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viernes, 22 de mayo de 2026

22/05/20226 - ESOS PERIODISTAS QUE IBAN DE ROJOS

Los medios en general, salvo honrosas excepciones, han comprado el auto del juez Calama contra Zapatero sin pararse a analizar los datos

José Antequera

Resulta asombroso ver cómo periodistas y medios de comunicación supuestamente de izquierdas se van bajando del barco tras la imputación de Zapatero. Unos creen que el auto del juez Calama no encaja en el patrón del lawfare; el grupo Prisa, con El País a la cabeza, arremete contra Moncloa; y no pocos tertulianos supuestamente progres y habituales de los platós de televisión difunden el mantra de que este magistrado de la Audiencia Nacional no es el juez Peinado. Hasta el religiosamente izquierdista y siempre firme Antonio Maestre (colaborador de Ferreras en La Sexta) se ha indignado mucho porque sea “tan fácil ganar dinero simplemente” por ser hija del expresidente del Gobierno. ¿Tú también, Antonio, tú también? Desolador.

Se está produciendo un extraño fenómeno de conversión en el periodismo español. Y conversión no solo porque se cambie de opinión de la noche a la mañana, sino conversión de converso, entendido como persona que cambia a una religión distinta de la que profesaba (en este caso de posición política). El fenómeno del periodista converso se expande por el país con más rapidez que la peste. Todos quieren estar bien situados, amparados, espaldas cubiertas para el caso de que el PNV se raje, trague con la moción de censura de Feijóo y Abascal y la historia de España se precipite.

Se ha abierto la veda contra el tótem socialista de la ceja y los mismos que antes lo idolatraban hoy lo vilipendian sin darle el derecho a defenderse. Quienes hasta hace poco escribían y hablaban de la guerra sucia judicial por cazas de brujas como la que ha perseguido al fiscal general del Estado, ahora lo tienen muy claro y se echan las manos a la cabeza por los negocios del exlíder socialista caído en desgracia, que eran conocidos y tolerados por todos. Los que hasta hace cuatro días fiscalizaban cada papel del juez Peinado en el caso Begoña Gómez, esposa de Pedro Sánchez, hoy son laxos y comprensivos con el auto de Calama, que ha sido calificado de “malísimo” por el catedrático de Constitucional Pérez Royo. Y los mismos que tenían muy claro que Rajoy, Cospedal, el novio de Ayuso y el ministro Montoro se van a ir de rositas de investigaciones judiciales que se ralentizan, se dilatan, se dejan caducar, se maduran para que prescriban y se condenan al cajón del olvido, ahora ven en el proceso a ZP una Justicia impecable, impoluta, intachable.

A muchos periodistas de este país que antes iban de aguerridos y heroicos profesionales sin pelos en la lengua les flaquean las piernas y la fe izquierdista, que por lo visto era más frágil de lo esperado. Poco les ha durado el espíritu indómito contra el poder corrupto de la derecha de este país, poco ha tardado en diluirse el compromiso para llegar al fondo de la verdad, que exige dejar de ser meros amanuenses, pregoneros o notarios del juez de turno y leer entre líneas, contextualizar, analizar, atar cabos y separar el polvo de la paja, es decir, distinguir entre lo que es Derecho penal y lo que es material para un titular sensacionalista de la caverna mediática. En cuanto el viento se ha puesto de cara, en cuanto las cosas se han torcido un tanto, nos hemos quedado sin periodistas críticos. Ya todos han entrado en el carril de la Audiencia Nacional y de la UDEF, ya todos se han puesto la venda en los ojos, como la diosa Justicia, y escriben lo que les dictan desde los tribunales. Hay que comer a final de mes. Hay muchas subvenciones que cobrar, mucha publicidad institucional que cifrar, mucho negocio con constructoras que cerrar.

La prensa se derechiza, quizá porque vienen malos tiempos para la lírica y Vox va a entrar con lanzallamas en las rotativas socialcomunistas (mayormente en Telepedro). En los últimos días me han llegado noticias inquietantes sobre compañeros preocupados por su futuro laboral si siguen hablando de lawfare o guerra sucia judicial. Hay miedo en las redacciones, consignas, sugerencias. Líneas editoriales para que sean buenos chicos, para que no saquen los pies del tiesto y rompan ya con Sánchez, que es un cadáver perfumado por una rosa marchita. Queda un puñado de valientes de verdad, eso sí, como el veterano Ernesto Ekaizer, que firma un artículo tan explosivo como necesario donde habla de “voluntarismo golpista” y alerta de lo que se nos viene encima con esta insoportable judicialización de la política practicada por la Brunete conservadora de las togas y sus comandos externos, véase Vox, Manos Limpias, Hazte Oír y otros pseudodespachos de la Friquilandia fascista judicial. Ekaizer lamenta que el juez Calama se haya basado en el “dicen que dicen dicen”, sin aportar una sola prueba de tráfico de influencias contra Zapatero. Y es cierto. El auto, que la prensa traidora de izquierdas califica de “sólido”, cuenta la historia de Julito Martínez, el amigo del expresidente que ha salido rana después de tantas mañanas de running, pero poco tiene que ver con el propio ZP. Por esa misma regla de tres de las amistades peligrosas poco recomendables habría que imputarle a Feijóo los pleitos del narco Dorado y no vamos a ser nosotros aquí los que abramos ese melón. Nadie es responsable de las golferías de un amigo.

Tenemos una prensa quebradiza y timorata que se disuelve como un azucarillo a la primera novela negra contada por la imaginativa Ediciones Audiencia Nacional. Los periodistas abandonan el barco sanchista con la agilidad de esas ratas nadadoras de las que hace solo unos días hablaba Clavijo, el presidente canario que propaló teorías conspiranoicas sobre el crucero contaminado por hantavirus. En ese aspecto, reconforta seguir escuchando las verdades del barquero de resistentes como Javier Aroca, Luis Arroyo o Pablo Iglesias. “Existe el lawfare en este país. ¿Cómo es posible que a Juan Carlos IFelipeAznar Mariano Rajoy no se les haya investigado por nada y sí a Zapatero? Todo esto es rarísimo”, asegura el fundador de Podemos. De raro nada, camarada Pablo. Está todo meridianamente claro. Solo que hay que tener el valor para percibir la verdad en toda su dimensión y crudeza y no ponerse las manos en los ojos esperando que pase la distópica pesadilla ultra.

 

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