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RAFAEL TORRES |
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Por si faltaran calamidades, habló Aznar. Y, como
siempre que lo hace, para sembrar discordia entre los españoles y para tiznar
la imagen internacional de España. Precisamente el hombre que más debería
callar, habla, y lo hace esta vez para arrojar sospechas sobre nuestro
sistema electoral y para insinuar que Pedro Sánchez podría amañar en su
beneficio las elecciones. Según el torvo personaje que como su viejo par
Felipe González se resiste a ser lo que debe un ex-presidente, un jarrón
chino sin más, si un par de golfos colaron de extranjis en las primarias del
PSOE dos papeletas favorables a Sánchez que éste no necesitaba para ganarlas,
pues lo hizo con 16.000 votos de diferencia sobre su rival, el presidente del
Gobierno podría perfectamente montar un pucherazo introduciendo unos cuantos
millones de papeletas fake en las urnas de las próximas elecciones generales.
Con ésto, Aznar se habría superado a sí mismo si no lo hubiera hecho ya,
tantas veces, de manera insuperable. Cuando los españoles asisten horrorizados a la
deriva del mundo, guiada por un puñado de psicópatas, delincuentes y
genocidas, y temen a dónde lo van conduciendo una vez abolidos los
elementales conceptos del bien y del mal, y perplejos ante el regreso de la
más obscena corrupción político-empresarial intramuros, viene Aznar a
insuflarles, como siempre, esperanza y buen rollo. Él no aprecia, sino que le
encocora, la romántica posición de España contra el genocidio en Gaza,
romántica por solitaria, o contra las órdenes de Trump para que gastemos en
las máquinas de guerra que fabrican sus amigos lo que hay que gastar en
sanidad, en educación o en pensiones. Aznar correría seguramente a alcanzar
ese 5% en gasto militar, pues hay enemigos con "armas de destrucción masiva"
por todas partes. Cuando más necesaria es la sensatez, y la discusión
y la crítica serenas, y el acuerdo mayoritario y transversal de la ciudadanía
para perseguir y combatir toda clase de corrupción hasta acabar con ella,
habla Aznar, y lo hace, cómo no, para echar más leña al fuego. Una leña falsa
que estalla como acabaron estallando siempre sus mentiras. |
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