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MADRID, 5 (OTR/PRESS) Como Feijóo se figura ya
investido, seguro que lo primero que ha hecho es ponerse manos a la obra para
construir el millón de viviendas que ha prometido. Sin embargo, ni Feijóo es
presidente del Gobierno, ni lo de los pisos será, si es que el candidato del
PP llega a La Moncloa, no ya lo primero, sino ni lo último que se le ocurra.
Demasiado reciente está su voto contrario al Decreto que perseguía la
accesibilidad de los españoles a una vivienda asequible precisamente. De Feijóo y Abascal se sabe que no pueden ver ni en
pintura a Pedro Sánchez, es más, que le odian como si les debiera dinero,
pero de su proyecto político nada se sabe, aunque cualquiera puede
imaginárselo perfectamente a partir de su levantisca acción opositora: se opusieron
a la subida del salario mínimo, al incremento de las pensiones, al escudo
social contra los desahucios, a la amnistía para la pacificación de Cataluña,
a la regularización de los trabajadores inmigrantes que residían en España, a
la política exterior contraria a los desmanes de Trump y Netanyahu, y a todo
lo habido y por haber que propusiera el frágil Gobierno que ahora se despide. Diríase, vista la euforia de PP-Vox, que lo que ha
hecho Pedro Sánchez no es convocar elecciones anticipadas, sino traspasarle
directamente la presidencia a Feijóo y la vicepresidencia a Abascal. Eso sí,
falta, para exacerbamiento de esa ansiedad, el paso por las urnas, que por
mucho que las derechas supongan ya sorteado triunfalmente porque se lo han
dicho las encuestas, no se efectuará hasta el 29 de noviembre. Para entonces,
la explosión de indignación popular, transversal y mayoritaria contra la
demencial carestía de la vivienda y contra la postura de las derechas sobre
el particular, puede que no obre sobre el ánimo de los electores como lo está
haciendo ahora, pero también pueden explotar, indignar y aterrar otras cosas,
como, sin ir más lejos, la escalofriante perspectiva de Vox en el poder. Pero
Feijóo y Abascal se figuran ya investido y sub-investido respectivamente, y
de los españoles dependerá darles ese gusto o no. |
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