“La trampa de la democracia” (sobre la perversión del sistema democrático en España) es un libro muy interesante de Santos Manuel Cavero López.
En mi modesta
opinión, es un libro que tienen que leer todas las personas que ignoran el
funcionamiento de nuestros organismos democráticos. Sencillamente, para conocer
de cerca lo que se “guisa” en sus entrañas y poder así tener una opinión
ajustada a la realidad y no la que se nos hace llegar a través de ciertos
medios que en España son una inmensa mayoría (la conocida “caverna mediática”).
Medios que, queriendo o sin querer, u obligados por quienes son sus “dueños”,
distorsionan todo lo que cae en sus manos para el maldito adoctrinar de su
conveniencia política y social.
El libro es muy
amplio (769 páginas), pero resulta un análisis muy riguroso de todos los temas
que trata y de cómo está presente la corrupción en la mayoría de ellos,
explicado de una manera sencilla para que todo pueda ser fácilmente entendido.
Servidor les va llevar,
de la mejor manera que sabe, a una especie de conclusión sobre los puntos del
libro que están hoy día en la mente de todos, excepto de los que sólo siguen los
partidos de futbol, el tenis, el balonmano, el baloncesto… o las revistas de la
farándula en el caso de las féminas.
Voy a empezar con
el Tribunal Supremo, dada su actualidad con varios casos de suma importancia
para el devenir democrático y que pueden marcar “políticamente” a algunos y a
algún grupo político de los de mayor arraigo nacional.
La IA de Google responde así cuando le preguntas
sobre el Tribunal Supremo español: El Tribunal Supremo (TS) es el órgano jurisdiccional
superior de España en todos los órdenes (civil, penal,
contencioso-administrativo, social y militar), con jurisdicción en todo el
territorio nacional y sede en Madrid. Actúa como máximo intérprete de la
jurisprudencia ordinaria, resolviendo principalmente recursos de
casación. Es el máximo Tribunal, superior en todos los órdenes
jurisdiccionales, salvo en materias de garantías constitucionales, competencia
del Tribunal Constitucional. Para no extenderme demasiado, sus atribuciones y
organización las pueden consultar ampliamente en la Wikipedia.
Y esto es lo que dice, en parte (porque todo es
demasiado para un escrito de opinión), Santos Manuel Cavero López: “El tribunal
Supremo, máxima instancia judicial de España, ocupa un lugar fundamental en la
estructura del poder judicial y ha jugado (y sigue jugando) un papel decisivo
en la interpretación y aplicación de la ley a lo largo de la últimas décadas,
ha experimentado innovaciones que han planteado serias interrogantes sobre su
independencia y su capacidad para cumplir con su misión constitucional, tal
como establece el artículo 123.1 de la Constitución Española (CE)”. “La
creciente politización y la falta de transparencia en los procesos de selección
de sus miembros han sido factores decisivos que han contribuido a minar la
confianza pública en la imparcialidad de este órgano, su composición ha estado
marcada por una profunda influencia política. Hay que precisar que el TS se
compone de magistrados nombrados por el Rey a propuesta del CGPJ, y éste es
elegido por el Congreso y por el Senado, por lo que sin duda es un proceso que
es objeto de politización, especialmente en la elección de los vocales del CGPJ
y en la propuesta de candidatos para el TS.” “Aunque el TS de España tiene sus
orígenes en la Ley Orgánica del Poder Judicial de 1870 que estructuró la
justicia española en un sistema jerárquico, sin embargo, el TS tal y como lo
conocemos hoy, como el máximo órgano jurisdiccional en España, fue consolidado
en la Constitución de 1978, que estableció el Estado de derecho y delineó la
estructura del poder judicial como un pilar fundamental de la democracia. El
Tribunal se encargó de vigilar la separación de poderes, garantizar la
protección de los derechos fundamentales y poner freno a las posibles
tentativas de retrocesos autoritarios tras la dictadura franquista”. “Las
prácticas de nombramiento de los magistrados del TS y la intervención política
en sus decisiones forjan dudas sobre su capacidad para actuar sin injerencias
externas, pues el proceso de selección de los magistrados del TS es uno de los
puntos más debatidos en relación con su independencia, ya que los miembros de
este alto tribunal son designados por el CGPJ, órgano cuyos miembros son
elegidos mayoritariamente por las Cortes Generales, lo que implica una
interdependencia con el poder legislativo y, por tanto, con los intereses
políticos de los partidos en el gobierno”.
“La elección de los magistrados del TS es uno de los
aspectos más controvertidos del sistema judicial español, particularmente
porque refleja la falta de separación clara entre los poderes judicial y
político, ya que, de acuerdo con la Constitución de 1978, la designación de los
magistrados del TS está en manos del CGPJ, un órgano que se compone por 20
miembros, llamados vocales, nombrados por el Rey, que son elegidos por las
Cortes Generales (Congreso y Senado) entre jueces y juristas de reconocida
competencia, y su presidente, que es a su vez Presidente del TS y del CGPJ que
es designado por el Pleno del Consejo en una sesión constitutiva, y es elegido
también entre miembros de la Carrera Judicial o juristas de reconocida
competencia. El proceso de nombramiento de los magistrados del TS está
estrechamente vinculado a las decisiones de los partidos políticos a estar el
CGPJ compuesto en gran parte por representantes políticos, cuya designación
responde a la correspondencia de fuerzas políticas en el Congreso y el Senado,
por lo que existe un alto grado de politización en la elección de los
magistrados del TS. La intervención política en la selección de magistrados
también provoca un ambiente de dependencia del poder judicial respecto al poder
ejecutivo y legislativo. En la práctica, la elección de los magistrados en el
TS ha sido interpretada como una forma indirecta de control político sobre el
poder judicial”.
“Las decisiones del TS, al estar influenciadas por el
poder político, siguen inevitablemente una orientación ideológica uniforme,
dificultando la pluralidad de criterios judiciales que es esencial para la
evolución del derecho, lo que también afecta al desarrollo de derechos en el
ámbito constitucional, ya que las sentencias en materias controvertidas, como la
libertad de expresión o los derechos de las minorías, no siempre se han dictado
en función de principios universales, sino en función de presiones políticas
más o menos explícitas”.
“Por tanto, el impacto en la jurisprudencia se
concreta en cuatro factores: a) el nombramiento de magistrados, ya que la
influencia del poder ejecutivo en el nombramiento de magistrados puede llevar a
la designación de personas con afinidades políticas, comprometiendo la
imparcialidad de las decisiones; b) las decisiones por bloques, porque la
politización se manifiesta en decisiones judiciales divididas por bloques
partidistas, especialmente en caso sensibles, lo que socava la credibilidad del
Tribunal y da la impresión de que las decisiones se toman en función de
intereses políticos; c)la erosión de la confianza pública, puesto que la
percepción de politización en el TS lleva a un pérdida de confianza en la
justicia y en la democracia en general, ya que los ciudadanos cuestionan la
imparcialidad de las decisiones y la capacidad del tribunal para proteger la
constitución; y d) la seguridad jurídica, ya que la politización afecta a la
seguridad jurídica debido a que las decisiones judiciales son percibidas como
inconsistentes y sujetas a cambios según la conveniencia política, lo que
dificulta la previsibilidad de las leyes y las decisiones judiciales. Como
consecuencias de estos impactos se identifican las tres más relevantes: en
primer lugar, la desmoralización de los jueces, debido a que la politización
amedranta a los jueces que se oponen a la influencia política, mientras que
otros pueden verse tentados a comprometer su independencia para avanzar en sus
carreras; en segundo lugar, la legitimidad del sistema judicial, ya que si el
TS no es percibido como un guardián objetivo del marco constitucional la
legitimidad del sistema judicial y el estado de derecho puede verse
comprometida; y finalmente, división
social, derivada de la politización del TS que contribuye a la polarización y
división social puesto que los ciudadanos pueden percibir que las decisiones
judiciales están influenciadas por intereses políticos y no por la justicia.
Por tanto, la legitimidad del TS y por ende la calidad democrática del sistema
judicial español, se ve gravemente comprometida, su independencia y capacidad
para garantizar justicia se ven ensombrecidas por la falta de un sistema de
selección de magistrados que garantice un verdadero distanciamiento de los
intereses políticos, por lo que el reto del sistema judicial español es
recuperar la autonomía judicial y asegurar que el TS, como máxima instancia
judicial, actúe no en función de intereses políticos, sino como un auténtico
garante de la Constitución”.
“Resulta imprescindible reconocer que la independencia
judicial es uno de los principios fundamentales del Estado de derecho,
reconocido tanto por la Constitución de 1978 como por diversos tratados
internacionales, como la Convención Europea de Derechos Humanos, por lo que la
independencia del poder judicial es la piedra angular que garantiza el
ejercicio de los derechos fundamentales de los ciudadanos y la no intromisión
de los poderes ejecutivo y legislativo en las decisiones judiciales, de ahí que
por lo tanto es evidente que la politización del TS representa una amenaza a la
democracia española, dado que permite que las decisiones judiciales sean
influenciadas por los intereses políticos y no exclusivamente por el derecho”.
Conclusión: El Tribunal Supremo está
politizado, y eso conduce, aunque sea indirectamente, a que una buena parte de
sus miembros pueda incurrir, presuntamente, en alguna forma de corrupción, por
ejemplo, en la inepcia, que también es corrupción. En España, tanto el PP como
el PSOE se han encargado desde el inicio de la mal llamada democracia
(plutocracia, más bien) de establecer una corrupción sistémica que afecta a
todos los órganos de funcionamiento del Estado, incluidos los de la judicatura
también.
Seguiré sacando conclusiones, la próxima sobre el
Tribunal Constitucional. Y entre medio, lo que caiga de la actualidad política
y del “carro” en el que viaja toda la basura, toda la escoria, de políticos de
la derecha y la extrema derecha… y algunos también de la mal llamada izquierda.
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