Comentario: ¡Sí Señor! Así nos toma el pelo el Tribunal Supremo a los usuarios de la Banca. /¡¡¡Y España es la mejor!!!/
El Tribunal ha decidido validar la operativa bancaria dando por bueno que el ciudadano "intuye" el funcionamiento del mercado hipotecario
La Sala de lo Civil del Tribunal Supremo ha
vuelto a poner de manifiesto las profundas contradicciones que marcan su
doctrina en materia de transparencia hipotecaria. En una reciente resolución
(sentencia 1492/2026), el Alto Tribunal ha validado un préstamo del BBVA
en el que no se explicaba ninguna fórmula matemática de amortización, dando por
hecho que el consumidor debía entender que se aplicaba el complejo "método
francés". Este giro argumental choca frontalmente con el criterio que el
propio Tribunal adoptó en el pasado para blindar las polémicas "Hipotecas Tranquilidad" de Banco Santander, evidenciando un cambio de rumbo
jurisprudencial que vuelve a sonreír a la banca.
La contradicción de las dos sentencias:
¿el "método francés" vale o no vale?
La disonancia legal entre ambas resoluciones es colosal. En su momento, al
enjuiciar los contratos comercializados bajo el gancho de la "Hipoteca
Tranquilidad" (plasmado en sentencias como la 564/2020), el Tribunal
Supremo sostuvo con rotundidad que la mención al sistema o método francés resultaba por completo irrelevante,
reconociendo que se trata de un concepto técnico absolutamente desconocido para
la inmensa mayoría de los consumidores. Para salvar aquellos pleitos, el
Supremo exigió que el contrato detallara con precisión quirúrgica el régimen de
amortizaciones más allá de cualquier etiqueta técnica.
Sin embargo, en la reciente sentencia del caso BBVA, el criterio se
invierte de manera radical. El Alto Tribunal valida la cláusula de un préstamo
ordinario a pesar de reconocer negro sobre blanco que el documento no contiene ninguna fórmula matemática ni ecuación para
calcular las cuotas mensuales. Los magistrados optan por dar validez al sistema
amparándose en que la mención a "cuotas mensuales constantes"
que se adaptan a los cambios de tipos equivale, por arte de magia jurídica, a
entender aceptado el método francés, contradiciendo su propio argumento de que
ese tecnicismo es ajeno al ciudadano de a pie.
La línea dura que sirvió para salvar la
"Hipoteca Tranquilidad"
Aquella primera línea jurisprudencial restrictiva con las etiquetas
financieras opacas cumplió un papel de salvavidas para las entidades que
comercializaron productos masivos y complejos. Al afirmar que fórmulas
abstractas o nombres técnicos como el "método francés" no
significaban nada para un hipotecado medio si no venían desglosados con
precisión, los tribunales abrieron la puerta a examinar con lupa la falta de
transparencia, obligando a los bancos a justificar la claridad de sus contratos
frente a consumidores que jamás han cursado estudios superiores de matemáticas
financieras.
Un cambio repentino para dar la razón al
BBVA
Tras aquel periodo donde se exigía mayor rigor explicativo para frenar los
abusos en productos complejos, el Tribunal Supremo ha dado un volantazo
repentino. En la resolución referida al préstamo del BBVA, el péndulo vuelve a
inclinarse del lado de las grandes entidades financieras.
A pesar de que el consumidor medio sigue sin saber calcular qué pasaría con
su cuota si el Euribor o el IRPH varían un punto, y a pesar de la ausencia
total de fórmulas en el contrato, el Tribunal ha decidido validar la operativa
bancaria dando por bueno que el ciudadano "intuye" el funcionamiento
del mercado hipotecario. Un cambio de criterio que deja indefensos a los
prestatarios y consolida una vara de medir ambigua donde la banca, de un modo u
otro, termina por ganar la partida judicial.
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