El presidente Sánchez afeó a Feijóo ese artículo, lo que puso muy nerviosos a los diputados de la bancada popular
José Antequera
10/07/2025
Alguien, sin duda un ayusista, fue tan listo de colocar la cláusula Quirón en el Congreso Nacional del PP sin
que nadie se diese ni cuenta. El miércoles, durante el decisivo debate sobre
corrupción en el Congreso de los Diputados, un
avezado asesor le pasó la información al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, para que la utilizara como
munición, ya que esa cláusula está pensada, supuestamente, para salvar al novio
de Isabel Díaz Ayuso de sus problemas con Hacienda.
“Eso es lo que ustedes han aprobado este fin de semana. Y luego hablan de
autoamnistía. ¡Es impresionante! ¡Es que el descaro es total! Es que la
cláusula Quirón es la gran aportación del señor Feijóo a la calidad
institucional de este país. Qué despropósito, qué descaro”, profirió Sánchez
ante la atónita mirada del dirigente popular, que puso cara de no saber de qué
le estaban hablando (aunque probablemente lo sabía todo).
Fue entonces cuando cundió el pánico en la bancada azul. Hubo llamada general
a capítulo, gabinete de crisis improvisado. ¿Qué demonios era eso de la
cláusula Quirón que el inquilino de Moncloa se había sacado de la manga, como
uno de sus habituales conejos de la chistera? Allí estaban los Tellado, Muñoz y
compañía susurrando y tratando de improvisar una respuesta al zasca contundente
del líder socialista. Por momentos hubo zozobra general en los escaños del PP.
Si alguien había logrado colar ese punto conflictivo en la ponencia era un
auténtico escándalo. Fueron minutos de inquietud, de canguelo, de pavor.
Promocionar un artículo de una ley solo para amnistiar al maromo de Ayuso,
implicado en graves delitos de fraude fiscal, era demasiado fuerte, incluso
para ellos. Se imponía improvisar una explicación convincente que, por otra
parte, no llegó. Feijóo tuvo que pasar por el espinoso asunto como de
puntillas, ya que, tras la reunión urgente en el mismo hemiciclo y con el Pleno
en marcha, el asunto no había por dónde cogerlo. Y quizá ese trance pueda
explicar la infeliz idea de Feijóo de sacar a relucir los trapos sucios de las
familias, en este caso la de Sánchez y su suegro, sobre el que corre el rumor
de que regentó una cadena de saunas donde se practicaba la prostitución. “¿Pero
de qué prostíbulos ha vivido usted?”, interpeló el jefe de la oposición a Pedro
Sánchez. Una infamia de pregunta que le acompañará para siempre y que fue su
puesta de largo como nuevo líder del PP más carpetovetónico y montaraz de la
historia.
La polémica ponencia del congreso popular para el caso de que lleguen a
gobernar, en la que se incluía la cláusula Quirón, venía a decir: “Vamos a
darle la vuelta a la relación entre el contribuyente y la Administración
tributaria: incorporaremos el “derecho al error” en el ordenamiento tributario
español para minimizar las consecuencias de los errores que se puedan producir
en las declaraciones fiscales y reducir la indefensión del contribuyente”.
Sánchez, con retranca, insistió: “Vamos, en cristiano, que ustedes anuncian
que, si gobiernan, van a introducir una reforma para salvar al novio de la
señora Ayuso, que está siendo investigado por haber defraudado al fisco”. Acto
seguido, los diputados del PSOE estallaron en aplausos puestos en pie.
Es cierto que el artículo parece hecho a propósito para Alberto González Amador, novio de Ayuso, a quien se
investiga un pago de medio millón de euros vinculado a la esposa de un
ejecutivo de Quirón (la Fiscalía sospecha que esta compra fue una comisión
encubierta o una forma de retribuir favores relacionados con contratos adjudicados
por la empresa). Pero no solo un traje hecho a la medida de la pareja de la
presidenta madrileña. Es evidente que bajo el lema “gastar bien y aliviar la
carga fiscal”, recogido en la eufemística ponencia del PP (el partido que se
define como el de quienes “sufren el infierno fiscal de este Gobierno, el de
Pedro Sánchez”), había algo más. Algo tan oscuro como tratar de beneficiar a
aquellos privilegiados, comisionistas y rentistas que no pagan lo que deben al
fisco, entre ellos, presuntamente, siempre presuntamente, el tal Amador.
Sánchez afeó al dirigente conservador, y con razón, que esté tratando de
“defender a los corruptos”, pero llegados a este punto cabe preguntarse quién
fue el listo o la lista que fue capaz de colar la famosa “cláusula Quirón”, que
no deja de ser una amnistía fiscal encubierta. Y ahí podríamos especular con
todas las teorías posibles, desde que el redactor actuara por orden de la
propia Ayuso para rescatar a su enamorado hasta que fuese alguien del mismo
entorno de Feijóo, presionado como siempre por el ala más dura y falangista del
partido. En ambos casos alguien le coló un gol a alguien. No obstante, en
sendas hipótesis produce el mismo escalofrío que gente que todavía no ha
llegado al poder esté pensando ya en incluir un resquicio legal por el que se
puedan escapar decenas, quizá cientos de evasores tributarios. Justo lo que
necesitaba este país: convertirse en un inmenso paraíso fiscal a la madrileña.
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