El programa político del líder del PP se basa en un solo punto: todo es culpa de Pedro Sánchez
José Antequera
31/07/2025
Feijóo en
blanco y negro, como la España del NO-DO que nos propone
Feijóo ha anunciado que va a trabajar sin
descanso este verano para tener listo, de cara a septiembre, un listado de
leyes “sanchistas” a derogar. Ya no cabe ninguna duda, el líder del PP sufre
ese síndrome que no deja dormir a muchos y que bien podría denominarse,
clínicamente, como “sanchitis”.
La sanchitis, como toda inflamación (en este caso una congestión política)
puede ser aguda o crónica. Y la del dirigente gallego va a ser del segundo
grupo, que es la peor. Solo así se explica que cada vez que sale ante la prensa
solo tenga palabras guerracivilistas para el presidente del Gobierno. Ya apenas
habla de los problemas que afectan a la nación y al mundo (que son muchos y
variados), solo de Sánchez. Sánchez,
Sánchez y Sánchez. La sanchitis es una especie de tartamudez del pensamiento
que lleva a la repetición como un disco rayado.
Expertos politólogos ya han advertido al dirigente del PP que con ese
discurso pobre le resultará difícil llegar a la Moncloa,
ya que todo estadista debe articular un mensaje ilusionante de país. Un
programa que explique qué va a ser de los ciudadanos, cuáles van a ser las
medidas económicas y sociales para los próximos años, un algo. Y no vale con
decir que se va a derogar todo el legado de este Gobierno. Hay que concretar.
¿Piensa subir las pensiones o nos va a encasquetar la mochila austríaca? ¿Va a
bajar el salario mínimo interprofesional, a recortar en servicios públicos, a
privatizarlo todo destruyendo el Estado de bienestar como hace el loco
argentino de la motosierra? ¿Vamos hacia el despido libre? Y lo que es más
importante: será Santi Abascal ese gendarme de
las películas mudas de la Keystone que da caña al inmigrante, al pobre y al
huelguista izquierdoso. Sin embargo, ni una palabra, Alberto debe tener una
agenda secreta y pasa palabra ante lo más importante y fundamental de la
política, que es explicarle el proyecto a sus paisanos.
La sanchitis es ese curioso trastorno emocional que lleva a pensar que cada
cosa cotidiana que sucede (desde la inflación hasta que se te queme el arroz de
la paella, desde el cambio climático hasta la goleada encajada por tu equipo
favorito) es culpa de Pedro Sánchez. La sanchitis no es contagiosa, pero sí
altamente mediática. Se transmite por redes sociales, tertulias televisivas,
digitales de la caverna y grupos de WhatsApp con muchos emojis rabiosos
soltando fuego por los ojos. Además, lleva a quien la padece a despertar
súbitamente por la noche, entre espasmos sudorosos, gritando cosas raras como
“¡Me gusta la fruta!”, en plan Ayuso. También
produce alucinaciones visuales selectivas que llevan a percibir solo la
corrupción del PSOE, pero no el caso Montoro.
En los últimos tiempos, como consecuencia de la crispación polarizante y
los discursos ultras, se están imponiendo nuevos trastornos, mayormente entre
la población conservadora. Es el caso de la “impuestofobia”, un miedo
irracional a cualquier palabra que empiece por “IVA”, “IRPF” o “cotización”. Se
trata de una especie de alergia que padece el individuo cada primavera ante la
declaración de la renta, así como una tendencia a mirar a Suiza con cariño. La sufren mayormente ácratas,
cayetanos, trumpistas y algún que otro joven influencer que
ha hecho pasta con los videojuegos y va mucho por Andorra.
También se está extendiendo la “crisifobia”, que lleva a quien la sufre a
creer que España se hunde o se rompe por momentos. “¡Esto con Franco no pasaba!”, suelen decir con el cubata en
la mano. Y luego está la “patriofilia”, cuando el paciente cree que todos son
menos españoles que él. Este trastorno se manifiesta cuando al afectado le sale
una pulsera rojigualda en la muñeca, cuando canta el himno nacional en la ducha
o cuando participa en cacerías de inmigrantes en Torre Pacheco, el deporte de moda. De los exámenes
clínicos practicados se desprende que las víctimas también muestran una
obsesión desmesurada por que se celebren elecciones generales cada fin de
semana hasta que ganen los suyos, lo cual genera gran ansiedad, frustración y
hasta cuadros de profunda depresión. Quienes llegan a esta situación límite
suelen paliar su desgracia con sesiones musicales en vena de José Manuel Soto, Miguel Bosé y Bertín Osborne. O distrayéndose con corridas de toros y
programas dobles de Cine de Barrio.
En determinados momentos, a Feijóo le asaltan pequeños brotes o abscesos de
estas filias y fobias, pero ya decimos que su principal problema ahora, el más
acuciante desde el punto de vista freudiano, es la sanchitis. No se trata de
una afección mortal, pero un ataque de sanchitis, con un subidón de odio
irrefrenable y visceral hacia el presidente del Gobierno, puede volverse en
contra de uno mismo y degenerar en una úlcera de caballo o algo peor, y no es
plan. Lo que sí se sabe es que la sanchitis lleva a quien la sufre a perder la
noción de la realidad. Como cuando Feijóo dice eso de que “vamos salir de esta
juntos y vamos a prosperar”, como si todos estuviésemos viviendo en una chabola
etíope. Uno mira a su alrededor y ve las terrazas y restaurantes llenos; uno
consulta la EPA y constata que hay más trabajadores empleados que nunca; uno no
ve que esto sea la España de posguerra con todo un país pasando hambre, ese
retrato catastrofista que a menudo suelen dibujar PP y Vox.
De momento, no hay remedio o cura para este mal, la sanchitis, que empieza
a propagarse de forma preocupante en la derecha española. Pero los científicos
están investigando y conviene no perder la esperanza. A falta de medicina,
buenas dosis de moderación. Y mucha tila.
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