Camaradas, cada vez que Javier Milei abre la boca en Buenos Aires, en
Madrid alguien toma nota. Milei no es una anomalía sudamericana, es el
laboratorio. Es el espejo donde el PP, VOX, Santiago Abascal, Isabel Díaz Ayuso
y Alberto Núñez Feijóo se miran para saber hasta dónde pueden llegar cuando el
pueblo baja la guardia.
Argentina toca fondo una y otra vez, y cada vez cae más bajo. No podía ser
de otra manera con un vendepatrias en el Gobierno, un lacayo que alinea la
política exterior y económica de su país a los intereses de Washington antes que
a los de su propio pueblo. Milei y sus Libertos son el hazmerreír del mundo,
sí, pero también son una amenaza muy seria para la clase trabajadora argentina,
que es quien paga la broma.
La gran estafa de la "libertad"
A Milei le encanta presentarse como un adalid de la libertad, un
"anarcocapitalista" que venía a demoler los privilegios de la casta.
Esa fue, desde el minuto uno, la gran estafa. Quienes defendemos los derechos
de los de abajo sabemos que para el neoliberalismo más extremo la palabra
"libertad" significa una sola cosa: libertad de los poderosos para
explotar sin límites, y sálvese quien pueda para el resto.
La supuesta "casta" contra la que Milei prometía luchar nunca
fueron los grandes empresarios ni los fondos buitre. La verdadera casta que su
gobierno decidió aplastar es la clase trabajadora con derechos: obreros que
pierden su empleo, pensionistas desamparados, familias que ya no pueden
alimentar a sus hijos mientras desmantelan la sanidad y la educación públicas.
Milei solo le gusta a quien tiene la barriga llena.
El fracaso que abre la puerta
El verdadero peligro de personajes mesiánicos como Milei es que no surgen
de la nada. Son el resultado monstruoso del fracaso de una falsa izquierda
institucional que abandonó la calle, que se dedicó a la política de salón y que
le abrió las puertas de par en par a la extrema derecha. Cuando un pueblo se
siente desprotegido y carece de una vanguardia organizada, es fácil engañarlo
con discursos de odio y promesas vacías.
Argentina es hoy una lección dolorosa para toda la clase obrera mundial:
nos muestra lo que ocurre cuando un pueblo pierde la conciencia de clase. Sin
conciencia colectiva ni organización sindical, nos dominan fácilmente. La
dolarización, la privatización de todo lo público y el fin de las ayudas a los
más pobres no son "reformas", son una máquina de generar miseria que
arrastra al país hacia el abismo.
El "PPVOX" en España: el mismo
guion
Alberto Núñez Feijóo representa la continuidad del modelo privatizador que
ya ensayó en Galicia, camuflado bajo una falsa apariencia de moderación
gestora. Esa centralidad se desmorona en cuanto se analiza su dependencia total
de los sectores más duros de su partido y de la extrema derecha para sostener
gobiernos autonómicos y locales.
Isabel Díaz Ayuso es el ariete del neoliberalismo salvaje, el motor ideológico
del ala más desacomplejada de la derecha. Su gestión en Madrid es el ejemplo
vivo del populismo identitario como cortina de humo: mientras agita discursos
de confrontación permanente, ejecuta el deterioro sistemático de la sanidad, la
educación y los servicios sociales públicos, entregando los recursos comunes a
fondos buitre y grandes corporaciones.
Santiago Abascal y VOX operan como la punta de lanza de la reacción: su
función es radicalizar el debate público, normalizar el discurso de odio y
cuestionar los derechos de minorías y mujeres. Ese extremismo no es anecdótico,
sirve para desviar la atención de los problemas materiales de la gente y romper
la conciencia de clase mediante el chovinismo.
El "PPVOX" no es un eslogan, es una realidad material: regalos
fiscales a las rentas más altas, privatización encubierta de la sanidad y la
dependencia, y oposición frontal a cualquier avance en derechos laborales o
vivienda. Su objetivo no es gobernar para la ciudadanía, sino blindar los
privilegios de las élites financieras a costa de empobrecer a la mayoría
social.
Y Junts per Catalunya, que se presenta como oposición al centralismo
español, tendrá que explicar algún día cómo pretende sostener en el poder a los
mismos que aplicaron el artículo 155 y reprimieron el derecho de
autodeterminación en Catalunya. VOX y PP comparten con Junts las mismas
políticas económicas antiobreras; lo que los separa es el modelo de Estado, no
la defensa de la clase trabajadora, que en ninguno de los tres casos existe.
La respuesta es la organización
Como nos recordaba Bertolt Brecht, no hay que confiarse nunca de la derrota
de un fascismo concreto, porque el vientre que lo parió sigue fértil. El
capitalismo siempre recurre al fascismo como herramienta represora cuando el
conflicto social se acerca, y lo que más teme la oligarquía en tiempos de
crisis sistémica es una clase trabajadora consciente y organizada.
No existe gobierno capaz de resistir la paralización total de una nación.
Una huelga general, una huelga política consciente, cambia gobiernos y derrumba
sistemas. Por eso la oligarquía necesita traidores en nuestras filas, y por eso
la falsa izquierda socialdemócrata es tan útil para mantenernos confundidos.
Frente a Milei, frente al PPVOX, frente a Trump, Netanyahu, Meloni, Bukele:
la única alternativa real es la organización, la movilización y la batalla en
las calles para recuperar cada derecho que nos quieren arrebatar.
¡Até a vitoria sempre!
No hay comentarios:
Publicar un comentario