Las derechas españolas apelan a la memoria histórica del Holocausto judío para alinearse junto a Israel pero desprecian esa misma memoria en el caso de los crímenes franquistas
José Antequera
25/05/2025
Las derechas españolas se han alineado, ya sin ambages, junto a Israel en la operación de limpieza étnica del
pueblo palestino. Incluso sin importarles asumir el papel de cómplices del
genocidio. Estos días de horrendas matanzas en la Franja Gaza llama la atención
cómo los diferentes líderes del PP y de Vox callan como tumbas, tiran de eufemismos
baratos o se niegan a condenar las masacres perpetradas por Netanyahu. La primera que se ha abrazado a ese sionismo
de boquilla es la propia Isabel Díaz Ayuso.
La presidenta madrileña despacha ochenta años de complejo conflicto árabe/israelí
como suele hacer ella, con una explicación simplista y maniquea: “El problema
del PSOE y Más Madrid es el de siempre: antisemitismo”, al tiempo que arremete
contra Pedro Sánchez, a quien acusa de querer extender el odio
contra Israel en nuestro país. La lideresa castiza, que atraviesa por horas
bajas debido al juicio contra su novio y la reapertura del caso de los
protocolos de la vergüenza en las residencias de mayores durante la pandemia,
también ha tenido bilis para Sumar: “Aquí los
únicos que han hablado de genocidio son ustedes y su jefa [Yolanda Díaz] cuando llamó a exterminar a Israel desde
el río hasta el mar. Eso sí, luego se puso la toquilla, la rebequilla y se fue
al Vaticano”. Ja, ja, ja.
Chascarrillos malos, estupideces y gracietas al margen, lo único cierto es
que populares y voxistas están llegando incluso más lejos que Donald Trump en la defensa del serial killer Netanyahu. El mismo Feijóo cae en malabarismos retóricos sonrojantes
cuando, para no enemistarse demasiado con Israel, califica el genocidio
palestino como “actividades militares” del ejército hebreo. En realidad, los
prebostes conservadores de este país no tendrían por qué ponerse tanto en
evidencia, no tendrían por qué llegar tan lejos en la defensa del sionismo
criminal, no tendrían por qué mancharse tanto las manos con la sangre de los
niños de Gaza ni hacer tanto el ridículo a cuenta del genocidio palestino. Nada
ni nadie, ni los españoles ni su propio programa electoral, les exige tanto
fervor hebreo. Pero ellos siguen con su postureo para chinchar a Sánchez, con
su teatrillo de variedades, y no tardaremos en ver a los Feijóo, Abascal, Ayuso, Aznar y Aguirre ataviados con la kipá, con el Antiguo
Testamento bajo el brazo y con larga barba de rabino hasta el ombligo. Cualquier
día nos los encontramos dándose de cabezazos en la Puerta del Sol convertida en
nuevo Muro de las Lamentaciones. Ninguno de ellos entiende
que se han colocado en el lado malo de la historia, ya que la democracia
consiste precisamente en luchar por el respeto a los derechos humanos. Los
nazis de 1945 son los judíos de 2025 en un extraño caso de inversión histórica,
ya que han convertido Gaza en un horrendo gueto, en un Auschwitz con tiendas de campaña en lugar de
barracones (un exterminio low cost sin
necesidad de Zyklon B), en un matadero donde cientos de miles de personas
agonizan bajo las bombas, el hambre, la sed y la enfermedad.
Toda esta recua de patriotas que se han hartado de pisotear la memoria
histórica en nuestro país (quejándose de que suponía reabrir viejas heridas)
apela ahora a la memoria histórica del Holocausto judío para defender el
supuesto derecho del Estado judío a dejar la Franja de Gaza hecha un solar. Un
sin sentido. Si los seis millones de asesinados por los nazis en las cámaras de
gas tienen derecho a la memoria, también lo tienen los miles de fusilados y
represaliados por el régimen franquista. Si se es demócrata para una cosa, se
tiene que ser para la otra. La posición más lógica, la que viene manteniendo la
derecha europea mucho más sensata y civilizada que la ibérica, sería condenar
el genocidio del pueblo palestino y también la violencia de Hamás, que a fin de cuentas es la postura que mantiene
la UE. Entonces, ¿a qué viene esa radicalización del discurso, a qué viene esa
defensa a ultranza del sionismo asesino que va mucho más allá del deber y del
discurso de los conservadores y liberales del viejo continente? A esa pregunta
solo le cabe una explicación: Trump marca la línea editorial y populares y
voxistas obedecen. Y si aquí se trata de convertir Palestina en un resort
turístico, consumando el pelotazo del siglo, Génova y Bambú acatan sin
rechistar, aunque sea callando miserablemente ante el mayor genocidio del siglo
XXI. Siempre le puede caer alguna contrata para levantar la nueva Riviera Azul israelí a algún amigo, cuñado o
empresario afín.
La derecha española vive en la nostalgia permanente del antiguo Régimen.
Siguen profesando una reverencia absurda hacia la figura de Franco quien, no lo olvidemos, construyó su
Cruzada nacional contra el rojo marxista republicano sobre una idea
fundamental: había que salvar España de la conjura judeomasónica internacional.
En los primeros días de la dictadura, mientras Hitler y Mussolini aún seguían en el poder, el general se
subió a ese carro ideológico: los judíos eran los culpables de los grandes
males de la humanidad. Luego, cuando las potencias del Eje fueron derrotadas,
cuando el fascismo terminó en el vertedero de la historia y tocaba acercarse al
vencedor, o sea al amigo americano con su plan Marshall,
Franco moderó su discurso contra el judío. Sin embargo, siempre fue
profundamente antisemita. El fascismo hispano, por principio fundacional e
influencia de la Iglesia nacionalcatolicista, fue tradicionalmente
antisionista, hasta el punto de que siempre negó el Holocausto judío, que para
ellos fue un montaje cinematográfico de los yanquis. La lógica dice que, según
el legado franquista, PP y Vox tendrían que estar en contra de Israel, tal como
ordenó el patriarca fundador. Y, sin embargo, han mutado hasta convertirse en
amigos y activos agentes projudíos poniendo enfrente, como enemigo mortal, al
mundo árabe, al musulmán. Han evolucionado hacia el fascismo sionista (un
porro), mayormente porque Israel es un pueblo rico y próspero (de hecho,
controla las finanzas globales, las multinacionales y Wall Street) mientras que los palestinos son pobres
como ratas y primos hermanos del mena llegado en patera para consumar la
“teoría del reemplazo”. El dinero y el negocio siempre por encima de los ideales.
Así funciona esta gente.
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