Comentario: ¡Los isralies matándose entre ellos para justificar una guerra contra Palestina! Hay que hablar mucho aún de ese 7 de octubre... y de los colonos armados hasta los dientes.
MIQUEL RAMOS 07/10/2025
Periodista
Se cumplen dos años de la operación militar israelí en Gaza tras los
ataques del 7 de octubre, y las fotografías aéreas de la ciudad muestran un
paisaje totalmente arrasado por las bombas. Hay más de 67.000 muertos
identificados, pero se calcula que hay muchísimos más bajo los escombros,
cientos de miles de heridos y toda una población desplazada, cuya vida está
sometida al capricho de las bombas y los francotiradores y la hambruna
provocada por la potencia ocupante. Las imágenes del genocidio son aterradoras,
de una crueldad infinita, que lleva provocándonos una angustia insoportable
desde hace tiempo. Pero ni las ruinas de Gaza ni las pilas de cadáveres que ha
provocado Israel son ninguna victoria.
Israel
ha destruido Gaza, pero no ha vencido. Empezando por el fallo de seguridad del
7 de octubre, todo el mundo se pregunta cómo la resistencia palestina burló a
uno de los servicios de inteligencia más dotados y afamados del mundo, a pesar
de tener a la población gazatí bajo control total. Más allá de los indicios o
las teorías que pueda haber sobre la información que tuvieron antes del ataque,
su materialización y la improvisación como respuesta destroza esa imagen de
infalibilidad que siempre se había atribuido a la inteligencia y el Estado
israelí. Israel respondió inmediatamente asesinando incluso a los suyos, la doctrina Hannibal, esto es, arrasar con
todo desde helicópteros, para evitar que los combatientes se llevasen
prisioneros vivos. Poco se habla de los israelíes muertos de aquel día por
fuego israelí.
Lo
que vino después, tras el shock causado por esta operación militar en
territorio israelí y la toma de prisioneros, ha sido una consecución de
torpezas, tanto militares como propagandísticas. Israel está en su peor momento
desde su creación, por mucho que celebre su potencia militar y se jacte de su
impunidad, por mucho que sus soldados se graben videos dinamitando barrios
enteros mientras sonríen, bailan o se prueban la ropa interior de sus víctimas
para sus fotos de Instagram. Ellos mismos han sido los notarios del genocidio,
quienes han brindado al mundo las pruebas de sus crímenes. Un material que
nadie ya puede borrar, que ya ha sido retratado en documentales como The
Unit, de Al Jazeera, y que seguro habrá más. La cantidad de imágenes es
incontable, y son un torpedo para toda la campaña propagandística sionista, que
pretende presentar los hechos envueltos en el victimismo y en una supuesta
superioridad moral que no es más que pura arrogancia colonial.
Todas
esas pruebas serán irrebatibles ante la justicia internacional, y ya lo han
sido para el juicio popular en el que el mundo entero ya ha dictado sentencia,
dejando el apoyo de Israel en el mundo bajo mínimos. Esto, sumado a la
inseguridad que atraviesa el país, lo han convertido en un activo tóxico, no
solo a nivel político sino también empresarial. Decenas de miles de israelíes
han abandonado ya el país, y se calcula que cerca de un 40% está pensando en hacerlo. De los 8
millones de ciudadanos israelíes que hay en el mundo, un millón ya vive fuera del país.
Muchos de los soldados que regresan del frente lo hacen traumatizados por lo
que han visto y hecho, y la tasa de suicidios se ha disparado desde que se
inició la incursión en Gaza.
Según
un informe de 2024 del Instituto para el Pensamiento Israelí, Israel ha retrocedido en los índices internacionales y ha
alcanzado el último lugar de la clasificación de la OCDE en la mayoría de las
áreas y parámetros. Estos datos no contemplan lo que sucedió después del 7 de
octubre, antes de la polémica reforma judicial de Netanyahu y del genocidio en
Gaza, por lo que, tal y como afirmaban los participantes en la presentación del
informe en Tel Aviv en 2024, los datos actuales serán todavía peores. El
turismo ha caído, muchas empresas ya no ven que sea un país seguro en el que
invertir, y las campañas de boicot, encabezadas por el movimiento BDS, están
teniendo efectos devastadores para su economía y su imagen. El genocidio, el
apartheid y la limpieza étnica no sale gratis, y eso siempre es una buena
noticia que nos devuelve un poco de esperanza.
Las
guerras no se ganan solo mediante las bombas, la ocupación militar o el
exterminio de un gran número de personas. Pero es que ni siquiera en estos dos
años, las victorias militares de Israel van más allá de la destrucción del
territorio y la masacre de decenas de miles de personas. Israel no ha acabado
con la resistencia ni ha liberado a los rehenes, supuestos objetivos de esta
incursión. Al contrario, la resistencia sigue golpeando a los ocupantes,
difundiendo vídeos de combatientes descalzos corriendo hacia los tanques para
volarlos con explosivos caseros, construyendo una imagen épica de
irreductibilidad y dejando en evidencia al ejército israelí en el combate sobre
el terreno, sin drones ni aviones. El mundo ve a través de esos vídeos que
Israel, con uno de los ejércitos más poderosos del plantea, apoyado por las principales
potencias occidentales, es incapaz de acabar con los nativos armados. Esta es
una de sus principales derrotas, tanto en lo militar como en lo simbólico.
El
presupuesto que destinan Israel y sus aliados a la propaganda es milmillonario.
Y no es solo el Estado, sino que cuenta con un importante apoyo por parte de
grandes fortunas, como David Hatchwel en España, presidente de la
Fundación hispano-judía y dueño de la empresa Excem y fundador del grupo de
extrema derecha sionista ACOM. Esta organización, tal y como publicó La Marea, pagó
decenas de miles de euros a OKDiario para que este medio elaborase noticias
favorables a Israel. El pago a periodistas y a personajes influyentes para la
propaganda sionista es conocido, pero cada vez les resulta más difícil
encontrar más allá de la extrema derecha a quien se preste a ello.
El
aparato propagandístico proisraelí tiene como objetivo tanto blanquear y promocionar
a Israel como criminalizar y perseguir cualquier crítica al mismo. Y aunque
hayan logrado llevar a juicio a organizaciones y activistas propalestinos, la
adhesión a la causa palestina no solo no ha dejado de crecer, sino que se ha
vuelto cada vez más activa y más exitosa, como hemos visto en el caso de la
Vuelta Ciclista en España y las manifestaciones masivas del pasado fin de
semana en varias ciudades del mundo apoyando a la Flotilla. El equipo ciclista de la marca israelí ha anunciado que
cambia el nombre y que se aleja de su vinculación con Israel, y todavía están
pendientes todavía las competiciones deportivas, Eurovisión y otros escenarios
que Israel usa para promocionarse, con miles de voces pidiendo su expulsión.
Más
allá de los datos que confirman la derrota de Israel en esta guerra, la causa palestina
ha resurgido hoy más fuerte que nunca. Ejerce como faro moral de nuestros
tiempos, reactivando la empatía, la solidaridad y la movilización ante un mundo
que parecía girar hacia el malismo y autoritarismo. Hay una nueva generación
que está creciendo politizándose con un genocidio en marcha, y seguro que esta
será una de tantas causas de las que abrazará, arrastrado por la solidaridad y
la empatía que la causa palestina ha generado. Palestina está hoy en el centro
del mundo, con un apoyo sin precedentes y una condena unánime del genocidio, y
esa es, a pesar de todos sus crímenes, la principal derrota de Israel.
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