Comentario: En Madrid se disputan el 29-N 37 escaños (si no ha cambiado con relación a 2023), los barrios obreros tienen la palabra para poder disponer de sanidad, educación y servicios sociales votando izquierda o perder esos servicios en favor de que los “buitres” se apoderen de ellos y los privaticen. Y los de los bares que no olviden que detrás irán ellos cuando sólo haya señoritos para consumir. ¡Con lo que era Madrid antes de que llegaran estos “pollos” trumpistas!
La Comunidad de Madrid de Ayuso entregará su Medalla Internacional a un representante de la Administración Trump lo que supone un abrazo ideológico al trumpismo
La escenografía del Día de la Hispanidad
en Madrid ha dejado de ser un mero escaparate de fraternidad cultural
transatlántica para transformarse en una calculada toma de posición ideológica.
Bajo el mandato de Isabel Díaz Ayuso, se ha dado un
paso de gigante al extender la más alta distinción de la Comunidad al Estados
Unidos de Donald Trump.
No se trata de un simple gesto de cortesía institucional hacia una potencia
aliada en el aniversario de su independencia. La versión de la Comunidad de
Madrid de Ayuso, que apela a ese país como "faro del mundo
libre", encierran una validación explícita de un modelo político
específico. Es el abrazo sin matices al movimiento Make America Great Again (MAGA),
a la doctrina del desmantelamiento del Estado y a una retórica de confrontación
total que ha encontrado en la capital de España su principal terminal de
aterrizaje en el continente europeo.
La desarticulación del amparo público
Detrás de las proclamas de "libertad" y los discursos sobre la
prosperidad individual que animan las galas conservadoras, el modelo que se
premia al otro lado del Atlántico ostenta un balance social inapelable. La
arquitectura política del trumpismo ha hecho del hacha presupuestaria su
principal seña de identidad.
Bajo la premisa de liberar al mercado de las ataduras estatales, la
administración estadounidense ha emprendido un desmontaje sistemático de los
escasos mecanismos de protección social garantizados por el Gobierno federal.
El ataque directo a programas esenciales como Medicaid, el sistema
de cobertura sanitaria para las familias de menores ingresos, ha dejado a
millones de personas atrapadas en la desprotección médica. A ello se suma el
tijeretazo en los programas de asistencia alimentaria, como el SNAP, diseñados para evitar la malnutrición de las
familias trabajadoras más castigadas por la pobreza. Esta visión, que subordina
la salud pública y la alimentación básica al saldo individual de la cuenta
corriente, encuentra un eco inquietante en el ecosistema político madrileño.
En el Madrid de Ayuso, la tensión constante en la sanidad pública madrileña, el colapso de la atención
primaria y las políticas de desgravación fiscal orientadas a los tramos de
renta más altos reflejan una misma matriz ideológica: la convicción de que los
servicios públicos no son derechos inalienables, sino cargas prescindibles que
entorpecen la iniciativa privada.
Bajada de impuestos a los ricos
El motor económico de este credo ultraliberal comparte una fórmula matemática
sencilla pero destructiva. Tanto en el Capitolio de Washington como en la
Puerta del Sol, el dogma de la bajada masiva de impuestos para las grandes
fortunas y los fondos de inversión se presenta como el único camino hacia la
prosperidad.
Sin embargo, la hemeroteca y las hojas de balance demuestran que las
rebajas fiscales a las rentas altas no se pagan solas; se financian
directamente con el recorte y la precarización de la educación, el transporte y
los servicios sociales básicos.
Este modelo de darwinismo social predica que la
riqueza de unos pocos se filtrará de forma natural hacia abajo, mientras en el
camino se desmantelan los colchones de amortiguación que evitan la exclusión.
Para el trumpismo, las guerras comerciales, el proteccionismo selectivo y el
endurecimiento de la doctrina militar son las caras de una misma moneda
presupuestaria.
Se reduce el gasto en bienestar social mientras se incrementa la
agresividad institucional, un equilibrio de prioridades donde la inversión
pública abandona al ciudadano vulnerable para servir a los grandes patrimonios.
El drama de la deportación hispano
La contradicción más sangrienta de esta distinción institucional en el Día de la Hispanidad se produce en el terreno humano.
Resulta profundamente contradictorio proclamar la defensa de los pueblos
iberoamericanos desde la tribuna madrileña mientras se aplaude la gestión de un
Ejecutivo que ha convertido la persecución migratoria en su principal bandera
electoral.
Las operaciones de deportación masiva desplegadas por
el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) han sembrado el terror en
los barrios hispanos de Estados Unidos, fracturando familias, criminalizando la
mano de obra migratoria y expulsando a miles de ciudadanos latinoamericanos que
buscaban un futuro de dignidad.
El discurso que ensalza la comunidad hispana como un motor económico en
eventos de etiqueta omite sistemáticamente las redadas a pie de calle y las
expulsiones en caliente. Premiar al país que promueve la estigmatización
de la comunidad latina representa un sarcasmo político doloroso para los miles
de migrantes sudamericanos y centroamericanos que residen en Madrid. La capital
de España, tradicional puerto de acogida, termina alineándose con las políticas
de cerrojo y persecución que operan en las fronteras de América del Norte.
La importación del fraude electoral
Pero el contagio del trumpismo en la política madrileña no se limita a las
recetas económicas o a las políticas migratorias; ha calado en el corazón mismo
del sistema democrático. La teoría conspiranoica del fraude electoral, que
alcanzó su punto álgido con el asalto al Capitolio de Washington y el rechazo
frontal a los resultados de las urnas en Estados Unidos, ha encontrado una
réplica directa en el discurso de Isabel Díaz Ayuso.
La presidenta de la Comunidad de Madrid ha coqueteado repetidamente con la
sombra de la sospecha sobre los procesos electorales y las instituciones del
Estado. Al cuestionar la legitimidad de las convocatorias electorales,
alimentar teorías sobre la manipulación del voto y deslegitimar a los órganos
arbitrales, el aparato de Sol aplica con precisión quirúrgica el manual de
agitación del populismo americano. En estos días Ayuso afirmó que a nadie se le
ocurriera votar por correo. Es, casi calcado, el mismo discurso de Trump y de
la secta MAGA de cara a las elecciones de mitad de mandato.
Es la estrategia de la destrucción institucional:
minar la confianza de la ciudadanía en las reglas del juego democrático para
construir un escenario de polarización permanente donde no existan adversarios
políticos, sino enemigos morales a los que hay que extirpar del poder.
Política del espectáculo
En el fondo de este movimiento no hay un cálculo diplomático de Estado,
sino una operación de proyección personal dentro de la derecha española. Isabel
Díaz Ayuso ha entendido que la hegemonía en el espacio conservador ya no se
disputa en el centro ni mediante la moderación del discurso, sino en la
radicalización de las trincheras. Su viaje al ecosistema político de Florida y
sus apelaciones permanentes al "faro del mundo libre" buscan situarla
como la líder natural de la ola ultraliberal europea, marcando el camino hacia
el liderazgo de su propio partido.
El uso de la fiesta de la Hispanidad como plataforma para galardonar a los
Estados Unidos de Trump consolida un cambio de época en la política regional.
Madrid deja de mirarse en el espejo de las democracias sociales europeas para
mirarse en la trinchera ideológica de Mar-a-Lago.
El precio de esa operación de imagen no lo pagan los diplomáticos ni los
estrategas de campaña; lo pagan los servicios públicos golpeados por los
recortes, las familias que ven degradarse su sanidad de barrio y un clima
democrático cada vez más enrarecido por la importación de las peores
conspiraciones de la política transatlántica.
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