COMENTARIO: AL FINAL VA A RESULTAR, PRESUNTAMENTE, QUE LA JUSTICIA ES UN PURO... SÍ ESO.
Andrés Palomo se encargó de elaborar la
ponencia que le correspondía. Sus compañeros opinan lo contrario
Ernesto Carratalá
08/08/2025
Los dos magistrados que avalaron el procesamiento del fiscal general del
Estado, Álvaro García Ortiz, en contra del ponente, Andrés
Palomo, Julián Sánchez Melgar y Eduardo de Porres están presuntamente vinculados
de alguna manera al Partido Popular lo que les desautoriza para valorar su
actuación y dar vía libre a su acusación. Sánchez Melgar fue nombrado por el
gobierno de Mariano Rajoy fiscal general
del Estado, y Eduardo de Porres está casado
con Sagrario Fernández, que pertenece al comité ejecutivo del PP en
Villaviciosa de Odón. El historial jurídico de este último es, además, muy
polémico. Miembro de la Junta Electoral Central fue el encargado de expedientar
a Pedro Sánchez durante la campaña electoral por
unas declaraciones a La Sexta que, posteriormente, fueron transcritas en la
página oficial del gobierno de España. La multa fue de 3.000 euros. Además, fue
el ponente de la sentencia dictada por el Supremo sobre la trama de los Eres de
Andalucía y se mostró a favor de la inhabilitación del president de la
Generalitat catalana, Quim Torra, por
“desobediencia”. Una clara contradicción de Génova que no hace más que criticar
la proximidad de jueces (caso de Conde-Pumpido) y fiscales (Dolores Delgado y
el mismísimo García Ortiz) con el PSOE. Ellos tienen mucho que callar por lo
que se ve.
Esta vez el caso reviste mayor gravedad. Andrés Palomo se encargó de
elaborar la ponencia que le correspondía como miembro de la sala de apelaciones
del Tribunal Supremo sobre el recurso de García
Ortiz en contra de la pretensión del instructor, Ángel Hurtado, de procesar al
fiscal general del Estado por una presunta “revelación de secretos” en torno a
la denuncia del novio de Isabel Díaz Ayuso, Alberto González Amador, acusado de delitos fiscales.
El juez Palomo cree, y así lo dice en su voto particular, que es inaudito que
el instructor no haya recogido el testimonio de los periodistas que aseguran
que obtuvieron antes que García Ortiz el famoso correo objeto de la denuncia, y
que la UCO haya evitado analizar pruebas de descargo que apuntaban al
sobreseimiento desde el principio. El magistrado discrepante rechaza de plano
la existencia de delito. Sus compañeros opinan lo contrario.
Estamos hablando de tres protagonistas supuestamente vinculados a Génova
porque el instructor, Ángel Hurtado, es el famoso juez que cuando estuvo en
la Audiencia Nacional se negó a aceptar la imputación
del PP en el caso Gürtel. Hay que recordar que el partido fue el primer grupo
político condenado como persona jurídica en un proceso penal por
el asunto de la famosa caja B. Como recompensa a su rebeldía, Hurtado fue
ascendido por el nefasto presidente del Consejo General del Poder Judicial,
Carlos Lesmes, al Supremo ocupando plaza en la sala de lo Penal. Su amigo,
Manuel Marchena, le dio la oportunidad de tomarse la revancha designándole
instructor de una causa que directamente apunta al corazón del estado de
derecho, la fiscalía general, que ocupa uno de los personajes más odiados por
la derecha judicial.
Una sucesión de despropósitos jurídicos, a decir de los expertos,
protagonizados por unos magistrados ideológicamente significados. Sánchez
Melgar fue uno de los ponentes de la admisión a trámite de la querella contra
los líderes soberanistas catalanes y participó activamente en la designación
de Pablo Llarena como instructor de la causa. Fue el
ponente y principal impulsor de la llamada “doctrina Parot” diseñada para
imponer el cumplimiento íntegro de las penas a etarras y otros condenados por
delitos graves que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos anuló por considerar
que vulneraba los artículos 5.1 y 7 del Convenio Europeo de Derechos Humanos.
Dio carpetazo al caso del Yak 42 y sentenció la limitación de la llamada
“justicia universal” que permitía investigar actuaciones delictivas más allá
del territorio español. En resumen, su historial no ofrece duda alguna acerca
de sus inclinaciones políticas y sociales.
Eduardo de Porres dice que no se ve condicionado por la pertenencia de su
familia al PP a la hora de dictar sentencia. Lo cierto es que su ponencia que
ratificaba la sentencia de la Audiencia de Sevilla sobre la pieza política de
los Eres de Andalucía salió adelante con un ajustado resultado, tres
magistrados de la sala frente a dos. Su situación es parecida a la del
instructor de la causa contra Begoña Gómez, Juan
Carlos Peinado. La hija de éste es concejala, curiosamente, de la misma
localidad en la que la mujer de Porres es dirigente popular, el verdadero
vivero conservador, Boadilla del Monte, cercana a Pozuelo de Alarcón en la zona
noble de la Comunidad de Madrid. El hijo del magistrado, Eduardo de
Porres, fue cesado como asesor del PP en el Ayuntamiento. Un joven abogado que
protagonizó un increíble episodio de la crónica que se escribe con mucha
frecuencia en la política local. En este caso, partidos de ideologías tan
dispares como Vox, PSOE y Más Madrid se aliaron para cargarse el puesto de
asesor que el entonces alcalde de Villaviciosa, del Partido Popular, le había
asignado.
Eduardo de Porres fue el ponente de la sala de apelaciones que rechazó el
recurso presentado por Puigdemont contra la resolución del magistrado
instructor del 'procés', Pablo Llarena, de denegarle la aplicación de la ley
amnistía y ahora ha vuelto a dar un golpe de mano al desautorizar a un
compañero con el propósito evidentemente político de sentar en el banquillo,
por primera vez en la historia, a un fiscal general del Estado.
Está muy claro. La judicatura es el instrumento que está utilizando la
derecha conservadora para quemar al gobierno progresista. Su primer objetivo es
García Ortiz. Lo grave es que, de seguir esta estrategia al fiscal general del
Estado le seguirán otros personajes cuyo único delito es pertenecer a
izquierda. Los jueces de este país tienen suficiente poder como para lograr
este propósito. Y desgraciadamente, los organismos que deberían poner coto a
estas acciones no actúan porque hay mucho miedo al enfrentamiento al colectivo
togado. Ese con competencia para meter en la cárcel.
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