¿Vas
a cambiar tu voto? Después del luto por el accidente de tren en Urda, esta es
una de las preguntas comunes a nueve días del arranque de la campaña electoral.
Vamos por partes.
Para
empezar, ¿qué ocurrió en otros países con casos similares? En Grecia, un
accidente ferroviario causó 57 muertos en 2023. El ministro dimitió, pero tres
meses después su partido ganó las elecciones y fue reelegido diputado. En 2014,
en Corea del Sur, el hundimiento de un ferry causó 304 muertos. Siete semanas
después solo el 19% reconoció que le influyó en las elecciones de Seúl. En
Alemania, en 1998, un accidente de alta velocidad provocó 101 muertos. Nadie
dimitió. Cuatro meses después, el gobierno perdió las elecciones, pero no por
el accidente, sino por la situación económica.
¿Y
en España, otras tragedias tuvieron repercusión en el voto? En 2002 fue el
Prestige. Ministros como Álvarez Cascos o Matas estaban de caza y en Doñana. No
dimitieron. En las municipales de 2003, el PP perdió Ferrol, pero conservó las
alcaldías de A Coruña y Santiago. Un año después, 62 militares murieron en el
accidente del Yak-42. Trillo no dimitió como ministro. La tragedia se agravó
con las identificaciones erróneas de cadáveres. Aquello no influyó en las
encuestas para las elecciones de 2004, hasta el atentado del 11-M, con 193
muertos en Madrid. El gobierno mintió diciendo que era ETA y no el terrorismo
yihadista, como respuesta a la participación de España en la guerra de Irak.
Estudios posteriores plantean que el PP hubiese ganado sin aquel atentado.
En
2006, el accidente del metro de Valencia dejó 43 muertos. En las autonómicas de
2007, el PP de Camps tuvo mayoría absoluta. En 2012, cinco jóvenes murieron en
el Madrid Arena. Ana Botella no dimitió, a pesar de sus viajes privados a
Portugal. En 2015, el PP fue el más votado en las municipales, aunque Ahora
Madrid alcanzó la alcaldía. En 2013, el accidente de tren en Angrois dejó 80
muertos. Pastor, ministra de Fomento, no dimitió y sería presidenta del
Congreso tres años después. El PP ganó en las generales de 2015, pero perdió la
mayoría absoluta.
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En
Madrid, 7.291 mayores fallecieron en residencias por unos protocolos que restringían
las derivaciones hospitalarias por la Covid. Catorce meses después, el PP pasó
de 30 a 65 escaños en la Asamblea de Madrid. Y en 2023 obtuvo 70, mayoría
absoluta. En Valencia, la DANA de 2024 dejó 233 muertos. Mazón tardó más de un
año en dimitir como presidente de la Generalitat, y conservó su escaño y su
aforamiento. Vox nunca se querelló. Diversas encuestas apuntan que el PP será
la primera fuerza junto a Vox. En Andalucía, los fallos en el cribado del
cáncer de mama afectaron a 2.317 mujeres. Dimitió la consejera de Salud. Siete
meses después, el PP perdió su mayoría absoluta, pero Moreno conservó la
presidencia con Vox.
En
redes vemos personas que sostienen que no votará al PSOE en el 29-N, tras los
accidentes de tren o la corrupción, pero votará al PP a pesar de tener una
sentencia por corrupción por la Gürtel y de tragedias, como la mentira del
11-M. Quien defiende el voto progresista sostiene que lo hará porque para
mejorar la seguridad ferroviaria hace falta dinero, cuestión incompatible con
los recortes de PP y Vox; y que además se vota sobre otros derechos, como los
laborales, la vivienda, pensiones o igualdad. Como vemos, las tragedias no
siempre tienen una influencia directa en el voto.
La
indignación puede decidir contra quién votas. Pero en frío conviene pensar a
quién le entregas el poder y para qué.
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