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miércoles, 4 de noviembre de 2026

04/11/2026 - ¿VAS A CAMBIAR TU VOTO?

 

ANA BERNAL-TRIVIÑO

¿Vas a cambiar tu voto? Después del luto por el accidente de tren en Urda, esta es una de las preguntas comunes a nueve días del arranque de la campaña electoral. Vamos por partes.

Para empezar, ¿qué ocurrió en otros países con casos similares? En Grecia, un accidente ferroviario causó 57 muertos en 2023. El ministro dimitió, pero tres meses después su partido ganó las elecciones y fue reelegido diputado. En 2014, en Corea del Sur, el hundimiento de un ferry causó 304 muertos. Siete semanas después solo el 19% reconoció que le influyó en las elecciones de Seúl. En Alemania, en 1998, un accidente de alta velocidad provocó 101 muertos. Nadie dimitió. Cuatro meses después, el gobierno perdió las elecciones, pero no por el accidente, sino por la situación económica.

¿Y en España, otras tragedias tuvieron repercusión en el voto? En 2002 fue el Prestige. Ministros como Álvarez Cascos o Matas estaban de caza y en Doñana. No dimitieron. En las municipales de 2003, el PP perdió Ferrol, pero conservó las alcaldías de A Coruña y Santiago. Un año después, 62 militares murieron en el accidente del Yak-42. Trillo no dimitió como ministro. La tragedia se agravó con las identificaciones erróneas de cadáveres. Aquello no influyó en las encuestas para las elecciones de 2004, hasta el atentado del 11-M, con 193 muertos en Madrid. El gobierno mintió diciendo que era ETA y no el terrorismo yihadista, como respuesta a la participación de España en la guerra de Irak. Estudios posteriores plantean que el PP hubiese ganado sin aquel atentado.

En 2006, el accidente del metro de Valencia dejó 43 muertos. En las autonómicas de 2007, el PP de Camps tuvo mayoría absoluta. En 2012, cinco jóvenes murieron en el Madrid Arena. Ana Botella no dimitió, a pesar de sus viajes privados a Portugal. En 2015, el PP fue el más votado en las municipales, aunque Ahora Madrid alcanzó la alcaldía. En 2013, el accidente de tren en Angrois dejó 80 muertos. Pastor, ministra de Fomento, no dimitió y sería presidenta del Congreso tres años después. El PP ganó en las generales de 2015, pero perdió la mayoría absoluta.

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En Madrid, 7.291 mayores fallecieron en residencias por unos protocolos que restringían las derivaciones hospitalarias por la Covid. Catorce meses después, el PP pasó de 30 a 65 escaños en la Asamblea de Madrid. Y en 2023 obtuvo 70, mayoría absoluta. En Valencia, la DANA de 2024 dejó 233 muertos. Mazón tardó más de un año en dimitir como presidente de la Generalitat, y conservó su escaño y su aforamiento. Vox nunca se querelló. Diversas encuestas apuntan que el PP será la primera fuerza junto a Vox. En Andalucía, los fallos en el cribado del cáncer de mama afectaron a 2.317 mujeres. Dimitió la consejera de Salud. Siete meses después, el PP perdió su mayoría absoluta, pero Moreno conservó la presidencia con Vox.

En redes vemos personas que sostienen que no votará al PSOE en el 29-N, tras los accidentes de tren o la corrupción, pero votará al PP a pesar de tener una sentencia por corrupción por la Gürtel y de tragedias, como la mentira del 11-M. Quien defiende el voto progresista sostiene que lo hará porque para mejorar la seguridad ferroviaria hace falta dinero, cuestión incompatible con los recortes de PP y Vox; y que además se vota sobre otros derechos, como los laborales, la vivienda, pensiones o igualdad. Como vemos, las tragedias no siempre tienen una influencia directa en el voto.

La indignación puede decidir contra quién votas. Pero en frío conviene pensar a quién le entregas el poder y para qué.

 

martes, 3 de noviembre de 2026

03/11/2026 - ¿DEDBE DIMITIR OSCAR PUENTE?

Comentario: Al Partido Popular le importan muy poco los muertos, miren: “Veremos que deciden los ciudadanos, y hasta donde llega el efecto de que no haya ninguna dimisión o cese. Si tomamos como referencia lo sucedido en anteriores tragedias bajo mandato del PP, en los que no hubo ninguna dimisión política en casos como el Yak42 (75 muertos), 11M (197 muertos), o del tren Alvia en Angrois (80 muertes) —en los casos de DANA de Valencia que causó 230 muertes o las 7.291 registradas en residencias madrileñas por el COVID aún no ha habido sentencia ciudadana porque no ha habido elecciones—, se pude concluir que el ciudadano castiga más la mentira que una supuesta o rea”.

Vicente Mateos Sainz de Medrano

El desgraciado y cruel accidente de dos trenes de alta velocidad en la localidad toledana de Urda ha supuesto un golpe emocional para la ciudadanía, y una tragedia sin parangón para los familiares de las víctimas mortales y heridas de distinto grado que, partidos por el dolor, es lógico que quieran saber cuáles son las causas y los responsables. Afectados qué por la conmoción, el shock, que te cambia la vida en un segundo no atienden a las explicaciones técnicas porque reaccionan desde el dolor que sienten, visceral y humano, de buscar un culpable, con nombre y apellidos, de la aflicción que ha destruido sus vidas. Dirigir la ira que se siente hacia alguien en concreto es la primera reacción de quienes sufren un trauma sobrevenido, por la dificultad del momento para gestionar el miedo, la tristeza y la impotencia.

En este marco la racionalidad desaparece ahogada por el sentimiento y el dolor de los afectados directos de la tragedia, a los que hay que dar una respuesta política que les devuelva el sosiego y restablezca la confianza quebrada en el sistema de alta velocidad, como ha reconocido el presidente Pedro Sánchez. En situaciones trágicas como la acontecida la experiencia dicta que no se pueden tomar decisiones drásticas en caliente, forzadas por la presión ambiental, porque los hechos terribles se producen siempre por una concatenación de acontecimientos inesperados que se enlazan en unos momentos de infortunio con el resultado de muerte de seres vivos. Casos en los que la culpabilidad está repartida, por lo que no hay un único culpable al que guillotinar.

Culpabilidades que solo se podrán extraer del análisis concienzudo y sosegado de los expertos de los rastros del siniestro, y más en tragedias que se producen en entornos donde las medidas de seguridad son tan estrictas como en los trenes de alta velocidad o en la aviación comercial. Ahora bien, y de manera general, siempre existirá un ejecutor que, por desconocimiento de los protocolos, falta de preparación o negligencia, desata la tragedia, y una responsabilidad política por la gestión de los recursos destinados a la gestión de la red ferroviaria. Y así llegamos al hecho mollar: ¿debe dimitir Oscar Puente?, ¿debe cesarlo Pedro Sánchez?, o ¿debe mantenerlo? Incógnitas con las que viene jugando los medios desde que se produjo lo que, no lo olvidemos, fue un desgraciado accidente del que debemos extraer las mejoras necesarias a aplicar para que no se repita.

La primera ya la resolvió Oscar Puente, al afirmar que presentó su dimisión al Presidente y que éste no la aceptó, de donde se colige que no tiene intención de cesarlo, y que resuelve la tercera, que lo mantendrá hasta las elecciones. De este modo Pedro Sánchez ata su destino a Oscar Puente, en un momento en el que se está jugando el resultado de unas elecciones, que tras el arranque de la precampaña iba pintando bien por la movilización del voto de izquierda que, hasta el accidente, venían recogiendo todas las encuestas.

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Veremos si en lo que resta de campaña Pedro Sánchez es capaz de reconducir y centrar el debate en torno al mensaje central de que lo que está en juego es la democracia y el progreso o la involución; frente a la avalancha que ya estamos viendo de invectivas zafias e insultantes contra Oscar Puente y Pedro Sánchez. Latiguillo discursivo que no va a soltar la derecha extrema y la extrema derecha, ahora reforzado con el mantra de la incapacidad de Sánchez para asumir sus responsabilidades con la ciudadanía. 

 

lunes, 2 de noviembre de 2026

02/11/2026 - HACER DAÑO CON EL DOLOR

 

 


Hay que responder a los problemas sociales, y a los accidentes ferroviarios también, en el terreno racional, con análisis fríos, ideas, y propuestas de gestión

JUAN TORRES LÓPEZ

Antes de que se supiera cuántas personas habían muerto en Urda, la tragedia servía de cábala electoral. No hay mejor ni más triste síntoma de que la política de nuestros días está perdiendo la humanidad.

El miércoles 28 de octubre, por la mañana, un AVE y un tren de Iryo chocaron cerca de la estación de Urda, en Toledo. Mientras los equipos de emergencia sacaban todavía a víctimas atrapadas entre los hierros y los hospitales pedían urgentes donaciones de sangre, nadie sabía todavía cuántas personas habían muerto (al final serían al menos sesenta y ocho) ni tampoco por qué exacto. Pero ya había quien tenía la respuesta.

El primer mensaje de Santiago Abascal mezclaba el pésame con la “rabia por el abandono, la ruina y la traición”. Horas más tarde, en Santander, llamó al Gobierno “organización criminal”, proclamó que “la corrupción mata” y advirtió de que no creería ninguna de las explicaciones que se dieran sobre las causas. Mientras el resto de los partidos suspendía sus actos, Vox mantuvo los suyos y rechazó que el luto sirviera para “amordazarlo”. Esa misma tarde, en el minuto de silencio de Valladolid al que acudió Abascal se gritó “Puente, asesino”; y en el de Madrid, junto a diputados de Vox, se llamó al PSOE “partido terrorista”.https://adserver3.bigapis.net/www/delivery/lg.php?bannerid=26281&campaignid=12879&zoneid=27603&loc=https%3A%2F%2Fwww.diariosigloxxi.com%2Ftexto-diario%2Fmostrar%2F6072286%2Fhacer-dano-dolor&cb=564f0280f9

Sería cómodo quedarse ahí, pero no estaría siendo honesto. En esas mismas horas hubo también otras formaciones que exigieron responsabilidades políticas antes de saber de qué; la actividad del ministro en las redes aquel mismo día se convirtió en la diana de dardos de todos los colores ideológicos; y es fácil imaginas que en las sedes de todos los partidos se hacían cuentas: segundo gran accidente de la alta velocidad en un año, tras el de Adamuz en enero, y a un mes de las elecciones del 29 de noviembre: ¿cómo me afectará? ¿cómo reaccionarán los demás? Los cuerpos aún sin identificar se estaban convirtiendo en munición política o en recuento de más o menos posibles escaños.

Y, sin embargo, entre esas sesenta y ocho personas había con toda seguridad votantes de todos los partidos o gente que no vota, personas que detestaban la política y otras que vivían para ella. El tren no le preguntó a nadie quién era o qué pensaba de Pedro Sánchez.

No quisiera que se me malinterprete: dos accidentes de esta magnitud en menos de un año obligan a preguntar, a investigar hasta el fondo y a que responda quien tenga que responder si hubo negligencia, sea quien sea. Exigirlo no es indecente, ni mucho menos. Lo que a mí sí me parece indecente es tener la sentencia antes de que se haya abierto el sumario, convertir los cuerpos de las víctimas en arma política arrojadiza y el dolor de sus familias en conjetura electoral. A eso es a lo que llamo hacer daño con el dolor.

Lo que estamos viendo tras lo ocurrido en Urda no es solo un accidente ferroviario, ni una anomalía, sino una auténtica radiografía de la política convertida en una lucha sin principios ni mesura, sin epidermis, ni emociones, ni alma. O, mejor dicho, que no tiene más epidermis que la billetera, más emoción que la de ganar dinero ni más alma que la curtida por la avaricia de unos pocos.

Porque no debemos caer en la ingenuidad de pensar que vivimos en sociedades neutras, en donde la polarización y el enfrentamiento civil se consolidan tal como están por el desarrollo espontáneo de los procesos sociales y humanos. Vivimos en un mundo y en un momento en que una minoría disfruta de la mayor concentración de la historia de una riqueza y un poder que utiliza para dar la forma que le conviene a la sociedad. Concretamente, Para lograr que todo lo que ocurra sirva al único fin que persigue: ganar dinero y acumular más poder. Según el último informe de Oxfam, presentado en Davos el pasado enero, las doce personas más ricas del planeta tienen más riqueza que los cuatro mil millones más pobres, la mitad de la humanidad. Y, como se muestra en el informe, gracias a ello controlan el poder político y definen las normas que rigen nuestras economías y sociedades en su propio beneficio y en detrimento de los derechos y libertades del conjunto de la ciudadanía.

Como reconoció en 2006 el financiero y una de las personas más ricas del mundo, Warren Buffett: “Hay una guerra de clases, de acuerdo, pero es mi clase, la de los ricos, la que está haciendo la guerra, y estamos ganando”.

Una guerra que no se libra por azar. En 1971, el abogado Lewis Powell, que poco después sería juez del Tribunal Supremo de Estados Unidos, dirigió un memorándum a la Cámara de Comercio en el que sostenía que el poder político era necesario para las empresas, que había que cultivarlo con asiduidad y usarlo, cuando hiciera falta, con agresividad y determinación. Lo que siguió fueron décadas de fundaciones, laboratorios de ideas, cátedras y medios financiados para cambiar el sentido común de sociedades enteras. Y medio siglo después, Steve Bannon pudo describir perfectamente lo que se necesitaba hacer, allí donde hubiera oposición, para que la estrategia tuviera éxito: “inundar la zona de mierda”.

Esa contaminación de mierda ha impregnado el alma de casi todos, y también -hay que decirlo claramente- la de quienes la denunciamos. Aunque el estar todos contaminados no puede llevarnos a creer que la contaminación sea un fenómeno natural -porque está urdida, calculada y puesta en marcha con finura de cirugía robótica-, o que se reparta por igual.

Nos hemos acostumbrado a vivir entre la mierda que, como dice Bannon, se necesita para mantener el poder de los de arriba. Es decir, a convivir con la violencia física y verbal, el ataque sin tregua, la mentira despiadada y sin vergüenza, y con el hacer sangre de cualquier cosa si interesa para acabar con quien es diferente, piensa distinto o defiende intereses contrarios a los nuestros.

Primo Levi, superviviente del Holocausto y que sabía de lo que hablaba, escribió que los monstruos existen, pero que son demasiado pocos para ser verdaderamente peligrosos. Más lo son -dijo- los hombres comunes, dispuestos a creer y a obedecer sin discutir. Y hoy habría que añadir que también a callar, a no mirar, y a seguir con lo suyo.

Sin duda hay que responder a los problemas sociales, y a los accidentes ferroviarios también, en el terreno racional, con análisis fríos, ideas, y propuestas de gestión. Pero si no somos capaces de cambiar los resortes que dentro de nosotros nos permiten sentir empatía, buscar de forma denodada e incansable la paz, amar la diversidad y, por tanto, respetar y sentirnos hermanos o hermanas de quien no es como nosotros, no llegaremos a ningún lado. O quizá sí, a construir un infierno en la tierra. La política no puede ser un combate descarnado, sin respeto ni compasión, y ni siquiera un mero enfrentamiento de propuestas o de ideas, sino también una expresión más de nuestra humanidad. Y es precisamente eso lo que está desapareciendo: la política como esa expresión y, quizá, nuestra propia humanidad.

Hace falta luchar para hacer una revolución, pero no la de siempre. Me refiero a la de las mujeres y de los hombres buenos, la del sentido común de nuestra especie, la de la paz, el afecto y el amor a la verdad y la justicia, la del compromiso con lo diverso y la del respeto. Y quizá podría empezar por algo tan sencillo como pedir que se guarde silencio durante el tiempo que se tarda en enterrar a los muertos. No es mucho pedir. Y que hoy nos parezca tanto y que ni eso se respete es la mejor prueba de que nos está alcanzando de lleno la barbarie.

 

02/11/2026 - DEMASIADO TIEMPO CALLANDO LA DESTRUCCIÓN DE LO PÚBLICO

CRISTINA FALLARÁS

Se trataba de lo público, lo de todas y todos, la sanidad, la educación, los transportes, sí, pero también los suministros básicos para la vida: el agua, la luz, el gas, la banca. Todo, todo fue desmantelado, troceado y ofrecido a las hienas del capitalismo más salvaje. Y más, se trataba de dar dignidad a las personas que lucharon por las libertades contra el fascismo, y también depurar todas las prebendas que dicha dictadura regaló a la Iglesia católica. Se trataba de convertirnos en un país mejor, culto y valiente. 

Yo me acuerdo de todo, porque estuvimos en esa lucha que poco a poco, como todas las luchas por lo público y lo culto y lo decente, fue perdiendo el apoyo social y visibilidad —esto viene primero— en los medios de comunicación. El que paga, manda, y las nuevas compañías, que eran las de siempre, viejas viejísimas, venían con las bolsas llenas para invertir en comunicación. 

Me acuerdo de todo, y no quiero olvidarlo. En la segunda mitad de los años 80, con Felipe González como presidente, se vivió la primera salida a bolsa de Endesa y se ampliaron las normas que permitieron la concesión de los servicios municipales de agua a empresas privadas. En 1994, el Gobierno de González vendió a Gas Natural el 91% de Enagás. A la mierda luz, agua y gas.  Suma y sigue. En esas mismas décadas de 1980 y 1990, el Estado privatizó o transformó la mayoría de sus bancos públicos históricos, que acabaron integrándose en grandes grupos de la banca privada, la misma que después perpetró la oleada masiva de desahucios que a partir de 2008 dejó a cientos de miles de familias en la calle. El Gobierno de González agrupó en Argentaria buena parte de la banca pública e inició su privatización en 1993; el Gobierno de Aznar la completó en 1998. 

En esta línea de tiempo se podría incluir diciembre de 2020, cuando se abrió a la competencia el transporte ferroviario de viajeros. Ouigo comenzó a operar en mayo de 2021 e Iryo en noviembre de 2022.  

Todo eso no lo hicieron sólo los gobiernos del Partido Popular, fue imprescindible el impulso anterior del PSOE. El mismo PSOE que no ha movido un dedo para que la educación en este país sea verdaderamente pública, es decir, para retirar el dinero público a los centros privados, eso que llamamos “concierto” y que sigue engordando, entre otras cosas, las arcas de la Iglesia católica. Una Iglesia católica, dicho sea de paso, con quien mantenemos un "concordato" firmado en los años 70 del siglo pasado. Gracias a que se mantiene dicho acuerdo, la Iglesia católica goza de un régimen fiscal de especial protección que se materializa en la exención de varios impuestos: el IBI (Impuesto sobre Bienes Inmuebles), el Impuestos de Sucesiones, Donaciones y Transmisiones Patrimoniales y el Impuesto sobre Sociedades. Ya nos gustaría a todas nosotras y nosotros. Pero es que, además, el Estado asume costes económicos indirectos derivados del acuerdo. Entre otros, los sueldos del profesorado de religión y el coste de los capellanes católicos en hospitales públicos, centros penitenciarios y en las Fuerzas Armadas.  

Me acuerdo de todo, y no quiero olvidarlo. Porque el mismo PSOE que ha mantenido bien alimentada a la Iglesia católica y privatizó los suministros básicos de la población es el que mantiene bajo tierra a decenas de miles de asesinados y asesinadas durante la Guerra Civil y la dictadura franquista, en un flagrante desprecio por los derechos humanos más básicos y para el que no sirve Ley de Memoria Histórica ni similares.  

Tampoco olvido la decisión tomada en el penúltimo Consejo de Ministros de José Luis Rodríguez Zapatero, que aprobó conceder el indulto al consejero delegado del Grupo Santander, Alfredo Sáenz, condenado a tres meses de prisión e inhabilitación por un delito de acusación falsa. Sin duda, una prioridad para la población española. Tan prioritaria, que el Gobierno se encontraba entonces en funciones pero aun así apretó para eximir al banquero de la condena inhabilitación y multa impuesta por el Supremo. 

Podría seguir con la Ley Mordaza, que sigue vigente pese a que, en cada campaña electoral, el socialista de turno promete derogarla, con sus recortes a las libertades de ciudadanas y ciudadanos. Podría seguir porque hay tantas, tantísimas cosas que la izquierda ha perdonado al PSOE que daría para un par de volúmenes. 

Lo que me parece más grave es la forma en la que hemos dejado de hablar de ello. Yo, también. Siempre pensamos que no es el momento, que hablar de las miserias de los socialistas podría dar alas a las derechas, y que más vale tragar y aspirar, si acaso, a que alguna de las nuestras se siente "a la izquierda del padre", quién sabe si para rascarle una ley feminista que conllevará un castigo sin límites o una regularización deficiente y culpable. 

Frente a la imagen de Óscar Puente señalando a un trabajador como causante de decenas y decenas de muertes, me arrepiento de haberlo hecho. Porque la verdad es que el accidente anterior, el sucedido en Adamuz, con 46 víctimas mortales, le salió muy barato al ministro. Pienso ahora que por la inercia de tantos años sin nombrar en voz alta la destrucción llevada a cabo por el PSOE, por nuestra falta de memoria, por el temor a sus represalias, por el castigo social que supone. No me voy a extender en el hecho de que este señor heredara su cargo —Raquel Sánchez mediante— de José Luis Ábalos, ahora en prisión. El perfil de ambos retrata un patrón imposible de soslayar.

Finalmente, hablando de patrones, me parece imprescindible aterrizar en la persona de Felipe González, hombre centrifugado en puertas giratorias, padre de los inicios de las privatizaciones, a quien el partido sigue rindiendo culto cuando debería haberlo expulsado hace ya años, y que hoy se atreve a pedir el voto en blanco frente al avance de las extremas derechas con las que se sienta a la mesa.  

Termino este artículo pensando en las hostias que me lloverán por atreverme a retratar a un Partido Socialista omnipontente sin el que parece imposible vencer a los ultras que se nos vienen encima. Creo que, al contrario, hay una población de izquierdas —mayoría en este país— que hace tiempo dejó de votar porque no comulga con las ruedas de ese molino. Creo sinceramente que, llegadas a este punto, deberíamos romper inercias y silencios, porque nos va lo público en ello. Y con lo público, nos va la vida. 

 

domingo, 1 de noviembre de 2026

01/11/2026 - VIOLENCIA INTERESADA D LUCHAS DISFRAZADA

Comentario: Muy claro casi todo lo que Eduardo nos aclara, pero los últimos párrafos no puedo compartirlos, el régimen ucraniano del “humorista” está corrompido y de ahí que cada día tiene más problemas para mantener una guerra con una superpotencia. Además, la mayoría de los ucranianos en las regiones en liza quieren ser rusos y hablan ruso que es por lo que empezó esa guerra. No son tan malos los rusos, los hay peores y están dentro de casa.

Eduardo Madroñal Pedraza

Las masivas movilizaciones, sean manifestaciones, concentraciones o acampadas, siempre pacíficas, que se están desarrollando a lo largo y ancho de España son un éxito de la gente, de sus justas reivindicaciones por una vivienda asequible, por unos salarios que no pierdan su poder adquisitivo por la inflación, por una sanidad y una educación públicas, bien financiadas y eficientes para revertir su deterioro, y redistribuir la riqueza mediante medidas políticas y fiscales para cambiar la realidad de que unos pocos se enriquezcan mucho a costa de que los demás nos empobrezcamos. 

Sin embargo, ha aparecido en las calles de las principales ciudades españolas una organizada violencia arbitraria e injustificada. Su objetivo principal es intentar que la campaña electoral y las distintas luchas y protestas populares se enturbien las justas demandas, se genere rechazo social y se divida la población.

¿Quién hay detrás de tal delincuencia?

A primera vista son una turba de encapuchados extremadamente violentos, muchos de ellos menores, vandalizando el mobiliario urbano, saqueando comercios y atacando a la policía. Pero debemos preguntarnos, ¿a quién le interesa que las protestas de jóvenes degeneren en pillaje y destrucción ciega?

Porque, de hecho, no hay pancartas, ni consignas, ni mensaje político, ni reivindicación, ni denuncia alguna. Sólo hay violencia y destrucción indiscriminada, yerma y ciega. Una violencia enemiga de la mayoría social. ¿Quién y qué intereses hay detrás de esta violencia?

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¿A quién interesa que una precampaña electoral -que se estaba desplegando en el contexto de las multitudinarias (pero pacíficas) protestas por la vivienda, con huelgas educativas de seguimiento masivo, y con la convocatoria de una Huelga General para el 11 de noviembre que puede tener un seguimiento histórico- se contamine ahora con esta violencia salvaje?

Los aparentemente descontrolados disturbios -con decenas de tiendas destrozadas y saqueadas a conciencia de todo tipo de objetos de valor- han sido inmediatamente aprovechados por la derecha y la extrema derecha política y mediática para criminalizar las protestas juveniles por la vivienda y las acampadas pacíficas que, en Sol y otras muchas otras capitales, que han transcurriendo durante semanas de manera totalmente pacífica y con un civismo disciplinado, cuidadosamente autoorganizado, deliberadamente militante, sólo roto de tanto en tanto por las provocaciones de bandas de fascistas y neonazis.

¿Blocus o poderes imperiales?

Hasta el momento la investigación policial ha señalado y detenido a unos organizadores directos. Pero cuando hay humo, a veces ayuda también saber a quién representan vicariamente los incendiarios, a quién le interesa el fuego del incendio. Porque, aunque para cada crimen se necesita un experto, que pueden ser los responsables de Blocus, siempre el experto está al servicio de que ha fijado, financiado y fechado el crimen.

Y echar un vistazo a las coincidentes violencias callejeras surgidas organizada y temporalmente en los inicios de los procesos electorales en Francia, Italia y España nos plantea la posibilidad de que las dos potencias ajenas a la Unión Europea y deseosas de su debilitamiento y fragmentación sean los interesados principales de su crecimiento.

Vistas las incontables y continuas cuchilladas traperas de Washington a Ucrania y a su presidente, es mejor que primero seamos conscientes de qué quiere conseguir la superpotencia, en su ocaso, de la actual Unión Europea, y de cómo ha anunciado que va a actuar en su documento oficial llamado 'Estrategia de seguridad nacional', y que con su práctica consecuente confirma continuadamente.

Su valoración de la Unión Europea la sintetiza así: "Entre los problemas más importantes a los que se enfrenta Europa se encuentran las actividades de la Unión Europea y otros organismos transnacionales que socavan la libertad política y la soberanía, las políticas migratorias que transforman el continente y crean conflictos, la censura de la libertad de expresión y la represión de la oposición política, el colapso de las tasas de natalidad y la pérdida de las identidades nacionales y la confianza en sí mismos."

Entre sus objetivos destaca: cultivar, dentro de las naciones europeas, la resistencia a la trayectoria actual de Europa (y la creciente influencia de los partidos patrióticos europeos es, en efecto, motivo de gran optimismo).

Y la potencia imperialista rusa ha aumentado sus ataques híbridos en la UE durante el último año, y muchos a través de distintos expertos para cada ataque, y aprovechan los daños causados para fortalecer a los partidos ultraderechistas que en cada país defienden reducir el apoyo a Kiev y acercarse a Moscú. Además, el Kremlin trata de dividirla. Y la situación política beneficia a Putin como el éxito del partido nazi Alternativa para Alemania (AfD) en las últimas elecciones.