Comentario:
El problema que tiene España, querido José Antonio, es que si vienen los del
Partido Popular todo irá a peor: bajarán más aún los salarios a través del SMI,
congelarán las pensiones o las subirán esa mierda del 0,25, bajarán el IRPF a
los latifundistas, toreros, futbolistas y todas las élites conocidas, se
llevarán definitivamente por delante la Sanidad pública y la Educación pública
en favor de las privadas, seguirán difundiendo el despilfarro para coger todas
las comisiones posibles, promocionarán las inversiones innecesarias para llevarse
vía la ley del sobrecoste todo lo que les venga en gana, arruinarán el Erario
al estilo de ese Montoro (que nadie se explica por qué no está en chirona ya), y, algo aún peor, les seguirá
importando el pito de un sereno que haya muertes de personas por su culpa como
en Valencia o en Madrid, además de pasarse por el arco de triunfo el genocidio
de Gaza por su amigo Netanyahu. Ellos a la suyo: a trincar sin darle palo al
agua y que Dios se apiade de los demás.
El porcentaje de ingresos que una familia trabajadora debe dedicar a la vivienda se dispara, lo que coloca a las personas en un elevado riesgo de pobreza
José Antonio Gómez
31/07/2025
Pedro Sánchez, su gobierno y el sanchismo viven totalmente alejados de la realidad.
Su único objetivo es tener argumentarios propagandísticos positivos, plagados
de datos manipulados o incompletos. Sin embargo, lo real no se puede ocultar.
La macroeconomía no es un indicador real de la
eficacia de un gobierno. Al contrario, el deber de un Ejecutivo, sobre todo si
se autoproclama progresista, es llevar la prosperidad macro a los bolsillos de
los ciudadanos. Ese es el mayor fracaso de Pedro Sánchez, su
incapacidad para aprovechar la recuperación económica para generar un escenario
próspero similar o superior al del último lustro del siglo XX y la primera
década del XXI.
Acceder a una vivienda en España se ha
convertido en un reto cada vez mayor para las familias trabajadoras. El último
informe de Idealista señala que el porcentaje de los ingresos que los hogares
deben destinar para poder alquilar o comprar su vivienda se ha disparado en el
segundo trimestre del año.
En el caso del alquiler, el esfuerzo medio alcanza ya el 38% de los ingresos familiares, dos puntos más
que el año anterior, mientras que la compra exige destinar el 24%, un punto por
encima del mismo periodo de 2024. Estas cifras superan con creces el límite del
30% recomendado por los expertos, especialmente en el mercado del alquiler.
El mercado del arrendamiento se encuentra en un auténtico estado de
emergencia y está próximo a desbordarse en muchas localidades. La falta de
oferta y el incremento sostenido de los precios empujan a las familias que
tienen la más mínima posibilidad hacia la compra, lo que a su vez tensiona
enormemente ese mercado.
El problema es especialmente grave en las grandes ciudades. Barcelona es la
capital donde el alquiler exige una mayor parte de los ingresos familiares, con
un 44%. La siguen Palma, Málaga, Valencia, Alicante y Madrid, donde el esfuerzo
oscila entre el 39% y el 43%. También en ciudades como Segovia, San Sebastián o
Las Palmas de Gran Canaria el esfuerzo para pagar el alquiler supera
ampliamente el umbral del 30%. Por provincias, Málaga se sitúa en cabeza, ya
que sus habitantes deben dedicar el 55% de sus ingresos a alquilar una
vivienda, seguida de Baleares, Barcelona y Valencia.
El mercado de la compra tampoco es ajeno a esta situación. Aunque el esfuerzo
para adquirir una vivienda suele ser menor que el del alquiler, en capitales
como Palma, Málaga, San Sebastián, Madrid y Barcelona el porcentaje necesario
supera igualmente el 30%. En provincias como Baleares o Málaga la compra de una
vivienda absorbe el 44% de los ingresos familiares, mientras que en territorios
como Ciudad Real o Jaén el esfuerzo apenas alcanza el 10%.
Fracaso de Sánchez: salarios estancados y
vivienda más inaccesible
La fotografía que dibuja el informe de Idealista pone en evidencia el fracaso de Pedro Sánchez en materia de vivienda
y salarios. Durante los últimos años, la Moncloa sanchista ha sido incapaz de corregir el
desequilibrio estructural del mercado, en el que la oferta sigue siendo
insuficiente y los precios continúan al alza. Las promesas de impulsar un gran
parque de vivienda pública en alquiler han quedado en gran medida en papel
mojado. Menos del 2,5% del parque residencial español es de titularidad
pública, muy por debajo de la media europea, que ronda el 15%.
Las medidas adoptadas para limitar los precios de los alquileres tampoco
han tenido el efecto esperado. Expertos del sector señalan que los controles
han reducido la oferta disponible en el mercado
privado y han generado inseguridad jurídica, lo que ha contribuido a tensionar
aún más los precios. A ello se suma el impacto de la subida de los tipos de
interés, que ha encarecido la compra y ha dejado a muchas familias atrapadas en
un mercado de alquiler cada vez más hostil.
En paralelo, los salarios han crecido muy por debajo
del coste de la vida, sobre todo en los baremos más bajos, que
es donde se mueven las familias de clase trabajadora. Aunque el Gobierno ha
aprobado sucesivos incrementos del Salario Mínimo Interprofesional, no ha sido
suficientes para compensar la inflación acumulada y el encarecimiento de la
vivienda. Para miles de familias, especialmente jóvenes, destinar más del 40%
de sus ingresos al alquiler en las principales ciudades es ya una realidad
insostenible.
Sin soluciones a la vista
La crisis del acceso a la vivienda se ha convertido en un problema
estructural en la España de Pedro Sánchez. Con un mercado privado tensionado,
salarios insuficientes (impropios de la cuarta economía y del supuesto “motor
económico” de la UE) y políticas públicas que no han logrado revertir la
tendencia, las perspectivas a corto plazo no son halagüeñas. La única salida
pasa por adaptar los salarios al coste real de la vida.
Mientras eso no ocurra, el esfuerzo que los hogares españoles deben
destinar a pagar su vivienda seguirá disparándose y situará a España entre los
países europeos con mayor tasa de sobrecarga habitacional. De esto, Sánchez
calla porque, en realidad, está como ausente.
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