He escrito en la pantalla "Pedro Sánchez 3 de noviembre" y la
misma IA que tantas veces se hace dueña de la pantalla, esta vez ni ha
respirado. Y, por si fuera poco, entre los primeros 50 resultados del buscador
no aparece ni uno solo relacionando a Sánchez con ese 3. En cambio, todas
insisten en lo del día 29 aunque yo no había escrito ese número.
He decidido colocar en este título "Pedro Sánchez" y "3 de
noviembre" para ver si, en caso de que al leerlo se decide usted a
realizar la misma búsqueda, aparece esta vez algo que demuestre la existencia
de una relación, legal, por supuesto.
Pedro
Sánchez no es tonto y estoy convencido de que lo ha tenido en cuenta
para convocar el 29N, pero no podía decirlo, aunque ha sido el discurso más
internacional (el 15% de su contenido) de los que recuerdo entre los
pronunciados por cualquier presidente del Gobierno de los que han adelantado
las elecciones.
Pero seamos prácticos. Usted ya sabe que lo que ocurrirá el 3 de noviembre,
es decir, solo 26 días antes del 29, es que se celebrarán en USA las elecciones
de medio mandato, que partidario soy de importar ese formato con algunos
cambios, y, mira por dónde, ahora entiendo porque Donald Trump ha bajado en las
últimas fechas el volumen de sus violencias, tanto las que matan personas como
las verbales.
Y más que lo bajará hasta el día de sus medias urnas y también acto seguido
porque, según el resultado que consiga su partido, si es que aún sigue
existiendo algo parecido a eso, hasta puede que le dé un calambre en la lengua
y tengan que alimentarle por las narices o, vaya usted a saber por dónde, pues
las encuestas auguran una derrota histórica: todo el mundo sabe que el único
responsable de la debacle, y del precio de la gasolina también, es el inquilino
de la Casa Blanca, aunque con derecho a realizar en ella obras faraónicas para
dejar su huella. Para más inri.
Por lo tanto, y a diferencia de las elecciones que se han ido celebrando en
los países de la Latinoamérica que piensa que le pertenece, con un Trump
apoyando sin la menor de las diplomacias a los candidatos ultras que mayormente
han ido ganando gracias a él, resulta que Pedro Sánchez va a poder comenzar la
campaña electoral con un Trump herido, quien sabe si de muerte (política), y
que bastante tendrá con enfrentarse a los suyos de USA, cabreados como monas
por una derrota de él que pagarán ellos.
Y por aquí ya me estoy imaginando a cualquier periodista preguntando a
Feijóo y Abascal por la derrota de su mejor aliado para crispar y amenazar en
España contra Sánchez y ellos sin saber dónde meterse o respondiendo
"¡¡QUITA BICHO!!".
Por mi parte, yo sigo siendo partidario de empezar a practicar un poco de
democracia directa, aunque tenga que ser rebajada, léase referéndum consultivo en virtud
del artículo 92 de la Constitución, pero Sánchez se ha negado, así
que no me queda más remedio que adaptarme, temporalmente, a las nuevas
circunstancias electorales, confiar en la derrota de Trump el 3 de noviembre y
que exista el mínimo sentido común para que, el mismo día en el que la
Diputación Permanente del Congreso apruebe los decretos que retrasarán
desahucios, CC.OO y UGT decidan desconvocar o, como mínimo, aplazar, como
mínimo, la huelga general que han anunciado, aunque solo sea porque sus líderes
no serán nunca tan valientes como Sánchez y su gobierno, que han decidido
jugárselo todo para poder aprobar una ley urgente e imprescindible que el pleno
del Congreso les había rechazado.
Por último, no hubiera podido cerrar este artículo sin hacer referencia al
de Ángel Morillo en este mismo Diario Sabemos titulado "Elecciones no,
referéndum", con el que estoy muy de acuerdo y que puede leer aquí. Morillo, con
mucho acierto, menciona también la importancia de la implicación de los jóvenes
en la política. Desde aquí decirle que, en particular, la escasísima presencia
de jóvenes en los parlamentos constituye, en mi opinión, uno de los mayores
riesgos para la democracia. Espero que en las candidaturas de los partidos se
incorporen personas de menos de 30 años de edad en una proporción que no esté
tan lejos de la existente en los censos electorales.
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