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jueves, 17 de septiembre de 2026

17/09/2026 - ¿CÓMO NO VAS A VOTAR A AYUSO

 

COMENTARIO: ESA AYUSO ES LA MAYOR ESCORIA DE LA DEMOCRACIA... Y MIRA QUE LAS HA HABIDO GORDAS.

ANA PARDO DE VERA

Madrid es una fiesta y la disfruta la región entera. Todos y todas tenemos en esta comunidad los mismos derechos, incluida la vivienda digna y, por supuesto, es ejemplar la gestión de los cuatro pilares del Estado del bienestar que dicen garantizar la Constitución y el Estado de Derecho en España, cuya bandera se expone orgullosa en tantos balcones felices, o así se entiende: educación, sanidad, pensiones (Seguridad Social) y atención a la dependencia, entre otros servicios sociales, todo cubierto con creces. Solo la inmensa bajeza de unos pocos -cada vez mayor, empezando por el Gobierno de Pedro Sánchez, que de tanta envidia, le come la caca, como decía uno de Lugo- puede criticar al Ejecutivo de Isabel Díaz Ayuso por su gestión en la Comunidad de Madrid. ¿Qué más queremos quienes aquí vivimos y que nunca agradecemos bastante?

Lo tenemos todoss los y las madrileñas, otra cosa es que podamos pagarlo, o directamente, no sepamos si podemos pagarlo o no porque es mejor que hagamos un ejercicio de fe en Ayuso, que bien lo merece. Una presidenta autonómica que compra con tu dinero un ático de más de 6 millones enfrente de la casa de mamá (que tampoco es de mamá, sino de Ayuso en nuda propiedad), en uno de los barrios nobles de la capital, con 200 metros de terraza y en un edificio señorial habitado por gente con la que a la presidenta de la Comunidad de Madrid le encanta codearse y babearse (pobre, si yo le contara... ) es una presidenta ejemplar. Porque te manda un mensaje nítido: quiere lo mismo para ti, madrileño entregado/a, y eso de que vivas en una habitación en Villaverde por 400 euros va a cambiar con Ayuso y lo sabes. La presidenta te ha mandado la señal definitiva de su entrega con el ático, cuando decidió venderlo para dar el dinero a los pueblos afectados por ese incendio terrible; generosidad nivel diosaY por eso te cubres feliz con la rojigualda por la noche, cuando no te da la mierda de sueldo que te paga ese crack de empresario sin piedad que tú quieres ser para poner una estufa (no hay calefacción en el edificio) o para comprarte un ventilador en verano. 

Y ahora te duele la tripa. Llevas tiempo con ese dolor y va empeorando, tanto te tortura que pensar en el aticazo que Ayuso también tiene preparado para ti ya no te alivia nada. Y tu jefe, ese crack de empresario sin piedad que patrocina "algo" de la Fórmula 1 en tu Madrid del alma y necesita que trabajes mucho para estar ahí ("¡Qué tío!"), o eso dice, no te va a dejar ir al médico ni desangrándote. Y hace bien, cuidado, todo el mundo se inventaría un dolor como el tuyo para escaquearse del trabajo si el fenómeno permitiera ausentarse del curro a sus empleados. Tendrás que escaparte en algún hueco, seguro que un compañero te cubre, para que te den un ibuprofeno y listo. 

El centro de atención primaria de tu barrio está desbordado, y además, te han dicho que no tiene médicos siquiera y tú quieres una solución rápida, así que te vas a las Urgencias del hospital más cercano, que ahí te dan la receta para lo tuyo en un minuto y te largas. No contabas con tanta gente y las horas y horas de espera; y tu compañero cubriéndote, pero claro, el jefe implacable que tú quieres ser se va a dar cuenta de que faltas porque le sobran los dedos de las manos para contaros a los que hacéis el trabajo de 30 personas. Y tu compañero te va a apoyar lo justo, porque él tiene dos niños pequeños y no se puede permitir perder el curro, que está sin papeles aunque era policía en El Salvador y lo tenían amenazado de muerte; por eso no le han hecho contrato, lógicamente. Y sigues esperando en Urgencias porque te duele mucho la tripa y ya te resignas a comerte una bronca (merecida, claro) o a perder el puesto.

Es tu turno, y sí, te dan ibuprofeno del fuerte, pero hay que hacerte pruebas, porque parece que pinta fea la cosa. Te dan cita para dentro de un mes con el médico internista... "¿Un mes con este dolor?", piensas aterrado. Por suerte, el Enantyum recetado (y los porros) te va aliviando ese dolor y ya casi te estás acostumbrado a él cuando pasa el mes y no te llaman, y dos meses, y hasta tres. "No será grave, entonces, pero es muy molesto", admites rezando por que te llamen de una p*** vez. Dicen que la sanidad pública española, sobre todo en el Madrid de Ayuso, es la mejor del mundo y que no te van a dejar caer. Y te llaman ("¿Ves?") a los cinco meses (150 días después), porque efectivamente, lo tuyo no era grave y los jefazos de ese hospital de prestigio -ese tipo de jefe que tú quieres ser- decidieron posponerlo para que a la presidenta de la Comunidad le cuadren los números en la gestión sanitaria y pueda seguir gobernando, faltaría más. La pena es que te dicen que te ha salido otra cosita en el intestino grueso mientras esperabas esos meses doloridos a que te hicieran las pruebas del estómago. "¡Qué mala suerte, joder!". Y ahora toca operar, maldita sea, aunque te dicen que eso sí que va rápido: en un mes o así, estarás en quirófano. Ya se encarga Ayuso de eso, ¿cómo no vas a votarla?

 

 

martes, 15 de septiembre de 2026

15/09/2026 - LOS PRESIDENTES DEL GOBIERNO Y EL LAWFARE (Y II)

 Antes de abordar el último y actual presidente hasta la fecha de la Democracia, Pedro Sánchez, y explicar ampliamente lo del término “lawfare” y sus consecuencias para la ciudadanía, quiero hacer un poquito de pedagogía sobre ese vocablo inglés para los que no saben muy bien su significado: “lawfare” viene de “IAW” (ley) y “WARFARE” (guerra), en español “guerra judicial”. Hoy en día describe la utilización abusiva o instrumentalización de la justicia (jueces, tribunales y procesos penales) para desacreditar, perseguir o inhabilitar a adversarios políticos. La RAE señala que, al ser un anglicismo, se recomienda usar en español expresiones equivalentes como “guerra jurídica”, “persecución judicial” o “judicialización de la política”.  

Pedro Sánchez Pérez-Castejón (2018 hasta la fecha, PSOE) es, obviamente, el actual presidente del Gobierno al que llegó mediante una moción de censura a su antecesor Mariano Rajoy Brey del Partido Popular y tras las elecciones generales del 2023 a base de fórmulas de coalición y acuerdos parlamentarios complejos.

Nació un 29 de febrero de 1972 (54 años) en Madrid y tiene dos hijas (Ainhoa y Carlota de 21 y 19 años) en común con su esposa Begoña Gómez. Es un economista presidente del Gobierno de España desde el 2 de junio de 2018 y reelegido dos veces, el 7 de enero de 2020 y nuevamente el 16 de noviembre de 2023. Es secretario general del PSOE desde 2017, cargo que ya había desempeñado entre 2014 y 2016. Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por el Real Centro Universitario María Cristina de El Escorial y doctor en Economía y Empresa por la Universidad Camilo José Cela, su carrera política la comenzó como concejal en el Ayuntamiento de Madrid, entre 2004 y 2009. Luego fue diputado en el Congreso en la ix y x legislaturas. En 2014 sucedió a Alfredo Pérez Rubalcaba al frente de la secretaría general del PSOE, y en 2015 y 2016 fue el candidato propuesto por su partido a la presidencia del Gobierno. Su segundo mandato estuvo marcado por el confinamiento y la gestión de la pandemia de COVID-19, el incidente fronterizo entre España y Marruecos de 2021, la erupción volcánica de La Palma, el cambio histórico de la posición de España ante el conflicto del Sáhara Occidental, el apoyo militar a Ucrania tras la invasión rusa, la aprobación de la Ley Orgánica de Regulación de la Eutanasia, la ley trans, la reforma laboral, la Ley de Memoria Democrática, y la ley sobre Libertad Sexual. El 25 de noviembre de 2022 fue elegido presidente de la Internacional Socialista, sucediendo al griego Giórgos Papandréou.

Tras las elecciones generales de julio de 2023 y la posterior investidura fallida de Alberto Núñez Feijóo, el monarca encargó a Sánchez la conformación de un Gobierno. Fue reelegido presidente el 16 de noviembre de 2023 con 179 votos a favor, 12 más que en 2020, tras cerrar acuerdos de investidura con SumarERCJuntsEH  BilduPNVBNG y Coalición Canaria. Su tercer gobierno se caracterizó por el crecimiento macroeconómico, la Ley de Amnistía, la inestabilidad parlamentaria y un aumento de la visibilidad diplomática internacional a raíz de su apoyo al Estado palestino y choques con el Gobierno de Donald Trump, así como el estallido de una serie de casos de corrupción. Además de español, Sánchez habla francés e inglés.

Ni que decir tiene, que Pedro Sánchez es el presidente del gobierno de España más “perseguido judicialmente”, el que está sufriendo más eso del “lawfare”, hasta el punto de haber imputado a su esposa y a su hermano, presumiblemente, sin ningún motivo ni razón que se sostenga, sobre todo la de su esposa por un juez que tiene, al parecer, a su señora trabajando para el PP y a una hija como concejala del mismo partido con sueldos que superan los 50.000 € anuales. Un tal Peinado (un “trefe” cualquiera) que hace justicia sin el más mínimo decoro y, evidentemente, sin despeinarse, un auténtico “carcamal” de la judicatura, que como la mayoría de ésta trata de que Pedro Sánchez se vaya antes de que se convoquen las próximas elecciones del 2027 a base de elucubraciones. A ningún presiente anterior se había acosado judicialmente al modo de traílla. Posiblemente, porque es el mejor que hemos tenido y el que más ha luchado por una España más progresista y menos “bandolera”, con una justicia, solamente, un poquito más justa y más acorde con los tiempos que corren. Lástima que esté “contradiciendo” a Antonio Machado cuando dijo eso de: “En política solo triunfa quien pone la vela donde sopla el aire; jamás quien pretende que sople el aire donde pone la vela”.

Bien. Vamos ya con el artículo de Jordi Nieva Fenoll, un destacado jurista y catedrático de Derecho Procesal en la Universidad de Barcelona y miembro de prestigiosas asociaciones científicas internacionales como la International Association of Procedural Law y el Instituto Iberoamericano de Derecho Procesal, que tiene por título [“Lawfare”: así se hunden los sistemas políticos”].

La instrumentalización de la justicia anuncia cambios sociales relevantes porque pone en evidencia la existencia de un poder acorralado.

Hay una constante histórica de la que nadie parece ser demasiado consciente. Cuando en un Estado algunos de sus jueces se han dedicado a hacer lawfare, es decir, a prevaricar para defender una opción política, y lo practican con inusitada frecuencia o al menos en casos relevantes, se ha producido, tarde o temprano, una reacción popular que, de un modo u otro y con más o menos sinsabores, ha provocado un cambio de régimen, e incluso a veces un cambio de época. La degradación de la confianza ciudadana en una Justicia que, incluso, se había llegado a admirar, no parece ser irrelevante para el devenir histórico.

Ha ocurrido demasiadas veces como para no prestarle atención al fenómeno. Dejando al margen la represión judicial propia de las dictaduras, en las que el juez sólo es una pieza sumisa del sistema autoritario, tal vez el ejemplo científicamente más evidente es el acaecido en el siglo XVII en Inglaterra.

Muy resumido, dice así: La persecución judicial ejercida por monarcas como Carlos I derivó en su decapitación, el periodo republicano y, posteriormente, la Revolución Gloriosa de 1688. Esto culminó en la creación del Bill of Rights y el nacimiento de la monarquía parlamentaria.

Lo mismo sucedió con otro asunto algo más conocido: el caso Dreyfus en la Francia del siglo XIX. Resumido, dice lo siguiente: La condena injusta del militar judío y la persecución a sus defensores (como Émile Zola) por parte de sectores militares monárquicos terminaron consolidando los valores democráticos de la Tercera República.

Se podrían poner ejemplos todavía más conocidos, como el proceso a Jesús, que también fue puro lawfare y que propició el nacimiento de una religión masiva que persiste dos mil años después. O la condena a un Fidel Castro, entonces libertario, que afirmó al final de su proceso que la historia le absolvería, lo que no ha sido cierto, pero sí que se produjo un innegable cambio de época en Cuba cuyas repercusiones han llegado hasta nuestros días.

La clave que explica por qué el lawfare acaba –casi– siempre mal para sus promotores es relativamente sencilla, y quizás nada la ilustre mejor que aquel Gadafi acorralado que, poco antes de su linchamiento, pronunció un discurso televisado blandiendo ridículamente el código penal en una mano, amenazando con la persecución judicial a los que se rebelaran a su criminal autoridad. El lawfare es aquello a lo que los poderosos recurren prioritariamente cuando se sienten amenazados. Y acaba mal porque aquellos que utilizan la represión para mantener su poder, se han alejado tanto de la noción de justicia percibida mayoritariamente, de un modo u otro, por el pueblo, que acaban siendo engullidos por él, en las urnas o en revoluciones. Si esos farsantes no consiguen legitimar propagandísticamente su poder, el lawfare fracasa. La sociedad, ese conjunto de seres humanos, necesita confiar en la justicia para aceptar que otro ser humano, el juez, pueda tener la última palabra en un conflicto. Si esa confianza se rompe, cae el poder ilegítimo que trató de defenderse desesperadamente a través del lawfare. Y no es fácil que los jueces ganen una batalla propagandística. A diferencia de otros resortes de poder, están obligados a motivar detalladamente sus resoluciones, lo que les pone en evidencia cuando se descubre la pobreza de los argumentos que siempre adorna cualquier sentencia injusta, por muchos esfuerzos retóricos que haga su lamentable redactor.

En todo caso, no es conveniente hacer de profetas. El lawfare anuncia cambios sociales relevantes porque hace evidente la existencia de un poder acorralado. Pero esos cambios suelen demorarse en el tiempo. El proceso a Jesús no acabó, ciertamente, con las jerarquías judías en Israel, sino en Roma unos cuarenta años después. Pero la desproporcionada forma de reaccionar de aquellas jerarquías frente a alguien cuya única arma era la palabra, sí que anunció la crisis de su poder, que se extinguió décadas después. Sería positivo tenerlo en cuenta, sobre todo cuando se utiliza políticamente el tremendo poder de los jueces e incluso se banalizan algunas de sus condenas injustas.

Voy a cerrar este escrito con una frase de Hanna Arendt: “Las mentiras resultan a menudo mucho más verosímiles que la realidad, porque quien miente tiene la gran ventaja de conocer de antemano lo que su audiencia espera oír”.

No dejen de consultar mi blog “La Demagogia del Alacrán” (angelmorblogspot.blogspot.com) que tiene un sinfín de artículos, aparte de los míos, de grandes articulistas que no se muerden la lengua.

15/09/2026 - ENCERRAR A UN PRESIDENTE

Las personitas de bien quieren ver a Sánchez en prisión. Es una decisión ya tomada, pero falta encontrarle el delito

GERARDO TECÉ 

Si saliésemos a la calle micrófono en mano a preguntarle a los votantes de derechas por Begoña Gómez, el 99% –siempre hay algún despistado– coincidirá en que la señora es una corrupta de mucho cuidado. A la siguiente cuestión, ¿y qué ha hecho exactamente?, la mayoría respondería que es una corrupta que tiene que ir a la cárcel y punto. Y que viva Ayuso, joder. Los votantes de derechas –personitas de bien los llamaremos de ahora en adelante– no sólo andan últimamente preocupados por la corrupción. También lo están, y mucho, por la democracia española. Así, en general. Ética en el desempeño de lo público y valores democráticos son, como ya sabemos, los pilares fundamentales sobre los que se cimenta la derecha en este país. Y que viva Franco, coño.

Que la democracia está en riesgo por culpa de Pedro Sánchez es una opinión tan extendida entre las personitas de bien como que la F1 madrileña ha sido un éxito rotonda. Rotundo, perdón. La mayoría coincide también en la solución: para salvar la democracia hay que meter entre rejas a Sánchez. Una idea, la de encarcelar al presidente democráticamente elegido, que nos repiten un día sí y al otro también Feijóo y Abascal en el Congreso o los mejores tertulianos de Ana Rosa, Pablo Motos, Nacho Abad o Iker Jiménez en las teles más independientes, que son las que ven las personitas de bien.

Aceptada ya por repetición la posibilidad como real, solo queda que nos expliquen con un poco más de detalle en qué consistiría el ambicioso proyecto. La envergadura de la empresa lo merece. Para empezar, necesitaríamos que las personitas de bien digan qué delito se ha cometido desde la Presidencia del Gobierno que justifique encarcelar al presidente. Primero delito, después cárcel, ese sería el orden correcto. De lo contrario, parecería que quieres vengarte de Sánchez de la mano de tus amigos jueces porque no habéis conseguido derrotarlo en las urnas. Eso sería poco democrático. Nanai democratíc, que dirían Tip y Coll explicando el mecanismo de la democracia con el vaso de agua en la mano.

Por lo de Ceuta, que es alta traición a España, dicen algunos en las últimas semanas, incluyendo señores con toga. Sin embargo, se trata de las mismas personitas de bien que ya pedían prisión para el presidente antes de ubicar Ceuta en el mapa. Por haber roto España con la amnistía ilegal, decían antes de Ceuta –AC– quienes ahora se abren a pactar con amnistiados y silban mientras la justicia europea dictamina que nada ilegal sucedió. Por Cerdán y Ábalos, dicen admiradores de Aznar, record man en abdominales y en casos de corrupción entre sus ministros. Seguro que algo sabría. Sánchez, digo. Por el fiscal general. Por el confinamiento, que fue un secuestro. Por los Presupuestos Generales, que los recicla más que Montoro. Porque lo dice Aldama. Porque es pareja de su pareja y hermano de su hermano. Las opciones para salvar la democracia son múltiples, como pueden ver.

Toca elegir una. Que las personitas de bien quieren ver a Sánchez en prisión es una decisión ya tomada, pero falta encontrarle el delito, para desesperación de Tip y Coll, empeñados en el método tradicional. Un delito que, si le aprietas por aquí, le empujas por allá y, entre todos cerramos la cremallera con cuidado y esmero, encaje. Un delito que dé paso a una condena que mande un mensaje claro: se os acaba el cuento. A los periodistas que no trabajamos en medios financiados por el PP con dinero público, nos lo dicen a menudo por redes: se os acaba el cuento. Yo suelo preguntar a qué se refieren. La respuesta habitual es que nos financia Sánchez y que por ser cómplices vamos a ir con él a la cárcel. Cuando les explicas que este medio, al contrario que los de derechas, no se financia con dinero público, la respuesta habitual es que no importa, que vas a ir a la cárcel igualmente. Lo dicho: necesitamos saber con urgencia los delitos mediante los cuáles van a salvar la democracia. Si no, algunos demócratas de toda la vida van a parecer unos totalitarios cuando nada más lejos de la realidad.

 

15/09/2026 - LA RED SECRETA DEL MERCADO NEGRO DE MANO DE OBRA EN CEUTA

Comentario: Esto de Ceuta habrá que verlo un poquito con más objetividad. Los del PP se podrían poner el “mono” una vez y liquidar a todos esos “bandoleros” de la usura y la desvergüenza. Aunque, está demostrado qué a la derecha, y mucho más a la extrema derecha, les importan un comino los derechos mínimos de los trabajadores… sean de donde sean, y, por supuesto, incluidos los españoles. En Ceuta hay que meter en la trena a unos pocos para dar ejemplo de civismo y trato humano en lugar de tanto protestar y echar la culpa de todo al gobierno.  

Policía y Hacienda cercan los tajos clandestinos para los que aprovecharon el salto masivo para recuperar sus empleos en la sombra: así funciona la economía invisible que atemoriza a los autónomos

Martha Golfín

Ala sombra del alambre de espino de la valla, el hambre y la prisa siempre encuentran un atajo. Y en Ceuta, ese atajo tiene forma de dinero negro.

Han pasado apenas unas semanas desde aquel salto masivo de finales de julio que volvió a poner la frontera sur en todas las televisiones. Pero la foto de la crisis ya ha cambiado. Nos hemos olvidado de los espigones y los chalecos salvavidas; ahora la batalla se libra en los tajos, en las reformas a puerta cerrada y en la trinchera del trabajo clandestino.

Las cosas como son: la Guardia Civil, la Policía Nacional y la Inspección de Trabajo han tenido que aliarse para montar una redada a gran escala. Buscan una red de mano de obra irregular que nadie ve, pero que todo el mundo sabe que existe. Y es que corre como la pólvora.

La alarma no saltó en un despacho oficial con moqueta, qué va. Saltó a pie de calle. La Confederación de Empresarios dio un golpe en la mesa y puso voz a lo que era un secreto a voces: la economía sumergida se estaba tragando a cientos de los recién llegados. Y entre ellos, un grupo muy concreto. Aquellos antiguos trabajadores marroquíes que cruzaban la frontera a diario antes de que la pandemia y los bloqueos cerraran el paso. Vieron la brecha de julio, saltaron y volvieron directos a sus antiguos tajos. Sin papeles, sin contratos, sin nada.

El rastro del mercado negro es llamativo. No hace falta ser un sabueso de la Policía Científica para seguirle la pista.

Los constructores de la ciudad fueron los primeros en avisar: "Oigan, aquí hay gato encerrado". De repente, las reformas en pisos particulares se dispararon. Empezaron a oírse martillazos a las tres de la mañana en portales tranquilos. Aparecieron montañas de escombros en esquinas donde antes no había nada. Y en los almacenes del puerto, los sacos de cemento y el yeso volaban sin dejar factura.

Pues bien, la trampa no acaba en el tajo. Para trabajar a la sombra, hay que esconderse. Y ahí entra el negocio redondo de los chanchullos inmobiliarios. Hay propietarios haciendo su particular agosto alquilando habitaciones destartaladas, cobranza en mano y en billetes arrugados. Sin contrato ni registro de ningún tipo. Cero rastro para Hacienda o la Policía. Una red de infraviviendas donde se hacinan decenas de personas cuya única culpa es no poder figurar en un papel oficial.

Para el fontanero o el albañil autónomo de Ceuta que paga sus impuestos religiosos cada trimestre, esto es un puñetazo en el estómago. Una competencia desleal destructiva. Es imposible competir contra presupuestos inflados a la baja porque el empleador se ahorra la Seguridad Social y paga sueldos de miseria. A la larga, esto no solo destruye empleos legales, sino que corroe por dentro a las pequeñas empresas locales.

Pero no nos engañemos, tras las sirenas de la policía y las carpetas de los inspectores hay una tragedia humana desgarradora.

Atrapados en esta franja de tierra, sin papeles para cruzar el Estrecho ni forma legal de ganarse el pan, a estos chavales no les queda otra que aceptar lo que haya. Jornadas de doce horas por una limosna. Las redadas tratarán de frenar el fraude, sí, pero solo están poniendo un parche a la herida: la muestra evidente de un sistema que se desmorona cada vez que la frontera se tambalea.

 

lunes, 14 de septiembre de 2026

14/09/2026 - LA IGNORANCIA COMO CALDO DE CULTIVO DEL ODIO

André Abeledo Fernández

Hace unos días vi una entrevista que me dejó helado, y no por sorpresa, sino porque confirma un diagnóstico que llevamos tiempo repitiendo desde la izquierda de clase: la ignorancia es el combustible que alimenta el odio, y la ultraderecha lleva años sembrándola a conciencia, sabiendo perfectamente lo que hace.

Una mujer, sin trabajo y dependiente de una prestación pública para sobrevivir, pedía con vehemencia que se retiraran «todas las ayudas» que —según ella, según la propaganda que ha interiorizado— reciben los inmigrantes, y que se les expulsara «a su país». Y remataba con una frase que lo dice absolutamente todo: que le quitaran la ayuda a ella también, «si hace falta».

Una persona que vive gracias a una prestación prefiere quedarse sin nada antes que ver a otro ser humano recibir lo que ella cree, falsamente, que recibe. No pide más para sí misma. Pide menos para el de al lado, aunque eso la hunda también a ella. Sembrar ignorancia para cosechar odio Los informes internacionales llevan años dejándolo claro: la ignorancia embrutece y, cuando se siembra de forma sistemática, es mucho más fácil cosechar odio.

Eso es exactamente lo que hace la ultraderecha, camaradas: no ofrece soluciones, no ofrece derechos, no ofrece redistribución. Ofrece un enemigo fácil, señalado, extranjero, sobre el que descargar toda la rabia legítima que produce vivir en la precariedad. Es más cómodo odiar al migrante que exigir cuentas a quienes realmente concentran la riqueza.

Las ayudas que sí existen, y son una vergüenza Y aquí toca decir una verdad incómoda: ayudas de verdad, con criterio redistributivo, hay muy pocas en este país, y las que hay suelen estar mal diseñadas. La Xunta destinó cerca de ochocientos mil euros al carné de conducir, un dinero disponible para cualquier joven de entre dieciocho y treinta años con ingresos de hasta cuarenta y dos mil euros anuales.

Es decir, una ayuda que llega igual de bien a quien realmente la necesita que a quien no la necesita en absoluto. Lo mismo ocurre con otras ayudas estatales para jóvenes, en las que puede cobrar lo mismo el hijo de una familia que no llega a los setecientos euros al mes que el hijo de un multimillonario. Eso no es justicia social, camaradas: eso es basura disfrazada de política social.

Comprar votos con nuestro propio dinero Esas ayudas universales, sin criterio de renta, no buscan ayudar a quien lo necesita: buscan comprar votos con el dinero de todos. Es el mismo mecanismo que Trump prometió en Estados Unidos con su cheque de cinco mil dólares para cada ciudadano adulto si ganaba las elecciones.

El dinero público, que sale de los impuestos de todos nosotros y pertenece al Estado, debería servir para desarrollar políticas realmente útiles y llegar a quienes de verdad lo necesitan. En lugar de eso, se convierte en un regalo cosmético, en propaganda electoral, en una forma de comprar el voto del «partido de turno» con nuestro propio bolsillo. Tocar fondo Y esa es la vergüenza de todo esto: ver cómo el caldo de cultivo de la ignorancia más embrutecedora produce gente tan mezquina que prefiere estar peor con tal de que haya alguien todavía peor que ella.

No buscan igualarse por arriba. No exigen derechos para sí mismos. Piden que los de más abajo tengan aún menos. Eso es tocar fondo. Eso es una involución social tremenda. Eso es la falta de empatía convertida en programa político, el eslabón más bajo al que puede caer la especie humana cuando se le arrebata la conciencia de clase y se le entrega, a cambio, un chivo expiatorio. No nos confundamos de enemigo, camaradas.

El enemigo nunca fue quien llega huyendo de la miseria. El enemigo es quien diseña ayudas basura para comprar votos y siembra ignorancia para cosechar odio.

¡Até á vitoria sempre! 

 

viernes, 11 de septiembre de 2026

11/09/2026 - UNA MESA REPLETA DE NAZIS

Durante unas décadas, usted y su cuñado acordaron que la civilización era un valor superior al salvajismo, pero ese consenso se ha acabado. Su cuñado ya no quiere civilización, el pobre idiota quiere ley del más fuerte

GERARDO TECÉ 

En su lecho de muerte y con la familia acompañándole alrededor de la cama, el padre de un amigo sacó fuerzas y pronunció unas palabras: encended la tele, a ver qué número ha salido hoy en el sorteo de la ONCE. Llevo cupón de los ciegos, susurró. Pero papá…, puso en duda mi amigo una petición así en tan dramático momento, sin atreverse a acabar la frase. Acabarla hubiese implicado espetarle a la cara lo obvio: coño, estamos aquí despidiéndonos de ti, igual lo de la puñetera moto Guzzi que llevas toda la vida diciendo que te vas comprar si te tocan los cupones no es un tema urgente ahora mismo. ¿Qué pasa, que porque me esté muriendo tengo menos probabilidades que el resto?, respondió en lo que sería su último cabreo. Por supuesto, encendieron la tele porque el homo sapiens es un yonki que vive de la ilusión. Especialmente el homo sapiens pobre. Por supuesto, no le tocó.

En política, el homo sapiens pobre es el de izquierdas y también vive de la ilusión. Últimamente, de su peor acepción. Esa ilusión que no tiene que ver con la esperanza futura, sino con engañarse en el presente. En las últimas décadas, muchos hemos vivido la ilusión de un mundo con reglas en el que, no sin esfuerzo, las cosas iban mejorando poco a poco. En lo material y en lo ético. Además de mejores sueldos, horarios y hospitales, habíamos derrotado a la derecha retrógrada goleándola en su propia casa, en sus propios valores. Ya nadie se atrevía a presumir públicamente de machista, homófobo o racista, tres pilares importantes del antiguo “hombre de bien”. ¿Cómo ha saltado todo por los aires de repente?, nos preguntamos rascándonos la cabeza, desorientados.

En las últimas décadas, muchos hemos vivido la ilusión de un mundo con reglas

En Alemania, país vacunado contra el fascismo, ese lugar en el que llevan 80 años explicando lo ocurrido para que no vuelva a repetirse, allá donde el cordón sanitario unió a todos los partidos democráticos, la ultraderecha acaba de lograr el 44% de votos en unas elecciones regionales, las de Sajonia-Anhalt, gracias a su discurso racista. Es solo el principio, opinan todos los analistas, y me viene a la cabeza el famoso refrán alemán: “Si en una mesa hay un nazi y diez personas que lo respetan, en esa mesa hay once nazis”. El refrán ha quedado obsoleto. En la mesa ya no hay un nazi, está repleta. ¿Qué hacer cuando ni los refranes se mantienen en pie?

Seguramente olvidar las estructuras mentales anteriores. Pensar que lo ocurrido entre el final de la Segunda Guerra Mundial y hoy no era la realidad, sino un pequeño paréntesis. Un milagro puntual en mitad de una historia de la humanidad casi siempre brutal. Durante unas décadas se dio un milagro. Usted y su cuñado acordaron que la civilización era un valor superior al salvajismo, pero ese consenso se ha acabado. Su cuñado ya no quiere civilización, el pobre idiota quiere la ley del más fuerte. La mitad de la civilización la quiere y, actualizando otro refrán, “dos se pelean en cuanto uno quiere”. La jungla vuelve, es una realidad cada vez más evidente y la izquierda haría bien dejando de negar lo que está ocurriendo, dejando de señalar a quien lo está destrozando todo y no le importa ser señalado por ello. Debería adentrarse en la jungla con todas las consecuencias.

La falsa ilusión de triunfo de los valores de la izquierda ha sido, precisamente, el trampolín de la ultraderecha. Si en esta orilla nos percibíamos como defensores de un escenario de normas y convivencia, en la otra decidieron llamarnos sistema por ello y, por contraste, percibirse a ellos mismos como antisistema. Han romantizado el ser un miserable. Han idealizado perseguir al débil. Tiene mérito. Nosotros somos los punkis, dicen, para justificar cómo destrozan el escenario. Quienes observamos boquiabiertos la deriva deberíamos ir recordando quiénes somos. Los que creemos en las normas frente a la impunidad del fuerte, en los derechos humanos frente al salvajismo, en la justicia social frente a los ricos devorando el pastel, tenemos que volver a sentirnos antisistema. Es lo que somos en realidad. Nunca dejamos de serlo. El cupón nunca nos tocó. Simplemente estábamos disfrutando de un paréntesis mientras el sistema machista, racista y homófobo de siempre se iba rearmando. Si una mesa está repleta de nazis, además de no respetarlos, deberíamos recordarles a todos ellos que ellos no son punkis precisamente. Que su ideología de mierda la financian los tipos más ricos del planeta. Que ellos, sean uno o cuatro a la mesa, son sus tontos útiles, los tontos del sistema. Antisistema, lo habíamos olvidado, somos quienes nos negamos a esta vuelta a la mierda de siempre. Quizá recordarlo y reivindicarlo sea la única esperanza real.

 

11/09/2026 - MIEDO

Francisco Silvera

La cosa empieza a ponerse fea. Ni los servicios de información, ni las policías varias, ni los juzgados, ni los políticos responsables en el lugar, ni los intereses internacionales que estratégicamente buscan la desestabilización del Gobierno español, ni siquiera el Gobierno marroquí y su Rey, son objeto manifiesto de odio popular, la gente quiere juzgar o incluso ahorcar, si los dejaran, a Pedro Sánchez.

Me impresiona ver todo un estadio gritando la consigna de Ayuso, la de la fruta. Me pregunto si este hombre, Presidente del Gobierno, podría salir a la calle como cualquiera. Veo a gente en teoría cualificada, desgañitándose, exaltada, venas desaforadas y ojos inyectados, desaparecido cualquier atisbo de racionalidad legal,  política, analítica.

Usted, presa de esa furia inoculada durante años (la he denunciado sin parar) ya está pensando que este artículo es una defensa del citado. No. Ni lo voto ni estoy de acuerdo con sus políticas; pero de forma racional, rebusco en mi memoria la labor de otros Presidentes, y no encuentro una sola cosa esencialmente distinta de lo que han hecho los anteriores, incluso, si lo miro, a veces cosas mucho peores como montar grupos terroristas (de Estado) o policías patrióticas para reprimir ideas políticas y empurar a representantes democráticos legítimos y destruir partidos, sin entrar en corrupciones sistémicas de incalculables consecuencias económicas o intervenciones descaradas en lo judicial.

Muchas cosas de éstas se le pueden atribuir al actual Gobierno. Lo de Ceuta ha sido la puntilla. Está clarísimo que ha cogido a Sánchez con el pie cambiado y le está costando volver al pase de baile correcto. El problema es que yo empiezo a tener miedo a decirlo, porque muchísima gente quiere actuaciones ejemplares, habla de ejército, de la necesidad de “quitar” a este tío que está destruyendo la convivencia... me pregunto qué interés puede tener la oposición en ocupar el poder, a cambio de haber transmitido y casi conseguido ya la deslegitimación de una mayoría parlamentaria que puede no gustar pero es legal y en ningún caso diferente a las que han usado ellos mismos antes, o emplean donde gobiernan, incluso con partidos anticonstitucionales.

La virulencia, la violencia latente... nos falta la excusa, una víctima para después santificarla y justificar todas nuestras frustraciones sobre la cabeza de los antiespañoles. Lo he visto venir, lo he dicho y ya lo veo instalado. Nos han inoculado no una vacuna robótica sino la frustración personal, lo peor. Lo ultra, la reacción, es un síntoma de degradación social, cultural (PISA), una elevación de lo simbólico-cutre (patria y religión), un desprecio por las formas, pero sobre todo es la supresión del individuo por la masa (no aporto nada nuevo), ya no se piensa por encima de los hechos, sino que, como un automatismo, hago en función de este hecho concreto, y quien no: es mi enemigo, se vilipendia la idea: todo ha de coincidir con lo que pensamos “la mayoría normal”.

No se engañe, esto no es algo que haya hecho Pedro Sánchez, amortizado y sustituible como  político si usted lo desea, usted está siendo víctima de una propaganda bestial repleta de racismo, de odio a la Cultura, a la pobreza como signo de raza y no como consecuencia de la  economía, usted no busca los por qués de sus problemas, las raíces, no, usted busca a un culpable y quiere, como en una revolución disfrazada de inevitabilidad, quemar en la plaza a determinadas personas que, curiosamente, no son los beneficiarios de todos estos desastres, ésos siguen amasando sus fortunas cada vez mayores y usted es sólo su instrumento.

Debemos empezar a tener miedo. La independencia, la labor intelectual, el pensamiento crítico, la verdadera normalidad está siendo rodeada por la necedad, la ignorancia acumulada, la autosuficiencia simulada, y no proviene de mítines, estadios o desfiles, eso fue otra época, sino de su puto móvil del que no se separa ni para cagar. Ya uno arriesga al hablar, al escribir, en público casi conviene callar para evitar disgustos, en familia ni rozar la cuestión... y la amenaza es ¡usted! que en vez de preguntarse qué ha pasado con Ceuta, por ejemplo, o con la vivienda, o con el poder adquisitivo, o con las fortunas que no paran de crecer, o con las barriadas degradadas convertidas en guetos, o con los extranjeros que se enquistan y no se integran generando un problema, o con la dependencia de nuestro modelo económico precisamente del trabajo foráneo por falta de personal y de diversidad laboral, usted, que se cree que un poderoso tiene material sexual en su móvil de trabajo para que lo trinque quien quiera sin problemas y lo extorsione, usted que en vez de hacerse preguntas y ver soluciones o quién las aporta, admítalo, le gustaría ver a Pedro Sánchez mecido por el viento en el mismo palo de bandera donde se escarrafunció aquel día el paracaidista que este Sánchez mandó para ridiculizar ¡a España!

11/09/2026 - LA GRAN ESTAFA ECONÓMICA QUE ESTÁ ALIMENTANDO AL MONSTRUO DE LA EXTREMA DERECHA

De la teoría del "derrame" a las tiritas de la socialdemocracia: el engaño del bipartidismo que despojó a las familias de su futuro y entregó el poder a los discursos del odio de la extrema derecha

José Antonio Gómez

No hace falta más que darse una vuelta por las viejas cuencas mineras, por los barrios, por los pueblos o por polígonos industriales donde las persianas de las fábricas y de los pequeños negocios llevan años echadas para sentir que se está visitando un cementerio de ilusiones. Ahí, o en la cola del supermercado de cualquier barrio de trabajadores donde la gente echa cuentas con la calculadora del móvil antes de llegar a la caja, se escucha algo inquietante. Un murmullo sordo.

No se trata de una racha mala ante el típico ciclo económico que se arregla en un par de trimestres. Qué va. Es el crujido de fondo de un sistema al que se le han roto las costuras.

Durante medio siglo nos vendieron una idea sagrada: trabaja duro, cumple las normas y tus hijos vivirán mejor que tú. Un mito. Hoy esa promesa está criando malvas. La brecha social se ha vuelto un abismo tan profundo que la famosa "escalera social" ya no sube; se ha quedado atascada o, directamente, baja sin freno. Y justo por ese agujero, por esa rabia acumulada en la mesa del comedor, la extrema derecha está metiendo el gol de su vida.

La matemática del asunto es fría y no entiende de ideologías. Mientras las grandes bolsas de Nueva York o Londres baten récords y los ejecutivos descorchan champagne, el dinero de verdad se ha ido canalizando hacia arriba con una precisión casi quirúrgica, hacia ese famoso 1% que acumula riqueza a niveles que no se veían desde los felices años veinte, justo antes del gran colapso del 29.

Una auténtica aspiradora financiera. ¿El resultado? Una clase media asfixiada y en peligro de extinción. Sueldos que no dan para pagar un alquiler decente, trabajos precarios de los que no te puedes fiar ni a tres meses vista y esa sensación horrible de estar siempre al borde del precipicio. Ante este estropicio, que se ha incrementado desde la crisis de 2008, los políticos de toda la vida han dado bastante pena, para qué nos vamos a engañar.

Por un lado, la derecha tradicional sigue enrocada en aquel viejo cuento del "derrame", es decir, que, si a los de arriba les va bien, las migajas irán cayendo hacia abajo. Eso se ha demostrado que es mentira. El resultado fue desregulación a la brava, servicios públicos bajo mínimos y el ciudadano buscándose la vida por su cuenta.

Por otro lado, la izquierda reformista... pues bueno. Maniatada por los mercados y los hombres de negro de turno, cuando gobernó se limitó a poner tiritas. Un dinerillo por aquí, un subsidio por allá, pero sin tocar jamás la verdadera estructura del reparto. Nadie le hincó el diente al verdadero problema de la ciudadanía: la pérdida real de poder adquisitivo.

Así que el ciudadano común se plantó en las urnas y se hizo la pregunta del millón: "¿Para qué voto si al final mi cuenta corriente sigue bajo mínimos?". La decepción ha sido brutal. Las instituciones parecen ahora un plató de televisión donde los políticos se tiran los trastos a la cabeza por tonterías, mientras las decisiones de peso, las que de verdad te cambian la vida, se toman a puerta cerrada en despachos que nadie ha votado.

Y claro, en ese erial de desesperanza, los movimientos ultras han encontrado su mina de oro. Han tenido un olfato fino. Se quitaron el traje elitista de antaño y se vistieron con el mono de trabajo para hablarle al "obrero olvidado". Prometen orden, fronteras cerradas y un regreso a un pasado donde las cosas supuestamente funcionaban. Es un diagnóstico con trampa, un espejismo, sí, pero entra muy bien cuando tienes el agua al cuello.

Su truco de magia es sencillo: darle a la gente un culpable con cara y ojos. En lugar de explicar la complejidad de los fondos de inversión o la evasión fiscal en paraísos offshore, señalan con el dedo al de abajo. Al inmigrante, a la minoría, al de la ayuda social.

Le dicen al trabajador arruinado: "Mira, tu problema no es el gran tenedor de vivienda que te ha subido el alquiler un 40%; tu problema es tu vecino que viene de fuera". Una jugada maestra de libro periodístico: desviar la mirada de la víctima hacia otro débil mientras los de arriba se frotan las manos.

Lo trágico de todo este asunto es que, si te fijas bien en lo que hacen cuando llegan al poder, la receta no cambia. No hay más que mirar a lo que está sucediendo en los Estados Unidos de Donald Trump. Las bajadas de impuestos gordas siguen siendo para los mismos de siempre, escondidas bajo la bandera nacional. La extrema derecha no le quita el dinero al 1% para dárselo al resto; solo redistribuye la rabia entre el 99% restante para que se peleen entre ellos.

El panorama que nos queda no es nada halagüeño. Si la  política tradicional no vuelve a lo básico, esto es, a garantizar pan, techo y trabajo digno, esta marea no la para nadie. De nada sirve poner cara de indignado en los informativos ni dar sermones sobre los peligros del autoritarismo. La democracia solo se defiende llenando la nevera. Si el sistema sigue funcionando como una trilla que solo beneficia a los superricos, el descontento seguirá ardiendo. Y ya sabemos que la extrema derecha es experta en soplar las brasas