Faltan pocas semanas para las elecciones de medio mandato en Estados Unidos
y el panorama para Donald Trump es, como mínimo, vertiginoso. Las encuestas
llevan meses diciendo lo mismo: su aprobación ronda el 37-39 %, el rechazo a su
gestión alcanza máximos históricos desde que se formula esta pregunta y los
demócratas aventajan a los republicanos en la papeleta genérica por entre 6 y 9
puntos, según el sondeo. Hasta en estados que Trump ganó con holgura en 2024,
como Texas, Ohio, Alaska o Iowa, hay una batalla abierta.
Y lo más elocuente: los propios candidatos republicanos empiezan a marcar
distancias con él. Saben que su nombre ya resta más de lo que suma. Cuando el
presidente les pide que voten «como si él estuviera en la papeleta», muchos de
los suyos piensan lo contrario: que cuanto más lejos de él, mejor.
Un fracaso en lo económico y en lo social
Trump prometió prosperidad, empleo y precios más bajos. Lo que ha llegado
es otra cosa: la inflación, el empleo y la sanidad encabezan las preocupaciones
de la gente, y es precisamente en esos ámbitos donde su aprobación es más baja.
Los republicanos han perdido incluso su vieja ventaja como «mejor partido para
la economía». En el ámbito social, el balance es un retroceso de derechos, una
persecución sistemática de los migrantes y un país cada vez más crispado y
desigual.
A eso se suma lo peor: las guerras. Guerras comerciales, guerras sociales y
guerras reales que siempre pagan los mismos: la clase trabajadora. No es solo
que no mejore la vida de la gente, sino que, además, empeora.
Y mientras tanto, aquí, a contramano
En este panorama, con el trumpismo perdiendo terreno en su propia casa,
resulta que aquí, en el Estado español, quienes beben de esa misma fuente se
perfilan como posibles ganadores de las elecciones. ¿En serio? Parece que vamos
siempre a destiempo, sin mirar hacia dónde soplan los vientos de la historia.
Cuando el modelo fracasa allí donde nació, aquí hay quien nos lo quiere vender
como el futuro.
Es una lástima que, como pueblo, nos falte esa visión global: la capacidad
de entender lo que ocurre a nuestro alrededor y lo que está en juego en el
ámbito geopolítico.
Los que se arrodillaron
Feijóo, Abascal y Ayuso le hicieron la ola a Trump y a Netanyahu, sobre
quien pesa una orden de detención internacional, mientras callaban ante las
agresiones que llegaban desde el Washington trumpista y desde el Israel
genocida. Se plegaron y se arrodillaron ante unos poderes fácticos que han
intentado imponerse por la fuerza. Eso tiene un nombre: vendepatrias.
Trump pasará a la historia como uno de los peores presidentes de Estados
Unidos y como uno de los mandatarios más ridículos de nuestro tiempo, junto a
otros como Milei y a quienes aspiran a imitarlos aquí. Y cuando el proyecto se
agota, también caen quienes se apoyaron en él.
Despertar a tiempo
Que no nos pase lo de siempre. Que no demos el paso de apoyar a quienes han
estado una y otra vez en manos de Trump y Netanyahu. El trumpismo no sirve, no
vale: no mejora la vida de la gente, sino que la destruye. Ojalá despertemos a
tiempo y veamos dónde estamos.
¡Até a vitoria sempre!
No hay comentarios:
Publicar un comentario