El Papa Francisco ya estaba en las últimas; desde hace tiempo rengueaba,
cojeaba no podía mantenerse en pie, realmente era un enfermo terminal que
sufría lo indecible, necesitaba ayuda para desenvolverse en su vida cotidiana.
Y lo peor de todo manipularlo, lavarle el cerebro con versos teológicos y
aprovecharse de su estado de indefensión. Y a repetir el mantra una y otra vez
con las mismas idénticas palabras: el Papa es el vicario de Cristo, el sucesor
de Pedro, su palabra es infalible, él es único que puede hablar con Dios.
Alabado seas, bendito seas, señor. Y se lo creyó, se creyó que podía obrar
prodigios; curar a los enfermos, traer la paz en el mundo, erradicar las
guerras, la miseria, el hambre o el cambio climático. Porque el imperio
católico, apostólico y romano es el poseedor de la verdad y no hay nada ni
nadie que lo contradiga. El Papa es el mayor benefactor del universo, el Papa
bueno de los pobres y los menesterosos, que lucha contra el capitalismo
salvaje. Esa era su carta de presentación del santo padre protector de los
indígenas, de los inmigrantes, de los travestis, de los transexuales, de los
homosexuales.
¿Quién podrá reemplazar a tan carismático gurú? El más famosos superstar de
todos los tiempos que como un imán atraía al Vaticano a todos los políticos,
personajes famosos, cantantes, actores, banqueros, que cual peregrinos llegaban
a rendirle pleitesía y hacerse un selfie con su santidad. Por allí pasaron
representantes de las extrema derecha hasta la extrema izquierda, primeros
ministros, presidentes, reyes, príncipes, califas, emires no importa si eran
musulmanes, hindúes, protestantes, coptos, ortodoxos, budistas, ateos o
agnósticos. Todos querían arrodillarse ante el tótem y recibir sus
bienaventuranzas.
El Sumo Pontífice estuvo ingresado por neumonía doble durante cinco semanas
en la unidad de cuidados intensivos del hospital policlínico Gemelli. Se temía
lo peor, pero sobrevivió gracias a los esfuerzos del personal sanitario y un
equipo de los mejores médicos y especialistas italianos, -aunque quieran
atribuirlo a las cadenas de oración que se convocaron en todas las parroquias
del planeta. Porque igual a lo que le pasó a Juan Pablo II tenía que pasar por
este viacrucis hasta morir crucificado ¡aleluya!
"Aunque lo peor de la neumonía bilateral ha sido superado tomará mucho
tiempo para que su cuerpo envejecido sane completamente" -Así que los
médicos le recomendaron mínimo dos meses de reposo; que descanse, que se
dedique a la oración, la vida contemplativa y se olvide de sus obligaciones.
Necesitaba incluso volver a aprender a hablar y recuperar como es natural las
funciones vitales. O sea, que lo más lógico y prudente es que presentara su
renuncia pues ni física ni mentalmente estaba en condiciones de ocupar el cargo
de líder espiritual de 1.400 millones de fieles. Pero esto no podía ser, tamaña
humillación no entraba en el guion de un héroe sacrosanto; él se negaba a
renunciar pues tenía que inmolare para iniciar su proceso de beatificación. No
le quedaba otra que resistir hasta el último aliento pues el obedecía las
órdenes del supremo hacedor. El muy porfiado no quiso tirar la toalla y pasar
el testigo a alguien con mayor vitalidad; tal vez un cardenal más joven y
vigoroso pero le ganó el egoísmo pues se creía irremplazable.
Como es habitual en el mes de abril se presenta un acontecimiento
impostergable para la santa madre iglesia católica: la Semana Santa y
especialmente se aguardaba un gran tsunami de turismo religioso con la llegada
de miles y miles de peregrinos del mundo entero que habían agotado las reservas
de todos los hoteles y residencias del Vaticano y de Roma. Y desde luego que el
ídolo de este gran espectáculo lúdico-bíblico era nada menos y nada más que el
Papa Francisco que difícilmente podía permanecer en el ostracismo
Se puso en marcha toda esa parafernalia teatral vaticanista más propia de
un auto de fe. La prioridad era mantener vivo sea como sea a la gallinita de
los huevos de oro que producía inmensos beneficios económicos. El Papa
Francisco es el mejor reclamo publicitario para recoger las infinitas donaciones
en especias y en metálico de aquellos que de rodillas rogaban el perdón para
sus almas. Esos pecadores arrepentidos depositaban un sustancioso óbolo
destinado a redimir a los miserables, a los hambrientos y las enfermos. La
mejor táctica es utilizar ese chantaje emocional y sentimental con la foto del
niño africano cadavérico que está a punto de ser devorado por los buitres. Y
hoy con Internet todo es más fácil y eficiente pues desde cualquier parte del
mundo se remiten donaciones vía PayPal, Bizum, pagos con tarjetas crédito,
transferencias bancarias y otros métodos como criptomonedas. Porque el sueño de
estos usureros es llenar hasta los topes el Óbolo de San Pedro. Con razón
poseen nada menos y nada más que 60.350 toneladas de oro, que es la mayor reserva
del mundo -como decían los indígenas americanos ese dios de los castellanos se
alimenta de oro. Sus inconmensurables tesoros superan a los del mismísimo rey
Salomón. ¿cómo mantener entonces este ejercito católico, apostólico y romano
compuesto por 341 cardenales, 6340, obispos 507.872 sacerdotes y 55.000
diáconos?. El Banco Vaticano administra las obras religiosas y caritativas del
Papa y sus fondos superan los 7.000 millones de euros. Estas sumas
multimillonarias son toda una tentación para esos sacerdotes y prelados
corruptos dedicados al latrocinio y expertos en finanzas que desvían los fondos
a los paraísos fiscales para su lucro personal. Pertenecen al cartel o la mafia
al estilo Cosa Nostra infiltrada en las entrañas de la Santa Sede. El bufón del
circo, el Limosnero del Papa repite afligido: "una iglesia pobre para los
pobres" Aunque las arcas hoy se hallan muy mermadas por culpa de las
millonarias indemnizaciones que han tenido que pagar a las víctimas de
pedofilia y abusos sexuales cometidos por altos jerarcas y curas. Escándalos
que han manchado la reputación del catolicismo y que inútilmente ha tratado el
Papa Francisco de ocultarlos tras un tupido velo.
El Papa no se merecía un castigo tan severo, Dios no fue clemente y
misericordioso con él, padeció una larga agonía; no podía caminar, no podía
respirar y encima estaba rodeado las 24 horas por una corte de aduladores que
no hacían más que idolatrarlo. Lo atendían tres sacerdotes, secretarios,
enfermeros, médicos, un equipo de asistentes personales además de las monjas
Vicencianas que gestionan el dispensario de Santa Marta, la casa en la que
Francisco eligió vivir durante todos los 12 años de pontificado. Y para mayor
descaro nadie se puso una mascarilla a sabiendas que había sobrevivido a una grave
infección en las vías respiratorias y posiblemente podría sufrir una recaída.
Ellos eran los responsables de complacer todos sus caprichos especialmente
en el tema gastronómico porque el santo padre como buen porteño era muy
aficionado a los asados regados con el mejor vino Abbé Cotes du Rhone. Seamos
comprensivos pues el sibaritismo es un placer que remplazaba su estado célibe.
Inducido por su corte de aduladores se presentó por sorpresa en el Jubileo
de los Enfermos; estrechó las manos de los fieles y los bendijo para demostrar
que estaba junto a su pueblo. Como guerrero espiritual no podía dar una imagen
de abatimiento y debilidad. Aunque se le notaba alicaído; el rostro hinchado,
la voz débil y deprimido por la fatiga. Muchos se preguntaban ¿qué le habrán
inyectado? ¿Lo habrán dopado? Por favor, debe cumplir los compromisos de su
agenda: los encuentros de trabajo con la Curia Vaticana, la Audiencia General,
los ejercicios espirituales, la organización del Año Santo 2025, el jubileo, el
Viacrucis en el Coliseo... y, sobre todo, la cita más importante el Domingo de
Resurrección. (que iba a ser transmitida por TV a nivel mundial)
Ese día sus colaboradores desde tempranas horas lo prepararon; lo bañaron
con agua bendita, las monjitas lo maquillaron primorosamente, lo vistieron con
su purísimo simar color marfil de 33 botones (que lavaba diariamente la
comunidad de Egidio) y le colocaron en el pecho el crucifijo de plata (amuleto
que lo protegía de todos los males) Acto seguido empujado por varios
palafreneros lo condujeron en una silla de ruedas hasta la logia central de la
Basílica de San Pedro para realizar la clásica bendición Urbi et Orbi. Allí lo
colocaron en primera línea de fuego sin que él supiera de qué se trataba esa
comedia, impresionaban sus facciones inexpresivas y ese rostro abotargado que
más bien parecía una máscara mortuoria. Tremenda falta de respeto sacar así en
público a tan alta dignidad momificada. Definitivamente ya estaba más muerto
que vivo y tenía que ganarse la palma del martirio. ¿Acaso el cristianismo no
predica el amor, la caridad, la compasión con el prójimo? ¿Qué hacen torturando
a un anciano agonizante? Esta es una prueba más del alto grado de
sadomasoquismo de que hace gala la iglesia católica a imitación de Santa Teresa
de Jesús que se sometía a mortificaciones y autoflagelaciones. Porque para
alcanzar la gloria hay que sufrir, el sufrimiento es bueno a los ojos de Dios.
Los miles de fieles que abarrotaban la plaza de San Pedro esperaban con
ansias la aparición de su santidad para hacerle una foto con sus teléfonos
celulares. Y Francisco tras el sonar de las fanfarrias de la banda musical
Gendarmería de Castel Gandolfo a duras penas lanzaba bendiciones a diestra y
siniestra y sacando fuerzas de flaqueza pronunció su postrer despedida: Cari
fratelli e sorelle, ¡buona pasqua! mientras la multitud enfervorizada gritaba
¡Viva el Papa! Seguida de una salva de aplausos del circo romano. Lo cierto es
que estábamos contemplando en vivo y en directo un auténtico suicidio asistido.
Y luego para rematar la faena lo montaron en el papamóvil descapotable para
sacarlo a pasear por la plaza de San Pedro donde las legiones histéricas lo
aclamaban igual que Jesucristo cuando entró en Jerusalén. Él como representante
de Dios en la tierra los bendecía, les estrechaba las manos, hasta las familias
le traían niños enfermos con la esperanza de que al tocarlos se produjera un milagro-
¡bendito el que viene en nombre del señor! Pero este acto tan irracional lo
debilitó aún más; se sintió sofocado, mareado, realmente lo reventaron con
tantas idas y venidas. Ya le habían prevenido los médicos: Santo Padre reposo,
reposo absoluto, por Dios bendito, es obligatorio "Piano, piano si va
lontano" Pero él los desobedeció, claro, si él era el Papa de Roma
engendrado y no creado de la misma naturaleza que el padre, y encima azuzado
por sus más cercanos consejeros, acólitos, sacerdotes y monjitas que insistían
en que su presencia era imprescindible para concelebrar estos megalomaníacos
autos sacramentales. Sin importarles un bledo poner en peligro la vida de un
enfermo convaleciente que transmitía preocupantes signos de angustia. El pueblo
de Dios así lo exigía, sus incondicionales presas de los delirios místicos lo
vitoreaban y aplaudían. En ese Domingo de Resurrección, en la pascua florida,
de veras que el Papa había resucitado.
Con premeditación y alevosía la Curia Romana decidió deshacerse del Papa
Francisco. Lo cierto es que ya era una carga insoportable, un juguete
inservible pues no podía valerse por sí mismo. La monarquía absoluta del
Vaticano decidió poner fin a una agonía tan morbosa que se transmitía en vivo y
en directo al mundo entero a través de los mass media o las redes sociales.
Cansado, agotado, muy enfermo, apenas balbuceaba palabras ininteligibles.
No importa, métale estimulantes, dópenlo, inyéctele midazolam con morfina para
que aguante el trance. Y así el "deep state" sin medida ni clemencia
desahució a un viejo que se había convertido en un obstáculo por sus polémicas
decisiones anticatólicas. Como olvidar que el santo padre encargó a sor
Genevieve Jeanningros que abriera el Vaticano a los pobres, a los migrantes, a
los sin techo, a los homosexuales y transexuales. Algo imperdonable para el
clero más reaccionario encabezado por el Opus Dei
Fue el 1 de abril a las 7:35 horas que el Papa Francisco víctima de un
ictus fulminante entregó su alma al santísimo. Allí quedó fiambre en su cama
sin pronunciar palabra alguna con los ojos abiertos de par en par como pidiendo
explicaciones al Todopoderoso ya que él se creía inmortal.
Doblaron las campanas del Vaticano y todas las iglesias y catedrales de los
cinco continentes ¡El Papa ha muerto! ¡Albricias! ha llegado la hora de recoger
el maná bendito que llueve del cielo en forma de euros, dólares, oro, plata,
joyas, piedras preciosas, una asombrosa bonanza, el superávit de limosnas,
dadivas, donaciones ¡bienaventurados, hijos míos, la Santa Sede os da la
bienvenida! La muerte del Papa es un milagro económico de primer orden porque
los dolientes son grandes consumidores de recuerdos, de souvenirs, postales,
estampitas, llaveros chinos o sufragios.
El ritual de las pompas fúnebres es una procesión de miles y miles de
fieles enlutados y llorosos, sin que falte el dramático el lamento de las
plañideras. Una marea humana desconsolada proveniente de los cinco continentes
que rosario en mano ora por el descanso eterno del Santo Padre. Que no decaiga
el espectáculo las misas corpore in sepulto, jaculatorias, salmos
responsoriales, los misterios del santo rosario que recitan los beatos y beatas
por el eterno descanso del alma de Francisco, los coros celestiales; los
ángeles y los arcángeles, más golpes en el pecho y a rasgarse las vestiduras
ante la posible ascensión al trono de un Papa negro.
La verdadera multiplicación de los panes y de los peces se da gracias a los
óbolos depositados por los adeptos en las urnas y cajas fuertes custodiadas por
la Guardia Suiza. Un magnifico botín en el nombre del Papa más revolucionario
de la historia. A pesar de que esta sea una coyuntura muy dolorosa promete ser
todo un éxito financiero.
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