TONI MEJÍAS 03/10/2025
El pasado 27 de agosto, en la séptima
etapa de La Vuelta Ciclista a España, en una carretera secundaria de la
provincia de Girona, cinco personas impidieron el paso al equipo israelí
Premier-Tech para denunciar el blanqueamiento que suponía su participación en
la prueba y protestar contra el genocidio en Gaza. Parecía un hecho aislado,
una noticia que pasaría sin pena ni gloria, pero que fue la chispa que encendió
la protestas durante el resto de Vuelta y que ha llevado a organismos
internacionales deportivos a valorar la participación de Israel en sus
distintas competiciones con total normalidad. De momento, algunas pruebas
ciclistas han vetado al equipo Premier-Tech y no ha sucedido mucho más, pero el
hecho de que se haya generado ese debate demuestra que cualquier protesta, por
muy aislada que sea, puede suponer el comienzo de algo más grande.
Quienes dicen que protestar no sirve para
nada son, en su mayoría, los que no quieren que nada cambie. También existen
acomodados que prefieren la miseria antes que el conflicto, que piensan que si
no se mueven no sienten las cadenas, pero generalmente suelen llegar esas
afirmaciones desde púlpitos más altos y desde voces más condescendientes. Todo
el revuelo político que se generó en las últimas etapas de La Vuelta, acusando
de terroristas a los manifestantes, nace de la impotencia de quienes ven que se
pasó de cinco personas cortando una carretera a miles de manifestantes con
banderas de Palestina e imágenes recorriendo la prensa de medio mundo. El
Estado español estaba consiguiendo ser vanguardia en su apoyo al pueblo gazatí
y eso, quienes están con los genocidas (principalmente por motivos económicos),
no pueden permitirlo. Deben ridiculizar y banalizar las protestas porque saben
que sí sirven y que no permitir que la última etapa de La Vuelta transcurriera
con normalidad fue una victoria de quienes creen que el pulso en las calles
todavía es importante.
Los mismos argumentos se escuchan desde la
derecha política y mediática contra la Flotilla de la Libertad que intentó
hasta el pasado miércoles llegar a Gaza con ayuda humanitaria. Desde el primer
minuto se han intentado burlar de sus tripulantes. Se ha llegado a decir que
iban de vacaciones y que lo hacían por intereses personales. Porque como la
derecha solo se mueve si les ofrecen dinero piensan que todos y todas son como
ellos. Capítulo aparte merecería esa izquierda que también se ha burlado de
quienes decidieron embarcarse y poner su cuerpo para denunciar la barbarie e
intentar ayudar, pero, por suerte, la mayoría que ha ridiculizado hasta niveles
histriónicos a la Flotilla ha sido la derecha más prosionista. Casi todo
personalizado en la figura de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel
Díaz Ayuso, quien hablaba el pasado jueves de la Flotilla como “Asamblea de la
facultad flotante” y afirmó que “ya se han dado el baño y, a partir de ahora,
subvenciones para sus chiringuitos para el teatro, para el cine, ya se han
hecho su agosto” mientas sus cachorros de Nuevas Generaciones tuiteaban “se
acabó el crucero”. Una vez más, el ser mala persona y mediocre como bandera.
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Miles
de personas se manifiestan en todo el mundo por el asalto a la Flotilla
Este nerviosismo solo responde a que se
saben en el lado incorrecto de la historia, que son conocedores de que son
minoría en este momento y que el genocidio está siendo retransmitido en directo
y la mayoría del pueblo español está en contra. Quitarle valor a la acción de
la Flotilla es fruto de la desesperación. Y más cuando pueden ver que la
detención de los y las activistas ha desatado una ola de protestas en numerosas
ciudades europeas y ha vuelto a situar el foco mediático en una zona donde se
empezaba a normalizar la barbarie y la destrucción. Les interesa que se hable
poco de ello, que la rutina le quite espectacularidad, por eso saben que las
protestas, si van en aumento, van en su contra. Esas que no sirven para nada,
según ellos.
Lo mismo sucede con las manifestaciones
mensuales que están habiendo contra Carlos Mazón por su gestión ausente en la
DANA del pasado octubre que costó la vida a 229 personas. Quienes dicen que
cada vez somos menos, que solo queremos ayudas públicas, que nada más que hay intereses
partidistas detrás de la protesta, son quienes quieren que la ausencia del
president de la Generalitat Valenciana en el momento de la mayor crisis de las
últimas décadas, sea algo anecdótico y no crucial. Quienes quieren ver
culpables en todos los lugares menos en su casa. Y quienes quieren hablar de
que todos los políticos son iguales y de que solo el pueblo salva al pueblo
para negar la negligencia de la gestión pública. El olvido y el
silencio son sus mayores cómplices y la calle está para recordar lo que los
medios subvencionados prefieren obviar.
Si te dicen que tu
protesta no sirve para nada es porque vas por buen camino. Son los herederos
del dictador que te decía que no te metieras en política. No quieren que
participes en la vida pública porque así les resulta más fácil hacer y deshacer
a su antojo. Este fin de semana se ha convocado una movilización
estatal por Palestina para exigir el fin al comercio de armas y de relaciones
con Israel. En total ochenta municipios que se han adherido al manifiesto
y que han convocado manifestaciones para hoy o mañana. Una vez más, querrán
ningunear y minusvalorar estos actos. Llenemos las calles y demostremos que sí
sirven. Que cada vez son más los países que están reconociendo al Estado
Palestino, que cada vez son más los organismos que están debatiendo si vetar a
Israel de sus pruebas deportivas, que cada vez son más quienes exigen sanciones
al Gobierno genocida de Netanyahu, que cada vez son más quienes abren los ojos
ante la barbarie. Sobre todo, los palestinos no se sienten tan solos ante la
máquina de destrucción israelí financiada y protegida por EEUU. Y cuando todo
es ruido, muerte y destrucción, como mínimo, quieres saber que no estás solo y
que, humanamente, sois vencedores.
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