Israel asalta 6 de los 44 barcos que se dirigen a Gaza para romper el bloqueo, pero la ola de indignación y las manifestaciones se extienden por todo el mundo
José Antequera
02/10/2025
Tal como se esperaba, la Flotilla de la Libertad fue asaltada anoche a pocas millas de Palestina. Un crimen de guerra más de Israel, un delito más, el de piratería, que añadir a la larga lista de burradas cometidas por el Gobierno de Netanyahu. De las 44 embarcaciones cargadas de alimentos y medicinas con destino a Gaza, seis ya están en manos de los israelíes. Pero el resto continúa una travesía heroica rumbo al puerto gazatí, una expedición que puede cambiar el curso de la historia.
Lo de ayer frente a las costas palestinas quedará como una de las grandes
gestas humanitarias contemporáneas. La Flotilla consiguió romper el bloqueo que
mata de hambre a la población palestina, sus ocupantes retransmitieron en
directo el asalto, y el shock en la opinión pública mundial fue total. Apenas
una hora más tarde, Roma se llenaba
de manifestantes exigiendo la puesta en libertad de los retenidos. La oleada de
protestas pronto se extendió, como la pólvora, por todo el país (Milán, Nápoles, el norte y
el sur) y al poco tiempo miles de personas ya estaban desfilando por las
principales vías de las ciudades italianas. Hermanos codo con codo entonando el Bella ciao frente al Coliseo. Una huelga general convocada para los próximos
días en toda Italia hace temblar al
Gobierno de Meloni. Un terremoto solidario que,
sin duda, a corto plazo sacudirá al viejo continente. Europa despierta del letargo y la indolencia ante
las matanzas de inocentes y el espíritu de resistencia contra los crímenes de
guerra empieza a fundirse con el sufrimiento del pueblo palestino. Esto no ha
hecho más que comenzar. Hoy empezaremos a ver las primeras réplicas del
estremecimiento en todas partes. En España, en Francia, en Alemania y Portugal.
El tsunami propalestino va a ser tan gigantesco que los políticos de la UE van
a tener que aparcar sus tediosas agendas y ridículas cuitas domésticas para
poner los ojos, al fin, en lo que está pasando en Palestina.
Al mismo tiempo que los europeos se echaban a la calle para gritar basta
ya, la imagen de una militar israelí deteniendo a Greta Thunberg en la cubierta de uno de los barcos
causaba indignación. El gran símbolo de la lucha contra el cambio climático y
por los derechos humanos registrada, como una peligrosa terrorista, por una
esbirra de Netanyahu. La foto de la niña frágil con la ranita verde por
sombrero y la kufiya injustamente arrestada se replicaba anoche, millones de
veces y a la velocidad de la luz, en todas las redes sociales del planeta.
Pocas escenas pueden remover más conciencias en el mundo de hoy. El Gobierno
sionista, consciente de la mala imagen que estaba trasladando a la comunidad
internacional y de que la cosa se le podía ir de las manos, tuvo que emitir una
apresurada nota de prensa para garantizar la integridad de la joven activista.
“Greta y sus amigos se encuentran sanos y salvos”, aseguraba cínicamente el
comunicado emitido a última hora de la tarde. Para entonces, los pacifistas ya
habían ganado la batalla del relato. Netanyahu había caído en la trampa, por
mucho que hubiese dado la orden a sus policías y militares de tratar con
dignidad y respeto a los detenidos. El siniestro carnicero de Gaza debió pensar
que permitiendo la emisión del abordaje en directo y en prime
time trasladaría la sensación de cierta transparencia y respeto a la
legalidad, un golpe de efecto global, un lavado de la maltrecha imagen de
Israel tras meses de horror en la Franja. No fue así. Ya nada podrá borrar la
idea de que estamos ante un ejército genocida y fascista que mata niños a
mansalva y atropella a unos animosos utópicos que no hacen daño a nadie “ni
suponen una amenaza para Israel”, tal como había sugerido a primera hora de la
mañana el presidente Sánchez.
A lo lejos, sin entrar en la zona de exclusión, la fragata Furor, el buque de guerra enviado por la Armada
española para proteger a la expedición solidaria, observaba la escena. Fue
acertada la decisión de no adentrarse en aguas palestinas para no entrar en
conflicto con los barcos de Netanyahu. Cualquier encontronazo y hoy estaríamos
en guerra con Israel. Finalmente, el plan de la Flotilla de la Libertad
funcionó a la perfección. Todos sabían lo que tenían que hacer. Ponerse el flotador
en cuanto aparecieran las primeras patrulleras judías, arrojar sus ordenadores
y teléfonos móviles al mar para no regalar información sensible a sus captores,
levantar las manos al aire mostrando que no iban armados (esta medida era la
más importante de todas, ya que los bárbaros soldados israelíes primero
disparan y después preguntan) y resistir los dolorosos chorros de agua a
presión lanzados, como cañonazos o ráfagas intimidatorias, por las lanchas
hebreas. Ninguno de los tripulantes falló o cometió error alguno. Todos se
comportaron como experimentados especialistas del activismo cívico y pacífico.
La guinda fue el impactante vídeo de Ada Colau minutos
antes del abordaje (“si estáis viendo esto es que hemos sido detenidos”), un
nuevo golpe de efecto para sacudir conciencias. Pequeños detalles que pueden
contribuir a frenar el genocidio. A esta hora, se desconoce el paradero de
quienes viajaban en los barcos asaltados, entre ellos periodistas de varios
medios de comunicación (todos de izquierdas, ninguno de derechas, por algo
será). Los buques que quedan intactos prosiguen una singladura incierta que aún
no ha terminado. Cualquier cosa puede ocurrir. Hasta que Abascal y el diputado Figaredo envíen un barco a la zona para hundir la
Flotilla a torpedazo limpio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario