La cosa empieza a ponerse fea. Ni los servicios de información, ni las
policías varias, ni los juzgados, ni los políticos responsables en el lugar, ni
los intereses internacionales que estratégicamente buscan la desestabilización
del Gobierno español, ni siquiera el Gobierno marroquí y su Rey, son objeto
manifiesto de odio popular, la gente quiere juzgar o incluso ahorcar, si los
dejaran, a Pedro Sánchez.
Me impresiona ver todo un estadio gritando la consigna de Ayuso, la de la
fruta. Me pregunto si este hombre, Presidente del Gobierno, podría salir a la
calle como cualquiera. Veo a gente en teoría cualificada, desgañitándose,
exaltada, venas desaforadas y ojos inyectados, desaparecido cualquier atisbo de
racionalidad legal, política, analítica.
Usted, presa de esa furia inoculada durante años (la he denunciado sin
parar) ya está pensando que este artículo es una defensa del citado. No. Ni lo
voto ni estoy de acuerdo con sus políticas; pero de forma racional, rebusco en
mi memoria la labor de otros Presidentes, y no encuentro una sola cosa
esencialmente distinta de lo que han hecho los anteriores, incluso, si lo miro,
a veces cosas mucho peores como montar grupos terroristas (de Estado) o
policías patrióticas para reprimir ideas políticas y empurar a representantes
democráticos legítimos y destruir partidos, sin entrar en corrupciones
sistémicas de incalculables consecuencias económicas o intervenciones
descaradas en lo judicial.
Muchas cosas de éstas se le pueden atribuir al actual Gobierno. Lo de Ceuta
ha sido la puntilla. Está clarísimo que ha cogido a Sánchez con el pie cambiado
y le está costando volver al pase de baile correcto. El problema es que yo
empiezo a tener miedo a decirlo, porque muchísima gente quiere actuaciones
ejemplares, habla de ejército, de la necesidad de “quitar” a este tío que está
destruyendo la convivencia... me pregunto qué interés puede tener la oposición
en ocupar el poder, a cambio de haber transmitido y casi conseguido ya la
deslegitimación de una mayoría parlamentaria que puede no gustar pero es legal
y en ningún caso diferente a las que han usado ellos mismos antes, o emplean
donde gobiernan, incluso con partidos anticonstitucionales.
La virulencia, la violencia latente... nos falta la excusa, una víctima
para después santificarla y justificar todas nuestras frustraciones sobre la
cabeza de los antiespañoles. Lo he visto venir, lo he dicho y ya lo veo
instalado. Nos han inoculado no una vacuna robótica sino la frustración
personal, lo peor. Lo ultra, la reacción, es un síntoma de degradación social,
cultural (PISA), una elevación de lo simbólico-cutre (patria y religión), un
desprecio por las formas, pero sobre todo es la supresión del individuo por la
masa (no aporto nada nuevo), ya no se piensa por encima de los hechos, sino
que, como un automatismo, hago en función de este hecho concreto, y quien no:
es mi enemigo, se vilipendia la idea: todo ha de coincidir con lo que pensamos
“la mayoría normal”.
No se engañe, esto no es algo que haya hecho Pedro Sánchez, amortizado y
sustituible como político si usted lo desea, usted está
siendo víctima de una propaganda bestial repleta de racismo, de odio a la
Cultura, a la pobreza como signo de raza y no como consecuencia de la economía, usted no busca los por qués de
sus problemas, las raíces, no, usted busca a un culpable y quiere, como en una
revolución disfrazada de inevitabilidad, quemar en la plaza a determinadas
personas que, curiosamente, no son los beneficiarios de todos estos desastres,
ésos siguen amasando sus fortunas cada vez mayores y usted es sólo su
instrumento.
Debemos empezar a tener miedo. La independencia, la labor intelectual, el
pensamiento crítico, la verdadera normalidad está siendo rodeada por la
necedad, la ignorancia acumulada, la autosuficiencia simulada, y no proviene de
mítines, estadios o desfiles, eso fue otra época, sino de su puto móvil del que
no se separa ni para cagar. Ya uno arriesga al hablar, al escribir, en público
casi conviene callar para evitar disgustos, en familia ni rozar la cuestión...
y la amenaza es ¡usted! que en vez de preguntarse qué ha pasado con Ceuta, por
ejemplo, o con la vivienda, o con el poder adquisitivo, o con las fortunas que
no paran de crecer, o con las barriadas degradadas convertidas en guetos, o con
los extranjeros que se enquistan y no se integran generando un problema, o con
la dependencia de nuestro modelo económico precisamente del trabajo foráneo por
falta de personal y de diversidad laboral, usted, que se cree que un poderoso
tiene material sexual en su móvil de trabajo para que lo trinque quien quiera
sin problemas y lo extorsione, usted que en vez de hacerse preguntas y ver
soluciones o quién las aporta, admítalo, le gustaría ver a Pedro Sánchez mecido
por el viento en el mismo palo de bandera donde se escarrafunció aquel día el
paracaidista que este Sánchez mandó para ridiculizar ¡a España!
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