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jueves, 2 de julio de 2026

02/07/2026 - ELLOS, LOS SEÑORES; LA IZQUIERDA, LA GLEBA

 Sé que me van a llamar “machaca”, o “matraca” (un artilugio que se tocaba antiguamente en mi pueblo -y supongo que en todos los pueblos de España- por Semana Santa para avisar a la gente de las cuestiones religiosas que hacía un ruido insoportable). Pero, ocurre que la Justicia no hay día que no nos aporte “algo” de qué hablar y de qué escribir. Da la impresión de que, tanto la Justicia como el Partido Popular, están, presuntamente, en connivencia y rabiosos porque no pueden gobernar España como a ellos les gustaría, y, obviamente, no dejan de mandar “juglares judiciales” a la lucha por la patria, un tropel de esbirros que carecen del mínimo sentido de la conciencia y de la mínima decencia humana, según cualquiera puede comprobar si está medianamente informado.

Cada día que pasa huele en España más a Inquisición: Se condena sin pruebas (es al menos lo que nos cuentan) y eso es lo más parecido a lo que ocurría en el siglo XV que perduró hasta el siglo XIX: La Inquisición Española (1478-1834) que fue fundada por los Reyes Católicos. Y qué a diferencia de la medieval, estaba bajo control directo de la Corona española y su objetivo principal eran los judíos y musulmanes conversos que presuntamente seguían practicando sus religiones en secreto. El Tribunal del Santo Oficio dejó de existir en el siglo XIX. La Inquisición Española fue abolida de forma definitiva en 1834. En la actualidad, el equivalente contemporáneo a esta Congregación es el Dicasterio para la Doctrina de la Fe (anteriormente conocido como Santo Oficio) dentro de la jerarquía vaticana.

Bien. Pues ya que hablamos de tiempos muy lejanos, antes de nada, vamos a dejar claro lo que era “La Gleba” y por qué se me ha ocurrido ponerla en el título de este escrito:

Históricamente, su uso más conocido es en la expresión "siervo de la gleba", un concepto de la Edad Media que designaba a los campesinos que estaban ligados legalmente a las tierras que trabajaban. Estos siervos no eran esclavos personales de un señor, pero no tenían libertad para abandonar el feudo, cambiar de profesión ni casarse sin permiso. Si el señor vendía o heredaba la tierra, los campesinos pasaban a pertenecer al nuevo dueño junto con el terreno.

Pero, además -y de ahí la ocurrencia de ponerlo en el título del escrito- de su uso histórico, el término tiene otras acepciones menos comunes: en sentido figurado, en ocasiones se usa para referirse al conjunto de personas de clase baja o condición humilde. Y eso es lo que, en mi opinión, presumiblemente, hace la Justicia española con la gente de izquierdas, considerándolas “siervos de la gleba” sin ningún derecho, o conculcando los pocos de que dispone.

Si se mira detenidamente el Tribunal Supremo (del que ya he dicho algo, bastante, en otras ocasiones) y se analiza su composición, nos encontramos con esto: El Tribunal Supremo de España se divide en cinco salas jurisdiccionales ordinarias y una sala especial. Cada una de ellas está especializada en una rama distinta del derecho. Las cinco salas son:

Sala Primera (de lo Civil): Conoce los recursos de casación, revisión y otros extraordinarios en materia civil.

Sala Segunda (de lo Penal): Se encarga de los recursos de casación, revisión y otros asuntos extraordinarios en materia penal.

Sala Tercera (de lo Contencioso-Administrativo): Resuelve los recursos contra las disposiciones y actos de las Administraciones Públicas.

Sala Cuarta (de lo Social): Centraliza los recursos en materia laboral y de derecho sindical.

Sala Quinta (de lo Militar): Ejerce la jurisdicción militar y conoce los recursos de casación y revisión en esta materia.

Además de estas cinco salas, el Tribunal Supremo cuenta con la Sala Especial del artículo 61, la cual tiene una función muy específica: se encarga de resolver ciertos procesos de gran relevancia institucional, como los incidentes de recusación del Presidente o de presidentes de sala, y los procesos de ilegalización de partidos políticos.

Bien. Vamos a ver la composición de la Sala Segunda (de lo penal) que es la que ahora nos tiene a más de uno un tanto indignados con sus sentencias de última hora y las que se prevé que pueden venir detrás, obviamente, contrarias, presuntamente, al derecho de parte de los “Siervos de la Gleba” del siglo XXI, la izquierda real, aunque no sea precisamente la gente, o cuando menos, parte de la gente del PSOE, la que se encuentra inmersa, pues está claro que socialistas, lo que se dice socialistas, no son todos los que están ni están todos los que son.

Para no irnos muy atrás, la composición de la Sala en la sentencia 418/2026 conocida como “Caso Mascarillas”, (un importante hito en la jurisprudencia española sobre corrupción pública y derecho penal económico) estaba formada por los siguientes Excmos. Sres. y Excma. Sra.: D. Andrés Martínez Arrieta, presidente, D. Julián Sánchez Melgar, D. Manuel Marchena Gómez, D. Andrés Palomo Del Arco, Dña. Susana Polo García, D. Eduardo de Porres Ortiz de Urbina, y D. Javier Hernández García. Y analizando a cada uno de estos ilustres Magistrados nos encontramos con que:

Andrés Martínez Arrieta, en 2025 presidió el tribunal que juzgó y condenó al entonces fiscal general del Estado por un delito de revelación de datos reservados a pena de multa y 2 años de inhabilitación. Fue fundador de la asociación, claramente conservadora, “Francisco de Vitoria”.

Julián Sánchez Melgar, el 24 de noviembre de 2017 fue designado por el Gobierno de Mariano Rajoy como futuro fiscal general del Estado. Está claro de dónde viene y para qué.

Manuel Marchena Gómez, con un largo historial judicial. Participó en el tribunal presidido por Andrés Martínez Arrieta que juzgó y condenó al entonces fiscal general del Estado. Este ilustre Magistrado es el de “la justicia para los robagallinas”. Qué se puede esperar de él.

Andrés Palomo del Arco, contrario al procesamiento del Fiscal General del Estado. Menos mal que algún ilustre discrepa… en alguna ocasión, pero que nadie se haga ilusiones.

Susana Polo García, formó parte del tribunal del Supremo encargado de encausar al fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz. Fue la primera mujer en integrarse en la Sala de Gobierno del Tribunal Supremo tras ocho años de historia, rompiendo barreras en la cúpula de la judicatura española. ¿De derechas? Supongo, sino no estaría ahí.

Eduardo de Porres Ortiz de Urbina, considerado cercano al juez Manuel Marchena dentro del Tribunal Supremo. No necesita etiqueta, está claro hacia dónde, presumiblemente, se puede decantar.

Javier Hernández García, parece el más acrisolado por los más necesitados, pero…

Obviamente, ninguno -o cuando menos la mayoría- de estos ilustres Magistrados va a mirar por nadie de la izquierda salvo, como en el futbol, alguna sorpresa inesperada, cosa muy difícil de suceder viendo cómo está el panorama en la actualidad y de qué manera actúan, por ejemplo, el juez Peinado o el juez Calama, sin que el CGPJ o la Audiencia Nacional, o el mismo T.S. les llame la atención.

Según David Torres, guionista, escritor y columnista: “Aquí hemos visto a Esperanza Aguirre saltarse el código de circulación, a Cospedal saltarse el código penal, a Mariano Rajoy aquejado de Alzhéimer selectivo o a Zaplana sobreviviendo siete años largos a una sentencia de muerte médica inminente a base de mojitos y paseos por la playa. En España el Derecho viene directamente de derechas, quién iba a sospecharlo”.

“Acabamos de ver, sigue David, por ejemplo, a un empresario corrupto salir prácticamente indemne de una resolución judicial que, entre otras cosas, envía a un ex ministro entre rejas durante casi un cuarto de siglo. No sólo eso, sino que además el buen hombre puede quedarse tranquilamente con los 3,7 millones de euros cosechados mediante técnicas fraudulentas al erario público. Acabamos de ver también a un juez pronosticando un caso de fuga en futuro imperfecto con la colaboración estelar de la escolta policial de la mujer del presidente del Gobierno. No me dirán que lo de la justicia en España es para inventar un nuevo género cinematográfico. Lo malo es que ya lo tenemos inventado desde siglos atrás: nobody expects the spanish inquisition”.

De modo que el comisionista inaugura una nueva era en la historia de la Justicia española: el pelotazo judicial. El mensaje, tal como advierte Rufián, es letal: “corrompe políticos” a calzón quitado, delinque, fórrate, delata, difama y miente, que al final hay un premio gordo. Si hasta hoy había víctimas de primera y de segunda categoría (a las de la Dana de Valencia las han calificado de segunda para salvarle el cuello a Mazón) a partir de ahora también habrá clases entre los testigos protegidos (los del PP siempre prime y sala VIP).

Rufián lo ha ejemplificado de otro modo: "Tres roban un banco. Uno les denuncia. Se libra. Y encima se puede quedar con la pasta".

Pero quizá lo más peligroso de todo sea el mensaje que se envía a la sociedad y que tiene que ver con aquello de “el que pueda hacer que haga” que dijo Aznar: delate usted al PSOE, aunque sea sin pruebas, que sale gratis y hasta resulta rentable y provechoso. La jurisprudencia del Supremo dando amparo al impostor. Lamentable.

Es el peligro que corre la Democracia en España por la corrupción y el partidismo declarado de la Justicia para derribar el Gobierno legalmente constituido mediante sentencias parciales con claro significado de prevaricación en favor de la derecha y la extrema derecha y de sus privilegios que nadie puede abordar sin ser imputado. La nueva Inquisición del siglo XXI, la Gleba del siglo XV.

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