ÁNGEL MORILLO TRIVIÑO
Por diversos motivos, he asistido a unos cuantos
juicios. Recuerdo uno en el que fui denunciado por decir públicamente que el
Alcalde había ordenado en un erial el trazado de un carril bici que además de
estar cuesta arriba y cuesta abajo (sólo apto para ciclistas como Bahamontes y
un cuñado mío que en su juventud fue un ciclista aficionado muy bueno) pasaba
por la puerta de un taller mecánico, con la consiguiente peligrosidad para los
“atrevidos” que fueran capaces de usarlo. Me costó decirlo 800 € por injurias.
Pero el carril sigue ahí, y, como no podía ser de otra forma, no lo utiliza
ningún ciclista y sí algunas señoras para intentar adelgazar o rebajar el
colesterol. Es decir, la justicia estuvo más que acertada, ¿cómo se iba a
condenar a todo un Sr. Alcalde porque alguien dejara entrever que,
previsiblemente, con la obra pudiera haberse dado el caso de una mordida como
dicen en Cataluña del “tres por cent”?
En otra ocasión -si ánimo de aburrirles con mis
asuntos- presencié un juicio en el que el denunciante fue vilmente tratado por
una fiscala (presuntamente, “fiscalilla”) y por una jueza (incluso ignorando
que había un testigo) para absolver a dos policías municipales sicarios del
Alcalde que habían entrado en el domicilio del denunciante y lo habían amenazado,
al parecer, con frases como “te vamos a coger mientras estas por el campo y te
vamos a dar un paseo” para que recibiera una documentación que no era para él y
prescribía ese día. Al denunciante se le negó la palabra y sólo fue autorizado
a contestar las preguntas de jueza y fiscala y del abogado de los acusados, en
un flagrante desprecio de la ley, ya que todo el mundo sabe que la última
palabra en un juicio la tiene el denunciante o su abogado si está asistido, que
no era el caso puesto que estaba solo dado lo claro que estaba el caso. Lástima
que el padre del denunciante se encontraba en un hospital acompañando a su
esposa recién intervenida de una operación quirúrgica importante, pues de haber
estado en casa, esos policías municipales saben cómo habrían salido de la
vivienda y hubieran sido ellos lo que habrían tenido que poner la denuncia. En
fin… sólo quiero decir con esta introducción que hay juicios que dejan bastante
que desear, aunque no se puede afirmar que sean todos, pues hay jueces que sí
respetan la ley con todas sus consecuencias, ciertamente, como se está viendo a
diario, los menos.
En estos días estamos siendo informados del juicio
de la Kitchen (lo de la policía patriótica y lo de Sherlock Holmes y su querido
Watson del Ministerio del Interior) y de lo que van contando los imputados y
los testigos en la Audiencia Nacional. Pero, ese juicio, lo diga quien lo diga
y diga la justicia lo que diga, se ha iniciado “cojo”. Tres personas deberían
estar entre los imputados (o como se dice ahora, investigados), la Sra. Soraya Sáenz
de Santamaría, la Sra. María dolores Cospedal, y Don Mariano Rajoy Brey, el
ultra-famoso M. Rajoy de los papeles de Bárcenas (un desconocido para los más
afamados cerebros de la investigación), y quién sabe si algunas personas más.
Hay quienes -para quitar hierro al asunto- después de la comparecencia de D.
Mariano Rajoy y Dña. María Dolores de Cospedal dicen que se puede abrir otra
pieza, lo cual, después de ver el tiempo que ha pasado para iniciar ésta (¡13
años!), nos lleva a pensar que se puede hacer eterno el caso, que para cuando
pueda haber un veredicto hayan fallecido la mayoría de los que pudieran ser
condenados.
A un servidor, por supuesto, con todos los respetos,
lo que está ocurriendo en la Audiencia Nacional le recuerda esa canción que
cantaban en los años 70 Carlos Mejía Godoy y su grupo “son tus pérjumenes
-perfumes- mujer”, de ahí el título de este escrito. Pues pienso -siempre con
el correspondiente presuntamente- que tanto al Sr. Rajoy como a la Sra.
Cospedal sólo les ha faltado durante su comparecencia cantarle a la Sra. jueza
o Sra. magistrada la canción y muy entonadamente el estribillo “los que me
sulibellan”. Ya que, el vocablo “sulibellan”, aparte de significar
“levantarse”, “emerger” o “salir a flote”, también significa “fascinar”,
“encantar” “soliviar”, “sentir goce y placer” … en fin, que con música el juicio estaría
siendo, con perdón si es necesario, más ameno.
Por favor, que nos pongan la balanza, sólo para que
los españoles sepamos cuánto más pesa la corrupción que la dignidad.
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