Feijóo y Abascal rechazan un gran pacto de Estado contra el cambio climático causante de los incendios de sexta generación
Isabel Díaz
Ayuso en el puesto de mando de los incendios madrileños
Pedro Sánchez ha pedido un gran pacto de Estado
contra el cambio climático para hacer frente a los grandes incendios forestales
que arrasan el país. Sin embargo, la derecha echada al monte (al monte ya
quemado) sigue haciendo oídos sordos ante cualquier tipo de colaboración y
rechaza la mano tendida. Mientras tanto, mientras PP y Vox se enrocan
en el sectarismo más abyecto y ruin, miles de personas son evacuadas y
confinadas ante las llamas y a los bomberos no les queda otra que cerrar el
grifo de las mangueras, claudicar en la batalla contra el fuego y retroceder
ante unos siniestros de sexta generación (fuera de toda capacidad de extinción)
agravados por el calentamiento global. Pretender apagar el apocalipsis con unas
cuantas mangueras y un par de viejos y destartalados hidroaviones se antoja la
última arrogancia del ser humano. La rudimentaria tecnología del hombre de nada
sirve cuando la naturaleza ruge.
El resultado de esta esquizofrénica política en la que nos han instalado
algunos es la pesadilla que vivimos estos días: verdes y frondosos bosques
convertidos en negros manchurrones, evacuaciones masivas como si se
tratara de una guerra nuclear, casas destruidas, pueblos enteros abandonados.
Pérdidas millonarias, sectores económicos en quiebra, pobreza, caos. La ruina
de un país y el colapso del Estado y de la civilización, que en definitiva es
la consecuencia directa de este cataclismo natural de proporciones bíblicas. A
eso nos enfrentamos. A un retorno no ya a la Edad Media, sino a
la Edad de Piedra.
Por desgracia, el riesgo no ha pasado. Lo que nos espera en el mes de
agosto será bastante parecido, si no peor, a lo que hemos sufrido en julio. Y
el año que viene será aún más dramático y desolador. España batirá récords de
superficie perdida un verano tras otro. El calor extremo, el viento, la
desertización y la falta de humedad producto de la degeneración del clima
mediterráneo de las últimas décadas han llegado para quedarse. El escenario es
aterrador y solo los necios y los inconscientes (entre los que parecen
encontrarse los prebostes de nuestra derecha patria) se atreven a seguir
practicando el negacionismo demagógico. Mientras la ciudadanía reclama que los
políticos de uno y otro signo se pongan de acuerdo, los Feijóo, Ayuso y Abascal interpretan la aberrante sinfonía del
populismo, como aquellos músicos del Titanic que
seguían haciendo sonar sus violines mientras el barco se hundía. Esa maldición,
la de una generación de gobernantes obtusos y mediocres, cainitas y
reaccionarios, es la que nos ha caído en desgracia como la tierra yerma y
estéril que queda tras el monstruoso incendio de Ávila, el peor de la historia (ostentará ese triste
récord de 50.000 hectáreas calcinadas hasta el próximo período estival, cuando
se declarará otro todavía peor).
La situación de emergencia nacional (similar a la que viven otros países
europeos como Francia, Grecia y Portugal) requiere
de grandes pactos de Estado con medidas drásticas y urgentes como la apuesta
por un nuevo modelo productivo más sostenible, ya sin combustible de origen
orgánico y basado en las energías limpias y renovables. Lo reclaman los
ciudadanos, los científicos y hasta el rey Felipe, que exige
unidad ante el desafío inmenso. Sin embargo, la banda ayusista tiene otros
planes: seguir quemando petróleo, seguir quemando el planeta hasta los
estertores finales de un capitalismo salvaje ya agonizante. Fue el
ministro Montoro quien dijo aquello de “que caiga España,
que ya la levantaremos nosotros”. Hoy la frase sigue más vigente que nunca,
solo que sustituyendo el verbo caer por el verbo abrasar. Que se abrase España
entera, que ya apagaremos nosotros la hoguera infernal incontrolable
desde Cádiz hasta Finisterre.
Es más que evidente que la situación dramática exige unidad y participación
de todos, pero las derechas ibéricas rechazan cualquier tipo de diálogo contra
la emergencia climática sencillamente porque están a otra cosa: a derribar el
Gobierno por tierra, mar y aire. ¿Qué se puede esperar de un tipo como Abascal,
fiel discípulo trumpista, que sigue negando la realidad con el argumento del
“fanatismo climático” de la izquierda? Cuando no quede un solo árbol en este
país, cuando estemos achicharrados por el calor y comiendo arena, el Caudillo
de Bilbao sacará su caballo del cortijo y cabalgará sobre él, boina calada,
sobre un inmenso desierto de españolitos pobres, desarrapados, beduinos. El
sueño del totalitarismo materializado en la peor de las distopías.
El cambio climático es el principal problema al que se enfrenta la
humanidad. Cuando se trata de resolver problemas no hay políticas de izquierdas
y políticas de derechas, hay buenas o malas ideas, tal como decía el
añorado Eduard Punset. Y el programa negacionista que Feijóo le ha comprado a Vox (con la excusa de que
el pacto propuesto por Sánchez es “propaganda” y “tacticismo político”), es
sencillamente nefasto para todos. Criminal es el loco con la lata de gasolina
que reduce un hermoso parque natural a un montón de cenizas. Pero hay otros
pirómanos por omisión y por negligencia. El ciego fanatismo destruye tanto
y tan deprisa como el fuego.
No hay comentarios:
Publicar un comentario