Eduardo Madroñal Pedraza 30/01/2025
Ahora también sabemos que la máxima autoridad diplomática de la Unión
Europea (UE), Kaja Kallas, ha repetido públicamente lo que públicamente Trump
nos exige, que gastemos mucho más en lo militar -un 5%-, es decir, mucho más
empobrecimiento para los pueblos.
Ya sabíamos (ver artículo ‘Cuando Europa está que arde, ¿a quién sirve
Lagarde?’) que la máxima autoridad financiera y monetaria de la UE ha repetido
públicamente lo que públicamente Trump nos exige, que nos dejemos saquear mucho
más en lo económico, es decir, mucho más empobrecimiento para los pueblos.
En ambos casos no es al servicio de los intereses de los países y pueblos
europeos. Al contrario, todo ello es al servicio de la superpotencia
estadounidense en su ocaso, que necesita imperiosamente más tributos de sus
“aliados” europeos en lo económico y más carne de cañón de los pueblos en lo
militar, para poder resistir frente a un nuevo mundo multipolar.
La UE tiene un enemigo dentro, su “aliado” imperial -con sus “patriotas
trumpistas” europeos, y sus sirvientes en las instituciones europeas-, pero, en
verdad, lo venenoso y corrosivo son los sumisos sectores de las burguesías
monopolistas europeas entregadas a EEUU. ¿Para qué necesitamos otro enemigo
principal si el “aliado más fuerte” es nuestro dueño y señor?
Bravuconadas o degradación política
La clase dominante estadounidense -ante su imparable ocaso imperial y presa
de su división y debilidad- ha elegido como presidente a un personaje de tal
calaña, estofa y ralea que la riqueza de nuestro idioma en adjetivos nos
permite calificarlo -según la RAE- de bravucón, fanfarrón, jactancioso,
valentón, baladrón, chulo, matón, pendenciero, camorrista, perdonavidas,
espadachín, matasiete y tragahombres.
Pero lo de Trump no son los impulsos alocados de un autócrata, ni de un
emperador al que nadie se atreve a decir que está desnudo. Sus decisiones están
al servicio de la clase dominante estadounidense. Aunque, desde finales de la
primera década de este siglo, la superpotencia está sumida cada vez más en su
ocaso imperial, conserva un enorme poder -especialmente en lo militar-,
inalcanzable aún para cualquier otra potencia o grupo de potencias.
Pero su capacidad para seguir como superpotencia se ve permanentemente
mermada y cuestionada por la lucha de los países y pueblos del mundo que
conquista nuevas cotas de soberanía y desarrollo y que debilita su capacidad de
explotar, dominar y controlar. Y por eso Trump utiliza las amenazas públicas.
Para degradar políticamente a sus “aliados tradicionales”, para debilitar y
romper Europa.
No hablamos de Lagarde ni de Kallas
Trump ha pedido públicamente a los países europeos que eleven su gasto en
defensa al 5% del PIB y nos ha acusado de tratar “muy mal” a EEUU. En la
conferencia anual de la Agencia Europea de Defensa, Kaja Kallas, ha sido su
portavoz: “El presidente Trump tiene razón al decir que no gastamos lo
suficiente. Es hora de invertir”. Y lo que es aún más grave, que Washington
debe seguir siendo “el aliado más fuerte y debe seguir siéndolo” ante la
agresividad rusa.
Primero. La exigencia de elevar al 5% el gasto militar es difícilmente
asumible incluso para una Alemania en recesión y para una Francia estancada, no
digamos para nuestro país. España debería aumentar los actuales 19.700 millones
de euros a más de 75.000 millones. Un salvaje incremento que junto a -y en
contra de- los límites al gasto público, sea a costa de nuevos recortes
sociales.
Y segundo, ¿puede la estonia representante diplomática de la UE -que así
eleva a su predecesor, Josep Borrell, a los altares- santificar a EEUU como
“aliado” cuando lleva años tratándonos como vasallos? Un “aliado” que
cínicamente se hace la víctima cuando recientemente nos hizo pagar su crisis de
2008, y -Lagarde lo sabe- recientemente su inflación y su deuda pública.
Y si Trump vende Estonia a Putin
Estamos de acuerdo con que la agresividad rusa -sangrientamente ahora en su
invasión de Ucrania- no es buena para los pueblos europeos y la rechazamos.
Estamos de acuerdo con que “el único lenguaje que (el presidente ruso,
Vladimir) Putin habla es el de la fuerza”. Pero no se corresponde con la
realidad igualar a China con Rusia en cuanto al uso de la agresión como
herramienta de política exterior. Ni es bueno para Europa, ni para sus pueblos,
poner a China como enemigo por orden de Washington. Nos oponemos.
Al contrario, no sólo EEUU no nos defenderá de EEUU, sino que si Trump
decide -para cercar a China- entregar a Estonia y demás países bálticos a Putin
-que considera parte de su espacio vital- a cambio de su desenganche de Pekín,
generaría la ruptura de Europa. Y ¿no podría llevar a una situación en la que
una significada estonia tuviera que pensar a dónde exiliarse, a EEUU o a China?
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