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miércoles, 15 de julio de 2026

15/07/2026 - COPIA Y PEGA: LA DEFENSA DE LA VIDA

Me he tomado la libertad de copiar a Juan Torres López, uno de los economistas más destacados del país y un articulista ejemplar. Este artículo que les expongo literalmente es un ejemplo de la sabiduría que atesora esta persona y que merece la pena que sea leído por la mayor parte de la gente honesta y dispuesta siempre a defender la razón por encima de todo.

Dice así:

​ Defender la vida no es defender la del embrión y permitir que mueran sin recursos niños y ancianos”.

“No necesito pronunciarme sobre si es necesario o justo defender la vida, que quizá puede comenzar o no, de un concebido no nacido, según la expresión de la ley que acaba de aprobarse en Madrid a propuesta del Partido Popular. Toda vida humana merece ser cuidada y lo puedo dar por bueno. Lo que me resulta inaceptable es el cinismo.

Porque es cinismo que quienes hoy levantan la bandera de la defensa de los embriones son los mismos que dejaron morir a 7.291 personas mayores en las residencias de Madrid por no ofrecerles la atención hospitalaria que necesitaban. Son los mismos que asfixian la sanidad pública mientras convierten la salud en un negocio. Los mismos que permiten que miles de niños y niñas intenten aprender en aulas cercanas a los cuarenta grados mientras encuentran dinero para mejorar los colegios a dónde van los ricos.

Son los mismos que llaman "cáncer" a las bajas laborales y parecen preferir trabajadores enfermos antes que seres humanos protegidos. Los mismos que llevan años cuestionando las pensiones públicas, la protección social, la solidaridad organizada y cualquier política destinada a garantizar una vida digna a quien menos tienen.

Los mismos que presentan el "buenismo" como un defecto y la compasión y la piedad como una ingenuidad.

Los mismos que hablan de libertad mientras niegan a millones de personas los recursos imprescindibles para que puedan disponer de capacidades efectivas que le permitan ejercerla realmente. Porque no hay libertad, sino vida mala, donde hay hambre, miedo, enfermedad, desempleo o exclusión.

Son los mismos que criminalizan a quienes emigran huyendo de la guerra, del hambre o de la miseria, aunque buena parte de nuestra economía dependa precisamente de su trabajo, y aunque huyan justamente de la ruina y los destrozos que vienen provocando desde hace décadas nuestra avaricia y nuestro robo organizado de sus riquezas. Los mismos que persiguen, insultan, amedrentan y encarcelan a quienes no consideran personas con derechos porque carecen de papeles. Los mismos a los que, en lugar de encogérsele el corazón cuando los ven llegar huyendo del dolor y la miseria, hambrientos y jugándose la vida, reclaman que se les condene y rechace.

Los mismos que reclaman cada vez más dinero para armas y cada vez menos para cooperación, desarrollo, educación, dependencia o lucha contra la pobreza.

Los mismos que aplauden políticas como las impulsadas por Donald Trump contra inmigrantes y refugiados, la reducción de programas sociales, los recortes fiscales que benefician sobre todo a los más ricos o el debilitamiento de los sistemas públicos de protección. Los mismos que miran con simpatía a gobiernos que persiguen a quienes piensan distinto, restringen derechos civiles o convierten la desigualdad en un mérito.

Los mismos que hablan continuamente de valores cristianos mientras olvidan las palabras más sencillas del Evangelio: dar de comer al hambriento, acoger al extranjero, cuidar al enfermo, visitar al preso.

Los mismos que nunca hablan de los millones de seres humanos que mueren de hambre, de quienes viven solos, de quienes no pueden pagar un alquiler, de quienes esperan meses una operación, de quienes trabajan y siguen siendo pobres. Los mismos que proponen y promulgan las leyes que provocan que todo eso ocurra.

Los mismos que dicen proteger la vida y niegan el daño a la naturaleza, que reclaman la eliminación de los controles que impiden destrozar el medio ambiente y que usan los recursos naturales que sostienen la vida en el planeta como si fueran un patrimonio propio que pueden dilapidar a su antojo con tal de ganar dinero.

Esos mismos son ahora quienes quieren presentarse como los grandes defensores de la vida.

No es cierto. Defender la vida no consiste únicamente en proteger el comienzo de su existencia. Es protegerla en toda su extensión temporal y la de todos los seres humanos por igual, desde el primer latido hasta el último aliento de cualquier persona, sea potentada o una inmigrante sin papel alguno.

Defender la vida no es defender la del embrión y permitir que mueran sin recursos niños y ancianos. Es defender también a cualquier mujer embarazada sin recursos y al niño que pasa calor en un colegio sin climatización. Defender la vida no es defender al que quizá nacerá y dejar sin atención al enfermo que espera una cama, o morir de hambre a millones de personas o incluso impedir que los pobres duerman en la calle o se les lleve comida y ayuda, como ha prohibido el mismo Partido Popular en Madrid. Defender la vida no es defender al feto y no al inmigrante, proteger al que tiene éxito y dejar en la estacada a quien no tiene nada.

La derecha dice defender la vida porque defiende al concebido no nacido, pero cuando hace al mismo tiempo esas políticas no la defiende. Lo que muestra en realidad es que para ella la vida pierde su valor cuando se nace. Porque a partir de entonces les vale mucho más las de unos seres que las de otros, e incluso las de algunos no les vale absolutamente nada. ¿Para qué sirve invocar la defensa de la vida únicamente cuando esa vida aún no reclama derechos sí, cuando la persona ya ha nacido, enferma, envejece, pierde el empleo, cruza una frontera huyendo del hambre o necesita ayuda, se la abandona?

Es puro cinismo. Y el cinismo, como dijo Javier Marías, es la brutalidad en estado puro”.

 

Fdo.: Ángel Morillo Triviño

15/07/2026

 

 

 

 

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