Eduardo Madroñal Pedraza 01/06/2025
Crece el Producto Interior Bruto (PIB) y aumenta la desigualdad social.
Estos dos polos opuestos definen la realidad española, aunque intencionadamente
se intente esconderla bajo la alfombra, sepultarla bajo toneladas de ruido
político. Porque ésta es la clave que lo decide todo, que determina la política
nacional, y, sobre todo, recorre todas y cada una de nuestras casas.
La economía española va “como un tiro”
Todos los observadores económicos coinciden en señalar que España, en
cuanto a crecimiento del PIB -y otras cuestiones relevantes como la creación de
empleo- no solo se “ha disparado” sino que ese desarrollo al alza va a
incrementarse en los próximos meses. En esto hay unanimidad.
Todos los organismos internacionales y nacionales, desde la Comisión Europa
al FMI y la OCDE -incluso el Banco de España- revisan al alza sus previsiones
para España, anunciando que creceremos más de lo esperado. En un escenario
internacional convulso, el PIB español crecerá en 2025 hasta 2,5 puntos, casi
tres veces más que la media europea. Y nuestro país lideró la creación de
empleo en la Unión Europea (UE) tanto en 2023 como en 2024.
Este es un hecho objetivo. Y este éxito económico es uno de los puntos
fuertes del actual gobierno de coalición entre PSOE y Sumar. Es un hecho incuestionable.
E incluso las fuerzas de la oposición deben aceptarlo, o decidir no hablar de
economía para intentar relegarlo al olvido. Pero éste no es, ni mucho menos, el
único aspecto que define la realidad económica del país.
Pero estamos mucho más heridos
La realidad es que, al mismo tiempo que se dispara el crecimiento del PIB,
la desigualdad social -el abismo entre una ínfima minoría y la mayoría de la
población española- no para de crecer. Y si le ponemos números podemos tomar
conciencia de las dimensiones insoportables que tiene.
Los trabajadores de Prosegur ganan una media de 14.000 euros al año. Y el
sueldo del CEO de esa gran empresa alcanzó el año pasado los 5,05 millones de
euros, ¡361 veces más! El sueldo más frecuente en España es de 14.586 euros al
año. Pero la presidenta del Banco de Santander, Ana Patricia Botín, gana 13,7
millones, ¡939 veces más! Buena parte de los trabajadores españoles
necesitarían casi un milenio para ganar lo mismo que la jefa de la banca en un
año.
Mientras los altos ejecutivos del Ibex-35 disfrutan de esos desorbitados
sueldos, tres millones de trabajadores -un 13,7% de todos los empleados- son
pobres a pesar de tener un trabajo. Y el 48,5% -casi la mitad de la población-
tienen dificultades para llegar a fin de mes o son pobres, según algunos de los
13 indicadores empleados para situar a una persona en la pobreza.
Nuestra desigualdad, la debilidad de
España
El sangrante crecimiento de la desigualdad es el problema clave de España.
Lo es para el actual gobierno, pero -lo que nos importa- para el conjunto de la
sociedad. Y también, por eso, lo utilizan los sectores más reaccionarios para
atacar al actual ejecutivo. Es el problema estructural que determina la
situación de nuestro país, y la vida de cada uno de nosotros. Es “el elefante
en la cacharrería” de la política española. Todo lo demás está determinado por
esta cuestión clave.
Al aeropuerto de Barajas ha llegado una situación social que permanecía
oculta. Centenares de personas utilizan sus salas de espera para dormir. No son
vagabundos, la gran mayoría trabaja, pero sus irrisorios sueldos y los
disparatados alquileres les impiden tener una casa.
Asistimos a clima político muy enconado, con episodios de corrupción -algunos
probados, otros más cuestionables- que cercan al presidente, y una derecha que
sólo se dedica a tumbar al actual gobierno. Pero por debajo -mediatizándolo
todo- está el descontento social por la creciente desigualdad.
Redistribuir la riqueza
El actual grado de desigualdad adquiriría dimensiones descontroladas si no
estuviera contenido -o mejor dicho dopado- por “colchones sociales”, tanto con
ayudas gubernamentales -centrales, autonómicas y locales- como de
organizaciones sociales y bancos de alimentos para los más pobres.
Las ayudas sociales son necesarias. No solo deben mantenerse, sino que es
urgente incrementarlas. Pero la realidad nos demuestra que no frenan el
sangrante aumento de la desigualdad. Es necesario enfrentarlo, y requiere
soluciones contundentes.
Es urgente impulsar una alternativa basada en la redistribución de la
riqueza. Para que los enormes recursos de un país poderoso como es España
-mayores por el crecimiento del PIB- se utilicen al servicio de la mayoría
social y no estén cada vez más concentrados en menos -muy pocas- manos.
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