Los mensajes de wasap del presidente del Gobierno con Ábalos, aireados por El Mundo, no aportan nada nuevo sobre los casos de corrupción del PSOE
José Antequera
14/05/2025
Page es un “tocacojones”, Iglesias “un torpe”, Susana Díaz “la otra que está jodida”, Margarita Robles “una pájara” y en ese plan. Los
mensajes de wasap que Pedro Sánchez cruzó
con José Luis Ábalos, aireados por El Mundo, no demuestran gran cosa sobre la supuesta
corrupción del PSOE. Todo lo más, son una serie de
previsibles cotilleos familiares (en todas las casas cuecen habas).
Nada de lo que hemos visto publicado estos días en el periódico que mantuvo
la autoría de ETA sobre el 11M, dando pábulo a las más rocambolescas teorías de la
conspiración, debería sorprendernos. Hace tiempo que Sánchez está rodeado de
enemigos políticos, los de dentro y los de fuera, y lógicamente no profesa
demasiado cariño hacia ellos. Cualquiera en su lugar hubiese escrito mensajes
de ese estilo en comunicación con una persona de confianza como era Ábalos en
aquel tiempo (conviene no olvidar que todos los wasaps fueron enviados antes de
que el ministro de Transportes empezara a ser investigado por el caso Koldo). Y sin embargo, sorprende que quienes han
estado despellejando al presidente del Gobierno, en público y en privado, se
rasguen ahora las vestiduras tras enterarse de lo que opinaba el jefe,
realmente, sobre ellos.
Sorprende que Susana Díaz esté dolida cuando, de haber sido por ella, hace
tiempo que “el muchacho Pedrito” estaría muerto y enterrado y ella sería
presidenta. Sorprende que Page, que ha dicho lo más grande (y lo más bajo)
sobre el inquilino de Moncloa, esté
fastidiado al enterarse de que el líder no le quiere bien. Y también sorprende
que Lambán esté decepcionado porque figuraba en la
lista negra de indeseables (cuando ha despotricado todo lo que ha querido y más
del sanchismo y por momentos, al igual que el bueno de Emiliano, parecían dos
diputados del PP más que socialistas). Solo Margarita Robles,
esa que “se acuesta con el uniforme”, ha sabido estar en su lugar, como una
soldada profesional, y encajar con deportividad lo que era un secreto a voces:
que Pedro Sánchez no ve el momento de hacer limpieza de barones y acabar de una
vez por todas con los incómodos restos del felipismo.
Aquí hipócritas lo han sido todos, no solo el premier socialista, ya que los anteriormente
citados no hubiesen dudado ni un solo instante en echarle la poción letal
al César, en la sopa, para acabar con él. Habría que ver
las cosas que han dicho en privado, sobre el canciller socialista, los Page,
Díaz, Lambán y compañía. Habría que echarle un vistazo a sus teléfonos móviles
para constatar que el odio es mutuo y bidireccional. Entre ellos y Sánchez solo
hay una diferencia: la UCO, o quien quiera que sea quien ha filtrado las
conversaciones privadas dando jaque el rey. Desde hace tiempo, hay una
operación de acoso y derribo, por tierra, mar y aire, contra el secretario
general del PSOE. El que pueda hacer que haga, ya lo dijo Aznar. Y todos están haciendo, todos están poniendo su
granito de arena, en la medida de sus posibilidades, para abortar una
legislatura que a las élites políticas y financieras de este país se les está
haciendo muy larga.
Ayer fue el lawfare contra la familia del
presidente, a la que se está despellejando en una especie de cadalso judicial
retransmitido al minuto. Hoy son los mensajes privados de Sánchez los que se
airean, como si el presidente del Gobierno, al que se ha deshumanizado como
pocas veces se ha visto en política, fuese el único ciudadano de este país que
no tiene derecho a su intimidad y al secreto de sus comunicaciones, tal como
establece la Constitución. No verán ustedes a un
juez Peinado o Hurtado abriendo
causa para determinar de dónde proviene la filtración de los wasaps, si de
fuego amigo o enemigo, ni poniendo a los sospechosos de esta infamia
periodística y política ante un tribunal de Justicia por revelación de secretos,
como sí se ha hecho con el fiscal general del Estado, otro linchado con saña y
brutalidad (este por decir la verdad sobre los fraudes fiscales del novio
de Ayuso). Si a Sánchez y familia los dejaran sueltos
cinco minutos por Madrid, a la jauría ultraderechista
le faltaría tiempo para lanzarse contra ellos, a tiro y a bayonetazo limpio,
como a unos Romanov del socialismo. Que
nadie tenga la menor duda de que ese magnicidio puede ocurrir en cualquier
momento, tal es el odio que se ha inoculado en la sociedad contra Sánchez y su
parentela.
Sí, es cierto que estos wasaps hablan de la personalidad oscura de un
hombre que ejerce el poder y que se ve acorralado en todos los frentes. Pero,
que levante la mano o tire la primera piedra quien no tenga sus canales de
comunicación y redes sociales rebosantes de insultos, menosprecios, befas y
mofas hacia otras personas a las que no traga o le caen mal. Las epístolas
cibernéticas del presidente del Gobierno con Ábalos no demuestran el carácter
arrogante, déspota y vengativo del dirigente monclovita, tal como están
diciendo en el PP, en la extrema derecha y en esos corrillos de liberales
travestidos del PSOE que desde hace tiempo se la tienen jurada al odiado líder.
En todo caso, demuestran que Pedro El Cruel no es tan diferentemente malvado
del resto del personal de este país farisaico donde primero llega la palmadita
y después la puñalada trapera. Demuestran, si se quiere, que es un español
pendenciero como otro cualquiera, de carne y hueso y de la calle. Desde la forma
de utilizar el lenguaje (castizo, descarnado y quevedesco) hasta el propio
contenido de sus expresiones, todo revela que estamos ante un tipo normal, con
sus vicios y virtudes, y no ante una especie de altiva y autoritaria divinidad
por encima del bien y del mal (Su Sanchidad, como lo retratan algunos). Tenemos
un presidente que es el fiel reflejo de lo que es este pueblo cainita y feroz
que no olvida las ofensas. Dice la gallega del PP Ana Vázquez que, después de este escándalo, el
sanchismo está en descomposición y va a haber elecciones en junio. No se lo
cree ni ella harta de orujo.
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