En el PP están tan seguros de que van a ganar otra vez
las elecciones que no les importa meterse en camisa de once varas: porque
caben. A poco que se esfuercen, puede que vuelvan a ganarlas y entonces a Pedro
Sánchez no le quedará más remedio que montar otra dictadura
comunista-etarra-bolivariana con el fin de entregar Ceuta y Melilla a
Marruecos, despedazar España en porciones, crear para su mujer un ministerio de
Contraataque Judicial y otro de Música Clásica para su hermano. Lo de subir
como nunca los sueldos y pensiones, además de establecer una ayuda mínima
vital, fueron concesiones de Sánchez a sus malvados socios de izquierda,
quienes no paran de idear burradas que lleven cuanto antes al país a la ruina. Como
la camisa de once varas de las pensiones estaba hecha unos zorros, Figaredo se
puso a plancharla con mucho cuidado y mucho mimo, sólo para que Ester Muñoz la
doblara y la metiera en una caja. Según sus propias palabras, la caja tiene
forma de ataúd, porque las pensiones están muertas o, mejor dicho, van a petar,
así que lo más práctico será que cada español se haga un plan de jubilación
alternativo y aquí paz y después gloria. Si todavía no ha empezado la campaña
electoral y la ultraderecha de dos sabores promete que va a privatizarnos las
pensiones -mientras nos va privatizando la sanidad de paso-, habrá que irse
preparando para que nos privaticen también la atmósfera, el oxígeno, las
playas, las montañas, el campo y las ciudades. Están en ello, sí, hasta el
punto de que Figaredo y Muñoz compiten por ver quién privatiza primero el
concepto de privatización de las pensiones.
No hay mejor manera de movilizar al personal que
hacerlo entrar en pánico, pero algunos compañeros de partido empiezan a pensar
si a Ester Muñoz no se le habrá ido un poco la mano. Esto de decirle a la gente
que el sistema de pensiones va a petar y que en cuestión de unos meses se van a
quedar en bragas, igual los moviliza demasiado, sí, pero hacia el otro lado.
Puesto que el PP es el único animal político que tropieza con la misma pensión
las veces que haga falta, ya le deben de estar organizando a Feijóo una
entrevista a huevo con Ana Rosa Quintana o con Susanna Griso (con cualquiera
excepto Silvia Itxaurrondo) para que meta de nuevo la pata.
Ya la metió bien a fondo la semana pasada, cuando se
puso a imitar a Churchill y dijo que su gobierno no iba a pedir aplausos sino
sacrificios. No estaba claro a qué se refería exactamente Feijóo con lo de los
sacrificios hasta que Ester Muñoz -gracias a ese don de lenguas suyo que no
conoce fronteras- explicó el colapso del sistema de pensiones mediante un
ejercicio de taichí en el que la pirámide poblacional se convertía en un
vertedero. También lo podía haber explicado con ese fragmento de Apocalypto, de
Mel Gibson, en el que se ofrecen sacrificios humanos al dios sol mientras las
cabezas cortadas ruedan pirámide abajo. Ni siquiera Churchill, en vísperas de
la invasión alemana, se atrevió a tanto.
Puestos a acojonar a su público, Feijóo podía haberse
vestido de sacerdote azteca y Muñoz de Casandra, aquella desdichada agorera
troyana que sólo profetizaba desgracias. Desde que Abascal les hace la competencia,
ya no saben qué apocalipsis montar a la hora de exagerar las catástrofes que
vendrán caso de no sentarse pronto en la Moncloa. De ahí que tengan que comerse
sus propias profecías y dar marcha atrás a toda hostia, porque en lo de echarse
al monte Olimpo Vox no tiene rival, mientras que en el PP no son tan
apocalípticos como integrados. Dos días después, no les quedó otra que llamar
otra vez a Ester Muñoz para que desdoblase la camisa de once varas y explicara
lo bien que marcha el sistema público de pensiones. Lo cual podía interpretarse
como que el sanchismo no ha gestionado el asunto mal del todo, algo realmente
inconcebible para un votante acérrimo de derechas que, a estas alturas de la
retractación, ya anda al borde del ictus. En su comparecencia ante los medios,
Muñoz estuvo a punto de declarar que ella nunca había dicho lo que dijo. A fin
de cuentas, el verbo “petar” en castellano tiene al menos dos significados y
ella se refería a que las pensiones van viento en popa. Como la propia Ester
Muñoz, que lo está petando.
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