Comentario: Una vez más se demuestra lo imbécil que es la derecha y la extrema derecha (enfrentándose a la gente de a pie) y lo inteligente que es el presidente Pedro Sánchez con una jugada maestra que le puede dar el triunfo en las Elecciones Generales. ¡Ojalá sea así! Porque el triunfo de la “basura trumpista” nos traerá de nuevo el aumento de la pobreza y sólo el aumento de la riqueza de ricachones y latifundistas y, por descontado, no solucionará en nada el problema de la vivienda de la mayoría de la gente.
La ingeniería jurídica del Ejecutivo aprovecha la reducción del mapa parlamentario para esquivar el chantaje neoconvergente y garantizar el veto a los desahucios
Cuando se disuelven las Cortes y el país
entra en esa marejada eléctrica previa a unas elecciones, el poder ejecutivo no
se apaga; simplemente cambia de marchas y busca el atajo reglamentario. El
equipo jurídico de Pedro Sánchez acaba de sacarse de
la chistera una jugada de laboratorio impecable.
La derrota del pasado viernes en el Congreso dolió, claro que sí. Ver cómo
PP, Vox y Junts se alineaban para tumbar de un plumazo los dos decretos sobre
vivienda fue un jarro de agua fría en plena Carrera de San Jerónimo. Pero en el
complejo presidencial han descubierto que, al disolver el Parlamento para
convocar urnas, la aritmética del poder cambia por completo a su favor.
Resulta que el Ejecutivo no pasa a estar en funciones de manera automática,
eso solo ocurre tras la jornada electoral. Por tanto, sigue teniendo plenitud
de facultades para aprobar decretos leyes de urgencia. ¿La gran diferencia? Que
ya no hay un pleno de 350 diputados para examinarlos, sino un órgano reducido
de guardia: la Diputación Permanente, compuesta
por 69 miembros.
Y ahí es donde la ingeniería política hace magia: en ese tablero pequeño,
los siete escaños de Carles Puigdemont pasan a ser pura irrelevancia
decorativa.
Hagan las cuentas. Para convalidar un decreto en la Diputación Permanente
se necesitan 35 votos favorables. El PSOE tiene 25 asientos y Sumar aporta
otros 6. Ya van 31. Para cruzar la meta solo hacen falta cuatro apoyos más. Con
que levanten la mano EH Bildu, Esquerra, Podemos y el PNV, que ya votaron a
favor del primer decreto la semana pasada, la medida sale adelante
holgadamente. Lo que diga o deje de decir Junts no cambia absolutamente nada.
Eso sí, la maniobra tiene sus límites y el Gobierno ha tenido que hacer de
tripas corazón con la tijera.
Lo que van a lograr resucitar en el próximo Consejo de Ministros es el
famoso «decreto Maricarmen», el escudo antidesahucios que protege a las
familias vulnerables de quedarse en la calle. El PNV da el visto bueno a esa
prórroga y la medida llegará vivita y coleando al Boletín Oficial del Estado.
En cambio, la medida estrella, esa que pretendía hacer permanentes e
indefinidos los contratos de alquiler para frenar los precios, se queda
definitivamente por el camino. Los nacionalistas vascos se niegan en redondo a
intervenir el mercado de esa manera, y sin su apoyo en la Diputación Permanente
no hay nada que hacer. Es el peaje pragmático que La Moncloa asume para salvar,
al menos, la red de protección social básica.
Al final, la estrategia es brillante en términos de precampaña. En lugar de
acudir a las urnas masticando la humillación de un veto parlamentario, el PSOE
consigue presentarse ante su electorado como un Gobierno audaz, capaz de
exprimir el derecho constitucional para proteger a los inquilinos mientras la
oposición celebraba el colapso del Gabinete.
Podrán gustar más o menos las formas, pero La Moncloa acaba de demostrar
que, aun con las Cortes disueltas y el reloj corriendo en contra, todavía le
quedan cartas en la manga para marcar el paso de la partida política.
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