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viernes, 6 de febrero de 2026

06/02/2026 - AYUSO Y EL SILENCIO MACHISTA: CUANDO EL PARTIDO NO PROTEGE Y LA VÍCTIMA ESTORBA

La reacción del PP ante las acusaciones contra el alcalde de Móstoles revela que el silencio se presenta como solución frente a las denuncias de abusos sexuales y laborales

Agustín Millán 06/02/2026

El caso de los presuntos abusos atribuidos al alcalde de Móstoles no puede leerse solo como un conflicto personal ni como un episodio aislado de confrontación política. Tampoco puede reducirse a las palabras —más o menos desafortunadas— de un solo dirigente. Lo que ha salido a la luz dibuja algo más profundo y estructural: la forma en que el Partido Popular gestiona las denuncias internas cuando estas afectan a cargos propios y amenazan con romper la disciplina del silencio.

En esas conversaciones internas se llega a calificar la situación descrita como “un acoso de manual”. Esa expresión no procede de la oposición ni de colectivos externos, sino del propio entorno del partido.

La exconcejala que denunció acoso sexual y laboral no buscó inicialmente ni titulares ni tribunales. Hizo lo que muchas mujeres hacen cuando el poder está dentro de su propia organización: pidió ayuda. Solicitó amparo. Expuso los hechos ante la dirección del partido en Madrid y, más tarde, ante la dirección nacional. Su expectativa era razonable: ser escuchada, protegida y que se activaran mecanismos internos de investigación. Lo que encontró fue otra cosa.

Una respuesta basada en contener, no en esclarecer

Las conversaciones internas conocidas muestran un patrón reiterado: disuadir, rebajar, enfriar, desactivar. No aparece una voluntad clara de investigar a fondo, sino un esfuerzo constante por evitar que el conflicto trascendiera. Se le habló de las consecuencias personales, del impacto mediático, del daño a su entorno familiar y de lo difícil que sería soportar una denuncia pública. Se le aconsejó no denunciar, no judicializar, no hacer ruido.

No se trató de una reacción improvisada ni de un comentario aislado. Fue una línea sostenida por distintos cargos del partido en diferentes reuniones. La idea de fondo era clara: el problema no era lo que se denunciaba, sino que se denunciara.

Aquí es donde el caso deja de ser individual y se convierte en político. Porque cuando una organización prioriza la contención del daño reputacional frente a la protección de una posible víctima, está tomando partido, aunque luego invoque la neutralidad o la presunción de inocencia.

El reconocimiento implícito y la inacción explícita

Hay un elemento especialmente revelador: en esas conversaciones internas se llega a calificar la situación descrita como “un acoso de manual”. Esa expresión no procede de la oposición ni de colectivos externos, sino del propio entorno del partido. Y, sin embargo, ese reconocimiento no se tradujo en la apertura de un procedimiento garantista ni en medidas de protección.

La contradicción es evidente: si se considera que el relato encaja en un patrón claro de acoso, ¿por qué no se actúa en consecuencia? Y si no se considera así, ¿por qué se insiste tanto en que no se denuncie?

La respuesta parece estar en una lógica antigua pero persistente: resolver el problema apartando a quien lo señala. De hecho, la salida final fue esa. Tras meses sin una respuesta efectiva, la exconcejala entregó su acta y abandonó el partido. El conflicto se cerró, pero no porque se aclararán los hechos, sino porque desapareció quien los ponía sobre la mesa.

El papel del partido: ni protocolo ni escucha real

Cuando el asunto llegó a los órganos nacionales del Partido Popular, el resultado fue similar. La denunciante presentó un escrito extenso, detallado, con documentación y testigos propuestos. Sin embargo, el expediente terminó archivado sin que ella fuera citada ni escuchada personalmente, y sin constancia de que se practicaran las diligencias que ella solicitaba.

Formalmente, el partido puede alegar que actuó. Políticamente, lo que transmite es otra cosa: una investigación sin escucha no es una investigación, es un trámite defensivo. Sirve para cerrar filas, no para esclarecer responsabilidades.

Este modo de proceder tiene consecuencias que van más allá de un caso concreto. Envía un mensaje nítido a cualquier mujer dentro de la organización: denunciar puede salir caro, y el coste lo paga quien habla, no quien es señalado.

No se puede defender a las mujeres solo cuando hacerlo resulta rentable.

Ayuso, el PP de Madrid y el cierre de filas

Las declaraciones de Isabel Díaz Ayuso deben entenderse dentro de ese marco más amplio. La presidenta madrileña no es la única responsable de la respuesta del PP, pero sí es su principal referente político. Cuando opta por deslegitimar la denuncia y por presentarla como parte de una ofensiva política, refuerza la estrategia de cierre de filas y desplaza el foco lejos de las decisiones internas del partido.

No es solo Ayuso. También están la dirección regional, la nacional y los órganos que decidieron no escuchar a la denunciante. Pero su voz amplifica un mensaje: el problema no es lo ocurrido, sino el ruido que genera.

Ese enfoque contrasta con la severidad que el PP ha mostrado en otros casos cuando los acusados pertenecían a otras formaciones. Entonces, la exigencia de responsabilidades era inmediata, la palabra de las denunciantes se consideraba suficiente para exigir dimisiones y la ejemplaridad se invocaba como principio irrenunciable.

La doble vara y sus efectos

La incoherencia no es solo moral; es política. No se puede defender a las mujeres solo cuando hacerlo resulta rentable. No se puede exigir denuncias judiciales como prueba de credibilidad mientras, al mismo tiempo, se presiona para que esas denuncias no se presenten cuando afectan a los propios.

Este doble rasero erosiona la confianza en las instituciones y banaliza el discurso contra el acoso. Porque convierte un problema estructural en un arma arrojadiza y vacía de contenido cualquier apelación a la igualdad o al respeto.

Lo que queda cuando el partido no protege a la víctima

Al final, el balance es claro. Una mujer pidió ayuda dentro de su partido. Expuso una situación grave. Fue disuadida de denunciar. No se activaron mecanismos eficaces de protección. Acabó fuera de la institución y del partido. Y el expediente se archivó sin escucharla.

Ese recorrido no es un accidente. Es el resultado de una cultura política que sigue entendiendo el conflicto como algo que hay que sofocar, no como una oportunidad para corregir abusos y mejorar las reglas del juego.

Aquí no se está pidiendo una condena anticipada ni se está negando la presunción de inocencia de nadie. Lo que se está señalando es algo más elemental: la obligación de escuchar, investigar y proteger. Cuando un partido no cumple con eso, el problema no es la denuncia. El problema es la organización que decide que es más cómodo mirar hacia otro lado.

Y mientras esa lógica no cambie, ningún discurso, ninguna consigna ni ningún cierre de filas podrá ocultar lo esencial: el silencio no es neutral, siempre beneficia al poder.

 

06/02/2026 - LO QUE KUBRICK SABÍA SOBRE EPSTEIN

El director murió poco antes del estreno de Eyes Wide Shut, la película que según algunos trataba de denunciar una red de tráfico sexual para élites similar a la destapada hoy

José Antequera 06/02/2026

El 7 de marzo de 1999, solo cuatro días después del pase privado de su última película, Eyes Wide Shut, el gran director Stanley Kubrick moría de un repentino ataque al corazón mientras dormía. Tenía 70 años y hasta llegar a ese misterioso testamento cinematográfico que habla del desamor como no lo había hecho ninguna obra de arte hasta ese momento había firmado una de las carreras más gloriosas de la historia del Séptimo Arte. Filmes como 2001: una odisea del espacioEspartacoSenderos de gloriaEl resplandor o La naranja mecánica son obras de culto para la eternidad, pero desde el principio se vio que Eyes Wide Shut era algo diferente, inclasificable, nunca antes visto. Casi un mensaje de alerta (o de socorro, quién sabe) para la posteridad.

La película explora territorios tan fascinantes como oscuros y peligrosos. Aborda, descarnadamente y sin ataduras morales, la crisis sentimental y sexual de una pareja acomodada de Nueva York: la formada por el eminente doctor William Hartford (Tom Cruise) y su hermosa mujer (interpretada por Nicole Kidman). Pero, sin duda, el momento cumbre de la cinta, el que todos recordamos, es ese derrumbe personal y moral del protagonista, cuando el médico vaga por las calles de Manhattan comido por unos celos enfermizos y consigue un pase especial para asistir a una de esas fiestas organizadas por la jet en una lujosa mansión. Una orgía de tintes satánicos donde hay de todo, sexo salvaje, drogas, música barroca y mucha gente poderosa con túnica y la cara oculta tras máscaras venecianas. La escena atrapa al espectador en una mezcla de morbosa curiosidad, atracción fatal y repulsión.

Las redes sociales se llenan estos días con rumores y teorías de la conspiración que hablan de que esa secuencia no tenía otro objetivo que denunciar un tipo de juergas nocturnas –frecuentadas por millonarios, políticos y celebrities de Hollywood– donde todo vale y no hay límites. Y que por eso mataron al realizador. Lógicamente, será imposible saber cuál era la intención de Kubrick, un director que hurgó como nadie y con sinceridad en la condición humana, en las filias y fobias de las sociedades modernas. Jamás llegaremos a saber si al maestro lo liquidaron los integrantes de una secta secreta ultrapoderosa con la estampita de Belcebú en la mesita de noche. Las leyendas urbanas sobre ese tipo de saraos para ricos aburridos dispuestos a sacrificar a una menor y a beber su sangre están a la orden del día en todo el decadente mundo occidental. También en nuestro país, donde durante años se ha creído que las niñas de Alcàsser fueron asesinadas tras un supuesto ritual diabólico y que cierto bar de carretera de Castellón era en realidad una casa de los horrores donde viejos con mucho dinero abusaban de niños antes de jugar con ellos a la ruleta rusa.

Sin embargo, el escándalo Epstein –otro muerto que sabía demasiado sobre los vicios y costumbres eróticas de las clases altas norteamericanas– ha venido a abrirnos los ojos. Los documentos, agendas y vídeos del alcahuete pederasta, en los que aparecen los peces más gordos y los personajes más relevantes de la cultura mundial, vienen a demostrar que esas cosas, por mucho que nos cueste trabajo creerlo, ocurren. La prensa internacional habla de abusos de menores, violaciones, pedofilia y hasta canibalismo. No hace falta dar nombres, la prensa internacional (y también este periódico) ya los ha publicado.

Epstein nunca podrá explicar ante un tribunal cómo servía carne fresca a los corruptos degenerados del poder. Dicen que se suicidó en la cárcel, aunque algunos mal pensados creen que lo suicidaron. Como también empieza a calar la idea de que la prodigiosa secuencia de la fiesta de Eyes Wide Shut pudo costarle la vida al bueno de Stanley. A este respecto, el escritor David Torres escribe un interesante y jugoso artículo en Público bajo el titular de Kubrick con los ojos cerrados. “Por fascinante que sea, me cuesta bastante tragarme esta teoría, no porque no crea que existan élites tan despiadadas y omnipotentes como para cargarse a quien sea de la manera que sea, sino porque imagino que lo último que busca esa gente es publicidad”. Los comentarios y análisis fílmicos del autor de la columna son más que acertados, aunque habría que añadir a su brillante exposición sobre el cine metódico del genial Kubrick que vivimos en un tiempo distópico donde todo es posible, incluso que un grupo de millonetis sin alma y hartos de todo organicen una cena o bacanal con algo más que pollo al curry.

Nunca sabremos si es cierto o un bulo más que, la noche antes de la muerte del afamado director, Nicole Kidman le telefoneó para quedar con él. Y si es verdad o no que el director le respondió eso tan enigmático de “nos matarán tan rápido que apenas podremos estornudar”. Obviamente, no vamos a ser tan estúpidos como para dar por bueno que al realizador lo asesinó la CIA, no ya por tratar de denunciar la mayor trama de satanismo sexual instalada en las altas esferas, sino porque estaba dispuesto a confesar que fue él quien rodó un supuesto montaje sobre la llegada del hombre a la Luna en un estudio de Hollywood. Esas patrañas negacionistas y conspiranoicas propias de mentes fácilmente influenciables las dejamos para el programa de Íker Jiménez y sus tertulianos de la cuerda de Santi Abascal. Pero nunca dejemos de buscar la verdad que los monstruos que nos gobiernan, representantes de las oligarquías financieras y políticas, tratan de ocultarnos. De tipos depravados como Trump Putin puede esperarse casi cualquier cosa. Volvamos por tanto a ver la maravillosa película del maestro sobre el descenso a los infiernos del doctor Hartford con la perspectiva abierta de nuestro tiempo convulso, un tiempo donde los valores humanos han sido enterrados bajo la idolatría al Satán del dólar y la perversión política, moral y sexual. Esa es una de las grandes enseñanzas que nos deja esa película tan formidable como enigmática: nunca nos quedemos con los ojos bien cerrados.

 

06/02/2026 - IRPH: LA SENTENCIA DEL TJUE SOBRE PUIGDEMONT DESTROZA EL ESQUEMA JUDICIAL ESPAÑOL

Los litigios sobre el IRPH ponen en cuestión un diseño regulatorio estatal avalado por el Supremo. En ese contexto, el juez no es un árbitro distante: forma parte del mismo ecosistema institucional y eso, según la sentencia, ya no es jurídicamente neutro

José Antonio Gómez 06/02/2026

La sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) de 5 de febrero de 2026 sobre la inmunidad de Carles Puigdemont (asunto C-572/23 P) no trata sobre hipotecas ni sobre índices de referencia. Sin embargo, pocas resoluciones recientes han tenido un potencial tan perturbador para el entramado jurídico y judicial que sostiene el IRPH en España. Al anular las decisiones del Parlamento Europeo por falta de imparcialidad, el TJUE no solo resolvió un conflicto político de alto voltaje: redefinió el estándar europeo de neutralidad institucional, con consecuencias que trascienden ampliamente el caso concreto.

Europa ha sido inequívoca. Las afinidades políticas, institucionales o ideológicas ya no son irrelevantes, ni siquiera cuando no se acredita una voluntad consciente de favorecer a una parte. Basta con que existan dudas legítimas sobre la imparcialidad para que un acto jurídico quede viciado de nulidad. En ese giro conceptual se encuentra la verdadera carga explosiva de la sentencia. Y es ahí donde el IRPH entra en escena.

Durante años, la justicia española ha operado bajo una presunción casi automática de imparcialidad judicial, especialmente cuando se trataba de proteger decisiones estructurales del sistema económico. En el caso del IRPH, esa presunción ha sido decisiva. El índice, diseñado y supervisado por el propio Estado, ha sido defendido por el Banco de España, respaldado por el Tribunal Supremo y validado de forma casi monolítica por los tribunales inferiores, incluso cuando el TJUE advertía reiteradamente sobre problemas de transparencia, comprensión real del consumidor y desequilibrio contractual.

La sentencia C-572/23 P quiebra ese esquema. El TJUE desplaza el foco desde la intención subjetiva del juez hacia la imparcialidad objetiva, protegida por el artículo 41 de la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea. Ya no importa si el magistrado cree actuar con neutralidad. Lo relevante es si existen garantías suficientes para excluir cualquier sospecha razonable de alineamiento con los intereses en juego. Y cuando esas garantías no existen, la justicia deja de ser válida, aunque haya sido dictada de buena fe.

Aplicado al IRPH, el problema es estructural. Los litigios sobre este índice no enfrentan únicamente a un consumidor con una entidad bancaria. En realidad, ponen en cuestión un diseño regulatorio estatal, un mecanismo defendido públicamente por autoridades económicas y avalado por el máximo órgano jurisdiccional español. En ese contexto, el juez no es un árbitro distante: forma parte del mismo ecosistema institucional cuya actuación se examina. Y eso, a la luz de la nueva doctrina europea, ya no es jurídicamente neutro.

El TJUE ha dejado claro que la pertenencia a asociaciones, la participación en actos públicos, la firma de manifiestos o la reiteración de posiciones institucionales previas son hechos objetivos, no anécdotas. En el caso que resolvió Luxemburgo, bastó la pertenencia del ponente a un grupo político afín a una de las partes acusadoras y su participación en actos con consignas explícitas para considerar que el procedimiento estaba contaminado. No se exigió probar animadversión personal ni conspiración alguna. La apariencia de parcialidad fue suficiente.

Trasladado al IRPH, el paralelismo es incómodo pero evidente. Magistrados que han intervenido en foros patrocinados por el sector financiero, jueces que han defendido públicamente la estabilidad del sistema hipotecario o tribunales que han aplicado de forma automática la doctrina del Supremo pese a las advertencias reiteradas del TJUE ya no pueden refugiarse en la presunción de neutralidad. La pregunta que se impone no es si actuaron con honestidad, sino si existían condiciones objetivas para disipar cualquier duda razonable sobre su independencia.

Este cambio de enfoque abre un escenario completamente nuevo para los afectados por el IRPH. La defensa ya no necesita demostrar una voluntad deliberada de perjudicar al consumidor ni una prevaricación explícita. La falta de imparcialidad objetiva, entendida como ausencia de distancia verificable respecto de los intereses regulados, se convierte en un argumento jurídico autónomo, capaz de arrastrar consigo resoluciones enteras. La nulidad deja de ser una excepción extrema para convertirse en una consecuencia lógica cuando el estándar europeo no se cumple.

La sentencia también introduce un elemento especialmente inquietante para el sistema judicial español: la nulidad en cascada. Si una resolución se apoya en decisiones previas dictadas por órganos que no reunían las condiciones de imparcialidad exigidas por el Derecho de la Unión, esa resolución queda igualmente comprometida. En el caso del IRPH, donde miles de sentencias descansan sobre una doctrina nacional cada vez más tensionada por Luxemburgo, el riesgo sistémico es evidente.

Lejos de generar inseguridad jurídica, el TJUE ha puesto fin a una seguridad ficticia, sostenida por la repetición de criterios internos sin un verdadero contraste europeo. La justicia, recuerda la sentencia, no solo debe hacerse, sino parecer que se hace. Y esa apariencia ya no es una cuestión estética ni moral, sino un requisito jurídico exigible.

Para el poder judicial español, el mensaje es claro y poco cómodo. El tiempo de las afinidades institucionales discretas, de las manifestaciones públicas inocuas y de la neutralidad asumida ha terminado. La imparcialidad ya no es una virtud íntima del juez, sino una condición externa, objetiva y comprobable, cuya ausencia conduce inexorablemente a la nulidad.

El IRPH, aunque no mencionado en la sentencia, emerge así como uno de los próximos grandes campos de batalla. Si Europa considera que la mera apariencia de alineamiento basta para invalidar decisiones políticas de alto nivel, resulta difícil sostener que un sistema judicial que ha hablado durante años con una sola voz en defensa de un índice cuestionado no deba someterse al mismo escrutinio. En Luxemburgo, al menos, la respuesta ya está escrita.

 

jueves, 5 de febrero de 2026

05/02/2026 - LA AUDIENCIA DE MADRID DECIDIRÁ SI REABRE LA INVESTIGACIÓN POR EL BORRADO DE LOS CORREOS EN LOS QUE UNA EXCONCEJALA DEL PP PIDIÓ AMPARO A AYUSO TRAS DENUNCIAR ACOSO

Comentario: Una cosa está más que clara: ¡yo no he sido el que ha borrado los correos! ¡¡¡Qué gentuza!!!


LA AUDIENCIA DE MADRID DECIDIRÁ SI REABRE LA INVESTIGACIÓN POR EL BORRADO DE LOS CORREOS EN LOS QUE UNA EXCONCEJALA DEL PP PIDIÓ AMPARO A AYUSO TRAS DENUNCIAR ACOSO

La presidenta madrileña y el ruido: cuando llamar “caso fabricado” a una denuncia choca con los hechos

Agustín Millán 05/02/2026

La Audiencia Provincial de Madrid tiene ahora en sus manos una decisión que va más allá de un trámite judicial. Debe resolver si se reabre o se cierra definitivamente la investigación por el borrado de los correos electrónicos desde los que una exconcejala del PP en Móstoles pidió amparo al gabinete de Isabel Díaz Ayuso tras denunciar un supuesto acoso sexual y laboral por parte del alcalde del municipio, Manuel Bautista. Lo que está en juego no es solo la autoría de un borrado informático, sino la credibilidad de un relato político que ha preferido el ataque frontal a la cautela institucional.

El origen

El origen del caso se sitúa en 2024. La entonces concejala del PP envió en febrero y en junio dos correos al entorno de la presidenta regional solicitando amparo ante lo que describía como una situación de acoso. Meses después, ya fuera del cargo —asegura que dimitió precisamente por ese acoso—, comprobó que la bandeja de entrada desde la que se enviaron esos mensajes había sido “borrada por completo”. Según avanzó El País, en la configuración de accesos figuraban además direcciones IP desconocidas que habrían entrado en su correo.

Ante esos indicios, la exconcejala presentó una denuncia por un presunto delito de descubrimiento y revelación de secretos. Un juzgado de Madrid la admitió a trámite y abrió diligencias. La Guardia Civil investigó el borrado, pero en febrero de 2025 el procedimiento fue archivado por “falta de autor conocido”: no se pudo determinar quién eliminó los correos ni desde dónde. Ese archivo, sin embargo, no cerró el caso. La denunciante recurrió y ahora la Audiencia Provincial de Madrid debe decidir si ordena la reapertura o confirma el cierre.

El machismo de Ayuso

Hasta aquí, los hechos. El problema aparece cuando el debate político se adelanta al judicial. Ayuso definió públicamente la denuncia como un “caso fabricado contra el PP” y llegó a compararse con la víctima. Son palabras graves, no porque expresen una opinión —legítima—, sino porque desprecian el contenido concreto del expediente. No se trata de una acusación abstracta, sino de correos electrónicos que existieron, se enviaron y después desaparecieron. Negar ese punto no es una defensa: es ruido.

Conviene subrayarlo con claridad. Que un juzgado archive provisionalmente por falta de autor conocido no equivale a declarar inexistente el hecho investigado. Significa, estrictamente, que no se ha podido identificar al responsable con las diligencias practicadas. Precisamente por eso existe el recurso y precisamente por eso interviene ahora la Audiencia. Convertir ese estadio procesal en un argumento político de deslegitimación total no es prudente y tampoco es veraz.

Además, el caso interpela a la responsabilidad interna de un partido. Una concejala del PP pidió amparo a su dirección autonómica por un supuesto acoso. Esa petición está documentada. El borrado posterior de los correos que la acreditan plantea preguntas incómodas, aunque aún no tenga autor. Frente a esas preguntas, la respuesta institucional debería ser cooperación y transparencia, no descalificación preventiva de quien denuncia.

La Audiencia Provincial decidirá si hay base para seguir investigando. Su resolución marcará el futuro judicial del caso. Pero, con independencia de ese desenlace, hay una lección política ya visible: cuando se tacha de “fabricado” un asunto que presenta indicios objetivos y recorrido judicial, se debilita la confianza en las instituciones y se envía un mensaje desalentador a quienes piden amparo. En democracia, el respeto a los procedimientos no es un estorbo; es el mínimo exigible. Y las palabras de una presidenta autonómica, por su peso, deberían estar a la altura de ese principio.

 

05/02/2026 - LA SENTENCIA DE PUIGDEMONT PROVOCA UN TERREMOTO: "LA IMPARCIALIDAD OBJETIVA" COMO LÍMITE AL PODER DE LOS JUECES ESPAÑOLES

Comentario: Un análisis muy interesante que no encontrarán en la caverna mediática.  


LA SENTENCIA DE PUIGDEMONT PROVOCA UN TERREMOTO: “LA IMPARCIALIDAD OBJETIVA” COMO LÍMITE AL PODER DE LOS JUECES ESPAÑOLES

La sentencia establece que la pertenencia a asociaciones o la manifestación pública de afinidades políticas son hechos objetivos que pueden contaminar un procedimiento

José Antonio Gómez 05/02/2026

La reciente sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) de 5 de febrero de 2026, en el asunto C-572/23 P, no solo ha restaurado la inmunidad de Carles Puigdemont, Antoni Comín y Clara Ponsatí, sino que ha fijado un estándar de integridad procesal que sacude los cimientos de la judicatura española. Al anular las decisiones del Parlamento Europeo por falta de imparcialidad, Europa envía un mensaje nítido: las afinidades políticas y las manifestaciones externas, activas o pasivas, no son inocuas; son elementos de prueba suficientes para invalidar actos jurídicos.

Fin de la "neutralidad presunta"

Históricamente, el sistema judicial español ha operado bajo una presunción de imparcialidad difícil de quebrar, exigiendo pruebas casi diabólicas de un sesgo subjetivo. Sin embargo, el TJUE eleva el listón al ámbito de la imparcialidad objetiva, amparada en el Artículo 41 de la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE.

El fallo es demoledor al analizar la figura del ponente del suplicatorio. El hecho de que perteneciera al mismo grupo político (CRE) que el partido VOX, quien se ha personado en diversos procedimientos como acusación popular en la causa penal, y su participación en actos donde se vitoreaban consignas contra los procesados, se consideran factores que suscitan "dudas legítimas". Para el TJUE, no hace falta demostrar que el juzgador sea parcial; basta con que no existan garantías suficientes para excluir cualquier duda legítima al respecto.

La transmisión al Poder Judicial español

Este estándar europeo tiene una traslación inmediata y obligatoria para los jueces en España. Bajo el principio de primacía del Derecho de la Unión, los magistrados españoles, y muy especialmente aquellos que han intervenido en causas vinculadas al “procés”, quedan bajo una lupa mucho más exigente.

La sentencia establece que la pertenencia a asociaciones o la manifestación pública de afinidades políticas son hechos objetivos que pueden contaminar un procedimiento. Si un juez ha participado en actos de corte político, ha firmado manifiestos contra el independentismo, pertenece a asociaciones que han hecho pública su postura, o mantiene vínculos con grupos que ejercen la acusación, su capacidad para impartir justicia "imparcial y equitativamente" queda legalmente comprometida.

Nuevo arsenal para las defensas

Este escenario abre una vía estratégica sin precedentes para las defensas en España. A partir de ahora, la alegación de nulidad de actuaciones judiciales no requerirá demostrar una prevaricación o un odio manifiesto. La "falta de imparcialidad objetiva" se convierte en un arma procesal de precisión:

1.   Afinidades políticas: La mera vinculación ideológica con las partes acusadoras puede ser motivo de recusación.

2.   Manifestaciones externas: Declaraciones en foros, redes sociales o actos públicos en los que se coreen consignas, se consolidan como pruebas de cargo contra la validez de las resoluciones.

3.   Nulidad en cascada: Siguiendo la doctrina del asunto C-225/22, un juez nacional debe declarar nula una actuación si el tribunal superior que la ordenó no cumplía con estos requisitos de independencia.

En el contexto de los líderes independentistas, la anulación de las decisiones del Parlamento Europeo por vicio de imparcialidad del ponente demuestra que el TJUE considera las afinidades políticas y las manifestaciones externas como elementos de prueba suficientes para invalidar actos jurídicos. Esto abre la vía para que las defensas en España aleguen la nulidad de actuaciones judiciales basadas en la misma falta de "imparcialidad objetiva" de magistrados que hayan participado en actos de corte político o realizado manifestaciones públicas similares.

La sentencia C-572/23 P redefine la seguridad jurídica en España. El TJUE ha dejado claro que la justicia no solo debe hacerse, sino que debe parecer que se hace. Para el poder judicial español, el tiempo de las manifestaciones políticas desde el estrado o fuera de él ha terminado. La imparcialidad ya no es una cualidad interna del alma del juez, sino una condición objetiva y verificable cuya ausencia conduce inevitablemente a la nulidad. Y esa obligación se amplía a la labor policial.

 

05/02/2026 - SALAZAR ABRE TERTULIAS, EL ALCALDE MÓSTOLES NO: ¿INTERÉS PARTIDISTA EN EL ACOSO SEXUAL SEGÚN EL COLOR POLÍTICO DE LOS DENUNCIADOS?

Comentario: Muy breve, está claro que para la caverna mediática lo que hagan los acosadores del PP son chilindrinas. Gracias a algunos periódicos digitales (caso de Diario Sabemos) nos enteramos de sus andanzas no sólo en España, sino en esas islas paradisiacas. Pues, ¿qué me dicen del Sr. Aznar, conocido por “el muñeco Luciano”, con los papeles de Epstein?


SALAZAR ABRE TERTULIAS, EL ALCALDE DE MÓSTOLES NO: ¿INTERÉS PARTIDISTA EN EL ACOSO SEXUAL SEGÚN EL COLOR POLÍTICO DE LOS DENUNCIADOS?

El PP de Díaz Ayuso mantiene los mismos patrones de actuación del caso Nevenka un cuarto de siglo después mientras su Comité de Garantías oculta el caso en vez de investigarlo

Natalio Blanco 05/02/2026

El presunto acoso sexual del alcalde de Móstoles, Manuel Bautista, del Partido Popular, denunciado por una concejala del partido acabó guardado en un cajón del Comité Nacional de Derechos y Garantías después de varios intentos de Ana Millán, vicesecretaria de Organización del PP madrileño y vicepresidenta de la Asamblea de Madrid, y de Alfonso Serrano, número dos del PP de la Comunidad de Madrid, de convencer a la denunciante para que renunciara a cualquier intento de reparación y optara por la resignación. La víctima acabó abandonando el partido tras intentar en al menos seis ocasiones que el PP le diera amparo institucional a su denuncia. Asombrosamente, este caso repite paso por paso los mismos patrones machistas, de ocultación y de negacionismo institucional que el sufrido hace ya 26 años por Nevenka Fernández en el Ayuntamiento de Ponferrada (León) por parte del que fuera su alcalde, Ismael Álvarez, también del PP. Poco o nada ha cambiado la situación desde entonces a tenor de la denuncia de la edil del consistorio de Móstoles.

Sorprendentemente, tampoco ha cambiado prácticamente nada el tratamiento informativo tras conocerse la denuncia de esta concejala popular en el municipio madrileño, que abandonó sus responsabilidades municipales en el Ayuntamiento de Móstoles en 2024 cansada de buscar el amparo de la cúpula de su partido después de que sus propios dirigentes en la Comunidad de Madrid le aconsejaran que renunciara a cualquier intento de denuncia contra el regidor municipal.

El silencio mediático sorprende cuando el color político del denunciado es del Partido Popular mientras se detallan al milímetro los casos Salazar y Errejón

Este jueves, un día después de adelantarse el caso de acoso en El País, los programas informativos de televisión han remoloneado en general a la hora de poner el foco prioritario en este tema, a diferencia de lo ocurrido cuando se conoció el caso similar del ex dirigente socialista Francisco Salazar, que acaparó con prontitud el centro de tertulias informativas, telediarios y portadas de la inmensa mayoría de los medios de comunicación. Algo similar sucedió cuando estalló la denuncia por agresión sexual contra el ex dirigente de Sumar Íñigo Errejón.

Esta evidencia mediática plantea una pregunta recurrente: ¿realmente interesan las mujeres y los casos de abusos que sufren en política por sus propios compañeros o sólo según el color político de las víctimas y los denunciados? Este mismo jueves por la mañana, un rápido zapeo por las principales cadenas de televisión aclaran la respuesta: Cuatro se afana en desentrañar los entresijos de la renuncia de la actriz y presentadora Elisa Mouliaá a mantener la denuncia contra Errejón, Telecinco, en El Programa de Ana Rosa, hace directamente el vacío al caso del regidor de Móstoles que apunta directamente a la gestión interna de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en una grave denuncia por acoso sexual contra un dirigente de su partido.

El caso del alcalde de Móstoles y la reacción de la cúpula del PP al respecto evidencia que la violencia machista y el acoso sexual en política interesan mucho más cuando le sucede al vecino de enfrente que cuando llama a las puertas de la propia casa. La reacción de la dirección del PP madrileño relatada por la víctima retrotrae directamente al patrón de conducta que el mismo partido puso en práctica allá por el año 2001, después de que la entonces concejal popular, Nevenka Fernández, causara baja en el PP tras el ninguneo al que la sometieron tanto sus compañeros de filas en Ponferrada como la dirección del partido en general. Finalmente, logró que la justicia condenara al alcalde de la localidad leonesa a nueve meses de prisión, multa de 6.480 euros y una indemnización de 12.000 euros a la víctima por acoso sexual. Ismael Álvarez sólo dimitió como alcalde el mismo día que se hizo pública la sentencia.

Ana Botella, la esposa del que entonces en 2002 era presidente del Gobierno de España, José María Aznar, aseguró que “hay que tener un respeto total por el alcalde de Ponferrada, que ha tenido una postura impecable de dimitir antes de que haya una sentencia firme”. También el entonces presidente del Senado y del PP en la Comunidad de Madrid, Pío García-Escudero, se pronunció en los mismos términos. Tras conocerse la sentencia condenatoria, el 31 de mayo de 2002 el dirigente popular destacó “el valor político” de Ismael Alvarez por dimitir de todos sus cargos públicos tras ser condenado por acoso sexual.

Las primeras reacciones del PP madrileño a las pocas horas de conocerse la denuncia de la edil de Móstoles dejan claro que prácticamente nada ha cambiado en el partido más de un cuarto de siglo después. Negacionismo, ocultación, presunción de inocencia del denunciado y vacío absoluto al testimonio de la denunciante.

 

05/02/2026 - NECROFILIA POPULAR, IRRELEVANCIA DE LOS MUERTOS (II)

Voy a comenzar esta segunda y penúltima parte con una frase famosa sobre la irrelevancia de los muertos: “Los muertos no pueden clamar por la justicia. Es deber de los vivos hacerlo por ellos”. De Lois Macmaster Bujold. ¿Clama Madrid? Está claro que sí.

Los ancianos de Madrid. Los 7.291 fallecidos en las residencias de Madrid durante la pandemia.

Los protocolos de la vergüenza, que están siendo investigados, suponen una de las decisiones políticas más graves de nuestra democracia.

Lo ocurrido en las residencias madrileñas durante la pandemia fue fruto de una de las decisiones más graves que haya tomado jamás un político español en democracia. El Gobierno de Isabel Díaz Ayuso fue el responsable último de unos protocolos que la Justicia investiga ahora por suponer una posible discriminación que provocó la muerte de 7291 personas de una manera inhumana. Actuar como si no hubiera ocurrido nada, tal y como hace la presidenta madrileña, es síntoma de una indignidad peligrosa para la calidad democrática.

Aquellas indicaciones que salieron de la Puerta del Sol impidieron el acceso al hospital a un grupo de personas que cumplían unas características muy concretas: tener una edad avanzada, vivir en una residencia de ancianos y no disponer de un seguro médico privado.

Es decir, desde un despacho político se habría decidido a quién se le daba la oportunidad de salvar su vida obviando criterios profesionales o sanitarios. Los conocidos como protocolos de la vergüenza se centraban en cuestiones como la edad del paciente o su bolsillo. Los ancianos en residencias no fueron derivados a hospitales porque se iban a medicalizar los centros en los que vivían, algo que nunca ocurrió. Sin embargo, aquellos que podían costearse un seguro privado sí fueron trasladados a sus hospitales privados. A los que solo tenían la sanidad pública, tal y como ha confirmado en su declaración el director de los centros HM Hospitales, Juan Abarca, se les impidió el acceso a aquellos hospitales que llevaban pagando toda su vida con sus impuestos, en el momento en que más lo necesitaban.

Dos altos cargos del Gobierno de Ayuso, Carlos Mur y Francisco Javier Martínez, han sido imputados como responsables de estos protocolos. Por otro lado, Antonio Burgueño, asesor sanitario de la Comunidad de Madrid, ha declarado ante la jueza de Leganés que investiga los protocolos que mantuvo una reunión con la propia presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, su jefe de gabinete, Miguel Ángel Rodríguez, y los consejeros de Sanidad y Hacienda, Enrique Ruiz Escudero y Javier Lasquetty. También ha declarado que asumió el mando único de la sanidad madrileña. En esa reunión, Burgueño había presentado un plan para que los ancianos residentes fueran atendidos en sus residencias, algo que el Gobierno madrileño anunció poco después.

La discriminación por razón de edad y, posiblemente por criterios socioeconómicos, que llevó a cabo el Gobierno de Ayuso durante la pandemia, no puede no tener responsabilidades políticas. Es una gestión catastrófica que va a perseguir a Isabel Díaz Ayuso durante el tiempo que le quede de mandato.

En los momentos clave o los más delicados, el PP nunca está a la altura. En los momentos en que la situación exige elevar la moral o la integridad, los populares nunca consiguen estar a la altura. No lo estuvieron en los atentados del 11M, en el accidente del Yak-42 o en la DANA de Valencia. En Génova 13, tampoco están a la altura en los momentos posteriores y en el acompañamiento a las víctimas.

Ha sido lamentable ver cómo dirigentes autonómicos del PP de Madrid banalizan a los familiares de las 7291 víctimas, se ríen de ellas o incluso dudan si realmente eran familiares de los fallecidos cuando aparecían en los medios. Se mire por donde se mire, lo ocurrido en Madrid durante la pandemia, es de una gravedad inasumible en democracia. Los familiares de las víctimas merecen justicia y un gobierno que les pida perdón en lugar de burlarse de ellos.

Antes de seguir y adentrarme en la guerra de Irak, quiero recordarles que también estuvimos presentes en Afganistán con gobierno del Sr. Aznar del PP, para ayudar, se supone, a eliminar a los talibanes. Esa contribución, con 27.100 militares -que no sirvió de nada, al final los talibanes volvieron al poder- nos costó la friolera de 4.000 millones de euros y 102 muertos más dos intérpretes también muertos. Así que la suma es ya, incluidos los del Yak-42, de 298+7.291+104=7.693. Irrelevante.

La guerra de Irak.

Durante el inicio de la guerra de Irak en 2003, el presidente del Gobierno de España era José María Aznar, líder del Partido Popular. Su gobierno apoyó activamente la invasión liderada por Estados Unidos, enviando tropas (1.300 militares) a la zona, a pesar de la amplia oposición social en España. Su egocentrismo desmesurado por figurar en una foto con los presidentes del Reino Unido y de EEUU, mostrándoles toda la pleitesía propia de una persona de poco abolengo, nos costó otros 11 muertos y 18 heridos. Además, 7 agentes del CNI murieron en una emboscada en noviembre de 2003. Y gracias que el presidente que lo sustituyó en marzo del 2004, José Luis Rodríguez Zapatero, ordenó la retirada de las tropas, pues de haber seguido allí, está claro que el número de muertos habría aumentado considerablemente. Señalar que los americanos tuvieron casi 4.500 muertos y más de 32.000 heridos, y los ingleses 179 muertos y 315 heridos, además de los 130 muertos de otros países de la coalición, pero, eso sí, los yanquis se hicieron cargo del petróleo iraquí y desde entonces el país está sumido en algo así como una guerra civil con cerca de 2 millones de muertos que no ha podido evitarlos una segunda intromisión yanqui. Seguimos sumando y tenemos ya 7.693+18= 7.711. Irrelevante.    

La Dana de Valencia.

De la Dana de valencia se ha gastado ya demasiada tinta, y todo el mundo está suficientemente informado de lo que ocurrió, pero, si algo más se quiere saber, les recomiendo que se dirijan a la Wikipedia donde todo está reflejado punto por punto. Mi misión en este escrito es señalar el número de fallecidos y sus responsables políticos. De quiénes gobernaban la Comunidad Valenciana no hay la menor duda, eran los políticos del Partido Popular y, obviamente, los máximos responsables de las irregularidades que dieron lugar a la catástrofe: 238 muertos y ningún desaparecido a fecha de 3 de diciembre de 2025. Parece ser que fue por negligencia Popular que ocurriera lo que ocurrió una vez más, con lo que las cifras sumadas estas víctimas son ya: 7.711+238= 7.949. Irrelevante.

El tren de Galicia. Accidente de Angrois.

Cuando ocurrió lo del accidente ferroviario de Santiago de Compostela o accidente de Angrois (año 2013), gobernaba en España Mariano Rajoy Brey del Partido Popular. El accidente se produjo el 24 de julio de 2013 cuando un tren Alvia que viajaba de Madrid a Ferrol descarriló en la curva A Grandeira de Angrois a unos tres kilómetros de Santiago de Compostela. De las 224 personas que viajaban a bordo (218 pasajeros y 6 tripulantes) 144 resultaron heridas y 80 fallecieron. El tren viajaba a 191 km/h cuando entró en la curva del accidente, duplicando la velocidad máxima de 81 km/h. La ministra de Fomento (actual Ministerio de Transporte) era Ana Pastor Julián del Partido Popular y en la Comunidad de Galicia gobernaba el actual líder del PP Alberto Núñez Feijóo. Aunque la causa de este accidente aún no está cerrada por la justicia (las víctimas hacen responsables a Ana Pastor del PP y José Blanco del PSOE), los muertos están ahí y hay que sumarlos puesto que ocurrió con gobierno del PP y este Partido, como siempre, se inhibe de lo ocurrido. Sigue la suma y tenemos ya 7949+80= 8.029. Irrelevante.

 

Fdo.: Ángel Morillo Triviño -04/02/2026