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domingo, 31 de agosto de 2025

31/08/2025 - LOS "MOMIOS" ESPAÑOLES

 

Comentario: Sorprende y mucho que entre esos energúmenos que gritan insultando a Pedro Sánchez se encuentren muchos simpatizantes sevillanos (con un DICTADOR en su gobierno) del tan querido en España Betis. Y sorprende también que los simpatizantes del Real Oviedo (ascendido a primera división gracias a un “engaño” al Mirandés), en una Comunidad donde gobierna la izquierda, hagan lo mismo que los del Betis. Jugué en Madrid (en el barrio de Canillejas) con la misma equipación que el Oviedo y por eso le tenía cierto aprecio a ese Club, pero si ahora está lleno de energúmenos fascistas, ¡borrénme!, por favor. Y, para terminar, lo de los cuatro idiotas que corren delante de un toro en el siglo XXI es de juzgado de guardia, pero si encima gritan como vulgares fascistas eso ya no tiene parangón, me refiero a eso “energumenísimos” de San Sebastián de los Reyes.

No se puede comparar la política del gobierno de Pedro Sánchez con los logros de la Unidad Popular de Salvador Allende. Y eso es lo que más clama al cielo

Ernesto Carratalá 31/08/2025

Entramos en el mes de septiembre y dentro de unos días se cumplirá el 52 aniversario del derrocamiento de Salvador Allende, el único líder de izquierdas que fue capaz, en el siglo pasado, de sacar adelante iniciativas socialistas respetando la democracia y las normas constitucionales en Chile. La “vía chilena al socialismo” concluyó con la muerte de Allende y el advenimiento de una dictadura sangrienta que costó la vida de cientos de miles de demócratas. La derecha de ese país, que era considerado como un ejemplo de democracia, no tuvo piedad desde el mismo momento en que Allende tomó posesión. Se les apodaba “los momios” (las momias) y su actuación recuerda la que está llevando a cabo el Partido Popular en este país. Por mucho que digan que las condiciones son radicalmente diferentes, el objetivo es el mismo. Salvador Allende llegó al poder por la mínima, y gracias al voto discrepante del ala izquierdista de la Democracia Cristiana. A Pedro Sánchez, con el que no hay más remedio que establecer cierto paralelismo, se le hizo presidente gracias a los votos de la izquierda progresista y de los nacionalistas vascos, catalanes y gallegos los cuales aprendieron muy bien la lección al sufrir en sus propias carnes la política de esa derecha que entonces encabezaban Mariano Rajoy y Santiago Abascal, el primero de ellos sucedido por Alberto Núñez Feijóo apodado en su pueblo natal como “el cizaña”. Sobran comentarios.

A pesar de que habrá muchos dispuestos a rebatir tal argumento, lo cierto es que, 52 años después, el panorama social de este mundo ha cambiado muy poco. La derecha ultramontana sigue hablando del “socialcomunismo”. En España, Isabel Díaz Ayuso despotrica continuamente contra Sánchez y su gobierno “bolivariano”. Ahora, el “coco” de los reaccionarios ya no es la Unión Soviética. Se centran en el régimen venezolano de Nicolás Maduro y, por supuesto, Cuba sigue siendo la “bestia negra”. Nixon y Kissinger, los grandes conspiradores anticomunistas, han pasado a la historia, pero en “el país más poderoso de la tierra”, Estados Unidos, gobierna un tal Donal Trump que va a hacer buenos a sus antecesores. De momento, vaya usted a saber las maniobras que está haciendo una CIA que sigue siendo gobernada por anticomunistas furibundos. Y, en el primer lugar de esa lista de enemigos de esa gentuza, está Pedro Sánchez.

No se puede comparar la política de este gobierno progresista con los logros de la Unidad Popular de Salvador Allende. Y eso es lo que más clama al cielo. El líder socialista chileno, asesinado por el dictador, Augusto Pinochet, nacionalizó los recursos naturales del país, especialmente las minas de cobre. Económicamente a lo más que han llegado los socialdemócratas coaligados con la izquierda de Sumar y IU, es a establecer un salario mínimo interprofesional digno, se intenta reducir la jornada laboral y se ha conseguido revalorizar automáticamente las pensiones a base de impuestos a los gigantes económicos, las energéticas, la banca y las grandes empresas, y a negarse a pagar más dinero para la defensa de la ONU cuando se necesitan recursos en la sanidad y la educación públicas. Por todo ello este gobierno es “bolivariano y comunista” según dicen en la derecha “momia” de Núñez Feijóo y Santiago Abascal, la calcomanía de los terroristas chilenos de Patria y Libertad. Por cierto, los reaccionarios de este país utilizan como argumento la “falta de libertades” para desautorizar al “gobierno socialcomunista bolivariano”. Es curioso. Es el mismo que utilizaron los asesinos del comandante en jefe de las fuerzas armadas chilenas, René Schneider.

Ahora, la derecha reaccionaria no puede llamar a la rebelión a unas fuerzas armadas integradas en la Alianza Atlántica, con una mentalidad diferente a la que mantuvieron en el siglo XX. Es muy difícil, por no decir prácticamente imposible, que este colectivo acabe por tomar La Moncloa, detener o matar a Pedro Sánchez e instaurar una dictadura al estilo Franco por mucho que haya militares, casi todos en la reserva, que pidan una acción semejante. Pero es que el estilo del siglo XXI es radicalmente diferente. Ya no hace falta la fuerza para dominar el aparato del Estado.

Salvador Allende se encontró con el boicot de los poderes fácticos de su país, orquestados y financiados por Washington. Aquí habría de empezar a investigar a ver dónde llegan esos miembros de los aparatos que están acorralando al gobierno progresista en la persona de su presidente. La judicatura es uno de esos colectivos que está en entredicho. Con el pretexto de que están invadiendo sus competencias, un importante número de jueces y fiscales de este país, los que aquí hemos llamado la derecha judicial, están intentando acorralar al poder ejecutivo alegando que éste invade sus competencias y se está cargando el estado de derecho. La mejor prueba de lo que está ocurriendo es la desgraciada intervención en la labor del fiscal general del Estado al que acusan de “revelación de secretos”. Nada de corrupción. Nada de apropiación indebida. Nada de administración desleal. No. Es una figura, de las altas instituciones del Estado, al que acusan de haber filtrado datos personales de alguien que ha reconocido haber defraudado a Hacienda.

El tejido empresarial, la banca, la iglesia y otros colectivos no están dispuestos a que se les quiten esos privilegios que obtuvieron históricamente gracias a la dictadura.  Están haciendo lo que hicieron sus homólogos chilenos hace 52 años. En ese país, el resultado fue un golpe de Estado cruento que acabó con la vida de cientos de miles de ciudadanos cuyo único delito fue pensar diferente a los poderosos. Los que recordamos ese funesto momento de la historia no tenemos más remedio que establecer cierto paralelismo con la bipolarización que vive este país. Una derecha que no reconoce la victoria de la izquierda en 2023. Que califica de ilegítimo a este gobierno, tal y como hicieron los “momios” chilenos con el de Allende. Que no tiene ningún sentido de estado, que lo único que busca es la convocatoria de unas nuevas elecciones en las que dan por segura su victoria. Y si eso no llega a ocurrir, siempre habrá jueces encargados de meter en la cárcel a los socialcomunistas, incluido Pedro Sánchez.

Septiembre de 1973. Se acabó con uno de los experimentos más interesantes de la política mundial del siglo pasado. la vía chilena al socialismo, la utilización de un sistema democrático para llevar a cabo profundas reformas sociales. Más de medio siglo después, en España ocurre algo parecido. Y la extrema derecha pide la intervención de los poderes facticos al grito de “hijo de puta Sánchez”. No hay más remedio que establecer cierto paralelismo.

 

31/08/2025 - EL RELATO PROGRE

Comentario: Se le olvidan a este “buen” Sr. algunos matices del franquismo: Los pueblos se vaciaron (cuando servidor nació mi pueblo tenía más de 1500 habitantes y se quedó en algo más de 400 cuando se fue la gente), los agricultores, ganaderos, los hortelanos, etc., etc. se tuvieron que ir a Madrid, Barcelona, Bilbao… y mal vender sus posesiones a los señoritos por cuatro perras; luego comenzó, casi simultáneamente, el éxodo a Alemania, Suiza, Sudamérica, Australia… deshaciendo familias que habían vivido siempre juntas y se perdió el yugo conyugal en la mayoría; se le olvida a este Sr. que la gente que inmigró a Madrid y a las demás ciudades españolas vivieron muchos años sin luz, sin agua caliente, sin calefacción, en un piso de 40 metros siete u ocho personas, sin WC, en lo que se llamaba un “retrete”; con la misma ropa en invierno y en verano como los espartanos; sin escuelas medio decentes para sus hijos que, obligados, empezaban a trabajar a los 12 años, y las universidades reservadas para los niños de los pudientes del franquismo; analfabetos la mayoría (para ellos no existió la escuela), tenían que aceptar cualquier trabajo por muy indigno que fuera y estar casi toda su juventud pagando letras con unos intereses del 25% para sacar adelante su familia. Había que reconstruir lo que Franco había expoliado y había que reconstruir la Alemania nazi a base de sudor y penalidades pagadas en muchos casos con “el pellejo”.

Por último: no existía el sindicalismo, ni los convenios, y te tenías que conformar con lo que el empresario te daba de manera casi como una limosna, haciendo horas extras para poder medio subsistir y, por supuesto, calladito sino te pagaba una mensualidad, y estabas sin cobrar meses y meses. Las calles y las carreteras eran de piedra y los coches no existían prácticamente, estábamos, hasta que llego la democracia, a unos 40 años de la convergencia con el resto de las naciones europeas civilizadas. Y podría añadir muchas más penas, pero para qué recordar más algo que pasó y esperamos que no vuelva a pasar dejando a esa “escoria” de VOX fuera de nuestros votos.     

Martín Sánchez 31/08/2025

La tiranía "progre" en España se sostiene principalmente sobre un relato diseñado a conciencia para inyectar en la psique de los ciudadanos el odio a lo propio y el autoaborrecimiento más destructivo.
De ahí que el objetivo primordial de la izquierda haya sido siempre dominar los medios de comunicación y el sistema educativo, para imponer su versión fabulada de la historia e introducir el veneno posmoderno del nuevo circo woke.
El relato progre nos habla, entre otras lindezas, de lo mal que tratamos a los pobres musulmanes durante la Reconquista, del supuesto genocidio indígena en Sudamérica, de la Guerra Civil entre honrados republicanos y malvados fascistas y por supuesto, de la abominable dictadura franquista.
Pero esta versión sesgada de la realidad omite significativos matices, como las aberraciones cometidas por las hordas islámicas durante su ocupación, la contribución de España al desarrollo de las tribus indígenas en Sudamérica, el desastre económico y social de la Segunda República o el historial criminal de la izquierda española como factor desencadenante de la Guerra Civil.
Se olvidan también de mencionar la posición de España entre las primeras potencias económicas durante esa "abominable dictadura" (años 60), con un índice de paro casi inexistente, en un país donde apenas se pagaban impuestos y donde una familia de clase trabajadora, con un solo sueldo, podía criar a cuatro hijos y comprarse una vivienda en un plazo aproximado de seis a diez años.
Si al relato histórico le sumamos todos los elementos del posmodernismo woke, como la ideología de género, el feminismo, el lenguaje inclusivo o la violencia machista, tenemos un panfleto propagandístico diseñado para enseñar a los blancos a odiar su raza, a los niños a odiar su sexo, a las mujeres a odiar su feminidad, a los patriotas a odiar a su país y a Occidente a odiar su historia.
Pero si alguien osa contradecir dicho relato, aunque sea aportando datos perfectamente documentados... será señalado como fascista, homófobo, nazi o racista (entre otros apelativos) con el objeto de estigmatizarlo y silenciarlo. El día que los ciudadanos de este país dejen de tener miedo a ese estigma, la tiranía progre perderá definitivamente el relato, y ese será, sin duda, el día señalado para su final.

 

viernes, 29 de agosto de 2025

29/08/2025 - NO HAGA CASO A LO QUE VEN SUS OJOS

Comentario: O sea, que legalmente –si en el fútbol hubiera legalidad- el Atlético de Madrid debería llevar 4 puntos y Real Madrid y Barcelona sólo 2 puntos o a lo sumo 3 puntos. ¡¡¡viva el CTA de árbitros!!! ¡¡¡vergonzoso y bochornoso!!! … lo de cada año, una vez más, y van ni se sabe.

Santiago Aparicio 29/08/2025

Si no ha terminado por arrancárselos, no haga caso a lo que ven sus ojos, pasa a su cerebro y termina por analizar racionalmente. Nada de eso es verdad, es solamente una ficción que usted cree que puede haber sucedido, pero no. Debe hacer caso a periodistas, gentes de los espacios y cualquiera que pase por allí. El Atlético de Madrid no juega mal al fútbol, tiene un proyecto claro y bueno, los árbitros no se equivocan y todo lo contrario es no hacer Atleti. Usted será un nazi o un comunista antiatlético, o un nazicomunista de esos que gusta criticar a los liberales —de las prohibiciones y el totalitarismo moral—.

Punto 1. El Atleti solo necesita tiempo para que los jugadores se acoplen.

Cierto que han llegado nuevos jugadores que deben acoplarse a sus otros compañeros, conocer al cuerpo técnico y coger la forma perfecta porque se ha empezado más tarde a entrenar por el Mundial de clubes. Se han ido ocho y han venido siete, dato importante. Esto nadie lo discute porque Baena debe acostumbrarse para ver por dónde y cómo se mueve Julián Álvarez, lo mismo que Almada debe interiorizar hasta dónde llega corriendo Giuliano. Esto es evidente y lo ven los propios ojos.

Lo que también observan es que la disposición táctica, de existir, es cuando menos extraña. Si se quiere que Ruggeri suba la banda, pueda romper líneas y combinar con algún compañero —hacer algún dos por uno en banda, por ejemplo— lo importante, por extraño que parezca, es que debe existir algún compañero en esa zona que cubre. Almada se mete por dentro para intentar crear algo de fútbol y le deja todo el carril al italiano, ergo siempre está en desventaja y se pega unas carreras enormes que pueden provocar que llegue tarde a cerrar en defensa. Luego que si el chaval no es que sea bueno, cuando fue el único que puso dos balones a la olla en la primera parte.

Se saca el balón desde atrás y los dos mediocentros están casi de delanteros obligando a los centrales y a Almada a jugar fuera de posición, aunque así Hancko logró filtrar un balón de ruptura a Sørloth para marcar el único gol y generar otras ocasiones de peligro. Si se hace patadón y que la baje el gigantón noruego ¿por qué no hay nadie a la espera del rechace? Si se prefiere atacar por la derecha, donde sí se doblan lateral y centrocampista ¿por qué la devuelven siempre al centro o atrás? ¿Existe algún elemento eléctrico acoplado a los dídimos y si no la devuelven se activa pegándoles un chispazo en sus partes?

Estas y más cosas que se pueden observar en los últimos partidos no son jugadores fallando ocasiones —nadie tiene un 100% de acierto—, sino posicionamientos tácticos extraños. Como esos diez córners sacados a la nada. En este caso podía haber cambiado al lanzador o entrenarlos. Ya se ha dicho en estas páginas que se duda se entrenen todas estas situaciones. ¿Qué hacen Nelson Vivas y Gustavo López? ¿Aplauden o entrenan cuestiones tácticas? Porque no es de esta temporada, la anterior también sucedía.

Punto 2. Se ha fichado muy bien, una plantilla para pelear por todo… aunque haría falta algún fichaje más.

Se han ido ocho jugadores y han venido siete. Es evidente que uno no se ha reemplazado, por ahí mal se va. Ilusión con los fichajes se vendió y hoy alguno está dudando hasta de los que posiblemente sean buenos. Se han cambiado sofás por sofás en defensa Hancko, Ruggeri y Pubill por AzpilicuetaWitsel y Reinildo. En el resto del campo se ha cambiado un sofá por un canapé con Johnny pero el resto son sillas que se han cambiado por taburetes. ¿Sirven para sentarse? Sí, pero no son del gusto del entrenador que prefiere taburetes. De hecho, en los dos post-partidos ha pedido un taburete.

La dirección deportiva se ha liado a fichar ofertas, cosas que entendía que eran aprovechables y que se pudiesen pagar en cómodos plazos. Mientras que ha hecho operación limpieza buena, las ideas respecto a lo que había que fichar se han agotado tras Baena y Almada. Con otro añadido, el cuerpo técnico es muy cerrado en algunas cuestiones tácticas. A cualquier otro entrenador le traes siete fichajes e intenta, con esos jugadores, montar un equipo bien trabajado con respecto a esas características. El Cholo Simeone es fiel a unas ideas, tenga o no tenga los jugadores necesarios para ello. Y esto es lo que se ha visto estos dos partidos. 5-3-2 en fase defensiva y todos por ahí en fase ofensiva. No le sacas del doble pivote ni con hierros candentes. Le traes jugadores para poder utilizar, por ejemplo, un 4-3-3 pero no lo va a intentar porque no le cuadra y le ha ido bien no cuadrándole. Salvo las últimas dos temporadas y el comienzo de esta. Error del área deportiva no fichando lo que quiere el entrenador: taburetes.

Punto 3. Los árbitros no se han equivocado.

Otros equipos salvan encuentros con penaltis a favor por dudosos que sean. Incluso se piden otros inexistentes o se quejan de tarjetas amarillas para amedrentar. En el Atleti nunca se equivocan los árbitros. Ayer hubo un ushiro-nage claro a Raspadori y no pasó nada. Nadie se ha quejado. Pero es que inmediatamente hubo un claro penalti a Gallagher, la pierna derecha del defensor contacta con la izquierda de apoyo del rojiblanco, y nadie dice nada. En televisión los tres que estaban ni lo vieron y ni entrenador, ni cuerpo técnico, ni jugadores protestó salvo el inglés. Termina el partido y nadie habla de robo, aunque sea exagerando, para que, al menos, repitan las jugadas —las cuales han desaparecido de las grabaciones del CTA—.

Lo paradójico es que mientras se dice que hay que tener paciencia con el equipo y que tienen que acoplarse, negar decir que hubo dos penaltis clarísimos supone reconocer que se había jugado tan mal que hubiese sido hasta injusto. El primero el entrenador y luego los demás. Pero esto no trata de justicia sino de meter más goles y conseguir puntos y por un error clarísimo de los colegiados se impidió tirar un penalti que podía haber sido decisivo. El año pasado sucedió lo mismo al comienzo, con exceso de tarjetas amarillas, y así pasó durante todo el año, siendo el hazmerreír de primera división, parte de la segunda y, sin duda, de UEFA y FIFA. Igual va siendo tiempo de señalar estas cosas desde el palco, el vestuario y los medios de comunicación.

De momento hay culpas repartidas entre jugadores, técnicos, directiva y afición. Errores en muchos aspectos —la afición se ha vuelto de lo menos exigente con el fútbol, al menos, en mucho tiempo—, subsanables si no cierran los ojos a la realidad. Vale que intenten que las personas carezcan de criterio, que nieguen lo que ven sus ojos, pero es que es tan evidente lo que pasa que ni el Gran Hermano puede ocuparlo todo.

 

29/08/2025 - FÚTBOL, EL JUEGO BONITO CON MUCHO DINERO FEO

 

Comentario: Magnifico análisis de José Antonio Gómez, no le falta nada de nada a lo que es la realidad del futbol y la corrupción (que se lo digan al Atlético de Madrid) de su máximo Organismo Internacional, la FIFA. Y que nadie olvide la corrupción arbitral de España: van dos jornadas y ya se han apuntado el Real Madrid y el Barcelona ¡cuatro de los seis puntos que llevan! con polémica arbitral; resuelta, como no podía ser de otra forma, a su favor … como lo serán todas las que se den a lo largo de la temporada y sino al tiempo. Y algo que escuece por lo incomprensible: Qué les habrá hecho Pedro Sánchez a los energúmenos del Betis y a los del Oviedo (este último está en primera división gracias al árbitro de su partido con el Mirandés) para que griten ¡¡¡“Pedro Sánchez!!!, ¡¡¡hijo de puta”!!!  y no lo hagan los béticos con ese presidente de Andalucía que los está arruinando y dejándolos sin sanidad pública y sin educación, y, lo peor, riéndose de ellos a diario.

De Ruanda a Arabia Saudí, el fútbol europeo se ha convertido en el estadio favorito de las autocracias para lavar su imagen. La incógnita es hasta cuándo seguirá Europa celebrando los goles sin mirar el marcador moral.

José Antonio Gómez 29/08/2025

Ayer se celebró el sorteo de la Champions League, la mayor competición de clubes del mundo. El fútbol ha sido siempre más que un deporte. Es espectáculo, identidad y diplomacia popular. Pero en las últimas dos décadas se ha consolidado en algo distinto: el escenario perfecto para lo que los analistas llaman sportwashing, la estrategia mediante la cual regímenes autoritarios blanquean su imagen internacional a golpe de estadios, patrocinadores y estrellas millonarias.

El caso más paradigmático es el de Arabia Saudí. Lo que empezó con patrocinios discretos en camisetas y grandes torneos europeos se ha transformado en un proyecto integral: comprar clubes históricos, fichar a superestrellas en declive, pero mediáticamente vigentes, e inyectar recursos sin límite en competiciones locales. El objetivo no es solo proyectar una imagen de modernidad y apertura, sino también desplazar la conversación internacional de derechos humanos a goles y victorias.

La fórmula saudí no es nueva. Qatar utilizó la misma estrategia con la Copa del Mundo de 2022, un evento que convirtió a un pequeño emirato del Golfo en epicentro del fútbol global. La inauguración de estadios futuristas y la exhibición de organización impecable sirvieron para proyectar prestigio internacional, aunque la sombra de los miles trabajadores migrantes muertos en la construcción, la corrupción en la FIFA y la censura política permaneció como contrapunto inevitable.

Rusia hizo lo propio en 2018, organizando un Mundial que momentáneamente maquilló la deriva autoritaria de Vladimir Putin. Los turistas hablaron de la hospitalidad rusa y de la seguridad en Moscú San Petersburgo, mientras la represión política y las restricciones a la prensa quedaban fuera de plano.

Europa no es inmune. Los clubes de la Premier League (Manchester City, Newcastle) son hoy propiedad de fondos soberanos de Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí. París Saint-Germain, financiado por Qatar, se ha convertido en un escaparate de lujo y glamour futbolístico, sobre todo tras ganar la última edición de la Champions. El Real Madrid, por ejemplo, luce como patrocinador principal la aerolínea Fly Emirates. Y a cambio de inversiones billonarias, las ligas occidentales han aceptado sin demasiada resistencia el desembarco de capitales autoritarios, con el argumento de que “el fútbol es global” y “el dinero no tiene ideología”.

La paradoja es evidente: el deporte más popular del planeta, con una narrativa construida sobre la pasión de las masas, es también el vehículo predilecto de autocracias que buscan lavar su reputación. El hincha común se convierte en cómplice involuntario de un proceso que convierte goles en relaciones públicas, y campeonatos en campañas diplomáticas.

La FIFA, lejos de poner freno, ha sido un actor esencial en esta dinámica. Su discurso sobre inclusión y valores universales convive con la entrega de mundiales a países con expedientes cuestionables en libertades básicas. El propio Gianni Infantino, su presidente, ha defendido que llevar el fútbol a países autoritarios fomenta el cambio cultural, aunque las evidencias hasta ahora apuntan más a lo contrario: regímenes reforzados en su narrativa de modernidad y legitimidad internacional.

La pregunta de fondo es si el sportwashing funciona. A corto plazo, sí: las portadas celebran fichajes multimillonarios y los aficionados se embriagan con los nuevos ídolos. A largo plazo, sin embargo, la estrategia es más frágil. Las contradicciones estallan cada vez que un jugador estrella evita pronunciarse sobre derechos humanos o cuando una liga, tras recibir dinero saudí o catarí, tiene que explicar sus compromisos éticos.

El fútbol, en definitiva, se ha convertido en el terreno más fértil para la diplomacia del espectáculo: un paraíso del sportwashing donde autocracias y democracias bailan al mismo ritmo, cada una persiguiendo sus propios beneficios. Y mientras los goles siguen cayendo, el silencio sobre lo que ocurre fuera de los estadios se hace más ensordecedor.

África también juega

El sportwashing no es exclusivo del Golfo Pérsico ni de las autocracias petroleras. África también ha descubierto en el fútbol europeo un trampolín de legitimidad internacional. El caso más llamativo es el de Ruanda. Desde 2018, el gobierno de Paul Kagame (en el poder desde 2000, acusado por organizaciones de derechos humanos de represión política y falta de libertades) destina decenas de millones de dólares a la campaña “Visit Rwanda”, visible en la manga de la camiseta del Arsenal o del Atlético de Madrid

El contraste es brutal: un país donde el 60% de la población vive de la agricultura de subsistencia y que depende en gran medida de la ayuda internacional, invierte sumas millonarias en promocionarse en clubes de élite. Kagame, sin embargo, ha sido explícito en su estrategia: el fútbol es escaparate global, y colocar el nombre de Ruanda junto a marcas como el Arsenal o el Atleti proyecta modernidad, turismo y estabilidad, incluso aunque la realidad interna muestre un régimen cada vez más cerrado.

El retorno, al menos en términos de visibilidad, ha sido inmediato. El logo “Visit Rwanda” aparece cada semana en partidos retransmitidos a cientos de millones de espectadores en todos los continentes. Y en Londres o Madrid, Kigali se presenta no como una capital autoritaria, sino como un destino turístico exótico en auge.

La República Democrática del Congo ha seguido la misma senda, aunque con menor impacto mediático. En 2023, el gobierno de Kinshasa firmó un acuerdo con el Olympique de Marsella y estableció conversaciones con clubes españoles para promover la campaña “Visit Congo”. En 2025 el FC Barcelona también ha firmado este patrocinio. La estrategia resulta paradójica en un país sumido en una de las crisis humanitarias más graves del mundo, con millones de desplazados por la violencia en el este y acusaciones persistentes de corrupción en el aparato estatal.

En realidad, estos patrocinios no buscan tanto atraer turistas (los datos de visitantes internacionales apenas se han movido) como normalizar la imagen internacional de gobiernos cuestionados, lavando su reputación a través de uno de los productos más exportables de Occidente: el fútbol de élite.

Europa, por su parte, se muestra complaciente. Para clubes con balances económicos en números rojos, estos contratos son oxígeno. Arsenal justificó su acuerdo con Ruanda alegando que contribuía a “proyectos de desarrollo y turismo sostenible”, una formulación que difícilmente encubre el trasfondo político. En Barcelona, la presencia del logo del Congo se ha normalizado hasta pasar inadvertida entre los patrocinios corporativos habituales.

El resultado es que la camiseta, tradicionalmente símbolo de orgullo y comunidad, se ha transformado en un lienzo geopolítico: una valla publicitaria que proyecta la imagen que un régimen quiere que el mundo vea, y no necesariamente la que sus ciudadanos experimentan.

Europa mira hacia otro lado

La entrada de Ruanda y del Congo en el escaparate del fútbol europeo no ha pasado desapercibida. En Reino Unido, el acuerdo de 2018 entre el Arsenal y Kigali generó un intenso debate político. El Parlamento británico discutió si era moralmente aceptable que un país receptor de ayuda internacional destinara más de 30 millones de libras a patrocinar a un club de la Premier League. Algunos diputados conservadores denunciaron que Londres estaba, de facto, subvencionando una campaña de propaganda de Paul Kagame, dado que parte de la ayuda bilateral británica a Ruanda superaba la inversión turística anual del país.

El propio Kagame, un confeso seguidor del Arsenal, no rehuyó la polémica. Defendió la operación como una “inversión estratégica” para diversificar la economía y fortalecer el turismo. Pero la crítica no se apagó: medios como The Guardian o The Times publicaron editoriales cuestionando el “cinismo” de un club millonario aceptando dinero de un régimen acusado de silenciar a la oposición. El eco fue suficiente para que el acuerdo se convirtiera en un caso de estudio en universidades británicas sobre ética del deporte y financiación internacional.

En España, la reacción al acuerdo entre el FC Barcelona y Kinshasha fue más discreta, pero no inexistente. ONG como Amnistía Internacional o Transparencia Internacional alertaron de que el club estaba ayudando a “blanquear la imagen de un régimen autoritario”. Sin embargo, el ruido mediático fue menor, eclipsado por otros debates internos del club (la crisis institucional y las deudas). En este contexto, la dirección blaugrana defendió el contrato bajo el argumento de que promovía un turismo “respetuoso con el medio ambiente” y que ayudaba a “diversificar los ingresos en un momento crítico”.

En el plano europeo, las instituciones comunitarias han mantenido una posición ambigua. Bruselas no ha condenado explícitamente estos patrocinios, aunque eurodiputados de los Verdes y de la izquierda han llevado el asunto a debate en la Eurocámara, denunciando que clubes europeos sirven como plataformas de legitimación internacional para regímenes autoritarios. Pero la tibieza de la respuesta refleja un hecho incómodo: en una industria donde el déficit estructural de los clubes se cuenta en miles de millones, pocas directivas están dispuestas a renunciar a patrocinios que aportan liquidez inmediata, aunque provengan de las arcas de gobiernos cuestionados.

En última instancia, la opinión pública europea parece moverse en la indiferencia. El aficionado medio apenas repara en el origen del logo en la manga de la camiseta; su atención está en los goles. Los gobiernos europeos, por su parte, prefieren no abrir un frente diplomático en un terreno, el fútbol, que combina pasiones populares con intereses económicos. El resultado es un silencio cómplice: una normalización del sportwashing africano que, como en el caso de los petrodólares del Golfo, se convierte en parte estructural del fútbol global.

El precio de mirar hacia otro lado

El fútbol europeo se ha convertido en el escaparate perfecto para gobiernos que buscan limpiar su imagen internacional. En Oriente Medio, las monarquías autoritarias del Golfo han convertido la Premier League en un tablero de prestigio global. En África, regímenes como Ruanda o la República Democrática del Congo han descubierto en las camisetas del Arsenal, el Barcelona o el Marsella un atajo hacia el reconocimiento internacional que ni la diplomacia tradicional ni los organismos multilaterales les ofrecen.

El dilema es evidente. Mientras las instituciones europeas pregonan la defensa de los derechos humanos y la transparencia, su producto cultural más universal se alquila sin escrúpulos a regímenes que persiguen disidentes o desvían recursos de la cooperación internacional para financiar campañas de propaganda. El riesgo no es solo ético. Cada contrato firmado con una dictadura socava la credibilidad de Europa cuando exige estándares democráticos fuera de sus fronteras.

El fútbol, por supuesto, seguirá aceptando dinero allá donde lo haya: de Doha a Kigali, de Riad a Kinshasa. La pregunta que queda es hasta dónde llegará la tolerancia de Europa. Porque mientras la afición aplaude los goles y celebra las victorias, el continente corre el riesgo de que su competición más preciada deje de ser un símbolo de integración y se convierta en algo mucho más incómodo: un escaparate global del cinismo.

 

jueves, 28 de agosto de 2025

28/08/2025 - EL PSOE ABRE EL CONGRESO A LA VIOLENCIA MACHO DE VOX

CRISTINA FALLARÁS

Vox celebrará unas jornadas en el Congreso sobre lo que llaman "ideología de género" y en defensa de la idea de que existen las "denuncias falsas". Lo harán porque el PP y el PSOE han votado a favor de que tenga lugar ese despropósito que es ni más ni menos la base sobre la que se sustenta y permanece toda violencia contra las mujeres, violencia con resultado de muerte en demasiadas ocasiones y siempre de una vida sometida a la tortura.

Les voy a explicar de nuevo a los señores, y sobre todo a las señoras, del PSOE por qué eso que apoyan es un acto criminal. Se lo voy a explicar, aunque me consta que lo saben. Se lo voy a explicar por si quedara alguien ahí con cabeza que alce la voz. Se lo voy a explicar para intentar entender por qué aún confían en el voto feminista.

Empezaré recordando que las denuncias falsas no existen, que suponen un porcentaje tan ínfimo —menos del 0,01%— que ni siquiera puede tenerse en cuenta. Sin embargo, los violentos defienden su existencia porque les es útil para seguir ejerciendo violencia. El hecho mismo de hablar de "denuncias falsas" es un acto profundamente violento contra las mujeres, un acto machista y misógino, un ejercicio de odio. O sea, que las señoras y señores del PSOE han votado a favor de que Vox lleve su odio contra las mujeres nada menos que al Congreso. ¿Son conscientes del tremendo dolor que esto nos causa? ¿Son conscientes del paso que dan?

El bulo de las "denuncias falsas" convierte a la víctima en agresora de forma burda, por el simple hecho de decir que lo es. Al maltratador le basta con acusarla de mentir para que una parte cada vez mayor de la población le apoye. ¿Por qué le apoyan? Porque conviene volver a silenciar a las mujeres que por fin nos hemos lanzado a exponer públicamente, con todo lujo de detalles, las violencias que hemos sufrido y seguimos sufriendo habitualmente.

Con el asunto de las "denuncias falsas" no solo se desacredita la voz de las mujeres y se nos niega el derecho, a decir verdad, sino que se fabrica una herramienta de castigo y disciplina para reprimir y escarmentar a aquellas que se atreven a relatar sus vidas. Basta que un mastuerzo te acuse de mentir para que todo el esfuerzo de sacar por fin la verdad a la luz o ante la Justicia se vaya al garete.

De paso, se consigue disuadir a las mujeres que deciden denunciar su situación. Porque, muy en contra de la opinión generalizada, son cada vez más las mujeres que acuden a los juzgados en busca de amparo y justicia, en demasiadas ocasiones sin éxito. La idea de las "denuncias falsas" no necesita demostración ni pruebas, basta con la voz del varón, que pasa a estar por encima —qué novedad— de la de la mujer, quien en la gran mayoría de las ocasiones sí dispone de pruebas y evidencias.

La barbaridad de las "denuncias falsas" que ahora el PSOE permite que llegue hasta el Congreso de los Diputados y Diputadas construye silencio y dinamita el principio de Verdad, Justicia y Reparación, algo que en el caso de las mujeres lamentablemente suele suceder. Es la verdad de las mujeres la que está en el centro de todo este despropósito. Enarbolar la idea de mentira contra nosotras destruye la base sobre la que levantar una posibilidad de justicia y, por ende, de reparación. Porque la verdad va antes, es el primer paso. Sin verdad no puede haber justicia ni reparación. De eso se trata, de callarnos para no pagar la violencia que ejercen. Y para poder seguir ejerciéndola.

Cuando un acto se somete a votación, hay tres posibilidades: votar que sí, votar que no o abstenerse. No valen martingalas ni explicaciones idiotas, no nos vendan la moto. Aquí hay una flagrante expresión de odio, que los y las socialistas podían haber evitado. Así que, señoras y señores del PSOE, respondan: ¿Por qué permiten que Vox lleve su odio contra nosotras al Congreso? ¿Por qué han votado que sí?

 

Comentario: Muy fácil: por qué no son socialistas, son de derechas. No, quizás, como la derechona del PP, pero de derechas. Y, permitir que el odio llegue al Congreso, será como un bumerán que se les volverá en contra cuando los miserables del odio tomen las riendas del poder. Luego a chillar y a exiliarse a Francia, México, Argentina o a la misma conchinchina.  

 

miércoles, 27 de agosto de 2025

27/08/2025 - AMPLIAR DERECHOS SIN LLENAR EL BOLSILLO DE LAS FAMILIAS, EL GRAN ERROR DE LA IZQUIERDA ACTUAL

El dilema no es abandonar la agenda social, sino integrarla en una narrativa de bienestar y prosperidad común. La ciudadanía quiere derechos, pero sobre todo quiere poder ejercerlos sin la angustia diaria de llegar a fin de mes

José Antonio Gómez 27/08/2025

Mucha gente se pregunta cómo fue posible que un presidente como José María Aznar obtuviera una mayoría absoluta tras una de las reformas laborales más duras de la historia, meter a España en una guerra ilegal, con el escándalo del Yak42 o el desastre ambiental del Prestige y que el PP estuviera a punto de ganar las elecciones de 2004 con una cómoda ventaja, hecho que no sucedió por la gestión de los atentados del 11M que dio la vuelta al resultado electoral. La respuesta es sencilla: las clases medias y trabajadoras tenían prosperidad económica con capacidad para, incluso, poder acceder a vivienda en propiedad en un escenario de precios inflados. 

También sorprende cómo la izquierda está perdiendo apoyos desde la crisis de 2008 y, lo que es peor, que buena parte de la base de votantes esté migrando hacia las opciones de la extrema derecha. El progresismo democrático mundial aún no se ha sabido adaptar a la nueva realidad nacida de aquella crisis. Cuando la izquierda ha gobernado, se han ampliado derechos y se han creado otros nuevos. Sin embargo, las izquierdas no crecen, más bien, es lo contrario. 

En los últimos años, la izquierda española ha hecho bandera de la ampliación de derechos sociales. Desde leyes pioneras en igualdad de género hasta reformas medioambientales o iniciativas de protección de colectivos minoritarios, el Gobierno de Pedro Sánchez se ha presentado como garante de una España más inclusiva. Sin embargo, las últimas encuestas y resultados electorales advierten de un desajuste: mientras los avances sociales generan titulares y reconocimiento internacional, una parte cada vez mayor del electorado de izquierdas se siente desatendida en lo económico. El encarecimiento de la vida, la dificultad de acceder a una vivienda digna y la precariedad laboral han erosionado la confianza en un proyecto que, para muchos ciudadanos, parece más preocupado por la agenda identitaria que por el día a día.

Conquistas sociales

Durante la legislatura, el Gobierno impulsó leyes como la de igualdad de trato y no discriminación, la ley del “sólo sí es sí” (posteriormente corregida por sus gravísimas consecuencias jurídicas), o normativas en favor de la transición ecológica. Todas ellas respondieron a demandas históricas y situaron a España en la vanguardia europea en materia de derechos.

Sin embargo, los logros se han visto empañados por la percepción de que la política social avanzaba más deprisa que las soluciones materiales. Para buena parte de la población, los derechos no llenan la nevera ni pagan el alquiler. Así lo reflejan los barómetros del CIS, en los que el paro, la inflación y la vivienda aparecen de manera recurrente como las tres principales preocupaciones de los españoles.

La vivienda, la herida abierta

La Ley de Vivienda fue presentada como uno de los grandes hitos del Ejecutivo progresista. Incluía medidas de control de precios en zonas tensionadas y límites a los incrementos en los alquileres. Sin embargo, su impacto real ha sido limitado. En ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia o Málaga, el precio de los alquileres siguió creciendo en 2024 y 2025 hasta alcanzar máximos históricos.

La escasez de vivienda pública en alquiler (menos del 2% del parque, frente al 15-20% en países como Francia u Holanda) deja sin alternativa a miles de jóvenes y familias trabajadoras. Este divorcio entre la ambición de la norma y la realidad del mercado alimenta la frustración social, que la extrema derecha ha sabido capitalizar señalando que el Gobierno “anuncia derechos” pero no resuelve la vida cotidiana.

La inflación y el salario que no llega

Otro frente de desgaste es la inflación. El alza de los precios de la energía y los alimentos básicos tras la pandemia y la guerra en Ucrania ha golpeado de lleno a las familias españolas de clase media y trabajadora. El Gobierno aprobó paquetes de ayudas y reducciones fiscales, como la bajada temporal del IVA en productos básicos, que tuvieron un efecto mitigador. Pero la percepción generalizada es que los sueldos no acompañaron al ritmo del encarecimiento de la cesta básica.

Aunque el Salario Mínimo Interprofesional se ha incrementado hasta los 1.184 euros en 14 pagas, la presión de los precios y la elevadísima precariedad laboral hicieron que buena parte de la clase media y trabajadora apenas note mejoras. La paradoja es clara: se proclama un “gobierno progresista” que defiende a los trabajadores, pero los trabajadores sienten que cada vez es más difícil llegar a fin de mes.

El voto obrero se fuga a la extrema derecha

La fuga de apoyos de la izquierda en sectores obreros no es un fenómeno nuevo, pero en los últimos años se ha intensificado en España y tiene un destinatario claro: la extrema derecha, representada principalmente por Vox y por otras formaciones que en las últimas elecciones europeas obtuvieron más de 800.000 votos. Lo que sorprende a muchos analistas es que esta el partido de Santiago Abascal, que no pone el acento en ampliar derechos sociales sino en discursos de identidad nacional, seguridad y control migratorio, ha logrado conectar con franjas del electorado que hasta hace poco se identificaban con los valores progresistas.

La explicación se encuentra, principalmente, en la desafección económica. Para muchos trabajadores, la promesa de igualdad de derechos pierde fuerza cuando sienten que su poder adquisitivo se erosiona y que las políticas de vivienda, empleo o fiscalidad no alivian sus problemas cotidianos. Vox, y en menor medida el PP, han sabido explotar ese malestar con mensajes directos: rebaja de impuestos, prioridad nacional en el acceso a ayudas y un discurso que conecta con la frustración de quienes perciben que las instituciones han dejado de protegerlos.

En barrios obreros de Madrid como Vallecas o Villaverde, en cinturones industriales de Andalucía o en municipios periféricos de Barcelona, la tendencia es palpable. El PSOE y Sumar mantienen todavía bolsas de apoyo, pero pierden votantes que se abstienen o que migran hacia Vox atraídos por un relato de “defensa del trabajador español” frente a lo que consideran una élite política preocupada por agendas identitarias alejadas de su día a día.

Además, la extrema derecha ha sabido apropiarse de un discurso cultural que vincula los problemas económicos con la inmigración. Aunque los datos no avalen una relación directa, el mensaje cala en sectores donde la competencia por empleos precarios o por recursos sociales es intensa. Allí, donde la izquierda debería aparecer como garante de redistribución y justicia social, el vacío lo ocupa un discurso excluyente que promete soluciones rápidas.

El fenómeno no es exclusivo de España: se observa en Francia con el ascenso de Marine Le Pen en antiguos bastiones comunistas, en Italia con Giorgia Meloni conquistando feudos obreros, o en Alemania con Alternativa por Alemania consolidándose en el este industrial. Pero en España, el trasvase de voto obrero hacia la extrema derecha refleja una crisis estratégica de la izquierda: la incapacidad de articular un proyecto económico convincente que responda a la angustia material de quienes, paradójicamente, más necesitan políticas redistributivas.

El riesgo para los partidos progresistas es doble. Por un lado, la pérdida de apoyo en barrios obreros erosiona su base histórica; por otro, legitima a fuerzas que utilizan el malestar económico para impulsar un proyecto político autoritario. De persistir esta tendencia, la izquierda podría quedar reducida a una fuerza con respaldo en áreas urbanas de clase media ilustrada, mientras los sectores populares, antaño su columna vertebral, pasan a engrosar las filas de la derecha radical.

Derechos y bienestar: el reto pendiente

La gran contradicción para la izquierda española es que los derechos sociales gozan de amplio consenso en la ciudadanía, pero su traducción electoral es escasa si no se acompaña de políticas económicas que aseguren bienestar material. La ampliación de libertades, lejos de ser rechazada, es valorada; lo que penaliza al votante es la sensación de que mientras se avanza en igualdad o diversidad, se retrocede en capacidad adquisitiva.

El reto para la izquierda pasa por integrar la agenda social y la agenda económica. La igualdad sólo se puede conseguir con empleo estable y salarios dignos para las mujeres; la transición ecológica, con rebajas reales de la factura energética; el derecho a la vivienda, con un parque público de alquiler asequible. Solo así los avances dejarán de percibirse como conquistas aisladas para convertirse en mejoras palpables del día a día.

El gran dilema de la izquierda española no debería plantearse como una disyuntiva entre derechos sociales o bienestar económico, sino como la búsqueda de un equilibrio que permita avanzar en ambos frentes. La experiencia internacional y los propios logros en España demuestran que las políticas redistributivas pueden consolidar tanto libertades como seguridad material.

Un ejemplo claro es la ampliación de permisos de paternidad y maternidad, que no sólo refuerza la igualdad de género, sino que también ofrece a las familias más tiempo y recursos para criar en condiciones dignas, reduciendo gastos de conciliación.

El problema de la izquierda no es la incompatibilidad entre ambas agendas, sino la desconexión narrativa. Cuando los derechos sociales se presentan como un fin en sí mismo, corren el riesgo de parecer ajenos a la vida cotidiana. Pero si se comunican como instrumentos para mejorar el bienestar material, pueden fortalecer el apoyo popular y cerrar el paso al discurso simplista de la extrema derecha, sobre todo si eso se nota en los bolsillos de las familias.

En definitiva, derechos y economía no son caminos paralelos, sino que deben confluir en un mismo proyecto político. El reto está en hacer visible esa conexión: que cada avance en libertades se traduzca en un alivio en el bolsillo de las familias, y que cada medida económica se presente como una garantía para ejercer plenamente los derechos conquistados.

 

martes, 26 de agosto de 2025

26/08/2025 - ¡EXTREMADURA!

Mi tierra, la tierra de mis antepasados, la tierra de mi esposa, la tierra de sus antepasados, la tierra de mis hijos, la tierra de mi nieta (la única nieta). ¡Cómo han cambiado los tiempos!, mi abuelo paterno tuvo 23 nietos -si no he contado mal- y mi otro abuelo no sé exactamente cuántos, pero muchos también. Mis padres, sólo ocho; y servidor, lo he dicho antes, sólo una nieta, pero ¡qué nieta! Tan mujer que en lugar de decirme por escrito -muy garrapatoso aún, sólo tiene 6ª añitos- “te quiero, abuelo” me escribe “te amo, abuelo” (porque amar es algo más que querer) y se da el lujo de firmarlo y rubricarlo. Será una mujer inteligente (más que su abuelo), fuerte, firme y serena, que afrontará la vida sin complejos.

Nací en un pueblo pequeño, por aquel entonces de unos 1600 habitantes, llamado Benquerencia de la Serena, en la actualidad de sólo unos 250 habitantes. Un pueblo, que, aun siendo pequeño, ha dado personajes ilustres como los primos de mi padre Ángel y Rafael, mi abuelo materno Antonio Triviño Caballero (posiblemente uno de los mejores maestros de escuela del país) que no paraba de decir: “porque saben leer y escribir se piensan que no son analfabetos” (algo muy común en muchos políticos de hoy día). Y, cómo no, quizás el cura más ilustre de España, jesuita, dominador de siete lenguas orientales además del inglés, alemán e italiano y su lengua madre, el Padre Morillo, que así era conocido, aunque su nombre completo era Santiago Morillo Triviño, que, como pueden observar, tenía los mismos apellidos que un servidor, lo cual es para mí una gran honra.

Claro que cualquier parte de España, cualquier región, ha dado al país personajes ilustres, eso es indudable. Pero Extremadura, además, dio en otros tiempos hombres valientes y arriesgados que, en condiciones muy precarias, conquistaron medio mundo para España. Y no conformes, trajeron oro y plata para el reino que hizo posible que, con el Rey Carlos V, si la memoria no me falla, se dijera que en el “imperio” español no se ponía el sol. Aún hoy día se sigue estudiando la vida y “hazañas” de nuestro Hernán Cortés como un personaje de los más importantes de la historia del mundo civilizado. Y al respecto, tengo que decir que el marido de una prima hermana, mexicano ilustre y gran historiador, Miguel León Portilla (ya fallecido), está considerado la primera autoridad mundial sobre la vida de Hernán Cortés. Y una de las personas que más ha escrito sobre las raíces del pueblo mexicano, siendo innumerables sus libros.

Pero, volvamos a Extremadura.

Recuerdo como una persona de mi pueblo, este sí, analfabeto total, no funcional como otros, me dijo -siendo yo un joven- que el problema de Extremadura era que nunca había tenido políticos y esa era la causa de su falta total de desarrollo. Estaba muy acertado. Siempre exceptuando al famoso Godoy (favorito de la reina), evidentemente, pero que de poco sirvió a los extremeños, sobre todo, a los más desfavorecidos.

Recuerdo, siendo yo un niño, como los labradores de mi pueblo tuvieron que vender sus tierras por casi nada a los grandes latifundistas e inmigrar a otras partes de España, Barcelona, Bilbao, Madrid, Valencia, Etc., donde, como hacía falta mano de obra para rehacer lo que Franco había destrozado, fueron muy bien acogidos y crearon raíces que hoy todavía perduran. Otros muchos, tuvieron que migrar a Alemania preferentemente y a Suiza, cuando no a uno de esos países de la América latina hoy en día en franco deterioro político y social... como, por otra parte, la Extremadura actual.

Quiero, antes de seguir, porque es importante, dejar claro esos términos que hoy, parte de la prensa y de las televisiones, tergiversa a menudo: “inmigrar” no es salir de un país, es ir a otra parte del mismo país a buscarse la vida; “migrar”, en cambio, es salir de un país por diferentes motivos (guerras, hambrunas, persecución política, etc.) para buscar una vida mejor, lo mismo que “emigrar” que es irse a otro país (caso de los españoles a Alemania y suiza y otros sitios) por una mejora salarial que aquí se les niega. En cualquier caso, muchas familias se han descompuesto por estos motivos, y en la actualidad los pueblos se están de nuevo despoblando, mientras “algunos” está haciendo su particular “agosto”.

Después de gobernar Extremadura la mayor parte de lo que han dado en llamar democracia, pero que sólo es una vulgar plutocracia, esta tierra está “dejada de la mano de Dios”. Los que se hacen pasar por socialistas (el PSOE), pero que no lo son, se han dedicado todos esos años a captar la mayoría de los impuestos para engordar sus “buchetas” y las de sus familiares y amigos, y hacer crecer hasta límites insospechados algunas empresas de familiares de algunos de ellos, caso de esa Siderúrgica Balboa, por ejemplo. Mientras la Sanidad (pronto volveremos a tener en los pueblos como el que vivo sólo dos médicos, uno que se hacía pasar por pediatra sin título y sin dar de alta su consulta durante 50 años, y otro que paraba la consulta cuando le parecía para irse a jugar a las cartas), la Educación (cada día menos maestros y menos profesores), y los servicios Sociales en su totalidad están en franco deterioro en pos de las políticas de privatización de moda en el país. Bien parece que estamos (hoy con la derecha y la extrema derecha más aún) en manos de cuatro bajamaneros que sólo contemplan aumentar las ayudas a la caza y a los toros, porque lo demás está asumido por los pobres extremeños.

Extremadura tiene sol, mucho sol, y mucha agua, más agua que ninguna región española, pero no se aprovechan esas “virtudes” para explotar debidamente la Comunidad. Hasta el punto que hubo un Comisario europeo que se dejó caer en una ocasión los siguiente: “Vds. me dan Extremadura y yo le doy de comer a toda Europa”. Eso sólo quiere decir que Extremadura está infravalorada y usurpada por cuatro latifundistas que la explotan sin ninguna consideración. Cada día que pasa hay más de éstos y más millonarios que, junto a los que vienen de fuera a cazar, hacen que esta tierra esté condenada a ser la campeona de la Champión del paro y de los salarios más bajos del país de por vida. De tal manera que, el poco progreso que Extremadura tiene, sólo es consecuencia de la evolución propia de la vida, y no, por supuesto, de sus políticas sociales que, dicho sea de paso, son nulas completamente… como lo han sido antes y lo serán después si los extremeños no nos tiramos a la calle a presentar batalla al atajo de políticos que nos gobiernan al estilo de la mandilandinga.

Se podrían decir muchas más cosas de Extremadura: como que también somos los líderes de la pobreza relativa y la pobreza extrema del país, como así mismo, la que carece de las mínimas infraestructuras para su desarrollo, de los peores trenes (se paran en mitad del campo a la mínima), de las carreteras en peor estado, y con una autovía llena de baches para castigo de todos los que la tienen que usar cada día. Sin olvidar que es raro el día que no tenemos un incendio por culpa de nuestra falta de prevención, y, para no explayarme, por último, la carencia (ya extrema) de fuerzas del orden que eviten la cantidad de robos que se producen cada día en todos los pueblos y nuestras dos capitales de provincia, como son el caso de los coches que arden todos los días en Badajoz capital (¿producto del sabotaje, de la indignación, del “esclavismo” moderno, del no aguanto más?, pudiera ser; o, quién sabe, sino será de un loco que ha perdido, por los avatares de la vida, consecuentemente, toda la razón) y el abandono de muchos pueblos a su suerte como es el caso de Castuera donde su alcalde (uno de los alcaldes de España que más cobra) ha conseguido que no haya policía durante la noche (los robos, al parecer, se suceden a diario) y que el pueblo esté, como dicen por aquí, boca abajo, sucio y en venta en su mayor parte, con el mínimo personal para todas las labores necesarias de cualquier pueblo. Pero, eso sí, plagado de migrantes que, seguramente, serán muy útiles a la hora de votar en esta democracia, algo inaudito, donde son los partidos quienes eligen las personas que nos van a representar y que, en muchos casos, ni siquiera conocemos de nada hasta que no son dados a conocer sus manipulados currículums.

En fin, ahora gobierna Extremadura la derecha y la extrema derecha.  Pues que Dios no coja confesados, porque viendo lo que hizo el Sr. Monago del Partido Popular cuando gobernó (irse, según parece, a ver a una “amiga” la mayor parte de su tiempo como presiente extremeño), ya se pueden imaginar lo que hará una Sra. que comparte opiniones con esa otra Sra. de Madrid que está a favor de Israel y su genocidio de Gaza y de que la libertad consiste en irse -cuando se quiera- a tomar unas cañitas.

Extremadura nació condenada y condenada sigue (sin hacer mención al fuego que la está arrasando por falta de lo esencial: prevención, mano de obra y los medios materiales necesarios); sencillamente, porque sus muchas materias primas, su agua, su flora y su fauna, sus productos del campo (innumerables), su ganadería (encerrada) y su enorme potencial de cerdo ibérico (con los mejores jamones del mundo) está políticamente en manos de cuatro latifundistas protegidos al estilo del régimen de Franco. Ahora, además, “repartiéndose” todo lo que viene de esa Unión Europea para el campo extremeño sin que todos los de aquí consigan algún mínimo beneficio social que nos haga avanzar hacia esa prometida convergencia con otras partes de España, un futuro que siempre es “el futuro del futuro”. En fin…

¡Mucha tierra, demasiada, sólo para unos pocos bajamaneros por culpa de cuatro baldragas belitres!

¡Y qué pena de potencial económico incomparable tirado a la basura!