a la altura del Betis como mucho. Y que no hablen de la Copa de Europa, porque según un ex árbitro italiano no deberían haber ganado las tres últimas, ni, por supuesto, las dos que robaron al Atlético de Madrid. Bueno al Atlético de Madrid le ha “mangado” tantos partidos que es imposible recordar cuántos títulos les han quitado por la jeta arbitral. ¿Se acuerdan de mi paisano Sánchez Ibañez? ¿Y de Guruzeta?

Resulta miserable que un equipo que parte cada año con diez o quince puntos más que los otros, encima se queje de los arbitrajes. No tienen nada y como el mundo arbitral se mosquee no volverán a ganar ni la copa de Canillejas, se han quedado estancados en el siglo pasado y, curiosamente, Franco ya no vive en el siglo que estamos.

El presidente del Real Madrid ofreció una estrambótica rueda de prensa que daña la imagen del club

José Antequera

Florentino Pérez conmocionó ayer el mundo del deporte. Su rueda de prensa, la única que ha dado en más de once años, puso al descubierto el verdadero rostro del presidente del Real Madrid. Un hombre arrebatado, airado, desatado y algo machirulo (desafortunado sugerir que una periodista no sabe de fútbol). El mandatario que se repantiga en el sofá, puro y copa en la mano, al término de una comida con amigos, y despotrica sin filtro. Nada que ver con la imagen institucional y de dirigente sensato y moderado que había proyectado hasta hoy.

Florentino arremetió contra todo y contra todos, contra la prensa, contra el estamento arbitral, contra el eterno rival por el caso Negreira. Y, entre palo y palo, anunció elecciones para advertir que no piensa dimitir pese a la nefasta campaña del club (la segunda consecutiva en blanco, sin catar títulos de importancia). El máximo directivo de la familia merengue dejó aflorar lo peor que lleva dentro haciendo buena esa máxima a la que se abraza el poderoso desde tiempos inmemoriales: cuando vienen mal dadas, cierre de filas, atrincheramiento, bunkerización y fabricar un enemigo común para desviar la atención de los problemas internos. “Dicen que hay gente que se está moviendo en la sombra para presentarse, pues que se presenten (…) Hay sectores que quieren mandar en el Real Madrid, pero no lo han conseguido, porque en el Real Madrid mandan sus socios. La gente me cree a mí”, añadió con cierto tonillo autoritario. Sugerir que los posibles candidatos son una especie de seres hostiles que se mueven en el inframundo es propio de gobernante que cree que después de él solo el caos.

Florentino quiso aparecer como la luz blanca y pura, el rayo triunfador que no cesa y que sigue iluminando las esencias madridistas. Pero ya no cuela. El equipo es una caricatura y cualquier banda de amigos que juega en el Bernabéu, antes fortín temible e inexpugnable, sale con puntos. Los fichajes no han dado resultado pese a la millonada dilapidada y hoy el aficionado empieza a considerar gafe al ansiado mesías francés Mbappé. Tras echar a Xabi Alonso, un vasco honrado y valiente con idea de fútbol moderno, puso a su amigo Arbeloa como interpuesto para seguir siendo él el entrenador (el mito del hombre fuerte que cree saberlo todo, típico delirio autoritario). Por si fuera poco, la cantera ha quedado reducida a una fábrica estéril que no produce las perlas de antes (la última gran estrella fue Raúl y ya ha llovido), mientras en la Masia brotan como setas los cracks, fueras de serie y fenómenos mundiales (el relevo de Messi ha sido retomado por Lamine Yamal, de modo que el Barça tiene proyecto para otra larga década, la peor pesadilla para el madridismo).

Pero el auténtico drama ya no es el alcorconazo de navidad, es decir, que el todopoderoso Real Madrid caiga humillado ante un equipo de tercera en cada edición de la Copa del Rey (que a Florentino no le interesa y la tira miserablemente a la basura temporada a temporada), sino que el FC Barcelona haya armado una escuadra temible capaz de usurpar, a corto plazo, la hegemonía en el palmarés de la Liga. A este ritmo vertiginoso (de cada cuatro copas, tres se las llevan los culés por una los blancos), muy pronto el Barça será el club más laureado de España y el Real Madrid bajará al peldaño de ilustre segundón. La gloria quedará reducida a polvo y entonces al aficionado ya solo le quedarán los recuerdos de las Champions de antaño, que no volverán porque Luis Enrique (un renegado del madridismo siempre ávido de venganza) le está dando el oro y el moro a los jeques de París.

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Ya basta de divos que no trabajan, que no corren, que no sudan la camiseta, que se borran o fingen una lesión en cuanto se encadenan dos derrotas seguidas. El espíritu del Real Madrid, ese que Florentino ha enterrado bajo una montaña de millones, consistía en luchar hasta el final, en morir en el campo y en no sentirse derrotado hasta el minuto noventa. El señorío blanco se ha perdido dando paso a unas celebrities mal criadas que terminan a tortas en los entrenamientos. Dejar la imagen del club hecha unos zorros es el gran pecado de un presidente que hoy se blinda y se enroca en la Casa Blanca tirando del manual del trumpismo de moda en todo el mundo. El dirigente madridista se aferra al bulo de que una serie de enemigos quieren acabar con él, tal cual como hace ese otro magnate con mansión en Mar-A-Lago. A Florentino Pérez solo le queda ponerse la gorra blanca con el lema Make Real Madrid Great Again.

 

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