Camaradas, el 1 de enero de 1959 triunfaba en Cuba una de las revoluciones
más increíbles de la historia de la humanidad. Un puñado de valientes, apenas
catorce supervivientes del desembarco del Granma —donde viajaban menos de un
centenar—, emboscados y masacrados por el ejército nada más pisar tierra,
consiguió en pocos años lo que parecía imposible: derrotar completamente a un
ejército moderno y arrancar la rendición incondicional de una dictadura
financiada y sostenida desde el país más poderoso del planeta, los EEUU.
No fue un milagro. Fue el pueblo. Sin el apoyo masivo de la población a los
«barbudos» de Fidel Castro, sin la acción conjunta de la guerrilla, el
movimiento obrero y el campesinado, aquel hito histórico hubiese sido
imposible. Los pueblos del mundo aprendieron entonces una lección que nunca han
olvidado los de arriba: se puede vencer militarmente a un ejército profesional
cuando la clase trabajadora y el pueblo se organizan y combaten unidos. De
aquella lección se nutrieron revoluciones y guerrillas por toda América y por
todo el mundo.
El legado que tanto duele al capitalismo
Fidel Castro fue, dicen, un tremendo dictador. Un tremendo dictador que
invadió con médicos el tercer mundo en lugar de con bombas. Un tremendo
dictador que abrió sus universidades a todos los pueblos oprimidos —los médicos
saharauis lo saben bien—. Un tremendo dictador que nunca permitió que un solo
niño cubano durmiese en la calle. Un tremendo dictador que dio educación
universal y gratuita a todo su pueblo. Un tremendo dictador que puso la sanidad
cubana entre las mejores del mundo, una sanidad gratuita que incluye hasta el
dentista. Qué barbaridad, camaradas, cuánto daño le ha hecho Fidel al
capitalismo.
Miremos los datos, que son tozudos: Cuba tiene el mayor porcentaje de
médicos por cada mil habitantes del planeta. Cuba bajó su mortalidad infantil
del 42% a apenas un 4%, situándose a la cabeza mundial. Cuba eliminó el
analfabetismo en un solo año, con un método de alfabetización que se ha
exportado y utilizado en decenas de países. Cuba es la única nación
latinoamericana sin desnutrición infantil, el único país latinoamericano sin
problema de drogas, el único país del mundo que erradicó la transmisión
madre-hijo del VIH. Cuba no desahucia a nadie de su casa por no poder pagar el
alquiler o la hipoteca. Como dijo Fidel en la Plaza de la Revolución: «hoy
millones de niños dormirán en la calle en todo el mundo, en Cuba ninguno». Y lo
cumplió.
Cuba forma a más de 130.000 médicos, mantiene la mayor Facultad de Medicina
del mundo, gradúa cada año a 1.500 médicos extranjeros —25.000 ya, de 84
naciones distintas—, y envía a más de 30.000 profesionales sanitarios a
colaborar en más de 68 países, sumando cerca de 600.000 misiones
internacionalistas. Cuba exporta médicos, camaradas, no armas. Mientras EEUU,
Israel y la OTAN regalan al mundo guerras, bombardeos, golpes de Estado y rapiña
de recursos naturales, Cuba regala vacunas contra el cáncer, fármacos libres de
patente y brigadas médicas que en este mismo instante están salvando vidas en
cualquier rincón del planeta.
Medio siglo de bloqueo y ni una sola fosa
común
Ningún país ha soportado jamás un bloqueo económico como el que EEUU impone
a Cuba desde hace más de sesenta años, un bloqueo declarado ilegal año tras año
en Naciones Unidas y que ha dejado a Washington en la más absoluta soledad
internacional, con un único apoyo constante: el del genocida régimen de Israel,
otro Estado que tampoco respeta resolución internacional alguna. EEUU lo ha
intentado todo: invadir la isla con mercenarios en la humillante derrota de
Bahía de Cochinos, asesinar a Fidel Castro en centenares de ocasiones
documentadas, y ahora recrudecer el bloqueo en plena pandemia para provocar
deliberadamente un desastre humanitario por falta de insumos médicos. Y aun así
Cuba socialista volvió a vencer, plantando cara al COVID-19 mejor que la
primera potencia del mundo y enviando a su ejército de batas blancas a ayudar a
vencerlo también fuera de sus fronteras.
Cada año, una abrumadora mayoría de la comunidad internacional —165 países
la última vez— vota en la ONU exigiendo el fin del bloqueo. Solo EEUU e Israel,
y un puñado de vasallos, votan en contra. Que la Ucrania de Zelensky, títere
absoluto del amo yanqui, vote para mantener el castigo contra los niños cubanos
es una infamia que no tiene nombre: la misma Cuba que acogió y trató
gratuitamente durante años a miles de menores ucranianos afectados por
Chernóbil recibe hoy, a cambio, la puñalada del olvido y la sumisión.
Y sin embargo, Cuba no tiene fosas comunes. No tiene cargas de
antidisturbios contra su pueblo. No construye muros, no bombardea naciones, no
trafica con seres humanos. Es, dicen, una terrible dictadura solidaria que
invierte en sanidad y en educación en vez de en portaaviones. Camaradas, a Cuba
no le llaman dictadura por lo que le falta: le llaman dictadura por lo que teme
el capital que sobre. Le temen porque puede funcionar, y temen que otros
pueblos quieran emprender el mismo camino hacia un horizonte libre, digno y
soberano.
Comandante, los que quisieron matarte mil veces celebraron tu partida como
si de una victoria se tratase. Mediocre victoria: te fuiste cuando quisiste,
sin pedir permiso, rodeado del amor de tu pueblo y llorado por los pueblos del
mundo entero, mientras a nosotros nos dejaste rodeados de líderes de cartón
piedra que se destiñen con la lluvia y con el tiempo, los mismos elementos que
a los líderes verdaderos os hacen crecer.
Fidel, te fuiste para quedarte y convertirte en eterno.
Até a vitoria sempre!
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