Hay una noticia que resume mejor que cualquier discurso la hipocresía de
esta crisis de Ceuta: un migrante escondido en un trastero, sin luz ni unas
condiciones mínimas para vivir, pagando hasta 500 euros a la semana por un
lugar donde nadie debería dormir. No es una metáfora. Es lo que ha destapado la
Cadena SER estos días. Dicen los mediocres que donde unos ven una crisis, ellos
ven una oportunidad. Ese discurso ha debido calar en esos patrioteros
dispuestos a exprimir al máximo al extranjero que dicen odiar.
Porque llevamos semanas escuchando hablar de invasiones, de avalanchas, de
fronteras, de seguridad y de patriotismo. Palabras grandes, solemnes, diseñadas
para que dejemos de ver a las personas y empecemos a ver una amenaza. Pero
mientras algunos gritan que España está siendo invadida, otros han encontrado
una manera bastante española de combatir la invasión: sacar tajada de esos
supuestos invasores por dormir en un agujero. El patriotismo tiene estas cosas.
Cuando toca poner una bandera en el balcón, todo el mundo sabe ser patriota.
Cuando toca señalar al extranjero, también. Pero cuando aparece una oportunidad
para ganar dinero con la desesperación de ese mismo extranjero, parece que la
patria puede esperar.
La noticia de la SER cuenta algo todavía más difícil de digerir. Algunos de
estos migrantes pagan cantidades desorbitadas para esconderse porque tienen
miedo de ser descubiertos y expulsados. No buscan un hotel. No buscan un
apartamento con vistas al Mediterráneo. Buscan un lugar donde pasar la noche
sin que nadie los encuentre. Y hay quien ha decidido que ese miedo tiene
precio. Eso también es Ceuta. No solo las imágenes de las playas. No solo los
dispositivos policiales. No solo las declaraciones de los políticos. No solo
los vídeos que circulan por redes sociales y que alimentan el miedo. También
las personas haciendo negocio con la angustia de otros.
Porque resulta curioso que se hable tanto de quienes llegan y tan poco de
quienes convierten su llegada en un negocio. Resulta curioso que algunos
ciudadanos que aseguran sentirse amenazados por la presencia de migrantes no
tengan ningún problema en recibir su dinero. Que el extranjero sea una amenaza
cuando está en la calle, pero una oportunidad cuando tiene 500 euros en el
bolsillo. Es una de las formas más perversas del racismo: convertir a una
persona en un problema cuando pide derechos y en un cliente cuando paga.
Hace unos días escribía sobre cómo hemos pasado de la conmoción que provocó
la fotografía del pequeño Aylan muerto en una playa turca a una sociedad en la
que algunos celebran la muerte de personas migrantes. Ahora la crisis de Ceuta
vuelve a enseñarnos hasta dónde hemos llegado. Antes nos horrorizaba ver un
niño muerto en una playa, ahora discutimos si quienes sobreviven merecen
siquiera una cama y, mientras discutimos, hay quienes les cobran por un
trastero.
Sucede porque la deshumanización empieza muchas veces con las palabras.
Primero dejamos de decir personas y decimos ilegales. Después dejamos de decir
migrantes y decimos invasores. Después dejamos de preguntarnos qué les ha
ocurrido y empezamos a preguntarnos cómo podemos librarnos de ellos. Y,
finalmente, conseguimos mirar una fotografía de alguien durmiendo en el suelo y
pensar que el problema es que está ahí y no que esté durmiendo al raso sin unas
condiciones mínimas.
No sé si tanto consumir series distópicas nos ha atrofiado el cerebro. Si
tanto episodios históricos como una pandemia global, catástrofes naturales en
la puerta de casa, apagones… ha hecho a muchas personas cruzar el umbral hacia
la desconfianza, el negacionismo y la rabia sin canalizar. Pero en el momento
en el que vemos una amenaza a una persona al borde de la inanición tirado en
una playa a cientos de kilómetros de casa y pensamos que es muy listo el que
les saca hasta el último ahorro que tienen para vivir en infra condiciones,
hemos superado la última barrera que nos quedaba hacia la indigencia moral.
Antes los patriotas de pandereta gritaban eso de “si tanto te gustan, mételos
en tu casa”. Pero han descubierto que mejor los meten ellos en zulos a precio
de palacio. No solo son los trasteros de Ceuta. Son los poblados en el campo.
Son los “pisos patera” en las ciudades.
La crisis migratoria y la crisis de la vivienda mano a mano. Pero donde tú
ves personas, ellos ven una oportunidad. Donde tú no ves futuro, ellos ven su
futuro con un alto tren de vida. ¿Y si los expulsamos a ellos? Elige bien a tu
amenaza o lo harán ellos por ti mientras te sacan hasta el último céntimo.
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