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La democracia en Europa está secuestrada por el
poder de la gran banca |
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La Comisión Europea acaba de amenazar al gobierno de
España con llevarlo a los tribunales si bloquea la compra del Banco de
Sabadell por el BBVA. Asegura que «no ve razones que justifiquen el bloqueo».
Con anterioridad, habían dado su visto bueno a la operación, o no se habían
opuesto a ella, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, el
Banco de España y el Banco Central Europeo. Doy mi opinión de una manera bien clara: semejante
toma de posición de estas instituciones muestra de una manera, a mi juicio
materialmente indiscutible, que son instituciones corruptas y degeneradas,
carentes de vergüenza y que actúan en contra del interés general. Todas ellas tienen encomendada como misión, desde
una perspectiva u otra, la defensa de la competencia en los mercados, la
estabilidad del sistema financiero y el buen funcionamiento de la economía en
su conjunto. Sin embargo, dando por buenas operaciones como la
compra del Banco de Sabadell por otra gran entidad financiera, traicionan
dichas encomiendas, pues permiten que disminuya la competencia, aumente el
riesgo de inestabilidad económica y financiera, se perjudique al
funcionamiento de las empresas, se destruya innecesariamente empleo, y se
incremente considerablemente el riesgo de gran inestabilidad de la economía
española, sobre todo, si se producen de nuevo problemas en el sector bancario
que ya se han dado con anterioridad. Nadie puede poner en duda que una mayor
concentración empresarial en el mercado disminuye la competencia y consolida
comportamientos monopólicos que son ineficientes y eso es lo que ocurrirá si
el BBVA finalmente absorbe al Sabadell. En este caso, habrá monopolio o duopolio bancario en
un gran número de localidades españolas, y el 70 por ciento del negocio de
todo el sector (depósitos y préstamos) se concentrará en sólo tres entidades.
Es inevitable que eso produzca un peor servicio, aumento de las comisiones y
de los costes financieros y menor accesibilidad al crédito de empresas y
hogares, afectando negativamente todo ello a la economía en su conjunto. Es
injustificable que esas cuatro autoridades den el visto bueno a algo así. La creación de un banco aún más grande (como
sucedería en el caso que comento) aumenta también el riesgo sistémico en el
sistema financiero y en toda la economía, algo de cuyas consecuencias ya
sabemos por la crisis de 2008. Cualquier problema que sufriera el nuevo banco
se expandiría aún más peligrosamente a otras entidades y al conjunto de la
economía, y sería mucho más difícil y costoso (para todos los españoles)
ponerle freno y resolverlo. La asociación entre alta concentración bancaria y
mayor riesgo sistémico está reconocida en docenas de investigaciones
científicas, muchas de ellas publicadas por organismos tan poco sospechoso
como el Fondo Monetario Internacional o diversos bancos centrales. Por muchos
que sean los matices que se han podido señalar, lo cierto es que fomentar la
concentración bancaria para que haya cada vez más bancos «demasiado grandes
para caer» y menos de mayor seguridad y dedicados a la financiación efectiva
de la actividad productiva es una estrategia suicida que no se puede justificar
ni por razones de teoría económica, ni a tenor de la experiencia histórica
que es bien conocida. Es muy significativo que quienes defienden que la
mayor concentración bancaria puede proporcionar más estabilidad al sistema
financiero argumentan que eso es así gracias a que aumenta la rentabilidad.
Sólo en esto último llevan razón: no hay otro argumento riguroso y honesto
que justifique operaciones bancarias de ese tipo. Las instituciones que han dado el visto bueno a esa
operación van a dar lugar a que en España ocurra lo que no sucede en ningún
otro país europeo: dos bancos van a tener más dimensión por su volumen de
activos que el PIB de nuestra economía. Desde cualquier punto de vista que se
mire (salvo, como he dicho, desde el de la rentabilidad del BBVA) no se puede
justificar la compra del Banco de Sabadell para dar lugar a una entidad aún
más peligrosa que la ya existente. Y, por cierto, una de las que han sido
gobernadas de manera menos ejemplar y limpia, por decirlo muy suavemente. Las constantes puertas giratorias que se producen
entre antiguos responsables de este tipo de reguladores y las entidades
financieras a las que han regulado, quizá expliquen este tipo de decisiones
aberrantes. Son la muestra bien clara de que la democracia en Europa está
secuestrada por el poder de la gran banca. No puede haberla si a los
reguladores que se presumen independientes no se les puede pedir cuentas ni
censurar por tropelías como las que están cometiendo en este caso. Y, sobre
todo, cuando tienen la capacidad de atar las manos a las instituciones
representativas para someterlas a los dictados del poder económico y
financiero. |
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