Wikipedia

Resultados de la búsqueda

viernes, 25 de septiembre de 2026

25/09/2026 - MARI CARMEN, 7.291 MAYORES MUERTOS Y OTRAS "COSAS" DEL PP

ANA PARDO DE VERA

Alberto Núñez Feijóo ha prometido que, si gobierna a partir de 2027, Vox mediante, construirá un millón de viviendas, a razón de 250.000 viviendas por año de legislatura. Según el Banco de España, en 2025 se terminaron de construir 92.000 nuevas viviendas y se crearon 225.000 hogares. En líneas generales, la diferencia entre ambos números (133.000 más hogares que viviendas en un año) podría ser una foto fija muy ilustrativa del problema cuantitativo de escasez de vivienda que tenemos, de la misma forma que el compromiso del PP para las generales de 2027 se nos muestra como el bálsamo de Fierabrás para la crisis citada. Ojalá las cosas fueran tan sencillas.

El PP se compromete a construir muchas viviendas, un millón de viviendas en cuatro años, mediante la agilización de trámites para los operadores privados de la construcción ("un plan de choque contra el infierno burocrático", dicen) e incentivos fiscales para los compradores, entre otros beneficios. Sobre el incremento de plantilla que se requeriría para agilizar todos esos trámites, la escasez de mano de obra para los equipamientos de las casas, de la que alerta asimismo el BE, o para inspectores que decidan cuál de esa burocracia es innecesaria, no dice nada. Si el PP gobierna con Vox, además, debemos tener en cuenta -y supongo que Feijóo está al tanto- que en la ecuación de viviendas a gogó, entra la prioridad nacional, que el partido de Santiago Abascal tiene perfectamente explicitada en el caso de la compra de un inmueble, que es lo que Vox prioriza: "Una España de propietarios".

Todos los compromisos de PP y Vox -incluida la xenofobia de la ultraderecha- giran en torno a las rebajas fiscales de los compradores -lo cual, por otro lado, redundaría en una subida del precio de la vivienda, advierten los expertos- y a la agilización en los trámites para el negocio de la construcción. Sobre el derecho constitucional a la vivienda que tenemos todos/as, los desahucios como el de Maricarmen, el aluvión turístico para el que se priorizan las viviendas por encima del residente, la construcción de vivienda pública y solo pública para siempre (Ana Botella, siempre en nuestra memoria) o el tope de alquileres en zonas tensionadas, ni una palabra. De expropiaciones o intervención general del mercado inmobiliario, ni hablamos, que no queremos exorcismos en Público. La (ultra)derecha tiene muy claro a quién tiene que proteger con sus medidas y después, si los precios bajan por arte de magia, pues mira qué bien. La necesidad de construcción de vivienda en España es inapelable, pero ni garantiza la caída de los precios ni el derecho universal a la vivienda ni, en definitiva, evita que el problema se siga agravando, porque no hemos tocado fondo.

Donde estamos es en un punto donde la insensibilidad por el sector de la población más vulnerable puntúa al alza entre los partidos de (ultra)derecha y sus votantes, lo vemos a diario, y no solo con la vivienda. Lejos de "hacernos mejores", además, la pandemia ha alargado el "sálvese quien pueda... acumulando cuanto más pueda". Ya no son solo los especuladores sin alma, como los que desahuciaron a Maricarmen; también son tantos y tantas desgraciadas (un decir) que a duras penas se toman la caña en la terraza madrileña que les garantiza la libertad, pero que quieren ser como Ricardo y Fernando Alonso de Urbagestión. O tener un ático como Ayuso aunque sea con los métodos que ésta pretendía ejecutar, con su dinero mismo. O tener la fortuna de su novio Alberto Quirón, tribunales y estafa mediante...

No podría haber elegido mejor su respuesta Alberto Núñez Feijóo cuando una reportera de La Sexta le preguntó por el cruel desahucio de Maricarmen de su casa de toda la vida en Madrid. "Vengo a otra cosa", dijo el líder del PP. Efectivamente, para Feijóo y para Ayuso, a tenor de sus declaraciones y hechos, Maricarmen es una "cosa" más de las que suceden a diario en Madrid, en España o en Gaza, por ejemplo. Son "cosas" que pasan y, por más cerca que te toquen, no te generan ningún tipo de empatía, precisamente, porque son un fracaso de las instituciones que tú gobiernas en Madrid y el gallego quiere gobernar en España, son cosas del poder, cuestiones colaterales que no merecen ni un segundo de su compasión. La presidenta madrileña incluyó a Maricarmen entre los 25.000 desahucios que se ejecutan al año en España (más "cosas", suicidios incluidos), sin citarla siquiera y sin que se le cayera la cara de vergüenza, al revés, porque la víctima es ella: primero yo, después yo y siempre yo. ¿Pero qué vergüenza ni qué decencia va a mostrar esta "mujer" si dejó morir encerrados a 7.291 mayores en residencias madrileñas por no tener un seguro privado? 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario