Comentario: Todo muy cierto, por desgracia para el PSOE, al que se le va “espanchurrar” la breva. Y lo que venga, ya veremos si cojea de alguna pata o es alguien con un mínimo de conocimiento, cosa que es difícil encontrar en esta derecha española que sigue siendo la misma derecha del franquismo.
AZNAR, AYUSO Y LA PRENSA DE LA CAVERNA YA HAN SENTENCIADO A FEIJÓO
El líder del PP atraviesa por una crisis
de liderazgo que empieza a ser preocupante para muchas voces de Génova 13
José Antequera 24/10/2025
El liderazgo de Alberto Núñez Feijóo en
el PP viene siendo cuestionado desde hace tiempo en
el seno del partido. No es ninguna novedad, ni un runrún o raca raca que haya
surgido ahora. Lo llevamos escuchando desde hace años. No hace falta recordar
las cosas que le ha dicho Isabel Díaz Ayuso,
que ya se lo rebate casi todo al jefe (ahí está la hemeroteca rica en
desplantes, ninguneos y humillaciones de la lideresa que Feijóo ha aguantado
estoicamente porque no le quedaba otra). Y las andanadas que de cuando en
cuando le envía Abascal,
acostumbrado a hacer befa y
mofa del gallego cada vez que le copia el discurso (“pronto va a dejarse barba
como yo”, ironiza el ultra para bochorno de Feijóo).
Todas estas críticas internas y externas por la forma de llevar las riendas
del principal partido de la oposición se han agudizado en los últimos días,
especialmente tras la última sesión de control en el Congreso de los Diputados, donde el dirigente genovés
salió seriamente trasquilado o malparado a manos de un Pedro Sánchez que le tiene tomada la medida
parlamentaria.
Feijóo presentó una de sus habituales preguntas trampa para el jefe del
Ejecutivo, e incluso llegó a interpelarle, algo cándidamente, para que
contestara si ha habido financiación ilegal del PSOE.
Sánchez, con desparpajo y como no podía ser de otra manera, le respondió con un
rotundo “no”. Normal. ¿Qué esperaba el líder del PP, que el presidente del
Gobierno se derrumbara allí mismo, en su escaño, y terminara cantando que le
daba “chistorras y lechugas” a Ábalos, Koldo y Santos Cerdán cuando los cuatro viajaban en
el famoso viejo Peugeot tratando de reconquistar la Secretaría General
socialista? No se puede ser más bisoño. El dirigente popular se lo puso en
bandeja a Sánchez, y no solo eso, le dejó la puerta abierta al inquilino
de Moncloa para que le obsequiara con un zasca para
la historia.
Feijóo trató de hacer chistecillos baratos con la célebre equivocación
de Yolanda Díaz, quien en un vídeo subido a redes sociales
aseguró que queda “Gobierno de corrupción para rato” (ella quiso decir
“Gobierno de coalición”, pero se le fue la cabeza, como suele decirse). Feijóo,
creyendo que olía el rastro de la sangre, pensó que era buena idea sacar el
tema en el Parlamento para chotearse un rato de la ministra de Trabajo y de
paso recabar el aplauso fácil de la bancada popular. Nada más lejos. En su
turno de respuesta, Sánchez le metió un golazo por toda la escuadra. Un gol
antológico. Un gol de esos que se recuerdan toda la vida. “Lapsus los tenemos
cualquiera, usted es un campeón en lapsus. ¿O es que cuando usted dice que
Huelva está en el Mediterráneo o que Orwell escribió
su obra 1984 en 1984 no es un
lapsus sino incultura?”. En ese momento, Feijóo enmudeció, su rostro se fue a
fundido en negro y quedó petrificado y sonrojado. Tierra trágame, debió pensar.
El de las saunas, el paria al que suele acusar de haber salido de algún
prostíbulo, le había sacado los colores. En ese momento, las redes sociales
empezaron a echar chispas. “Se ha quedado como un conejillo en la carretera
cuando le dan las largas”, tuiteó la siempre perspicaz Anabel Alonso, mientas que Óscar Puente escribía: “Sale a KO por cada sesión
de descontrol”.
Algún tuitero que otro con muy mala baba empezó a sacar el espinoso temilla
del escaso empaque como orador y como líder de Feijóo, incapaz no ya de tumbar
al tótem sanchista, sino de salir airoso de una esgrima matutina con él. La
cuenta en X de Eau de Lacón lo clavó al
concluir que “a Feijóo se le está poniendo cara de Pablo Casado”. Y ahí es donde queríamos llegar. En
Génova empiezan a estar muy hartos de un jefe blandengue que cada dos por tres
queda en calzoncillos, desnudo, aireando sus vergüenzas. Cuando Sánchez tiene
el día bueno y acierta a darle un revolcón dialéctico al jefe de la oposición,
más de un diputado popular mira con envidia a la bancada de Vox y suspira por Santi, ese hombretón, ese pecho
palomo de traje ajustado, ese españolazo de pies a cabeza que da miedo solo
oírlo cada vez que sube a la tribuna de oradores para soltar un discurso
falangista propio de 1936. Los soldados de Feijóo se preguntan entonces por qué
tienen que obedecer órdenes de un general maricomplejines con escasa habilidad
para el florete retórico y mucha para meterse en charcos mientras se
desaprovecha vilmente a ese macho hispánico con barba de califa.
A Feijóo le dan por todas partes, por fuera y por dentro (mayormente desde
dentro) y cada mañana tiene que soportar los titulares descarnados y los
comentarios hirientes de los tertulianos de la caverna que lo quieren enterrar
ya para que Ayuso dé el paso adelante cuanto antes. Casimiro García-Abadillo, en El Independiente, asegura que Feijóo ha intentado girar
a la derecha, especialmente en temas como inmigración, pero sin lograr
entusiasmar ni a los empresarios ni a los votantes más conservadores. Federico Jiménez Losantos, por su parte, también ha
dictado sentencia con expresiones como “la yunta es mala de solemnidad” al
referirse a la debilidad del liderazgo del actual PP frente al Gobierno
sanchista. Marhuenda afirma que “la
derecha es un desastre” y que el PP “se ha convertido en el ejército de Pancho Villa”, en referencia a la desorganización
interna y a la falta de estrategia clara. Y por último Eduardo Inda critica la “tibieza” de Feijóo frente
al Gobierno y su incapacidad para capitalizar el desgaste del PSOE (incluso le
ha afeado que “no conecte con la calle” y que su discurso sea “demasiado
institucional”). Toda esta maniobra de acoso y derribo, mientras Ayuso se
consolida y Vox sube como la espuma en las encuestas, solo puede tener una interpretación:
Feijóo está caput, liquidado, finito.
Listo papeles. Su semblante desencajado del otro día en el Congreso era la viva
estampa del moribundo resignado a su suerte. Que suene ya el réquiem.
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